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Para quien padece sufrimientos y dolores

Entre los escriben blogs Clarin o no, puedo entre-verlas, como personas que son, que esperan ser tratadas como tales y no como objetos o animales de los cuales otros se disponen domesticar a su manera y antojo.

Hoy, ayer, y hace tanto tiempo sufres, llevas a cuestas los pesares de tus padecimientos físicos, que a tantos años, de forma incansable, tal vez, piensas en la paz que te ayuda o te hace falta en tu camino difícil. Superaste en el trayecto tantos temores y, paso a paso, fuiste tomando conciencia de tus propios límites. Es largo el camino donde la enfermedad y el dolor no se apartan de tu vida, pero a veces débil aprendiste a ser fuerte, a veces miedosa entraste por la senda de la valentía. Lúcida o no tanto, sigues, sin perder la esperanza, sabiendo que tu dolor ya no se cura sino que se alivia a la manera que ingieres uno y otro medicamento, como bálsamos para tu cuerpo, y tu ser, casi todo tullido de dolores que no cesan a no ser a través de esos paliativos.

Caída, ahora no te digo, menos aun te obligo, que te levantes. Desearía estar junto a tu lecho, o donde estés, ayudarte, pero nuestra distancia no se acorta por mis más buenas intenciones. Supongo que estoy a tu lado, no para susurrarte a tus oídos palabras de consuelo, que a veces vienen muy bien para todos los que padecen, en silencio, o en la soledad que atrapa a tu alma.

Estoy, soy limitado, no puedo estar en varios lugares en un mismo instante, pero te confieso que cuando pueda, sin promesas falsas, estaré ahora, no dejaré para después, defendiendo a mis prójimos, semejantes, que son tantos, los que padecen, los que sufren sus dolores físicos, en cuerpo y también en el espíritu, desde la inocencia que albergan todos, defenderlos sin ponerme a mirar si sufro o cuánto para atenuar en sufrimiento de ellos.

Tu dolor, tu sufrimiento, desde la distancia, me hace pensar, meditar, actuar a favor de quien a mi lado, tal vez, en este preciso instante carga su herida, su padecer y, de ese modo, es que me uno a ti estando entre quienes sufren. Entre los que sufren también me encuentro en medio de tus padecimientos, de tu ser. Cuando estoy al lado de un ser que padece, mi ternura hacia ti más me manifiesta su falta. De esto se trata: cuidar con ternura a los que sufren. Sé que todas las dificultades que tienes, entre un padecer, penar y otro, nunca son un obstáculo para derramar amor y generosidad hacia los demás.

¿Qué vida es aquélla la de quien se pone a encontrar mil y una razones para poder justificar el sufrimiento ajeno o su propia omisión delante del mismo? ¿Podemos continuar llamándonos “personas” si no salimos en la defensa de los que sufren dolores, injusticias?

En el rostro de todos los que sufren, como cristiano, te cuento, veo el mismo rostro del Cristo crucificado, pero mucho antes que en una cruz de madero sino con las cruces de la indiferencia, el maltrato, los rechazos, etc. que los enfermos, en tantas ocasiones, tienen que oír y callados soportar. Donde hay alguien víctima de la injusticia, ahí veo al mismo Cristo que narran los Evangelios, y en tu dolor y sufrimiento igual.

Dolores y sufrimientos ajenos…., ¿también son nuestros?

Hay personas que parece no doler nada, no sufren cuando los otros sufren, y no ven sufrir a los que están próximas a ellas. ¿Se debe o se puede sacar la conclusión de que sus mentes están ancladas en un sistema basado en la injusticia? ¿Qué es lo que duele a alguien que dice no dolerle nada? ¿Qué es lo que sufre quien dice no estar sufriendo?

El semejante dolorido, el que sufre puede resultar como un espejo para que algunas personas puedan mirarse, y tal vez reconocerse que hacen parte del mundo humano, a veces tan herido por comportamientos, principalmente por las distintas omisiones de los mortales. El dolor, el sufrimiento humano, por otra parte, también puede ser considerado como una extensión de las heridas que los seres humanos causan a toda la naturaleza, al planeta, etc.

¿Hay culpables del dolor…?

¿Quiénes son los culpables del dolor propio y ajeno? ¿El dolor tiene su razón de ser, en sí mismo? No es correcto considerar que al dolor lo encontramos por todas partes, pues a unos afecta y a otros no, incluso a veces, en apariencia, parece no afectar más a unos que a otros. Y, sin embargo, el dolor es una de esas realidades que nadie puede escaparse del mismo, a no ser atenuarlo, donde se puede, y tanto los que se creen buenos y a los que se consideran como malos, la realidad del dolor los afecta, tarde o temprano. La cuestión consiste, entre otras, la de saber encontrar y buscar su sentido o, al final, descubrir que dicha afección no se adquiere, a no ser que se tenga una sicopatología por la cual tanto el sadismo como el masoquismo posibilite al mismo (dolor). Hay dolores físicos que uno no encuentra porque sí, sino que son una manifestación, tal vez, de alguna injusticia ajena. Piénsese, por ejemplo, a un automovilista que maneja su auto con una velocidad no permitida y atropella a un transeúnte, y a éste el dolor adviene en su vida como propio. No podemos decir que el dolor lo encontramos por causa de un azar o un sin sentido, sino porque también es o puede ser causa de una irresponsabilidad humana. Por otra parte alguien que padece dolores físicos, por ejemplo por varios años, y no es tratado con el especialista correspondiente, más que seguro su dolor no será atenuado y tal vez pierda toda esperanza de no ser un hombre-mujer doliente.


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