Tres miradas bajo la lluvia



He tenido que salir siendo viernes… era una chica llamada Francia la que me habló por teléfono, me dio una noticia poco graciosa y bajo muchas nubes cargadas de agua he debido correr. El asunto pendiente con ella lo solucioné con facilidad, mis piernas estaban cansadas porque corrí como nunca pero luego algo pasó…
No tenía afán de regresar a mi casa, pero el color del día me obligaba a regresar pronto. Sonaban varias sirenas en toda la ciudad y me inquietaba la idea de mojarme y congelarme sin algún abrigo. Mis piernas caminaban tan rápido como podía y de repente vi algo maravilloso: el viento se humedeció y la calle en la que estaba se vio bañada por cientos de chispazos de lluvia, me sentí en alguna escena de El tigre y la nieve…pero al instante debí reaccionar.
Me subí a un autobús y cuando bajé había una ‘tormenta’ que se aproximaba.
Por obligación debía caminar y cuando faltaban pocas cuadras para llegar donde mi familia las nubes no se aguantaron más, desprendieron su furia sobre esta tierra y justo allí tuve una primera mirada:
Era una chica de un local comercial, me miraba inquieta porque estaba caminando bajo tanta agua y me acerqué hasta ella y le dije: “oye, ¿me puedes regalar una bolsa plástica para empacar este libro?”, me dijo: “no, soy tan mala que no te la daré”.
Comprendí su mensaje pero al momento ella me trajo esa bolsa y una sonrisa pícara, pero entonces empecé a caminar de nuevo.
Las gotas eran fuertes y tupidas, recordé mi niñez porque me divertía con ese leve dolor y quise cantar algo para pasar el tiempo. Faltaban tres calles más para ver mi casa, el camino era un río y yo estaba por la mitad de éste. Solo me tenía a mí mismo y a ese libro que estaba debajo de mi brazo.
Muchas veces acostumbro cantar para evadir los nervios de una situación, para mí eso es como avanzar a pasos grandes por esta realidad para cumplir un objetivo: el de llegar a mi casa.
Unos jóvenes que se protegían de lluvia, se dedicaron a reírse de mí desde lo lejos, no fui consiente hasta que pasé junto a ellos y supuse que eran unas segundas miradas.
Era dos tipos de mediana edad, se veían como estudiantes pero aseguraría que eran obreros. No quisieron mojarse y se limitaron a seguir en sus vidas ‘secas’. No cantaban y sólo veían el cielo. No reían pero se burlaban de mí.
No creo haberme percatado de alguien más que me mirara acusadoramente. Seguro muchas señoras desde sus casas rezaban para que no me diera un resfriado pero sería otra situación.
Ya faltaban dos casas para llegar a la mía y decidí despedirme de la lluvia puesto hace tiempo no me mojaba con ella. Cuando estuve en mi puerta, me quité los zapatos (a mi madre jamás le ha gustado el piso mojado y menos por alguna tontería). Giré mi cuerpo para ver el camino de donde venía y sentí que algo se me había quedado en allá.
“Era yo, aún divirtiéndome bajo las gotas tupidas y me despedía de mí, con una sonrisa en el rostro por recordarme la alegría de vivir en la soledad del suelo mojado. Era yo en forma de niño mirándome desde lo lejos…sintiéndome parte de otra sociedad u otra ciudad, un lugar gris y sombrío, uno en el que yo también creí… haberme mirado.




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Qué lindo relato….yo amo la lluvia, siempre me pregunto porque la gente corre cuando llueve? tendrá miedo a oxidarse?