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La palabra de hoy 17 de octubre de 2011

Una vez hablaste en una visión,
y le dijiste a tu pueblo fiel:
«Le he brindado mi ayuda a un valiente;
al mejor hombre del pueblo lo he exaltado.
He encontrado a David, mi siervo,
y lo he ungido con mi aceite santo.»
Salmos 89:19-20

La obra de Dios no se limita a la creación. Dios también se encarga de transformar las vidas de quienes le buscan de todo corazón. Así como Dios crea un diamante en bruto, así también se encarga de tallarlo y pulirlo para al final obtener un brillante de gran resplandor que sea digno de adornar su trono celestial. Al pequeño pero muy valeroso David lo eligió de en medio de sus muchos hermanos, todos fuertes y apuestos, y lo sacó del cuidado de las ovejas de su padre Isaí, para eventualmente, después de un largo e intenso proceso de aprendizaje por persecución y tribulación, colocarlo a la cabeza del pueblo de Israel en sustitución de Saúl quien a pesar de contar con grandes condiciones físicas no pudo aprender las enseñanzas espirituales que le fueron impartidas por Dios durante su reinado.

Tanto Saúl como David fueron ungidos por Samuel para desempeñar su oficio real. Por la obediencia a Dios, David obtuvo él éxito y el derecho a que su descendencia gobernara eternamente sobre Israel, mientras que Saúl y su familia cayeron en desgracia. Saúl no pasó de ser un diamante en bruto mientras que David se convirtió en una refulgente piedra preciosa. Todos los que nos hemos acercado a Cristo buscando nuestra salvación por medio de la fe en él tenemos la unción que sólo él puede dar. Esa unción, el Espíritu Santo de Dios, es quien nos capacita para toda buena obra y quien nos transmite el conocimiento y la sabiduría necesarios para servirle adecuadamente. Él nos enseña todas las cosas para que sepamos distinguir entre el engaño y la verdad. Permanezcamos en Cristo y en su amor para vivir confiados en la salvación que hemos recibido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 3 de septiembre de 2011

No niegues un favor a quien te lo pida,
si en tu mano está el otorgarlo.
Nunca digas a tu prójimo:
«Vuelve más tarde; te ayudaré mañana»,
si hoy tienes con qué ayudarlo.
Proverbios 3:27-28

El egoísmo, la desidia y la indiferencia que son tan propias de la naturaleza humana son los principales contendientes del amor por los espacios del corazón. A todos, en menor o mayor grado, nos ha pasado que teniendo la respuesta a las necesidades de alguien que acude a nosotros para que le ayudemos, tratamos el asunto como si fuera de muy poca importancia y dejamos de prestar la asistencia que por deber debíamos haber provisto. Al hacer esto estamos despreciando por completo las enseñanzas del Señor Jesús al respecto. “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” nos dijo a todos el Maestro y estoy seguro que a ninguno de nosotros nos gustaría que cuando fuésemos a pedir ayuda a alguien nos fuese negada. [1] El Señor Jesús fue muy enfático con relación a la ayuda que debemos estar siempre dispuestos a prestar: “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.” [2]

Creo que el tema ha quedado lo suficientemente claro como para que ignorantemente o irresponsablemente  dejemos de prestar auxilio cuando nos sea solicitado. Busquemos las oportunidades de servir a otros porque de esa manera estaremos sirviendo a nuestro Señor y Salvador. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Mateo 7:12
[2] Mateo 5:42

La palabra de hoy 2 de agosto de 2011

Pero tú ves la opresión y la violencia,
las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas.
Las víctimas confían en ti;
tú eres la ayuda de los huérfanos.
Salmos 10:14

Uno de los argumentos de quienes creen que Dios existe pero se desentendido de su creación (los llamados teístas) es el nivel de violencia y opresión que vive el mundo hoy. La violencia y la opresión no son nuevas, siempre han estado ahí. Lo que pasa es que nuestra memoria selectiva nos hace pensar que todo tiempo pasado fue mejor y eso no es cierto. Desde que el mundo es mundo y particularmente desde la caída del hombre, la violencia no ha dejado de reinar por todas partes. Su compañera la opresión es la firma de todos los imperios y poderes que han intentado controlar los destinos del mundo o al menos el suyo propio. La violencia y la opresión son normalmente ejercidas sobre los más débiles, aquellos que no tienen capacidad para defenderse de los despiadados ataques con que son agredidos. Pero de todo esto tendrán que dar cuenta los opresores y los violentos delante de trono de Dios. Las evidencias y las pruebas en contra de ellos serán tan abrumadoras que nos les quedará manera de presentar defensa ante las acusaciones  que se encuentran registradas en los libros que se abrirán cuando llegue el día del juicio final.

Todos hemos cometido opresión y violencia en contra de alguien una o varias veces en nuestra vida. No obstante, para quienes hemos creído en Cristo y hemos colocado nuestras esperanzas en su obra redentora en el monte Calvario, todas esas faltas que se encuentran registradas en los libros del juicio, serán desligadas de nuestro nombre porque ya aparecen como saldadas en el libro del Cordero de Dios. Sólo páginas blancas hallarán cuando busquen la lista de los delitos cometidos. Mas los malvados y los impíos tendrán sus páginas totalmente cubiertas por sus malos hechos, por los cuales ellos pensaban que nadie los llamaría a cuenta. Dejemos la aplicación de la justicia a quien corresponde y concentrémonos en buscar primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás nos será añadido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 31 de julio de 2011

¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda,
de los que se apoyan en la caballería,
de los que confían en la multitud de sus carros de guerra
y en la gran fuerza de sus jinetes,
pero no toman en cuenta al Santo de Israel,
ni buscan al Señor!
Isaías 31:1

La vida del hombre transcurre en una sola preocupación y búsqueda de consolidar su seguridad. Desde que nacemos buscamos la seguridad que nos da el seno de nuestra madre y más adelante siempre buscamos la seguridad que nos ofrece la cobertura de nuestros padres. Cuando estudiamos, lo hacemos para asegurarnos de que más adelante podamos tener un buen empleo. Al trabajar, nos aseguramos de que podamos incrementar y mantener un flujo de ingresos constante que nos permita la seguridad de cubrir nuestras necesidades básicas y los gastos de la vida diaria. También, si es posible, ahorramos dinero para asegurarnos de que contaremos con suficientes recursos en caso de que se presente alguna contingencia. También buscamos seguridad financiera para nuestra vejez. Y ya cuando estamos llegando al final de nuestro camino terrenal nos aseguramos de que nuestro fallecimiento no se convierta en una carga financiera para nuestros seres queridos. Muy pocos se dan cuenta de que después de la muerte física nos queda una larga existencia, ya no en este mundo, para la  cual también debemos estar preparados y asegurados. Toda nuestra confianza la ponemos en las riquezas, pocas o muchas, que podamos acumular. Y así nos pasamos toda la vida trabajando arduamente para consolidar nuestra seguridad sin darnos cuenta de que la verdadera seguridad sólo proviene de Dios.

¿Dónde están los cimientos de tu fortaleza? ¿Qué es lo que te hace sentir seguro (o inseguro)? ¿Que situación temes pueda ocurrir que cause la conmoción de tu seguridad? ¿Qué has estado haciendo al respecto? En cualquier caso debes buscar primero el apoyo de Dios. Sin él nunca podrás tener una genuina firmeza. Necesitas hacer como el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. “Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.” Necesitas colocar toda tu confianza en Dios, buscando primero su reino y su justicia y todas las cosas que necesitas te serán añadidas. Así que no perdamos el sueño por causa de la inseguridad sino coloquemos toda nuestras angustias en las amorosas manos de nuestro Señor Jesucristo. Tanto ahora como en la eternidad no hay mayor fuente ni garantía de seguridad que él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 29 de julio de 2010

Que nuestros bueyes arrastren cargas pesadas;
que no haya brechas ni salidas,
ni gritos de angustia en nuestras calles.
Salmos 144:14

Paz y Prosperidad. El sueño y la meta de muchos pueblos. Los pueblos que han alcanzado estas metas se han dado cuenta de que hay que trabajar muy duro para conseguirlas. También saben que para mantenerlas se requiere tanto o más esfuerzo que para alcanzarlas. Grandes líderes han conducido a naciones en guerras y catástrofes y han dejado su nombre grabado en la historia pero la paz y prosperidad por la que tanto lucharon es muy probable que haya desaparecido desde hace mucho tiempo. Con todo y eso las naciones tiene mala memoria y pronto se olvidan de que los planes humanos alcanzan éxitos efímeros y de que nada es seguro si no proviene de Dios. Algunos líderes han tratado de hacerles creer a sus seguidores que sus planes son un fiel reflejo de los planes de Dios y el pueblo se ha tragado este anzuelo.

¿Cuál de los líderes de hoy en día puede decir como David «Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla. Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. Él es quien pone los pueblos a mis pies.»? ¿Pueden imaginarse a cualquiera de ellos expresando en público su confianza en Dios con sinceridad y confianza?  Me temo que en esta área el secularismo le ha ganado valioso terreno a la fe. La porción de la palabra que hemos colocado en el inicio de esta reflexión es seguida por esta otra: “¡Dichoso el pueblo que recibe todo esto! ¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!” Una nación o pueblo no puede obtener y mantener el éxito económico y la paz si no cuenta con el apoyo de Dios y el apoyo de Dios no se obtiene por decreto. El apoyo de Dios sólo está disponible para aquellos que han tomado la determinación de seguir los pasos de Jesús y no los pasos del mundo. Quiera Dios que surjan líderes que puedan gobernar con sabiduría hasta el regreso del Señor Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 25 de julio de 2011

Lo que atestigües con tus ojos
no lo lleves de inmediato al tribunal,
pues ¿qué harás si a fin de cuentas
tu prójimo te pone en vergüenza?
Proverbios 25:7b-8

Una de las cosas que nos hace muy humanos y no necesariamente en el buen sentido de la palabra es nuestra velocidad para emitir juicio. Ante una situación y muy a menudo cuando observamos el comportamiento de nuestro prójimo, analizamos los datos disponibles y con pasmosa velocidad llegamos a una conclusión, usualmente condenadora y la mayoría de las veces errónea. Desde el punto de vista de las probabilidades es muy posible que estemos en lo correcto pues el pecado es la norma y no la excepción, pero en un juicio no podemos basarnos en probabilidades sino en hechos y evidencias sólidas. Usualmente no conocemos todos los detalles de un asunto pero eso no nos impide que lleguemos a una conclusión como si lo supiéramos todo al respecto. Ese afán por emitir un juicio a pesar de no contar con todos los detalles es lo que nos mete en problemas muchas veces. En primer lugar porque estamos llegando a conclusiones erróneas por no tener toda la información del caso y segundo porque lo más probable es que comentemos nuestro juicio con otros y nos convirtamos en portadores de chismes e intrigas.

El Señor Jesús fue muy claro al respecto y a quienes caen es este error los llama hipócritas: »No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. »¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo” , cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. En todo caso, debemos ayudarnos unos a otros a llevar las cargas y no nos quejemos los unos de los otros para que no seamos juzgados. El único juez es el Señor Jesús y a él todos tendremos que dar cuenta de nuestras acciones u omisiones. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 11 de julio de 2011

En el día de la ira de nada sirve ser rico,
pero la justicia libra de la muerte.
Proverbios 11:4

Para nadie es un secreto que el mundo se encuentra atravesando una crisis económica de tal magnitud que no se veía algo igual desde la década de los 20 del siglo pasado, es decir hace casi cien años. No solamente individuos han sido afectados por el descalabro financiero, países enteros se han visto en serios problemas y al día de hoy no terminan de salir del atolladero económico en que están inmersos. Tenemos los ejemplos de Grecia, España y Portugal, por mencionar algunas economías que en el pasado reciente lucían con cierta solidez y hoy se encuentran al borde del colapso. En Latinoamérica las economías han visto una mejoría en los dos últimos años con la notable excepción de Venezuela pero en todo caso, aparte de Brasil, no se ve que este crecimiento pueda ser sostenible en el mediano y largo plazo. Hasta economías que se veían aumentar aceleradamente como el caso de China están sufriendo algunos efectos de desaceleración. En Estados Unidos, la situación del desempleo no ha logrado resolverse a pesar de fuertes inyecciones de capital realizadas por el gobierno con el objeto de reactivar la economía. hasta los ricos están preocupados pues muchos de ellos han visto como sus fortunas se han visto reducidas por el efecto de los mercados financieros.

Estas cosas que están sucediendo son señales del fin que se aproxima. Para quien vive dependiendo de las riquezas que posee ésta es una situación harto preocupante. Para quien ha puesto su confianza en Dios y depende sólo de él, la actual crisis financiera es apenas un estornudo más de los muchos que ha experimentado el mundo desde su creación. ¿Cómo te afecta a ti la actual crisis? ¿Estás finacieramente expuesto a sufrir un descalabro o te encuentras seguro de que el Señor te cuidará y proveerá todo lo necesario para ti y tu familia? No pongas tu confianza en las riquezas porque ellas son poco confiables. Tu esperanza debe estar fundamentada en el poder de Dios y en el amor que te ha mostrado. Busca su dirección y consulta con él antes de tomar cualquier decisión que pueda tener un impacto en tu estabilidad financiera. Él te dará la mejor orientación. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 9 de julio de 2011

Estamos abatidos hasta el polvo;
nuestro cuerpo se arrastra por el suelo.
Levántate, ven a ayudarnos,
y por tu gran amor, ¡rescátanos!
Salmos 44:25-26

Una de las cosas que claramente debe diferenciar y separar al hijo de Dios de los impíos es la forma de enfrentar las dificultades. Mientras que los malvados caen en profundo pánico cuando las cosas no les salen como ellos quieren, los hijos de Dios toman las cosas con calma y elevan su mirada a Dios porque saben que en él pueden confiar por que él es el único que los puede sacar del aprieto en que se encuentran. Los malvados sólo confían en ellos mismos y cuando a ellos se les acaban los recursos piensan que ya no hay más nada que hacer. Es posible que el cristiano se encuentre en una situación que a todas vistas no tiene salida pero sigue confiando en Dios porque en otras oportunidades en que se ha encontrado en situaciones similares, Dios ha intervenido en su favor de maneras que nadie hubiese podido imaginar. Cuando Satanás atacó con fuerza a Job y le quitó sus hijos, su hacienda y sus animales, su esposa le reprochó: “¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!” Es interesante notar que la esposa de Job sabía que Job estaba actuando íntegramente y que lo que ella le estaba proponiendo que él hiciera era algo absolutamente reprochable.

¿Y tú, cómo reaccionas cuando la adversidad toca tu puerta? ¿Corres alocadamente a buscar la ayuda de otros y te olvidas de que tu Dios es quien verdaderamente tiene la capacidad y el poder para resolver todos tus asuntos? ¿Te echas a morir porque piensas que todo está perdido o por el contrario esperas pacientemente que llegue el ansiado y oportuno momento de la intervención divina? ¿Le echas la culpa a Dios por lo que te está sucediendo o reconoces que fuiste tú sólo quien se enredó la vida con tus malas decisiones? ¿Actúas como hijo de Dios o como un impío? Aún estás a tiempo de rectificar. Coloca tu fe y tu esperanza en Jesucristo y déjalo actuar. Verás como pronto todo comienza a solucionarse, como comenzarán a llegar las bendiciones de Dios y como tu actitud hacia las adversidades será diferente. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 2 de julio de 2011

Bajo el peso de su poder,
sus víctimas caen por tierra.
Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado.
Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»
Salmos 10:10-11

El poderoso y el malvado se engañan a sí mismos creyendo que ellos no están bajo la autoridad de Dios y que por lo tanto pueden actuar con toda impunidad. Este auto-engaño les produce una falsa sensación de seguridad que los motiva a seguir haciendo de las suyas sin prestar atención a las terribles consecuencias que su reprochable comportamiento va a traer sobre sus cabezas. La única vía que ellos conocen es la de la violencia y el abuso del poder. Su gozo y satisfacción estriban en humillar, doblegar y dominar a su prójimo tantas veces como sea posible. Mientras más éxito tienen en su campaña de dominio sobre los demás más se acercan a la trampa que los cazará como inocentes criaturas. La falsa sensación de seguridad con que se arropan les impide ver el triste futuro que se les avecina. Su arrogancia les da el ánimo que necesitan para perseguir al indefenso, convencidos de que Dios no existe y si existe, no ve, se ha olvidado de su creación o no le importa lo que ocurre en este mundo.

La realidad es todo lo contrario. Dios está completamente al tanto de toda la persecución y abuso que estos malvados seguidores e instrumentos de Satanás llevan a cabo con tanto placer sobre los inocentes y los oprimidos. El juicio de Dios no tarda, aunque el hecho de que Dios ve al tiempo diferente a como lo vemos nosotros, hace que nos parezca que él ignora nuestros sufrimientos o se ha olvidado de nosotros. Nuestra fe debe mantenerse firme bajo el peso de la opresión. Nuestra esperanza es que muy pronto Dios secará toda lágrima que nuestros ojos han derramado y nos devolverá la paz y la alegría que nos corresponde disfrutar como hijos de Dios. No permitas que el enemigo te robe el gozo de saber que estás completamente protegido por el poderoso brazo de Dios. Recuerda que el Señor escucha la petición de los indefensos, les infunde aliento y atiende su clamor. ¡Sólo a Dios sea la gloria!