Una vez hablaste en una visión, y le dijiste a tu pueblo fiel: «Le he brindado mi ayuda a un valiente; al mejor hombre del pueblo lo he exaltado. He encontrado a David, mi siervo, y lo he ungido con mi aceite santo.»
Salmos 89:19-20
La obra de Dios no se limita a la creación. Dios también se encarga de transformar las vidas de quienes le buscan de todo corazón. Así como Dios crea un diamante en bruto, así también se encarga de tallarlo y pulirlo para al final obtener un brillante de gran resplandor que sea digno de adornar su trono celestial. Al pequeño pero muy valeroso David lo eligió de en medio de sus muchos hermanos, todos fuertes y apuestos, y lo sacó del cuidado de las ovejas de su padre Isaí, para eventualmente, después de un largo e intenso proceso de aprendizaje por persecución y tribulación, colocarlo a la cabeza del pueblo de Israel en sustitución de Saúl quien a pesar de contar con grandes condiciones físicas no pudo aprender las enseñanzas espirituales que le fueron impartidas por Dios durante su reinado.
Tanto Saúl como David fueron ungidos por Samuel para desempeñar su oficio real. Por la obediencia a Dios, David obtuvo él éxito y el derecho a que su descendencia gobernara eternamente sobre Israel, mientras que Saúl y su familia cayeron en desgracia. Saúl no pasó de ser un diamante en bruto mientras que David se convirtió en una refulgente piedra preciosa. Todos los que nos hemos acercado a Cristo buscando nuestra salvación por medio de la fe en él tenemos la unción que sólo él puede dar. Esa unción, el Espíritu Santo de Dios, es quien nos capacita para toda buena obra y quien nos transmite el conocimiento y la sabiduría necesarios para servirle adecuadamente. Él nos enseña todas las cosas para que sepamos distinguir entre el engaño y la verdad. Permanezcamos en Cristo y en su amor para vivir confiados en la salvación que hemos recibido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Tu brazo es capaz de grandes proezas; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
Salmos 89:13
Uno de los grandes obstáculos que nos impide mantenernos muy cerca de Dios es nuestro corto intervalo de atención. El intervalo de atención de una persona es la capacidad que alguien tiene para mantener su concentración en una sola tarea o estímulo, sin ser distraído por otras personas o cosas en su entorno. De acuerdo con los estudios realizados por psicólogos la capacidad de enfocarse en un objetivo es muy necesaria para el aprendizaje y para completar satisfactoriamente cualquier proyecto. Hacemos chiste del brevísimo intervalo de atención de un niño o de un animal sin darnos cuenta de que nosotros también tenemos serias limitaciones al respecto. Son muchas las cosas con que el mundo nos bombardea constantemente y casi todas ellas resultan exitosas al desviar nuestra atención de donde debe estar centrada que es en agradar a nuestro Padre Celestial y a su Hijo Jesucristo. En un mundo donde el uso de los medios de comunicación de masas se intensifica día a día es fácil perder el enfoque en las cosas de Dios. El número de cosas que están compitiendo por capturar nuestra atención, aunque sea por breves instantes, es fenomenal. Para los técnicos de la publicidad no es tan importante cuánto tiempo dura la concentración con tal de que se logre obtenerla de manera sólida en repetidas ocasiones a lo largo del día. No nos sorprende pues, el bombardeo indiscriminado de mensajes que recibimos minuto tras minuto de nuestra existencia.
La solución no es que nos traslademos al extremo opuesto del péndulo y nos pasemos todo el día en lectura de la palabra, oración y ayuno. Los extremos nunca pueden ser buenos. Debemos alcanzar un equilibrio entre la atención que le dedicamos a las cosas que nos mantienen conectados a Dios, bajo la dirección del Espíritu Santo y nuestras actividades diarias relacionadas con nuestros entornos familiar y laboral. No obstante, el hecho de que dediquemos parte de nuestra atención y tiempo a actividades que no son espirituales no significa que no debamos llevar todo pensamiento cautivo a Cristo puesto que todo lo que digamos, pensemos y hagamos debe estar relacionado con nuestra obediencia a Dios. Que Dios sea el centro de nuestra vida en acción y pensamiento para que nos mantengamos en una constante actitud de alabanza a su nombre sea cual sea la actividad que estemos realizando. Nunca perdamos de vista el propósito para el cual fuimos creados, la gloria de de Dios ¡Sólo a Dios sea la gloria!
Con cánticos alabaré el nombre de Dios; con acción de gracias lo exaltaré. Esa ofrenda agradará más al Señor que la de un toro o un novillo con sus cuernos y pezuñas. Los pobres verán esto y se alegrarán; ¡reanímense ustedes, los que buscan a Dios! Porque el Señor oye a los necesitados, y no desdeña a su pueblo cautivo.
Salmos 69:30-33
La gente clama a Dios por muchas razones, la mayoría de estas peticiones son deseos egoístas que nunca serán respaldados por Dios porque no llevan ningún propósito que no sea la propia satisfacción de quien eleva su clamor. Muchas de estas peticiones son elevadas sin considerar la voluntad de Dios y es precisamente ahí donde se encuentra la razón principal de por qué estas plegarias nunca obtienen respuesta. El apóstol Juan nos aclara esto: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.” Y esto de pedir según la voluntad de Dios no se limita a decir “hágase tu voluntad” con nuestros labios. Recuerden que el Espíritu Santo de Dios sabe lo que hay en nuestro espíritu ya que: “Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.” Cuando nos dirijamos a nuestro Padre celestial solicitándole algo en oración asegurémonos que lo que estamos pidiendo es de acuerdo con su voluntad. Su voluntad no es algo desconocido ni es algo que pedimos se cumpla pero sin estar seguros de qué es lo que estamos buscando. La voluntad de Dios está claramente definida en su palabra y la única manera que podremos conocerla es mediante la lectura constante de la Biblia.
¿Quiéres conocer cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Revisa la palabra de Dios. ¿Quieres pedir a Dios de acuerdo a su perfecta voluntad? Incluye en tus peticiones el condicionante “Si es tu voluntad.” ¿Quieres asegurarte de que Dios te escuchará? Primero asegúrate de que tu corazón esté alineado con el corazón de él. Sólo así podremos asegurarnos de que estamos orando al Padre por su perfecta voluntad en el nombre de su Hijo Jesucristo. Recuerda que cada día nosotros debemos disminuir para que él pueda crecer y llevar las riendas de nuestra vida. Recuerda que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. ¡Sólo a Dios sea la gloria!