El sonido, la imagen, el gesto…
El gesto, la imagen, el sonido, etc. no son meros objetos retóricos, así también por medio de los significantes, especialmente venidos de la lingüista, sino que sobrepasan todas las connotaciones estructurales o no que por un análisis y trabajo puedan llegar a determinar sus connotaciones. Por otra parte, no son términos estructurados, que deberían, sí o sí, de algún modo u otro, hacer referencia a la metáfora, a la metonimia, por ejemplo. Podrían ser definidos como mensajes, aún no definidos, como tales, y si resultan ser mensajes recibidos, derivados de los mensajes emitidos, puesto que en el mundo real no hay mensajes recibidos si no son emitidos, entonces, el gesto, el sonido, la imagen, como tales, no pueden llegar a ser definidos como tales, en forma abstracta a no ser remitiéndose a qué o quiénes lo emiten y a quiénes son los que los reciben. Un gesto, una imagen por sí misma no existe, a no ser que exista su emisor, como decíamos, tampoco hay recibidor, recipiente de un sonido sino en referencia al emisor. Entre la relación del emisor y recibidor del gesto, de la imagen, del sonido, es por donde se ha de comenzar, si se quiere, a obtener la comprensión de los mismos. ¿Qué es lo que indica o remite un gesto, una imagen, un sonido…? ¿Qué es lo que se lee, por primero, en una imagen televisiva, por ejemplo, donde alguien presenta un producto a través de palabras? Dilucidar esto es también a ponerse a filosofar. Pensemos sobre el hecho de que existen imágenes sin palabras cuyas significaciones no podríamos determinar mirando los gestos de quienes lo representan, aunque a partir de los mismos (productores de imágenes) bien que podríamos cogitar algunos significados, posibles porque, de algún modo u otro, es lo que primero vemos a partir de la imagen en cuestión. Se tendría que analizar qué imágenes están o no construidas a partir de sonidos, de palabras o de textos. Tendríamos, por otra parte, recurrir al descubrimiento de la intención de sus autores, de las imágenes, y no atenernos apenas a las imágenes presentadas en la pantalla chica, si es que se desea adentrarse un poco más en el análisis sobre qué significados propios albergan los sonidos, las imágenes, los gestos, etc. que realiza alguien en una presentación de un producto “x” por medio de una propaganda televisiva, y, empero, como puede verse, desde ya, es ponernos a pensar el por qué de muchas cosas, las causas últimas, sin que por ello ser aristotélicos o atenernos a ciertos principios filosóficos que son o se presentan como los espejos por los cuales se han de leer a todas las realidades que nos circundan, las preguntas y las respuestas que se encuentran ateniéndonos no más que a un modo de filosofar. El buscar las causas últimas sería, de este modo, aristotélico, tomista, tal vez, pero no si dicha búsqueda no se lleva a cabo por medio de categorías que pertenecen exclusivamente, o casi, a dichos sistemas filosóficos.
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