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La palabra de hoy 10 de octubre de 2011

La bendición del Señor trae riquezas,
y nada se gana con preocuparse.
Proverbios 10:22

Hay quienes han convertido su existencia en una carrera sin pausa por acumular tanto dinero como sea posible para de alguna manera garantizar que tendrán cubiertas todas sus necesidades cuando dejen de trabajar y de percibir un sueldo. No sólo se preocupan por adquirir riquezas sino también se afanan por no gastar un solo centavo que no esté plenamente justificado. Lamentablemente, estas personas además de acumular riquezas, acumulan sobre sí mismos las consecuencias de sus malas acciones pues su único objetivo ha sido el atesoramiento de capitales y todo lo demás ha sido relegado a un segundo y tercer plano por causa de su ambición.  Otros no aspiran llegar a ser millonarios pero viven preocupados todo el tiempo por estar pensando cómo lograrán los fondos necesarios para su subsistencia.

Las verdaderas riquezas sólo se logran mediante la bendición de Dios. Él da a unos y a otros de acuerdo a su maravilloso plan , es decir a algunos mucho y a otros poco, dependiendo de sus capacidades administrativas y por ello nunca debemos preocuparnos por el dinero porque él cuida de nosotros. Las riquezas que Dios nos da  van mucho más allá de simples tesoros monetarios. Cosas más importantes, tales como amor, gozo, paz, sabiduría, seguridad, salud, propósito, estabilidad y la vida misma forman parte del tesoro que Dios ha preparado para el disfrute de quienes han puesto su confianza en el nombre del Señor. Nadie, ni siquiera los malvados, ha logrado enriquecerse mediante la preocupación. Así pues confiemos en el Señor y sigamos su consejo: “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” [1] Nuestro padre celestial sabe cuáles son nuestras necesidades y él las suple en abundancia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Mateo 6:33-34

 

La palabra de hoy 15 de agosto de 2011

Que su nombre perdure para siempre;
que su fama permanezca como el sol.
Que en su nombre las naciones
se bendigan unas a otras;
que todas ellas lo proclamen dichoso.
Salmos 72:17

Dado el pobre y complicado estado en que están las cosas mucha gente está deseando que todo ésto acabe y llegue de una vez por todas la época de oro que será el milenio. Y el tiempo de que esto ocurra está muy cerca aunque nunca podremos establecer la fecha exacta porque “en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.”[1] En ese tiempo el mundo disfrutará una paz como la que nunca tuvo excepto antes de la caída del hombre. Para comenzar, el enemigo de Dios y de la humanidad estará atado durante mil años con pesadas cadenas que le impedirán hacer lo que mejor sabe hacer: engañar y destruir. Tal como lo pudo observar el profeta Zacarías: “Habrá paz cuando se siembre, y las vides darán su fruto; la tierra producirá sus cosechas y el cielo enviará su rocío. Todo esto se lo daré como herencia al remanente de este pueblo. ¡Qué bueno y hermoso será todo ello! El trigo dará nuevos bríos a los jóvenes, y el mosto alegrará a las muchachas.”[2]

Pero para que la humanidad pueda disfrutar de esta incomparable bendición deberá antes declarar a Jesucristo como Señor y Salvador de sus vidas, algo a lo que muchos se oponen por temor e ignorancia o por simple escepticismo. La gente está tan acostumbrada a ser engañada en todo que duda de la verdad y cree a pies juntillas y con pasmosa facilidad toda mentira. Y esto se entiende pues son esclavos de ella. Llevemos a todas las partes que estén a nuestro alcance el glorioso mensaje del evangelio de Dios. Por mucho que lo intente, la gente no podrá entrar en esta era de paz y felicidad si no lo hace por medio del Señor Jesús y aunque muchos han oído hablar de él, pocos son quienes han tenido un encuentro personal, cara a cara y corazón a corazón con él. Compartamos este mensaje de esperanza con todos los que podamos para que ellos también tengan su oportunidad de entrar en el reino milenial. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Mateo 24:36
[2] Zacarías 8:12 y 9:17

La palabra de hoy 20 de julio de 2011

El chismoso traiciona la confianza;
no te juntes con la gente que habla de más.
Proverbios 20:19

Todos tenemos la necesidad de comunicarnos los unos con los otros. En mayor o menor grado todos necesitamos expresarnos y ser escuchados. Cuando alguien pone genuina atención a lo que estamos hablando nos sentimos honrados y útiles pues estamos compartiendo con otros algo de nosotros mismos. Ahora, hay quienes llevan esta necesidad a extremos insoportables y patológicos. Éstas son personas cuyo único objetivo en la vida es hablar (usualmente de sí mismos) sin parar y sin importarles si están siendo escuchados o no. Por supuesto que ellos piensan que los demás les están poniendo atención y que están de lo más interesados en conocer lo que ellos tienen que decir, aunque no sea cierto,  y por eso nunca paran de hablar, así sean incoherencias. Muchos de ellos, al no tener otro tema del cual conversar, se dedican a exponer cualquier información personal de otros, la cual no es del dominio público. El elemento de lo secreto y lo desconocido añade un poco de emoción al tema que están compartiendo y la natural curiosidad de quienes están recibiendo el mensaje se conjuga con lo anterior para formar una mezcla explosiva. Así como los atenienses y extranjeros que vivían en Atenas y frecuentaban el Aerópago para pasar el tiempo sin hacer otra cosa más que escuchar y comentar las últimas novedades, hoy en día la gente se deja guiar por su naturaleza carnal para estar pendiente de cuanto chisme y novedad rueda por ahí y si consiguen a alguien como los que hemos descrito arriba, se dan las condiciones perfectas para el cotilleo y la murmuración.

A este tipo de personas debemos evitarlas y nosotros debemos mantenernos alejados de ellas. Una manzana podrida por el chisme muy pronto hace que el resto de las manzanas se pudra. El apóstol Pablo nos exhortó a que nuestra conversación siempre sea amena y de buen gusto por lo que no hay espacio para el chisme y la murmuración. Si a alguien le gusta hablar, que hable de Cristo y con mesura para que no agote la paciencia de los demás. Si alguien quiere venir a enlodar nuestro corazón con datos privados de otros no prestemos nuestros oídos a su mensaje y pongamos freno a quienes se dedican a esta vergonzosa actividad. Con nuestro pensamiento enfocado en nuestro Señor Jesucristo disfrutaremos la paz y la armonía que debe existir entre los hermanos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 11 de julio de 2011

En el día de la ira de nada sirve ser rico,
pero la justicia libra de la muerte.
Proverbios 11:4

Para nadie es un secreto que el mundo se encuentra atravesando una crisis económica de tal magnitud que no se veía algo igual desde la década de los 20 del siglo pasado, es decir hace casi cien años. No solamente individuos han sido afectados por el descalabro financiero, países enteros se han visto en serios problemas y al día de hoy no terminan de salir del atolladero económico en que están inmersos. Tenemos los ejemplos de Grecia, España y Portugal, por mencionar algunas economías que en el pasado reciente lucían con cierta solidez y hoy se encuentran al borde del colapso. En Latinoamérica las economías han visto una mejoría en los dos últimos años con la notable excepción de Venezuela pero en todo caso, aparte de Brasil, no se ve que este crecimiento pueda ser sostenible en el mediano y largo plazo. Hasta economías que se veían aumentar aceleradamente como el caso de China están sufriendo algunos efectos de desaceleración. En Estados Unidos, la situación del desempleo no ha logrado resolverse a pesar de fuertes inyecciones de capital realizadas por el gobierno con el objeto de reactivar la economía. hasta los ricos están preocupados pues muchos de ellos han visto como sus fortunas se han visto reducidas por el efecto de los mercados financieros.

Estas cosas que están sucediendo son señales del fin que se aproxima. Para quien vive dependiendo de las riquezas que posee ésta es una situación harto preocupante. Para quien ha puesto su confianza en Dios y depende sólo de él, la actual crisis financiera es apenas un estornudo más de los muchos que ha experimentado el mundo desde su creación. ¿Cómo te afecta a ti la actual crisis? ¿Estás finacieramente expuesto a sufrir un descalabro o te encuentras seguro de que el Señor te cuidará y proveerá todo lo necesario para ti y tu familia? No pongas tu confianza en las riquezas porque ellas son poco confiables. Tu esperanza debe estar fundamentada en el poder de Dios y en el amor que te ha mostrado. Busca su dirección y consulta con él antes de tomar cualquier decisión que pueda tener un impacto en tu estabilidad financiera. Él te dará la mejor orientación. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 9 de julio de 2011

Estamos abatidos hasta el polvo;
nuestro cuerpo se arrastra por el suelo.
Levántate, ven a ayudarnos,
y por tu gran amor, ¡rescátanos!
Salmos 44:25-26

Una de las cosas que claramente debe diferenciar y separar al hijo de Dios de los impíos es la forma de enfrentar las dificultades. Mientras que los malvados caen en profundo pánico cuando las cosas no les salen como ellos quieren, los hijos de Dios toman las cosas con calma y elevan su mirada a Dios porque saben que en él pueden confiar por que él es el único que los puede sacar del aprieto en que se encuentran. Los malvados sólo confían en ellos mismos y cuando a ellos se les acaban los recursos piensan que ya no hay más nada que hacer. Es posible que el cristiano se encuentre en una situación que a todas vistas no tiene salida pero sigue confiando en Dios porque en otras oportunidades en que se ha encontrado en situaciones similares, Dios ha intervenido en su favor de maneras que nadie hubiese podido imaginar. Cuando Satanás atacó con fuerza a Job y le quitó sus hijos, su hacienda y sus animales, su esposa le reprochó: “¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!” Es interesante notar que la esposa de Job sabía que Job estaba actuando íntegramente y que lo que ella le estaba proponiendo que él hiciera era algo absolutamente reprochable.

¿Y tú, cómo reaccionas cuando la adversidad toca tu puerta? ¿Corres alocadamente a buscar la ayuda de otros y te olvidas de que tu Dios es quien verdaderamente tiene la capacidad y el poder para resolver todos tus asuntos? ¿Te echas a morir porque piensas que todo está perdido o por el contrario esperas pacientemente que llegue el ansiado y oportuno momento de la intervención divina? ¿Le echas la culpa a Dios por lo que te está sucediendo o reconoces que fuiste tú sólo quien se enredó la vida con tus malas decisiones? ¿Actúas como hijo de Dios o como un impío? Aún estás a tiempo de rectificar. Coloca tu fe y tu esperanza en Jesucristo y déjalo actuar. Verás como pronto todo comienza a solucionarse, como comenzarán a llegar las bendiciones de Dios y como tu actitud hacia las adversidades será diferente. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 7 de julio de 2011

Canten al Señor con alegría, ustedes los justos;
es propio de los íntegros alabar al Señor.
Salmos 33:1

Nos han enseñado desde pequeños a ser tan individualistas que nos cuesta reconocer públicamente los logros y los talentos de los demás. Eso sí, nos agrada muchísimo cuando nosotros somos el objeto de reconocimiento y de hecho, reconocimiento es algo que esperamos recibir cuando logramos algo importante. El problema es que todo nuestro pensamiento se centra en nuestro yo o en nuestro ego como también se le conoce. Lo peor de todo es que con Dios actuamos igual. Esperamos que Dios nos premie y nos elogie cuando “hacemos” algo bueno pero se nos olvida agradecerle por todo lo que él nos ha dado y ha hecho por nosotros. Disfrutamos de lo que “tenemos” y nos olvidamos de que nada tendríamos si no fuera porque Dios nos lo dio. Le pedimos a Dios en todo momento que nos haga más sabios y conocedores de lo que “somos” y se nos olvida que estamos aquí por su gracia y misericordia. Lamentablemente, muchas veces confirmamos lo que la sabiduría popular señala cuando dice: “Sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.” Este inaceptable comportamiento es muy propio de nuestra naturaleza pecaminosa. Como el gen del orgullo forma parte de nuestro código genético desde que el mundo es mundo, sólo nos interesa lo que representa un beneficio o una satisfacción para nosotros. Todo lo demás es accesorio y poco importante.

Cuando actuamos así estamos quebrantando los mandamientos, preceptos y normas que el Señor, nuestro Dios nos mandó que pusiéramos en práctica para que durante toda nuestra vida nosotros y nuestros hijos y nuestros nietos le honrásemos a él. Debemos siempre tener en cuenta que todo lo que “somos”, “hacemos” y “tenemos” se lo debemos a Dios y a nadie más y que sólo a él debemos expresar nuestro agradecimiento porque de esta manera lo estaremos honrando. Cuando centramos nuestra atención en nosotros mismos le estamos negando la gloria a Dios y ésto, clara y definitivamente no es honrarlo. Quitemos nuestra mirada de nuestro ego y tornémosla a nuestro Dios. Consideremos todas las bendiciones que él nos ha concedido y agradezcamos siempre y con alegría todo lo que él ha hecho por nosotros. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

 

La palabra de hoy 6 de julio de 2011

Tengo los pies en terreno firme,
y en la gran asamblea bendeciré al Señor.
Salmos 26:12

Puedo afirmar sin temor a equivocarme que no existe nadie que no se haya visto en dificultades alguna vez en su vida tratando de mantener el equilibrio cuando ha tenido que atravesar un terreno resbaladizo. Un sendero arcilloso después de haber caído un chubasco, un piso recién pulido con cera, un  pavimento donde se ha derramado algún lubricante, una helada acera (banqueta, vereda, andén, dependiendo de dónde usted viva) son algunas superficies que alguna vez hemos tenido que transitar y es posible que en alguna de ellas hayamos resbalado y hayamos sufrido una dolorosa caída. Otros terrenos mayormente formados por lodo, arena o nieve se convierten en superficies donde es difícil mantener el equilibrio o avanzar con seguridad porque nuestros pies se hunden sin conseguir tocar el fondo. Todas estas situaciones representan un grave riesgo de caída y de hacernos daño.

En nuestro diario andar tenemos que atravesar situaciones similares a las arriba descritas en las cuales se nos hace difícil mantener la rectitud o la integridad sin resbalar ni caer. Esto se observa mucho cuando nos apoyamos en opiniones y no en convicciones. Las opiniones son ideas muy variables que dependen mucho de las circunstancias y situaciones en que nos hallemos. Las convicciones por el contrario son conceptos firmes y perdurables que no se doblegan ante las circunstancias o dificultades. ¿Sabes cuál es la diferencia entre una opinión y una convicción? Una opinión es algo que tú sostienes mientra que una convicción es algo que te sostiene a ti. ¿Puedes ver ahora la gran diferencia?

¿Que tipo de sendero estás atravesando en estos momentos? ¿Te sientes seguro y firme de poder superar todos los obstáculos que se presenten en tu camino por enormes y difíciles que éstos parezcan? ¿Te apoyas en una firme convicción o crees que tus caprichosas opiniones te ayudarán a salir del atolladero? El Señor Jesús es la roca firme donde podemos sentir la seguridad de no resbalar ni caer. Apóyate siempre en él y tu andar será seguro y tu avance será constante y sólido. Tratar de afirmarnos en cualquier otra persona o cosa nunca podrá darnos la firmeza y el reposo que tanto ansiamos. Sólo en Jesús podemos levantarnos y mantenernos con seguridad e integridad. ¡Sólo a Dios sea la gloria!