30 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: Periodismo Literatura | # Enlace permanente



…Ahora mi dilema es romper con esta manía porque desde que te he descubierto siempre me has tenido en la misma ‘vaina’, con las mismas ganas y ansias en probar; creo que eres tú quien me maneja, pero ambos estamos sin conocernos, sin saber cuán pervertido puede ser el otro… y es que te he conocido, te he desvestido y he jugado a la ruleta rusa cuando me exploto sólo contigo.
Has expuesto ante la luz mi debilidad, el único vicio que hasta hoy mismo me conocí. Ya tengo presente hasta dónde quiero ir; porque por ti me muevo, por ti gimo, aquí estoy pensando – esperando por ti.
No me queda otro remedio que disparar, para saber si tengo la suerte de irrumpir sobre la armadura que te has puesto hoy. Eres tú mi personaje, “una víctima casi perfecta” que conserva su rudeza, aún su cáscara sin estrenar.
Me encuentro midiendo lo fuerte de esa carne, y es que creo que manejas una mirada doble, te has combinado entre movimientos, unos elaborados que me atrapan a mí. Tú: -Eres sigilo, eres un beso, un pasante salado de mi trago perfecto-
Ahora este niño está sin saciar, con ganas de acción pero contigo. El dilema no es moral, mi dilema es actuar sabiendo que hasta temor provocas en mí. No tengo armas pero sigo atento, mirando tus labios que me quieren comer, porque poco a poco me hieres por ahí con tanta energía –‘mi golosina’-, creo que eres un combustible por descubrir.
30 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: Periodismo Literatura, recuerdos | # Enlace permanente
Me encuentro en un dilema. No es de amor, ni de dolor: Estoy pasando estos días creyendo que mis palabras han muerto, y si pienso esto es porque mi pensamientos también.



Cómo sabré si necesito marcharme de aquí, buscar un recurso para regresar o cómo cambiar mi vida si creo permanecer en un estado anormal; malditos los días en los que me alimento de mí, sabiendo que quienes me rodean son mucho más que una carne familiar.
Ando haciendo esfuerzos porque pienso que ya no sé escribir, estoy encerrado en la vaguedad de mis palabras y tiemblo al saber que progresivamente estoy dejando de elaborar mis bosquejos. Para alguien como yo, poseer una ventaja como ésta es perpetuarse en el tiempo, pero ahora que mi habilidad está carcomida podré morir intranquilo porque jamás aprendí realmente a escribir.
Estoy siendo absorbido por un círculo vicioso en esta ciudad y creo que mis únicas neuronas se acaban, se explotan, se reprimen y sucumbirán. Me molesta este silencio de la habitación porque me invade y me cohíbe a experimentar, lo que trato de decir es que intento alejarme del todo para dejar de escribir y perderme hacia otra dimensión.
Cómo haré para salir de este problema: por un lado trato de seguir con esta ‘vida’ que llevo y por el otro estoy seguro que he muerto hace mucho tiempo porque hasta mi sonrisa se ha empezado a liquidar. Soy consiente que conservo un solo arte y es mi razón, porque mi fuerza es tanta que me atreveré a maldecir:
…“Malditas sean las callen que me rechazan, los hombres que me golpean y ese Dios que no se ciñe a mí como a cualquier otro semejante en mi mundo.
…Maldita sea yo porque permití sofocar mis ilusiones hasta llegar a este estado donde ya no puedo llorar, ni sonreír, ni sentir… Esta carne en la que estoy sólo me sirve para formar un cuerpo y no puedo pretender iniciar un nuevo rumbo porque ya he perdido la realidad de mi pasado. Es una despedida del escritor a su dilema porque ya un frío y áspero balazo le cortará para siempre la raíz a su respiración…
28 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: amor, Periodismo Literatura | # Enlace permanente
…Sin darme cuenta, sin darme cuenta.

……..
Era el lugar y estábamos sentados, tratando de no seguir, pero a pesar de las miradas de esos clientes nunca me dio vergüenza. Eras mi compañía, eras el origen de aquella sensación y la causa de cómo me comportaba. Nos acompañaban un par de cervezas, unos fragmentados cojines y un nudo de garganta en un incómodo rincón.
–Hoy tengo que decirte que sí estaba preparado para lo que hicimos, pero para conveniencia mía mejor era simular no estarlo-.
No pretendí actuar como lo hice, pero me encantó. Me sedujo tu respiración cerca de la mía, tus pequeños vellos saliendo de esa piel y tu lengua sigilosa sabiendo apoderarse de mí. Saboree tu cuello, tu oreja y me deslicé hasta tus labios que estaban hirviendo. Te acompañé a morir a ti pero fui yo quien salió un poco quemado.
…Quemado por esa pasión, por la música, por el momento y sobre todo por ti. Me agarrabas con fuerza y yo me dejaba. Me tocabas y te dejaba… Me observabas y besabas hasta que acabó el ‘primer round’.
No conté los segundos porque eran demasiados, conté los momentos y se fusionaron en tres besos. Era nuestro momento y supimos valorarlo, yo supe aprovecharte y tú me supiste tener. Todo lo que esperé pude cumplirlo esa noche, obtuve tus besos y termine encantado… con ganas de más, con ganas de ti y esa pasión, tu corazón o tal vez una cerveza más.
25 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: Periodismo Literatura, recuerdos | # Enlace permanente
Intentando darle respuesta a la pregunta que jamás me hice, pero que hoy alcancé a pensar: ¿Qué estaría pasando si no hubiese dado aquella vuelta?



Siempre salí disparado rumbo a otros valles donde habrían nuevos ‘compañeritos’ y algunas amiguitas con las que podría charlar. Mis padres sólo me alentaban para asimilar los ‘duros cambios’ y sin pensarlo ya estaba hablando con otros vecinos y un nuevo director de colegio.
Nunca me tomé el trabajo de llamar a quienes estuvieron antes conmigo, y, hoy por hoy no sé nada de Carlitos, los gemelos, Pacheco, la cara e’ moncholo, Edward, Karen, Néstor, Luz ‘Ye’ o Jhon.
A veces siento las ganas de retroceder y tan sólo llamarlos, pero también hay días en los que deseo haberme aconsejado para aceptar la propuesta de estudiar de balde en aquella universidad con el fin de conservar mis raíces: Soy un costeño desplazado que ni siquiera saber decir ‘eche’.
Cómo olvidarlos a ustedes que hoy no están y que aún nada no los trae de vuelta (Facebook). Uno empieza solo, pero necesita de alguien… una persona que incluso te explique cuál autobús tomar, una persona que te estima los primeros días y luego es tu amigo. Aquí estoy pronunciando sus nombres y sonriendo entre voces por lo que hicimos, lo que imaginamos hacer y lo que nunca podremos arrinconar.
24 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: Periodismo Literatura | # Enlace permanente




Miento si no escribo esto repudiando el temor a la inspiración. Y es que múltiples personalidades nos dan la forma a nuestras carnes; las mías: el olvido, el egoísmo y también la bella obstinación.
Me he pedido limitarme en las fantasías de esta mente porque creo que ellas afectan a los demás, sin embargo, no soy yo el culpable de escribir lo que escribo porque justo en estos momentos, que sodomizo mi teclado, quien le hace el amor es otro hombre. Uno perfecto que le lastima su silueta y amedrenta su integridad: El escritor.
…El escritor que pregonamos no es más que un hombre oculto que pretende pulir nuestra sociedad, este parásito no tiene nombre pero ante el espejo de mi propio baño es mi supuesto ‘yo’. Es un personaje frívolo que encierra nuestras pasiones para liberarlas de forma agresiva y por eso lo amo: es el muñequito interno que me permite sentirme bien cuando algo me incomoda o cuando hay algo que mi razón quiere decir.
De ‘hombre a muñequito’ el proceso fue corto y resumido. No hay características similares para cada quien, y es que es un celoso que oculta la verdad, encierra por sí mismo los sentimientos que tenemos, los insultos que nos guardamos y la psicopatías que olvidamos.
A veces siento vergüenza de él porque me burlo de su felicidad, le exijo calidad en sus palabras pretendiendo darle gusto a la cuadrilla de este barrio y sin más presión lo logro obtener…
Es un buen trabajador el que todos tenemos, es la mata de nuestra sapiencia porque innova y refresca nuestros días con una lírica perfecta. Es el escritor encerrado como psicópata en un cerebro inferior al de él, pero que nos ayuda pidiéndonos un poco a cambio: al menos enriquecer esta invalidez creativa en la que hemos nacido con el fin de mejorar nuestra estructura vital que ni siquiera nos deja un final terminar.
21 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: Periodismo Literatura | # Enlace permanente




Él caminaba un día ansioso porque quería un cuento empezar a leer. Cerca de sí, estaba una chica dorada, una que lo divertía con su sonrisa y que siempre le contaba sus historias tempranas del batallón en martes por la mañana.
Los dos andaban entretenidos y pasaban las calles antes de ver la ‘Guarida de Dios’. Sin problema pasaron los aros de seguridad y sólo al joven muchacho le faltaba actuar como siempre para que su destino volviera a girar. La rutina estaba aprendida y no había contratiempos, el problema es que era molesta, algo para de no repetir.
Él era enamoradizo. Si le mirabas te sonreía, si le hacías te advertía, si lo besabas podría morir, pero siempre era sincero, siempre demostraba lo que sentía por ti.
Les faltaba poco para llegar hasta donde debían andar, sin embargo, antes de eso una manada de jóvenes se cruzó junto a ellos y fue cuando los sentidos de ‘Lorenzo y Joe’ se empezaron a paralizar.
Lorenzo es atlético, Joe rejoneador… Se habían visto pocas veces y nunca lograron hablar porque eran de brigadas distintas pero ambos sabían que se conocían y vivían una extraña atracción.
Hace una semana, incluso, Lorenzo había bajado su ánimo porque él se despidió; fue una escena brusca en el que un Superior había retirado de Joe de su patrulla y el joven desprotegido aún no se había presentado y ya le habían roto su corazón.
…
Se estaban mirando… los dos se reparaban rápidamente pero eran delicados en sus coqueteos y juegos de miradas. Lorenzo se incomodó y bajó en el acto su cabeza, no pudo esquivársele y justo allí volvió a saborear la calidez de los ojos de Joe.
Lo estaban domando, le hacían el amor con tal fuerza que él no sabía cómo reaccionar. Todo estaba pasando tan a la ligera que se vio desnudo en esa pradera, se vio siendo ultrajado por aquel joven rubio de cuerpo de novillero y amado en seco algo temprano de la mañana.
Aún caminaban porque nunca se detuvieron. Eran tres personajes en esa escena: la chica que aún hablaba, Lorenzo que se extasiaba cada vez más y Joe que lo miraba intentando pedirle un beso pero obteniendo todo su cuerpo a cambio de más contacto visual.
El tiempo se les acababa por ya debían continuar, el destino de nuevo giró pero en Lorenzo y la sonrisa nunca se dilucidó.
Ya sería un rato hermoso por recordar y pensar en el chico de facciones marcadas, labios delgados y mirada fugaz. Todas sus vidas debían continuar, la chica hablando más, Joe en su nuevo batallón y Lorenzo leyendo su cuento, el que le causó risa durante todo el día y el que le complementó la alegría de las miradas que tuvo con su ‘amor’. El mismo ‘amor’ al que siempre esperaría mirando desde su ventana pero que un joven escritor jamás se lo permitió.
*Dedicado a Alejandro, el del mundo de arroz, el que me dijo Cosmo esposo de Wanda.
19 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: adriana, Periodismo Literatura | # Enlace permanente
(Continuación de Lo fascinante de escucharte hablar)


Tienes un nombre de dama bella, no quiero decirlo pero me atreveré: Te llamas Adriana. No eres cantante ni modelo, no eres una diosa pero tu sonrisa es como de una reina…
Eres sólo una chica, una que amo. Una que pienso desde secretos, una simple mujer: la que me habla desde lo alto, eres la de los martes y los jueves tal vez.
Adriana: ¡Me estoy despreciando, porque te pienso!
Mi vida se torna complicada porque a veces me paralizas, sólo te sonrío pero tu atención no viene hacia mí. Ya me dije que no eres un amor imposible pero necesito de esos labios. Adriana, me vuelves loco, me encierras en tu luz y hasta me fugo contigo desde mis sueños.
Soy un hombre que busca algo de ti. Ríes bonito, hablas como siempre, te mueves como debes y sospechas lo que siento.
Adriana, ¿leerás esto?
Eres mayor, yo soy menor. ¿Qué pasa aquí? Sabes cómo soy, déjame tranquilo en la esquina de mi amor. Permíteme morir: eres experta para evadirme, tienes el control de estas palabras, ten valor de no fingir.
Hace dos semana caminé junto a ti, no te fijaste en mis labios, pero estaban que se desgarraban. Ya no me concentro, Adriana. Ya tu voz es algo molesta, empiezo a sentir que mis esperanzas se acaban y me prepararé para ello.
No me despido porque de nuevo te escribiré, soy como Florentino y en verdad estoy ahogándome en cólera. Soy tu Florentino, que desde estos días, he empezado a dejar de respirar.
16 Abr 2010 | Por Hómer Pérez Osorio | Claves: ciudad, hómer, Periodismo Literatura, recuerdos | # Enlace permanente



He tenido que salir siendo viernes… era una chica llamada Francia la que me habló por teléfono, me dio una noticia poco graciosa y bajo muchas nubes cargadas de agua he debido correr. El asunto pendiente con ella lo solucioné con facilidad, mis piernas estaban cansadas porque corrí como nunca pero luego algo pasó…
No tenía afán de regresar a mi casa, pero el color del día me obligaba a regresar pronto. Sonaban varias sirenas en toda la ciudad y me inquietaba la idea de mojarme y congelarme sin algún abrigo. Mis piernas caminaban tan rápido como podía y de repente vi algo maravilloso: el viento se humedeció y la calle en la que estaba se vio bañada por cientos de chispazos de lluvia, me sentí en alguna escena de El tigre y la nieve…pero al instante debí reaccionar.
Me subí a un autobús y cuando bajé había una ‘tormenta’ que se aproximaba.
Por obligación debía caminar y cuando faltaban pocas cuadras para llegar donde mi familia las nubes no se aguantaron más, desprendieron su furia sobre esta tierra y justo allí tuve una primera mirada:
Era una chica de un local comercial, me miraba inquieta porque estaba caminando bajo tanta agua y me acerqué hasta ella y le dije: “oye, ¿me puedes regalar una bolsa plástica para empacar este libro?”, me dijo: “no, soy tan mala que no te la daré”.
Comprendí su mensaje pero al momento ella me trajo esa bolsa y una sonrisa pícara, pero entonces empecé a caminar de nuevo.
Las gotas eran fuertes y tupidas, recordé mi niñez porque me divertía con ese leve dolor y quise cantar algo para pasar el tiempo. Faltaban tres calles más para ver mi casa, el camino era un río y yo estaba por la mitad de éste. Solo me tenía a mí mismo y a ese libro que estaba debajo de mi brazo.
Muchas veces acostumbro cantar para evadir los nervios de una situación, para mí eso es como avanzar a pasos grandes por esta realidad para cumplir un objetivo: el de llegar a mi casa.
Unos jóvenes que se protegían de lluvia, se dedicaron a reírse de mí desde lo lejos, no fui consiente hasta que pasé junto a ellos y supuse que eran unas segundas miradas.
Era dos tipos de mediana edad, se veían como estudiantes pero aseguraría que eran obreros. No quisieron mojarse y se limitaron a seguir en sus vidas ‘secas’. No cantaban y sólo veían el cielo. No reían pero se burlaban de mí.
No creo haberme percatado de alguien más que me mirara acusadoramente. Seguro muchas señoras desde sus casas rezaban para que no me diera un resfriado pero sería otra situación.
Ya faltaban dos casas para llegar a la mía y decidí despedirme de la lluvia puesto hace tiempo no me mojaba con ella. Cuando estuve en mi puerta, me quité los zapatos (a mi madre jamás le ha gustado el piso mojado y menos por alguna tontería). Giré mi cuerpo para ver el camino de donde venía y sentí que algo se me había quedado en allá.
“Era yo, aún divirtiéndome bajo las gotas tupidas y me despedía de mí, con una sonrisa en el rostro por recordarme la alegría de vivir en la soledad del suelo mojado. Era yo en forma de niño mirándome desde lo lejos…sintiéndome parte de otra sociedad u otra ciudad, un lugar gris y sombrío, uno en el que yo también creí… haberme mirado.




Ultimos Comentarios