Muchos buscan congraciarse con los poderosos; todos son amigos de quienes reparten regalos.
Proverbios 19:6
Otro de esos “detallitos” o “pequeños” defectos que tiene la naturaleza humana en general es su constante tendencia a buscar el sendero que ofrezca menor resistencia. Queremos que todo sea fácil, que nada nos cueste, que no tengamos que sudar por nada. Es decir, amamos todo lo que signifique el menor esfuerzo posible. Los fabricantes de alimentos lo saben muy bien y por eso han tenido tanto éxito con sus líneas de productos “listos para comer” Cualquier cosa que pueda estar listo en 5 o 10 minutos y que sólo requiera destapar una lata, abrir una caja, sacr del congelador o pulsar unos botones en un horno de microondas recibirá la aceptación general del público. Estas tendencias a la comodidad y la vida fácil también es del conocimiento de los políticos, quienes se aprovechan al máximo de ellas, especialmente durante las campañas electorales. Una mezcla de obsequios de bajo costo, tales como licuadoras, ollas arroceras y máquinas de lavar baratas son utilizadas por los jefes de campaña para comprar votos a diestra y a siniestra. Las débiles mentes de muchos votantes se llenan de esperanza cada vez que un político les ofrece la falsa promesa de una vida más fácil y mejor y acompaña su promesa con un obsequio.
Los únicos regalos que nosotros los hijos de Dios debemos esperar son los dones que el Espíritu Santo de Dios tenga a bien darnos para el bien de los demás según él lo determina y no de acuerdo a nuestro gusto o voluntad. Como dijo el apóstol Pedro: ” Cada uno ponga al servicio de los demás el don que hay recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.” Para todo lo demás, trabajemos para ganarnos la vida. Por supuesto, si podemos determinar maneras de hacer las cosas más eficientemente y con menos esfuerzo, las podemos y debemos poner en práctica siempre y cuando no lo estemos haciendo a expensas de la calidad de nuestra labor y servicio. No demos lugar a la carne y sus pasiones sino dejemos que el Espíritu guíe nuestros pasos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa.
Proverbios 19:11
Una de las consecuencias de mantener una actitud de orgullo y arrogancia es la irascibilidad. El orgulloso siempre termina siendo una persona muy irascible que constantemente se molesta con todos los que lo rodean, los cuales, según él sólo saben causarle problemas. Cualquier comentario que escuche relacionado con su persona o su manera de actuar es considerado una grave ofensa que debe ser respondida con retaliación con toda la energía que el caso amerita. Por su mente pasa un sólo pensamiento: “¿Cómo se atreven? ¡Ya verán!” La impaciencia y la ira se unirán en un poderoso brebaje que una vez ingerido terminará haciendo explotar al orgulloso en epítetos y maldiciones.
El hijo de Dios, por el contrario, es o está en vías de convertirse en una persona considerada y humilde. El poder transformador del Espíritu Santo toma el orgullo y la irascibilidad y los convierte en humildad y aplomo. La paciencia pasa a formar parte de la naturaleza del creyente y éste ya no cae fácilmente en provocaciones. El nuevo lema del creyente transformado ahora es: “No ofende quien quiere sino quien puede.” Esta nueva capacidad para no dejarse llevar innecesariamente al conflicto le confiere al hijo de Dios un carácter apacible y juicioso. La sabiduría le permite ahora entender que quien está detrás de todo el plan para generar un conflicto es el enemigo de nuestras almas y que se gana mucho cuando se evita un pleito. Dejemos que el Espíritu Santo de Dios haga su obra en nuestras vidas transformando nuestro carácter para hacerlo cada día más parecido al de nuestro Señor Jesucristo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
El afán sin conocimiento no vale nada; mucho yerra quien mucho corre.
Proverbios 19:2
Para muchas personas la paciencia es algo desconocido. No es que no sepan qué es la paciencia, sino que nunca la han podido observar y practicar en sus vidas. Nuestra naturaleza pecaminosa busca la gratificación inmediata y por eso no es muy amiga de esperar pacientemente por algo o por alguien. Todo lo queremos para ya y el mundo, uno de nuestros enemigos, se aprovecha de esta debilidad para hacernos caer y para atrofiar nuestro crecimiento espiritual. Usualmente el entusiasmo es más fuerte que la cordura y ésto nos hace ser muy impulsivos, cosa que también es aprovechada por el mundo para mantenernos atados con pesadas cadenas que coartan nuestro progreso hacia la santificación. La misma impulsividad que nos empuja a querer alcanzar la madurez de inmediato es lo que se interpone en nuestro camino hacia esta. La impulsividad es mala consejera.
No nos dejemos, pues, llevar por los impulsos y las emociones que sólo harán que actuemos irreflexivamente. No tomemos decisiones apresuradas sino apartemos el tiempo necesario para analizar adecuadamente las implicaciones y consecuencias de nuestros actos. Luego, procedamos con cautela y con firmeza hacia el objetivo trazado. Pronto veremos como la paciencia nos ayudará a movilizarnos a paso firme y con seguridad hacia la tan anhelada madurez espiritual y crecimiento en Cristo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones.
Proverbios 19:17
¡Qué maravillosa oportunidad para servir al Señor cuando servimos a los pobres! A ellos muchas veces los miramos con desprecio y con arrogancia. Pensamos que su condición de pobreza es el resultado de quién sabe cuáles malas acciones han llevado a cabo en el pasado. Y aún si fuera así, actuamos como jueces implacables condenándoles al desdén, cuando lo que deberíamos hacer es darles una mano y si es posible (siempre lo es) concederles una nueva oportunidad. En vez de actuar con compasión como nuestro Señor Jesús lo haría, nos negamos a darles una mano para ayudarlos a salir del profundo hoyo en que han caído. El egocentrismo acalla cualquier remordimiento que nuestra conciencia haga aflorar en nuestros corazones. En vez de verlos como una excelente oportunidad de servir al Señor los vemos como una molestia que se atraviesa en nuestro camino y lo hace menos llevadero.
Busquemos la sabia dirección del Espíritu Santo para que podamos servir a nuestro pobre prójimo de la manera que el Señor Jesús lo haría, cuidando de no ocupar el lugar que le corresponde a Dios como proveedor. Nosotros somos simples peones que en las manos del Gran Maestro Universal del ajedrez cósmico avanzamos sobre el tablero llevando a cabo los movimientos estratégicos que nos llevarán a la victoria final. No tendremos que ir muy lejos para encontrar oportunidades para servir. Ellos están por todas partes y por si acaso no nos habíamos dado cuenta, ellos son mayoría, así que no podemos decir que no sabemos cómo encontrarlos. Cuidémonos de que nuestras acciones de ayuda no se lleven a cabo como un mero formalismo. Lo que hagamos debe salir de nuestro corazón y debe ser en todo momento realizado para la gloria de Dios y no para la gloria nuestra. Busquemos dónde está la necesidad y ayudemos con nuestras manos y nuestros recursos (que al final son los recursos de Dios) a mejorar las condiciones de vida de los desposeídos. Estaremos haciendo lo que el Señor espera de nosotros. ¡Sólo a Dios sea la gloria!