Cosas sin terminar



Hace unos días era el joven más dichoso de la vida por que el blog había logrado superar la barrera del primer año. Son decisiones difíciles las que atravieso cuando voy a escribir, sin embargo, procuro que cada palabra sea de mi agrado y así poderme divertir.
Me caracterizo por ser un joven dinámico y poco obstinado, una persona que media sobre sí mismo para aumentar su ego poco a poco y que realiza tareas que dependen de su estado de ánimo para sacar las mismas: Todo en mi vida pudo ser peor. (Irónico)
Con los días estoy aprendiendo que se me hace aún más difícil encontrar algo lo suficientemente significativo para dedicarle todo mi tiempo. Esto corresponde a empleos, libros, pasatiempos o amantes. El problema no radica en ello, me atrevería a decir es que es la sociedad la que no me está brindando los recursos que merezco y esa es la razón por muchas de mis cosas están a medio empezar.
Me gusta leer y tengo tres libros que no se dejan tocar.
Me gusta compartir con mi familia pero a veces se encierran en sus vidas, entonces debo abortar.
Me gusta escribir, tomar alcohol, cantar y llorar. Me gustan las luces de ciudad, el viento del mar y las miradas que me absorben.
Me gusto yo mismo porque soy el único que me conoce y me gusta mi vida… “para por favor”.
¿A qué viene todo esto?, no tengo la respuesta: Es un desvarío de mi mente mientras escucho la música de Emir Kusturika… y como el nombre del artículo lo propone, esta será otra cosa sin terminar.



Dedicado al señor de las guadañas que ayer estuvo frente a mi casa.





Será que me gana la pereza para terminar mis cosas? jaja