La Presencia de Dios que somos todos
La cháchara, ruidos, palabras y otras cosas pueden convertirse en futilidades, especialmente en quienes aborrecen el silencio verdadero por el cual la Presencia Infinita, que es Dios, por medio de una atenta escucha, se nos manifiesta en las vicisitudes humanas.
No es que se está delante de Dios más que otros, sino que cada persona puede ser más consciente de que todo su ser es, a su vez, un modo de la presencia misma de Dios.
Ligados profundamente somos en Dios porque Él es profundamente en todos. Cuando oramos, empero, lo hacemos desde el ser, de cada persona, desde su realidad, como una forma, no una mero momento, de ser y estar en Dios y Dios en nosotros.
Fluye el ser divino en ti y en mí, en todos. Nuestro ser brota del ser divino. Al colocarnos en la transparencia de la luz divina, este acto también es orar. Reconociéndonos por lo que somos, por arriba de todo tener, vamos, despacio, sin prisa alguna, la grandeza de Dios en cada criatura, pues el amor y la santidad divina nos llevan por arriba de todos los pensamientos a percibir la realidad de cada ser, hombre o mujer, planta o mineral, y alabamos, adoramos a Dios, así también agradecemos, pedimos con auténtica piedad a Quien es el origen y la fuente de todo ser.
En la experiencia de Dios, sin embargo, lo personal emerge y configura muchos elementos que son tan fundamentales, pues la experiencia personal de Dios no forma parte de una forma de vivir sino de la totalidad de la existencia, es experiencia global.
by Makarios Kirilikus
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