217. Curiosa reacción…¿reacción esperada?

Enojado, un joven rompió una de las netbooks entregadas por Bodou. En un acto oficial en Mar del Plata, donde el ministro de Economía repartía computadoras en una escuela, un alumno subió al escenario y arrojó una máquina contra el piso. “Nos estamos cagando de hambre”, gritó

El ministro de Economía nacional, Amado Boudou pasó un mal trago anoche en Mar del Plata, su ciudad natal. En medio de un acto en donde entregaba computadoras a alumnos de la Escuela Polimodal N° 1 Don César Gascón, uno de los estudiantes irrumpió en el escenario, rompió una de las netbooks contra el piso y arremetió contra los funcionarios a los gritos de “nos estamos cagando de hambre”.

De acuerdo a lo que informa La Nación este sábado, no sólo Boudou se quedó petrificado. Juto a él, Alberto Sileoni (Educación), el director de la Anses, Diego Bossio, y el intendente local, Gustavo Pulti, se quedaron helados.

“¡Para qué queremos computadoras si nos estamos cagando de hambre! Esto no es inclusión, son unos inútiles”, les gritó el joven, al cual no se pudo identificar. Primero arrojó la computadora al escenario y la rompió en pedazos, tras lo cual tomó el micrófono para dirigir esas palabras y otras más subidas de tono hacia los funcionarios. Tras ese incidente, el joven fue retirado por personal de seguridad.

A continuación, el ministro de Economía sostuvo: “Cada cual puede pensar distinto, pero hay que actuar de otra manera porque estas cosas no le hacen bien al país”.

Sileoni añadió: “Hay que rescatar el diálogo, no la violencia, como hechos ocurridos en el Ministerio de Educación con una toma de estudiantes (el miércoles pasado)”.

El programa Conectar Igualdad.com.ar prevé la adquisición de tres millones de computadoras portátiles para estudiantes y docentes de escuelas secundarias públicas, establecimientos de educación especial e institutos de formación docente de todo país, con un plazo de entrega de tres años. En general, los actos los encabeza la presidenta Cristina Kirchner, que esta vez dejó la tarea en manos de Boudou.

216. UN CUENTO (EL MAESTRO Y EL GUARDIAN)

El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio. Un día el guardián murió y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.

– Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo.

Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.

– Este es el problema -dijo el gran maestro

.Los discípulos contemplaron perplejos y extasiados lo que veían; los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, su belleza y olor. Pero, ¿qué representaba todo aquello?, ¿qué hacer?, ¿cuál sería el enigma?, ¿y su solución?

Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo destruyó haciéndolo pedazos.

– Usted es el nuevo guardián -dijo el maestro. Al volver el alumno a su lugar, el gran maestro explicó: Yo fui claro, dije que ustedes estaban delante de un problema y un problema es un problema; aún si toma la forma de un florero maravilloso, de una porcelana exquisita y de mucho valor, igualmente un lindo amor que ya no tiene sentido o un camino que precisa ser abandonado, pero que insistimos en recorrerlo porque nos da algún tipo de seguridad. No importa cuan bello y fascinante sea un problema, solo hay una forma de pelear con él: atacándolo de frente, destruyendo lo que puede atarnos a él, resolverlo que es la única y genuina forma de disolverlo.

215. SUGERENCIAS (tiempo despues)

No he aportado nuevos post por la presencia de diversos SPAM que se introducen como comentarios molestos, interfiriendo en verdadero diálogo entre los que deseamos compartir o debatir ideas.

DOS SERIES PARA UBICAR ELA WEB, PARA BAJAR y PARA DEBATIR CON COLEGAS O CON ALUMNOS… Y PENSAR EN NUESTRA REALIDAD:

(1) PROFESORES EN BOSTON = EEUU. Hay varios capítulos de 40 minutos cada uno.

(2) FISICA O QUIMICA =  ESPAÑA. Varios años y capítulos por años, con 60 minutos generosos de duración.

En ambos casos no se trata sólo de reflejar la vida de los alumnos en las clases y en las escuelas, o las relaciones docentes – alumnos (problemáticos o no), sino la compleja vida de los mismos docentes (la profesional y la privada).

Para un buen debate y para muchas propuestas.

214. FORMAR DOCENTES + NUEVO VIDEO + ¿LA HERENCIA CONTINUA?

Las ideas y proyectos para realizar este SEGUNDO VIDEO se pusieron en marcha en la segunda parte del año 2009,, CON LA APROBACIÓN DEL PROYECTO POR PARTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE FORMACION DOCENTE. La planificación del mismo, tanto en su contenido, como en el formato que debía asumir y en los recursos económicos para solventarlo se gestaron a partir de setiembre, incorporando para las definiciones operativas a los jóvenes realizadores que ya habían aportado lo suyo en FORMAR DOCENTES UNO.

El proyecto tiene como eje temático el LEGADO que los fundadores han dejado sobre sus antiguos alumnos. Por ello se comprometió a los docentes del instituto – actuales formadores – para que respondieran voluntariamente a la convocatoria.

El formato del video exigía una tarde de trabajo y filmación con la presencia de todos los docentes interesados, para debatir una serie de preguntas previamente formuladas. Se hizo una reunión previa con quienes había aceptado el desafío y la calurosa tarde del 16 de diciembre fue la elegida y participaron los valientes profesores de la producción, en un clima distendido de camaradería y reflexión.

Después prosiguieron su labor los responsables de la edición y postproducción: seleccionar imágenes, tomas, respuestas, pausas para armar un relato coherente en un tiempo limitado de exposición. Hubo numerosos encuentros para ajustar la edición definitiva, títulos, reconocimientos y varios detalles más.

El otro paso del Instituto formador es recuperar memoria, trayectorias profesionales y generar debates.

213. Los nuevos sujetos que aprenden

  • Nadie puede discutir los cambios que se han producido y se producen en torno nuestro: el mundo es diferente cada día y el tiempo parece acelerarse.
  • Aunque los valores, los principios morales y religiosos, las convicciones puedan mantener su vigencia, en los hechos las prácticas demuestran un sinnúmero de dudas, incertidumbres, falta de certezas, inseguridades.
  • La sólida modernidad en la que muchos crecimos ha sido desplazada por la liquidez de los tiempos que corren: todo lo sólido se desvanece en aire y no sabemos cómo apresarlo.
  • A pesar de los esfuerzos, la educación formal y escolar vive situaciones de crisis que no parece resolverse con el nostálgico regreso a los buenos tiempos vividos en el pasado.  Y no se puede regresar porque ese pasado ya no está, porque regresar significa también a los rasgos negativos del pasado y, también, porque los adultos de aquel pasado han muerto definitivamente: hoy no sólo es problemático hablar a o hablar con un grupo de niños o adolescentes, sino también con un grupo de adultos (padres, docentes, directivos, ciudadanos, etc)
  • En los bancos de nuestras aulas, en las galerías de nuestras escuelas se sientan alumnos, estudiantes sujetos que pertenecen a las nuevas generaciones. Y los cambios generaciones se producen de forma acelerada.
  • Las familias de los alumnos no tienen la estructura del pasado y los padres que participan de las reuniones no siempre tienen el perfil de adultos que esperamos y desempeñan el rol que les corresponde.
  • La sociedad sigue proclamando el valor de la educación (como si hubiera una cinta que eternamente se repite a sí misma) pero en los hechos, la desprotege y frecuentemente la ignora.
  • Los docentes, nosotros los docentes, no somos los de antes: compartimos las debilidades de este tiempo, negociamos nuestras fragilidades y frecuentemente escapamos a los compromisos. Es verdad que muchas veces más de lo que podemos, pero también es cierto que todo lo que sucede nos desborda y mientras navegamos en un mar tempestuoso, miramos con temor la barca en la que aun estamos desplazándonos.
  • Hablaremos de todo esto que nos pasa para aportar algunos compromisos que puedan devolvernos mayor seguridad y darle a las instituciones mayor consistencia.
  • Curiosamente no daremos recetas, porque dar recetas, frases de autoayuda docente, una especie de delibery educativo y existencial es menospreciarlo, tenerlos en menos: un buen docente (ustedes lo son, sino, no los hubieran convocado desde la dirección de esta institución) piensa, amplía sus conocimientos, tiene información estratégica y desde allí decide, evaluando situaciones y contextos. Es preferible tener DOCENTES CON CRITERIO Y CON CAPACIDAD DE APRENDER de todos y de todo, y no DOCENTES CON RECETAS o alimentados con comida chatarra pedagógica-didáctica (hay demasiado en los MC DONALD de las editoriales, los libros, los ministerios, las capacitaciones y las carreras de formación docente.  Son ustedes los que deben trazar los mapas, cargar los GPS para proseguir el camino, con alguna información suplementaria.
  • No cerremos los oídos o la comprensión pensando que a nosotros no nos pasa Aunque algunos temas no sean específicos del nivel en el que trabajan (hay mucha diferencia de edad entre un niño de 4 ó 5 años y un preadolescente de 13 o 14 años), hagamos el esfuerzo por traducirlos a la situación que viven. Uno cree que esa es una enfermedad de los otros o un remedio para  no necesitamos, hasta que se da cuenta del padecimiento, siente los mismos indicios o los mismos dolores. . Es preferible anticipar los síntomas a despertar – un día o una noche, como Gregorio Salsa en la Metamorfosis de Kafka – con la transformación de nuestra realidad.
  • Todo lo que digamos en la primera parte (antes de la pausa) sobre los nuevos sujetos debe convertirse en tarea para el desarrollo de la segunda parte: los nuevos sujetos que enseñan.

01. TEMA UNO: CAMBIOS GENERACIONALES

(1)    No hay que hacer mucho esfuerzo para descubrir que vivimos rodeados no sólo por una nueva generación, sino por una serie de “nuevas generaciones”. Aun los docentes mas jóvenes que recién se inician en el trabajo educativo, se saben generacionalmente distintos (y separados) de los colegas con generosa experiencia, pero se sienten mucho más distantes de las generaciones posteriores. Hay un mundo que los separa de los que recién se inician en el nivel superior, o están estudiando en el secundario o transitan por la escuela general básica.

(2)    En el pasado también había “cambios generacionales”: a la generación adulta (la que ocupaba los sitios claves de la sociedad y asumía la totalidad de las responsabilidades) le sucedía otra generación. Pero todos – tanto los adultos como los jóvenes – consideraban que la separación era transitoria, una cuestión de tiempo y de edad, y que progresivamente los nuevos, los recién llegados a la sociedad se incorporarían sin conflicto al mundo adulto.

(3)    Las brechas generacionales funcionaban como pasos necesarios que contribuían a dinamizar la cultura, las costumbres, el tipo de vida. Los recambios generacionales aseguraban la continuidad de la historia de una comunidad. Los jóvenes miraban a los adultos como el futuro esperado, éstos – más allá de los conflictos que pudieran existir – sabían que el destino de todos ellos eran incorporarse al universo de la madurez: compartir criterios, ideas, valores, costumbres y gustos de la generación que gobernaba la sociedad. Por ejemplo: los gustos musicales de los jóvenes o la forma de vestirse podía tener una libertad y un atrevimiento que se desvanecía con el tiempo. Podían importunar a los mayores, pero sabían que finalmente la osadía desaparecía y se volverían “normales”.

(4)    Había algunas frases que expresaban estas ideas: “Ya se te va a pasar”, “Ya se van a dar cuenta y van a comprender”.  La sociedad imponía límites que la inmensa mayoría respetaba, porque era la única manera se mantenerse en la comunidad. Había un código tácito, un mandato implícito que había que respetar. El matrimonio, la formación de la familia, los estudios superiores, el mundo laboral “curaba” esa enfermedad generacional transitoria y los convertía en hombres y mujeres adultos. Todos recordaban como datos del pasado las travesuras, locuras o pecados de juventud, situaciones que se consideraban impropias de la madurez.

(5)   Todo esto – para bien o para mal – es lo que ha cambiado. Las nuevas generaciones no son etapas o momentos, sino definiciones de una forma de vida que llega para quedarse. Los adultos mismos quieren conservar  algunas costumbres, gustos o criterios de su juventud. Los crecimientos, el paso de los años  no significa abandonar el pasado, sino llevárselo con uno y con los compañeros de generación. No hay brecha transitoria, sino copia definitiva. Y los adultos no se sienten tan seguros, tan sólidos, tan felices en el mundo adulto y suelen asomarse con envidia a ese otro mundo joven, en muchas casos con el deliberado propósito de incorporarse a el.

(6)    Sólo se trata de registrar lo que se ve en las calles, en la noche, en las fiestas, en las familias, en las escuelas. La ropa, el cabello, los arreglos personales, las preferencias musicales, las relaciones grupales, las formas del amor, las lecturas, los horarios, los vínculos con padres y la familia, la relación con la escuela, las obligaciones y el trabajo, etc. Hay formas que nos desconciertan, nos sorprenden, nos desubican o nos fastidian. Es el caso de un padre que no logra entender a su hijo, una madre que discute permanentemente con su hija, un director que trata de llamar la atención de un adolescente, de una maestra que corrige a uno de los alumnos, de adultos que se molestan por la conducta de sus vecinos más jóvenes, de peatones que observan con preocupación la presencia de los chicos y de las chicas en algunas esquinas, de conductores que condenan el zigzagueante desplazarse de motos y bicicletas por calles y avenidas. No son cuestiones que hay que salir a buscar, sino que – por el contrario – nos salen cotidianamente al encuentro.

(7)    Los sociólogos que clasifican las nuevas generaciones han propuestos diversos nombres: GENERACION X (1964 -1968) – GENERACION Y (1970 – 1980) -  GENERACION ODISEO O PETER PAN (1975 – 1990) – GENERACION WI (NOSOTROS) (1990 – 2000) – GENERACION MILENIO (1985 – 2000) – La generación NET (N) (2000 – 2010)

(8)    Los sujetos que se educan en nuestros días (en todos niveles, aunque con intensidad y caracteres diversos) tienen otra forma de ser: en el manejo del tiempo, en la apropiación de los espacios, en el uso del lenguaje, en la construcción de códigos, en los principios morales que los orientan, en la definición de sus ideales, en la escala de valores, en la apropiación del conocimiento, en el contacto con las nuevas tecnologías, en la concepción de la autoridad y del respeto, en las relaciones inter-subjetivas y afectivas, en los vínculos familiares, en la mirada sobre el mundo y su futuro global, en el manejo de la inteligencia y la voluntad, en la elección de sus modelos, en sus concepciones religiosas, en la entrega al placer y a disfrute de la vida.

(9)  No se trata sólo de un quiebre generacional, lo que sería absolutamente lógico, sino de la construcción de un estilo que no pretende contraponerse generacionalmente a los adultos, sino desplazarlos o ignorarlos. En el pasado, los jóvenes exhibían sus criterios y demandas, luchaban y enfrentaban a los padres, a los docentes, a las autoridades porque suponían que había principios o razones por discutir. Aquí, hay ruptura: se trata de diversidad de planos, de ideas y discursos construidos en códigos incompatibles. Por eso podemos hablar de indiferencia, de anulación del debate, de construcción paralela. Niños y jóvenes de hoy parecen decir: “No me importa cuáles son tus criterios, tus valores, tus modelos, tus prioridades, sus ideales. Como son tuyos, para mí está todo bien. El tema es que nosotros tenemos los nuestros.”

(10)    En el presente, las generaciones concurren a la escuela y ocupan el lugar en el aula portando en sus mochilas, en sus carpetas y sobre todo en su interior (subjetivado) un mundo distinto, un lenguaje diverso. Y se encuentran con las paredes, los bancos, los pizarrones de las escuelas, algo a lo que no están habituados y que les cuesta soportar. Pero, además del espacio y del tiempo (el aula es una pequeña prisión y el tiempo se hace muy largo), son los docentes los que parecen emerger desde otro mundo, del pasado. Tienen un lenguaje, una forma de ser, propuestas y exigencias que los asemeja – frecuentemente – a sus padres, pero además proponen contenidos, temas, cuestiones que en nada forman parte de los intereses de quienes concurren. Puede pasar que todo el proceso de estudio y de aprendizaje se convierta en un trámite que hay que respetar y cumplir, pero que en modo alguno se convierte en un saber requerido e incorporado. De alguna manera se puede convertir en una simulación, una construcción de ficción en la que los que enseñan saben que los que aprenden lo hacen simplemente porque es su obligación, aunque no consideren las propuestas ni valiosas, ni necesarias.

(11)Tal vez la escuela debería reconsiderar no sólo sus contenidos (diseños curriculares) sino – sobre todo – los entornos de enseñanza y aprendizaje, y su metodología.  mAunque siempre fue así, ahora tomamos mas conciencia de lo que nos sucede, porque reconocemos el valor y los límites de nuestra presencia y acción educativa. (1º) La mera enseñanza no produce aprendizajes, como tampoco produce un árbol la acción de plantarlo. El aprendizaje y el desarrollo tienen lugar interiormente, no se les puede forzar: lo único que se puede hacer es ayudar a que se produzcan más fácil y económicamente, pero no se puede conseguir que tengan lugar: un docente no puede lograr que el alumno asimile nuevos conocimientos y habilidades, sólo con su palabra y su intervención. (2º) De alguna manera nos están diciendo: “quiero obtener parte del conocimiento, la capacidad o las cualidades que tienes y te voy a ceder temporalmente la responsabilidad de decidir qué tengo que estudiar, dónde, cuándo, cómo, con qué frecuencia y en qué orden hacerlo, porque confío en que de esta manera aprenderé mejor”. Esta es la naturaleza del contrato de enseñanza- aprendizaje cuando el alumno lo acepta voluntariamente. La educación es un estado provisional que tiene como objeto hacer que el sujeto se vuelva autosuficiente. (CLAXTON, 1987)

02. TEMA DOS: NUEVAS COSTUMBRES DE LOS NUEVOS SUJETOS

  • Muchas de las prácticas se han naturalizado y ya casi no nos llaman la atención, pero hay algunas que puede parecernos aun llamativas. Por ejemplo los TATUAJES y las TRIBUS. Ambas prácticas remiten a un pasado casi primitivo y sin embargo están asociados a las generaciones del futuro.

(1) Las TRIBUS URBANAS llegaron para instalarse en diversos territorios y prestarles una discutida identidad y pertenencia a grupos de preadolescentes y adolescentes que necesitaban superar su aislamiento y anomia. La construcción de un relato, de una versión de la realidad, la adhesión a determinados referentes, grupos musicales, estética corporal, colores y vestimenta terminan produciendo una identidad artificial y una fortaleza que se alimenta de mensajes, consignas, encuentros y modo de presentarse. La aparición y desaparición es intensa y fugaz, la misma fugacidad que caracteriza a la vida contemporánea.

(2)      En la vida hay personas, hechos, situaciones, dolores que nos dejan MARCAS. Son las que nos dejan rastros sin que lo podamos evitar. Marcas interiores y marcas exteriores. Violencia real o violencia simbólica. Alguien que pasa de alguna manera por sobre nuestros cuerpos con alguna forma de agresión y que dejan señales en el alma o en el carácter de cada uno. Pero también tenemos HUELLAS que son los restos valiosos del pasado que han quedado subjetivados, dentro nuestro. Aceptamos que estén, queremos que estén. Los conservamos, sabemos que nos constituyen. Los TATUAJES son marcas que pretenden. Vivimos en una sociedad donde el culto al cuerpo está a la orden del día. Un mundo donde la apariencia lo es todo, invirtiéndose cada vez más tiempo y dinero en la realización de prácticas que permitan una mejora de nuestro aspecto. Por norma general, el tatuaje es considerado un elemento decorativo más, comparable a cualquier accesorio con el que diariamente adornamos nuestro cuerpo.[1] Pero también es una MARCA que lucha contra la fluidez y el paso acelerado del tiempo. Pero también, siguiendo la analogía, si la velocidad no marca, si nada se puede instituir, si las instituciones eran las operaciones que – por excelencia – dejaba huellas, es necesario hacerse una marca en un mismo, en la epidermis, en lo más exterior de nosotros, porque algo o alguien real o simbólico queda detenido frente al torbellino de la velocidad y del olvido.

(03) Pero además, en nuestra cultura urbana, la noche es patrimonio de los adolescentes y cada vez más de los preadolescentes o niños que intentan parecer mayores.  Ellos son sus dueños, sus protagonistas.  Disponen de ella y la gobiernan, la viven, la disfrutan, la desbordan.

(04)    Para quienes necesitan disfrutar de una experiencia distinta del mundo, la noche es el escenario ideal. La configuran a su medidas y la extienden con “la previa” (el tiempo de amigos y bebidas) y el “después” (un demorado regreso a la realidad, a la luz del día y a la propia casa).

(05)Los adolescentes encuentran en la noche el refugio en el que callan las presiones, las demandas, las críticas de la mirada adulta y los compromisos diurnos. En la noche aparecen otros adultos, los que no comparten los códigos diurnos, sino que construyen el escenario necesario para los códigos de la nocturnidad (más allá de las razones de consumo y ganancia que acompañan estas propuestas y que funciona como una competencia desleal contra la normalidad y las obligaciones de la vida real). La noche es un respiro en el que sienten estar “a salvo” del mundo adulto. La “movida” de la noche se convierte en el escenario donde ponen a prueba conquistas, extravíos, impulsos.

(6)    Pero los adolescentes habitan la noche no solamente a través del desenfreno y la desmesura. Las otras noches, las noches de la semana se arman básicamente en la propia habitación, en torno a la conexión digital o virtual. Televisión, Chat, Facebook, fotologs, mensajes y otras nuevas variantes generan espacios de encuentro en los que pasan horas. Retraídos en sus reductos, se conectan y navegan sin límite de tiempo, hasta altas horas de la noche o hasta la madrugada, aun cuando tengan obligaciones al día siguiente.

En las noches del fin de semana, la fisonomía de los encuentros suele ser otra. Allí la virtualidad deja paso a otro tipo de realidad, diseñada por adultos pero para responder a (o construir) las exigencias de los adolescentes. Todo se alterna con experiencias y vivencias personales y, sobre todo, grupales más variadas.

(07) El tiempo es lo que sobra: en estos tiempos en los que los adultos necesitan tiempo para atender a los desbordes de ocupación (verdadera adicción que altera hasta la salud) las generaciones que los suceden tienen tiempo para regalar. No hay pasado que lamentar, no hay futuro que anticipar, hay un presente que disfrutar. Y sólo el goce es el que da sentido al tiempo, porque para las obligaciones nunca hay tiempo o siempre: “espera”, “después lo voy a hacer”, “todavía tengo tiempo”, “seguramente voy a llegar”… Nunca apagan el televisor, la computadora, el celular porque “no pueden desconectarse”… pero siempre apagan el despertador, las órdenes, los libros, las carpetas, las obligaciones impuestas, porque con ellas no quieren estar conectados.  Y este es un fenómeno que asoma en la niñez y llega cómodamente hasta el nivel superior.

(08) El mapa del sueño adolescente es sensiblemente distinta a aquella de la infancia. En la niñez, la mayor de las dificultades gira en torno al dormirse. La llegada a la adolescencia se anuncia, entre otras cosas, por las dificultades en torno al despertarse. Poner en marcha un nuevo día, salir del sopor del sueño profundo, amanecer al acoso de las exigencias cotidianas del estudio o las obligaciones se convierte en una lucha permanente. Muchas de las diarias discusiones familiares y peleas entre padres e hijos comienzan aquí y frecuentemente se prolongan en las aulas y en las primeras horas: no pueden levantarse o no pueden despertarse.  Hay pulseadas y tironeos en torno a horarios, cumplimientos, responsabilidades.

(09)            Por estas razones los adolescentes defienden y usan su habitación como un reducto propio en el cual refugiarse. Piden respeto por su privacidad, porque pueden reproducir solamente en ese sector de la casa la forma de vivir que les agrada: aislamiento, recursos tecnológicos, desorden, volumen de la música, eventuales consumos, imágenes para empapelar las paredes, ingreso de las personas con las que tienen absoluta confianza. Las habitaciones de los adolescentes suelen ser el sitio de la casa que tiene otra organización de la cotidianidad (noche y día).

(10)            Las nuevas arquitecturas familiares – según los recursos económicos disponibles – han definido este nuevo territorio: las habitaciones construyen mundos separados que se asocian en los espacios comunes que suelen compartirse (no necesariamente) en algunos momentos de la jornada. Basta revisar los horarios familiares para concluir que hay escasos momentos en los que todos los miembros de la familia comparten los espacios. El ideal para los adolescentes es la casa vacía (todos los días o periódicamente) porque la casa entera puede permitir extender los caracteres de su propia habitación.

(11)Curiosamente la ESCUELA y la FAMILIA quedan al margen de estos escenarios: pueden ser sitios en los que se organiza la noche, pero son la contracara de la noche. Especialmente la escuela (con sus insobornables horarios, sus docentes, sus reglamentos y sus exigencias) aparece como una contracultura juvenil, y prolongación del mundo adulto.

(12)El mapa del sueño adolescente es sensiblemente distinta a aquella de la infancia. En la niñez, la mayor de las dificultades gira en torno al dormirse. La llegada a la adolescencia se anuncia, entre otras cosas, por las dificultades en torno al despertarse. Poner en marcha un nuevo día, salir del sopor del sueño profundo, amanecer al acoso de las exigencias cotidianas del estudio o las obligaciones se convierte en una lucha permanente. Muchas de las diarias discusiones familiares y peleas entre padres e hijos comienzan aquí y frecuentemente se prolongan en las aulas y en las primeras horas: no pueden levantarse o no pueden despertarse.  Hay pulseadas y tironeos en torno a horarios, cumplimientos, responsabilidades.

(13)De alguna manera los hijos, los alumnos viven solos, viven sus vidas con una escasa participación de los adultos: a veces porque los adultos no disponen de tiempo para compartirlo con sus hijos; otras porque el tiempo compartido no es aprovechado: cada uno sigue habitando su propio mundo, sin construir la comunicación deseada: comer o viajar sin hablar, anunciar ingreso o egreso (“salgo”, “llegué”, “·¿Hay alguien en casa?”).

Por supuesto que no todos los niños y jóvenes se identificarán con esto, pero hay tres caracteres que expresa esta orfandad: la experiencia de discontinuidad inter-generacional, el desarraigo espacial, temporal y existencial,  y la caída de las certezas básicas.

(14)Tal vez por eso, la misión de nuestra escuela – especialmente en escuelas como éstas – sea la de construir un ámbito de encuentro, de protección, de reconocimiento de la persona en su dimensión más plena. Puede sonar duro, pero la ciudad, nuestra cultura, está atravesada por cierta sensación de orfandad. Es curioso, porque se trata de una orfandad con padres vivos, aunque ausentes, por eso debemos desarrollar y potenciar nuestra capacidad de recepción (“te esperamos”) y protección (“te cuidamos”) porque muchos de los que llegan a nuestras escuelas lo hacen en una profunda situación de orfandad. No se trata de determinados conflictos familiares, sino  una experiencia que atañe por igual a niños, jóvenes y adultos, madres, padres e hijos. Porque frecuentemente los huérfanos son los adultos, son los mismos padres.  Para tantos huérfanos y huérfanas  la comunidad que es la escuela debería tornarse familia, un lugar de encuentro, un espacio de amor gratuito y promoción permanente, de afirmación y crecimiento.

03. TEMA TRES: LA NUEVA REVOLUCION EDUCATIVA

La propuesta consiste en leer el material y marcar las ideas mas importantes, pelearse o amigarse con él texto, y sacar algunas conclusiones como para compartir o discutir cuando nos reunamos nuevamente.

(1) Brunner (2000) destaca tres revoluciones en la educación durante los últimos siglos: (a) Aparición de las escuelas medievales que sustituyeron el paradigma familiar y comunitario por el institucional, con una educación oral y memorística. (b). Creación de sistemas escolares públicos donde comienza un sistema estatal de educación con supremacía del material impreso. (c)  Aparición de la educación masiva para responder a las necesidades de la economía y a la construcción de naciones; dentro de estos parámetros se movió el sistema educativo en los siglos XIX y XX.

(2)      Según Brunner (2000), la cuarta revolución es la que comienza a vivirse actualmente impulsada por el desarrollo de las nuemas tecnologías. Por supuesto, al describir dicha revolución, habla de algo que está ocurriendo, de manera lenta y progresiva, no describe una situación dada. Esta revolución se caracteriza por:

01. El conocimiento deja de ser lento, escaso y estable.

02. El establecimiento escolar sede el paso a otros medios por los que se tiene contacto con la información, se puede decir que deja de ser el canal único mediante el cual las nuevas generaciones entran en contacto con el conocimiento y la información.

03. La palabra del profesor y el texto escrito, dejan de ser el único soporte de la comunicación educacional.

04. La escuela ya no puede actuar como si las competencias que forma, los aprendizajes a que da lugar y el tipo de inteligencia que supone, pudieran limitarse a las expectativas de la sociedad industrial.

05. Las tecnologías tradicionales del proceso educativo, están dejando de ser las únicas disponibles para enseñar y aprender.

06. En este contexto, es posible que la escuela deje de ser una agencia formativa que opere en un medio estable de organización; pues los medios de comunicación y aprendizaje coexisten en un espacio multidimensional, creando la sensación de que nada es fijo y todo depende del punto de vista del observador.

(3) El aprendizaje se ha vuelto más social, y se desarrolla ahora en el campo de las redes sociales virtuales. Los jóvenes utilizan la tecnología para construir amplias comunidades de participación para muchos fines, búsquedas personales, entretenimiento y demás, pero también para fines de aprendizaje, y eso genera una oportunidad, para las escuelas, de enseñar de maneras nuevas. El aprendizaje actual de los estudiantes es mucho más virtual, multimedia y con experiencias multisensoriales. Esta es una generación que creció con la televisión y videos, no sólo viéndolos sino haciéndolos. Cualquiera con un teléfono puede hacer sus propios videos y ponerlos en la Web. Este entorno multimedia también aporta un nuevo aprendizaje conceptual, nuevas oportunidades para aprender, pero también desafía a los profesores y los educadores, de todos los niveles, incluso universitario, para que desarrollen materiales de nuevas maneras.

(4) Básicamente hay que recordar que se produce conocimiento en todas partes, y que esta producción de conocimiento tiene lugar todo el tiempo. No es solamente estando en la facultad o en el aula, sino en la casa, en el lugar de trabajo, en el café; los estudiantes están aprendiendo de otras maneras y aprendiendo información nueva en muchos sectores, la mayoría de los cuales no tienen conexión con la facultad, con el colegio, con la escuela.  Se trata del “aprendizaje ubicuo”. Desarrollar nuevas asociaciones de colaboración con estos otros lugares de aprendizaje y ayudar a los estudiantes en las escuelas a relacionar el aprendizaje que tiene lugar en otros sitios donde están aprendiendo. Las cosas de la escuela son importantes pero también es importante relacionarlas con ese aprendizaje en Internet, en la cultura popular, en los medios y la televisión porque esta es una generación que está aprendiendo en muchísimos lugares y en un montón de maneras distintas. (BURBULES. Entrevista)

(5) Esta idea de “ubicuidad educativa” -se aprende en todas partes y de diferentes modos- ¿en qué medida representa un cambio de paradigma educativo?  Plantea un reto fundamental a las instituciones de educación formal porque antes éstas tuvieron el lugar primordial en el que los estudiantes aprendían: la escuela y la biblioteca. Ahora, con una palm en su cartuchera, pueden tener Internet en su bolsillo. Y los jóvenes tienen Internet en el bolsillo. Si quieren averiguar algo no necesitan ir a la biblioteca, no necesitan preguntarle a un profesor, pueden buscarlo o comunicarse con sus amigos y tal vez ellos lo saben. Esto significa que la enseñanza ahora está ubicada en muchos canales diferentes de aprendizaje distribuido, de aprendizaje en colaboración, que no son controlados por las instituciones formales, o sea que ya no existe ese monopolio. Las escuelas siguen siendo muy importantes, pero ya no desempeñan el mismo papel; siguen siendo el centro de la rueda, pero ese centro está conectado por los rayos a estos otros lugares de aprendizaje donde éste se produce. Y los docentes están desplazándose permanentemente desde el centro a los extremos. (BURBULES. Entrevista)

(6) En cuando a los contenidos es posible que después de la “singularidad digital”, hayan emergido dos clases de contenidos: contenido de “herencia” y contenido “futuro”. El contenido de “herencia” incluye la lectura, la escritura, la matemática, el pensamiento lógico, entendiendo las escrituras y las ideas del pasado, todo el plan de estudios “tradicional”. El contenido “futuro” está en un nivel más alto, no asombroso, pero sí digital y tecnológico. Este incluye software, hardware, robótica, nano-tecnología, genomas, etc. pero también comprende ética, política, sociología, idiomas y otros temas relacionados. Este contenido “futuro” es extremadamente interesante para los estudiantes de hoy. Marc Prensky (2001),

(07)Nuestros nuevos sujetos son hijos de las nuevas tecnologías. Por eso los denominados nativos digitales: (a) prefieren recibir la información con rapidez; (b) les gustan los procesos y multitarea paralelos; (c) prefieren gráficos antes que textos; (d) eligen accesos al azar (desde hipertextos) que un avance sistemático; (e) funcionan mejor cuando trabajan en red; (f) prosperan con satisfacción inmediata y recompensas frecuentes; (g) prefieren jugar en “serio” que trabajar.

(08)Mientras las generaciones anteriores trabajaban con papeles y el formato de referencia era la PAGINA (con sus diversas dimensiones y su posibilidad de lectura y escritura), esta generación tiene como formato las PANTALLAS = CINE, TV (de todas las tecnologías), MP4. MP5, CELULARES, GPS, COMPUTADORAS, CAJEROS AUTOMATICOS, OPERADORES DE OFICINAS Y BANCOS, AGENDAS ELECTRONICAS, PALM, READER BOOK, CAMARAs FOTOGRAFICAS, ETC.

(09)Todos estos pertenecen a una generación que se han mimetizado con los recursos tecnológicos que usa: todo lo que compramos tiene muchos usos, múltiples funciones (además de la función básica que le da identidad al producto), desde un auto hasta una heladera. Pero especialmente los TELEFONOS CELULARES compiten por ofrecerle al usuario TODO: llamar, recibir, hablar, escuchar, escribir, leer, sacar fotos, alarma, mp3, escuchar radio, escuchar música, ver videoclip, ver tv, gps, registrar fotos, registrar videos, etc… También los alumnos son “multitareas” (MULTITASKING), hacen, piensan, hablan, escuchan en el contexto de muchas tareas: bajan música, estudian, chatean, hacen el trabajo atrasado, etc.Y nuestra presencia, nuestra palabra, nuestras obligaciones llegan a ese mundo lleno de tareas, intentando competir con él.  Lo cierto es que “quien mucho abarca poco aprieta”…y frecuentemente personas y productos que quieren hacerlo todo, hace poco y mal. ¿Será esa la tarea de la educación y de la escuela: secuenciar las ocupaciones para hacerlas en serio y bien?

(10)  Nuestros estudiantes son hoy todos “nativos” de la lengua digital específica de los juegos por computadora, video e Internet. Nacieron y crecieron en un mundo informatizado, y son expertos en su manejo. Tienen destrezas y formas de comunicación que los adultos no terminan de asimilar. Esta generación es también conocida como la generación multitarea o multipantallas, y se distingue claramente de los “inmigrantes digitales”, es decir, de los adultos que consideran que las herramientas del mundo digital es motivo de un aprendizaje específico y que hacen la vida un poco más complicada. Por supuesto que no todos los “nativos” – como en todos los órdenes de la vida – tienen dominio de su territorio y que una manifiesta inequidad separa a los que pueden acceder a todo (cantidad) y a lo mejor (calidad) de aquellos que no tienen acceso o lo tienen a productos de escaso nivel.

(11)        Frente a ellos, nosotros los adultos somos los inmigrantes o “migrantes digitales”: hemos llegado al mundo de la tecnología transportados desde un territorio en el que sentía cómodos moradores. No todos pertenecemos al universo tecnológico, sino que nos hemos ido incorporando al mismo, primero con desconfianza, luego con esfuerzo y finalmente con interés. Hay una generación que ha sufrido, protagonizado o atravesado todos los cambios tecnológicos del momento: cine, video, música, teléfono, lectura, escritura. Estos migrantes han hecho – en muchos casos – un poderoso esfuerzo de adaptación. Pero hay algo cierto: siguen perteneciendo a la generación anterior y su pensamiento pudo mantener los criterios del pasado. Tienen los instrumentos para iniciar el diálogo que se requiere. Otros han optado por ser extranjeros o turistas.

(12)        No se trata solamente de una cuestión de uso de nuevas tecnologías (en sí mismo un factor que merece un análisis), sino una nueva manera de conocer, de asomarse al mundo y a la historia, de hablar y de pensar. Los nuevos sujetos no tienen comportamientos y rendimientos diferentes con respecto a las generaciones anteriores: son diferentes porque los nuevos soportes y mediaciones han cambiado su forma de ver, de interpretar y de hacer.  Tampoco debe considerarse como un problema u ocupación de los que enseñan computación, informática o nuevas tecnologías: es una preocupación que deben atender los que enseñan lengua, historia, matemática, ciencias naturales o idiomas. De todos.

(13)    Cuando muchos de nosotros nos educamos, el futuro que nos aguardaba era previsible: uno podía asomarse al horizonte del porvenir y organizar su propia vida. Hoy el mundo es absolutamente fugaz y cambiante. Un periódico afirmaba hace algunos días, al presentar “los trabajos que nos aguardan”: Ser un policía del clima, un granjero “vertical”, un inversor o broker del tiempo o un administrador de basura digital no parece una necesidad apremiante en el mundo actual. Sus nombres, incluso, suenan a ciencia ficción. Pero en veinte años, cuando la vida cotidiana esté ligada inevitablemente a los avances científicos y la tecnología, comenzará a ser común requerir los servicios de uno de estos especialistas y, por qué no, hasta convertirse en uno de ellos.  Llegaron a enunciar 110 nuevas carreras o profesiones, entre las que destacaron las veinte más importantes que tendrán mayor demanda, respaldo económico y proyecciones educativas.

Cuando le enseñamos algo a quienes hoy tienen 6, 10 o 15 años, estamos educando a los ciudadanos del 2030 o del 2050. No es tarea fácil prepararlos: tal vez sea conveniente y necesario, por lo menos conocerlos, porque seguramente relativizaremos los contenidos que enseñamos y exigimos para poner el acento en las competencias que deben desarrollarse, esas disposiciones que no sólo se rinden y se aprueban, sino que quedan como aprendizaje consolidado.

04. TEMA CUATRO: EDUCACION: OBLIGACION O DERECHO

(1)    La educación universal fue un propósito proclamado en el siglo XIX, pero como derecho efectivo pudo consolidarse lentamente a lo largo del siglo XX. En el siglo XXI, EDUCAR-SE – conjugar el verbo educar en primera persona – es un derecho que no sólo debe ser respetado, sino efectivamente promovido y respetado. Y esto es importante porque en los tiempos que corren, frecuentemente se escuchan voces cruzadas por ideologías muy definidas que periódicamente recurren al salvavidas de la educación para domesticar a los bárbaros, para civilizar a los excluidos, para renovar los mecanismos de protección.

(2)    Y aunque en verdad podamos estar viviendo una época en que se pone en riesgo el contrato social que ordena el funcionamiento de la comunidad,  no es menos cierto que para muchos este contrato tiene cláusulas asimétricas: algunos tienen todo el poder y los recursos, y otros sólo existencia social en la medida en que acepten mantenerse fiel al lugar en que un destino insobornable los ha depositado desde su nacimiento, y volverse visibles únicamente cuando los hilos del poder o la marginalidad los potencia.

(3)   Habría que revisar – en este sentido – la figura de DON BOSCO y otros educadores que en el siglo en que la escuela se expandía triunfal por la geografía de la modernidad, ellos se dedicaron a poner en cuestión su presencia y su presunta efectividad. Y propusieron alternativa al modelo hegemónico y normalista de escuela.

(4)   La educación del pasado era UNIVERSAL (derecho) y OBLIGATORIA (deber), y lo era porque representaba un valor para cada sujeto, pero sobre todo una necesidad para todo ESTADO que aseguraba así la construcción de sus CIUDADANOS. En nuestros días, ejercer el derecho a la educación es una prioridad: educarse en un derecho que potencia los derechos, porque conduce al ejercicio – en serio – de los otros derechos, que no descuida los compromisos y las obligaciones sociales, pero que hace más integral el ejercicio de los restantes derechos.

(5)       Porque se necesita EDUCACION para pensar con autonomía, para poder expresar a través de un lenguaje coherente y sólido el pensamiento y las propias ideas, para defender y sostener las propias convicciones, para no subordinarse ni dejarse dominar por el pensamiento y las palabras de otros (ni funcionar con las renovadas formas de esclavitud que representan los distintos clientelismos), para buscar y construir un lugar en la sociedad, para definir el propio ser y quehacer en el campo de la producción y del trabajo, para armar de manera responsable la propia familia y comprometerse con los afectos, para participar de la vida democrática y elegir a los delegados, a los representantes, a quienes nos gobiernan, para darle forma al propio proyecto de vida, para subjetivar los saberse progresivos y necesarios para poder asegurarse alguna forma de trascendencia.

(6)      Eso significa que es necesario PROMOVER EL DERECHO A LA EDUCACION:  seguramente no era lo que pensaba Sarmiento (porque sus ideas y su contexto le impedían imaginarlo) y no es lo que piensan los que resucitan la educación cuando la reactivación económica multiplica los puestos de trabajo y necesitan operarios especializados, especialmente moldeados para sus requerimientos específicos… ni los que reclaman la educación – que silenciaron de los medios y de las agendas públicas durante años – cuando la inseguridad y la exclusión se convierten en un peligro latente o manifiesto.  En cambio es algo en lo que seguramente pensó DON BOSCO y pensaron sus primeros salesianos. ¿Por qué? Porque se trata de crear en todos los SUJETOS la necesidad de educarse, principalmente en aquellos que tienen poco acceso a la educación y en general un acceso a la educación de pésima calidad. Y también en aquellos que disponiendo de recurso acceden a la educación formalmente, pero no lograr educarse, no pueden construir un proyecto de vida que refleje la educación que reciben o han recibido.

(7)    Las cuestiones implícitas o supuestas no siempre son reales, efectivas: si nunca se hacen explícitas y seguras, si no se las nombra y se las convierte en propuesta, construcción o demanda, no existen. Y de eso se trata de armar el ejercicio del derecho a la educación con respuestas no coyunturales o estratégicas, sino estructurales y de fondo.

(8)               Los jóvenes son el futuro de toda comunidad. Que haya cientos de miles de jóvenes que no estudian ni trabajan supone una pérdida insalvable para la sociedad. Y, sobre todo, un fracaso para todos ellos: una vida en vano, una existencia trunca. Cuando esto se produce aflora una triple exclusión: de la enseñanza, de la capacitación laboral, de la esperanza en la propia vida; y quedar afuera de las instituciones socializadoras: la escuela, el trabajo, a veces de la familia. La cultura y las habilidades sociales necesarias para incorporarse como miembro adulto de la sociedad se adquieren en esas instituciones que transforman al niño en ciudadano apto para desenvolverse en la sociedad. Las instituciones de enseñanza, los lugares de trabajo y la familia brindan al niño y al adolescente los recursos para moverse competentemente en el medio social. (Mario Margulis. UBA.)

(9) La escuela no sólo trasmite conocimientos, inicia al niño y al adolescente en los códigos de la convivencia, en el respeto recíproco y en los matices del trato mutuo. El taller y la fábrica adiestran en las habilidades y disciplinas del trabajo, pero también enseñan destrezas sociales y aportan en la construcción de la identidad. ¿Qué queda para el joven excluido de estas instituciones, que no trabaja, no estudia y tiene un hogar problemático? La calle, el grupo de pares, otros jóvenes como él igualmente a la deriva, vulnerables a la droga, a las tentaciones fáciles, a la estigmatización, al delito e incontables riesgos.

(10)      La única manera de convertir el derecho proclama en un DERECHO EJERCIDO es promoverlo en serio desde el rol que nosotros mismos ejercemos como EDUCADORES. Escuelas distintas y educadores comprometidos con nuestra profesión. Un derecho no se lo promueve convirtiéndolo en obligatorio, sino presentándolo como apetecible, necesario.

(11)            Hasta ahora, nosotros los docentes hemos respetado el concepto tradicional de la educación: brindar el servicio para el ejercicio de un derecho que podía tener o no interesados. Los docentes estuvimos allí esperando a los usuarios, a los interesados, a quienes debían venir a la escuela, la agencia social y pública de la educación. A veces logramos convertirnos en educadores de todos; otras, nos vimos sorprendidos y desbordados por la heterogeneidad de la población que nos invadía; y frecuentemente reconocimos nuestra imposibilidad para afrontar los nuevos tiempos.

(1)                Desde hace 25 años, la universalidad de la educación comenzó a poblar las aulas con una masa heterogénea: rompieron los muros y se sentaron en los bancos no sólo los elegidos, los aceptados, los previamente seleccionados por la sociedad, sino, todos: los excluidos, los inesperados, los indeseables, los invisibles, los ignorados. La puerta estaba abierta y entraron: muchos nunca supieron para qué entraron ni comprendieron lo que se hacía en ese extraño lugar. A pesar de ellos se quedaron, sin saber qué hacer allí. Otros duraron poco y un número creciente – a pesar del derecho, de la obligación y de las puertas abiertas – nunca ingresaron.

(2)                Los docentes interpretábamos la partitura que nos enseñaron: era nuestra tarea y aguardábamos que los alumnos respondieran con su propio compromiso: nosotros estábamos para enseñar y ellos estaba para aprender. Esta obviedad se ha quebrado: los alumnos – de cualquier clase social – concurren a las escuelas, ingresan al aula, se sientan en los bancos pero no necesariamente tienen intenciones de aprender. Por eso nuestra tarea cambia.

La tarea que nos aguarda es otra: no es repetir lo que hicimos, sino pegar el salto hacia una nueva realidad laboral, hacia una nueva realidad institucional, principalmente en aquellas escuelas u organizaciones que están particularmente preparadas para ello

(3)                . ¿Y cómo visualizamos esa nueva realidad educativa y docente? (a) capacidad y preparación profesional específica para atender a todos, trabajando sobre la heterogeneidad; (b) saber privilegiar a los que menos pueden (que generalmente son los que menos tienen) porque son los que no son capaces de hacer uso del derecho a la educación, a la buena educación, a la mejor educación: (c) especialización: los docentes debemos crecer – como las restantes profesiones – en diversas formas de especialización: edades, capacidades, situaciones sociales, geografías, instituciones, etc.; (d) capacidad vocacional para convertir la tarea docente no sólo en una espera, sino en una conquista: salir a buscar a los ausentes, a los ignorados, a los que aun no han descubierto las posibilidades que puede brindar una buena educación; (e) conciencia crítica para luchar por un formato integral de la educación y una presencia profesionalmente digna del docente; (f) un ciudadano activo que instala el tema de la educación en la agenda pública y la defiende como una condición necesaria para la transformación de cualquier forma de sociedad.

(4)        No se trata de una tarea fácil, pero será una excelente posibilidad profesional, que le otorga fortaleza y trascendencia a una presencia laboral y social que se ha visto desdibujada en los últimos años. Nadie está obligado a ser héroe, pero es bueno que en la vida haya oportunidades y circunstancias que nos permitan serlo y que tengan el debido reconocimiento.

(5)    Por eso hablamos de la EDUCACION como un derecho humano de CUARTA GENERACION, porque se trata de un derecho que apunta a la calidad de vida social y personal, y para que eso suceda se necesita que ciertos DERECHOS – como éste – sean deliberadamente promovidos, cuando los sujetos (o sus responsables) no quieren ejercerlos. La educación para todos no es sólo una oferta, una obligación proclamada en leyes y discursos, sino una necesidad que los educadores debemos ayudar a descubrir en quienes no logran tomar conciencia. [2] Los llamamos de CUARTA GENERACION porque trabajamos por el efectivo ejercicio de los derechos proclamados en las formulaciones precedentes.

ACTIVIDADES

  1. ¿Coincidimos con estos caracteres o nuestros alumnos no han sufrido cambios?
  1. Desde mi experiencia como docente, ¿reconozco que los cambios que se están produciendo son más profundos y veloces que los anteriores?
  1. ¿Cuáles son los síntomas que cada uno de nosotros observa en los alumnos que tiene a su cargo en el aula y en la escuela?
  1. ¿Cómo vivo esta transformación de los sujetos que aprenden? ¿Gozo, dolor, confianza, frustración, enojo, impotencia, desasosiego, esperanza, búsqueda?
  1. ¿Cómo podemos mantener y reforzar nuestro trabajo docente con estos nuevos sujetos y su nueva forma de ser alumnos?
  1. Relacionen el material presentado, las películas y la propia realidad.
  1. ¿Con qué tipo de alumnos le gustaría trabajar? ¿Con los sujetos del pasado o con los nuevos sujetos del presente?
  1. ¿Pueden compartir con los PADRES los caracteres que tienen hoy los hijos-alumnos en la escuela?
  1. Escriban un breve comentario: ASI SON HOY NUESTROS ALUMNOS

[1] La película “Memento” (Christopher Noland 2000) refleja esta situación: el protagonista Leonard Selebi (Guy Pearce) es un investigador de seguros aquejado de una extraña enfermedad, es incapaz de recordar sucesos recientes. Cuando las pruebas le señalan como posible autor material de la muerte de su esposa, convierte su cuerpo en improvisado lienzo en el que tatuar palabras y frases, que unido a las imágenes tomadas con su polaroid, se van a convertir en piezas de un intrincado rompecabezas, cuya solución permitirá la salvación de su protagonista. En otra película: “Promesa del Este” el protagonista (Viggo Mortensen) tiene 43 tatuajes en su cuerpo Los tatuajes actúan como una metáfora sobre la necesidad de hacer explícita la historia que ha vivido. Todo hombre tiene que mostrar en su cuerpo y en sus tatuajes la historia que ha tenido. No sirven las palabras, sino los testimonio indelebles. Para los judíos de los campos de concentración – desprovistos de todos y en la desnudez absoluta – solamente en el cuerpo se le podría marcar el nº de identificación. Algo que sueñan los que – con los avances tecnológicos – suponen que cada ser humano podría ser identificado con un personalísimo código de barra impreso en su piel.

[2] DERECHOS DE PRIMERA GENERACION: Los derechos civiles y políticos aquellos que inciden sobre la expresión de libertad de los individuos, aunque son derechos que tienen como soporte la filosofía de la ilustración y las teorías del contrato social. Estos derechos están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y los Pactos Internacionales le ponen un límite al poder del Estado, asegurando su autonomía.

DERECHOS DE SEGUNDA GENERACION se incorporan a partir de una tradición de pensamiento humanista y socialista; son de naturaleza económica y social, e inciden sobre la expresión de igualdad de los individuos: se exige cierta intervención del estado para garantizar una acceso igualitario al ejercicio de los derechos para compensar las desigualdades naturales creadas por las ventajas y desventajas de clases, etnia y religión que caracterizan las diferencias sociales de los individuos desde su propio nacimiento. El estado debe garantizar el acceso a la educación, el trabajo, la salud, la protección social, etc., creando las condiciones sociales que posibiliten un ejercicio real de las libertades en una sociedad donde no todos los hombres nacen iguales

DERECHOS DE TERCERA GENERACION responden a la acción de determinados colectivos (grupos) que reclaman legítimos derechos. Protegen determinados grupos de edad, minorías étnicas o religiosas, países con menor desarrollo, sectores  que se sienten afectados por alguna de las múltiples manifestaciones de discriminación y exclusión social. Aparecen aquí como derechos, el respeto y la conservación de la diversidad cultural, la protección del medio ambiente, la conservación del patrimonio cultural de la humanidad.

DERECHOS DE CUARTA GENERACION son los que efectivamente quieren garantizar que los anteriores derechos se pueden ejercer no sólo para bien del estado y de la sociedad, sino para beneficio también de cada uno de los individuos. Y aquí se da un paso más: el bienestar general, la calidad de vida exigen otros contextos: se reivindica la integración de la gran familia humana, la ética planetaria, el derecho a la paz y a la intervención desde un poder legítimo internacional en los conflictos armados; tribunales internacionales que actúen en los casos de genocidio y crímenes contra la humanidad; un desarrollo sostenible que permita preservar el medio ambiente natural.

212. Nuevos sujetos que enseñan (para los nuevos sujetos que aprenden)

  • También los docentes hemos sufrido profundos cambios. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.”  Los educadores también formamos parte de este mundo en transformación y nos hemos contagiado de los caracteres de estos nuevos tiempos. Los insobornables educadores del pasado, asociados con el ejercicio casi sacerdotal de la vocación ha dado paso al pragmatismo del trabajo, de los tiempos remunerados, de la posibilidad de hacer estrictamente lo necesario. Instituciones, padres y sociedad suelen lamentar que la educación no sea la de antes, y generalmente también los docentes son los criticados (con justicia o sin ella).
  • No sólo hay nuevos sujetos que aprenden (nuevos estudiantes), sino que, al frente, hay nuevos sujetos que enseñan, con toda la carga de los tiempos que vivimos (modernidad líquida, fin de la certezas, relativismos, vaivenes  afectivos, necesidad de disfrutar y de pensar en la propia vida).

01. DOCENTE COMO UN ADULTO PROMOTOR DE LA EDUCACION DEL OTRO

  • Lo primero que hay que afirmar es que “ser docentes” implica “volverse adultos”: parece obvio, pero no lo es. En los tiempos que corren “ser adultos” es todo un compromiso y un problema. También se necesita ser adultos para ejercer como padres. Pero padres y docentes que no lo son. No se trata de edad sino de una función profesional. Los educadores para ser tales debemos sacar pasaporte de adultez, es decir de responsabilidad, de autonomía, de cumplimiento, de rigor.
  • Como adultos somos capaces de afrontar nuestra propia vida, de ponerle nombre a nuestro proyecto de vida, porque solamente desde allí podemos orientar otras vidas, ayudar a caminar a quienes recién se inician en el recorrido. Se expresa no en el título o en las habilitaciones, sino en las actitudes y en el compromiso ético.
  • Quien no se ha hecho responsable de su propia existencia, quien vive como un ajeno, lo extraño en su propia vida no puede asumir otras, y no puede hacerlo porque en realidad no sabe cómo. Si no puede consigo, menos podrá con todos los demás.
  • Por lo tanto el primer imperativo que se debe imponer – con la edad que tengan, sean próximos o lejanos generacionalmente con sus alumnos – es pegar el salto y asumir la función de educadores como adultos.
  • El adulto no añora la inconciencia de la adolescencia perdida, los sueños de la juventud. No vive, ni piensa como lo que fue o lo que gustaría haber sino que habla y piensa como adulto: construye sus discursos, arma su vida, asume su trabajo y sus responsabilidades  desde su rol de adulto educador. Cualquier confusión en este sentido pone en riesgo tanto al educador como a los educandos. Si en lugar de profesor los alumnos descubren y valoran a un amigo, esos mismos adolescentes se quedarán huérfanos del educador, padecerán la ausencia de quien debe incentivarlos y guiarlos para el crecimiento, la marcha hacia el futuro que los demanda.
  • ANNA HARENT – en uno de sus conocidos Ejercicios de Reflexión política (BARCELONA. PENINSULA. 2003) – señala:  “La educación es el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad sobre él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes sería inevitable. También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros alumnos lo bastante como para no arrojarlos al mundo y dejarlos librados a sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que ya no podremos hacer nosotros y que les corresponde a ellos: renovar un mundo común”.
  • Por supuesto que el mundo puede cambiar y nuestra esperanza siempre está en lo nuevo que trae cada generación; pero precisamente porque podemos basar nuestra esperanza en lo que está viniendo, lo destruiríamos todo si tratáramos de controlar a los nuevos, a quienes nosotros, los viejos, les hemos dicho cómo deben ser. Precisamente por el bien de lo que hay de nuevo y revolucionario en cada representante de una nueva generación, la educación ha de ser al mismo tiempo conservadora (introducirlos en la novedad del mundo viejo y conocido) y renovadora porque le entrega el mundo a los nuevos para que operen la necesaria transformación.
  • Aquí seguramente hay diversas generaciones de docentes (hasta se podría hacer una rápida investigación para determinar la edad profesional promedio y determinar cómo se han ido produciendo los relevos generacionales): hay expertos y experimentados que tienen mucho territorio recorrido, y hay novatos que sólo están en el primer tramo del camino; algunos tienen un motor eficiente pero con un kilometraje que ya ha dado vueltas al contador digital… y otros son nuevitos y exhiben el lento pasar de los primeros kilómetros. El mundo viejo es propiedad de los expertos, el mundo nuevo es una construcción de los novatos: para ser buenos creadores del mundo nuevo hay que volverse buen conocedor del antiguo; para no quedar prisionero del pasado, es necesario abrir los ojos y el espíritu al futuro.  Si no hay pasado renunciamos a las raíces: si no hay futuro, nos estamos muriendo.
  • Los recién llegados, los novatos, son los más preparados para dialogar con las nuevas generaciones de niños y adolescentes, los que se van incorporando al sistema educativo, pero deben hacerlo no desde la proximidad, sino desde su condición de educadores adultos. Al mismo tiempo que se construyen como docentes, por edad y por cercanía son quienes con mayor facilidad puede de-codificar los mensajes, las demandas, las contracciones, las necesidades  de los recién llegados a la sociedad y a la cultura. Tienen que luchar con un compromiso complejo: ya no pertenecen a la generación de los alumnos y todavía no son totalmente adultos.
  • El docente es alguien que para ejercer su rol debe estar bien consigo mismo, seguro en su ser y en su hacer. Es mucho más que un tema laboral, es existencial.  Es alguien que construye su madurez personal, que tiene criterios, que se maneja con autonomía. Solamente así, los nuevos sujetos (alumnos) pueden descubrir un educador. Y habilitarlo para que ejerza como tal.
  • Esta joven generación de educadores es la que ha padecido todas las transformaciones, ya no tiene una vieja educación para añorar: sólo ha conocido el sistema educativo en continua transformación, y tal vez sean los más indicados para construir el rumbo de la educación que necesitamos, de renovarlo todo.
  • · Para todo ello, es necesario que se reinventen como docentes: que sean distintos, seguros, creativos, dinámicos, cumplidores, responsables, nuevos. Ustedes son los que deben tornar innecesarios a los docentes de las generaciones precedentes, con esa muerte simbólica producen un necesario relevo generacional. Si no lo hacen – nos lo dice Arendt – si se repiten porque nos copian y nos repiten, no se produce la dinámica del cambio, y envueltos en cierta parálisis, podemos asistir a la destrucción del mundo que tenemos.
  • Es frecuente escuchar a los Directores de las escuelas mencionando algunas actitudes, respuestas, maneras de proceder, lenguaje, forma de relacionarse que exhibe  usos y costumbre de los nuevos docentes. Es necesario simplemente procesar las riquezas de los relevos generacionales y ayudar a disciplinar algunos Es frecuente escuchar a los Directores de las escuelas mencionando algunas actitudes, respuestas, maneras de proceder, lenguaje, forma de relacionarse que sienta su presencia en las instituciones escolares a partir de la presencia de estas nuevas generaciones.
  • Frente a los hechos es necesario procesar las riquezas de los relevos generacionales y ayudar a disciplinar algunos aspectos actitudinales que contribuyen a construir el docente que se requiere. En este tipo de sujetos hay formas de ser y de hacer que responden más a  las nuevas costumbres generacionales que a la presencia significativa de un educador. Por eso debemos trabajar mucho y bien.
  • · Y entre los cambios que deben postular es la de cambiar el compromiso por la educación de niños y adolescentes: no se trata de esperarlos, sino de salirlos a buscar; no se trata de enseñar, sino de despertar aprendizajes; no se trata de aprobar a algunos, sino de trabajar sin  desalientos por conquistar a todos; no se trata castigar y desalentar, sino de promover y entusiasmar. La educación como derecho es algo que muchos descubren naturalmente porque tienen un contexto en el que saben que la educación es el pasaporte necesario para conservar o acrecentar lo que ya tienen; hay otros que le reconocen valor, pero no están tan seguros del futuro que – en estos tiempos – se puede conseguir con ella; y finalmente están los que ni siquiera conocen el derecho o lo suponen tan formal como otros derechos que se ejercen en una manifiesta asimetría. No somos sólo los que aguardamos la llegada, sino los que salimos a buscarlos (hay muchas resonancias evangélicas y salesianas en esta actitud), y los que nos des-vivimos por lograr que todas las ovejas permanezcan en el rebaño hasta el final.
  • Los docentes,  especialmente los más jóvenes, son los que deben trabajar por estos derechos: descubrirlos, reconocerlos, promoverlos como derecho.  No somos funcionarios que trabajamos en horarios convenidos, sino adultos que afrontamos plenamente la responsabilidad que asumimos. No sabemos cuán importantes somos en la vida de los estudiantes: a nosotros nos toca asumir nuestro compromiso, porque será la vida la que se encargará de hacer los balances necesarios. No todos los árboles plantados crecerán en el futuro, pero de algunos que veamos grandes y robustos nos sentiremos sus orgullosos promotores.
  • El reconocido pedagogo francés MIRIEU recuerda que el principio de educabilidad se desmorona completamente si cada educador no está  convencido de que el sujeto que tiene como alumno (todos ellos) puede conseguir lo que se le propone, sino él mismo, como educador, es capaz de contribuir a que lo consiga. En otras palabras, el principio de educabilidad desaparece si frente a un ser concreto, el educador no cree, no está convencido que es quien debe intentar a toda costa lograr el éxito: tiene un poder que solamente él puede ejercer. Por poco que ese poder se divida, o disminuya o desaparezca, la educabilidad vuela en pedazos, desaparece en un juego de preámbulos ridículos que condena al sujeto irremediable a la desesperación. Porque en ese caso el educador parece decirle: “puede que consigas tener éxito, pero no conmigo. Vete a otra parte a ver si otro, por casualidad, es capaz de hacerlo mejor que yo., Yo ya no soy responsable de ti y no tengo ninguna razón para creer que aquel al que te envío no termine diciéndote lo mismo que yo te digo”.  Si yo lo educo, si conmigo no se entusiasma, ni aprende, lo estoy condenando a un porvenir indescifrable.

02. PROFESIONALIDAD DE LOS DOCENTES

  • Un docente debe ser un profesional. Y un profesional es alguien que despierta FE y CONFIANZA. Uno visita, concurre, consulta o contrata los servicios de un profesional porque tiene FE en él. Antes se ha informado, ha escuchado hablar de él, sabe de sus trabajos por terceros, obedece las sugerencias de quienes ya han tenido experiencias favorables (FE) y hasta suele desoír a quienes piensan distinto (que son aquellos a quienes el profesional no supo o no pudo responder).
  • El profesional atiende apelando a esa FE que suele reforzar con algunos testimonios de su actividad efectiva: títulos, congresos, reconocimientos, capacitaciones, etc. El mismo ámbito en el que el profesional atiende respira profesionalidad. Y hacen lo propio la palabra, el ambiente, la recepción, porque hay todo un ritual de la profesionalidad con liturgia propia en cada especialidad. Quienes aguardan ser atendidos por el profesional son los que comparten – en grados diversos – la fe y la confianza: ellos dan prueba de que no hemos elegido mal, de que no somos los únicos.
  • Cuando se inicia el proceso el profesional exige confianza y quien acude a la consulta se la brinda: hay expresiones, frases, palabras que refuerzan estas ideas (“Lo que Ud. me indique Doctor”. “Lo que usted diga, Doctor”)
  • Pero inmediatamente el profesional da muestra de que no se ha tenido FE, ni se ha CONFIADO en vano: sabe, demuestra que sabe, responde con seguridad a las inquietudes, reconoce el caso, le encuentra salida a todo tipo de preguntas, situaciones y problemas. El sabe que está allí para eso. No duda: ha estudiado, se  ha preparado y puede resolverlo todo   (o casi todo).
  • Aun cuando haya puntos dudosos (una enfermedad, un juicio, una operación, un negocio), el profesional obliga a confiar, a reforzar la fe, a crecer en la certeza, a tener seguridad acerca de los objetivos que se van a lograr. Y la habilidad de un profesional se demuestra cuando ante la imposibilidad y el fracaso, crea el nosotros el convencimiento de que no es una cuestión personal: ningún profesional lo hubiera podido resolver.
  • Pero hay un dato fundamental: con el paso del tiempo, el profesional DEMUESTRA que era oportuno tener FE y CONFIANZA, porque entrega pruebas, resultados, conclusiones. De alguna manera sus demostraciones hacen innecesaria la FE, pero al mismo tiempo, sin la redoblan y la refuerzan.
  • Por ejemplo: Un médico que diagnostica con seguridad y propone un tratamiento, una serie de estudios o una intervención quirúrgica de riesgo; un abogado que lleva adelante las estrategias en un juicio complejo; un contador que brinda asesoramiento e intervención para reordenar una empresa en riesgo de quiebra; un arquitecto o un ingeniero ante un grupo de inversores que quieren poner en marcha un megaproyecto.
  • Frecuentemente el profesional ordena derivaciones a otros profesionales en quienes él confía para que sus clientes, pacientes o usuarios regresen con mayor información. Los profesionales confían en otros profesionales,  porque ellos lo siguen siendo: no regalan nada de su propio saber, sino que saben cuáles son sus límites y posibilidades. Un profesional sabe lo que no sabe y tiene conciencia de lo que no puede. Fortalezas y debilidades. Oportunidades y amenazas.
  • Así, por ejemplo, es posible, que: el médico vea que el enfermo corre serios riesgos, el abogado vea un tribunal que difícilmente fallara a favor del cliente, el contador anticipe una debacle económica o que el arquitecto observe más problemas que beneficios en la obra propuesta… pero allí están para dirigir el barco en medio de la tormenta. Hasta los fracasos conservan la dignidad profesional. Es verdad: no todos los profesionales son iguales…pero aquellos que se destacan son los que alimentan su trabajo con la FE y la CONFIANZA,
  • ¿Los educadores, los docentes, los que ejercen la tarea de enseñar en cada uno de los niveles somos realmente profesionales? ¿Despertamos la FE y la CONFIANZA en nuestros usuarios y en quienes nos eligen?
  • Nuestra tarea, ¿está precedida por la fama y el buen nombre que anticipa que nuestros alumnos serán educados, serán bien tratados, aprovecharán su tiempo para aprender?
  • ¿Otorgamos siempre las respuestas necesarias y seguridades a los sujetos en crecimiento y a su entorno familiar?  ¿Nos hacemos cargo de los problemas y aportamos nuestra experiencia en la soluciones?
  • ¿Sabemos profesionalmente derivar para que el alumno finalmente regrese con alguna información complementaria y con la intervención necesaria de otros profesionales?
  • ¿Podemos siempre dar cuenta de lo que decimos, de lo que enseñamos, de lo que exigimos, de las evaluaciones, de nuestros criterios, de las acreditaciones?
  • ¿Tenemos autoridad profesional para sugerir más tiempo de estudio, repetir la cursada, ampliar la preparación, corregir actitudes, profundizar los procesos de aprendizajes?
  • ¿Sabemos reconocer lo que sabemos, lo que debemos saber, lo que es competencia nuestra (y por lo tanto no lo negociamos con nadie) y lo que no sabemos, lo que pertenece a otros profesionales?  ¿Somos conscientes de nuestras posibilidades y de nuestras imposibilidades?
  • Tal vez se trate de expresiones de deseo, de una construcción para el futuro, pero lo cierto es que la profesionalidad docente también corre por estos andariveles. Es verdad que difícilmente los docentes son elegidos, sino que llegan dentro de la institución elegida (de la misma manera de que a ciertos sectores de la población le “llegan” los profesionales que los atienden, porque son los que están de guardia, aquellos a los que deben concurrir). Eso no les impide ocupar ese lugar profesional, descubrir la profesionalidad, ganarse el rol, alimentar la FE, la CONFIANZA.
  • Pero, además, todos debemos dar pruebas: dar muestras de nuestra capacidad de respuestas en el día a día de la actividad docente: el ejercicio de sus saberes, la trama relacional, el manejo de las metodología, el trabajo responsable, el cumplimiento de los contratos pedagógicos y didácticos.
  • Es bueno que los alumnos de todos los niveles, los padres de los alumnos de algunos niveles, los restantes actores sociales se encuentren con docentes que pueden dar cuenta (siempre) de lo que son y de lo que hacen, porque ejercen con rigor su tarea y porque son capaces de explicar y justificar decisiones con solvencia profesional.
  • Algunos indicadores podrían ayudarnos a recordar los rasgos de la profesionalidad:

DISPOSICIONES Y COMPROMISOS

conocimientos

profesionales

saber Enseñar

PREPARARSE

compromiso

profesional

Presencia

Responsable

ASISTIR A CLASE
SABER TRABAJAR
MOTIVAR – ATRAER COMPROMETERSE
ENSEÑAR SER RESPONSABLE

empatia

profesional

Capacidad

Relacional

COMUNICACIÓN

ejercicio

profesional

Control y

Disciplina

REGLAMENTO
ALEGRIA Y HUMOR DISCIPLINA
AFECTO CONTROL
CALIDEZ JUSTICIA

indicadores de la profesionalidad DOCENTE

01

Rigor intelectual y actualizado dominio de los conocimientos que enseña.

02

Manejo de los recursos didácticos y del arte de enseñar.

03

Conocimiento psicopedagógico de los sujetos que tiene a su cargo: edad y contextos

04

Hábil y responsable, en el manejo del grupo-clase: control, disciplina, buena relación.

05

Competencias comunicativas básicas

Empatía: relaciones cargadas de entendimiento y afecto

06

Capacidad para promover siempre los aprendizajes de todos: insistencia pedagógica.

07

Trabajo en equipo, articulando la propia presencia con los colegas que comparten los diversos grupos. Posibilidad de búsqueda de soluciones para problemas comunes.

08

Capacidad para brindar informes técnicos y recomendaciones a quienes lo solicitan: padres, directivos, supervisores.

09

Reflexión crítica sobre la tarea docente: revisar el cumplimiento de la misión y función asignada y asumida (autoevaluación).

10

Calidad de vida, realización personal y posibilidad de disfrutar del trabajo.

COMPROMISO ETICO

vocación

esfuerzo

PACIENCIA

honestidad

buen trato

dedicación

abnegación

sinceridad

dignidad

coherencia

COMPROMISO

cuidado

ENTREGA

SENSIBILIDAD

solidaridad

  • Estos subsidios, además de ayudarnos a revisar nuestro rango profesional, son un buen instrumento en manos de los directivos para evaluar a sus docentes y crear un clima de evaluación institucional. Es verdad que legalmente los docentes profesionales y los amateur son docentes que deben ser remunerados de la misma manera, pero, institucionalmente hay momentos en el año (día del educador – final del año – retiros de la institución) en el que podemos promover y reconocer (premiar) a los buenos docentes, a los más profesionales.

03. Conocimientos, estrategias, clima relacional.

  • En  la “sociedad del conocimiento” pueden conocer más los que disponen de mayores conocimientos, aquellos que tienen mayor CAPITAL CULTURAL o representan mayor CAPITAL HUMANO. Conoce más quien sabe más. Y nosotros los docentes debemos ser también protagonistas en la sociedad del conocimiento, cumpliendo el rol que nos corresponde cumplir: los transmisores críticos y sistemáticos de la cultura “vigente”, en el mas amplio sentido de la palabra, sin retacearla y sin circunscribirla a lo que sabemos y alguna vez estudiamos, sino a lo que hoy está vigente y requiere ser transmitido para las nuevas generaciones.
  • Sabemos que el “apropiarse de los saberes” se torna más significativo si se logra dominar los procedimientos para su adquisición, transmisión y producción. No es lo mismo aprender los contenidos de lengua, matemática o biología, que disponer de los recursos o de los medios para saber cómo se adquieren o se producen esos conocimientos. Por eso el que enseña no sólo maneja los saberes, sino los recursos para generarlos. Y los alumnos no son depositarios de una serie de contenidos curriculares, sino que – sobre todo – deberían aprender a apropiarse de los recursos y las estrategias para manejarse en cada una de las disciplinas.
  • La tarea de los docentes consiste esencialmente en enseñar, enseñar a todos, enseñar especialmente a aquellos que menos interés o capacidad tienen para aprender. Para los estudiantes de las generaciones anteriores el aprender era la respuesta natural a la actividad del maestro. Si el docente estaba para enseñar, los alumnos necesariamente debían estar dispuestos a aprender. Este contrato implícito es el que se ha roto. No todos los alumnos concurren a la escuela y están en el aula para aprender, no es una actitud espontánea y natural, sino que representa una de las tareas del maestro despertar el aprendizaje: motivar, llamar la atención, insistir, convencer, comprometer. Por eso, decir que el docente está en el aula para “enseñar” es recordar lo que constituye la esencia de su trabajo, pero que frecuentemente implica un verdadero esfuerzo, si pretendemos llegar con nuestra tarea a todos los alumnos que tenemos bajo nuestro cuidado.
  • El aprendizaje escolar no es una disposición espontánea, natural y universal. Para muchos el aprender constituye un problema. Por eso, el docente es alguien que no sólo tiene profesionalmente la misión de enseñar, sino también el compromiso de enseñar a aprender, de despertar los aprendizajes y lograr que llegue a buen término. Es obvio que los primeros que deben saber aprender son los mismos docentes, a partir de su formación inicial y, sobre todo, en el perfeccionamiento permanente del ejercicio de su profesión.
  • Pero hay una condición que es esencial en los tiempos que corren, que compromete el entorno en el que se desarrollan tanto la enseñanza como el aprendizaje. Se trata de los entornos emocionales, de la empatía, del mundo de los afectos compartidos, del conocimiento mutuo y de la aceptación recíproca.  Si en el pasado la severidad, el rigor, la disciplina y el temor eran instrumentos efectivos para producir esfuerzo, voluntad, aprendizajes y rendimientos, en el presente los nuevos sujetos aprenden más si disponen de un contexto emocional que los respalde. La inteligencia emocional opera  como complemento del ejercicio puro del razonamiento. El concepto de Inteligencia Emocional enfatiza el papel preponderante que ejercen las emociones dentro del funcionamiento psicológico de una persona cuando ésta se ve enfrentada a momentos difíciles y tareas importantes: en los procesos de aprendizajes intervienen una serie de factores, entre ellos y de una manera determinante, lo emocional. No es lo mismo enseñar de una manera indiferente, cansado, con fastidio, con enojo, o hacerlos con dinamismo, con entusiasmo, con alegría e interactuando con los alumnos…y no es lo mismo disponerse a aprender con temor, con aburrimiento, con interés, con la certeza de poder establecer un diálogo con el maestro que enseña.
  • Los nuevos sujetos son sensibles a la empatía que se produce entre el docente y el alumno (o el grupo de alumnos)  La empatía describe la capacidad emocional e intelectiva de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona; posteriormente, eso puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, para poder responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento objetivo cuyo desarrollo requiere un cierto tipo de inteligencia. Las personas con empatía son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones; por eso, poseen normalmente reconocimiento del entorno (son queridos), ya que se anticipan a las necesidades, y saben identificar y aprovechar las oportunidades comunicativas que les ofrecen otras personas.
  • Este clima es el que favorece el entendimiento no sólo en el plano de la enseñanza y de los aprendizajes, sino también en el ámbito del manejo y control de los grupos y en los eventuales problemas de disciplina. El clima relativiza o le otorga la verdadera importancia a los hechos. Empatía, inteligencia emocional, entornos emocionales no se adquieren sólo por disposiciones naturales (personalidad y carácter de cada docente) sino por formación. Nadie nace sabiendo y frecuentemente nos hemos encontrado con modelos docentes que nos han pegado muy fuerte y que operan como moldes o modelos que tendemos a repetir o imitar, para bien o para mal. Por eso es necesaria la formación y el perfeccionamiento permanente. Y hay mucha literatura al respecto, así como hay estrategias recomendables para poner en acción las ideas. La experiencia del aula y el paso de los años contribuye a la consolidación de estas cualidades, porque requieren una personalidad segura que construye sus relaciones sobre su profesionalidad y una sana relación con el medio.  No debemos olvidar que es verdad que los entornos emocionales favorables son una fuente de generoso clima para la enseñanza y el aprendizaje, así como las situaciones contrarias (malhumor, enojos, agresiones, amenazas, temores mutuos) provocan  situaciones muy conocidas y siempre difíciles de manejar.
  • Todos conocemos ejemplos en las diversas instituciones en las que trabajamos. Directores, profesores, maestros, preceptores que tienen un don notable de empatía relacional y generan un clima envidiable en las aulas: buen humor, buena onda, cumplimiento, exigencia, un clase serenamente ordenada pero sin gritos y posturas rígidas. Lo saben los directivos, lo valoran los alumnos y lo registran los mismos padres… Y en el otro extremo sabemos que existen docentes que generan conflictos, alteran a los alumnos, no logran resolver serenamente las situaciones, vuelcan sus frustraciones en sus palabras y en sus clases. Y esto también es reconocido por la comunidad.
  • En esta dirección podríamos recordar la vigencia de nuevos códigos o lenguajes con los que debemos dialogar. Sin la consistencia con que nos manejamos con nuestros saberes, sino dispuestos a aprender de nuestros alumnos. Más allá de lo que decidamos acerca de la intraducibilidad de los lenguajes y que afirmemos que hay temas y problemas que no pueden convertirse en juegos, power point, videoclip o película, lo cierto es que caemos en el mismo error cuando suponemos que el único lenguaje de la enseñanza es el que monopolizamos por milenios los inmigrantes digitales. Lo peor es que podemos seguir pensando que es – para siempre – el único lenguaje posible, cuando no sólo a las puertas, sino a las ventanas y a los muros, los sacuden los golpes de los nuevos lenguajes. Ha llegado la hora de hablar con fluidez, la de los nativos digitales, sabiendo (nos duela o no, nos enorgullezcamos o no, lo disfrutemos o no) que en 10 o 20 años más todos los que enseñen serán nativos digitales, y allí otra cosa será el cantar. (PISCITELLI Alejandro, 2003)
  • Frecuentemente, en el campo de la medicina y de los centro de salud, se habla de los “virus intra-hospitalarios”. Podríamos revisar la educación y las escuelas para comprobar que allí aparecen también otro tipo de virus institucionales, de los que se contagian los actores que circulan por la institución. Tal vez por esa razón, los educadores solemos padecer entre las enfermedades profesionales, una curiosa enfermedad, una especie de virus pedagógico e intra-escolar. ¿En qué consiste esa extraña patología, a menudo a-sintomática? Pareciera que como docentes, maestros, profesores, debemos poseer todas las respuestas, dar cuenta de todos los interrogantes, correr presurosos a acallar todas las dudas: en la escuela no hay lugar para la ignorancia; si es el templo del saber no puede haber ateos en su interior, no se tolera el desconocimiento de los dogmas y no pueden mostrar ninguna vacilación sus sacerdotes.
  • En la sociedad del conocimiento, lo que abunda y sobra es, precisamente, conocimiento: los docentes no deberíamos privilegiar – fieles a la tradición – la posesión del saber, sino la capacidad permanente de aprender. El docente es alguien que sabe, pero es también alguien con una envidiable capacidad de aprendizaje, a quien ningún saber le es ajeno, y de todos tiene algo que aprender.
  • Hay un nuevo proceso de ALFABETIZACION por el que el circuito de aprendizaje es bidireccional: los alumnos aprenden de sus docentes (lo que parece ser connatural a la escuela misma) y los docentes deben desaprender y volver a aprender de sus alumnos, especialmente en aquellos temas y problemas en los que los representantes de las jóvenes generaciones pueden explicarse a sí mismos. Algo análogo sucede con el conocimiento y el uso progresivo de las nuevas tecnologías.

04. RECUPERAR LA AUTORIDAD DEL EDUCADOR

  • Especialmente en estos tiempos, la autoridad ha quedado envuelta en diversas discusiones y ha ido a parar, frecuentemente, a algún vergonzoso rincón de las instituciones. Por momentos era una exageración que recordaba los años de plomo y por otra una demanda desesperada frente a situaciones de desborde y descontrol.
  • En realidad, lo que se discute y con razón la vigencia del antiguo formato de la autoridad, aquella con la que fueron educadas numerosas generaciones: es posible que hoy, un padre, una madre o un docente logren más, cargando de vínculos afectivos la advertencia, el reto o la orden: cuando el que educa o enseña conquista el grupo afectivamente, lo cruza de humor y de buena onda, lo hace partícipe de su insobornable vocación (no sólo obligación) de enseñar, es posible que los que aprenden se pre-dispongan mejor.
  • Por eso, especialmente en estos tiempos hay clara diferencia entre la autoridad formal y la autoridad real: son los alumnos, los nuevos sujetos los que tienen una fina percepción al respecto. Ellos saben cuando un director, un maestro, un profesor ha sido designado (con títulos, concursos, intervención  de diversos organismos) pero no tiene autoridad para ejercer el rol. Es como el padre que no puede ser padre, o la madre que no tiene capacidad para demostrarlo en la educación de sus hijos. Por el contrario, descubren a quienes tienen autoridad real: una autoridad basada en su personalidad, en sus convicciones, en  la seguridad con que se maneja, en sus conocimientos y en el interés en lograr lo mejor de todos. Se trata de la autoridad moral, una autoridad que se acepta simplemente por lo que es.
  • Aunque los padres, los docentes, los directivos puedan ser un lugar de autoridad, en los días que vivimos, esos territorios deben ser conquistados, recibiendo la aceptación por parte de los hijos, los alumnos, los miembros de la comunidad. Como en todos los procesos de conformación de las relaciones sociales, la autoridad SE CONSTRUYE a partir de la inter-relación que desencadena: hay una construcción subjetiva y recíproca tanto del que ejerce la autoridad como de quienes están a su cargo. Estos procesos implican encuentro, reconocimiento, adaptación y crecimiento en un movimiento progresivo y solidario.
  • En el pasado la sola presencia de los padres o de los educadores imponía silencio, respeto, admiración, reconocimiento, orden, control, cumplimiento y se descontaba que estaban para reprender, disciplinar, enseñar. Pero a su vez, en la familia ser padre o ser madre implicaba un rango, una  capacidad de ser tal, no por mera cuestión del azar, así como los maestros o los profesores enseñaban porque sabían, sabían mucho más que lo que transmitían, disponían de un cuerpo de saberes indiscutibles y demandaban naturalmente – como forma de respuesta y de respeto – el aprendizaje de los alumnos. Es decir que – en el pasado, tanto en la familia como en la escuela – la autoridad formaba parte de una habilitación natural y cada uno estaba en el lugar indicado, haciendo con responsabilidad lo que le correspondía y siendo reconocido como tal.
  • Hoy hablamos de HABILITACION, de construcción de la autoridad, tanto de los padres como de los docentes, porque los sujetos (hijos y estudiantes de diversas edades) van habilitando a quienes están con o frente a ellos.  Habilitar viene de “volver hábil” e implica hacer apto o capaz para una cosa determinada. Implica reconocer, facultar, conceder, delegar, acreditar. En suma no sólo aceptar, sino re-conocer la autoridad.
  • Los alumnos han tomado por costumbre HABILITAR a los docentes y a los adultos. Nadie es reconocido sólo por ocupar un lugar o cumplir una función. Los padres ejercen su rol y funcionan como tales, solamente si sus hijos “los habilitan como padres” (entonces los escuchan, los consultan, los tienen en cuenta); de lo contrario los ignoran, los desconocen, y a veces, los sub-estiman. Y con los educadores escolares pasa lo mismo: el maestro en el aula, el preceptor en el patio o el director en la institución son “habilitados” como autoridad, reconocidos como tales. En estos casos, los alumnos los estudian, miden sus conocimientos, sus cualidades, su capacidad de relación… y, si lo creen oportuno, “los habilitan” para atenderlos, obedecerlos, registrar sus mandatos, estudiar y aprender. En este sentido, todos nosotros podemos recordar las variadas experiencias que hemos disfrutado o padecido cuando ingresamos por primera vez en un curso, en diversos momentos del año (principalmente al iniciarse el año escolar).
  • El docente habilitado es quien recibe implícitamente la aprobación del grupo, de los interlocutores: “sabe, puede enseñarnos, seguramente podremos aprender con él”. Nunca se trata de discursos o de proclamas, sino de implícitos que emergen por canales informales. El maestro (o el profesor) habilitado es el que logrará desencadenar verdaderos aprendizajes.  Y lo logrará más si dispone de un repertorio de estrategias para conseguir los fines establecidos.
  • ¿Qué autoridad?  No tanto la de la justicia y el orden, la de los reglamentos y la disciplina, la de los premios y los castigos, la de las inclusiones y las exclusiones, sino sobre todo la autoridad del cuidado, de la responsabilidad, generadora de permanentes aprendizajes, la que oficia de plano, de mapa, de GPS para los complejos territorios de la propia existencia, la que acompaña el progresivo paso de la heteronomía a la autonomía, de una edad a la siguiente, la que nos permite crecer y la que nos fuerza a crecer (nos despierta, nos sacude, nos violenta). Una autoridad educativa que combina el amor con la exigencia, el rigor con el respeto al otro, la entrega con la demanda de respuestas. No necesita competir, no se alimenta del temor, sino de la confianza, de la fortaleza moral, de su riqueza interior.
  • La autoridad – en suma -  es un fuego que ilumina, es el buen pastor que guía y cuida a sus ovejas, es un árbol sólido y frondoso que protege, es la casa familiar que nos refugia y nos ampara, es una brújula que guía nuestros pasos, es un artista (un director de orquesta) que sabe sacar lo mejor de cada uno, es una fuente de agua pura que siempre tiene algo para darnos y decirnos, que se alimenta del diálogo sincero y que habilita al mismo tiempo la pregunta y la respuesta, la escucha y la palabra.

ACTIVIDADES

  1. Revisar y discutir los temas desarrollados: adultez, profesionalidad, conocimientos y autoridad.
  2. Marcar y exponer algunas afirmaciones que necesitamos resaltar o revisar.
  3. ¿Es más fácil o más difícil ejercer la docencia en nuestros días?
  4. ¿Qué es lo que más aprecian y lo que más critican los padres de los docentes?
  5. Piensen en sus alumnos actuales: ¿realmente están trabajando para brindarles a todos la mejor educación?
  6. Institucionalmente, ¿cuáles son las debilidades y las fortalezas de los docentes?
  7. Formulen CINCO propuestas para un “plan de mejora institucional”.
  8. Formule CINCO propuestas para un “plan de mejora personal”.
  9. Redacten una propuesta para poner en marcha un plan de evaluación institucional

05. CONCLUSION: QUERIDO/A MAESTRO/A, PROFESOR/A, EDUCADOR/A:

Siempre escucho tus pedidos, tus retos, tus órdenes. Hoy quiero expresar lo que necesito y decírtelo de la mejor manera posible, pero no quiero ofenderte con mis palabras, sino ayudarte a cuidarme más.

  • Enséñame cómo aprender y no sólo qué aprender, a pensar y no únicamente qué debo pensar. Así desarrollaré mi inteligencia y mi pensamiento, y no simplemente mi memoria.
  • No me retes delante de mis compañeros. Me haces sentir humillado y recibo la burla de ellos; aceptaré mejor tus correcciones, si me lo haces de manera serena y en privado.
  • Señálame mis cualidades y reconoce mis habilidades. La confianza que desarrollo en mis capacidades me anima a esforzarme y me hace sentir valioso y descubrir mis potencialidades.
  • No me trates con gestos despectivos. No me grites ni me insultes. Me haces sentir menospreciado y pierdo el interés para corregir mis faltas o debilidades.
  • Ten en cuenta mi esfuerzo y mi progreso, no sólo los resultados finales. A veces con poco esfuerzo logro mucho…, pero es más meritorio cuando pongo todo mi empeño, aunque logre poco o menos que lo esperado.
  • Al tomar las evaluaciones, confía en mis posibilidades, y       no anticipes mi fracaso. La evaluación no es un partido revancha. No me anticipes que no aprobaré o que nunca podré saber nada. Mis notas deben reflejar mi desempeño y no lo harán si las utilizas como represalia.
  • Registra y recuerda lo que hago bien, y no sólo lo que está mal. Cuando subrayas mis éxitos y no sólo mis fracasos, me siento motivado a seguir mejorando.
  • Espero que me corrijas, pero necesito que lo hagas sin maltratarme. Si me atacas deterioras mi autoestima y no contribuyes a mejorar mis defectos y debilidades.
  • Trátame con cariño, educación y respeto, porque yo debo aprender de ti el mismo trato. Así te admiraré y, por lo tanto, desarrollaré un profundo respeto por ti. Ten en cuenta que aprendo más de quien aprecio que de quien me desprecia.
  • Si haces promesas, cúmplelas. Si anuncias algo que no nos gusta (obligaciones o evaluaciones, por ejemplo) mantén la palabra empeñada, porque si no, no te tomaremos en serio. Pero si nos exiges a nosotros no dejes de mantener contigo también las exigencias: a nosotros nos gusta que nos cumplas.
  • Procura preparar tus clases y hacerlas amenas e interesantes, y favorecer la participación de todos. Me aburro cuando todo es rutina, siempre escuchamos tu voz y no podemos aportar nada.
  • No tengas preferencias, ni preferidos y trátanos con justicia. Cuando alabas a unos e ignoras a otros, deterioras nuestras relaciones y creas enemistades y desconfianza entre los compañeros.
  • A veces tus explicaciones no son claras o suficientes para mí; si pregunto, es porque quiero entender y aprender. Y a veces no te he prestado la debida atención, pero necesito de tu palabra para aprender.
  • Para que nos portemos bien y seamos disciplinados no nos ruegues, no nos grites, no nos amenaces. Te obedeceremos cuando exijas con firmeza y sin animosidad. Y siempre tienes que conocer al grupo con el que trabajas: no todos somos iguales, ni responsables de las cosas que suceden.
  • No aceptes  excusas, postergaciones o ruegos por el incumplimiento de mis tareas. Sé que debo asumir las consecuencias de mis faltas, y por tanto debo responsabilizarme por mis deberes.
  • Muéstrate feliz por la tarea que realizas, porque tu alegría y buen humor serán contagiosos y seguramente nosotros podremos trabajar con mayor serenidad y compromiso.
  • No te apures por cosechar. Nosotros somos un territorio en que cada día siembras las semillas de árboles diversos que crecerán cuando ya no estés. Aunque no te lo digamos y nunca te volvamos a ver, sabemos que serás el responsable de la cosecha futura.

211. Crecer en estos tiempos (dos canciones para trabajar)

JULIAN ZINI: A Orillas de tu Silencio

Duerme tranquila hija mía,
que está velando tu sueño
el corazón desvelado
de tu papá compañero.
Duerme nomás que entretanto,
y a orillas de tu silencio,
voy a contarle a tu madre
lo que entre mí a veces pienso.

Adónde irás con los años,
adónde te lleva el tiempo;
quién llegará, cómo y cuándo,
para ser tu compañero.
Cómo me cuesta perderte
ser tuyo y no ser tu dueño;
quedarme solo en testigo
y no apuntalar tu sueño.

Busco en mí la palabra que te debo y no la encuentro.
Quiero hacerte un regalo que te sirva y no tengo.
Te acaricio y me tiembla la ternura en los dedos.
Me preocupa quererte y no sé cómo hacer.
Me recibí de padre como si fuera un sueño.
Puesto a andar en la vida, tropecé con los hechos.
Me enseñaron de chico que el amor era ciego
y segado de amor no pensé nunca en ésto.
Con traerte a este mundo solté un río tremendo
que se fue de mis manos, que se fue de mi tiempo.
Cada día que pasa sos distinta y confieso
que no sé que decirte más allá de mis besos.
Como yo y como todos sé que sos un misterio,
un inmenso posible y un hermoso proyecto.
Yo, tan sólo un testigo que te sigue de lejos
con el alma en los ojos y soñando un encuentro.

Qué haremos tu madre y yo
sino darnos por enteros,
sabiendo que nuestros hijos
son ellos y no son nuestros.
Cómo seguirlos de cerca
por amor y no por celos;
Cómo hacer que nos elijan
como padres verdaderos.

PEDRO GUERRA : LARA

Lara está creciendo
a pesar suyo descubriendo
que crecer es ir perdiendo
las ventajas que nos daba la niñez

Lara está creciendo
a pesar nuestro sorprendiendo
por lo rápido que pasa el tiempo
y en el horizonte la vejez

Lara atravesando el túnel de la confusión
Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no

Lara pretendiendo
ser más rápida que el viento
y escogiendo sólo aquello
que la vida nos regala con placer
Lara que se siente triste que se siente rara
Lara hace equilibrios en el puente que separa
el pasado del mañana  

Lara discutiendo
lo sencillo y lo complejo
ignorando los consejos
inventando por sí misma el devenir

Lara decidiendo
qué hay que hacer con este incendio
y se quema con el fuego
de la vida y el impulso de vivir

Lara atravesando el túnel de la confusión
Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no

Lara está creciendo
y se observa en un espejo
que confunde su reflejo
pero busca porque quiere ser feliz
Lara que se siente triste que se siente rara
Lara hace equilibrios en el puente que separa
el pasado del mañana.

210. Nuevos padres para los nuevos sujetos (siglo XXI)

01. Las cosas están cambiando para todos: no sólo son distintos nuestros hijos, la escuela, las salidas, los horarios, las diversiones, su lenguaje, sus gustos o costumbres, sino que también nosotros somos distintos.

02. Por eso, en este encuentro, vamos a hablar de nosotros, no de nuestros hijos, entre otras cosas, porque no están presente para escuchar, aportar su visión, contra-argumentar o defenderse. Vamos a hablar de nosotros. Y los beneficiarios serán nuestros hijos. Es fácil decir lo que nuestros niños y adolescentes deben o no deben hacer: decirlo aquí, en esta charla, que lo diga yo y que ustedes estén de acuerdo o me corrijan. El problema es decirlo esta noche o mañana en casa, o el fin de semana o el domingo por la tarde o al llegar las vacaciones o en las situaciones concretas.

03. Todos ustedes hace rato que se han recibido de padres y, por lo tanto, no necesitan que yo le entregue recetas para hacer lo que ustedes saben hacer: tal vez necesitemos reflexionar juntos qué debemos ser como padres para que nuestra palabra, nuestro consejo, nuestras advertencias, nuestras correcciones, nuestras diversas formas de presencia tengan posibilidades de llegar a nuestros  hijos.  En palabras de un com-provinciano reconocido: Busco en mí la palabra que te debo y no la encuentro. Quiero hacerte un regalo que te sirva y que no tengo. Te acaricio y me tiembla la ternura en los dedos. Me preocupa quererte y no sé cómo hacer.

04. Si nosotros mejoramos, nuestros hijos serán mejores: si nosotros ajustamos nuestra forma de ser y de obrar, si somos mejores y asumimos nuestro rol de padres, seguramente ellos responderán mejor. Tal vez los padres del pasado no eran mejores educadores, no vivían pensando en la educación que necesitaban sus hijos, sino que se limitaban a “ser padres”, a “hacer sencillamente y todos los días de la vida lo que debían hacer”. Seguramente tenían miles de problemas (económicos, laborales, matrimoniales) pero nunca negociaban la responsabilidad principal por el que habían formado una familia: hacerse cargo de los hijos. No basta con tener un hijo para ser padre o madre. Uno tiene que hacerse padre, hacerse madre (“Me recibí de padre como si fuera un sueño. Puesto a andar en la vida, tropecé con los hechos”) Y, además, se puede ser huérfano aunque los padres estén vivos. De hecho habitamos en una sociedad de hijos huérfanos: una sociedad en la que chicos y adolescentes carecen de padres, de referencias, de límites y de valores que den sentido a sus vidas. Nadie nos obliga a ser padres. Si decidimos serlo, debemos ejercerlo: es compromiso del que no podemos retirarnos, aunque los contratos entre los adultos puedan legalmente disolverse.

05. En esta  tarea, todos somos iguales, todos somos igualmente padres: no hay títulos que podamos conseguir. Nadie es más padre que otro, y los títulos que exhibimos, los trabajos o las profesiones, la clase social o la ubicación geográfica, la abundancia o la pobreza no otorgan jerarquías ni privilegios. Hay mejores padres y mejores madres simplemente porque ejercen esa función, se hacen cargo de esa responsabilidad, y obtienen buenos resultados. Y hay padres peores o simplemente malos padres porque se bajan de su rol, se borran, desaparecen o simplemente están aunque no cumplen ninguna función. Los hijos que viven la peor de las orfandades no son los que tienen a sus padres muertos, sino aquellos que tienen a sus padres vivos. Padres vivos e hijos huérfanos es la peor ecuación imaginable, porque son los padres ausentes, los que se borran, los que nunca están (porque no quieren, porque no pueden o porque no saben).

Algunos han desertado de su compromiso porque han interpretado que las relaciones familiares debían ser democráticas, cuando en realidad en la familia (como en otras interpretaciones) las relaciones son asimétricas y es necesario que se afirme el sentido de la autoridad. Otros han crecido discutiendo el poder y la autoridad de sus padres y como reacción se han convertido en rehenes de sus propios hijos. Y están los que han desarrollado un sentimiento de culpa (por el tiempo que le dedican al trabajo, a los viajes, a la vida social, a los negocios) que pagan con una falsa conquista de sus hijos. En los tres casos, los padres no saben o no desean cumplir con su rol. Y en esto no hay sustitutos: lo que los padres dejan de ser o hacer, no lo reemplaza nadie y lo paga toda la sociedad.

06. Lo primero que necesitamos es volvernos adultos, ser adultos. El adulto es alguien que asume la autonomía y la responsabilidad. En estos tiempos en los que muchos adultos quieren ser o parecerse jóvenes, la función de padres los coloca en el lugar del adulto, más allá de la edad que tengan como papá o mamá. El adulto renuncia a formar parte del bando de los jóvenes, a comportarse como joven que puede aun ser inconsciente, tomas la vida en broma y depositar la responsabilidad en otros. Los padres adultos toman decisiones, asumen riesgos, de hacen cargo de los hijos, saben que son sus últimos responsables hasta que alcancen su propia autonomía o adultez. Volverse adulto incomoda, nos quita de la tranquilidad, nos pone en un lugar autoridad, en el que decidimos sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Por eso muchos padres prefieren renunciar a ese rol y proponer una presencia de amigo y compañero: porque el amigo puede funcionar como confidente, como cómplice, respaldo y ayuda, pero no asume la responsabilidad por el otro. El desafío es construir unos padres que no sean autoritarios como fueron los suyos, pero que tengan la capacidad de contener y educar sin miedos y sin culpa. El adulto no añora la inconciencia de la adolescencia perdida, los sueños de la juventud. No vive, ni piensa como lo que fue o lo que gustaría haber sido. Habla y piensa como adulto: ama, vive, construye sus discursos, arma su vida, asume su trabajo y sus responsabilidades desde su rol de adulto educador. Cualquier confusión en este sentido pone en riesgo tanto al educador como a los educandos. Si en lugar de padres, los hijos encuentran un compañero, si en lugar de profesor los alumnos descubren y valoran a un amigo, esos mismos hijos/alumnos se quedarán huérfanos de educadores, padecerán la ausencia de quienes deben incentivarlos y guiarlos para el crecimiento, la marcha hacia el futuro que los demanda.

07. Por eso es imprescindible restablecer el sentido preciso de la autoridad. La autoridad siempre es sustantivo  y remite a una posesión fundamental: lo que es o lo que se tiene. No existe un verbo que ponga en funcionamiento la autoridad, porque la autoridad es una propiedad fundamental de quien la posee. Pero no es dado simplemente por “tener un hijo”, sino porque uno aprende a tener y a ejercer esa autoridad de padre o de madre de familia. Más que un título es una conquista, una construcción: los padres se vuelven dignos de ejercer la autoridad, porque sus hijos los “habilitan”, los reconocen como tales. No es una imposición arbitraria, que se maneja con órdenes y gritos, sino una presencia que habla, indica, prescribe pero que sabe hacerlo siempre pensando en el crecimiento de sus hijos. Pueden disponer cuestiones agradables, difíciles o dolorosas, pero no pretende ampararse en la simpatía, sino en el amor, algo que supone estar siempre en los buenos y en los malos momentos, a la hora de conceder y de prohibir. Los hijos de este tiempos, de las últimas generaciones han tomado por costumbre ”habilitar” a los referentes y a los adultos. Nadie es reconocido sólo por ocupar un lugar o cumplir una función. Los padres ejercen su rol y funcionan como tales, solamente si sus hijos “los habilitan como padres” (entonces los escuchan, los consultan, los tienen en cuenta); de lo contrario los ignoran, los desconocen, desprecian. Habilitar viene de “volver hábil” e implica hacer a alguien o algo hábil, apto o capaz para una cosa determinada; dar a alguien el capital necesario para que pueda negociar por sí. Y de eso se trata: padres con autoridad saben siempre que es lo que hay que decidir y lo hacen pensando sólo en el bien de sus hijos: no deciden por miedo, por moda, porque lo hacen otros padres, para conquistar a sus hijos, para ocultar sus debilidades. Lo hacen porque hay que hacerlo, sin que falte la capacidad de escuchar, dialogar y consultar también a sus hijos.

08. Necesitamos fortalecer los tiempos y espacios familiares, de encuentro familiar. No se trata de vivir juntos, de con-vivir, sino de encontrar tiempos y lugares para hablar, dialogar, escuchar, hablar. Los padres tienen cosas para comunicarles a sus hijos. Los hijos tienen cosas para comunicarles a sus padres. No se puede hablar en el curso de un almuerzo, con la televisión resonando en un extremo y llamados de teléfono. Tampoco en un momento en que estamos nerviosos, cansados, ansiosos, vulnerables. Necesitamos “buenos tiempos”, “tiempos oportunos” que saben encontrar el lugar adecuado: la casa, un bar, una caminata, una actividad juntos, un viaje.  La calidad de la comunicación se mide por la capacidad de escuchar con todos los sentidos: mirar, oír, estar. Puede pasar que la palabra de nuestros hijos nunca sean escuchadas: nosotros estamos allí, pero seguimos metidos en nuestros mundos personales.  Muchas de las patologías que socialmente lamentamos en el campo de las adicciones provienen de la incapacidad o imposibilidad de hablar. Nuestros hijos hablan para que los escuchemos. Si no los escuchamos, no hablan más.

“No puedo hablar con mi hijo. Está siempre encerrado en su mundo”.  Puede tratarse de una personalidad adolescente muy cerrada,  a quien le cuesta comunicarse. Pero puede suceder que sea alguien a quien nunca se ha escuchado, siempre silenciado o ignorado. La respuesta del hijo será natural: ahora no hablo más. Y hay tantas otras frases: “Papá, ¡vos nunca tenés tiempo para nosotros!”, “Mamá, tenés todo el tiempo para tus amigas y tus actividades, pero para nosotros, nada”.”Ustedes se preocupan por comprarnos todo, pero nunca quieren escucharnos. Pareciera que no les interesa conocer nuestros problemas”. En los verdaderos encuentros, aparecen los temas de fondo, aquellos que nos cuesta abordar (tanto a los padres como a los hijos): enamoramiento, sexualidad, salidas, excesos, consumos, bromas, mentiras, travesuras, criterios morales, lo bueno y lo malo, amistades, fracasos, riesgos.  No siempre escucharemos cosas agradables, pero para eso estamos para intervenir como padres en el momento justo.

09. Necesitamos desarrollar y crecer en la cultura del cuidado, hacer de la familia un lugar del refugio y del amparo. Frente a nuestra sociedad actual que exhibe mayores niveles de peligros, inseguridades y riesgos, los padres debemos crear una red, una relación de hospitalidad, de acogimiento, de protección. Esta cultura del cuidado es la que aparece en la frase con que despedimos a los que queremos: “¡Cuidate!”. Cuidar implica ocuparse, preocuparse, estar junto, servir de respaldo, dedicarse. 

Instalar la cultura del cuidado es la única manera de sobrevivir en un mundo demasiado ancho, demasiado ajeno, inhóspito, sumergido en múltiples formas de orfandad. Y ese el mundo en el que se  ingresan nuestros hijos. Cuidar a los hijos, hacernos cargo de ellos, protegerlo para sentirse uno mismo cuidado, protegido, respaldado. Es lo que hemos hecho siempre – especialmente las madres – cuando han tenido alguna enfermedad. Esta cultura del cuidado es más general: porque hay otras amenazas, otras enfermedades. El cuidado valora al otro, recupera su iniciativa, respeta su pensamiento, se hace cargo de sus limitaciones, construye a partir de sus defectos, promueve el crecimiento de cada uno de ellos. En cada edad “los cuidados” son diferentes: porque sabemos que hay una clara diferencia entre la protección y la sobre-protección: entre cuidar e impedir el crecimiento, la posibilidad de comenzar a volar solos. Y nuestros hijos también deben acostumbrarse, aceptar nuestro cuidado, porque ésa es nuestra función, siempre que en el intento por cuidarlos no los ahoguemos. Y es verdad que siempre hubo problemas y peligros, pero hoy la situación parece más complicada. Hay una canción de los OLIMAREÑOS que refleja una realidad que no es la nuestra:

Yo me quedaba sentado en sus rodillas Me quedaba dormido con mi padre. Me quedaba dormido, en el medio de aquella maravilla Y yo soñaba,  cuando ellos conversaban, mi madre preguntaba por el mundo. Mi madre preguntaba, y mi padre sonriendo contestaba. Y era tan linda, y tibia  la cocina Y allí todos reunidos y apretados, y allí todos reunidos….., el mundo se iba haciendo sin orillas. Y en la ventana, el miedo, pero lejos.. Y en aquellas  palabras misteriosas y en aquellas palabras, la llave de los sueños mas secretos….

Del otro lado está la cultura del descuido, de las familias – ricas o pobres, en el centro o en una villa – del abandono. Las que tienen hijos, pero no se ocupan de sus hijos. Allí los hijos quedan a un lado, son ignorados, se los saca del medio por molestos, se le deja solos (en la calle, en el barrio, en el club, en la escuela o una casa enorme pero solitaria). El des-cuidar a los hijos es dejarlos abandonados a tu propio destino. La casa des-cuidada es la casa abandonada. Una persona des-cuidada es una persona que no se arregla a sí misma (ni por dentro, ni por fuera). Un hijo des-cuidado es el que no tiene padres: nadie lo viene a buscar, no hay nadie en las reuniones, siempre tiene que arreglarse solo. Por eso decimos que el cuidado que los padres ejercemos sobre los hijos es una actividad que no se nota: el que cuida cotidianamente no recibe aplausos, no tiene monumentos, no aparece en los diarios. El cuidado es una práctica sin espectacularidad. Pero, curiosamente, hay una diferencia importante entre cuidado y sacrificio. El que se sacrifica, se priva de algo y excluye la reciprocidad. Por el contrario, el que cuida se consagra al otro y goza de ello: uno se encuentra al final de la acción más rico, no más pobre. El cuidado suele tener un saludable efecto bumerang. Uno como padre va hacia a los hijos y ellos regresan hacia uno.

10. Para ejercer nuestra responsabilidad necesitamos conocer el mundo de nuestros hijos, reconocer los territorios, los lugares en los que nuestros hijos están y se mueven. Desde allí se construye la confianza mutua, jugando con el control y la libertad, el sentido de los límites y los permisos, las autorizaciones y las prohibiciones. Nosotros somos los responsables, “los que respondemos” y por tanto nos corresponde decirles y recordarles lo que está bien y lo que está mal,  lo que es un chiste y lo que es una falta, los amigos convenientes y los otros, los lugares adecuados y los riesgosos, las diversiones y los desbordes, los gustos y los excesos, los horarios convenientes y los caprichos, lo que hacen los otros chicos y lo que hacen nuestros hijos. Nosotros estamos para trazar la línea, sin depositar en otros (por ejemplo la escuela) la responsabilidad. Los hijos están creciendo y se alimentan mejor con nuestras intervenciones. Son como los árboles: crecen porque están llenos de vida, pero los tutores son los que le permiten crecer seguros, firmes, en altura.

11. Es necesario que nos vean como padres coherentes, consecuentes con lo que decimos. Si decimos algo y hacemos lo contrario es muy difícil educar. No se trata de ser perfectos, sino de comprometernos con las verdades en las que creemos. Seguramente estamos llenos de defectos y limitaciones, pero es necesario que ellos descubran una forma de ser familia, de ser padre, de ser madre, un modelo con el que impregnar su propia vida, guardar en su interior un modelo posible. Si no tienen eso subjetivado no podrán emprender seriamente la aventura de vivir. En un conocido texto SERGIO SINAY termina diciendo: “Mi padre no fue un gran hombre, pero fue honesto. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue amoroso. Mi padre no fue un gran hombre. Y no importa. Los grandes hombres ocupan a veces, demasiado lugar. Asfixian. Y son acreedores de deudas que nos hacen la vida más pesada. Visto así, por suerte, mi padre no fue un gran hombre. En muchas cosas fue sólo un pequeño hombre. Pero más allá de todo fue algo más difícil y más importante. Mi padre fue un buen hombre. Agradezco eso”. Ojalá digan eso de nosotros: no fue un gran padre, no fue una gran madre, no fuimos una gran familia…pero hicieron el intento por ser honestos, por hacer siempre lo que había que hacer, nunca se bajaron de sus compromisos.

12.  Finalmente – carece de sentido recordarlo – debemos amar mucho a nuestros hijos, amarlos en serio, saber amarlos.  Porque ese amor de padres es un amor que no reconoce pausa y que siempre está vigente: en los buenos momentos y en los malos momentos, cuando los hijos nos enorgullecen y cuando nos avergüenzan. Siguen siendo siempre nuestros hijos. No se trata de defenderlos sino de ayudarlos a cambiar. Y cuando los retamos o los castigamos, cuando los premiamos o los privamos de algo estamos ejerciendo ese difícil amor de padres, que es el amor que siempre queda, el que no se maneja por compromisos o por contratos, sino por lazos de sangre. Y que ellos sepan, sientan, se den cuenta de que los amamos mucho. Que una persona ame es importante, pero que se sienta amado es un respaldo imprescindible. Amamos a todos los hijos, los amamos de manera diferente, pero ellos deben sentir que los amamos a todos por igual. A veces las canciones dicen lo que no siempre podemos expresar: Cada día que pasa sos distinta y confieso que no sé que decirte más allá de mis besos. Como yo y como todos sé que sos un misterio, un inmenso posible y un hermoso proyecto. Yo, tan sólo un testigo que te sigue de lejos con el alma en los ojos y soñando un encuentro.

13.  Si somos buenos padres, si podemos hacer algo, mucho o todo lo que hemos dicho (y muchas cosas que no hemos desarrollar), nuestros hijos serán mejores, porque son un reflejo de nosotros como padres, como en la genética que anticipa configuraciones morfológicas o personalidad, los hijos son la proyección de la familia. Y si los hijos son mejores, seguramente la tarea de la educación que se completa en la escuela será – para todos – más llevadera.

BUENOS PADRES PARA BUENOS HIJOS: DECALOGO

01. Demuestren a sus hijos lo mucho que los quieren: los dos y a todos por igual. El amor es un gesto que fortalece y acompaña.

02. Construyan un buen clima familiar, a pesar de todos los problemas: en el lugar en donde los hijos construyen sus vidas.

03. Eduquen en la confianza y el diálogo. Ni los gritos, ni los enojos, ni el temor generan mejores resultados.

04. Deben predicar con el ejemplo: pídanle a los hijos lo que como padres y adultos estén dispuestos a cumplir y hacer

5. Compartan con ellos el máximo de tiempo, porque sólo el tiempo que le dediquen hace que los hijos sean efectivamente muy importantes.

06. Acepten a todos los hijos tal y como son, en los diversos momentos de sus vidas. A veces no son, no hacen, ni se presentan como hubieran deseado, pero siguen siendo los hijos.

07. Enséñenles a valorar y respetar lo que les rodea: nada es gratis y todo es resultado del trabajo y del esfuerzo.

08. Sean cuidadosos con los castigos tratando de crear las condiciones para corregir y reparar acciones o reacciones inadecuadas. Y nunca olviden que también allí, lo que vale es el amor.

09. Aunque a veces es necesario prohibir y marcar los errores, nunca hay que olvidarse de aprobar y felicitar por los aciertos y las buenas acciones

10. No pierdan nunca la paciencia, porque la educación es un prolongado ejercicio de paciencia que siempre mantiene su fe en el otro, aguardando su crecimiento esperado.

CONCLUSION: Kahlil Gibran: Tus Hijos

Tus hijos no son tus hijos, son hijos
e hijas de la vida, deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo, no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar, ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos, pero
no procures hacerlos semejantes a ti,
porque la vida no retrocede,

ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano
de arquero, sea para la felicidad.

¿EN QUÉ TEMAS Y ACTOS DEBEN EJERCER LÍMITES Y CONTROL LOS PADRES?

¿COMO HACERLO?

VARONES

MUJERES

¿EDAD?

¿COMO?

HORARIOS

LECTURAS, TV,

VIDEOS, USO DE INTERNET

BEBIDAS, CONSUMOS

MANEJO DEL DINERO

HABITOS, COSTUMBRES

USO DE VEHÍCULOS

MORAL, VALORES, CONDUCTA

AMIGOS Y COMPAÑEROS

SALIDAS, DIVERSIONES

RELACIONES SEXUALES

ESTUDIO, FUTURO, OBLIGACIONES

PRACTICAS RELIGIOSAS

SALUD  Y CUIDADO CORPORAL

GUSTOS MUSICALES

CARÁCTER, FORMA DE SER

209. Rateada o chupina + campeonato nacional

De pronto se puso en marcha un  nuevo campeonato. Posiblemente sea para enmendar el inesperado ritmo del fútbol local o para anticipar el próximo mundial: el campeonato argentino de RATEADAS o de CHUPINAS.  Los adolescentes descubrieron el medio (Facebook, aunque pudieron descubrir otro) y encontraron el argumento: campeonato argentino para lograr el máximo boicot a la escuela. La cuestión consiste en lograr el mayor número de rateadas o chapinas en las diversas ciudades.

Hemos hablado una y otra vez – en los post precedentes – del sinsentido de la escuela que tenemos. Los parches, vendajes, apósitos, agregados, reformas, discursos, cambios, transformaciones, proclamas, intervenciones de técnicos clarividentes o de ministros iluminados no han logrado tapar el sol con la mano: brilla como siempre desnudando un nivel que hace agua por todos lados. Parece que los adolescentes de todo el país (y sus padres que miran como espectadores lo que suceden, sin asumir responsabilidad alguna) no se han enterado de la presencia de DOS LEYES DE EDUCACION que pretendieron reformarlo todo y que, finalmente, pusieron más evidencia el peso de la crisis.

Ayer (1) indicaba a un grupo de alumnos algunas obligaciones para el 26 de mayo y me comunicaron que no me hiciera ilusiones, porque es el día nacional de la gran rateada. No es de extrañar que lo sea: es posible que muchos docentes se sumen a la misma y prolonguen toda la semana el feriado tentador para poner en marcha un programa turístico.

Ayer (2) desarrollando un tema de filosofía, les solicitaba que presentaran ejemplos personales de aburrimiento: ¡la escuela!, fue el grito unánime de los alumnos en el aula,,,.

A continuación, la reflexión periodística aparecida, que no se queda en este hecho sino en sus proyecciones generacionales. Para generar el necesario debate:

Algunos de los adolescentes que hoy se congregan en Facebook para ratearse constituirán una nueva generación de periodistas. En apenas cinco o seis años comenzarán a llegar a los medios. Las rateadas son para esta generación un acontecimiento fundante porque nace en contra de la vieja cultura dominante en la escuela y la sociedad, y nace con un acto político no violento y hedónico. Desde luego, el sentido que las rateadas tendrán en la constitución de los rasgos de esta generación dependerá de cada uno de los jóvenes. Digo que es un acto político porque desafía a las autoridades colectivamente y tiende a devaluarlas; es hedónico porque a los estudiantes también los mueve el juego.

La vieja cultura es la cultura vertical que impregna a la escuela: contenidos casi siempre impartidos por una autoridad lejana, no participativa. La nueva cultura es la que se plasma en estos días en Facebook: auto organización, gestión de proyectos comunes. Una es vertical, la otra es horizontal, en red. Un editorial del diario La Nación alude a la vieja cultura de la escuela: “Estas ‘rateadas’ han venido a desnudar las carencias pedagógicas y de contención (de) la escuela“ y su crisis de autoridad. Alejandro Piscitelli es más drástico: las rateadas “ponen en cuestión el sinsentido de la escuela con una radicalidad pocas veces vista“.

Christian Schwartz, profesor de periodismo en la Universidad Católica, ve las rateadas como “otra demostración de que el secundario no tiene rumbo. Las autoridades educativas y los profesores no saben qué hacer con él. Los alumnos ya demostraron que pueden evadirse y que no hay castigo“.

Ese vacío parece confirmado por el ministro de Educación, Alberto Sileoni: “El sistema educativo puede dar cuenta de los chicos cuando están dentro de la escuela pero no, por ejemplo, cuando están en una plaza. Eso (…) escapa a lo educativo“. Escapa a lo educativo, cree el ministro. Con todo, el portal Educar, dependiente de su ministerio tiene una actitud más constructiva. Propone a los docentes que ayuden a los chicos a “valorar  la importancia de acudir a la escuela como responsabilidad y solidaridad con su comunidad, a conocer otros usos de las redes sociales que contribuyen a mejorar la sociedad, y a constuir una mirada crítica sobre los medios“. Totalmente de acuerdo: muchos medios periodísticos se han limitado a contar las rateadas como una curiosidad o una avivada, sin contexto ni análisis.

Dijimos que esta generación nace con un acto político. Las rateadas son una afirmación colectiva contra un orden establecido educativo y por eso, y en alguna medida, también político, social y cultural.

La generación de los rateros: quizás que en pocos años esta frase no tendrá un contenido negativo. Esta generación va a estar en condiciones de usar las nuevas tecnologías para construir poder; y tal vez para participar y comprometerse con la sociedad. Howard Rheingold, inventor del concepto “multitudes inteligentes“ cree que “las redes telefónicas inalámbricas y los sistemas informáticos accesibles para cualquier usuario constituyen, junto con las personas, un potencial inmenso (para bien y para mal), comparable al de la imprenta o el alfabeto“.

Esta generación constuirá sus propios medios periodísticos desde estas experiencias e ingresará a los medios establecidos con la expectativa de poder aplicarlas. Este será su capital; si me piden un consejo les diré que tengan eso muy en cuenta y no se dejen oprimir y desviar por el status quo o cualquiera de sus nombres. El periodismo sin redes sociales, apegado a la vieja cultura verticalista tiene poco tiempo por delante.

Posiblemente algunos de estos futuros periodistas elijan un periodismo que, desde los medios digitales, acompañe a la gente a realizar acciones concretas en el mundo real para mejorar sus vidas y su sociedad. Ojalá las rateadas sean un camino para eso. Los estudiantes chilenos están adelantados: en 2006 cientos de miles se movilizaron por Internet contra una ley de enseñanza y tuvieron éxito.

PERFIL : ROBERTO GUARESCHI : EL PODER DE LAS RATEADAS. 09.05.10

208. Despedida de una compañera

Vamos a comenzar con un cuento, porque los cuentos – seguimos siendo siempre niños – logran despertar el interés:

Dice un relato popular – y difundido en muchas antologías -  que en las orillas de un arroyo, vivía una rana muy generosa. Y era generosa porque  cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del arroyo.
Como en todos los cuentos, también vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: “Deseo atravesar el arroyo, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda”.
La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: “¿Que te lleve sobre mi espalda, a vos? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si te subo a mi espalda, me inyectarás un veneno letal y moriré!”
El inteligente escorpión le dijo: “No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado”.
La rana se negó al principio, pero era esencialmente buena y la incuestionable lógica del escorpión fueron convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del arroyo.
Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión, temerosa pero con creciente seguridad. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda.
Llegaron a mitad del arroyo. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino…
Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión, inesperadamente, picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:”¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho?”

El escorpión respondió: “No puedo evitarlo. Es mi naturaleza: es el maldito carácter que tengo”.

“A mi también me mató mi naturaleza”, replicó la rana: “Debí ser generosa, pero no confiar en ti”
Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas aguas del arroyo.

¿Por qué este cuento? Porque hablar de Graciela ahora, a quien vemos sonriente y que ya goza de los placeres y los beneficios de la jubilación es fácil… pero hablar de Graciela y con Graciela un lunes a primera hora del profesorado o un miércoles a las ocho o un día de exámenes o los días de inscripción o cuando estaba preparando las diversas planillas de horarios…¡no era tan fácil!… Era allí donde Graciela mostraba toda su “personalidad”, es decir, todo su “carácter”.

Pero es así: las personas somos como somos, tenemos nuestra innegociable forma de ser y el combo de la personalidad suele venir completito. Virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, aspectos simpáticos y perfiles antipáticos. ¡¡El que esté libre de defectos que tire la primera piedra!!

Por eso creemos que GRACIELA – como todos nosotros, en suma – era en nuestro instituto un poco rana y un poco escorpión: toda la generosidad y todo el carácter, todo el trabajo y todo el impulso, toda la entrega y todas las reacciones… Todos sabíamos que debíamos aceptarla así, completita, sabiendo que el trabajo de la BEDELIA  estaba en buenas manos, que uno podía confiar absolutamente en su dedicación, en sus criterios, en sus decisiones… pero que debía también encontrar el momento, la palabra, el lugar, el contexto para decir algunas cosas. O callarse y esperar un momento mejor.

El paisaje del Instituto – en estos dos o tres últimos años – ha cambiado su geografía: con la partida de SARITA se produjo un cambio en el relieve de la derecha (la secretaría) y con la partida de GRACIELA un cambio en la superficie de la izquierda (la preceptoría)… y hay que habituarse al nuevo territorio,  a los nuevos carteles y señales.. Como si se tratara de paulatino cambio del paisaje, uno tiene que habituarse, porque – en muchos sentidos – se sentía cómodo y seguro con las montañas, los ríos, los desvíos, el clima conocido. No era un mundo perfecto, pero era el nuestro y estábamos convenientemente acostumbrados.

A veces, con la jubilación o la partida, las dos partes pierden: pierde el que se va porque tenía una vida asociada al trabajo docente; perdemos los que nos quedamos porque las cualidades personales, la eficiencia y la experiencia se van a su casa y nosotros tenemos que salir a cubrir el vacío. Y sabemos que no es tan fácil.

Aquí se produjo un caso injusto: GRACIELA – de buenas a primera – se asomó a otras vivencias personales y la jubilación le entregó el acceso a actividades y vocaciones que no había planificado pero que fue descubriendo en el seno familiar o en diversas instituciones. Y a ella no le pesa este “nuevo estado”, sino que se muestra jubilosa por lo que le pasa… Somos nosotros los que hacemos el esfuerzo por adaptarnos a nuevo paisaje institucional.

La vamos extrañar por muchas razones. La vamos extrañar tal como es. La vamos a extrañar por su cuota de rana generosa y por su cuota de escorpión que no puede dominar su carácter. La vamos extrañar por sus gestos de amistad, las charlas informales en la larga mesa de la bedelía, la trabajosa negociación con los horarios (que siempre encontraban solución), sus trabajos en la casa para traer los problemas resuelto, el respeto por el reglamento, el estricto y riguroso control de los libros, el conocimiento de los docentes y de los alumnos,  el manejo de una parte importante de la vida del instituto, por el lenguaje sincero, suelto, sin vuelta para decir siempre y a quien quisiera escucharlo (o no) lo que pensaba.

Hicimos bien en decirle en aquel ya lejano 08 agosto de 1988 que se quedara con nosotros, que formara parte de ese núcleo que re-fundaba el nuevo instituto, el instituto de siempre, pero que pretendía ser otro.

Gracias, querida Graciela. La presencia de tantos colegas amigos en este encuentro marca la importancia de este vínculo que no se corta, sino que simplemente cambia de forma. Los amigos, los verdaderos compañeros de trabajo, nunca se van del otro de nuestras vidas.

Sabemos que con Graciela podríamos recitar o cantar la conocida canción:

¡No! ¡Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida!

Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida…

Merecer la vida no es callary consentir,
tantas injusticias repetidas…

Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad más definida.

Merecer la vida es erguirse vertical,
más allá del mal, de las caídas…

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir…
Honrar la vida.


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