Muere el malvado, y con él su esperanza; muere también su ilusión de poder.
Proverbios 11:7
No hay nada que atraiga más a un malvado que el poder. Lord Acton lo expresó muy acertadamente: “Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad…” Así como la polilla es atraída por la luz, así el malvado revolotea alrededor de la brillantez del poder para terminar agotando sus fuerzas y falleciendo por una ilusión. Ellos no se dan cuenta de su propia temporalidad. Ellos siempre piensan que nunca verán la muerte y que el poder alcanzado es permanente. Evidentemente, ellos no se dan cuenta de la trampa que les tiende el mundo para atraparlos y destruirlos.
El poder podrá ser muy atractivo pero es ilusorio y cuando se alcanza es temporal. Por mucho que se afane quien lo posee, no hay garantías que lo podrá disfrutar y mantener. Como se dice popularmente: “La vida es un soplo” y al final nadie quedará impune. No miremos pues, con envidia, el poder que otros puedan poseer. Aunque muestren que lo están disfrutando en realidad están atrapados por él. Nunca podrán deshacerse de su lazos esclavizantes ni romper las cadenas que los mantienen atados y destinados al fracaso, a la muerte y a la condenación. Nuestra mirada debe estar puesta en el Autor y Consumador de nuestra fe, nuestro Señor Jesucristo. Él es nuestro ejemplo y nuestra meta. Él es nuestra vida y nuestro destino. A él y sólo a él debemos buscar y servir. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo! El Señor es rey eterno; los paganos serán borrados de su tierra.
Salmos 10:15-16
El lamento del oprimido se levanta en medio de la maldad, la arrogancia y el odio con que el malvado lo sojuzga. El oprimido sólo piensa en el aquí y el ahora porque la dominación le impide pensar en las maravillas y portentos con que el Dios Todopoderoso lo liberó en el pasado y también le hace dudar de la inquebrantables promesas que el Padre celestial ha declarado para quienes lo aman. El dolor y la vergüenza hacen que el oprimido piense que Dios lo ha abandonado y que sus enemigos han ganado la batalla. La tiranía y el despotismo llevan al agobiado a percibir que el enemigo es más grande y más poderoso que lo que realmente es y por lo tanto se siente perdido. La esperanza abandonó su corazón y de lo que Dios puede hacer por el apenas queda un leve recuerdo.
Mas el grito del esclavo de la injusticia se escucha en los cielos aunque sólo sea un susurro. El Dios Justo y Soberano aguarda que llegue el momento preciso y adecuado para intervenir con su brazo poderoso para hacerse cargo de la situación y llamar a cuentas a quienes han obrado con injusticia y violencia en contra de los desamparados. La sentencia y el castigo ya está preparados para ser aplicados a quienes pensando que Dios se ha olvidado de su creación, arremeten con furia e impunidad contra los hijos de Dios. Confiemos plenamente en las ciertas y seguras promesas de Dios. El Señor no puede dejar de cumplirlas porque están hechas en su propio nombre. Pongamos toda nuestra fe en la fortaleza y majestad de Dios y permitamos que la esperanza vuelva a renacer en nuestros magullados corazones. Dios responderá sin falta a nuestro llamado. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Se sometieron al yugo de Baal Peor y comieron de las ofrendas a ídolos sin vida. Provocaron al Señor con sus malvadas acciones, y les sobrevino una plaga.
Salmos 106:28-29
Muchas veces, inadvertida pero también irresponsablemente nos colocamos bajo el yugo y la influencia de ídolos lo cual le resulta sumamente desagradable a Dios. Nuestra rebelde y desobediente naturaleza carnal nunca cesa de querer llevarnos atrás a caminos de esclavitud espiritual. El apóstol Pablo lo describió de esta manera: “Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.”[1] Dejarnos conducir por nuestra depravada naturaleza pecaminosa es colocarnos de frente a Dios para decirle que nos deje hacer lo que queremos porque no estamos interesados en su plan para nuestra vida.
La salida, respuesta y solución la conseguimos cuando por medio del Espíritu Santo de Dios damos muerte a los malos hábitos del cuerpo, lo cual produce vida para nosotros pues la presencia del Espíritu es vida a causa de la justicia. Busquemos entonces con la ayuda del Espíritu Santo de Dios acabar con esos malos hábitos que nos han mantenido inmovilizados e inefectivos por causa de sus pesadas cadenas . Con propósito firme busquemos la santidad que es lo que le agrada a Dios y no nos dejemos guiar por la esclavizante influencia de nuestra idolátrica naturaleza carnal. Dios bendecirá nuestra voluntad de seguirle y nos concederá la bendición que siempre acompaña a la obediencia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Como ovejas, están destinados al sepulcro; hacia allá los conduce la muerte.
Salmos 49:14
Las ovejas mencionadas en este Salmo no son las mismas ovejas que normalmente recordamos de algunos pasajes conocidos de la palabra de Dios. Por ejemplo se nos dice que el Señor Jesús fue “Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca.” Y de los hijos de Dios dice: “Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” Éstas serían las ovejas buenas. Pero las ovejas del Salmo 49 son ovejas que nacieron destinadas para la muerte porque su corazón siempre estuvo gobernado por el orgullo y la altivez. Éstas acumulan riquezas y posesiones creyendo que el dinero les va a evitar la muerte. Ellas confían en sí mismas, en sus riquezas y se jactan de sus muchas posesiones. Aparentan ser dichosas y reciben el elogio de la gente por sus logros pero ésto de nada les servirá cuando la muerte toque a su puerta.
La palabra de Dios es muy insistente en esto de no depender de las riquezas y posesiones. Nada trajimos al mundo y nada nos llevaremos con nosotros cuando nos toque partir. Nuestra fortaleza es el Señor y no el número de cifras del saldo de la cuenta bancaria. No pongamos nuestra mirada en el dinero o terminaremos enamorados de él y ya sabemos que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Busquemos depender de Dios en todo, tanto en lo complejo como en lo sencillo. Depender de Dios nos dará la paz y tranquilidad que tanto necesitamos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra. Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»
Salmos 10:10-11
El poderoso y el malvado se engañan a sí mismos creyendo que ellos no están bajo la autoridad de Dios y que por lo tanto pueden actuar con toda impunidad. Este auto-engaño les produce una falsa sensación de seguridad que los motiva a seguir haciendo de las suyas sin prestar atención a las terribles consecuencias que su reprochable comportamiento va a traer sobre sus cabezas. La única vía que ellos conocen es la de la violencia y el abuso del poder. Su gozo y satisfacción estriban en humillar, doblegar y dominar a su prójimo tantas veces como sea posible. Mientras más éxito tienen en su campaña de dominio sobre los demás más se acercan a la trampa que los cazará como inocentes criaturas. La falsa sensación de seguridad con que se arropan les impide ver el triste futuro que se les avecina. Su arrogancia les da el ánimo que necesitan para perseguir al indefenso, convencidos de que Dios no existe y si existe, no ve, se ha olvidado de su creación o no le importa lo que ocurre en este mundo.
La realidad es todo lo contrario. Dios está completamente al tanto de toda la persecución y abuso que estos malvados seguidores e instrumentos de Satanás llevan a cabo con tanto placer sobre los inocentes y los oprimidos. El juicio de Dios no tarda, aunque el hecho de que Dios ve al tiempo diferente a como lo vemos nosotros, hace que nos parezca que él ignora nuestros sufrimientos o se ha olvidado de nosotros. Nuestra fe debe mantenerse firme bajo el peso de la opresión. Nuestra esperanza es que muy pronto Dios secará toda lágrima que nuestros ojos han derramado y nos devolverá la paz y la alegría que nos corresponde disfrutar como hijos de Dios. No permitas que el enemigo te robe el gozo de saber que estás completamente protegido por el poderoso brazo de Dios. Recuerda que el Señor escucha la petición de los indefensos, les infunde aliento y atiende su clamor. ¡Sólo a Dios sea la gloria!