Muere el malvado, y con él su esperanza; muere también su ilusión de poder.
Proverbios 11:7
No hay nada que atraiga más a un malvado que el poder. Lord Acton lo expresó muy acertadamente: “Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad…” Así como la polilla es atraída por la luz, así el malvado revolotea alrededor de la brillantez del poder para terminar agotando sus fuerzas y falleciendo por una ilusión. Ellos no se dan cuenta de su propia temporalidad. Ellos siempre piensan que nunca verán la muerte y que el poder alcanzado es permanente. Evidentemente, ellos no se dan cuenta de la trampa que les tiende el mundo para atraparlos y destruirlos.
El poder podrá ser muy atractivo pero es ilusorio y cuando se alcanza es temporal. Por mucho que se afane quien lo posee, no hay garantías que lo podrá disfrutar y mantener. Como se dice popularmente: “La vida es un soplo” y al final nadie quedará impune. No miremos pues, con envidia, el poder que otros puedan poseer. Aunque muestren que lo están disfrutando en realidad están atrapados por él. Nunca podrán deshacerse de su lazos esclavizantes ni romper las cadenas que los mantienen atados y destinados al fracaso, a la muerte y a la condenación. Nuestra mirada debe estar puesta en el Autor y Consumador de nuestra fe, nuestro Señor Jesucristo. Él es nuestro ejemplo y nuestra meta. Él es nuestra vida y nuestro destino. A él y sólo a él debemos buscar y servir. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor; él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida.
Salmo 33:18-19
Mucha gente basa su seguridad y su bienestar en el saldo o balance que a final de mes el banco le informa que tiene a su favor. Otros, se ufanan del trabajo que desempeñan y al que le dedican largas horas a expensas de la salud y del equilibrio mental. Algunos, cuales dignos imitadores de Narciso, pasan largas horas frente al espejo estudiando cada detalle de su apariencia y disfrutando del rostro o la figura que poseen. También hay quienes hacen del ejercicio un modo de vida que ocupa todo su tiempo disponible. Y así hay una gran cantidad de gente ocupada en varios asuntos y entretenimientos, buscando la seguridad y la protección de algo que les haga sentirse llenos y satisfechos. Pero en lo que se refiere a Dios, ellos sienten que Dios es un vago concepto o un mito que sus padres les enseñaron cuando niños pero que ahora que están en plena “madurez” física y mental ya no tiene ninguna importancia, especialmente cuando lo comparan con la responsabilidad de garantizar el sustento y de alcanzar el éxito.
Por supuesto que la vida consta de muchas cosas y debemos mantener un equilibrio entre todas ellas para evitar deslizarnos hacia los extremos. Lo que si no podemos ignorar es el fundamento de la vida. Todo lo que somos, hacemos o tenemos viene de Dios. Es un craso error pretender llevar adelante una vida equilibrada cuando hemos dejado a un lado al fundamento del equilibrio. La casa construida por el hombre prudente no se derrumbó cuando cayeron las lluvias, crecieron los ríos y soplaron los vientos porque estaba cimentada sobre la roca. Muy diferente fue el resultado que obtuvo el insensato, quién no le puso atención a los cimientos y construyó su casa sobre la arena. [1] ¿De quién dependes, en quién esperas y a quién temes? El único que puede garantizarte protección, sustento, libertad y misericordia es el Señor Jesucristo. Sin él, nada de lo que hagas podrá llevarte a la seguridad y el bienestar. ¡Búscalo ya! ¡Sólo a Dios sea la gloria!
El sepulcro, la muerte y los ojos del hombre jamás se dan por satisfechos.
Proverbios 27:20
La insatisfacción del hombre ─esa necesidad de llenar por sus propios medios el vacío que sólo puede ocupar Dios─ se manifiesta de diversas maneras según cuales sean las áreas débiles del carácter de la persona. Quienes son presa fácil de las tentaciones del mundo ─fama, dinero y poder─ muestran debilidades tales como la vanidad, la codicia o la ambición según el área por donde le estén cediendo terreno al mundo. La codicia con su poderoso elemento del amor por el dinero es lo que ha llevado a multitudes a desviarse del camino de justicia que Dios ha preparado para todos los que escuchan su voz y se disponen a seguirlo.
La filosofía del materialismo y su aliado, el consumismo, se han filtrado de tal manera que ya forman parte integral del estilo de vida de muchos en la iglesia y ¿qué decir del resto de la humanidad que no conoce a Cristo? El mantra de todos ellos es “Tanto tienes, tanto vales.” No se dan cuenta de que mientras más tienen, más desean poseer. Es como llegar a la cima de una montaña sólo para darse cuenta de que hay otra montaña más alta que escalar. El otro aspecto en que los ojos del hombre son insaciables es la curiosidad. La curiosidad por sí misma no es mala pero cuando permitimos que sea ella quien nos conduzca en vez de nosotros controlarla, ella nos llevará a lugares donde no tenemos nada que buscar y sí mucho que perder.
Mantengámonos alerta ante las tentaciones del mundo y no dejemos de vigilar las debilidades de nuestro ser. La fortaleza y la capacidad para resistir vienen de Dios y si sólo nos apoyamos en nuestras propias fuerzas iremos directo al fracaso. Busquemos mantenernos lo más apegados posibles al Señor y así evitaremos desviarnos del sendero de paz y justicia que Dios preparó para nosotros desde antes de la creación del universo. Sólo en él tenemos la victoria. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
En el día de la ira de nada sirve ser rico, pero la justicia libra de la muerte.
Proverbios 11:4
Para nadie es un secreto que el mundo se encuentra atravesando una crisis económica de tal magnitud que no se veía algo igual desde la década de los 20 del siglo pasado, es decir hace casi cien años. No solamente individuos han sido afectados por el descalabro financiero, países enteros se han visto en serios problemas y al día de hoy no terminan de salir del atolladero económico en que están inmersos. Tenemos los ejemplos de Grecia, España y Portugal, por mencionar algunas economías que en el pasado reciente lucían con cierta solidez y hoy se encuentran al borde del colapso. En Latinoamérica las economías han visto una mejoría en los dos últimos años con la notable excepción de Venezuela pero en todo caso, aparte de Brasil, no se ve que este crecimiento pueda ser sostenible en el mediano y largo plazo. Hasta economías que se veían aumentar aceleradamente como el caso de China están sufriendo algunos efectos de desaceleración. En Estados Unidos, la situación del desempleo no ha logrado resolverse a pesar de fuertes inyecciones de capital realizadas por el gobierno con el objeto de reactivar la economía. hasta los ricos están preocupados pues muchos de ellos han visto como sus fortunas se han visto reducidas por el efecto de los mercados financieros.
Estas cosas que están sucediendo son señales del fin que se aproxima. Para quien vive dependiendo de las riquezas que posee ésta es una situación harto preocupante. Para quien ha puesto su confianza en Dios y depende sólo de él, la actual crisis financiera es apenas un estornudo más de los muchos que ha experimentado el mundo desde su creación. ¿Cómo te afecta a ti la actual crisis? ¿Estás finacieramente expuesto a sufrir un descalabro o te encuentras seguro de que el Señor te cuidará y proveerá todo lo necesario para ti y tu familia? No pongas tu confianza en las riquezas porque ellas son poco confiables. Tu esperanza debe estar fundamentada en el poder de Dios y en el amor que te ha mostrado. Busca su dirección y consulta con él antes de tomar cualquier decisión que pueda tener un impacto en tu estabilidad financiera. Él te dará la mejor orientación. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Como ovejas, están destinados al sepulcro; hacia allá los conduce la muerte.
Salmos 49:14
Las ovejas mencionadas en este Salmo no son las mismas ovejas que normalmente recordamos de algunos pasajes conocidos de la palabra de Dios. Por ejemplo se nos dice que el Señor Jesús fue “Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca.” Y de los hijos de Dios dice: “Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” Éstas serían las ovejas buenas. Pero las ovejas del Salmo 49 son ovejas que nacieron destinadas para la muerte porque su corazón siempre estuvo gobernado por el orgullo y la altivez. Éstas acumulan riquezas y posesiones creyendo que el dinero les va a evitar la muerte. Ellas confían en sí mismas, en sus riquezas y se jactan de sus muchas posesiones. Aparentan ser dichosas y reciben el elogio de la gente por sus logros pero ésto de nada les servirá cuando la muerte toque a su puerta.
La palabra de Dios es muy insistente en esto de no depender de las riquezas y posesiones. Nada trajimos al mundo y nada nos llevaremos con nosotros cuando nos toque partir. Nuestra fortaleza es el Señor y no el número de cifras del saldo de la cuenta bancaria. No pongamos nuestra mirada en el dinero o terminaremos enamorados de él y ya sabemos que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Busquemos depender de Dios en todo, tanto en lo complejo como en lo sencillo. Depender de Dios nos dará la paz y tranquilidad que tanto necesitamos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada. Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran. Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado.
Salmos 38:4-6
Los ciudadanos pudientes del imperio romano tenían a su disposición una técnica para quitarse la vida de manera lenta y casi indolora. Ellos lograban su macabro propósito de abandonar este mundo de manera pausada e imperceptible. No vamos a discutir los detalles de dicha técnica porque no viene ahora al caso . Lo que sí es importante es que cuando pecamos, nuestro cuerpo se va sumergiendo lentamente en un estado de sopor que nos impide darnos cuenta de la caída que estamos experimentando. Los cambios en nuestro organismo son tan lentos que no podemos darnos cuenta de que están ocurriendo hasta que nosotros alcanzamos un estado de deterioro tal que las consecuencias se convierten en una pesada carga.
Popularmente se dice que “El hombre es un animal de costumbre.” Los hábitos y la costumbres producen en nosotros una sensación de seguridad que nos tranquiliza. El problemas se presenta cuando el hábito o la costumbre están asociados a una práctica pecaminosa. Si practicamos el pecado en alguna de sus formas de manera rutinaria no podremos darnos cuenta del impacto negativo que dicha práctica está causando sobre nosotros. Nuestro corazón se endurece hasta volverse piedra y nuestra conciencia se adormece hasta sumergirse en un profundo sueño. Al Espíritu Santo de Dios lo desplazamos y le vamos reclamando y quitando poco a poco el control de nuestras vidas hasta relegarlo al papel de ser un simple adorno espiritual. Y es entonces cuando comienzan los ayes y los dolores. Es entonces cuando nos sentimos agobiados, abrumados, abatidos y acongojados porque la salud se ha alejado de nosotros.
No toda enfermedad o dolencia es producto del pecado; por eso es importante que nos analicemos a nosotros mismos y le permitamos al Espíritu Santo que cumpla en nuestras vidas su acción redarguyente para determinar que conducta debemos cambiar para no seguir en ese lento proceso de fallecimiento. La única salida disponible y efectiva para superar esta dolorosa situación es acudir a los amorosos brazos de nuestro Señor Jesucristo. Él nos puede liberar del hábito del pecado y colocarnos en el camino de la justicia y la sanidad. Permítele al Espíritu Santo que te indique dónde has fallado y lleva tus faltas al trono de la gracia de Dios. Cristo es el único camino para alcanzar la vitalidad espiritual. ¡Sólo a Dios sea la gloria!