Un poco cursi, un poco loca…

En estos días ando con un pico de cursilería, pero no se asusten, me suelen durar muy poco. La locura no, esa es permanente.

En estos días también, vengo cumpliendo un sueño. La publicación de mi primer libro. ¡Wau! Que nervios.

Quiero contarles un poco, a los que no me conocen y a los que sí, como fue el proceso. De mis primeros pasos en la narrativa hasta hoy, cuando transcurrieron apenas cuatro años.

Fue en este mismo sitio—que les aseguro que alguna vez fue amigable—, donde aparecí un día contando alguna cosa y empecé a tener amigos y comentarios y todo era asombro. En junio del 2008, exactamente, abrí mi primer blog en Clarín Blogs y empecé a escribir narrativa, género que hasta ese momento me había resultado esquivo. Tuve una muy buena recepción de personas entrañables que aún conservo como amigos y que me alentaron a seguir. Casi podría decir que fueron los artífices de mi crecimiento, si lo hubo. Y así fue que me largué con un género un poco más ambicioso: la blogonovela en capítulos.

Claro, en tres años continuos de publicación hubo de todo. Buenos momentos y de los otros.  Hubo quienes creyeron en mí y de los otros. Los que me alentaron y de los otros. Me llevo conmigo, y esto no es verso, para siempre, a los buenos momentos,  a los que creyeron y a los que alentaron. A los otros, se los llevó el viento. Aunque tal vez también aportaron lo suyo: me hicieron saber que no es necesario caerle bien a todos o que no es posible que a todos les guste lo que hago. Un gran ejercicio para enfrentar lo que se viene.

Entre esa gente que creyó hubo una dragona testaruda y emprendedora que llevó hasta las últimas consecuencias sus promesas y presentó mis blogonovelas a una editorial y me las aceptaron.

Hubo una rata acuariana que pintó un cuadro que es una delicia y tengo el honor de que sea la tapa de mi primer libro, Desayuno Americano, además de alentarme permanentemente con sus singulares comentarios con la mejor vibra.

Hubo otra dragona, como yo—el viento nos amontona—que también creyó, y comentó, y aportó, porque es un ángel aunque no quiera reconocerlo.

Hubo un tigre acuariano, un poco disperso y un poco abandónico, que no sabe todavía cuánto le estoy debiendo.

Hubo un perro medio patanezco, que me peleó bastante y me halagó en igual medida.

Fueron, sin saberlo, mi zoo de respaldo, mi inspiración y mi alegría.

Hubo muchos más, docenas de ellos, que pasaron fugazmente y dejaron su huella, perdón que no los nombre a todos, compañeros del Octavo Círculo y demás animalitos entrañables.

Y nada más. Eso. Un poco cursi, un poco loca, un poco escribidora y sin creermela, les quise transmitir que como dije siempre, las historias no tienen final feliz, porque sencillamente los finales no existen.

En la etapa que comienza hay que seguir remando, volando, creando, porque en definitiva, la mejor parte de todo está en el camino. En el viaje.

Los quiero mucho a todos, compañeros de viaje de Clarín Blogs. Aunque nos reunamos en sitios más amigables.

Liliana Isella (para todos ustedes, siempre Lils)

Ya pondré  links de publicación de los libros, en breve.


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