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	<title>Eugenio Curatola</title>
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		<title>Política económica iletrada</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 16:57:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>informe-privado</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En los días que corren, la presidente Cristina ha inaugurado un estilo de  comunicación inexplorado en el mundo. Se trata de un curioso plan anticrisis,  que ella misma se encarga de anunciar a cuentagotas, día tras día durante toda  la semana. Pero, eso sí, tratando de que los anuncios ocupen la primera plana de  los periódicos del día siguiente. </p>
<p>El contenido de las medidas es  generalmente impreciso o simplemente incierto. En la mayoría de los casos, los  anuncios no hacen sino repetir cacofónicamente las mismas obras públicas que  fueron prometidas, pero incumplidas, por su cónyuge hace años. </p>
<p>Se han  dado casos de anuncios como el de la compra de viviendas o la adquisición del  primer automóvil que son herméticos y carecen de explicaciones. Nadie conoce  cómo serán esos planes, pomposamente informados por la presidente. Sí se sabe  que posteriormente han dado lugar a una sórdida lucha interna entre la novel  ministra de la Producción y el curtido secretario de Comercio, para que el  anuncio signifique una cosa o la contraria. Como era de esperar esta situación  siembra mayor confusión entre las fábricas de automóviles del país y del Brasil.  </p>
<p>Hasta ahora el resultado es contraproducente y la esperada reactivación  que se derivaría de las ventas de automóviles nuevos ha caído a sus niveles más  bajos. </p>
<p>Lo interesante es que este conjunto de medidas, presentado a lo  largo de los días, está compuesto por cuestiones heterogéneas, inconexas entre  sí. Unas son expansivas, otras constrictivas, pero todas son recaudatorias para  engrosar la caja manejada desde las sombras por el cónyuge presidencial.  </p>
<p>Sólo las amalgama un común denominador: la clara intención de sustituir  las libres decisiones individuales por las decisiones globales concentradas en  el Gobierno. A partir de ahora, serán los funcionarios políticos quienes  discriminarán qué es lo que la gente puede comprar, a qué precios se ofrecerán  los productos, cuáles son las condiciones de venta y a quiénes se otorgará el  financiamiento bancario. </p>
<p>La idea del Estado que Cristina tiene “in  mente” se está convirtiendo a pasos acelerados en el hermano mayor de la novela  de George Orwell, que era quien controlaba y decidía por todos, hasta los  sentimientos de dolor, amor y pasión. </p>
<p>Quizás ésta sea la razón  intrínseca por la cual ella misma se apresuró a informar que el próximo año  viajará oficialmente a Cuba. Allí piensa celebrar el medio siglo de gobierno  despótico con el esperpéntico tirano Fidel Castro. Personaje que ha  perfeccionado al máximo este modelo orwelliano de espionaje constante para  controlar qué piensa, qué decide, qué elige y cómo actúa un pueblo sojuzgado.  </p>
<p><strong>¿Cómo definir esta política económica?</strong> </p>
<p>A este  conjunto de medidas inconexas, anunciadas día tras día, el cónyuge presidencial  lo denomina “política keynesiana”. Lo cual ocasionaría el horror de un personaje  tan zigzagueante, sagaz., desconcertante e inteligente como fue John Maynard  Keynes fallecido hace 62 años. </p>
<p>De esta manera, el presidente en las  sombras está confirmando la advertencia que hiciera el propio Keynes en el  sentido que “los gobernantes prácticos, que se creen exentos por completo de  cualquier influencia intelectual, generalmente son esclavos de algún economista  muerto”. </p>
<p>En rigor de verdad, y a estas alturas, la política económica de  Cristina podría definirse como iletrada, dado su espurio origen intelectual y la  previsible irracionalidad de sus consecuencias directas y de sus efectos  inducidos o derivados. </p>
<p>La principal preocupación del gobierno no está  vinculada con la inminencia de una recesión que se nos viene encima como una  temible tormenta tropical. Por el contrario está relacionada con los intereses  partidarios para las próximas elecciones de legisladores del año 2009.  </p>
<p>Por eso mismo, al definir nuestra actual política económica como  iletrada, no se trata de buscar su inclusión en la nómina de las doctrinas  económicas sino explicar que el iletrado generalmente es un personaje fatal,  sobre todo cuando ocupa altas posiciones sociales o políticas. Porque no tiene  empacho en recitar de memoria los discursos que le preparan sus auxiliares. Pero  apenas habla percibimos que no entiende ni jota de lo que se trata. Para colmo,  una vez terminada la perorata se muestra extasiado de su propia alocución y cree  firmemente que lo ha hecho muy bien. </p>
<p>El iletrado no es un analfabeto.  Sabe leer, pronuncia las palabras con claridad, introduce sugestivos silencios  en medio de su discurso y hasta memoriza cifras y palabras con gran facilidad.  Pero las palabras dichas sin saber a qué se refieren, entrañan un peligro en el  que incurren aquellos que hablan sin pensar, echando mano de frases hechas cuyo  sentido apenas entienden y empleando palabras altisonantes para provocar el  aplauso fácil de la muchedumbre. </p>
<p>El empleo de palabras como capitalismo,  países centrales, derechos humanos, igualdad social o redistribución de la  renta, sirven para disimular la vaciedad de las ideas. Una tendencia  absolutamente dominante en la política económica iletrada es la plétora de  palabras que no expresan ninguna idea. Por eso al pronunciar palabras sonoras,  nunca definen el sentido de lo que están diciendo y los vocablos se prestan para  disimular la vaguedad de las ideas y son la mejor señal de un pensamiento  huérfano de todo contenido. </p>
<p><strong>Economía consumista</strong>  </p>
<p>La política económica iletrada nos lleva a un tipo de economía bien  determinado: la economía consumista, que en el fondo es la gran estrategia de  quienes la impulsan por razones políticas. </p>
<p>Esa economía consumista,  clave del actual modelo económico concebido y dirigido por Néstor Kirchner, fue  magistralmente expuesta en una curiosa poesía escrita en 1932 por Patrick  Barrington, poeta inglés contemporáneo de John Maynard Keynes. Decía Barrington,  en traducción libre y adaptada: </p>
<p><em>¿Y tú qué te propones ser?<br />
Dijo  amablemente el anciano abuelo<br />
Mientras sentaba al nieto en sus rodillas.<br />
¡Todos debiéramos elegir una profesión!<br />
Para contribuir al crecimiento  de la sociedad </p>
<p>Quiero ser un consumidor.<br />
Nunca tuve aspiraciones  egoístas<br />
Pues eso –ya lo sé– es muy malo<br />
Quiero ser un consumidor, abuelo<br />
Para ayudar a que el país salga adelante. </p>
<p>Pero ¿qué quieres ser?<br />
Repitió de nuevo el abuelo,<br />
¡Porque todos tenemos que trabajar!<br />
Así  como también debemos ser sinceros </p>
<p>Quiero ser un consumidor, abuelo<br />
Y  vivir en forma provechosa&#8230;<br />
He oído decir a los economistas<br />
Que eso es  lo que más se necesita<br />
Porque hay demasiada gente que trabaja </p>
<p>Quiero  ser un consumidor, abuelo<br />
Para cumplir con mi deber.<br />
Pues eso es lo que  más se necesita.<br />
Lo tengo ya decidido<br />
Y quiero comenzar ahora mismo.</em>  <span style="color:#ff0000">© <a href="http://www.economiaparatodos.com.ar/" rel='nofollow'><span style="color:#ff0000">www.economiaparatodos.com.ar</span></a></span> </p>
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