Propuesta contra la violencia
La ciudad de Buenos Aires o Capital Federal, es una de las ciudades más contaminadas del mundo: la polución sonora está por todas partes. Y no es difícil escuchar los distintos ruidos, aunque de un barrio a otro existan diferencias. Lugares para cultivar el silencio son pocos, incluso el corazón pasó a ser el lugar de adonde emergen muchas palabras, a veces sin mucho sentido, porque, tal vez, entre los hombres y mujeres de la actualidad, hay pocos los que aprendieron a escuchar. La queja existe: se escucha cada vez menos lo que se debería. Por increíble que parezca, en esta era, donde los medios de comunicación son tan variados y a su vez efectivos, o no tanto, existen muchas personas que reconocen padecer una epidemia actual: el aislamiento y la soledad. Lo que falta no es sólo una escucha real donde todo se queda o termina en un “quisiera hacer algo”, pero si no se toma la actitud de aprender a escuchar, tal vez, eso creo, toda intención de hacer algo no hará frente para evitar el dolor y sufrimiento que adviene porque antes no se ha aprendido a escuchar al propio ser, el corazón, o como se quiera llamar, y me temo que si el hombre no aprende a escuchar a su propio corazón, apaciguarlo cuando es debido, entonces toda lucha contra la violencia que hay en la sociedad nunca tendrá fin porque no se ha tratado a la fuente de adonde brota todo tipo de violencia: el corazón humano. Querido lector y lectora, que todos podamos escuchar a nuestro corazón de tal manera que no haya espacio para que surjan del mismo las distintas formas de violencia que se exteriorizan después, contra nosotros mismos y nuestros semejantes. Luchemos también por la paz del corazón para que podamos hacer frente a las diferentes formas en que la violencia humana se presenta en el mundo.
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