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Érase una vez una mañana



Hoy desperté con algunas sensaciones, unas incluso me provocaron un sufrimiento interno porque eran tan fuertes que no las alcanzaba a asemejar. La razón de ese sufrimiento fue un sueño, el sueño que les voy a narrar.

Mis recuerdos son vagos pero me atrevo a decir que son exactos para lo que presencié, me encontraba en mi universidad, el día estaba cubierto de nubes y aún era de mañana. Me vi sin compañía pero de repente estaba rodeado de las personas que en este sueño me acompañarían: Mi hermano, la chica de los ojos celestes, la rubia que conocí en primer semestre y yo (que nunca emití algún bostezo).

Me estaba hablando la chica de los ojos celestes de forma alegre pero preocupada, recuerdo que debíamos subir en ascensor hasta el cuarto piso de aquella edificación para solucionar algún asunto en común; mi hermano se mostraba tranquilo y sólo se limitaba a seguirnos con su mirada mientras aquella chica estaba a mi lado. De repente una rubia nos saludó, era una amiga de nuestra colegiatura que también tomaría aquel ascensor.

Luego de la espera finalmente entramos, todo iría normal porque era una rutina aprendida y aburridora. El ascensor nunca se detuvo en los tres primeros pisos y al llegar al número cuatro extrañamente tampoco lo hizo. Es como si aquella ‘caja’ tuviera preparado un plan para nosotros, uno que resultaría mortal.

En pocos segundos me sentí aturdido, los demás conservaban la calma y no lo comprendía. Esos números rojos que avisaban cada piso me ponían aún más inquieto pero me aferraba a la esperanza de que en el último piso todo hubiera acabado…fue un viaje en ascensor interminable y éste cada vez aumentaba más su velocidad.

En el último piso, que era el siete, el aparato no se detuvo y entendí que todo debía acabar; los vi a todos en cámara lenta mientras destrozábamos el techo y salíamos expulsados con fuerza y velocidad del edificio y quise llorar, pero lo peor es que caeríamos sin reparo de nuevo a la tierra. En la bajada, recuerdo que me preparé para el choque sin despedirme de alguno de ellos, aquellas personas que junto conmigo morirían y después todo se borró.

Quienes habían muerto sólo eran dos: la chica de ojos celestes y mi hermano. Lo último que vi de ella es que la cubría una sustancia morada y lo último que supe de mi hermano es que me quería lo suficiente, tanto como para pensar en mí antes de la muerte porque había escrito en el piso del ascensor el nombre de su joven hermano.

…Cuando traté de llorar fue cuando desperté.

LA OSCURIDAD EN TEJELO, CENTRO DE MEDELLÍN

La finalidad de este proyecto se centra de manera exacta en la problemática de un sector céntrico de la ciudad de Medellín llamado Tejelo, su exilio moral de la sociedad y los campos de desarrollo que se emplean allí para conservar la llamada “esencia tejelérica”. Para ello se nos hace necesario diferenciar cuál es la realidad de este sitio frente a los demás del centro de Medellín, la pertenencia de sus habitantes como compañeros de soledad y el corazón del lugar. Es una manera de reivindicarlo como uno de los más apartados del Valle del Aburrá.

El marco teórico de “La oscuridad en Tejelo, ciudad de Medellín” es un punto de partida, intervención y/o manera de lucha colectiva según zonas y habitantes para su reconocimiento social, dichas luchas son éticas y sirven de apoyo para nuevas resoluciones locales como las que pretendemos entablar con Tejelo.

Es labor de comunicadores sociales y publicistas, impulsadores del proyecto, denotar las rupturas sociales de una ciudad, a la vez que diseñan métodos de desarrollo participativo que fomenten una expresión de mejoramiento culto en el ojo problemático.

Tejelo es una figura vendida por la ciudad como indigencia, es un mar de color opaco y es muestra de la simpleza social en un mundo no ajeno al propio del Gobierno. Es normal ubicarlo entre lo peligroso y lo que no puede hablado, sin embargo, es normal este tipo de situaciones en nuestro entorno dada la condición que hemos de haber nacido en un país donde el quebrantamiento se muestra acentuado con el paso de las gobernaciones. Es doloroso que no se invierta dinero suficiente en Tejelo sabiendo que al sólo recorrerlo se vislumbra perfección de sociedad y podría ajustarse una mejor con unos simples pesos.

Las características de inseguridad y de pobreza surgen a partir del nomadismo de indigentes y de los vendedores ambulantes de Carabobo, otro sector del centro en Medellín; ha sido la patraña del comercio arrabalero la que ha creado esa figura. Sólo exclaman ideas gubernamentales de pasaje no cultural en la ciudad cuando se muestra a Tejelo como un pedazo de tierra donde no es seguro andar y donde “Fernando Botero y sus gordas” jamás se podrían radicar. Sin embargo, ésta es la esencia de Medellín, Tejelo representa una mini-sociedad paisa, representa la virtud de trabajar unidos, de aferrarse a lo único que le puede quedar: ser la sociedad oscura de la que se refieren algunas letras.

La problemática de la cultura colombiana centra su principal fundamento en la tolerancia apática hacia los compatriotas y hermanos de nación. Tejelo es muestra de ello, está conformado por simples comerciantes y habitantes de la calle, y aunque no es muestra de orgullo, su manifestación conserva la pujanza del antioqueño y por ende su límite debe ser la conservación.

Hoy día la impresión es desagradable para personajes que están en nuestra ciudad, no se pretende ser visto como un lujo sino como una calle comercial que merece respeto…e inversión. Así, Tejelo como elemento central de este proyecto, logra detallar cuál es el verdadero entorno y realidad de una Medellín sublevada y arraigada, y se convierte en un punto ya no prohibido para propios y extraños y enquistado por las autoridades.

La finalidad de nuestro proyecto debe concentrar altos índices de protección de la pertenencia en quienes atraviesan a diario este lugar y para ello se hace necesario demostrar cuán amplia es la “discordia” entre los sectores del centro (Tejelo y Carabobo), y la manera de cómo se trata vender una falacia frente a tal cuestión; el embuste es el mencionado círculo vicioso de Tejelo y el oscurantismo al que actualmente se le ha apartado. Es así, como este sector se ve implicado en una pausa de la realidad y desarrollo, se observa como un referente de olvido y asonada tímida frente a una potencia cercana la cual es Carabobo, pasaje comercial.

Descubrir el atributo de Tejelo es sencillo y ameno porque al final la conclusión será: el centro de Medellín es parecido a un microcosmos el cual es de élites y se hace necesario partir de la idea que un sector es útil, en Colombia, según la magnitud de producción que presente.

Nuestro proyecto diversifica las miradas al empeñarse en tal propósito, Tejelo es el reflejo propio de una zona que presenta cultura desde su entrada y que sin embargo está oculto ante las administraciones y tiende a ser oprimido con los días. Lo importante es no olvidar este sector…la manutención de cultura es la lucha por imponer pertenencia a cada uno de los vivientes de algún territorio, es la sociedad como totalidad, la que busca ser una subordinada de la idiosincrasia, subordinada para el desarrollo colectivo.

La esperanza absoluta e inmediata es probable según sean los mecanismos empleados por los propios para incentivar un cambio estructural en la visión de su realidad, la necesidad es forjar estabilidad y crecimiento a la vez que se evita la opresión bajo las fuerzas mayores y justamente lo inminente será que este castillo de comerciantes observadores tras idear su punto de partida logren ejercer su labor de ciudadanos. La puerta gigante de Carabobo no actuará, probablemente, como obstáculo para el sitio pictórico y sin poderlo pensar quizá lo esperado en el mínimo poblador sea: sangre o muerte de Tejelo, centro de Medellín.

Es el asombro que pudiera percibir cualquier visitante, la manera del actuar social de la cultura, el éxtasis que sintiera con sólo una probada de su aire… Tejelo terreno sublevado.

LA GRaPA: Sara, Juan Camilo, Natalia y Hómer

LA GRaPA, MUESTRA DE PERIODISMO SIN ESTRÉS!!!
GRACIAS A QUIENES HICIERON POSIBLE NUESTRA PRIMERA EDICIÓN.

MUESTRA DE FORMALIDAD, CANTO COMENSAL Y BAZARCITO MEXICANO

“No vale nada la vida, la vida no vale nada,
comienza siempre llorando y así llorando se acaba,
por eso es que en este mundo la vida no vale nada”

…Es majestuoso ser parte de su generalidad, es halagador pertenecer a un sitio de modestias y lograr incorporar recatos para alabarse a sí mismo, es el hecho final: un restaurante mexicano, insignia de orgullo hasta para quien no logra conocerlo.

Un lugar hermoso que en su imponencia afirma qué puede ser, es un recinto picante en la suavidad y ardiente sin intimar. Cada detalle corresponde a su propia esencia. Participan de él tantas razones para definirlo con excelencia y sólo al fin se dice: “un sitio de aroma pictórico…un aroma Azteca”. El Zócalo restaurante-bar, la auténtica comida mexicana.
Nace, el restaurante, en el año 1992. El Zócalo es familiar y toma su nombre de la plaza mayor de la Ciudad de México. Teotihuacán, Moctezuma, y de nuevo “la auténtica comida mexicana”, cómo olvidarse de ello. Está dispuesto para cualquier tarde o noche, está ahí para distracción o formalidad, para calificar y amar, para decidir ir allá.

La fortaleza de su carta radica en la variedad de platos y recetas procedentes de diferentes Estados y regiones de México, como Tampico, Puebla y Veracruz. Por otro lado, la opción de preparaciones busca ofrecerle al comensal platos típicos sin picante, desvirtuando así la costumbre de que la comida mexicana es sólo para amantes del chile.

Es una consistencia perfecta, es percibir rasgos de la vida al punto de la muerte, es sentir lo que hubiese dado miedo sentir: la muestra del gourmet.

La música es algo primordial, es la sazón del recinto, un espejo de referencia, un momento para disfrutar, la música es muy mexicana, es inmoral para lo formal, es para continuos asombros, es El Zócalo como realidad. Prevalecen observados por la música las máscaras, las cerámicas, los zócalos y los comensales. Es un rincón típico mexicano.

“Camino de Guanajuato que pasas por tanto pueblo, no pasas por Salamanca que ahí me hiere el recuerdo.Vete rodeando veredas, no pases porque me muero”

Todo procura ser visto, tocado, bebido, todo forja contra todo para llevarse un primer lugar, el lugar que ocupa la nada, el lugar al que aspira todo. La comida es sólo un elemento en la esfera, lo relevante es la nada como parte del todo, lo importante es la propiedad que desprende el mínimo detalle, su olor, su presentación, la idea que pueda ser un sueño el estar allí, la totalidad pudiera ser El Zócalo, El Zócalo como parte de la calle de la buena mesa. El ambiente le invita al andarín la necesidad de aparcar allí, es una invitación de culturas, el caso que centra este restaurante es de una cultura importada. Sin embargo, múltiples comedores se ubican con sólo fisgonear. Son sensaciones, sensaciones aromáticas.

La invitación es mantener relación con lo intocable, mantener una relación táctil, una efímera pero estable, una que apunta vía paladar, cuyo fin es reconocer el mundo del café pero a la vez no apartarse del núcleo primario. No es una brecha de culturas, lo circundante es lo nacionalista del propio que mira.

Demostrar cuán alternativo sea es motivo de la existencia de un show musical cada sábado 15 que pueda caer, es un show impecable como el mole y chipotle, gustoso como el recinto y perfecto al igual que su pueblo, el pueblo de la chispa, de la malicia, de la felicidad, el pueblo de “el picante”…

Dirección: Cra 43B No. 11-84

Medellín, Colombia

ESTADO DE ÁNIMO: SANGRE PIGMENTADA

Aquel que yo parí remonta mi sangre a todas las generaciones hasta Adán,

trae la voz encontrada de la raíz en que germiné y quizás perpetúe mi estirpe hasta cuando el mundo termine.

El que parí es el resultado de violencias inexplicables,

está tatuado, para siempre tatuado de las llamas que me han florecido.

Tiene designios en el caos o turbulencias sin nombre heredadas del día en que conocí la luz,

del instante del que me mostró la faz de Dios o del enigma en donde las tinieblas han incinerado la razón.

Isabel de los Ángeles Ruano, Poema a la sangre.

Los años del tropel (Alfredo Molano)…

Es un sabor a guerra, una muestra de alguna realidad, la narración de días inexplicables, la Iglesia al fondo apartada del más allá.

Encargarse de arruinar la vida de un protector podría ser fácil si se olvida todo lo que ha hecho por ti. Un pequeña defensa.

¿Cuantas críticas sociales podrían surgir? Son solubles las maneras de afrontar cualquier realidad. Qué es la guerra sin individuos muertos, qué es la vida de un país sin movimientos revolucionarios: es tener menos historia de la que ahora se pudiera tener. Tal vez, al responder, las deducciones no justifiquen la pasión tan roja como se tiñe la sangre de la guerra. Pero, incluso, las más lindas adhesiones de Estado han sufrido quebrantos en sus épocas. Todo podría ser peor.

Un hecho, un instante de luchas, la opresión no deja surgir, momentos tan sociales que se vuelven solitarios, es como dibujar la soledad, es una simple hoja de papel sin un trazo hecho a lápiz.

De la misma manera como se dicen las cosas sin decir nada, se hacen las cosas sin hacer nada. Emitir tan coherentemente el significado de nuestra vida hace una exquisita forma para degustar la esencia de lo que es una bella Colombia empañada por puños aguerridos. La guerra tiende a ser la perfección bélica.

¿Cuán perfecta es una sociedad en guerra?

Se hablaría de sociedades humanizadas por la cuchilla de las muertes, sociedades limpias gracias a la circuncisión de muchos con sus ideas, es una perfección que falló, es una perfección que trató ser algo, pero en algún momento produjo un colapso para sí y en gran medida sirvió de contrapeso para una “bella” sociedad, ahora se diría que al partir de múltiples ideologías a favor del bienestar de algunos nuestra guerra es sólo un circo sin chiste igual a la revolución francesa. Es la copia del todo, es la copia criolla de luchas contra opresiones: todo tiende a estar mal, incluso la lucha.

¿Es la guerra un método para saber? Es lindo, tan lindo pensar que el pasado no ha de enseñar, pero, no aporta nada, siempre se estará vetado e saber qué fue esa realidad, la realidad sólo existe una vez por fotograma. Trata la vida colombiana de ser todo en el país. La totalidad es nada y la nada no significa todo para alguien.

Olvidar qué se conoce del todo, si aún no se conoce nada del ti, olvidar ese cinismo, y borrar al final el hecho de la crueldad. El fin, entonces, podría justificar los medios: los medios del olvido.

Dormir, en muchos, sería gravitar en la esquina del sueño del amor y fomentar una apatía absurda contra lo que es la realidad, pero acaso esta realidad no es tan asquerosa que representa un abandono para quienes desean prosperar. Es lo tangible de la sangre, es su materialización, su pigmentación rojiza que demuestra cómo linda podría llegar a ser.

Es Colombia este terreno donde se gravita, de ese modo somos la esquina del amor, el lugar del comienzo, el lugar done se termina. Una prisión tan áspera que provoca salir de ella, una ilusión de progreso con el cambio consecutivo de gobiernos, una flor que lucha por florecer y un pequeño oso que alejado de su niño reflejando soledad, soledad triste en el sueño de la esquina del amor.

Es una sociedad igual a las demás, es una compuesta por hombres, mujeres y niños que viven juntos, generación tras generación, pero, a diferencia de aquellas ésta ha aparcado en un vicio de sentimentalismos con respecto al pasado y aparcó por siempre aquí, ese sentimentalismo de muchos es todo, es un todo que hoy quisiera negar. Es la suma total de rasgos de conducta aprendida que se manifiestan y comparten por los miembros de Colombia, los miembros de nuestra familia.

Olvidar es cuestión de caballeros, una cuestión tan perfecta que no crearía esa equidad que se busca en la sangre, es un hecho de tratar de empezar de cero, sin el yo sin el tú, es luchar en cada vida por su propio ideal, conservar la razón de la esencia de Colombia, conservar el sentimiento de progreso, la razón de vivir. Porqué tanto por decir y una sola simpleza a escribir…

Es lo simple de Colombia.

TÚ ESTAS AHÍ

(ESTE ES UN ESCRITO QUE HICE PARA ALGUIEN A QUIEN EN ALGÚN MOMENTO EL AMOR PROPIO FUE PARA SÍ…HOY DÍA SOMOS DESCONOCIDOS PERO A PESAR YO CONSERVO ESTE RECUERDO PARA SABER CÓMO FUE AQUELLO), Winslow.

Un hecho hermoso puede ser el amor, dos personas sienten qué se pueda cometer: ¿Existe amor hacia el amor?

El sentimiento es pero se discute; algunas circunstancias que no deberían ser: ¿Tú dónde estás?

Primer mes de recuerdos como susurros de bella pasión. Dos meses de locuras, llanto y esa perfecta desesperación; es un regalo: ¿Qué es un regalo?

Un beso se da, impregnando esquirlas de devoción; irán más de 100 y nunca se dejarán perder: ¿El beso con precio?

Cualquier día llega con su miedo y tal vez cause un grandioso estrago; el amor se arriesgó a mirarlo, el querer te pide más: ¿Qué hacer sin vivir?

Vida del silencio logra explotar en 100 mil sentimientos; algún momento se siente y otras veces se siente un poco más: ¿Son sólo palabras?

Esperando el futuro un beso viene junto al costado del amor, está el miedo por morir: ¿Dónde queda el futuro?

En agradecimiento, por tanto, el beso es aceptado y como ambos pueden sentir lo mismo el recorrido se hará largo; palabras sin reclamo: ¿Son gracias ajenas?

Un juzgamiento nace desde la linda imaginación y es, entonces, cuando llegan los días de la sensación: ¿El amor es perfecto?

Los dos son el soporte y esperan tanto un hermético querer, ya no es momento de llorar; el futuro en algún rato debe aparcar: ¿La distancia del amor?

Día de navidad como un bello San Valentín; día de soledad cuando se siente el amor junto al mar: ¿Qué es esperar?

Once conflictos sin resolver, ya no quedan más.

Once “Amor eterno” para quien sea el verdadero amor.

Aún quedan mil vidas para robarse aquellos besos…se necesita la carne pero como aquellos, siempre, toca esperar…

…”Y él, como un niño travieso, duerme por siempre solo junto a la esquina del sueño del amor”.

Hómer Pérez: 24/02/2008

“Tengo dos hijos…Y bailan tango”

Una hora de historia para recordar, al menos, qué es Carlos Gardel

Presente…

Música de fondo. Mirada pesada. Deseo de dormir y comodidad de bebé como ilusión por nacer. Él esperaba allí.

Imponente como pudiera ser Dios una estatua en honor a Gardel fiscaliza los pasos en cada quien. Carrera 45: la calle del tango.

Pocos edificios bordean aquella sociedad. La mañana es frágil, despoblada, con vientos de desierto, con fuerza en menos. Las casas humildes se muestran bien pintadas: una idea deforme para el mundo de la realidad. Con la cultura cerrada la casa de ese nombre agoniza sin ser vista…los que maduran las calles se excluyen de ella. Él detiene su marcha para observar la estatua, lee los legados, piensa quién pueda haber sido Carlos Gardel y analiza los escritos de recuerdos hacia él.

“Un recuerdo para Gardel, no muere el Hombre si perdura su obra”1

En la calle del tango la movilidad para aquellos días es estrecha: Obra de transporte masivo, ventas ambulantes, frutas, desorden; cachivaches, desorden; vidas, desorden; construcciones predispuestas a no colaborar en el desarrollo urbano, y gente, mucha gente que no determina dónde ir. En la calle del tango, caminar es una odisea estrecha

El reloj no avanza. Cansado por su caminar observa la similitud de almas en los detalles del recorrido. Nombres en honor al señor de los tangos, al espíritu que siempre acompaña el perfume del barrio. Suspira junto al nuevo semáforo de la localidad: Panadería Gardel, tienda La Bombonera, Compra-Venta Gardel, Tangol. Incluso el centro médico representa cultura argentina: un blanco profundo y añejo que suscita un buen soneto vuelto tango.

Para sí llama la atención uno de los escritos de ambulantes: “A la inmoralidad de Carlos Gardel”1

-¿Qué inmoralidad?…El barrio mismo no detalla la imagen de Gardel como un eje de progreso… La inmoralidad es de éstos-.

Espíritu de un barrio, todo lo que ha de recordar

Él, tan prevenido por los rumores aquellos de inseguridad camina un poco rápido pero al pendiente de su entorno; toma un sorbo de agua y pregunta cómo poder acceder al museo.

- Hay que tocar el timbre –alguien le recalca.

Tras un minuto exacto un hombre de silencios abre la puerta, hace una pequeña introducción al patrimonio y sin medida alguna le explica el coste de su ingreso: un coste monetario.

Al terminar el recorrido cultural, él, toma un joven asiento para esperar alguna entrevista anhelada.

Reclinado en su comodidad piensa en el viaje de supervivencia que haya tenido: La multitud caminando, las obras de construcción paradas como cualquier Tratado de Libre Comercio…el comercio en abundancia plena y para colmo de males siempre la imagen pública de Carlos Gardel.

Una imponente dama salía de su oficina…

“El dueño la sostiene hace 36 años y el Gobierno no nos apoya” -Andrea Rodríguez, Coordinadora de la Casa Gardeliana, refiriéndose al museo.

-¿Es Gardel el espíritu de Manrique?-…

No parece trascendente un único suceso, tal vez, mientras pase eso los sueños sigan opacos

Lo recibido: discurso no religioso, de izquierda, de protesta, de agravio, dolor, resignación…lágrimas incluidas.

-La junta de acción comunal trata de hacer grande al Gardel de Medellín pero no los escuchan –dice Andrea con tono altivo.

El hecho que el Consejo Municipal percatara lo histórico de la casa y el entorno que lograba mover no proporciona, en la comarca, refrendar el espíritu Gardeliano.

-Manrique no tiene definición, la casa se está cayendo-

-¿Es lindo el tango eh? –Él tratando de pasar el ofusque.

-Lo veo en el crecimiento de mis hijos –ella.

-¿tiene hijos?

-tengo dos hijos…y bailan tango.

Apropiación de tierras… Expropiación de cultura/ comercio

El tranvía de oriente había sacudido la mente vislumbrada de aquel hombre. Al salir a la realidad “tanguera” él ya no ve el tango de la 45 como real: la gente no lo ama siendo de allí. El tango es comercio, es la imagen vende panes de Gardel.

Vuelve a suspirar. Sólo le interesaba dormir.

1Recuerdos para Carlos Gardel, Estatua calle 45, Barrio Manrique.


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