Dar la palabra…

La palabra es un refugio por el cual nos permite tomar distancia acerca del silencio que tenemos que hacer y también podemos descubrir en ella (en la palabra), a su modo, el sentido y el significado de nuestras vidas. La buena palabra nos purifica de la mala palabra, pues nos libera de toda maldad, y es palabra purificada, purificadora. Y de algunas palabras somos como seguidores, así como podemos ser de ciertas personas, a partir de hoy o a lo largo de nuestra existencia. Pensando es donde la palabra nos pone al descubierto lo que está cubierto, en los caminos que transitamos, entre esas mismas oscuridades y luces, y porque cada persona es parte del camino de la existencia para un tú, el camino que alguien recorre tiene como una lámpara que le ilumina en medio de aquél camino donde pudiera, cada uno, sentirse perdido. Las personas también son parte del mismo camino que acudimos para pedir, descubrir, etc. algún buen refugio, no para escondernos, sino alojarnos, vivir desde el dar la palabra verdadera y aprender, durante toda la existencia, recibirla adecuadamente de otros. El carácter de ser refugiados es de todos. Acudimos a la palabra, al pensamiento, a las personas, pero no porque erramos el camino o nos sentimos perdidos, sino porque formamos una comunidad de personas donde, ciertamente, los caminos pueden llegar a ser parte del mismo refugio y el tú pasa a ser como un camino por el cual un yo no más se encuentra perdido en el posible laberinto de las palabras, sentidos y significados que se otorgan para nuestra existencia. En todo encuentro humano la palabra deja algo a descubierto y a su vez nos indica, como si fuese que nos enseña lo qué está cubierto, y así debe ser. Esto es parte del misterio, del nuestro, como hombres y mujeres que somos y debemos ser.

El falso olvido de sí mismo….

1. Tenemos memoria, somos nuestra memoria, y querer olvidarse de uno mismo puede resultar una enfermedad incurable, si dicho olvido no es parte de la misma memoria. Existe en cada persona una memoria recordadiza y olvidadiza, no son contrapuestas y no forman un obstáculo para ser sino parte de su real y concreta realización. El verdadero olvido de uno mismo siempre ha de comenzar por recordarse continuamente tal cual somos y tenemos que ser, no un mero camino, como se cree, sino personas entre personas que se encuentran.

2. Es un obstáculo mental desear olvidarse de sí mismo sin antes haber pasado por la comprobación de que dicho olvido no es propio del ser sino causado y provocado. El funcionamiento del mundo no se obtiene a la medida que alguien desee ser el camino, para sí mismo.

3. Pretender renunciar al mundo, a la vida mundana, para después encontrarse con uno mismo es parte de la insensatez de quienes todavía en el mundo en que viven no aprendieron a encontrarse en todas partes y circunstancias que les tocan vivir consigo mismo.

4. Abandonar el mundo mundano con la intención de encontrar el verdadero yo es optar por el camino que lleva al desconocimiento de quién es el hombre, la mujer. Somos seres en el mundo y como mundanos vivimos. Distanciarse del mundo que hacemos es parte de una mente enfermiza que cree encontrar su verdadero yo en otro lugar, fuera del mundo mundano que es toda la persona humana sin reducirse al mismo.

Artículos sin fechas

Hay notas, artículos, que uno puede ponerles datas, el mes y el año en que fueron redactados y, sin embargo, esto puede servir para algunos lectores como forma de ubicarse en el tiempo, de algún modo, si es posible, de quien lo ha escrito y, sin embargo, las palabras escritas, por lo general, poseen una historia anterior a la posible comprensión que versan los artículos que se publican en alguna revista, en un libro, por ejemplo. Que un libro, un artículo, empero, haya aparecido entre los años “x”, todavía no nos da, a no ser que el autor lo diga, la visión temporal del mismo. El artículo, el libro, por lo general, se va gestando a lo largo de toda la historia y existencia de su autor, al menos de forma inconsciente. Parte de la historia personal “queda articulada”. Este decir no apenas sirve, para los lectores de dichos libros y artículos como una simple, llana advertencia, puesto que el contenido de un artículo aparece en la historia y en los distintos contextos, realidades tales que su autor es capaz de analizar, observar, argumentar, etc.

Si alguien, por otra parte, se toma el trabajo, por ejemplo, de escribir un artículo como una respuesta a alguien que ha escrito otro artículo, anteriormente, posiblemente tenga la intención de hacerlo de tal modo que su artículo no podría ser catalogado como uno más sino como “artículo crítico”. Hacer intervenciones, acerca de quien haya escrito sobre lo que nosotros, de antemano publicamos y fuimos objeto de estudio crítico, nos permite, allende a la respuesta que deseamos brindar, mejor poner en evidencia aquello que un lector no encuentra en el mismo o, tal vez, no ha logrado captar su justa extensión a tal punto de hacer distintas interpretaciones acerca de nuestro escrito como fuesen nuestras mismos pensamientos que dejamos plasmados en dichos artículos, libros, etc. No es cuestión de hermenéutica la comprensión de un texto, apenas, sino de un re-encuentro, des-encuentro con su autor, en distintas ocasiones.

Para quien padece sufrimientos y dolores

Entre los escriben blogs Clarin o no, puedo entre-verlas, como personas que son, que esperan ser tratadas como tales y no como objetos o animales de los cuales otros se disponen domesticar a su manera y antojo.

Hoy, ayer, y hace tanto tiempo sufres, llevas a cuestas los pesares de tus padecimientos físicos, que a tantos años, de forma incansable, tal vez, piensas en la paz que te ayuda o te hace falta en tu camino difícil. Superaste en el trayecto tantos temores y, paso a paso, fuiste tomando conciencia de tus propios límites. Es largo el camino donde la enfermedad y el dolor no se apartan de tu vida, pero a veces débil aprendiste a ser fuerte, a veces miedosa entraste por la senda de la valentía. Lúcida o no tanto, sigues, sin perder la esperanza, sabiendo que tu dolor ya no se cura sino que se alivia a la manera que ingieres uno y otro medicamento, como bálsamos para tu cuerpo, y tu ser, casi todo tullido de dolores que no cesan a no ser a través de esos paliativos.

Caída, ahora no te digo, menos aun te obligo, que te levantes. Desearía estar junto a tu lecho, o donde estés, ayudarte, pero nuestra distancia no se acorta por mis más buenas intenciones. Supongo que estoy a tu lado, no para susurrarte a tus oídos palabras de consuelo, que a veces vienen muy bien para todos los que padecen, en silencio, o en la soledad que atrapa a tu alma.

Estoy, soy limitado, no puedo estar en varios lugares en un mismo instante, pero te confieso que cuando pueda, sin promesas falsas, estaré ahora, no dejaré para después, defendiendo a mis prójimos, semejantes, que son tantos, los que padecen, los que sufren sus dolores físicos, en cuerpo y también en el espíritu, desde la inocencia que albergan todos, defenderlos sin ponerme a mirar si sufro o cuánto para atenuar en sufrimiento de ellos.

Tu dolor, tu sufrimiento, desde la distancia, me hace pensar, meditar, actuar a favor de quien a mi lado, tal vez, en este preciso instante carga su herida, su padecer y, de ese modo, es que me uno a ti estando entre quienes sufren. Entre los que sufren también me encuentro en medio de tus padecimientos, de tu ser. Cuando estoy al lado de un ser que padece, mi ternura hacia ti más me manifiesta su falta. De esto se trata: cuidar con ternura a los que sufren. Sé que todas las dificultades que tienes, entre un padecer, penar y otro, nunca son un obstáculo para derramar amor y generosidad hacia los demás.

¿Qué vida es aquélla la de quien se pone a encontrar mil y una razones para poder justificar el sufrimiento ajeno o su propia omisión delante del mismo? ¿Podemos continuar llamándonos “personas” si no salimos en la defensa de los que sufren dolores, injusticias?

En el rostro de todos los que sufren, como cristiano, te cuento, veo el mismo rostro del Cristo crucificado, pero mucho antes que en una cruz de madero sino con las cruces de la indiferencia, el maltrato, los rechazos, etc. que los enfermos, en tantas ocasiones, tienen que oír y callados soportar. Donde hay alguien víctima de la injusticia, ahí veo al mismo Cristo que narran los Evangelios, y en tu dolor y sufrimiento igual.

El mundo que llevamos en nuestros corazones

De lo que se trata es socorrer a nuestros semejantes que sufren, sea por la razón que conocemos o no, y para ello habrá que comenzar a amar no ya solamente desde nuestros corazones sino con los suyos, a lo largo de la existencia humana. Se trata, en definitiva, de una forma de vivir, una filosofía de vida tal donde todas las vidas humanas se transformen, poco a poco, en una especie de cadena de amor. A veces tenemos en este reto, aprender a ver los sufrimientos ajenos desde el silencio y el hablar de los que sufren y padecen injusticias, de todo tipo, en nuestra sociedad. Estamos, de ese modo, comenzando a realizar el mundo que todos llevamos en nuestros corazones.

Los cristianos, por ejemplo, en la sociedad desean amar no de cualquier manera, a sus semejantes, sino como Jesús amaba y ama a todos en todos los tiempos y lugares, es decir, los cristianos desean que sea el mismo Jesús quien ame a través de sus corazones. Todos sabemos que cuando amamos, en realidad amamos poco y queremos amar más y más, con todo nuestro ser, con todas las fuerzas, comprendiendo siempre lo que pasa o sucede a nuestros semejantes, a veces en medio de un mundo que los arremete y los hacen sufrir, que no es justo porque hay semejantes que en vez de practicar la justicia a su favor ponen la injusticia como finalidad inmediata.

En el mundo complejo de nuestros semejantes nos toca encontrar el sentido y los valores capaces de inspirarnos hacia la expansión del amor y la práctica de la auténtica justicia social. A los crucificados de esta tierra hay que aprender evitar todas aquellas ocasiones que los llevan al patíbulo, que sus vidas sean de resurrección y no de muerte. Estamos, todos, comenzando a realizar el mundo que llevamos dentro: del amor o del odio, de la justicia o de la injusticia. Depende de nuestras actitudes y hábitos, en muchas ocasiones. Hay un porvenir bueno para todos si la cadena de amor no se rompe.

Ver la vida desde la perspectiva de los que sufren y de Dios, por ejemplo, es comenzar a ser vida para las muertes cotidianas de tantos prójimos en esta Argentina y en el mundo actual. De hoy y para siempre nos dirigimos hacia los corazones humanos y también ahí aprendemos que es Dios, a su modo, quien nos mira qué hacemos a cada uno de nuestros semejantes necesitados.

Los acontecimientos de todos nos llevan hacia el corazón del amor de Dios, y podemos llegar a comprender, poco a poco, de qué forma en realidad amamos, los unos a los otros, que viven en este próspero país que tantas veces sangra por las injusticias que albergan los corazones de quienes más amor deberían dar que sufrimientos impartir. Vivir todo desde el corazón empapado de amor hacia todos, concretamente.

Pensar hace bien y hace mal

De la conveniencia y de la inconveniencia de tener que pensar. Pensar hace bien y hace mal, y no estoy hablando acerca de los pensamientos negativos y positivos (de los negativistas y positivistas) sino de aquéllos pensamientos unidos a las emociones pues, según mi parecer, existen pensamientos que provocan, tal vez, “crean”, emociones. Las emociones que nos hacen sufrir y doler suelen reforzar los pensamientos que provocaron a las mismas. ¿Ha de liberarse el ser humano de esos pensamientos o el mismo hecho de no utilizarlos lo facilitaría ingresar en un estado tal donde lo que cuenta es apenas su presente feliz? Conviene no utilizar los pensamientos que nos ponen los pelos de punta, como dicen algunos, pero con ello no estoy diciendo que porque alguien sienta rabia, congoja, frustración, etc., por ejemplo, al no identificarse con todo eso sean los pensamientos que crean esas emociones los “culpables”. A veces conviene no pensar en tantas cosas como también, al mismo tiempo, lo contrario, y, sin embargo, no pensar en el mal momento que atravesamos es como no querer aceptar, por arriba de nuestras emociones, las realidades en que estamos, unos más, otros menos, sumergidos. Existen sufrimientos que se acumulan a causa de ciertos pensamientos, y esto creo que nadie lo duda, como a su vez hay pensamientos tales que nos propician el bienestar general. El entendimiento del origen de nuestros pensamientos, de sus causas, etc. también es una labor y tarea filosófica que cada persona lo lleva a cabo durante toda su vida, tal vez con poca conciencia de ello, y sin considerar que al pensar cómo piensa y por qué piensa de ese modo y no de otro es filosofar, de algún modo. Hay que aprender a pensar bien para que las emociones que surgen a causa de nuestros pensamientos sean buenas y no malas.

Gripe A y médicos argentinos…hérores.

Cualquier cuestión y problema humano ha de ser abordado, reflexionado desde los más desarrollados aspectos posibles, obteniendo, de esa manera, diversos puntos de vista. Algunos problemas pueden superarse y otros, en cambio, parece que acompañan a la humanidad desde siempre y, sin embargo, todos los seres humanos deseamos que se abran nuevos caminos de humanización como otra ocasión para erradicar aquéllos (caminos) que provocan deshumanización. Si nos ponemos a pensar, analizar nuestra situación, donde la gripe A es moneda corriente, acá en la Argentina, y en otras partes del mundo, constatamos que cada vez más son los números de contagiados aunque hayan otras tantas patologías que vienen amenazando, a veces de forma mortal, la vida humana sobre el planeta tierra. El sólo hecho de pronunciar el nombre de ciertas patologías existentes, en medio de nuestro pueblo, manifiestan temores así también dolores existentes que los gobiernos de turno, con esmerados esfuerzos o pocos, no los erradican como ya lo hicieron en otros países en los distintos continentes.

Es lamentable, por otra parte, aunque no todos lo sientan del mismo modo, ver cómo algunas instituciones gubernamentales, las cuales tienen el objetivo primario de salvaguardad la salud de los ciudadanos, se ponen en alerta cuando aumentan el número de los muertos porque si ellos son tres o diez entonces no tenían suficientes razones para actuar correspondientemente. Esperaron que venga lo peor o tal vez no previnieron porque no supieron escuchar a las voces silenciadas de esos ciudadanos que, día a día, padecen y son víctimas de la ineptitud de los programas existentes en los sistemas de la salud pública, principalmente. Ya no podemos contar cuántos son entre nuestros semejantes que se sienten agobiados y aumentan en los mismos un sentido de casi total impotencia delante de la gravedad inexorable de las distintas enfermedades que vienen padeciendo, comenzando por el mal de Chagas, el dengue, la gripe A, la desnutrición, etc.

Es un gobierno que merece toda nuestra consideración acerca de los bienes que pone y puso para que se haya efectivo el bien común, pero de igual manera persisten esas enfermedades, algunas infecciosas, siguen, con el transcurrir de los días, ocasionando más víctimas. Argentina, eso es lo que aparenta, no tiene a su disposición el progreso de la ciencia y de la tecnología médica, y las políticas tomadas ya no pueden hacer frente a tantas muertes que podrían ser evitadas si se tomaran anticipadamente los debidos recaudos desde el ministerio de la salud y del bienestar social.

Padecen los ciudadanos argentinos porque también son víctimas de políticas que, una vez más, ponen de manifiesto los límites de la democracia Argentina. Son los ciudadanos, hombres y mujeres, sin embargo, los que con empeño, ahora más que nunca, buscan todos los medios y modos posibles, eficaces, para no solo reducir el contagio de la gripe A sino también para que no más tengamos otros semejantes como sus víctimas.

Gracias a los médicos, sean hombres y mujeres, los profesionales de la salud, van poniendo todas sus competencias al alcance de otros, y al mismo tiempo la generosidad humana que no les falta, sacrifican sus propias vidas al servicio de las víctimas de esta y otras enfermedades contagiosas.

Los héroes también hoy existen, y todos los profesionales de la salud son una manifestación concreta de ello. ¡Gracias a todos: doctores, médicos, enfermeros, etc! Sus acciones, sus gestos nadie los podrá retribuir. Apenas me resta, como un argentino más, reconocer toda la labor que hacen, que la mayoría desconocemos y en muy pocas ocasiones sabemos, a causa de nuestra propia miopía e ignorancia, agradecerlos por siempre.

Otras miradas, no tan nuevas…

Es fácil observar cómo algunas personas se convierten en poseedoras de títulos, que en tantas ocasiones los usan sin respeto, con gran vanidad, hacia sus semejantes. Son personas, por lo general, que poseen cosas, sea edificios, vestimentas, poderes, dinero, etc. y por estas razones se consideran ricos, pero parece que nunca están satisfechas con lo que tienen porque quieren más y más en nombre de una falsa o supuesta superación. Porque están llenas de cosas, a los que tienen poco o casi nada las consideran com”pobres”. En realidad cuanto más poseen cada vez más se hacen inhumanos hacia sus semejantes. Pensemos en algunos gobernantes nuestros que aumentaron en no más de cinco años el 400% de sus patrimonios. Argentina tiene que despertar y no solamente salir a buscar una mirada nueva, sino denunciar a todas esas vanidades humanas y desrespetos que hay entre la gente porque son más o menos pobres, más a menos ricos.



Más que mostrar y anunciar que Dios es amor…

Algunas personas, principalmente cristianas, dicen tener la misión de mostrar y anunciar que Dios es amor, y no se duda de ello, pero el amor que muestran en la sociedad parece contradecir al Dios Amor que predican y al mismo tiempo parece que el mismo en realidad es antagonista de los seres humanos. Otros, en cambio, reducen la voz de Dios a la ley moral que oyen en sus conciencias pero en vez de liberar a sus semejantes, de las distintas esclavitudes actuales y de los vicios, en realidad más lo oprimen. Manifiestan que siguen a un dios opresor y no al Dios liberador.

Dios Amor no es alguien dedicado o desea amargar la vida de nadie sino hacer a todos más felices pues es la Felicidad Eterna, presente en cada una de sus criaturas. Los valores éticos de la sociedad, como por ejemplo la pasión que se tiene por la justicia, la libertad, la verdad, el amor, etc. también es una pasión por Dios, pues Dios es Justicia, Libertad, Amor, etc., claro está, si uno se apoya en el misterio de Dios en el cual se cree con fe racional y como don divino. Más que dedicarse a anunciar y mostrar que Dios es amor conviene a todos los creyentes convertirse en el mismo Amor, que es Dios, y amar los unos a los otros sin distinción alguna.

La diversidad de razones en los “usos” de la razón filosófica

Se suele hablar de la razón humana como algo dado y también como una facultad, que se adquiere, obtiene siguiendo determinadas leyes lógicas, propias de la denominada razón lógica y, vía de regla, a la misma se la atribuyó el carácter de la posibilidad del pensamiento filosófico. No nos cabe ahora analizar a las distintas posiciones filosóficas, a lo largo de la denominada historia de la filosofía, para determinar qué filósofos la sustentaron pues es conocida por cualquier persona dedicada a la filosofía. Lo que proponemos, como tesis, nada más, es lo siguiente: la razón es filosófica desde y a la manera del desarrollo filosófico que ella misma ejerce, y esto no lo hace de un solo modo sino distintos. Podemos, empero, de cierto modo, hablar, por ejemplo de la razón estática, la cual en su ejercicio, aunque actúe, no obtiene otro conocimiento a no ser en forma de foto-grafía de sus objetos, sean ellos reales como ideales. La razón, en cambio, por sí misma es cinemática, donde ella es objeto en movimiento y capta a los objetos desde sus propios movimientos y, empero, a esta razón kinematográfica, movimiento y objetos son analizados de forma conjunta. La razón en su trayectoria cinemática y kinematográfica es dinámica, a su vez, porque ella misma es parte, a su modo, de las fuerzas dinámicas que mueven al objeto, y ella misma considerada (por sí misma) como una de esas fuerzas dinámicas que mueven al objeto (a sí misma). Las racionalidades filosóficas emergen de estos modos, y de otros, de actuación de la razón en su desarrollo y captación de sus propios objetos.


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