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El mundo de los gritos masculinos (I)

El grito es un instante de supremacía que nos eleva a un micro estado perdición, es como una necesidad en la que amedrentamos las convicciones a través de nuestra exitación para ponernos en firme y seguir marchando como fichas en la calle donde nos atrevimos a gritar… por lo menos así lo entiendo yo.

www.luizovega.net ph: Ginger Studio BCN www.luizovega.net ph: Ginger Studio BCN www.luizovega.net ph: Ginger Studio BCN

El tipo de grito que me cautiva es el que emiten esos hombres de voz suave y aguda, son quienes en realidad callan al mundo y lo estremecen con su potencia; es en particular porque su testosterona es especial, casi como selecta, untada con ‘gotas ajenas’ que puso una mujer en su inconsiente para hacerlo feliz… sólo nos pasa a quienes con determinación la recibimos, y es que al parecer al resto de Adanes les parece risoria la idea de una sensibilidad por miedo a comprometer su fuerza y aspiración.

Mientras exista la posibilidad de hacerlo nadie nos callará en nuestras explosiones repentinas porque sólo restaría gritar de ira por alguna razón pero este no sería un estallido sensato. Más allá de la rabia hay gritos de desepero, de alegría, de tristeza, de dolor e incluso grtios placenteros y de sensualidad, esos nos desmaterializan lo verdaderamente humano y nos ponen en posición de gloria, algo que no lograría describir.

El grito sensual se asemeja al de una tortura, quizá en el segundo exacto de cuando vivimos la entreda vulgar de un objeto de hierro a nuestro cuerpo y que somos testigos de la cortada a nuestra piel y vemos cómo nos rasgan un tejido inexplorado y sensible pero que nos provoca dolor…esa fue una de las cosas que en realidad hasta hoy he disfrutado gritar.

*Fotografía Luizo Vega, www.luizovega.net
ph: Ginger Studio BCN

Los otros, Lorenzo y Joe

Él caminaba un día ansioso porque quería un cuento empezar a leer. Cerca de sí, estaba una chica dorada, una que lo divertía con su sonrisa y que siempre le contaba sus historias tempranas del batallón en martes por la mañana.

Los dos andaban entretenidos y pasaban las calles antes de ver la ‘Guarida de Dios’. Sin problema pasaron los aros de seguridad y sólo al joven muchacho le faltaba actuar como siempre para que su destino volviera a girar. La rutina estaba aprendida y no había contratiempos, el problema es que era molesta, algo para de no repetir.

Él era enamoradizo. Si le mirabas te sonreía, si le hacías te advertía, si lo besabas podría morir, pero siempre era sincero, siempre demostraba lo que sentía por ti.

Les faltaba poco para llegar hasta donde debían andar, sin embargo, antes de eso una manada de jóvenes se cruzó junto a ellos y fue cuando los sentidos de ‘Lorenzo y Joe’ se empezaron a paralizar.

Lorenzo es atlético, Joe rejoneador… Se habían visto pocas veces y nunca lograron hablar porque eran de brigadas distintas pero ambos sabían que se conocían y vivían una extraña atracción.

Hace una semana, incluso, Lorenzo había bajado su ánimo porque él se despidió; fue una escena brusca en el que un Superior había retirado de Joe de su patrulla y el joven desprotegido aún no se había presentado y ya le habían roto su corazón.

Se estaban mirando… los dos se reparaban rápidamente pero eran delicados en sus coqueteos y juegos de miradas. Lorenzo se incomodó y bajó en el acto su cabeza, no pudo esquivársele y justo allí volvió a saborear la calidez de los ojos de Joe.

Lo estaban domando, le hacían el amor con tal fuerza que él no sabía cómo reaccionar. Todo estaba pasando tan a la ligera que se vio desnudo en esa pradera, se vio siendo ultrajado por aquel joven rubio de cuerpo de novillero y amado en seco algo temprano de la mañana.

Aún caminaban porque nunca se detuvieron. Eran tres personajes en esa escena: la chica que aún hablaba, Lorenzo que se extasiaba cada vez más y Joe que lo miraba intentando pedirle un beso pero obteniendo todo su cuerpo a cambio de más contacto visual.

El tiempo se les acababa por ya debían continuar, el destino de nuevo giró pero en Lorenzo y la sonrisa nunca se dilucidó.

Ya sería un rato hermoso por recordar y pensar en el chico de facciones marcadas, labios delgados y mirada fugaz. Todas sus vidas debían continuar, la chica hablando más, Joe en su nuevo batallón y Lorenzo leyendo su cuento, el que le causó risa durante todo el día y el que le complementó la alegría de las miradas que tuvo con su ‘amor’. El mismo ‘amor’ al que siempre esperaría mirando desde su ventana pero que un joven escritor jamás se lo permitió.

*Dedicado a Alejandro, el del mundo de arroz, el que me dijo Cosmo esposo de Wanda.

Y cuando suena mi despertador


Cuando apago mi despertador siento que he regresado de un mundo inanimado en el que mis sentidos se limitan a uno: percibir con la mente. Cuando apago mi despertador ya son las 6:30 y creo que apenas el día está por comenzar. Cuando lo hago, imagino que vengo desde una muerte mental en la que mis sueños siempre se incrementan.


Nunca he dicho que haya tenido un obstáculo difícil de superar, pero a veces encuentro unos que me llevan hasta situaciones extremas en las que desearía revolucionar la realidad para ponerla a mi favor. Uno de esos obstáculos es detener cada mañana mi despertador: ese artefacto azul y chillón, esa herramienta ‘útil’ con el logotipo de un proveedor de mi proveedor de celular, esa cajita de números y manecillas que casi es mi mayor enemigo.

No sé qué se siente morir en un sueño y aunque pretenda averiguarlo alguno de estos días no lo alcanzaré, lo cierto es que ese sonido penetrante de aquel amiguito azul me imposibilita disfrutar las madrugadas, me devuelve al mundo del estrés, me trae al de las personas y me saca de la tranquilidad de mi cama.

A veces me quedo mirándole y siento que se ríe de mí, me provoca y me dice que cada mañana vendrá, para agarrarme desde las piernas y obligarme a despertar, obligarme a empezar y dejar de soñar.

Soy un subordinado en su imperio, pero a veces le agradezco por que me ayuda en algunas cosas. No puedo bajarle el volumen porque eso implicaría más afán, no puedo tirarlo por mi ventana porque me lamentaría durante cinco días, no puedo odiarlo porque ya lo hago.

Tengo una solución y después les comentaré. Sus baterías están escazas y él solo morirá, ese día seré feliz y haré un truco pecaminoso, ese día meditaré sobre lo que escribo, a ver si así nunca revive y por fin me deja dormir.

El tren de Chocolate



No soy de la época de Topo Gigio, y hace dos noches en que mi hermano me mostró el mundo de este ratoncito, sentí muchas ganas de poder haber crecido con él, compartir mis mañanas con su programa y las aventuras que le hubieran podido pasar.

Las canciones del abuelito, mi papá y el tren de chocolate son esas aventuras infantiles a las que me refiero, unas virtudes que marcan nuestros cambios de tiempo y que son la realidad de nuestra vejez progresiva.

Un día nos vemos frente al televisor sonriendo con las aventuras de un amiguito y al otro ya somos adultos que ven noticieros, leen prensa y saben de política.

Cosas sin terminar


Hace unos días era el joven más dichoso de la vida por que el blog había logrado superar la barrera del primer año. Son decisiones difíciles las que atravieso cuando voy a escribir, sin embargo, procuro que cada palabra sea de mi agrado y así poderme divertir.

Me caracterizo por ser un joven dinámico y poco obstinado, una persona que media sobre sí mismo para aumentar su ego poco a poco y que realiza tareas que dependen de su estado de ánimo para sacar las mismas: Todo en mi vida pudo ser peor. (Irónico)

Con los días estoy aprendiendo que se me hace aún más difícil encontrar algo lo suficientemente significativo para dedicarle todo mi tiempo. Esto corresponde a empleos, libros, pasatiempos o amantes. El problema no radica en ello, me atrevería a decir es que es la sociedad la que no me está brindando los recursos que merezco y esa es la razón por muchas de mis cosas están a medio empezar.

Me gusta leer y tengo tres libros que no se dejan tocar.

Me gusta compartir con mi familia pero a veces se encierran en sus vidas, entonces debo abortar.

Me gusta escribir, tomar alcohol, cantar y llorar. Me gustan las luces de ciudad, el viento del mar y las miradas que me absorben.

Me gusto yo mismo porque soy el único que me conoce y me gusta mi vida… “para por favor”.

¿A qué viene todo esto?, no tengo la respuesta: Es un desvarío de mi mente mientras escucho la música de Emir Kusturika… y como el nombre del artículo lo propone, esta será otra cosa sin terminar.

Dedicado al señor de las guadañas que ayer estuvo frente a mi casa.

Mientras te andes quejando, más satisfacción me darás


Hoy no tengo nada que decir: Mi blog ha cumplido su primer año, mis palabras están plasmadas en él y aún recuerdo ese día de febrero en que el olor a tango voló inocentemente para marcarse como mi primer post.

Los días fueron pasando y las historias de mi vida eran usurpadas por este medio digital: la comida mexicana, el mito de la machaca, la lágrimas y las risas que he vivido; todo está aquí en el WinslowHómer.tk, el blog de mis sueños.

Mantenerlo es difícil, pero como diría GaGa mi felicidad es un secreto de Estado. Es un trabajo complicado saber sobre qué iré a escribir: amores, tristezas, canciones o personas. Cuando tenemos un trabajo ideal las cosas son sencillas, los amigos quedan en el olvido pero la cuadrilla jamás estará agotada.

Gracias a mí, por perseverar en esta situación.

Mientras la Mariposa espera al Samurái







Una noche, antes de dormir, me detuve a pensar si alguna persona como yo estaría mirando hacia el cielo para tratar de hablarle sobre él. De haber existido, hice contacto con él o ella para decirle que en ese momento mirara las sombras en la oscuridad del firmamento y luego me las describiera.

Yo creo en las casualidades y en la causalidades, daría mi vida por demostrar que el destino existe y es un estado ambivalente en el que nuestros pensamientos son las reglas madres para que la otra realidad se dé.

Por estos días me encontré con alguien, una persona especial que me ha dedicado dos canciones hasta este momento. Yo por mi parte aún no lo he regalado nada: uno que otro cumplido recargado, pero sé que espera muchas cosas de mí y estoy esforzándome por responder a sus plegarias. Una de las canciones que me dedicó, me demostró que podrían pasar muchas cosas si decidimos darnos a volar: tal vez desde una fuerte amistad, unos apasionados besos, un romance estruendoso e incluso una muerte juntos.

Me gusta su forma de ser, su humor delicado y sus palabras explosivas que me tratan de decir: “Ven por mí”. Es como si la persona que miró el firmamento oscuro junto conmigo hace unos meses se hubiera materializado y halla hurtado mis pensamientos esta noche para hacerme escribir todo esto.

Aún no pasa nada, sólo nos empezamos a conocer…

¿Qué te debo regalar a parte de mi corazón? Dame la paciencia para evitar tus labios mientras me enamoro de ti o déjame en este estado mágico en el que yo soy tu Samurái y tú, que no eres una Mariposa, serás mi conquista si así lo deseas. Compartir

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  • Érase una vez una mañana



    Hoy desperté con algunas sensaciones, unas incluso me provocaron un sufrimiento interno porque eran tan fuertes que no las alcanzaba a asemejar. La razón de ese sufrimiento fue un sueño, el sueño que les voy a narrar.

    Mis recuerdos son vagos pero me atrevo a decir que son exactos para lo que presencié, me encontraba en mi universidad, el día estaba cubierto de nubes y aún era de mañana. Me vi sin compañía pero de repente estaba rodeado de las personas que en este sueño me acompañarían: Mi hermano, la chica de los ojos celestes, la rubia que conocí en primer semestre y yo (que nunca emití algún bostezo).

    Me estaba hablando la chica de los ojos celestes de forma alegre pero preocupada, recuerdo que debíamos subir en ascensor hasta el cuarto piso de aquella edificación para solucionar algún asunto en común; mi hermano se mostraba tranquilo y sólo se limitaba a seguirnos con su mirada mientras aquella chica estaba a mi lado. De repente una rubia nos saludó, era una amiga de nuestra colegiatura que también tomaría aquel ascensor.

    Luego de la espera finalmente entramos, todo iría normal porque era una rutina aprendida y aburridora. El ascensor nunca se detuvo en los tres primeros pisos y al llegar al número cuatro extrañamente tampoco lo hizo. Es como si aquella ‘caja’ tuviera preparado un plan para nosotros, uno que resultaría mortal.

    En pocos segundos me sentí aturdido, los demás conservaban la calma y no lo comprendía. Esos números rojos que avisaban cada piso me ponían aún más inquieto pero me aferraba a la esperanza de que en el último piso todo hubiera acabado…fue un viaje en ascensor interminable y éste cada vez aumentaba más su velocidad.

    En el último piso, que era el siete, el aparato no se detuvo y entendí que todo debía acabar; los vi a todos en cámara lenta mientras destrozábamos el techo y salíamos expulsados con fuerza y velocidad del edificio y quise llorar, pero lo peor es que caeríamos sin reparo de nuevo a la tierra. En la bajada, recuerdo que me preparé para el choque sin despedirme de alguno de ellos, aquellas personas que junto conmigo morirían y después todo se borró.

    Quienes habían muerto sólo eran dos: la chica de ojos celestes y mi hermano. Lo último que vi de ella es que la cubría una sustancia morada y lo último que supe de mi hermano es que me quería lo suficiente, tanto como para pensar en mí antes de la muerte porque había escrito en el piso del ascensor el nombre de su joven hermano.

    …Cuando traté de llorar fue cuando desperté.

    Lo que encuentro bajo mi cama





    …“Los días que amanecen lluviosos mi cuerpo se hace el pesado, inmóvil y temeroso por dejar el calor de la cama donde mis sueños son soportados durante la noche que acaba de morir”

    La aventura de bajar mi mirada hasta la sombría oscuridad, que está bajo mi cama, me inquieta cada día que lo pretendo hacer porque por alguna razón todo lo que se me ha de perder debe aparecer allí, así se me haga en el olvido desde mi sexto cumpleaños. Es una fantasía recuperar los objetos, monedas, lápices y miles de cosas que nunca encuentro para un preciso momento, pero cuando lo reflexiono siempre mi cama es la que se apropia de ellos e incluso hay ratos en lo que llego a pensar que esa Violeta Cama ha cobrado vida dentro de mi mundo irreal.

    Justo hoy recuperé entre sus diabólicos tentáculos un pequeño bolígrafo que no recordaba desde hace un mes, me causa miedo porque no sé si todo esto es por descuidos míos o por la razón que esa cama necesita más de mis cosas para finalmente apoderarse de mí.

    Empiezo a pensar que este mundo de fantasías en el que vivo no me ha dejado superar la época donde creemos que hay un monstruo bajo nuestra cama… pero cuento con una convicción y es que en mi caso la Cama Violeta, donde a diario duermo, no es la guarida de algún “aparato” sino que es una segunda madre que me recuerda de vez en mes dónde he dejado mis objetos, mis monedas y esos coloridos lápices de cuando aún era un indefenso y regordete bebé.


    Recuerdos de enero con “San Vacaciones”

    Hoy me detuve a escuchar una canción y recordé muchas cosas con ella. Soraya tuvo aquella vez la capacidad de conquistarme y encantarme con esa melodía en el acto que su vida se empezaba a extinguir: “De repente en mi vida, Hay algo que me tiene confundida, No lo puedo evitar, puedo intentar, Conservar el asombro hasta el final…”

    En el norte de Colombia existe un territorio mágico que está marcado por la espesura de su sabana y definido como un Estado cálido, polvoriento pero encantador. Es el departamento de Córdoba que concentra las raíces de los verdaderos ganaderos de mi país, es la tierra donde alguna vez nací y que hoy día recuerdo con algunas imágenes.

    “Me siento halagado de ser de esa tierra, aquella donde la mujer sinuana se rompe la vida partiendo trozos de leña para calentar el desayuno de sus hijos”.

    Dedicado a todos los que estábamos allí ese día: La seño, Carvajalino, Los tres Mosqueteros, Zlomy, el Juchi y la Nariz de Óscar.


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