Archivo para la categoría ‘Problemas de los 40’

La interfase nos discrimina

por Geiger y Leiro

-Llegué tarde, perdón, no conseguía radiotaxi…
-Claro… cuando llueve desaparecen…
-No, el problema fue con el teléfono…
-Claro… cuando llueve es imposible comunicarse…
-No… yo tenía problemas con mi teléfono. El inalámbrico nuevo… no sé como se hace para discarlo…

La interfase es ese campo indefinido, de transición, entre el ser humano, o sea nosotros, y la máquina, o sea ellas. Es un lugar intrincado de cada día más difícil acceso.

La computación nació para nosotros en los 60 con la Bati Computadora, pero irrumpió en nuestra vida en forma real a finales del milenio pasado. Y lo hizo violentamente devastando nuestros hogares.
Miramos el sol sobre Buenos Aires y recordamos aquel verano en que optamos por no ir a Villa Gesell para quedarnos a estudiar computación. Se trataba de un curso que permitiría dominar esa interfase, el idioma de las máquinas.
Todo un trimestre veraniego sumergidos de cabeza en el conocimiento profundo del DOS (léase: de-o-ese). “¿Para qué? ¿Para qué?”, nos preguntamos lloriqueando con el control remoto del reproductor de DVD (léase: di-vi-dí) en la mano. El anterior, el que desechamos por éste, el de la video, ¡tenía menos botones! No sólo no logramos retener el activado del PLAY (léase: plei), el STOP y el rebobinado (aunque comprendemos que, en este caso, técnicamente hablando es más correcto hablar de “retroceso” y no de “rebobinado”…), sino que ni siquiera logramos comprender muchas de las funciones que nos ofrece.
Éramos tipos de avanzada… pretendemos seguir siéndolo.

La modernidad cautivó nuestro interés desde nuestra primera infancia… ¿Cuándo fue que la rueda tecnológica pasó sobre nosotros? ¿Cuándo empezó a discriminarnos la interfase?

De cuánto ocupa la colección de long plays y otros pensamientos propios de la edad

por Conrado Geiger y Santiago Leiro :::

¿Qué hago con todos mi colección de discos de vinilo? ¿En qué formato me conviene guardar todas mis fotos? Pero, ¿acaso vale la pena hacerse estas preguntas? Llega una edad en la que sí.:::::::::::::::::

Hoy, la tecnología nos ofrece múltiples posibilidades para archivar todo tipo de información: textos, fotografías, facsímiles, audios y filmaciones pueden ser registrados y archivados en una infinita cantidad de formatos. Pero esta inusitada oferta y variedad provoca que, paradójicamente, la ventaja se convierta en un problema. ¿Cuál es el formato adecuado para guardar mejor la información?

Sin duda, cuanto más moderno sea el formato, tendrá mejor mejor calidad y, a su vez, ocupará menos espacio.
Pensemos solamente en nuestra colección de vinilos reducida en un I Pod (aipod) de 1 GB (un yiga) ¡Una verdadera maravilla! ¡Lo que antes ocupaba seis metros lineales de estante de treinta centímetros de profundidad, hoy cabe en un aparatito más chico que un atado de cigarrillos!
Esto llevará, sin duda, a que, de a poco, los carpinteros se queden sin trabajo, ya que nadie más necesitará estantes. Claro, que -por otra parte– se están acabando los bosques proveedores de materia prima, de lo cual uno puede deducir que los problemas tienden a resolverse solos –a menos que uno sea carpintero, claro-.

Volviendo al tema del formato, el problema de usar la última tecnología es qué hacer con todos los registros previos (y, por lo tanto, obsoletos).
Para ello, existen dos posibilidades:

1) Tener el reproductor decodificador adecuado para cada uno de los registros almacenados a lo largo de la vida. Esto, en una persona de cuarenta años, implica disponer de un proyector de 8mm y uno de 16 mm, de un proyector Súper 8 sonoro, un tocadiscos, un magazine player, un grabador Geloso, un grabador de cinta abierta, un grabador de casetes, una datera, un minidisc, un CD player, un DVD con MP3…, sólo si uno no se entusiasmó con los microfilms en su momento.
A su vez, esto deriva en un volumen importante de equipamiento que requiere un ambiente de unos 40 m3, lo cual nos haría pensar en una segunda opción.

2)
Llevar todo a un formato digital: scannear fotos, cartas, postales, grabar el archivo sonoro en formato wav o mp3, y en mpg todo lo que sea audiovisual. Acá, el problema se desplaza del espacio al tiempo, ya que todo registro analógico se digitalizará en tiempo real y, si calculamos unos 6 segundos por foto escaneada, sin ser expertos en el tema, podemos advertir que el tiempo de vida restante no sería suficiente para archivar los registros de todo el tiempo de vida pasado a un formato adecuado.

Es el momento en que uno comienza a comprender a El Califa que decidió mandar a quemar todos los libros del la numerosa biblioteca de Alejandría.


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