De peluqueros, licuados y otras extrañezas
por SL

Anteayer fui a la peluquería de mi barrio (Volumen 3 ): un amplio local con música electrónica, fotos cool en las paredes y luces de neón. En un despliegue loco de producción, una señorita me anotó en una ficha, me preguntó con quién me quería atender y me dijo: “Santi, sentate que ya te atienden”. Otro sujeto me llevó a mojarme el pelo, me hizo un seudo lavado y me ofreció un licuado de durazno. Finalmente, un peluquero rubio con reflejos, Lucas, se hizo cargo del corte. Me rebajó el volumen, me desflecó y me peinó con mousse.
¿Qué pasó con la peluquería masculina? ¿Qué se hizo del tano que me cortaba “a la romana” en la galería del barrio? ¿Y con el póster de Carlitos Balá que tenía autografiado en la pared? ¿Qué destino le cupo a ese cepillo con talco que te pasaba una vez terminado el corte? ¿A dónde fueron a parar sus cassettes de Pavarotti?
Las cosas están cambiando más rápido de lo que puedo digerirlas.
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Lindo mantel.