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La palabra de hoy 29 de octubre de 2011

Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra;
cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime.
Proverbios 29:2

La aspiración de todos los pueblos es ser gobernados con justicia y equidad. Todos desean que sus derechos sean respetados y que el gobierno interfiera lo menos posible en sus actividades normales siempre y cuando eétas sean lícitas, por supuesto. La triste realidad es que este tipo de gobierno justo y equilibrado es la excepción y no la regla y por eso es que vemos tantas rebeliones como las que ahora se están dando en algunas naciones árabes. El mundo siempre ha tenido su buena cuota de tiranos y opresores cuyo único objetivo es el uso indiscriminado del poder que se le ha conferido o que se han tomado por la fuerza de las armas y las trampas. Cuando un impío gobierna, al pueblo sólo le quedan ayes y tribulaciones. La única manera de obtener una solución que no resulte siendo peor que la situación de tiranía que se pretende corregir es acudir a Dios para que remueva al malvado gobernante. lL malo es que el hombre siempre ha pensado que puede alcanzar cualquier cosa que se proponga sin la ayuda de Dios y por eso los pueblos no buscan a Dios de todo corazón para lograr su liberación.

Cuanta alegría, por el contrario experimenta el pueblo cuando quien rige los destinos de un país es una persona justa y temerosa de Dios. la dirección del Espíritu Santo en su vida se encarga de que se tomen las decisiones más acertadas y adecuadas para alcanzar el bienestar del pueblo y la corrupción es eficazmente castigada para beneplácito de las masas. Si te encuentras sufriendo los rigores de hallarte bajo una tiranía busca a Dios. No creas en mecanismos establecidos por políticos y militares, por violentos o pacíficos que éstos sean. Sólo Dios tiene el poder y la autoridad para establecer o remover a las autoridades de un país o nación. Un pueblo que busca a Dios tendrá más oportunidades de vivir gobernado por una autoridad que realmente se preocupe de su bienestar que un pueblo impío y lleno de idolatría. Busca a Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

 

La palabra de hoy 17 de octubre de 2011

Una vez hablaste en una visión,
y le dijiste a tu pueblo fiel:
«Le he brindado mi ayuda a un valiente;
al mejor hombre del pueblo lo he exaltado.
He encontrado a David, mi siervo,
y lo he ungido con mi aceite santo.»
Salmos 89:19-20

La obra de Dios no se limita a la creación. Dios también se encarga de transformar las vidas de quienes le buscan de todo corazón. Así como Dios crea un diamante en bruto, así también se encarga de tallarlo y pulirlo para al final obtener un brillante de gran resplandor que sea digno de adornar su trono celestial. Al pequeño pero muy valeroso David lo eligió de en medio de sus muchos hermanos, todos fuertes y apuestos, y lo sacó del cuidado de las ovejas de su padre Isaí, para eventualmente, después de un largo e intenso proceso de aprendizaje por persecución y tribulación, colocarlo a la cabeza del pueblo de Israel en sustitución de Saúl quien a pesar de contar con grandes condiciones físicas no pudo aprender las enseñanzas espirituales que le fueron impartidas por Dios durante su reinado.

Tanto Saúl como David fueron ungidos por Samuel para desempeñar su oficio real. Por la obediencia a Dios, David obtuvo él éxito y el derecho a que su descendencia gobernara eternamente sobre Israel, mientras que Saúl y su familia cayeron en desgracia. Saúl no pasó de ser un diamante en bruto mientras que David se convirtió en una refulgente piedra preciosa. Todos los que nos hemos acercado a Cristo buscando nuestra salvación por medio de la fe en él tenemos la unción que sólo él puede dar. Esa unción, el Espíritu Santo de Dios, es quien nos capacita para toda buena obra y quien nos transmite el conocimiento y la sabiduría necesarios para servirle adecuadamente. Él nos enseña todas las cosas para que sepamos distinguir entre el engaño y la verdad. Permanezcamos en Cristo y en su amor para vivir confiados en la salvación que hemos recibido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 6 de octubre de 2011

El Señor es la fortaleza de su pueblo,
y un baluarte de salvación para su ungido.
Salmos 28:8

Cuando encontramos oposición o adversidad en nuestro camino podemos levantar nuestro rostro a nuestro Señor para buscar su protección y ayuda. Esta debería ser nuestra reacción inmediata ante las dificultades. No obstante, muchas veces nos enfrascamos es tratar de resolver las cosas por nuestros propios medios y con nuestras propias fuerzas y nos desentendemos de la gran oportunidad que pudiéramos estarle dando a nuestro Señor para que se manifieste con poder y su nombre sea exaltado. Es como decirle a él: «No te necesito» y eso es un desaire.. Fijémonos más bien en la enorme cantidad de atributos que Dios tiene con relación a nuestras necesidades de protección. Demos un vistazo a la palabra de Dios.

Dios es mi luz y mi salvación, mi baluarte, mi resguardo, mi amparo, mi roca, mi esperanza, mi protección, mi ayuda, mi fuerza, mi escudo, mi pastor, mi fortaleza, mi refugio, mi castillo fuerte, mi justicia, mi Dios! Como dijeron los hijos de Coré: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” [1] Así que cuando nos enfrentemos a la adversidad que nuestra reacción sea automática e inmediata. Cobijémonos bajo la amorosa protección de nuestro Señor Jesucristo, nuestro amado Salvador. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Salmos 42:11

 

La palabra de hoy 29 de julio de 2010

Que nuestros bueyes arrastren cargas pesadas;
que no haya brechas ni salidas,
ni gritos de angustia en nuestras calles.
Salmos 144:14

Paz y Prosperidad. El sueño y la meta de muchos pueblos. Los pueblos que han alcanzado estas metas se han dado cuenta de que hay que trabajar muy duro para conseguirlas. También saben que para mantenerlas se requiere tanto o más esfuerzo que para alcanzarlas. Grandes líderes han conducido a naciones en guerras y catástrofes y han dejado su nombre grabado en la historia pero la paz y prosperidad por la que tanto lucharon es muy probable que haya desaparecido desde hace mucho tiempo. Con todo y eso las naciones tiene mala memoria y pronto se olvidan de que los planes humanos alcanzan éxitos efímeros y de que nada es seguro si no proviene de Dios. Algunos líderes han tratado de hacerles creer a sus seguidores que sus planes son un fiel reflejo de los planes de Dios y el pueblo se ha tragado este anzuelo.

¿Cuál de los líderes de hoy en día puede decir como David «Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla. Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. Él es quien pone los pueblos a mis pies.»? ¿Pueden imaginarse a cualquiera de ellos expresando en público su confianza en Dios con sinceridad y confianza?  Me temo que en esta área el secularismo le ha ganado valioso terreno a la fe. La porción de la palabra que hemos colocado en el inicio de esta reflexión es seguida por esta otra: “¡Dichoso el pueblo que recibe todo esto! ¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!” Una nación o pueblo no puede obtener y mantener el éxito económico y la paz si no cuenta con el apoyo de Dios y el apoyo de Dios no se obtiene por decreto. El apoyo de Dios sólo está disponible para aquellos que han tomado la determinación de seguir los pasos de Jesús y no los pasos del mundo. Quiera Dios que surjan líderes que puedan gobernar con sabiduría hasta el regreso del Señor Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 22 de julio de 2011

Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor,
y a Moisés le fue mal por culpa de ellos,
pues lo sacaron de quicio
y él habló sin pensar lo que decía.
Salmos 106:32-33

La mayoría de las veces en que las cosas salen mal la responsabilidad de lo ocurrido recae sobre los líderes y no es para menos pues al ocupar posiciones de liderazgo a ellos se les confiere mayor poder y esto implica un mayor compromiso con los resultados de sus decisiones. Un buen líder sabe a lo que está expuesto y cuando algo no sale como se esperaba asume su responsabilidad por lo que sucedió. No obstante, en raras ocasiones, la responsabilidad no recae sobre el líder sino sobre los seguidores. En el caso de la protesta por la escasez de agua en el desierto, el nivel de murmuración del pueblo era tan fuerte y tan repetitivo que hizo que Moisés, un hombre supremamente humilde, se exasperara al extremo de salirse de sus casillas y de actuar estúpida e irreflexivamente al llevar a cabo las instrucciones que Dios le dio. Moisés podía echarle la culpa al pueblo, de hecho, Dios disciplinó al pueblo por esta y muchas otras instancias de queja y murmuración. Lo que hizo que Moisés fallara fue su espíritu rebelde que consideró que lo que Dios le había ordenado era un fastidio para su vida.

A todos nos pasa que recibimos dirección de Dios pero creemos que nuestra manera de resolver los asuntos es mejor que la que Dios nos está indicando y terminamos rebelándonos. Las bases de la rebelión son el orgullo y la desobediencia y ya sabemos que ninguna de estas cosas le agrada al Señor. Cuando Dios nos ordene hacer algo y pensemos que hay una mejor manera de hacerlo, inmediatamente debemos sentarnos a analizar en que manera estamos fallando y que podemos hacer para cumplir las instrucciones de Dios al pie de la letra. De no hacerlo es muy probable que terminemos cayendo en el profundo hoyo del error y el pecado. Prestemos atención a la  voz de Dios y dejemos que su Espíritu Santo nos guíe por sendas de justicia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 14 de julio de 2011

Con cánticos alabaré el nombre de Dios;
 con acción de gracias lo exaltaré.
Esa ofrenda agradará más al Señor
que la de un toro o un novillo
con sus cuernos y pezuñas.
 Los pobres verán esto y se alegrarán;
¡reanímense ustedes, los que buscan a Dios!
Porque el Señor oye a los necesitados,
y no desdeña a su pueblo cautivo.
Salmos 69:30-33

La gente clama a Dios por muchas razones, la mayoría de estas peticiones son deseos egoístas que nunca serán respaldados por Dios porque no llevan ningún propósito que no sea la propia satisfacción de quien eleva su clamor. Muchas de estas peticiones son elevadas sin considerar la voluntad de Dios y es precisamente ahí donde se encuentra la razón principal de por qué estas plegarias nunca obtienen respuesta. El apóstol Juan nos aclara esto: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.” Y esto de pedir según la voluntad de Dios no se limita a decir “hágase tu voluntad” con nuestros labios. Recuerden que el Espíritu Santo de Dios sabe lo que hay en nuestro espíritu ya que: “Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.” Cuando nos dirijamos a nuestro Padre celestial solicitándole algo en oración asegurémonos que lo que estamos pidiendo es de acuerdo con su voluntad. Su voluntad no es algo desconocido ni es algo que pedimos se cumpla pero sin estar seguros de qué es lo que estamos buscando. La voluntad de Dios está claramente definida en su palabra y la única manera que podremos conocerla es mediante la lectura constante de la Biblia.

¿Quiéres conocer cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Revisa la palabra de Dios. ¿Quieres pedir a Dios de acuerdo a su perfecta voluntad? Incluye en tus peticiones el condicionante “Si es tu voluntad.” ¿Quieres asegurarte de que Dios te escuchará? Primero asegúrate de que tu corazón esté alineado con el corazón de él. Sólo así podremos asegurarnos de que estamos orando al Padre por su perfecta voluntad en el nombre de su Hijo Jesucristo. Recuerda que cada día nosotros debemos disminuir para que él pueda crecer y llevar las riendas de nuestra vida. Recuerda que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. ¡Sólo a Dios sea la gloria!