Muere el malvado, y con él su esperanza; muere también su ilusión de poder.
Proverbios 11:7
No hay nada que atraiga más a un malvado que el poder. Lord Acton lo expresó muy acertadamente: “Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad…” Así como la polilla es atraída por la luz, así el malvado revolotea alrededor de la brillantez del poder para terminar agotando sus fuerzas y falleciendo por una ilusión. Ellos no se dan cuenta de su propia temporalidad. Ellos siempre piensan que nunca verán la muerte y que el poder alcanzado es permanente. Evidentemente, ellos no se dan cuenta de la trampa que les tiende el mundo para atraparlos y destruirlos.
El poder podrá ser muy atractivo pero es ilusorio y cuando se alcanza es temporal. Por mucho que se afane quien lo posee, no hay garantías que lo podrá disfrutar y mantener. Como se dice popularmente: “La vida es un soplo” y al final nadie quedará impune. No miremos pues, con envidia, el poder que otros puedan poseer. Aunque muestren que lo están disfrutando en realidad están atrapados por él. Nunca podrán deshacerse de su lazos esclavizantes ni romper las cadenas que los mantienen atados y destinados al fracaso, a la muerte y a la condenación. Nuestra mirada debe estar puesta en el Autor y Consumador de nuestra fe, nuestro Señor Jesucristo. Él es nuestro ejemplo y nuestra meta. Él es nuestra vida y nuestro destino. A él y sólo a él debemos buscar y servir. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Enaltécete, Señor, con tu poder, y con salmos celebraremos tus proezas.
Salmos 21:13
Con todo y lo que nos pueda desagradar la conducta de aquellos que se niegan a reconocer la autoridad y el poder de Dios sobre el universo tenemos que entender que el juicio que viene para quienes rechazan a Cristo le corresponde exclusivamente a Dios. A veces nos desesperamos porque queremos que todo el mundo entienda el plan de Dios como nosotros lo conocemos, con todo y que es muy poco lo que conocemos al respecto. Los misterios de Dios seguirán siendo misterios hasta que él decida revelarlos. Sólo podremos conocer lo que él ya nos ha mostrado por medio de su palabra. Al compartir el mensaje de amor que Dios tiene para todos tenemos que tener en cuenta que: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” [1] Dios quiere que todos se salven y nosotros debemos actuar bajo esa premisa para no caer en juicios ni desarrollar actitudes de crítico intolerante. Por otra parte, “El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.” [2] Nunca pensemos que cuando se nos rechaza o recibimos burlas y escarnio por el mensaje de salvación que intentamos compartir con otros se nos está rechazando a nosotros. A quien rechazan es a Dios y quien se encargará de administrar la justicia, que a ellos les corresponde por no haber creído en él, es a Jesucristo nuestro Señor.
Así que con paciencia y con certeza de que lo que se nos ha encomendado hacer es lo correcto y necesario, continuemos compartiendo las buenas noticias de la salvación disponible para todos por medio de la obra maravillosa de Jesucristo en el monte de la Calavera y por el poder con que venció a la muerte. Amemos y nos emitamos juicio, así Dios será enaltecido. Éste es el amor de Dios: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” [3] ¡Sólo a Dios sea la gloria!
No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo. Nunca digas a tu prójimo: «Vuelve más tarde; te ayudaré mañana», si hoy tienes con qué ayudarlo.
Proverbios 3:27-28
El egoísmo, la desidia y la indiferencia que son tan propias de la naturaleza humana son los principales contendientes del amor por los espacios del corazón. A todos, en menor o mayor grado, nos ha pasado que teniendo la respuesta a las necesidades de alguien que acude a nosotros para que le ayudemos, tratamos el asunto como si fuera de muy poca importancia y dejamos de prestar la asistencia que por deber debíamos haber provisto. Al hacer esto estamos despreciando por completo las enseñanzas del Señor Jesús al respecto. “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” nos dijo a todos el Maestro y estoy seguro que a ninguno de nosotros nos gustaría que cuando fuésemos a pedir ayuda a alguien nos fuese negada. [1] El Señor Jesús fue muy enfático con relación a la ayuda que debemos estar siempre dispuestos a prestar: “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.” [2]
Creo que el tema ha quedado lo suficientemente claro como para que ignorantemente o irresponsablemente dejemos de prestar auxilio cuando nos sea solicitado. Busquemos las oportunidades de servir a otros porque de esa manera estaremos sirviendo a nuestro Señor y Salvador. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Se hablará del poder de tus portentos, y yo anunciaré la grandeza de tus obras.
Salmos 145:6
Según el Diccionario de la Real Academia Española, un milagro es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Me encanta cuando la Biblia habla de milagros, maravillas y portentos. Estas intervenciones que Dios hace de vez en cuando para exaltarse y mostrar su poder tanto a creyentes como a quienes dudan no pueden ser explicadas desde el punto de vista de la ciencia y de lo que hasta ahora se ha podido conocer acerca de las leyes naturales. Una de las primeras cosas que los activistas ateos atacan es precisamente la existencia de los milagros. Ellos, en su afán por demostrar que Dios no existe, buscan toda clase de interpretaciones para justificar el hecho portentoso dentro de los principios establecidos por la ciencia. En última instancia, cuando sus explicaciones son rechazadas por descabelladas e ilógicas apelan al recurso de decir que todo lo que tenga que ver con milagros es simplemente producto de una alucinación colectiva que alteró la percepción de los testigos del hecho maravilloso. Ellos no se dan cuenta de que un hecho maravilloso está presente en ellos y en quienes los rodean. Ninguna de las leyes y principios naturales que la ciencia ha logrado descubrir podrá jamás explicar el milagro de la vida.
En todo caso, debemos tener compasión por los ateos. No puede haber cosa más terrible que colocarse en directa oposición a los planes de Dios. La creación es la prueba más fehaciente de la existencia del Creador, por lo cual no habrá excusa para decir que nunca tuvieron la oportunidad de creer. La ceguera de los ateos sólo puede ser sanada por Dios mismo si en verdad ellos estuvieran interesados en recuperar la vista. Su orgulloso corazón les impide reconocer su equivocación y aceptar el amor que Dios ofrece para todos. Pueda tener el Señor misericordia de estas pobres almas. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá; la revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes.
Salmos 104:5-6
Los avances científicos y tecnológicos son difíciles de ignorar. Cada día que pasa surge una nueva aplicación tecnológica destinada a mejorar nuestra salud o nuestro bienestar. Millones de euros y dólares se gastan diariamente en la investigación científica y las empresas que se dedican a esta investigación generan cuantiosas fortunas a sus propietarios. De allí que la ciencia tenga un gran prestigio como generadora de bienestar y progreso hasta el punto de que la ciencia ha desplazado a la fe en muchos ámbitos del conocimiento. Si bien los ámbitos de aplicación son diferentes, muchos han utilizado a la ciencia para descalificar a la fe. Es algo así como que un experto en Historia de la Revolución Francesa pretenda cuestionar lo que se conoce acerca de la Fisiología Celular y viceversa. La ciencia trata con lo que se puede ver y con lo que se puede palpar y medir. La fe trata con las cosas que no se ven y que físicamente no se pueden medir. En algunos puntos estas dos áreas de estudio se solapan y es allí donde surgen las más acaloradas discusiones entre creyentes y científicos. Ambos tratan de reclamar ese pequeño territorio común para sí.
Uno de estos puntos de solapamiento se encuentra en el estudio de los orígenes del universo, de la vida y de nuestro planeta. La gran mayoría de los científicos ha rechazado a priori la opción de que en el proceso de creación de todo lo que hoy podemos observar haya intervenido la mano de Dios. Con arrogancia enarbolan y esgrimen sus siempre cambiantes teorías, las cuales manejan como ciertas a pesar de que casi todas ellas han resultado ser defectuosas. Cuando esto sucede, simplemente sustituyen la inexacta teoría por una nueva, la cual les servirá para mantenerse ocupados hasta que ésta también se demuestre como falsa. La palabra de Dios por su parte es consistente y confiable. Las promesas de Dios se cumplen y no necesitan ser cambiadas por otras promesas. Dios es fiel y su palabra es digna de confianza. Ésto es algo que la ciencia jamás podrá alcanzar. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Es él quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas; adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de bronce.
Salmos 18:32-34
Son muchas las expresiones que se encuentran en la palabra de Dios que comparan nuestro diario vivir con un conflicto bélico. Ciertamente a diario nos vemos envueltos en situaciones adversas que son el resultado de los ataques de alguno de nuestros enemigos, incluyendo nuestra propia carne o naturaleza pecaminosa. Nuestra familia se encuentran bajo un intenso fuego de artillería cuyo único propósito es dividirnos y hacernos pelear los unos contra los otros. Estamos en medio del campo de una batalla que afortunadamente le pertenece al Señor y por definición ya está ganada. Pero los enemigos no piensan reconocer que han sido vencidos y seguirán atacando a todos los que estén del lado del Señor mientras que Dios se los permita. Muchos pudieran preguntarse por qué el Señor no le pone punto final a este largo conflicto que ha afectado a la humanidad desde la época de nuestros primeros padres. La duración y participación de la tropa en el conflicto forman parte del perfecto plan de Dios y las hostilidades sólo culminarán cuando Dios considere que el plan se ha logrado llevar a cabo y se han alcanzado los objetivos. Mientras tanto, como tropa que somos en este combate, el Señor nos prepara y nos capacita para que podamos entrar en batalla y salir airosos del encuentro.
Entre muchas otras cosas con las que Dios nos capacita para entrar en batalla tenemos: valor, ligereza, firmeza, adiestramiento y fuerza tal como nos dice el rey David en esta porción del Salmo 18. Todas estas características nos permiten enfrentar al conflicto con una tranquilizadora sensación de confianza, no en nuestras propias fuerzas sino en la fuerza que nos da el Señor. Si sabemos que contamos con estas capacidades y las aplicamos en el campo de batalla, nuestro avance espiritual será más sólido y permanente como el de fogueados guerreros. Gracias a Dios porque la batalla le pertenece a él y formamos parte del ejército vencedor. Gracias a Dios porque él nos capacita para que podamos salir airoso de los numerosos conflictos en los que nos veremos envueltos a diario hasta que el Señor mande tocar las trompetas de plata labrada que indicarán que se ha alcanzado la victoria final. ¿Sólo a Dios sea la gloria!
Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra. Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»
Salmos 10:10-11
El poderoso y el malvado se engañan a sí mismos creyendo que ellos no están bajo la autoridad de Dios y que por lo tanto pueden actuar con toda impunidad. Este auto-engaño les produce una falsa sensación de seguridad que los motiva a seguir haciendo de las suyas sin prestar atención a las terribles consecuencias que su reprochable comportamiento va a traer sobre sus cabezas. La única vía que ellos conocen es la de la violencia y el abuso del poder. Su gozo y satisfacción estriban en humillar, doblegar y dominar a su prójimo tantas veces como sea posible. Mientras más éxito tienen en su campaña de dominio sobre los demás más se acercan a la trampa que los cazará como inocentes criaturas. La falsa sensación de seguridad con que se arropan les impide ver el triste futuro que se les avecina. Su arrogancia les da el ánimo que necesitan para perseguir al indefenso, convencidos de que Dios no existe y si existe, no ve, se ha olvidado de su creación o no le importa lo que ocurre en este mundo.
La realidad es todo lo contrario. Dios está completamente al tanto de toda la persecución y abuso que estos malvados seguidores e instrumentos de Satanás llevan a cabo con tanto placer sobre los inocentes y los oprimidos. El juicio de Dios no tarda, aunque el hecho de que Dios ve al tiempo diferente a como lo vemos nosotros, hace que nos parezca que él ignora nuestros sufrimientos o se ha olvidado de nosotros. Nuestra fe debe mantenerse firme bajo el peso de la opresión. Nuestra esperanza es que muy pronto Dios secará toda lágrima que nuestros ojos han derramado y nos devolverá la paz y la alegría que nos corresponde disfrutar como hijos de Dios. No permitas que el enemigo te robe el gozo de saber que estás completamente protegido por el poderoso brazo de Dios. Recuerda que el Señor escucha la petición de los indefensos, les infunde aliento y atiende su clamor. ¡Sólo a Dios sea la gloria!