Archivo para la categoría ‘mística y espiritualidad’
Septiembre 11th, 2010 | Por mario-cristiano | # Enlace permanente
La cháchara, ruidos, palabras y otras cosas pueden convertirse en futilidades, especialmente en quienes aborrecen el silencio verdadero por el cual la Presencia Infinita, que es Dios, por medio de una atenta escucha, se nos manifiesta en las vicisitudes humanas.
No es que se está delante de Dios más que otros, sino que cada persona puede ser más consciente de que todo su ser es, a su vez, un modo de la presencia misma de Dios.
Ligados profundamente somos en Dios porque Él es profundamente en todos. Cuando oramos, empero, lo hacemos desde el ser, de cada persona, desde su realidad, como una forma, no una mero momento, de ser y estar en Dios y Dios en nosotros.
Fluye el ser divino en ti y en mí, en todos. Nuestro ser brota del ser divino. Al colocarnos en la transparencia de la luz divina, este acto también es orar. Reconociéndonos por lo que somos, por arriba de todo tener, vamos, despacio, sin prisa alguna, la grandeza de Dios en cada criatura, pues el amor y la santidad divina nos llevan por arriba de todos los pensamientos a percibir la realidad de cada ser, hombre o mujer, planta o mineral, y alabamos, adoramos a Dios, así también agradecemos, pedimos con auténtica piedad a Quien es el origen y la fuente de todo ser.
En la experiencia de Dios, sin embargo, lo personal emerge y configura muchos elementos que son tan fundamentales, pues la experiencia personal de Dios no forma parte de una forma de vivir sino de la totalidad de la existencia, es experiencia global.
by Makarios Kirilikus
Noviembre 14th, 2009 | Por mario-cristiano | # Enlace permanente
Cuando alguien guarda rencor contra otra persona, lo mejor que se puede hacer no es reprocharla, en principio, sino dirigir las justas palabras con alegría y bondad, ya que vivir en la paz de Dios es un don divino que hay que pedírselo, constantemente, a la Paz Eterna, que es el mismo Dios. Vivir en paz, entre las personas, es una santa bendición que se recibe de Dios todos los días. A la manera que ese don no recibimos, entonces la paz se hace imposible. Estamos hablando de aprender a recibir todas las bendiciones de Dios por las cuales podemos salvarnos, o mejor dicho, es Dios quien nos salva cada instante hacia la salvación definitiva y eterna que recibimos de El. Dejemos que sea Dios, entonces, quien se apodere de todo nuestro ser a través de la paz, que es uno de sus dones. Vivir en paz también es vivir cercanos a Dios.
Junio 11th, 2009 | Por mario-cristiano | # Enlace permanente
Ante todo hay que amar de verdad, a todos nuestros semejantes, aunque esto sea una gran utopía. Pero el amor no cierra los ojos a los males que cada uno comete contra los demás, todo lo contrario, pues cuando amamos al prójimo lo hacemos de tal manera que todas las cosas negativas son reconocidas desde su justa medida, tanto del pasado como del presente, reconociendo, eso sí, que hay más cosas buenas, bellas y verdaderas que recibimos, los unos de los otros, que malas, sin exclusión de las excepciones. El amor es esa realidad trágica de nuestra vida, pues por un lado siempre nos condena y a su vez nos salva.
Son las personas prójimas y próximas, lejanas, tal vez desconocidas por su nombre y condición, que nos enseñan y ayudan a amar, a amar a todos, y de modo especial a las personas más necesitadas construyendo, de ese modo, la auténtica práctica de la justicia que es la prolongación misma del amor que hay en cada cual. Buscar ante todo el amor también es, para algunos creyentes, por ejemplo, buscar lo que es parte del Reino de Dios, que es Amor puro. Haciendo obras buenas, los unos a los otros, s comenzar a esperar en la resurrección final, para muchos cristianos.
El amor da sentido a la vida, al trabajo, y a la misma muerte que muchos temen. Se vive con gratitud esta vida, con amor, porque nacimos a causa del amor, que es lo más importante para dedicar nuestro tiempo. Si dedicáramos unos minutos al día, nada más que diez, impresionará a cada uno, tal vez, el hecho de ir reconociendo el amor que ha recibido durante su vida, sea ella larga o no. Todo el amor que damos y recibimos, sin embargo, nunca nadie es capaz de percibir y decir, por más que lo intente. Nadie, por otra parte, durante su vida, ama con suficiente. Todo amor que damos siempre nos revela su propia insuficiencia, es decir, hay algo en la misma naturaleza del amor que trasciende la intención humana de expresarlo a través de acciones buenas. No es vano, empero, que el amor es la misma esencia de Dios.