Archivo para la categoría ‘Salmos’

La palabra de hoy 24 de octubre de 2011

Señor, tú eres justo,
y tus juicios son rectos.
Justos son los estatutos que has ordenado,
y muy dignos de confianza.
Mi celo me consume,
porque mis adversarios pasan por alto tus palabras.
Salmos 119:137-139

No toda la naturaleza carnal es totalmente corrupta. Aún en las personas que no han tenido un encuentro personal con el Señor Jesús se pueden observar destellos de la grandeza de la obra de Dios y su creación.  Salvos e impíos, todos contamos con una conciencia que se encarga de advertirnos antes de hacer lo malo, de ayudarnos a mantener una conducta ética cuando tomamos decisiones y de acusarnos cuando hemos pecado. Muchos logran mediante un mecanismo psicológico bajarle el volumen a la voz de la conciencia para evitar sus acertados señalamientos. Otros logran callarla por completo endureciendo su corazón para no ser objeto de sus exhortaciones. En todo hombre también está presente el sentido de la justicia, el cual muy pronto es utilizado para reclamar y protestar cada vez que los demás se aprovechan de nosotros pero que convenientemente ignoramos cuando somos nosotros quienes nos estamos aprovechando de los demás. Es esa semilla de justicia presente en nuestro corazón la que logra identificar la justicia de Dios aún en las circunstancias más terribles y espantosas.

No siempre podremos entender de manera cabal los designios de Dios pero siempre podremos confiar en que lo que Dios hace o permite hacer es lo más conveniente para nosotros, pues Dios nos ama y ha preparado para nosotros lo mejor. En Dios siempre encontraremos la reconciliación entre la justicia y el amor. En cada circunstancia que atravesemos busquemos el punto donde la justicia y el amor se cruzan y podremos entender el por qué de lo que nos ocurre. Si no logramos ver la intersección del el amor y la justicia, confiemos en que esta reconciliación está ocurriendo aunque por los momentos sea invisible para nosotros. Dios nos ama y tiene todo bajo su control. Sigue confiando en Dios para todo lo que represente tu vida. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 22 de octubre de 2011

Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios.
Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas.
Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán,
su sangre derramada profanó la tierra.
Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.
Salmos 106:37-39

Dios tenía una razón muy poderosa para prohibirle a los israelitas después de su salida de Egipto mezclarse con los pueblos que ocupaban temporalmente las extensiones de la tierra de Canaán y regiones aledañas. No sólo les prohibió asociarse con esos pueblos paganos sino que ordenó la destrucción total de todos ellos. De estas instrucciones dadas al pueblo de Israel muchos se han aprovechado, eso sí sacando fuera de contexto las palabra de Dios, para decir que Dios es un Dios cruel y falto de amor. De manera alegre ignoran la intrínseca justicia que conlleva la naturaleza divina. Las barbaridades y abominaciones que esta gente estaba acostumbrada a hacer en nombre de su religión eran realmente terroríficas y despreciables. Una de sus más espantosos rituales era el sacrificio de sus hijos a los ídolos. Entregar la vida de sus hijos en sangriento sacrificio a los demonios que se hacían pasar por dioses es algo totalmente inaceptable e incomprensible para quienes vivimos en estos tiempos algo más civilizados.

No obstante, de alguna manera, en general hemos permitido que nuestros hijos se hayan entregado al mundo y hasta al enemigo de nuestras almas en sacrificio por su deseo de vivir de acuerdo a las ideas que imperan en estos tiempos. En estos tiempos postmodernos lo material se impone sobre lo espiritual, lo exterior sobre lo interior, lo temporal sobre lo perdurable, lo urgente sobre lo importante, lo superficial sobre lo fundamental, lo confuso sobre lo sólido, lo aleatorio sobre lo firme, lo ambiguo sobre lo absoluto. Todas estas nuevas (en realidad no son muy nuevas que digamos) ideas que se oponen a los principios y caminos establecidos en la palabra de Dios hoy son comunes y prevalentes. Nuestros hijos han abrazado esas ideas y nosotros lo hemos permitido al observar pasivamente como el mundo ha secuestrado las mentes y los corazones de nuestros muchachos. Actuemos con decisión y arrojo para rescatar a nuestros hijos de los ídolos y demonios que moldean esta decadente sociedad. Nunca es tarde cuando el propósito es la salvación de sus almas. Con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo saldremos vencedores. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 21 de octubre de 2011

No nos trata conforme a nuestros pecados
ni nos paga según nuestras maldades.
Salmos 103:10

Uno de los aspectos más difíciles de entender acerca de la naturaleza de Dios es su inmensa misericordia. Quienes buscan apoyarse en una supuesta incongruencia entre la naturaleza amorosa de Dios y su justicia,más que todo para negar su existencia, siempre ignoran convenientemente la capacidad y voluntad que tiene Dios para perdonar nuestros pecados. Si Dios fuese sólo justicia y verdad ningún ser humano, con la notable e incomparable excepción de nuestro Señor Jesucristo, podría ser hallado inocente de todo mal. Esto significa que todos estamos en principio condenados a existir totalmente separados de Dios, es decir a muerte. La única manera que el amor de Dios podía alcanzarnos y rescatarnos sin quebrantar su propia justicia era mediante la muerte de Jesucristo en lugar de todos nosotros. El justo llevando la culpa de los injustos. El inocente cargando sobre sí toda la condenación de los culpables. En la muerte de Jesucristo en la cruz, sentenciada por las autoridades imperiales romanas, se lograron satisfacer todos los requerimientos de la ley y todos aquellos que creen en Cristo se hacen beneficiarios del cumplimiento penal de la sentencias individuales establecida sobre cada uno de ellos.

Cualquiera que se presente delante de Dios sin la representación legal de nuestro Salvador quedará irremediablemente sentenciado a muerte. Ésto es algo que no debe ser considerado con ligereza. A nadie se le ocurre acudir a un tribunal de justicia o a un juzgado sin la debida asistencia de un abogado. Para todos los que hemos creído en Cristo ocurrirá un juicio inédito. En este juicio, el abogado defensor (Jesucristo) que representa al acusado (cada uno de nosotros) no busca que su cliente sea hallado libre de culpa. En realidad se reconoce toda la culpa y la necesidad de aplicar todo el peso de la ley a su representado. Sin embargo, como argumento final para la defensa, el abogado defensor asume toda responsabilidad sobre las consecuencias derivadas de las acciones criminales de su cliente y como el requisito del castigo ya ha sido satisfecho por el defensor, al tribunal no le queda dictaminar otra cosa que la absolución del acusado. Reconozcamos con eterno agradecimiento la obra de nuestro Señor Jesucristo llevada a cabo en la cruz del monte de la Calavera y busquemos cobijo bajo su redentora misericordia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 17 de octubre de 2011

Una vez hablaste en una visión,
y le dijiste a tu pueblo fiel:
«Le he brindado mi ayuda a un valiente;
al mejor hombre del pueblo lo he exaltado.
He encontrado a David, mi siervo,
y lo he ungido con mi aceite santo.»
Salmos 89:19-20

La obra de Dios no se limita a la creación. Dios también se encarga de transformar las vidas de quienes le buscan de todo corazón. Así como Dios crea un diamante en bruto, así también se encarga de tallarlo y pulirlo para al final obtener un brillante de gran resplandor que sea digno de adornar su trono celestial. Al pequeño pero muy valeroso David lo eligió de en medio de sus muchos hermanos, todos fuertes y apuestos, y lo sacó del cuidado de las ovejas de su padre Isaí, para eventualmente, después de un largo e intenso proceso de aprendizaje por persecución y tribulación, colocarlo a la cabeza del pueblo de Israel en sustitución de Saúl quien a pesar de contar con grandes condiciones físicas no pudo aprender las enseñanzas espirituales que le fueron impartidas por Dios durante su reinado.

Tanto Saúl como David fueron ungidos por Samuel para desempeñar su oficio real. Por la obediencia a Dios, David obtuvo él éxito y el derecho a que su descendencia gobernara eternamente sobre Israel, mientras que Saúl y su familia cayeron en desgracia. Saúl no pasó de ser un diamante en bruto mientras que David se convirtió en una refulgente piedra preciosa. Todos los que nos hemos acercado a Cristo buscando nuestra salvación por medio de la fe en él tenemos la unción que sólo él puede dar. Esa unción, el Espíritu Santo de Dios, es quien nos capacita para toda buena obra y quien nos transmite el conocimiento y la sabiduría necesarios para servirle adecuadamente. Él nos enseña todas las cosas para que sepamos distinguir entre el engaño y la verdad. Permanezcamos en Cristo y en su amor para vivir confiados en la salvación que hemos recibido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 16 de octubre de 2011

Cuando el Señor oyó esto, se puso muy furioso;
su enojo se encendió contra Jacob,
su ira ardió contra Israel.
Porque no confiaron en Dios,
ni creyeron que él los salvaría.
Salmos 78:21-22

Nuestra humana incapacidad para comprender a Dios ha llevado a muchos a concluir erróneamente que el Dios que se describe en el Antiguo Testamento es totalmente diferente al Dios del Nuevo Testamento. Las restricciones y limitaciones que todos tenemos para entender que Dios está mucho más allá de lo que nos permite comprender nuestros razonamientos ha llevado a muchos a caer en discusiones estériles y en posiciones doctrinales reñidas con la ortodoxia. Nuestro manejo de los conceptos de amor y misericordia impide que podamos encontrar la reconciliación de ellos con los conceptos de justicia y verdad. Nos preguntamos constantemente ¿Cómo es posible que Dios sea amor y al mismo tiempo sea fuego consumidor? La causa de este equivocado punto de vista se fundamente en nuestro orgullo. Pensamos que somos iguales a Dios y por eso lo analizamos a la luz de nuestra propia experiencia como si él fuese humano. Algunos incluso tratan de colocarse por encima de Dios y quieren circunscribirlo dentro de un concepto totalmente entendible y manejable por sus torpes y obtusas mentes.

Dios es y puede ser todo lo que él dice que es y puede ser. Para él no hay imposibles. Nuestro razonamiento no es óbice para la existencia y cualidad de nuestro Padre celestial. Él nos creó a nosotros y no nosotros a él. Su existencia no depende de nuestra comprensión. Con humildad y obediencia reconozcamos nuestras propias limitaciones y la majestad y autoridad de nuestro Dios. Él nos ama y quiere lo mejor para nosotros y para lograrlo hará todo lo que sea necesario, así no nos guste o no lo entendamos. No seamos insensatos y dejemos de propiciar su ira y su enojo que podrán parecer a nuestras débiles mentes como algo incongruente o incompatible con su amor. Muchos se han dejado llevar por sus humanos razonamientos para su propio pesar. Dios nos amó primero, aceptemos su amor y justicia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 15 de octubre de 2011

Ellos no tienen ningún problema;
su cuerpo está fuerte y saludable.
Libres están de los afanes de todos;
no les afectan los infortunios humanos.
Por eso lucen su orgullo como un collar,
y hacen gala de su violencia.
Salmos 73:4-6

Una de las herramientas favoritas de nuestro adversario Satanás es el estarnos sugiriendo constantemente que vivamos comparándonos los unos con los otros. Esto lo hacemos a cada rato con relación a los atributos físicos, el éxito (tal como el mundo lo mide), los estudios, los bienes, el vehículo que conducimos, la ropa que vestimos, la casa en que moramos, y tantas otras cosas más. Nuestra vida se convierte en una constante comparación y competencia por colocarnos por encima de los demás simplemente para satisfacer nuestro orgullo y concederle la victoria a nuestro enemigo verdadero. Una de las causas más frecuentes de depresión es el fracaso en alcanzar el estereotipo de la belleza o de la prosperidad. Cirujanos plásticos y asesores financieros (laicos y religiosos) han forrado sus bolsillos de dinero y han pagado la educación universitaria de sus hijos por cuenta de estas personas que han prestado atención a los casi imperceptibles pero muy efectivos susurros del demonio.

La única manera de romper esta atadura es mediante la exposición constante a la palabra de Dios. Sólo la palabra de Dios nos provee la perspectiva correcta para quebrar la unión de nuestra voluntad con la falsa apariencia del mundo y sus seguidores. Nuestros objetivos y metas como hijos de Dios son muy diferentes a los objetivos y metas del mundo. Nuestros enemigos buscan la destrucción de nuestras vidas y si vivimos poniéndole más atención a ellos que a lo que nos ordena nuestro Señor Jesús ellos lograrán su objetivo de acabar con nuestra paz, salud y felicidad. Cada vez que sientas envidia o rabia porque alguien tiene o hace algo que tú no puedes tener o hacer recuerda que estamos aquí pasajeramente y que las verdaderas riquezas y posesiones con las que podemos contar son las que hemos acumulado en el cielo en virtud de nuestra obediencia a Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 14 de octubre de 2011

El Señor nos dice: «De Basán los regresaré;
de las profundidades del mar los haré volver,
para que se empapen los pies
en la sangre de sus enemigos;
 para que, al lamerla, los perros
tengan también su parte.»
Salmos 68:22-23

La verdad es que imaginarse una batalla donde la abundante sangre derramada de los vencidos empape los pies de los vencedores es algo difícil de imaginar especialmente para aquellos de nosotros que hemos tenido la fortuna de no habernos visto involucrados en algún tipo de conflicto bélico. Pero estas espantosas escenas serán presenciadas por aquellos que participen en esa batalla final donde las naciones enemigas de Israel encontrarán su castigo y su fin.  Estas naciones y pueblos han estado acumulando por siglos la ira de Dios sobre sus cabezas y en ese conflicto final se derramará sobre ellos todo el peso de la justicia divina y se cumplirá lo predicho en el Salmo 58 “Se alegrará el justo al ver la venganza, al empapar sus pies en la sangre del impío. Dirá entonces la gente: «Ciertamente los justos son recompensados; ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra.»”

La venganza le pertenece al Señor y él no pasará por alto los ataques y las afrentas que estos pueblos y naciones enemigas han llevado a cabo por tantos años contra el pueblo de Dios. Dios promete que manifestará su gloria entre  las naciones. Todas ellas verán como Dios las ha juzgado y castigado y a partir de ese día, el pueblo santo sabrá que Adonai es el Señor, su Dios. ¿Te encuentras bajo el ataque de un impío enemigo? Las acciones de estos malvados se están acumulando en contra de ellos y cuando llegue el momento vendrá contra ellos el Rey de reyes y Señor de señores a aplicar la justicia y a derramar su ira sobre las naciones. A partir de ese momento el mundo sabrá lo que es la verdadera paz. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 9 de octubre de 2011

Tus hijos ocuparán el trono de tus ancestros;
los pondrás por príncipes en toda la tierra.
Salmos 45:16

Parte de la razón por la cual nos encontramos en este peregrinaje terrenal es que nos estamos preparando para la vida eterna. Muchas de las situaciones con que nos enfrentamos a diario son meros ejercicios de entrenamiento necesarios para desarrollar las capacidades y destrezas que nos permitirán asumir con éxito las responsabilidades que vamos a cumplir en esa nueva etapa de nuestra existencia. Algunos pasajes de la palabra de Dios sugieren que parte de nuestras labores tendrán que ver con la realización de funciones gubernamentales. El apóstol Pedro nos dice que somos real sacerdocio. El nuevo cántico de los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos dice:” los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.” El apóstol Pablo nos dice que vamos a juzgar al mundo y que incluso juzgaremos a los ángeles. A Timoteo le dijo que si resistimos también reinaremos con él [Cristo].

Vemos entonces como nos estamos preparando para ejercer justicia, dominio y sacerdocio en ese reino que Dios ha preparado para todos sus hijos, en el cual habitaremos en dicha total porque tendremos un cuerpo espiritual libre de toda corrupción y porque estaremos siempre en la presencia de Dios y no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor. Pongamos nuestra esperanza en que pronto estaremos disfrutando de todas las promesas que el Señor Jesús preparó para todos aquellos que hemos decidido seguir sus huellas y dejarnos guiar por su amorosa mano. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

La palabra de hoy 8 de octubre de 2011

Late mi corazón con violencia,
las fuerzas me abandonan,
hasta la luz de mis ojos se apaga.
Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas;
mis parientes se mantienen a distancia.
Tienden sus trampas los que quieren matarme;
maquinan mi ruina los que buscan mi mal
y todo el día urden engaños.
Salmos 38:10-12

¿Cuántas veces no nos ha pasado que cuando nos encontramos agobiados por el peso de la culpa y las consecuencias del pecado, en vez de recibir ayuda de nuestros congéneres lo que recibimos es desprecio y dureza de corazón? Se cumple lo que la sabiduría popular ha descrito como “Del árbol caído todo el mundo hace leña.” Nadie es capaz de tendernos una mano o de expresar afecto en estos tristes y difíciles momentos que le pueden pasar a cualquiera. Amigos, vecinos y parientes por igual se mantienen lo más alejado posible de nosotros como si nuestra adversidad fuese altamente contagiosa. Es allí donde podemos ver la cruda realidad del corazón humano, insensible y duro como la piedra. Algunos incluso, no contentos con mantenerse alejados, se aprovechan de nuestra desdicha para buscar nuestra destrucción.

Si todos aplicásemos la regla de oro que nos enseñó el Señor Jesús las cosas serían muy diferentes a como las estamos viendo hoy. El Señor dijo: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.” [1] Si hoy vemos a alguien de quien las adversidades de la vida han hecho una sombra de lo que antes fue, consideremos en nuestro corazón cómo nos gustaría ser tratados si fuéramos nosotros quienes nos encontrásemos atravesando tan difícil situación. Que nuestro corazón sea como el corazón de nuestro Señor Jesucristo quien siempre actuó movido por la compasión hacia una raza humana perdida y sin posibilidades de salvación fuera de la fe en él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Mateo 7:12

La palabra de hoy 7 de octubre de 2011

Vengan, hijos míos, y escúchenme,
que voy a enseñarles el temor del Señor.
El que quiera amar la vida
y gozar de días felices,
que refrene su lengua de hablar el mal
y sus labios de proferir engaños;
que se aparte del mal y haga el bien;
que busque la paz y la siga.
Salmos 34:11-14

He aquí una receta para quienes desean  saber lo que es conocer y vivir en el temor de Dios. Aunque la receta luce sencilla a simple vista no lo es tanto cuando nos fijamos en ella con cierto detalle. A primera vista la recete consiste de cuatro ingredientes: refrenar la lengua de hablar el mal, refrenar los labios de proferir engaños, apartarse del mal y hacer el bien y buscar la paz y seguirla. El primer ingrediente, refrenar la lengua de hablar el mal es algo casi imposible de alcanzar en este mundo en que vivimos donde la gente habla y habla sin parar. Muchos piensan que si hablan mucho utilizando para ello bonitas y rebuscadas palabras serán tenidos por sabios cuando en realidad sucede todo lo contrario pues quien mucho habla, mucho yerra.  Aparte de eso tenemos que a la gente le encanta murmurar y quejarse por todo y por nada y por último, a la gente le deleita criticar a los demás, ignorando la viga que tienen en su propio ojo.  Luego tenemos el problema de la mentira. De todas las semillas que ha sembrado Satanás en el corazón del hombre la que ha echado más raíces es la semilla del engaño. Todos hacen uso de la mentira pensando que con ella lograrán resolver sus asuntos y lo único que logran es empeorarlos.

Apartarnos del mal por sí solo nos permitiría avanzar mucho hacia la madurez espiritual pero ya sabemos que no es fácil apartarse del mal cuando estamos rodeados por él por todos los flancos y nuestra carne es débil. ¡Cuánto más hacer el bien! Si apartarnos del mal es dura tarea, hacer el bien requiere de nosotros un esfuerzo titánico. Finalmente buscar la paz no es una actividad codificada en el genoma humano; por el contrario, nos la pasamos discutiendo y peleando por todo, hasta por las cosas más insignificantes. Nunca podemos quedarnos tranquilos hasta que logramos imponer nuestras ideas y nuestros criterios sobre las ideas y los criterios de los demás. Si lograr mantenernos en cualquiera de los cuatro ingrediente es difícil, imagínense cuanto más arduo y tenaz será conseguir los cuatro ingredientes al mismo tiempo. Mediante nuestros propios esfuerzos no alcanzaremos nunca nada. Sólo con el poder transformador del Espíritu Santo de Dios actuando sin restricciones en nuestra vida es que podremos disfrutar las bondades y beneficios de vivir en el temor de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!