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Aparentemente no supe titular

¿Has pasado por alguna situación en la que estás muy seguro de lo que haces pero cuando al salir de tu casa y girar por una esquina en el barrio terminas desganado, perdido y hasta sin corazón? -A mí me pasó-

No fue girando a ningún lugar, de hecho no estaba fuera de casa. Lo cierto es que hoy no estoy abatido, ni afligido por haber actuado en un estado inmenso de ilusión, pero sí un poco triste por haber depositado tantas de mis emociones en lo que fue el más reciente de los capítulos de esta saga de amor.

Sobre lo que pasó no hay un único resumen, sin embargo este es el mío:

Yo + alguien más, todo fue a través de internet. Una amistad, yo por mi parte en traga, del otro lado animados (eso quiero creer). Una canción, otra canción. –Ven a mí- , -Es rápido- , -Perdón-. Pasó más tiempo, al igual que antes todo era normal. –¿Podemos salir?- , no me respondió y así podría seguir en mi orden de ideas hasta que con detalles me sentí como un mal bulto que del otro lado debían soportar.

…Ahora la marea de este amor se ha puesto ‘Roja’, lo que no sabes es que me paré frente a tu ventana para tratar de adivinar qué hacías dentro de donde estabas, con quién hablabas o si te acordabas de mí. Me paré para salir corriendo y quedarme así en silencio como estoy al escribir… ya que me he ido y sé que no estás en casa te quise recordar para hablarte de que me enamoré y como lo escribió nuestro destino acepté ese inminente y modesto desamor.

Metástasis en mí

“Digamos que eres el ángel que me rescata de una monotonía necesaria y exquisitamente masoquista” (06 de septiembre)


Imagina un escenario caluroso, lleno de arena y rodeado por tantas personas que presencian la tarde de una corrida en donde el torero está acorralado sin salida y lo único que pudo fue dejarse sodomizar. Así me sentí yo, con los halagos de un francotirador en alguna tarde y en algún lugar, pero, aunque sólo me rendí esperando el balazo mortal fui condenado a no probar el lúgubre impacto de la pólvora en mí y a responder cuanto antes al llamado que ahí me dejó.


Respuesta: …metástasis en mí:

Es de noche. Tres gotas de lluvia cayeron simultáneas frente a mí y desde mi ventana te veo llegar. Estás tan de afán como el escaso preámbulo que tienes antes del amor, tocas y me besas tratando de señalarme dónde empezará la celebración y yo quedo impávido sin camisa, casi desnudo y temblando de frío cuando pones tus manos sobre mí.

No has dicho nada. Parece que no es tu fuerte cautivar a alguien con un dulce susurro de placer, me has mirado todo y creo que te gusto, porque lentamente me has dejado desnudo conociendo todo imperfecto que hay sobre mi piel. Ahora es mi turno, la lluvia hace juntarme más hacia ti y rasgo tu ropa con tanta fuerza que ya no te tendrás nada que poner.

Te he dejado sin ventaja sobre mí y alcanzo a conocer las delicadas curvas que hay en tu cuerpo, tu mirada es coqueta y sentimos que ya no nos aguantamos más, porque ahora te tengo en mis brazos y sujeto tu cuerpo mientras lentamente me poso en tus labios y robo el jugo que nunca has dado a nadie pero que hoy me gané.

Ya está todo previsto para acostarnos en nuestra cama y moldear nuestras sábanas con la escena de placer, pero tú aún no te permites porque sientes miedo por mí y yo sólo ruego tu confianza antes de violarte… Es que debes saber que en este momento tengo un gran bulto en la zona que anida todo el deseo que siente tu piel.

“Espero tu respuesta porque sí debe aplicar en otro sentido más allá de la lujuria, ahora quedo en silencio con tanto miedo como al principio. Eres una especie de fantasma a quien debo hacer tragar la miel que esparció sobre mí”.

¿Cómo suicidarme si ya estoy muerto?

Me encuentro en un dilema. No es de amor, ni de dolor: Estoy pasando estos días creyendo que mis palabras han muerto, y si pienso esto es porque mi pensamientos también.

Cómo sabré si necesito marcharme de aquí, buscar un recurso para regresar o cómo cambiar mi vida si creo permanecer en un estado anormal; malditos los días en los que me alimento de mí, sabiendo que quienes me rodean son mucho más que una carne familiar.

Ando haciendo esfuerzos porque pienso que ya no sé escribir, estoy encerrado en la vaguedad de mis palabras y tiemblo al saber que progresivamente estoy dejando de elaborar mis bosquejos. Para alguien como yo, poseer una ventaja como ésta es perpetuarse en el tiempo, pero ahora que mi habilidad está carcomida podré morir intranquilo porque jamás aprendí realmente a escribir.

Estoy siendo absorbido por un círculo vicioso en esta ciudad y creo que mis únicas neuronas se acaban, se explotan, se reprimen y sucumbirán. Me molesta este silencio de la habitación porque me invade y me cohíbe a experimentar, lo que trato de decir es que intento alejarme del todo para dejar de escribir y perderme hacia otra dimensión.

Cómo haré para salir de este problema: por un lado trato de seguir con esta ‘vida’ que llevo y por el otro estoy seguro que he muerto hace mucho tiempo porque hasta mi sonrisa se ha empezado a liquidar. Soy consiente que conservo un solo arte y es mi razón, porque mi fuerza es tanta que me atreveré a maldecir:

…“Malditas sean las callen que me rechazan, los hombres que me golpean y ese Dios que no se ciñe a mí como a cualquier otro semejante en mi mundo.

…Maldita sea yo porque permití sofocar mis ilusiones hasta llegar a este estado donde ya no puedo llorar, ni sonreír, ni sentir… Esta carne en la que estoy sólo me sirve para formar un cuerpo y no puedo pretender iniciar un nuevo rumbo porque ya he perdido la realidad de mi pasado. Es una despedida del escritor a su dilema porque ya un frío y áspero balazo le cortará para siempre la raíz a su respiración…

Seducción sin error

…Sin darme cuenta, sin darme cuenta.

……..
Era el lugar y estábamos sentados, tratando de no seguir, pero a pesar de las miradas de esos clientes nunca me dio vergüenza. Eras mi compañía, eras el origen de aquella sensación y la causa de cómo me comportaba. Nos acompañaban un par de cervezas, unos fragmentados cojines y un nudo de garganta en un incómodo rincón.

–Hoy tengo que decirte que sí estaba preparado para lo que hicimos, pero para conveniencia mía mejor era simular no estarlo-.

No pretendí actuar como lo hice, pero me encantó. Me sedujo tu respiración cerca de la mía, tus pequeños vellos saliendo de esa piel y tu lengua sigilosa sabiendo apoderarse de mí. Saboree tu cuello, tu oreja y me deslicé hasta tus labios que estaban hirviendo. Te acompañé a morir a ti pero fui yo quien salió un poco quemado.

…Quemado por esa pasión, por la música, por el momento y sobre todo por ti. Me agarrabas con fuerza y yo me dejaba. Me tocabas y te dejaba… Me observabas y besabas hasta que acabó el ‘primer round’.

No conté los segundos porque eran demasiados, conté los momentos y se fusionaron en tres besos. Era nuestro momento y supimos valorarlo, yo supe aprovecharte y tú me supiste tener. Todo lo que esperé pude cumplirlo esa noche, obtuve tus besos y termine encantado… con ganas de más, con ganas de ti y esa pasión, tu corazón o tal vez una cerveza más.

Aquí… dejando entre renglones

Intentando darle respuesta a la pregunta que jamás me hice, pero que hoy alcancé a pensar: ¿Qué estaría pasando si no hubiese dado aquella vuelta?

Siempre salí disparado rumbo a otros valles donde habrían nuevos ‘compañeritos’ y algunas amiguitas con las que podría charlar. Mis padres sólo me alentaban para asimilar los ‘duros cambios’ y sin pensarlo ya estaba hablando con otros vecinos y un nuevo director de colegio.

Nunca me tomé el trabajo de llamar a quienes estuvieron antes conmigo, y, hoy por hoy no sé nada de Carlitos, los gemelos, Pacheco, la cara e’ moncholo, Edward, Karen, Néstor, Luz ‘Ye’ o Jhon.

A veces siento las ganas de retroceder y tan sólo llamarlos, pero también hay días en los que deseo haberme aconsejado para aceptar la propuesta de estudiar de balde en aquella universidad con el fin de conservar mis raíces: Soy un costeño desplazado que ni siquiera saber decir ‘eche’.

Cómo olvidarlos a ustedes que hoy no están y que aún nada no los trae de vuelta (Facebook). Uno empieza solo, pero necesita de alguien… una persona que incluso te explique cuál autobús tomar, una persona que te estima los primeros días y luego es tu amigo. Aquí estoy pronunciando sus nombres y sonriendo entre voces por lo que hicimos, lo que imaginamos hacer y lo que nunca podremos arrinconar.

…Celoso de la perfección del otro

Miento si no escribo esto repudiando el temor a la inspiración. Y es que múltiples personalidades nos dan la forma a nuestras carnes; las mías: el olvido, el egoísmo y también la bella obstinación.

Me he pedido limitarme en las fantasías de esta mente porque creo que ellas afectan a los demás, sin embargo, no soy yo el culpable de escribir lo que escribo porque justo en estos momentos, que sodomizo mi teclado, quien le hace el amor es otro hombre. Uno perfecto que le lastima su silueta y amedrenta su integridad: El escritor.

…El escritor que pregonamos no es más que un hombre oculto que pretende pulir nuestra sociedad, este parásito no tiene nombre pero ante el espejo de mi propio baño es mi supuesto ‘yo’. Es un personaje frívolo que encierra nuestras pasiones para liberarlas de forma agresiva y por eso lo amo: es el muñequito interno que me permite sentirme bien cuando algo me incomoda o cuando hay algo que mi razón quiere decir.

De ‘hombre a muñequito’ el proceso fue corto y resumido. No hay características similares para cada quien, y es que es un celoso que oculta la verdad, encierra por sí mismo los sentimientos que tenemos, los insultos que nos guardamos y la psicopatías que olvidamos.

A veces siento vergüenza de él porque me burlo de su felicidad, le exijo calidad en sus palabras pretendiendo darle gusto a la cuadrilla de este barrio y sin más presión lo logro obtener…

Es un buen trabajador el que todos tenemos, es la mata de nuestra sapiencia porque innova y refresca nuestros días con una lírica perfecta. Es el escritor encerrado como psicópata en un cerebro inferior al de él, pero que nos ayuda pidiéndonos un poco a cambio: al menos enriquecer esta invalidez creativa en la que hemos nacido con el fin de mejorar nuestra estructura vital que ni siquiera nos deja un final terminar.

Adriana, tu voz ya no me basta

(Continuación de Lo fascinante de escucharte hablar)

Tienes un nombre de dama bella, no quiero decirlo pero me atreveré: Te llamas Adriana. No eres cantante ni modelo, no eres una diosa pero tu sonrisa es como de una reina…

Eres sólo una chica, una que amo. Una que pienso desde secretos, una simple mujer: la que me habla desde lo alto, eres la de los martes y los jueves tal vez.

Adriana: ¡Me estoy despreciando, porque te pienso!

Mi vida se torna complicada porque a veces me paralizas, sólo te sonrío pero tu atención no viene hacia mí. Ya me dije que no eres un amor imposible pero necesito de esos labios. Adriana, me vuelves loco, me encierras en tu luz y hasta me fugo contigo desde mis sueños.

Soy un hombre que busca algo de ti. Ríes bonito, hablas como siempre, te mueves como debes y sospechas lo que siento.

Adriana, ¿leerás esto?

Eres mayor, yo soy menor. ¿Qué pasa aquí? Sabes cómo soy, déjame tranquilo en la esquina de mi amor. Permíteme morir: eres experta para evadirme, tienes el control de estas palabras, ten valor de no fingir.

Hace dos semana caminé junto a ti, no te fijaste en mis labios, pero estaban que se desgarraban. Ya no me concentro, Adriana. Ya tu voz es algo molesta, empiezo a sentir que mis esperanzas se acaban y me prepararé para ello.

No me despido porque de nuevo te escribiré, soy como Florentino y en verdad estoy ahogándome en cólera. Soy tu Florentino, que desde estos días, he empezado a dejar de respirar.

Tres miradas bajo la lluvia

He tenido que salir siendo viernes… era una chica llamada Francia la que me habló por teléfono, me dio una noticia poco graciosa y bajo muchas nubes cargadas de agua he debido correr. El asunto pendiente con ella lo solucioné con facilidad, mis piernas estaban cansadas porque corrí como nunca pero luego algo pasó…

No tenía afán de regresar a mi casa, pero el color del día me obligaba a regresar pronto. Sonaban varias sirenas en toda la ciudad y me inquietaba la idea de mojarme y congelarme sin algún abrigo. Mis piernas caminaban tan rápido como podía y de repente vi algo maravilloso: el viento se humedeció y la calle en la que estaba se vio bañada por cientos de chispazos de lluvia, me sentí en alguna escena de El tigre y la nieve…pero al instante debí reaccionar.

Me subí a un autobús y cuando bajé había una ‘tormenta’ que se aproximaba.

Por obligación debía caminar y cuando faltaban pocas cuadras para llegar donde mi familia las nubes no se aguantaron más, desprendieron su furia sobre esta tierra y justo allí tuve una primera mirada:

Era una chica de un local comercial, me miraba inquieta porque estaba caminando bajo tanta agua y me acerqué hasta ella y le dije: “oye, ¿me puedes regalar una bolsa plástica para empacar este libro?”, me dijo: “no, soy tan mala que no te la daré”.

Comprendí su mensaje pero al momento ella me trajo esa bolsa y una sonrisa pícara, pero entonces empecé a caminar de nuevo.

Las gotas eran fuertes y tupidas, recordé mi niñez porque me divertía con ese leve dolor y quise cantar algo para pasar el tiempo. Faltaban tres calles más para ver mi casa, el camino era un río y yo estaba por la mitad de éste. Solo me tenía a mí mismo y a ese libro que estaba debajo de mi brazo.

Muchas veces acostumbro cantar para evadir los nervios de una situación, para mí eso es como avanzar a pasos grandes por esta realidad para cumplir un objetivo: el de llegar a mi casa.

Unos jóvenes que se protegían de lluvia, se dedicaron a reírse de mí desde lo lejos, no fui consiente hasta que pasé junto a ellos y supuse que eran unas segundas miradas.

Era dos tipos de mediana edad, se veían como estudiantes pero aseguraría que eran obreros. No quisieron mojarse y se limitaron a seguir en sus vidas ‘secas’. No cantaban y sólo veían el cielo. No reían pero se burlaban de mí.

No creo haberme percatado de alguien más que me mirara acusadoramente. Seguro muchas señoras desde sus casas rezaban para que no me diera un resfriado pero sería otra situación.

Ya faltaban dos casas para llegar a la mía y decidí despedirme de la lluvia puesto hace tiempo no me mojaba con ella. Cuando estuve en mi puerta, me quité los zapatos (a mi madre jamás le ha gustado el piso mojado y menos por alguna tontería). Giré mi cuerpo para ver el camino de donde venía y sentí que algo se me había quedado en allá.

“Era yo, aún divirtiéndome bajo las gotas tupidas y me despedía de mí, con una sonrisa en el rostro por recordarme la alegría de vivir en la soledad del suelo mojado. Era yo en forma de niño mirándome desde lo lejos…sintiéndome parte de otra sociedad u otra ciudad, un lugar gris y sombrío, uno en el que yo también creí… haberme mirado.


Army Egg, cómo nos miran los ‘huevos’

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Estuve pensando escribir sobre cómo nos perciben las cosas (en este caso los huevos), tal vez el fin de semaname llegue a inspirar.

Y cuando suena mi despertador


Cuando apago mi despertador siento que he regresado de un mundo inanimado en el que mis sentidos se limitan a uno: percibir con la mente. Cuando apago mi despertador ya son las 6:30 y creo que apenas el día está por comenzar. Cuando lo hago, imagino que vengo desde una muerte mental en la que mis sueños siempre se incrementan.


Nunca he dicho que haya tenido un obstáculo difícil de superar, pero a veces encuentro unos que me llevan hasta situaciones extremas en las que desearía revolucionar la realidad para ponerla a mi favor. Uno de esos obstáculos es detener cada mañana mi despertador: ese artefacto azul y chillón, esa herramienta ‘útil’ con el logotipo de un proveedor de mi proveedor de celular, esa cajita de números y manecillas que casi es mi mayor enemigo.

No sé qué se siente morir en un sueño y aunque pretenda averiguarlo alguno de estos días no lo alcanzaré, lo cierto es que ese sonido penetrante de aquel amiguito azul me imposibilita disfrutar las madrugadas, me devuelve al mundo del estrés, me trae al de las personas y me saca de la tranquilidad de mi cama.

A veces me quedo mirándole y siento que se ríe de mí, me provoca y me dice que cada mañana vendrá, para agarrarme desde las piernas y obligarme a despertar, obligarme a empezar y dejar de soñar.

Soy un subordinado en su imperio, pero a veces le agradezco por que me ayuda en algunas cosas. No puedo bajarle el volumen porque eso implicaría más afán, no puedo tirarlo por mi ventana porque me lamentaría durante cinco días, no puedo odiarlo porque ya lo hago.

Tengo una solución y después les comentaré. Sus baterías están escazas y él solo morirá, ese día seré feliz y haré un truco pecaminoso, ese día meditaré sobre lo que escribo, a ver si así nunca revive y por fin me deja dormir.


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