La palabra de hoy 25 de octubre de 2011
Nubes y viento, y nada de lluvia,
es quien presume de dar y nunca da nada.
Proverbios 25:14
Este año se ha caracterizado por un clima inusual. Mientras que en algunos lugares se han visto las peores inundaciones de las que se ha tenido conocimiento en otras partes ha habido una sequía sin precedentes en la historia de la recolección de los datos meteorológicos. Quienes se ven más afectados son aquellos que viven de la actividad agropecuaria. Ellos entenderían el versículo de hoy a la luz de sus dolorosas experiencias con el estado del tiempo. Cuando el cielo se puebla de nubes y las esperanzas de lluvia crecen en los corazones de quienes las aguardan con ansiedad no hay nada que cause más desilusión que ver como el viento arrastra las nubes a otro lugar antes de que ellas se aligeren de su precioso cargamento. Como esas nubes llenas de falsas promesas son aquellos que viven haciendo alarde de lo generosos y desprendidos que son, a pesar de que nunca dan nada a nadie por causa de su egoísmo y tacañería.
Otras veces el incumplimiento de las promesas se debe a ese entusiasmo con que algunos de nosotros enfrentamos los retos y las tareas. Si nuestro temperamento es como el del apóstol Pedro, sanguíneo, es muy probable que siempre seamos impulsivos e inquietos con todo lo que nos dispongamos a hacer para poco tiempo más tarde fracasar en el cumplimiento de lo que nos habíamos propuesto. Esto no sería de graves consecuencias si los únicos afectados por el incumplimiento fuésemos nosotros mismos. Cuando nuestra informalidad afecta a otros, tanto ellos como nuestro testimonio resultan impactados negativamente, algo que seguramente no estamos interesados que ocurra. Si conocemos cuáles son las tendencias de nuestro temperamento dominante cuidémonos antes de prometer cualquier cosa. Sea que nuestra debilidad se manifieste por arrogancia o por estilo personal, debemos cuidarnos para presentar siempre un buen testimonio ante los demás. Dejémonos transformar por el poder de Dios actuando en nuestras vidas. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

