Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios. Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas. Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán, su sangre derramada profanó la tierra. Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.
Salmos 106:37-39
Dios tenía una razón muy poderosa para prohibirle a los israelitas después de su salida de Egipto mezclarse con los pueblos que ocupaban temporalmente las extensiones de la tierra de Canaán y regiones aledañas. No sólo les prohibió asociarse con esos pueblos paganos sino que ordenó la destrucción total de todos ellos. De estas instrucciones dadas al pueblo de Israel muchos se han aprovechado, eso sí sacando fuera de contexto las palabra de Dios, para decir que Dios es un Dios cruel y falto de amor. De manera alegre ignoran la intrínseca justicia que conlleva la naturaleza divina. Las barbaridades y abominaciones que esta gente estaba acostumbrada a hacer en nombre de su religión eran realmente terroríficas y despreciables. Una de sus más espantosos rituales era el sacrificio de sus hijos a los ídolos. Entregar la vida de sus hijos en sangriento sacrificio a los demonios que se hacían pasar por dioses es algo totalmente inaceptable e incomprensible para quienes vivimos en estos tiempos algo más civilizados.
No obstante, de alguna manera, en general hemos permitido que nuestros hijos se hayan entregado al mundo y hasta al enemigo de nuestras almas en sacrificio por su deseo de vivir de acuerdo a las ideas que imperan en estos tiempos. En estos tiempos postmodernos lo material se impone sobre lo espiritual, lo exterior sobre lo interior, lo temporal sobre lo perdurable, lo urgente sobre lo importante, lo superficial sobre lo fundamental, lo confuso sobre lo sólido, lo aleatorio sobre lo firme, lo ambiguo sobre lo absoluto. Todas estas nuevas (en realidad no son muy nuevas que digamos) ideas que se oponen a los principios y caminos establecidos en la palabra de Dios hoy son comunes y prevalentes. Nuestros hijos han abrazado esas ideas y nosotros lo hemos permitido al observar pasivamente como el mundo ha secuestrado las mentes y los corazones de nuestros muchachos. Actuemos con decisión y arrojo para rescatar a nuestros hijos de los ídolos y demonios que moldean esta decadente sociedad. Nunca es tarde cuando el propósito es la salvación de sus almas. Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo saldremos vencedores. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Tus hijos ocuparán el trono de tus ancestros; los pondrás por príncipes en toda la tierra.
Salmos 45:16
Parte de la razón por la cual nos encontramos en este peregrinaje terrenal es que nos estamos preparando para la vida eterna. Muchas de las situaciones con que nos enfrentamos a diario son meros ejercicios de entrenamiento necesarios para desarrollar las capacidades y destrezas que nos permitirán asumir con éxito las responsabilidades que vamos a cumplir en esa nueva etapa de nuestra existencia. Algunos pasajes de la palabra de Dios sugieren que parte de nuestras labores tendrán que ver con la realización de funciones gubernamentales. El apóstol Pedro nos dice que somos real sacerdocio. El nuevo cántico de los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos dice:” los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.” El apóstol Pablo nos dice que vamos a juzgar al mundo y que incluso juzgaremos a los ángeles. A Timoteo le dijo que si resistimos también reinaremos con él [Cristo].
Vemos entonces como nos estamos preparando para ejercer justicia, dominio y sacerdocio en ese reino que Dios ha preparado para todos sus hijos, en el cual habitaremos en dicha total porque tendremos un cuerpo espiritual libre de toda corrupción y porque estaremos siempre en la presencia de Dios y no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor. Pongamos nuestra esperanza en que pronto estaremos disfrutando de todas las promesas que el Señor Jesús preparó para todos aquellos que hemos decidido seguir sus huellas y dejarnos guiar por su amorosa mano. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Bendito sea Dios el Señor, el Dios de Israel, el único que hace obras portentosas. Bendito sea por siempre su glorioso nombre; ¡que toda la tierra se llene de su gloria! Amén y amén.
Salmos 72:18-19
Cuando la adversidad nos golpea debemos bendecir el santo nombre de Dios. Cuando el enemigo se ensaña contra nosotros debemos alabar el glorioso nombre de Dios. Cuando lo imprevisto nos sorprende debemos buscar el santo rostro de Dios. Cuando la duda y la confusión nos embargan debemos apegarnos a nuestro Señor Jesús. Cuando el destino nos hace una mala jugada debemos humillarnos ante la poderosa mano de Dios. Cuando no entendemos lo que sucede a nuestro alrededor debemos tornar nuestra mirada a Dios. Cuando el dolor se apodera de nuestros corazones y se niega a dejarnos en paz debemos acudir al trono de gracia de nuestro Padre celestial. Cuando la realidad nos aturde y entumece nuestros pensamientos debemos clamar a Dios por su socorro. Cuando no encontramos las palabras que nos pueden dar consuelo debemos buscar la protección de Dios Todopoderoso. Cuando no sabemos cuando será que lograremos salir de un amargo momento debemos aferrarnos a los pies de nuestro Salvador. Cuando las respuestas no aparecen y las preguntas se acumulan debemos levantar la mirada a nuestro Señor. Cuando la aflicción destroza nuestro corazón debemos escudarnos en el lugar santo de su presencia. Cuando se acaban las palabras y el llanto ocupa su lugar debemos rendir nuestra voluntad al Dios Altísimo. Cuando la alegría no quiere regresar a nuestras vidas sólo podemos hallar paz y consuelo en los amorosos brazos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sólo él tiene todas las respuestas a todas las inquietudes e interrogantes de la humanidad. Sólo en él podemos encontrar razones y respuestas a nuestras dudas y extravíos. Sólo sus manos pueden sacarnos del profundo atolladero en que se encuentran atrapados nuestros pies y nuestro corazón. Nuestro amado Jesús es la solución ¡Sólo a Dios sea la gloria! ¡Bendito sea por siempre su santo nombre!
En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás, y los dejarás de lado.
Salmos 102:25-26
De vez en cuando me detengo a ver algunos programas de televisión que hablan acerca de nuestro planeta y de cómo fueron sus orígenes. Esta semana pude ver uno que hablaba de una nueva teoría mediante la cual proponen que la vida en el planeta Tierra comenzó muy poco tiempo después de su formación como planeta. Me llamó la atención esta propuesta porque eso es precisamente lo que enseña la palabra de Dios que, sin ser un libro científico, expone algunos de los hechos relacionados con la creación del universo y de la tierra en particular. ¡La Biblia enseña que la vida fue creada en el mismo día en que fue creada la tierra, en el tercer día! [1] En otra ocasión mencioné que los científicos se cuidan mucho de las palabras que utilizan para describir eventos que sólo surgen de su calenturienta imaginación. Como no tienen manera de comprobar científicamente nada, todo es descrito con frases hipotéticas de las cuales pueden facilmente zafarse cuando llegue una nueva teoría que al resto de la comunidad científica le parezca más plausible. Quienes acusan a los cristianos de seguir fábulas mitológicas son quienes están creando nuevas fábulas y nuevas mitologías en las que ponen toda su confianza y por las cuales hacen gran proselitismo. No sorprende, pues, que dichos programas “científicos” estén acompañados de otros donde se habla de las profecías de Nostradamus o del calendario maya y el fin del mundo en el año 2012. Prácticamente, el mismo nivel de especulación el que se requiere y se utiliza para tratar el tema del comienzo y formación de la tierra es el necesario para debatir el tema de la destrucción y fin del planeta.
Ahora bien, nosotros somos receptores no sólo de una esperanza, sino de una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios. [2] No nos preocupemos pues de las especulaciones que en nombre de la ciencia muchos se atreven a utilizar para desprestigiar a quienes hemos puesto nuestra esperanza en el Dios Creador. A su debido tiempo, Dios mostrará su majestad y poder a todo ser humano y entonces toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria del Dios Padre. [3] ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Tus hijos ocuparán el trono de tus ancestros; los pondrás por príncipes en toda la tierra.
Salmos 45:16
Parte de la preparación que todos los hijos de Dios recibimos en esta vida terrenal tiene que ver con el hecho de que cuando retorne nuestro Señor por su iglesia y se lleve a cabo el juicio final descenderá del cielo la nueva Jerusalén. A partir de ese momento serán enviadas como lluvia sobre la tierra todas las bendiciones prometidas por Dios a sus hijos. Jerusalén será el lugar donde estará ubicado el trono de Dios y del Cordero y desde allí se gobernará toda la tierra. Nosotros, los hijos de Dios, estaremos encargados de representar ese gobierno como príncipes en todas las naciones. De allí que sea muy importante aprovechar todo el adiestramiento que podamos recibir en esta vida porque nos será de mucha utilidad cuando nos toque gobernar a los pueblos.
¿Estamos aprendiendo a ser justos y a aplicar la justicia en todo lo que hacemos? ¿Estamos al tanto del importante papel que nos tocará ejercer cuando llegue el Reino de Dios? ¿Nos hemos dado cuenta de la responsabilidad y el privilegio que representa nuestro nombramiento como príncipes de Dios en las naciones? Recordemos que nosotros somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Miremos toda situación que se presente en nuestra vida como un aprendizaje que nos será de mucha utilidad cuando nos toque ejercer las nobles funciones de gobierno que nos serán asignadas en el futuro Reino de Dios. Cuando llegue ese importante momento estaremos perfectamente capacitados. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá; la revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes.
Salmos 104:5-6
Los avances científicos y tecnológicos son difíciles de ignorar. Cada día que pasa surge una nueva aplicación tecnológica destinada a mejorar nuestra salud o nuestro bienestar. Millones de euros y dólares se gastan diariamente en la investigación científica y las empresas que se dedican a esta investigación generan cuantiosas fortunas a sus propietarios. De allí que la ciencia tenga un gran prestigio como generadora de bienestar y progreso hasta el punto de que la ciencia ha desplazado a la fe en muchos ámbitos del conocimiento. Si bien los ámbitos de aplicación son diferentes, muchos han utilizado a la ciencia para descalificar a la fe. Es algo así como que un experto en Historia de la Revolución Francesa pretenda cuestionar lo que se conoce acerca de la Fisiología Celular y viceversa. La ciencia trata con lo que se puede ver y con lo que se puede palpar y medir. La fe trata con las cosas que no se ven y que físicamente no se pueden medir. En algunos puntos estas dos áreas de estudio se solapan y es allí donde surgen las más acaloradas discusiones entre creyentes y científicos. Ambos tratan de reclamar ese pequeño territorio común para sí.
Uno de estos puntos de solapamiento se encuentra en el estudio de los orígenes del universo, de la vida y de nuestro planeta. La gran mayoría de los científicos ha rechazado a priori la opción de que en el proceso de creación de todo lo que hoy podemos observar haya intervenido la mano de Dios. Con arrogancia enarbolan y esgrimen sus siempre cambiantes teorías, las cuales manejan como ciertas a pesar de que casi todas ellas han resultado ser defectuosas. Cuando esto sucede, simplemente sustituyen la inexacta teoría por una nueva, la cual les servirá para mantenerse ocupados hasta que ésta también se demuestre como falsa. La palabra de Dios por su parte es consistente y confiable. Las promesas de Dios se cumplen y no necesitan ser cambiadas por otras promesas. Dios es fiel y su palabra es digna de confianza. Ésto es algo que la ciencia jamás podrá alcanzar. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Con sabiduría afirmó el Señor la tierra, con inteligencia estableció los cielos. Por su conocimiento se separaron las aguas, y las nubes dejaron caer su rocío.
Proverbios 3:19-20
El filósofo francés Voltaire al ser cuestionado sobre su posición con relación a la existencia de Dios dijo: “El universo me desconcierta y no puedo imaginar que exista este reloj y no exista un relojero.” Esta afirmación cobra mucho más valor cuando entendemos que provino de una persona a la que no podríamos llamar “creyente” en el estricto sentido de la palabra. Desde que los activistas ateos comenzaron a apoyarse en las doctrinas del Positivismo y luego del Postmodernismo, han aumentadolos ataques contra las escuelas de pensamiento y todas las personas que creen que Dios existe . El activismo ateo ha llegado al punto de contratar espacios publicitarios en vallas y costados de autobuses para exponer sus argumentos al común del pueblo y así ganar adeptos. Ellos está embarcados en una campaña proselitista. ¿Será que piensan que si logran ser mayoría podrán demostrar que Dios no existe? Es difícil saber que razonamientos se esconden detrás de sus estrategias comunicacionales. Lo cierto es que años de avances científicos no han logrado demostrar ninguna de sus descabelladas teorías sobre la vida o el origen del ser humano o el origen del universo.
Es evidente que es imposible que una estructura tan maravillosa y desconcertante como lo es el universo haya surgido de la nada sin la intervención de un Ser superior que haya ordenado su creación. Todavía más imposible es que el milagro de la vida se haya producido sin la orden directa y exclusiva del Creador. Con razón Voltaire decía estar desconcertado. Aunque los ateos por definición no creen en ninguna clase de dios, ellos tienen un dios que se llama el azar. El orgullo les impide a los ateos reconocer que se han equivocado con sus fantasiosas teorías sobre la vida y el universo. Ellos neciamente siguen insistiendo en que todo se debe al azar pero no explican cómo. La palabra de Dios nos dice que el universo y la vida fueron creados por Dios. Nos dice también que Dios hizo todas las cosas con sabiduría, inteligencia y conocimiento. No creo que el azar cuente con ninguna de estas capacidades. Gocémonos en la creación y aún más importante, gocémonos en el Creador que para eso fuimos creados. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra. Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»
Salmos 10:10-11
El poderoso y el malvado se engañan a sí mismos creyendo que ellos no están bajo la autoridad de Dios y que por lo tanto pueden actuar con toda impunidad. Este auto-engaño les produce una falsa sensación de seguridad que los motiva a seguir haciendo de las suyas sin prestar atención a las terribles consecuencias que su reprochable comportamiento va a traer sobre sus cabezas. La única vía que ellos conocen es la de la violencia y el abuso del poder. Su gozo y satisfacción estriban en humillar, doblegar y dominar a su prójimo tantas veces como sea posible. Mientras más éxito tienen en su campaña de dominio sobre los demás más se acercan a la trampa que los cazará como inocentes criaturas. La falsa sensación de seguridad con que se arropan les impide ver el triste futuro que se les avecina. Su arrogancia les da el ánimo que necesitan para perseguir al indefenso, convencidos de que Dios no existe y si existe, no ve, se ha olvidado de su creación o no le importa lo que ocurre en este mundo.
La realidad es todo lo contrario. Dios está completamente al tanto de toda la persecución y abuso que estos malvados seguidores e instrumentos de Satanás llevan a cabo con tanto placer sobre los inocentes y los oprimidos. El juicio de Dios no tarda, aunque el hecho de que Dios ve al tiempo diferente a como lo vemos nosotros, hace que nos parezca que él ignora nuestros sufrimientos o se ha olvidado de nosotros. Nuestra fe debe mantenerse firme bajo el peso de la opresión. Nuestra esperanza es que muy pronto Dios secará toda lágrima que nuestros ojos han derramado y nos devolverá la paz y la alegría que nos corresponde disfrutar como hijos de Dios. No permitas que el enemigo te robe el gozo de saber que estás completamente protegido por el poderoso brazo de Dios. Recuerda que el Señor escucha la petición de los indefensos, les infunde aliento y atiende su clamor. ¡Sólo a Dios sea la gloria!