217. Curiosa reacción…¿reacción esperada?
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Nacimiento, glorificacion, pasión y muerte de la escuela moderna. La escuela ha muerto, ¡viva la escuela! ¿Como imaginar y crear la escuela necesaria?
El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio. Un día el guardián murió y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
– Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo.
Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.
– Este es el problema -dijo el gran maestro
.Los discípulos contemplaron perplejos y extasiados lo que veían; los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, su belleza y olor. Pero, ¿qué representaba todo aquello?, ¿qué hacer?, ¿cuál sería el enigma?, ¿y su solución?
Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo destruyó haciéndolo pedazos.
– Usted es el nuevo guardián -dijo el maestro. Al volver el alumno a su lugar, el gran maestro explicó: Yo fui claro, dije que ustedes estaban delante de un problema y un problema es un problema; aún si toma la forma de un florero maravilloso, de una porcelana exquisita y de mucho valor, igualmente un lindo amor que ya no tiene sentido o un camino que precisa ser abandonado, pero que insistimos en recorrerlo porque nos da algún tipo de seguridad. No importa cuan bello y fascinante sea un problema, solo hay una forma de pelear con él: atacándolo de frente, destruyendo lo que puede atarnos a él, resolverlo que es la única y genuina forma de disolverlo.
No he aportado nuevos post por la presencia de diversos SPAM que se introducen como comentarios molestos, interfiriendo en verdadero diálogo entre los que deseamos compartir o debatir ideas.
DOS SERIES PARA UBICAR ELA WEB, PARA BAJAR y PARA DEBATIR CON COLEGAS O CON ALUMNOS… Y PENSAR EN NUESTRA REALIDAD:
(1) PROFESORES EN BOSTON = EEUU. Hay varios capítulos de 40 minutos cada uno.
(2) FISICA O QUIMICA = ESPAÑA. Varios años y capítulos por años, con 60 minutos generosos de duración.
En ambos casos no se trata sólo de reflejar la vida de los alumnos en las clases y en las escuelas, o las relaciones docentes – alumnos (problemáticos o no), sino la compleja vida de los mismos docentes (la profesional y la privada).
Para un buen debate y para muchas propuestas.
Las ideas y proyectos para realizar este SEGUNDO VIDEO se pusieron en marcha en la segunda parte del año 2009,, CON LA APROBACIÓN DEL PROYECTO POR PARTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE FORMACION DOCENTE. La planificación del mismo, tanto en su contenido, como en el formato que debía asumir y en los recursos económicos para solventarlo se gestaron a partir de setiembre, incorporando para las definiciones operativas a los jóvenes realizadores que ya habían aportado lo suyo en FORMAR DOCENTES UNO.
El proyecto tiene como eje temático el LEGADO que los fundadores han dejado sobre sus antiguos alumnos. Por ello se comprometió a los docentes del instituto – actuales formadores – para que respondieran voluntariamente a la convocatoria.
El formato del video exigía una tarde de trabajo y filmación con la presencia de todos los docentes interesados, para debatir una serie de preguntas previamente formuladas. Se hizo una reunión previa con quienes había aceptado el desafío y la calurosa tarde del 16 de diciembre fue la elegida y participaron los valientes profesores de la producción, en un clima distendido de camaradería y reflexión.
Después prosiguieron su labor los responsables de la edición y postproducción: seleccionar imágenes, tomas, respuestas, pausas para armar un relato coherente en un tiempo limitado de exposición. Hubo numerosos encuentros para ajustar la edición definitiva, títulos, reconocimientos y varios detalles más.
El otro paso del Instituto formador es recuperar memoria, trayectorias profesionales y generar debates.
01. TEMA UNO: CAMBIOS GENERACIONALES
(1) No hay que hacer mucho esfuerzo para descubrir que vivimos rodeados no sólo por una nueva generación, sino por una serie de “nuevas generaciones”. Aun los docentes mas jóvenes que recién se inician en el trabajo educativo, se saben generacionalmente distintos (y separados) de los colegas con generosa experiencia, pero se sienten mucho más distantes de las generaciones posteriores. Hay un mundo que los separa de los que recién se inician en el nivel superior, o están estudiando en el secundario o transitan por la escuela general básica.
(2) En el pasado también había “cambios generacionales”: a la generación adulta (la que ocupaba los sitios claves de la sociedad y asumía la totalidad de las responsabilidades) le sucedía otra generación. Pero todos – tanto los adultos como los jóvenes – consideraban que la separación era transitoria, una cuestión de tiempo y de edad, y que progresivamente los nuevos, los recién llegados a la sociedad se incorporarían sin conflicto al mundo adulto.
(3) Las brechas generacionales funcionaban como pasos necesarios que contribuían a dinamizar la cultura, las costumbres, el tipo de vida. Los recambios generacionales aseguraban la continuidad de la historia de una comunidad. Los jóvenes miraban a los adultos como el futuro esperado, éstos – más allá de los conflictos que pudieran existir – sabían que el destino de todos ellos eran incorporarse al universo de la madurez: compartir criterios, ideas, valores, costumbres y gustos de la generación que gobernaba la sociedad. Por ejemplo: los gustos musicales de los jóvenes o la forma de vestirse podía tener una libertad y un atrevimiento que se desvanecía con el tiempo. Podían importunar a los mayores, pero sabían que finalmente la osadía desaparecía y se volverían “normales”.
(4) Había algunas frases que expresaban estas ideas: “Ya se te va a pasar”, “Ya se van a dar cuenta y van a comprender”. La sociedad imponía límites que la inmensa mayoría respetaba, porque era la única manera se mantenerse en la comunidad. Había un código tácito, un mandato implícito que había que respetar. El matrimonio, la formación de la familia, los estudios superiores, el mundo laboral “curaba” esa enfermedad generacional transitoria y los convertía en hombres y mujeres adultos. Todos recordaban como datos del pasado las travesuras, locuras o pecados de juventud, situaciones que se consideraban impropias de la madurez.
(5) Todo esto – para bien o para mal – es lo que ha cambiado. Las nuevas generaciones no son etapas o momentos, sino definiciones de una forma de vida que llega para quedarse. Los adultos mismos quieren conservar algunas costumbres, gustos o criterios de su juventud. Los crecimientos, el paso de los años no significa abandonar el pasado, sino llevárselo con uno y con los compañeros de generación. No hay brecha transitoria, sino copia definitiva. Y los adultos no se sienten tan seguros, tan sólidos, tan felices en el mundo adulto y suelen asomarse con envidia a ese otro mundo joven, en muchas casos con el deliberado propósito de incorporarse a el.
(6) Sólo se trata de registrar lo que se ve en las calles, en la noche, en las fiestas, en las familias, en las escuelas. La ropa, el cabello, los arreglos personales, las preferencias musicales, las relaciones grupales, las formas del amor, las lecturas, los horarios, los vínculos con padres y la familia, la relación con la escuela, las obligaciones y el trabajo, etc. Hay formas que nos desconciertan, nos sorprenden, nos desubican o nos fastidian. Es el caso de un padre que no logra entender a su hijo, una madre que discute permanentemente con su hija, un director que trata de llamar la atención de un adolescente, de una maestra que corrige a uno de los alumnos, de adultos que se molestan por la conducta de sus vecinos más jóvenes, de peatones que observan con preocupación la presencia de los chicos y de las chicas en algunas esquinas, de conductores que condenan el zigzagueante desplazarse de motos y bicicletas por calles y avenidas. No son cuestiones que hay que salir a buscar, sino que – por el contrario – nos salen cotidianamente al encuentro.
(7) Los sociólogos que clasifican las nuevas generaciones han propuestos diversos nombres: GENERACION X (1964 -1968) – GENERACION Y (1970 – 1980) - GENERACION ODISEO O PETER PAN (1975 – 1990) – GENERACION WI (NOSOTROS) (1990 – 2000) – GENERACION MILENIO (1985 – 2000) – La generación NET (N) (2000 – 2010)
(8) Los sujetos que se educan en nuestros días (en todos niveles, aunque con intensidad y caracteres diversos) tienen otra forma de ser: en el manejo del tiempo, en la apropiación de los espacios, en el uso del lenguaje, en la construcción de códigos, en los principios morales que los orientan, en la definición de sus ideales, en la escala de valores, en la apropiación del conocimiento, en el contacto con las nuevas tecnologías, en la concepción de la autoridad y del respeto, en las relaciones inter-subjetivas y afectivas, en los vínculos familiares, en la mirada sobre el mundo y su futuro global, en el manejo de la inteligencia y la voluntad, en la elección de sus modelos, en sus concepciones religiosas, en la entrega al placer y a disfrute de la vida.
(9) No se trata sólo de un quiebre generacional, lo que sería absolutamente lógico, sino de la construcción de un estilo que no pretende contraponerse generacionalmente a los adultos, sino desplazarlos o ignorarlos. En el pasado, los jóvenes exhibían sus criterios y demandas, luchaban y enfrentaban a los padres, a los docentes, a las autoridades porque suponían que había principios o razones por discutir. Aquí, hay ruptura: se trata de diversidad de planos, de ideas y discursos construidos en códigos incompatibles. Por eso podemos hablar de indiferencia, de anulación del debate, de construcción paralela. Niños y jóvenes de hoy parecen decir: “No me importa cuáles son tus criterios, tus valores, tus modelos, tus prioridades, sus ideales. Como son tuyos, para mí está todo bien. El tema es que nosotros tenemos los nuestros.”
(10) En el presente, las generaciones concurren a la escuela y ocupan el lugar en el aula portando en sus mochilas, en sus carpetas y sobre todo en su interior (subjetivado) un mundo distinto, un lenguaje diverso. Y se encuentran con las paredes, los bancos, los pizarrones de las escuelas, algo a lo que no están habituados y que les cuesta soportar. Pero, además del espacio y del tiempo (el aula es una pequeña prisión y el tiempo se hace muy largo), son los docentes los que parecen emerger desde otro mundo, del pasado. Tienen un lenguaje, una forma de ser, propuestas y exigencias que los asemeja – frecuentemente – a sus padres, pero además proponen contenidos, temas, cuestiones que en nada forman parte de los intereses de quienes concurren. Puede pasar que todo el proceso de estudio y de aprendizaje se convierta en un trámite que hay que respetar y cumplir, pero que en modo alguno se convierte en un saber requerido e incorporado. De alguna manera se puede convertir en una simulación, una construcción de ficción en la que los que enseñan saben que los que aprenden lo hacen simplemente porque es su obligación, aunque no consideren las propuestas ni valiosas, ni necesarias.
(11)Tal vez la escuela debería reconsiderar no sólo sus contenidos (diseños curriculares) sino – sobre todo – los entornos de enseñanza y aprendizaje, y su metodología. mAunque siempre fue así, ahora tomamos mas conciencia de lo que nos sucede, porque reconocemos el valor y los límites de nuestra presencia y acción educativa. (1º) La mera enseñanza no produce aprendizajes, como tampoco produce un árbol la acción de plantarlo. El aprendizaje y el desarrollo tienen lugar interiormente, no se les puede forzar: lo único que se puede hacer es ayudar a que se produzcan más fácil y económicamente, pero no se puede conseguir que tengan lugar: un docente no puede lograr que el alumno asimile nuevos conocimientos y habilidades, sólo con su palabra y su intervención. (2º) De alguna manera nos están diciendo: “quiero obtener parte del conocimiento, la capacidad o las cualidades que tienes y te voy a ceder temporalmente la responsabilidad de decidir qué tengo que estudiar, dónde, cuándo, cómo, con qué frecuencia y en qué orden hacerlo, porque confío en que de esta manera aprenderé mejor”. Esta es la naturaleza del contrato de enseñanza- aprendizaje cuando el alumno lo acepta voluntariamente. La educación es un estado provisional que tiene como objeto hacer que el sujeto se vuelva autosuficiente. (CLAXTON, 1987)
02. TEMA DOS: NUEVAS COSTUMBRES DE LOS NUEVOS SUJETOS
(1) Las TRIBUS URBANAS llegaron para instalarse en diversos territorios y prestarles una discutida identidad y pertenencia a grupos de preadolescentes y adolescentes que necesitaban superar su aislamiento y anomia. La construcción de un relato, de una versión de la realidad, la adhesión a determinados referentes, grupos musicales, estética corporal, colores y vestimenta terminan produciendo una identidad artificial y una fortaleza que se alimenta de mensajes, consignas, encuentros y modo de presentarse. La aparición y desaparición es intensa y fugaz, la misma fugacidad que caracteriza a la vida contemporánea.
(2) En la vida hay personas, hechos, situaciones, dolores que nos dejan MARCAS. Son las que nos dejan rastros sin que lo podamos evitar. Marcas interiores y marcas exteriores. Violencia real o violencia simbólica. Alguien que pasa de alguna manera por sobre nuestros cuerpos con alguna forma de agresión y que dejan señales en el alma o en el carácter de cada uno. Pero también tenemos HUELLAS que son los restos valiosos del pasado que han quedado subjetivados, dentro nuestro. Aceptamos que estén, queremos que estén. Los conservamos, sabemos que nos constituyen. Los TATUAJES son marcas que pretenden. Vivimos en una sociedad donde el culto al cuerpo está a la orden del día. Un mundo donde la apariencia lo es todo, invirtiéndose cada vez más tiempo y dinero en la realización de prácticas que permitan una mejora de nuestro aspecto. Por norma general, el tatuaje es considerado un elemento decorativo más, comparable a cualquier accesorio con el que diariamente adornamos nuestro cuerpo.[1] Pero también es una MARCA que lucha contra la fluidez y el paso acelerado del tiempo. Pero también, siguiendo la analogía, si la velocidad no marca, si nada se puede instituir, si las instituciones eran las operaciones que – por excelencia – dejaba huellas, es necesario hacerse una marca en un mismo, en la epidermis, en lo más exterior de nosotros, porque algo o alguien real o simbólico queda detenido frente al torbellino de la velocidad y del olvido.
(03) Pero además, en nuestra cultura urbana, la noche es patrimonio de los adolescentes y cada vez más de los preadolescentes o niños que intentan parecer mayores. Ellos son sus dueños, sus protagonistas. Disponen de ella y la gobiernan, la viven, la disfrutan, la desbordan.
(04) Para quienes necesitan disfrutar de una experiencia distinta del mundo, la noche es el escenario ideal. La configuran a su medidas y la extienden con “la previa” (el tiempo de amigos y bebidas) y el “después” (un demorado regreso a la realidad, a la luz del día y a la propia casa).
(05)Los adolescentes encuentran en la noche el refugio en el que callan las presiones, las demandas, las críticas de la mirada adulta y los compromisos diurnos. En la noche aparecen otros adultos, los que no comparten los códigos diurnos, sino que construyen el escenario necesario para los códigos de la nocturnidad (más allá de las razones de consumo y ganancia que acompañan estas propuestas y que funciona como una competencia desleal contra la normalidad y las obligaciones de la vida real). La noche es un respiro en el que sienten estar “a salvo” del mundo adulto. La “movida” de la noche se convierte en el escenario donde ponen a prueba conquistas, extravíos, impulsos.
(6) Pero los adolescentes habitan la noche no solamente a través del desenfreno y la desmesura. Las otras noches, las noches de la semana se arman básicamente en la propia habitación, en torno a la conexión digital o virtual. Televisión, Chat, Facebook, fotologs, mensajes y otras nuevas variantes generan espacios de encuentro en los que pasan horas. Retraídos en sus reductos, se conectan y navegan sin límite de tiempo, hasta altas horas de la noche o hasta la madrugada, aun cuando tengan obligaciones al día siguiente.
En las noches del fin de semana, la fisonomía de los encuentros suele ser otra. Allí la virtualidad deja paso a otro tipo de realidad, diseñada por adultos pero para responder a (o construir) las exigencias de los adolescentes. Todo se alterna con experiencias y vivencias personales y, sobre todo, grupales más variadas.
(07) El tiempo es lo que sobra: en estos tiempos en los que los adultos necesitan tiempo para atender a los desbordes de ocupación (verdadera adicción que altera hasta la salud) las generaciones que los suceden tienen tiempo para regalar. No hay pasado que lamentar, no hay futuro que anticipar, hay un presente que disfrutar. Y sólo el goce es el que da sentido al tiempo, porque para las obligaciones nunca hay tiempo o siempre: “espera”, “después lo voy a hacer”, “todavía tengo tiempo”, “seguramente voy a llegar”… Nunca apagan el televisor, la computadora, el celular porque “no pueden desconectarse”… pero siempre apagan el despertador, las órdenes, los libros, las carpetas, las obligaciones impuestas, porque con ellas no quieren estar conectados. Y este es un fenómeno que asoma en la niñez y llega cómodamente hasta el nivel superior.
(08) El mapa del sueño adolescente es sensiblemente distinta a aquella de la infancia. En la niñez, la mayor de las dificultades gira en torno al dormirse. La llegada a la adolescencia se anuncia, entre otras cosas, por las dificultades en torno al despertarse. Poner en marcha un nuevo día, salir del sopor del sueño profundo, amanecer al acoso de las exigencias cotidianas del estudio o las obligaciones se convierte en una lucha permanente. Muchas de las diarias discusiones familiares y peleas entre padres e hijos comienzan aquí y frecuentemente se prolongan en las aulas y en las primeras horas: no pueden levantarse o no pueden despertarse. Hay pulseadas y tironeos en torno a horarios, cumplimientos, responsabilidades.
(09) Por estas razones los adolescentes defienden y usan su habitación como un reducto propio en el cual refugiarse. Piden respeto por su privacidad, porque pueden reproducir solamente en ese sector de la casa la forma de vivir que les agrada: aislamiento, recursos tecnológicos, desorden, volumen de la música, eventuales consumos, imágenes para empapelar las paredes, ingreso de las personas con las que tienen absoluta confianza. Las habitaciones de los adolescentes suelen ser el sitio de la casa que tiene otra organización de la cotidianidad (noche y día).
(10) Las nuevas arquitecturas familiares – según los recursos económicos disponibles – han definido este nuevo territorio: las habitaciones construyen mundos separados que se asocian en los espacios comunes que suelen compartirse (no necesariamente) en algunos momentos de la jornada. Basta revisar los horarios familiares para concluir que hay escasos momentos en los que todos los miembros de la familia comparten los espacios. El ideal para los adolescentes es la casa vacía (todos los días o periódicamente) porque la casa entera puede permitir extender los caracteres de su propia habitación.
(11)Curiosamente la ESCUELA y la FAMILIA quedan al margen de estos escenarios: pueden ser sitios en los que se organiza la noche, pero son la contracara de la noche. Especialmente la escuela (con sus insobornables horarios, sus docentes, sus reglamentos y sus exigencias) aparece como una contracultura juvenil, y prolongación del mundo adulto.
(12)El mapa del sueño adolescente es sensiblemente distinta a aquella de la infancia. En la niñez, la mayor de las dificultades gira en torno al dormirse. La llegada a la adolescencia se anuncia, entre otras cosas, por las dificultades en torno al despertarse. Poner en marcha un nuevo día, salir del sopor del sueño profundo, amanecer al acoso de las exigencias cotidianas del estudio o las obligaciones se convierte en una lucha permanente. Muchas de las diarias discusiones familiares y peleas entre padres e hijos comienzan aquí y frecuentemente se prolongan en las aulas y en las primeras horas: no pueden levantarse o no pueden despertarse. Hay pulseadas y tironeos en torno a horarios, cumplimientos, responsabilidades.
(13)De alguna manera los hijos, los alumnos viven solos, viven sus vidas con una escasa participación de los adultos: a veces porque los adultos no disponen de tiempo para compartirlo con sus hijos; otras porque el tiempo compartido no es aprovechado: cada uno sigue habitando su propio mundo, sin construir la comunicación deseada: comer o viajar sin hablar, anunciar ingreso o egreso (“salgo”, “llegué”, “·¿Hay alguien en casa?”).
Por supuesto que no todos los niños y jóvenes se identificarán con esto, pero hay tres caracteres que expresa esta orfandad: la experiencia de discontinuidad inter-generacional, el desarraigo espacial, temporal y existencial, y la caída de las certezas básicas.
(14)Tal vez por eso, la misión de nuestra escuela – especialmente en escuelas como éstas – sea la de construir un ámbito de encuentro, de protección, de reconocimiento de la persona en su dimensión más plena. Puede sonar duro, pero la ciudad, nuestra cultura, está atravesada por cierta sensación de orfandad. Es curioso, porque se trata de una orfandad con padres vivos, aunque ausentes, por eso debemos desarrollar y potenciar nuestra capacidad de recepción (“te esperamos”) y protección (“te cuidamos”) porque muchos de los que llegan a nuestras escuelas lo hacen en una profunda situación de orfandad. No se trata de determinados conflictos familiares, sino una experiencia que atañe por igual a niños, jóvenes y adultos, madres, padres e hijos. Porque frecuentemente los huérfanos son los adultos, son los mismos padres. Para tantos huérfanos y huérfanas la comunidad que es la escuela debería tornarse familia, un lugar de encuentro, un espacio de amor gratuito y promoción permanente, de afirmación y crecimiento.
03. TEMA TRES: LA NUEVA REVOLUCION EDUCATIVA
La propuesta consiste en leer el material y marcar las ideas mas importantes, pelearse o amigarse con él texto, y sacar algunas conclusiones como para compartir o discutir cuando nos reunamos nuevamente.
(1) Brunner (2000) destaca tres revoluciones en la educación durante los últimos siglos: (a) Aparición de las escuelas medievales que sustituyeron el paradigma familiar y comunitario por el institucional, con una educación oral y memorística. (b). Creación de sistemas escolares públicos donde comienza un sistema estatal de educación con supremacía del material impreso. (c) Aparición de la educación masiva para responder a las necesidades de la economía y a la construcción de naciones; dentro de estos parámetros se movió el sistema educativo en los siglos XIX y XX.
(2) Según Brunner (2000), la cuarta revolución es la que comienza a vivirse actualmente impulsada por el desarrollo de las nuemas tecnologías. Por supuesto, al describir dicha revolución, habla de algo que está ocurriendo, de manera lenta y progresiva, no describe una situación dada. Esta revolución se caracteriza por:
01. El conocimiento deja de ser lento, escaso y estable.
02. El establecimiento escolar sede el paso a otros medios por los que se tiene contacto con la información, se puede decir que deja de ser el canal único mediante el cual las nuevas generaciones entran en contacto con el conocimiento y la información.
03. La palabra del profesor y el texto escrito, dejan de ser el único soporte de la comunicación educacional.
04. La escuela ya no puede actuar como si las competencias que forma, los aprendizajes a que da lugar y el tipo de inteligencia que supone, pudieran limitarse a las expectativas de la sociedad industrial.
05. Las tecnologías tradicionales del proceso educativo, están dejando de ser las únicas disponibles para enseñar y aprender.
06. En este contexto, es posible que la escuela deje de ser una agencia formativa que opere en un medio estable de organización; pues los medios de comunicación y aprendizaje coexisten en un espacio multidimensional, creando la sensación de que nada es fijo y todo depende del punto de vista del observador.
(3) El aprendizaje se ha vuelto más social, y se desarrolla ahora en el campo de las redes sociales virtuales. Los jóvenes utilizan la tecnología para construir amplias comunidades de participación para muchos fines, búsquedas personales, entretenimiento y demás, pero también para fines de aprendizaje, y eso genera una oportunidad, para las escuelas, de enseñar de maneras nuevas. El aprendizaje actual de los estudiantes es mucho más virtual, multimedia y con experiencias multisensoriales. Esta es una generación que creció con la televisión y videos, no sólo viéndolos sino haciéndolos. Cualquiera con un teléfono puede hacer sus propios videos y ponerlos en la Web. Este entorno multimedia también aporta un nuevo aprendizaje conceptual, nuevas oportunidades para aprender, pero también desafía a los profesores y los educadores, de todos los niveles, incluso universitario, para que desarrollen materiales de nuevas maneras.
(4) Básicamente hay que recordar que se produce conocimiento en todas partes, y que esta producción de conocimiento tiene lugar todo el tiempo. No es solamente estando en la facultad o en el aula, sino en la casa, en el lugar de trabajo, en el café; los estudiantes están aprendiendo de otras maneras y aprendiendo información nueva en muchos sectores, la mayoría de los cuales no tienen conexión con la facultad, con el colegio, con la escuela. Se trata del “aprendizaje ubicuo”. Desarrollar nuevas asociaciones de colaboración con estos otros lugares de aprendizaje y ayudar a los estudiantes en las escuelas a relacionar el aprendizaje que tiene lugar en otros sitios donde están aprendiendo. Las cosas de la escuela son importantes pero también es importante relacionarlas con ese aprendizaje en Internet, en la cultura popular, en los medios y la televisión porque esta es una generación que está aprendiendo en muchísimos lugares y en un montón de maneras distintas. (BURBULES. Entrevista)
(5) Esta idea de “ubicuidad educativa” -se aprende en todas partes y de diferentes modos- ¿en qué medida representa un cambio de paradigma educativo? Plantea un reto fundamental a las instituciones de educación formal porque antes éstas tuvieron el lugar primordial en el que los estudiantes aprendían: la escuela y la biblioteca. Ahora, con una palm en su cartuchera, pueden tener Internet en su bolsillo. Y los jóvenes tienen Internet en el bolsillo. Si quieren averiguar algo no necesitan ir a la biblioteca, no necesitan preguntarle a un profesor, pueden buscarlo o comunicarse con sus amigos y tal vez ellos lo saben. Esto significa que la enseñanza ahora está ubicada en muchos canales diferentes de aprendizaje distribuido, de aprendizaje en colaboración, que no son controlados por las instituciones formales, o sea que ya no existe ese monopolio. Las escuelas siguen siendo muy importantes, pero ya no desempeñan el mismo papel; siguen siendo el centro de la rueda, pero ese centro está conectado por los rayos a estos otros lugares de aprendizaje donde éste se produce. Y los docentes están desplazándose permanentemente desde el centro a los extremos. (BURBULES. Entrevista)
(6) En cuando a los contenidos es posible que después de la “singularidad digital”, hayan emergido dos clases de contenidos: contenido de “herencia” y contenido “futuro”. El contenido de “herencia” incluye la lectura, la escritura, la matemática, el pensamiento lógico, entendiendo las escrituras y las ideas del pasado, todo el plan de estudios “tradicional”. El contenido “futuro” está en un nivel más alto, no asombroso, pero sí digital y tecnológico. Este incluye software, hardware, robótica, nano-tecnología, genomas, etc. pero también comprende ética, política, sociología, idiomas y otros temas relacionados. Este contenido “futuro” es extremadamente interesante para los estudiantes de hoy. Marc Prensky (2001),
(07)Nuestros nuevos sujetos son hijos de las nuevas tecnologías. Por eso los denominados nativos digitales: (a) prefieren recibir la información con rapidez; (b) les gustan los procesos y multitarea paralelos; (c) prefieren gráficos antes que textos; (d) eligen accesos al azar (desde hipertextos) que un avance sistemático; (e) funcionan mejor cuando trabajan en red; (f) prosperan con satisfacción inmediata y recompensas frecuentes; (g) prefieren jugar en “serio” que trabajar.
(08)Mientras las generaciones anteriores trabajaban con papeles y el formato de referencia era la PAGINA (con sus diversas dimensiones y su posibilidad de lectura y escritura), esta generación tiene como formato las PANTALLAS = CINE, TV (de todas las tecnologías), MP4. MP5, CELULARES, GPS, COMPUTADORAS, CAJEROS AUTOMATICOS, OPERADORES DE OFICINAS Y BANCOS, AGENDAS ELECTRONICAS, PALM, READER BOOK, CAMARAs FOTOGRAFICAS, ETC.
(09)Todos estos pertenecen a una generación que se han mimetizado con los recursos tecnológicos que usa: todo lo que compramos tiene muchos usos, múltiples funciones (además de la función básica que le da identidad al producto), desde un auto hasta una heladera. Pero especialmente los TELEFONOS CELULARES compiten por ofrecerle al usuario TODO: llamar, recibir, hablar, escuchar, escribir, leer, sacar fotos, alarma, mp3, escuchar radio, escuchar música, ver videoclip, ver tv, gps, registrar fotos, registrar videos, etc… También los alumnos son “multitareas” (MULTITASKING), hacen, piensan, hablan, escuchan en el contexto de muchas tareas: bajan música, estudian, chatean, hacen el trabajo atrasado, etc.Y nuestra presencia, nuestra palabra, nuestras obligaciones llegan a ese mundo lleno de tareas, intentando competir con él. Lo cierto es que “quien mucho abarca poco aprieta”…y frecuentemente personas y productos que quieren hacerlo todo, hace poco y mal. ¿Será esa la tarea de la educación y de la escuela: secuenciar las ocupaciones para hacerlas en serio y bien?
(10) Nuestros estudiantes son hoy todos “nativos” de la lengua digital específica de los juegos por computadora, video e Internet. Nacieron y crecieron en un mundo informatizado, y son expertos en su manejo. Tienen destrezas y formas de comunicación que los adultos no terminan de asimilar. Esta generación es también conocida como la generación multitarea o multipantallas, y se distingue claramente de los “inmigrantes digitales”, es decir, de los adultos que consideran que las herramientas del mundo digital es motivo de un aprendizaje específico y que hacen la vida un poco más complicada. Por supuesto que no todos los “nativos” – como en todos los órdenes de la vida – tienen dominio de su territorio y que una manifiesta inequidad separa a los que pueden acceder a todo (cantidad) y a lo mejor (calidad) de aquellos que no tienen acceso o lo tienen a productos de escaso nivel.
(11) Frente a ellos, nosotros los adultos somos los inmigrantes o “migrantes digitales”: hemos llegado al mundo de la tecnología transportados desde un territorio en el que sentía cómodos moradores. No todos pertenecemos al universo tecnológico, sino que nos hemos ido incorporando al mismo, primero con desconfianza, luego con esfuerzo y finalmente con interés. Hay una generación que ha sufrido, protagonizado o atravesado todos los cambios tecnológicos del momento: cine, video, música, teléfono, lectura, escritura. Estos migrantes han hecho – en muchos casos – un poderoso esfuerzo de adaptación. Pero hay algo cierto: siguen perteneciendo a la generación anterior y su pensamiento pudo mantener los criterios del pasado. Tienen los instrumentos para iniciar el diálogo que se requiere. Otros han optado por ser extranjeros o turistas.
(12) No se trata solamente de una cuestión de uso de nuevas tecnologías (en sí mismo un factor que merece un análisis), sino una nueva manera de conocer, de asomarse al mundo y a la historia, de hablar y de pensar. Los nuevos sujetos no tienen comportamientos y rendimientos diferentes con respecto a las generaciones anteriores: son diferentes porque los nuevos soportes y mediaciones han cambiado su forma de ver, de interpretar y de hacer. Tampoco debe considerarse como un problema u ocupación de los que enseñan computación, informática o nuevas tecnologías: es una preocupación que deben atender los que enseñan lengua, historia, matemática, ciencias naturales o idiomas. De todos.
(13) Cuando muchos de nosotros nos educamos, el futuro que nos aguardaba era previsible: uno podía asomarse al horizonte del porvenir y organizar su propia vida. Hoy el mundo es absolutamente fugaz y cambiante. Un periódico afirmaba hace algunos días, al presentar “los trabajos que nos aguardan”: Ser un policía del clima, un granjero “vertical”, un inversor o broker del tiempo o un administrador de basura digital no parece una necesidad apremiante en el mundo actual. Sus nombres, incluso, suenan a ciencia ficción. Pero en veinte años, cuando la vida cotidiana esté ligada inevitablemente a los avances científicos y la tecnología, comenzará a ser común requerir los servicios de uno de estos especialistas y, por qué no, hasta convertirse en uno de ellos. Llegaron a enunciar 110 nuevas carreras o profesiones, entre las que destacaron las veinte más importantes que tendrán mayor demanda, respaldo económico y proyecciones educativas.
Cuando le enseñamos algo a quienes hoy tienen 6, 10 o 15 años, estamos educando a los ciudadanos del 2030 o del 2050. No es tarea fácil prepararlos: tal vez sea conveniente y necesario, por lo menos conocerlos, porque seguramente relativizaremos los contenidos que enseñamos y exigimos para poner el acento en las competencias que deben desarrollarse, esas disposiciones que no sólo se rinden y se aprueban, sino que quedan como aprendizaje consolidado.
04. TEMA CUATRO: EDUCACION: OBLIGACION O DERECHO
(1) La educación universal fue un propósito proclamado en el siglo XIX, pero como derecho efectivo pudo consolidarse lentamente a lo largo del siglo XX. En el siglo XXI, EDUCAR-SE – conjugar el verbo educar en primera persona – es un derecho que no sólo debe ser respetado, sino efectivamente promovido y respetado. Y esto es importante porque en los tiempos que corren, frecuentemente se escuchan voces cruzadas por ideologías muy definidas que periódicamente recurren al salvavidas de la educación para domesticar a los bárbaros, para civilizar a los excluidos, para renovar los mecanismos de protección.
(2) Y aunque en verdad podamos estar viviendo una época en que se pone en riesgo el contrato social que ordena el funcionamiento de la comunidad, no es menos cierto que para muchos este contrato tiene cláusulas asimétricas: algunos tienen todo el poder y los recursos, y otros sólo existencia social en la medida en que acepten mantenerse fiel al lugar en que un destino insobornable los ha depositado desde su nacimiento, y volverse visibles únicamente cuando los hilos del poder o la marginalidad los potencia.
(3) Habría que revisar – en este sentido – la figura de DON BOSCO y otros educadores que en el siglo en que la escuela se expandía triunfal por la geografía de la modernidad, ellos se dedicaron a poner en cuestión su presencia y su presunta efectividad. Y propusieron alternativa al modelo hegemónico y normalista de escuela.
(4) La educación del pasado era UNIVERSAL (derecho) y OBLIGATORIA (deber), y lo era porque representaba un valor para cada sujeto, pero sobre todo una necesidad para todo ESTADO que aseguraba así la construcción de sus CIUDADANOS. En nuestros días, ejercer el derecho a la educación es una prioridad: educarse en un derecho que potencia los derechos, porque conduce al ejercicio – en serio – de los otros derechos, que no descuida los compromisos y las obligaciones sociales, pero que hace más integral el ejercicio de los restantes derechos.
(5) Porque se necesita EDUCACION para pensar con autonomía, para poder expresar a través de un lenguaje coherente y sólido el pensamiento y las propias ideas, para defender y sostener las propias convicciones, para no subordinarse ni dejarse dominar por el pensamiento y las palabras de otros (ni funcionar con las renovadas formas de esclavitud que representan los distintos clientelismos), para buscar y construir un lugar en la sociedad, para definir el propio ser y quehacer en el campo de la producción y del trabajo, para armar de manera responsable la propia familia y comprometerse con los afectos, para participar de la vida democrática y elegir a los delegados, a los representantes, a quienes nos gobiernan, para darle forma al propio proyecto de vida, para subjetivar los saberse progresivos y necesarios para poder asegurarse alguna forma de trascendencia.
(6) Eso significa que es necesario PROMOVER EL DERECHO A LA EDUCACION: seguramente no era lo que pensaba Sarmiento (porque sus ideas y su contexto le impedían imaginarlo) y no es lo que piensan los que resucitan la educación cuando la reactivación económica multiplica los puestos de trabajo y necesitan operarios especializados, especialmente moldeados para sus requerimientos específicos… ni los que reclaman la educación – que silenciaron de los medios y de las agendas públicas durante años – cuando la inseguridad y la exclusión se convierten en un peligro latente o manifiesto. En cambio es algo en lo que seguramente pensó DON BOSCO y pensaron sus primeros salesianos. ¿Por qué? Porque se trata de crear en todos los SUJETOS la necesidad de educarse, principalmente en aquellos que tienen poco acceso a la educación y en general un acceso a la educación de pésima calidad. Y también en aquellos que disponiendo de recurso acceden a la educación formalmente, pero no lograr educarse, no pueden construir un proyecto de vida que refleje la educación que reciben o han recibido.
(7) Las cuestiones implícitas o supuestas no siempre son reales, efectivas: si nunca se hacen explícitas y seguras, si no se las nombra y se las convierte en propuesta, construcción o demanda, no existen. Y de eso se trata de armar el ejercicio del derecho a la educación con respuestas no coyunturales o estratégicas, sino estructurales y de fondo.
(8) Los jóvenes son el futuro de toda comunidad. Que haya cientos de miles de jóvenes que no estudian ni trabajan supone una pérdida insalvable para la sociedad. Y, sobre todo, un fracaso para todos ellos: una vida en vano, una existencia trunca. Cuando esto se produce aflora una triple exclusión: de la enseñanza, de la capacitación laboral, de la esperanza en la propia vida; y quedar afuera de las instituciones socializadoras: la escuela, el trabajo, a veces de la familia. La cultura y las habilidades sociales necesarias para incorporarse como miembro adulto de la sociedad se adquieren en esas instituciones que transforman al niño en ciudadano apto para desenvolverse en la sociedad. Las instituciones de enseñanza, los lugares de trabajo y la familia brindan al niño y al adolescente los recursos para moverse competentemente en el medio social. (Mario Margulis. UBA.)
(9) La escuela no sólo trasmite conocimientos, inicia al niño y al adolescente en los códigos de la convivencia, en el respeto recíproco y en los matices del trato mutuo. El taller y la fábrica adiestran en las habilidades y disciplinas del trabajo, pero también enseñan destrezas sociales y aportan en la construcción de la identidad. ¿Qué queda para el joven excluido de estas instituciones, que no trabaja, no estudia y tiene un hogar problemático? La calle, el grupo de pares, otros jóvenes como él igualmente a la deriva, vulnerables a la droga, a las tentaciones fáciles, a la estigmatización, al delito e incontables riesgos.
(10) La única manera de convertir el derecho proclama en un DERECHO EJERCIDO es promoverlo en serio desde el rol que nosotros mismos ejercemos como EDUCADORES. Escuelas distintas y educadores comprometidos con nuestra profesión. Un derecho no se lo promueve convirtiéndolo en obligatorio, sino presentándolo como apetecible, necesario.
(11) Hasta ahora, nosotros los docentes hemos respetado el concepto tradicional de la educación: brindar el servicio para el ejercicio de un derecho que podía tener o no interesados. Los docentes estuvimos allí esperando a los usuarios, a los interesados, a quienes debían venir a la escuela, la agencia social y pública de la educación. A veces logramos convertirnos en educadores de todos; otras, nos vimos sorprendidos y desbordados por la heterogeneidad de la población que nos invadía; y frecuentemente reconocimos nuestra imposibilidad para afrontar los nuevos tiempos.
(1) Desde hace 25 años, la universalidad de la educación comenzó a poblar las aulas con una masa heterogénea: rompieron los muros y se sentaron en los bancos no sólo los elegidos, los aceptados, los previamente seleccionados por la sociedad, sino, todos: los excluidos, los inesperados, los indeseables, los invisibles, los ignorados. La puerta estaba abierta y entraron: muchos nunca supieron para qué entraron ni comprendieron lo que se hacía en ese extraño lugar. A pesar de ellos se quedaron, sin saber qué hacer allí. Otros duraron poco y un número creciente – a pesar del derecho, de la obligación y de las puertas abiertas – nunca ingresaron.
(2) Los docentes interpretábamos la partitura que nos enseñaron: era nuestra tarea y aguardábamos que los alumnos respondieran con su propio compromiso: nosotros estábamos para enseñar y ellos estaba para aprender. Esta obviedad se ha quebrado: los alumnos – de cualquier clase social – concurren a las escuelas, ingresan al aula, se sientan en los bancos pero no necesariamente tienen intenciones de aprender. Por eso nuestra tarea cambia.
La tarea que nos aguarda es otra: no es repetir lo que hicimos, sino pegar el salto hacia una nueva realidad laboral, hacia una nueva realidad institucional, principalmente en aquellas escuelas u organizaciones que están particularmente preparadas para ello
(3) . ¿Y cómo visualizamos esa nueva realidad educativa y docente? (a) capacidad y preparación profesional específica para atender a todos, trabajando sobre la heterogeneidad; (b) saber privilegiar a los que menos pueden (que generalmente son los que menos tienen) porque son los que no son capaces de hacer uso del derecho a la educación, a la buena educación, a la mejor educación: (c) especialización: los docentes debemos crecer – como las restantes profesiones – en diversas formas de especialización: edades, capacidades, situaciones sociales, geografías, instituciones, etc.; (d) capacidad vocacional para convertir la tarea docente no sólo en una espera, sino en una conquista: salir a buscar a los ausentes, a los ignorados, a los que aun no han descubierto las posibilidades que puede brindar una buena educación; (e) conciencia crítica para luchar por un formato integral de la educación y una presencia profesionalmente digna del docente; (f) un ciudadano activo que instala el tema de la educación en la agenda pública y la defiende como una condición necesaria para la transformación de cualquier forma de sociedad.
(4) No se trata de una tarea fácil, pero será una excelente posibilidad profesional, que le otorga fortaleza y trascendencia a una presencia laboral y social que se ha visto desdibujada en los últimos años. Nadie está obligado a ser héroe, pero es bueno que en la vida haya oportunidades y circunstancias que nos permitan serlo y que tengan el debido reconocimiento.
(5) Por eso hablamos de la EDUCACION como un derecho humano de CUARTA GENERACION, porque se trata de un derecho que apunta a la calidad de vida social y personal, y para que eso suceda se necesita que ciertos DERECHOS – como éste – sean deliberadamente promovidos, cuando los sujetos (o sus responsables) no quieren ejercerlos. La educación para todos no es sólo una oferta, una obligación proclamada en leyes y discursos, sino una necesidad que los educadores debemos ayudar a descubrir en quienes no logran tomar conciencia. [2] Los llamamos de CUARTA GENERACION porque trabajamos por el efectivo ejercicio de los derechos proclamados en las formulaciones precedentes.
ACTIVIDADES
[2] DERECHOS DE PRIMERA GENERACION: Los derechos civiles y políticos aquellos que inciden sobre la expresión de libertad de los individuos, aunque son derechos que tienen como soporte la filosofía de la ilustración y las teorías del contrato social. Estos derechos están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y los Pactos Internacionales le ponen un límite al poder del Estado, asegurando su autonomía.
DERECHOS DE SEGUNDA GENERACION se incorporan a partir de una tradición de pensamiento humanista y socialista; son de naturaleza económica y social, e inciden sobre la expresión de igualdad de los individuos: se exige cierta intervención del estado para garantizar una acceso igualitario al ejercicio de los derechos para compensar las desigualdades naturales creadas por las ventajas y desventajas de clases, etnia y religión que caracterizan las diferencias sociales de los individuos desde su propio nacimiento. El estado debe garantizar el acceso a la educación, el trabajo, la salud, la protección social, etc., creando las condiciones sociales que posibiliten un ejercicio real de las libertades en una sociedad donde no todos los hombres nacen iguales
DERECHOS DE TERCERA GENERACION responden a la acción de determinados colectivos (grupos) que reclaman legítimos derechos. Protegen determinados grupos de edad, minorías étnicas o religiosas, países con menor desarrollo, sectores que se sienten afectados por alguna de las múltiples manifestaciones de discriminación y exclusión social. Aparecen aquí como derechos, el respeto y la conservación de la diversidad cultural, la protección del medio ambiente, la conservación del patrimonio cultural de la humanidad.
DERECHOS DE CUARTA GENERACION son los que efectivamente quieren garantizar que los anteriores derechos se pueden ejercer no sólo para bien del estado y de la sociedad, sino para beneficio también de cada uno de los individuos. Y aquí se da un paso más: el bienestar general, la calidad de vida exigen otros contextos: se reivindica la integración de la gran familia humana, la ética planetaria, el derecho a la paz y a la intervención desde un poder legítimo internacional en los conflictos armados; tribunales internacionales que actúen en los casos de genocidio y crímenes contra la humanidad; un desarrollo sostenible que permita preservar el medio ambiente natural.
01. DOCENTE COMO UN ADULTO PROMOTOR DE LA EDUCACION DEL OTRO
02. PROFESIONALIDAD DE LOS DOCENTES
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DISPOSICIONES Y COMPROMISOS
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conocimientos profesionales saber Enseñar |
PREPARARSE |
compromiso profesional Presencia Responsable |
ASISTIR A CLASE | ||
| SABER | TRABAJAR | ||||
| MOTIVAR – ATRAER | COMPROMETERSE | ||||
| ENSEÑAR | SER RESPONSABLE | ||||
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empatia profesional Capacidad Relacional |
COMUNICACIÓN |
ejercicio profesional Control y Disciplina |
REGLAMENTO | ||
| ALEGRIA Y HUMOR | DISCIPLINA | ||||
| AFECTO | CONTROL | ||||
| CALIDEZ | JUSTICIA | ||||
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indicadores de la profesionalidad DOCENTE
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01 |
Rigor intelectual y actualizado dominio de los conocimientos que enseña. | |
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02 |
Manejo de los recursos didácticos y del arte de enseñar. | |
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03 |
Conocimiento psicopedagógico de los sujetos que tiene a su cargo: edad y contextos | |
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04 |
Hábil y responsable, en el manejo del grupo-clase: control, disciplina, buena relación. | |
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05 |
Competencias comunicativas básicas Empatía: relaciones cargadas de entendimiento y afecto |
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06 |
Capacidad para promover siempre los aprendizajes de todos: insistencia pedagógica. | |
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07 |
Trabajo en equipo, articulando la propia presencia con los colegas que comparten los diversos grupos. Posibilidad de búsqueda de soluciones para problemas comunes. |
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08 |
Capacidad para brindar informes técnicos y recomendaciones a quienes lo solicitan: padres, directivos, supervisores. |
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09 |
Reflexión crítica sobre la tarea docente: revisar el cumplimiento de la misión y función asignada y asumida (autoevaluación). |
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10 |
Calidad de vida, realización personal y posibilidad de disfrutar del trabajo. | |
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COMPROMISO ETICO
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vocación |
esfuerzo |
PACIENCIA |
honestidad |
buen trato
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dedicación |
abnegación |
sinceridad |
dignidad |
coherencia
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COMPROMISO |
cuidado |
ENTREGA |
SENSIBILIDAD |
solidaridad
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03. Conocimientos, estrategias, clima relacional.
04. RECUPERAR LA AUTORIDAD DEL EDUCADOR
ACTIVIDADES
05. CONCLUSION: QUERIDO/A MAESTRO/A, PROFESOR/A, EDUCADOR/A:
Siempre escucho tus pedidos, tus retos, tus órdenes. Hoy quiero expresar lo que necesito y decírtelo de la mejor manera posible, pero no quiero ofenderte con mis palabras, sino ayudarte a cuidarme más.
JULIAN ZINI: A Orillas de tu Silencio
Duerme tranquila hija mía,
que está velando tu sueño
el corazón desvelado
de tu papá compañero.
Duerme nomás que entretanto,
y a orillas de tu silencio,
voy a contarle a tu madre
lo que entre mí a veces pienso.
Adónde irás con los años,
adónde te lleva el tiempo;
quién llegará, cómo y cuándo,
para ser tu compañero.
Cómo me cuesta perderte
ser tuyo y no ser tu dueño;
quedarme solo en testigo
y no apuntalar tu sueño.
Busco en mí la palabra que te debo y no la encuentro.
Quiero hacerte un regalo que te sirva y no tengo.
Te acaricio y me tiembla la ternura en los dedos.
Me preocupa quererte y no sé cómo hacer.
Me recibí de padre como si fuera un sueño.
Puesto a andar en la vida, tropecé con los hechos.
Me enseñaron de chico que el amor era ciego
y segado de amor no pensé nunca en ésto.
Con traerte a este mundo solté un río tremendo
que se fue de mis manos, que se fue de mi tiempo.
Cada día que pasa sos distinta y confieso
que no sé que decirte más allá de mis besos.
Como yo y como todos sé que sos un misterio,
un inmenso posible y un hermoso proyecto.
Yo, tan sólo un testigo que te sigue de lejos
con el alma en los ojos y soñando un encuentro.
Qué haremos tu madre y yo
sino darnos por enteros,
sabiendo que nuestros hijos
son ellos y no son nuestros.
Cómo seguirlos de cerca
por amor y no por celos;
Cómo hacer que nos elijan
como padres verdaderos.
PEDRO GUERRA : LARA
Lara está creciendo
a pesar suyo descubriendo
que crecer es ir perdiendo
las ventajas que nos daba la niñez
Lara está creciendo
a pesar nuestro sorprendiendo
por lo rápido que pasa el tiempo
y en el horizonte la vejez
Lara atravesando el túnel de la confusión
Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no
Lara pretendiendo
ser más rápida que el viento
y escogiendo sólo aquello
que la vida nos regala con placer
Lara que se siente triste que se siente rara
Lara hace equilibrios en el puente que separa
el pasado del mañana
Lara discutiendo
lo sencillo y lo complejo
ignorando los consejos
inventando por sí misma el devenir
Lara decidiendo
qué hay que hacer con este incendio
y se quema con el fuego
de la vida y el impulso de vivir
Lara atravesando el túnel de la confusión
Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no
Lara está creciendo
y se observa en un espejo
que confunde su reflejo
pero busca porque quiere ser feliz
Lara que se siente triste que se siente rara
Lara hace equilibrios en el puente que separa
el pasado del mañana.
01. Las cosas están cambiando para todos: no sólo son distintos nuestros hijos, la escuela, las salidas, los horarios, las diversiones, su lenguaje, sus gustos o costumbres, sino que también nosotros somos distintos.
02. Por eso, en este encuentro, vamos a hablar de nosotros, no de nuestros hijos, entre otras cosas, porque no están presente para escuchar, aportar su visión, contra-argumentar o defenderse. Vamos a hablar de nosotros. Y los beneficiarios serán nuestros hijos. Es fácil decir lo que nuestros niños y adolescentes deben o no deben hacer: decirlo aquí, en esta charla, que lo diga yo y que ustedes estén de acuerdo o me corrijan. El problema es decirlo esta noche o mañana en casa, o el fin de semana o el domingo por la tarde o al llegar las vacaciones o en las situaciones concretas.
03. Todos ustedes hace rato que se han recibido de padres y, por lo tanto, no necesitan que yo le entregue recetas para hacer lo que ustedes saben hacer: tal vez necesitemos reflexionar juntos qué debemos ser como padres para que nuestra palabra, nuestro consejo, nuestras advertencias, nuestras correcciones, nuestras diversas formas de presencia tengan posibilidades de llegar a nuestros hijos. En palabras de un com-provinciano reconocido: Busco en mí la palabra que te debo y no la encuentro. Quiero hacerte un regalo que te sirva y que no tengo. Te acaricio y me tiembla la ternura en los dedos. Me preocupa quererte y no sé cómo hacer.
04. Si nosotros mejoramos, nuestros hijos serán mejores: si nosotros ajustamos nuestra forma de ser y de obrar, si somos mejores y asumimos nuestro rol de padres, seguramente ellos responderán mejor. Tal vez los padres del pasado no eran mejores educadores, no vivían pensando en la educación que necesitaban sus hijos, sino que se limitaban a “ser padres”, a “hacer sencillamente y todos los días de la vida lo que debían hacer”. Seguramente tenían miles de problemas (económicos, laborales, matrimoniales) pero nunca negociaban la responsabilidad principal por el que habían formado una familia: hacerse cargo de los hijos. No basta con tener un hijo para ser padre o madre. Uno tiene que hacerse padre, hacerse madre (“Me recibí de padre como si fuera un sueño. Puesto a andar en la vida, tropecé con los hechos”) Y, además, se puede ser huérfano aunque los padres estén vivos. De hecho habitamos en una sociedad de hijos huérfanos: una sociedad en la que chicos y adolescentes carecen de padres, de referencias, de límites y de valores que den sentido a sus vidas. Nadie nos obliga a ser padres. Si decidimos serlo, debemos ejercerlo: es compromiso del que no podemos retirarnos, aunque los contratos entre los adultos puedan legalmente disolverse.
05. En esta tarea, todos somos iguales, todos somos igualmente padres: no hay títulos que podamos conseguir. Nadie es más padre que otro, y los títulos que exhibimos, los trabajos o las profesiones, la clase social o la ubicación geográfica, la abundancia o la pobreza no otorgan jerarquías ni privilegios. Hay mejores padres y mejores madres simplemente porque ejercen esa función, se hacen cargo de esa responsabilidad, y obtienen buenos resultados. Y hay padres peores o simplemente malos padres porque se bajan de su rol, se borran, desaparecen o simplemente están aunque no cumplen ninguna función. Los hijos que viven la peor de las orfandades no son los que tienen a sus padres muertos, sino aquellos que tienen a sus padres vivos. Padres vivos e hijos huérfanos es la peor ecuación imaginable, porque son los padres ausentes, los que se borran, los que nunca están (porque no quieren, porque no pueden o porque no saben).
Algunos han desertado de su compromiso porque han interpretado que las relaciones familiares debían ser democráticas, cuando en realidad en la familia (como en otras interpretaciones) las relaciones son asimétricas y es necesario que se afirme el sentido de la autoridad. Otros han crecido discutiendo el poder y la autoridad de sus padres y como reacción se han convertido en rehenes de sus propios hijos. Y están los que han desarrollado un sentimiento de culpa (por el tiempo que le dedican al trabajo, a los viajes, a la vida social, a los negocios) que pagan con una falsa conquista de sus hijos. En los tres casos, los padres no saben o no desean cumplir con su rol. Y en esto no hay sustitutos: lo que los padres dejan de ser o hacer, no lo reemplaza nadie y lo paga toda la sociedad.
06. Lo primero que necesitamos es volvernos adultos, ser adultos. El adulto es alguien que asume la autonomía y la responsabilidad. En estos tiempos en los que muchos adultos quieren ser o parecerse jóvenes, la función de padres los coloca en el lugar del adulto, más allá de la edad que tengan como papá o mamá. El adulto renuncia a formar parte del bando de los jóvenes, a comportarse como joven que puede aun ser inconsciente, tomas la vida en broma y depositar la responsabilidad en otros. Los padres adultos toman decisiones, asumen riesgos, de hacen cargo de los hijos, saben que son sus últimos responsables hasta que alcancen su propia autonomía o adultez. Volverse adulto incomoda, nos quita de la tranquilidad, nos pone en un lugar autoridad, en el que decidimos sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Por eso muchos padres prefieren renunciar a ese rol y proponer una presencia de amigo y compañero: porque el amigo puede funcionar como confidente, como cómplice, respaldo y ayuda, pero no asume la responsabilidad por el otro. El desafío es construir unos padres que no sean autoritarios como fueron los suyos, pero que tengan la capacidad de contener y educar sin miedos y sin culpa. El adulto no añora la inconciencia de la adolescencia perdida, los sueños de la juventud. No vive, ni piensa como lo que fue o lo que gustaría haber sido. Habla y piensa como adulto: ama, vive, construye sus discursos, arma su vida, asume su trabajo y sus responsabilidades desde su rol de adulto educador. Cualquier confusión en este sentido pone en riesgo tanto al educador como a los educandos. Si en lugar de padres, los hijos encuentran un compañero, si en lugar de profesor los alumnos descubren y valoran a un amigo, esos mismos hijos/alumnos se quedarán huérfanos de educadores, padecerán la ausencia de quienes deben incentivarlos y guiarlos para el crecimiento, la marcha hacia el futuro que los demanda.
07. Por eso es imprescindible restablecer el sentido preciso de la autoridad. La autoridad siempre es sustantivo y remite a una posesión fundamental: lo que es o lo que se tiene. No existe un verbo que ponga en funcionamiento la autoridad, porque la autoridad es una propiedad fundamental de quien la posee. Pero no es dado simplemente por “tener un hijo”, sino porque uno aprende a tener y a ejercer esa autoridad de padre o de madre de familia. Más que un título es una conquista, una construcción: los padres se vuelven dignos de ejercer la autoridad, porque sus hijos los “habilitan”, los reconocen como tales. No es una imposición arbitraria, que se maneja con órdenes y gritos, sino una presencia que habla, indica, prescribe pero que sabe hacerlo siempre pensando en el crecimiento de sus hijos. Pueden disponer cuestiones agradables, difíciles o dolorosas, pero no pretende ampararse en la simpatía, sino en el amor, algo que supone estar siempre en los buenos y en los malos momentos, a la hora de conceder y de prohibir. Los hijos de este tiempos, de las últimas generaciones han tomado por costumbre ”habilitar” a los referentes y a los adultos. Nadie es reconocido sólo por ocupar un lugar o cumplir una función. Los padres ejercen su rol y funcionan como tales, solamente si sus hijos “los habilitan como padres” (entonces los escuchan, los consultan, los tienen en cuenta); de lo contrario los ignoran, los desconocen, desprecian. Habilitar viene de “volver hábil” e implica hacer a alguien o algo hábil, apto o capaz para una cosa determinada; dar a alguien el capital necesario para que pueda negociar por sí. Y de eso se trata: padres con autoridad saben siempre que es lo que hay que decidir y lo hacen pensando sólo en el bien de sus hijos: no deciden por miedo, por moda, porque lo hacen otros padres, para conquistar a sus hijos, para ocultar sus debilidades. Lo hacen porque hay que hacerlo, sin que falte la capacidad de escuchar, dialogar y consultar también a sus hijos.
08. Necesitamos fortalecer los tiempos y espacios familiares, de encuentro familiar. No se trata de vivir juntos, de con-vivir, sino de encontrar tiempos y lugares para hablar, dialogar, escuchar, hablar. Los padres tienen cosas para comunicarles a sus hijos. Los hijos tienen cosas para comunicarles a sus padres. No se puede hablar en el curso de un almuerzo, con la televisión resonando en un extremo y llamados de teléfono. Tampoco en un momento en que estamos nerviosos, cansados, ansiosos, vulnerables. Necesitamos “buenos tiempos”, “tiempos oportunos” que saben encontrar el lugar adecuado: la casa, un bar, una caminata, una actividad juntos, un viaje. La calidad de la comunicación se mide por la capacidad de escuchar con todos los sentidos: mirar, oír, estar. Puede pasar que la palabra de nuestros hijos nunca sean escuchadas: nosotros estamos allí, pero seguimos metidos en nuestros mundos personales. Muchas de las patologías que socialmente lamentamos en el campo de las adicciones provienen de la incapacidad o imposibilidad de hablar. Nuestros hijos hablan para que los escuchemos. Si no los escuchamos, no hablan más.
“No puedo hablar con mi hijo. Está siempre encerrado en su mundo”. Puede tratarse de una personalidad adolescente muy cerrada, a quien le cuesta comunicarse. Pero puede suceder que sea alguien a quien nunca se ha escuchado, siempre silenciado o ignorado. La respuesta del hijo será natural: ahora no hablo más. Y hay tantas otras frases: “Papá, ¡vos nunca tenés tiempo para nosotros!”, “Mamá, tenés todo el tiempo para tus amigas y tus actividades, pero para nosotros, nada”.”Ustedes se preocupan por comprarnos todo, pero nunca quieren escucharnos. Pareciera que no les interesa conocer nuestros problemas”. En los verdaderos encuentros, aparecen los temas de fondo, aquellos que nos cuesta abordar (tanto a los padres como a los hijos): enamoramiento, sexualidad, salidas, excesos, consumos, bromas, mentiras, travesuras, criterios morales, lo bueno y lo malo, amistades, fracasos, riesgos. No siempre escucharemos cosas agradables, pero para eso estamos para intervenir como padres en el momento justo.
09. Necesitamos desarrollar y crecer en la cultura del cuidado, hacer de la familia un lugar del refugio y del amparo. Frente a nuestra sociedad actual que exhibe mayores niveles de peligros, inseguridades y riesgos, los padres debemos crear una red, una relación de hospitalidad, de acogimiento, de protección. Esta cultura del cuidado es la que aparece en la frase con que despedimos a los que queremos: “¡Cuidate!”. Cuidar implica ocuparse, preocuparse, estar junto, servir de respaldo, dedicarse.
Instalar la cultura del cuidado es la única manera de sobrevivir en un mundo demasiado ancho, demasiado ajeno, inhóspito, sumergido en múltiples formas de orfandad. Y ese el mundo en el que se ingresan nuestros hijos. Cuidar a los hijos, hacernos cargo de ellos, protegerlo para sentirse uno mismo cuidado, protegido, respaldado. Es lo que hemos hecho siempre – especialmente las madres – cuando han tenido alguna enfermedad. Esta cultura del cuidado es más general: porque hay otras amenazas, otras enfermedades. El cuidado valora al otro, recupera su iniciativa, respeta su pensamiento, se hace cargo de sus limitaciones, construye a partir de sus defectos, promueve el crecimiento de cada uno de ellos. En cada edad “los cuidados” son diferentes: porque sabemos que hay una clara diferencia entre la protección y la sobre-protección: entre cuidar e impedir el crecimiento, la posibilidad de comenzar a volar solos. Y nuestros hijos también deben acostumbrarse, aceptar nuestro cuidado, porque ésa es nuestra función, siempre que en el intento por cuidarlos no los ahoguemos. Y es verdad que siempre hubo problemas y peligros, pero hoy la situación parece más complicada. Hay una canción de los OLIMAREÑOS que refleja una realidad que no es la nuestra:
| Yo me quedaba sentado en sus rodillas Me quedaba dormido con mi padre. Me quedaba dormido, en el medio de aquella maravilla Y yo soñaba, cuando ellos conversaban, mi madre preguntaba por el mundo. Mi madre preguntaba, y mi padre sonriendo contestaba. | Y era tan linda, y tibia la cocina Y allí todos reunidos y apretados, y allí todos reunidos….., el mundo se iba haciendo sin orillas. Y en la ventana, el miedo, pero lejos.. Y en aquellas palabras misteriosas y en aquellas palabras, la llave de los sueños mas secretos…. |
Del otro lado está la cultura del descuido, de las familias – ricas o pobres, en el centro o en una villa – del abandono. Las que tienen hijos, pero no se ocupan de sus hijos. Allí los hijos quedan a un lado, son ignorados, se los saca del medio por molestos, se le deja solos (en la calle, en el barrio, en el club, en la escuela o una casa enorme pero solitaria). El des-cuidar a los hijos es dejarlos abandonados a tu propio destino. La casa des-cuidada es la casa abandonada. Una persona des-cuidada es una persona que no se arregla a sí misma (ni por dentro, ni por fuera). Un hijo des-cuidado es el que no tiene padres: nadie lo viene a buscar, no hay nadie en las reuniones, siempre tiene que arreglarse solo. Por eso decimos que el cuidado que los padres ejercemos sobre los hijos es una actividad que no se nota: el que cuida cotidianamente no recibe aplausos, no tiene monumentos, no aparece en los diarios. El cuidado es una práctica sin espectacularidad. Pero, curiosamente, hay una diferencia importante entre cuidado y sacrificio. El que se sacrifica, se priva de algo y excluye la reciprocidad. Por el contrario, el que cuida se consagra al otro y goza de ello: uno se encuentra al final de la acción más rico, no más pobre. El cuidado suele tener un saludable efecto bumerang. Uno como padre va hacia a los hijos y ellos regresan hacia uno.
10. Para ejercer nuestra responsabilidad necesitamos conocer el mundo de nuestros hijos, reconocer los territorios, los lugares en los que nuestros hijos están y se mueven. Desde allí se construye la confianza mutua, jugando con el control y la libertad, el sentido de los límites y los permisos, las autorizaciones y las prohibiciones. Nosotros somos los responsables, “los que respondemos” y por tanto nos corresponde decirles y recordarles lo que está bien y lo que está mal, lo que es un chiste y lo que es una falta, los amigos convenientes y los otros, los lugares adecuados y los riesgosos, las diversiones y los desbordes, los gustos y los excesos, los horarios convenientes y los caprichos, lo que hacen los otros chicos y lo que hacen nuestros hijos. Nosotros estamos para trazar la línea, sin depositar en otros (por ejemplo la escuela) la responsabilidad. Los hijos están creciendo y se alimentan mejor con nuestras intervenciones. Son como los árboles: crecen porque están llenos de vida, pero los tutores son los que le permiten crecer seguros, firmes, en altura.
11. Es necesario que nos vean como padres coherentes, consecuentes con lo que decimos. Si decimos algo y hacemos lo contrario es muy difícil educar. No se trata de ser perfectos, sino de comprometernos con las verdades en las que creemos. Seguramente estamos llenos de defectos y limitaciones, pero es necesario que ellos descubran una forma de ser familia, de ser padre, de ser madre, un modelo con el que impregnar su propia vida, guardar en su interior un modelo posible. Si no tienen eso subjetivado no podrán emprender seriamente la aventura de vivir. En un conocido texto SERGIO SINAY termina diciendo: “Mi padre no fue un gran hombre, pero fue honesto. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue amoroso. Mi padre no fue un gran hombre. Y no importa. Los grandes hombres ocupan a veces, demasiado lugar. Asfixian. Y son acreedores de deudas que nos hacen la vida más pesada. Visto así, por suerte, mi padre no fue un gran hombre. En muchas cosas fue sólo un pequeño hombre. Pero más allá de todo fue algo más difícil y más importante. Mi padre fue un buen hombre. Agradezco eso”. Ojalá digan eso de nosotros: no fue un gran padre, no fue una gran madre, no fuimos una gran familia…pero hicieron el intento por ser honestos, por hacer siempre lo que había que hacer, nunca se bajaron de sus compromisos.
12. Finalmente – carece de sentido recordarlo – debemos amar mucho a nuestros hijos, amarlos en serio, saber amarlos. Porque ese amor de padres es un amor que no reconoce pausa y que siempre está vigente: en los buenos momentos y en los malos momentos, cuando los hijos nos enorgullecen y cuando nos avergüenzan. Siguen siendo siempre nuestros hijos. No se trata de defenderlos sino de ayudarlos a cambiar. Y cuando los retamos o los castigamos, cuando los premiamos o los privamos de algo estamos ejerciendo ese difícil amor de padres, que es el amor que siempre queda, el que no se maneja por compromisos o por contratos, sino por lazos de sangre. Y que ellos sepan, sientan, se den cuenta de que los amamos mucho. Que una persona ame es importante, pero que se sienta amado es un respaldo imprescindible. Amamos a todos los hijos, los amamos de manera diferente, pero ellos deben sentir que los amamos a todos por igual. A veces las canciones dicen lo que no siempre podemos expresar: Cada día que pasa sos distinta y confieso que no sé que decirte más allá de mis besos. Como yo y como todos sé que sos un misterio, un inmenso posible y un hermoso proyecto. Yo, tan sólo un testigo que te sigue de lejos con el alma en los ojos y soñando un encuentro.
13. Si somos buenos padres, si podemos hacer algo, mucho o todo lo que hemos dicho (y muchas cosas que no hemos desarrollar), nuestros hijos serán mejores, porque son un reflejo de nosotros como padres, como en la genética que anticipa configuraciones morfológicas o personalidad, los hijos son la proyección de la familia. Y si los hijos son mejores, seguramente la tarea de la educación que se completa en la escuela será – para todos – más llevadera.
BUENOS PADRES PARA BUENOS HIJOS: DECALOGO
01. Demuestren a sus hijos lo mucho que los quieren: los dos y a todos por igual. El amor es un gesto que fortalece y acompaña.
02. Construyan un buen clima familiar, a pesar de todos los problemas: en el lugar en donde los hijos construyen sus vidas.
03. Eduquen en la confianza y el diálogo. Ni los gritos, ni los enojos, ni el temor generan mejores resultados.
04. Deben predicar con el ejemplo: pídanle a los hijos lo que como padres y adultos estén dispuestos a cumplir y hacer
5. Compartan con ellos el máximo de tiempo, porque sólo el tiempo que le dediquen hace que los hijos sean efectivamente muy importantes.
06. Acepten a todos los hijos tal y como son, en los diversos momentos de sus vidas. A veces no son, no hacen, ni se presentan como hubieran deseado, pero siguen siendo los hijos.
07. Enséñenles a valorar y respetar lo que les rodea: nada es gratis y todo es resultado del trabajo y del esfuerzo.
08. Sean cuidadosos con los castigos tratando de crear las condiciones para corregir y reparar acciones o reacciones inadecuadas. Y nunca olviden que también allí, lo que vale es el amor.
09. Aunque a veces es necesario prohibir y marcar los errores, nunca hay que olvidarse de aprobar y felicitar por los aciertos y las buenas acciones
10. No pierdan nunca la paciencia, porque la educación es un prolongado ejercicio de paciencia que siempre mantiene su fe en el otro, aguardando su crecimiento esperado.
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CONCLUSION: Kahlil Gibran: Tus Hijos |
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Tus hijos no son tus hijos, son hijos |
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero ni se detiene en el ayer. |
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¿EN QUÉ TEMAS Y ACTOS DEBEN EJERCER LÍMITES Y CONTROL LOS PADRES? ¿COMO HACERLO?
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USO DE VEHÍCULOS
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MORAL, VALORES, CONDUCTA
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AMIGOS Y COMPAÑEROS
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SALUD Y CUIDADO CORPORAL
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CARÁCTER, FORMA DE SER
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De pronto se puso en marcha un nuevo campeonato. Posiblemente sea para enmendar el inesperado ritmo del fútbol local o para anticipar el próximo mundial: el campeonato argentino de RATEADAS o de CHUPINAS. Los adolescentes descubrieron el medio (Facebook, aunque pudieron descubrir otro) y encontraron el argumento: campeonato argentino para lograr el máximo boicot a la escuela. La cuestión consiste en lograr el mayor número de rateadas o chapinas en las diversas ciudades.
Hemos hablado una y otra vez – en los post precedentes – del sinsentido de la escuela que tenemos. Los parches, vendajes, apósitos, agregados, reformas, discursos, cambios, transformaciones, proclamas, intervenciones de técnicos clarividentes o de ministros iluminados no han logrado tapar el sol con la mano: brilla como siempre desnudando un nivel que hace agua por todos lados. Parece que los adolescentes de todo el país (y sus padres que miran como espectadores lo que suceden, sin asumir responsabilidad alguna) no se han enterado de la presencia de DOS LEYES DE EDUCACION que pretendieron reformarlo todo y que, finalmente, pusieron más evidencia el peso de la crisis.
Ayer (1) indicaba a un grupo de alumnos algunas obligaciones para el 26 de mayo y me comunicaron que no me hiciera ilusiones, porque es el día nacional de la gran rateada. No es de extrañar que lo sea: es posible que muchos docentes se sumen a la misma y prolonguen toda la semana el feriado tentador para poner en marcha un programa turístico.
Ayer (2) desarrollando un tema de filosofía, les solicitaba que presentaran ejemplos personales de aburrimiento: ¡la escuela!, fue el grito unánime de los alumnos en el aula,,,.
A continuación, la reflexión periodística aparecida, que no se queda en este hecho sino en sus proyecciones generacionales. Para generar el necesario debate:
Algunos de los adolescentes que hoy se congregan en Facebook para ratearse constituirán una nueva generación de periodistas. En apenas cinco o seis años comenzarán a llegar a los medios. Las rateadas son para esta generación un acontecimiento fundante porque nace en contra de la vieja cultura dominante en la escuela y la sociedad, y nace con un acto político no violento y hedónico. Desde luego, el sentido que las rateadas tendrán en la constitución de los rasgos de esta generación dependerá de cada uno de los jóvenes. Digo que es un acto político porque desafía a las autoridades colectivamente y tiende a devaluarlas; es hedónico porque a los estudiantes también los mueve el juego.
La vieja cultura es la cultura vertical que impregna a la escuela: contenidos casi siempre impartidos por una autoridad lejana, no participativa. La nueva cultura es la que se plasma en estos días en Facebook: auto organización, gestión de proyectos comunes. Una es vertical, la otra es horizontal, en red. Un editorial del diario La Nación alude a la vieja cultura de la escuela: “Estas ‘rateadas’ han venido a desnudar las carencias pedagógicas y de contención (de) la escuela“ y su crisis de autoridad. Alejandro Piscitelli es más drástico: las rateadas “ponen en cuestión el sinsentido de la escuela con una radicalidad pocas veces vista“.
Christian Schwartz, profesor de periodismo en la Universidad Católica, ve las rateadas como “otra demostración de que el secundario no tiene rumbo. Las autoridades educativas y los profesores no saben qué hacer con él. Los alumnos ya demostraron que pueden evadirse y que no hay castigo“.
Ese vacío parece confirmado por el ministro de Educación, Alberto Sileoni: “El sistema educativo puede dar cuenta de los chicos cuando están dentro de la escuela pero no, por ejemplo, cuando están en una plaza. Eso (…) escapa a lo educativo“. Escapa a lo educativo, cree el ministro. Con todo, el portal Educar, dependiente de su ministerio tiene una actitud más constructiva. Propone a los docentes que ayuden a los chicos a “valorar la importancia de acudir a la escuela como responsabilidad y solidaridad con su comunidad, a conocer otros usos de las redes sociales que contribuyen a mejorar la sociedad, y a constuir una mirada crítica sobre los medios“. Totalmente de acuerdo: muchos medios periodísticos se han limitado a contar las rateadas como una curiosidad o una avivada, sin contexto ni análisis.
Dijimos que esta generación nace con un acto político. Las rateadas son una afirmación colectiva contra un orden establecido educativo y por eso, y en alguna medida, también político, social y cultural.
La generación de los rateros: quizás que en pocos años esta frase no tendrá un contenido negativo. Esta generación va a estar en condiciones de usar las nuevas tecnologías para construir poder; y tal vez para participar y comprometerse con la sociedad. Howard Rheingold, inventor del concepto “multitudes inteligentes“ cree que “las redes telefónicas inalámbricas y los sistemas informáticos accesibles para cualquier usuario constituyen, junto con las personas, un potencial inmenso (para bien y para mal), comparable al de la imprenta o el alfabeto“.
Esta generación constuirá sus propios medios periodísticos desde estas experiencias e ingresará a los medios establecidos con la expectativa de poder aplicarlas. Este será su capital; si me piden un consejo les diré que tengan eso muy en cuenta y no se dejen oprimir y desviar por el status quo o cualquiera de sus nombres. El periodismo sin redes sociales, apegado a la vieja cultura verticalista tiene poco tiempo por delante.
Posiblemente algunos de estos futuros periodistas elijan un periodismo que, desde los medios digitales, acompañe a la gente a realizar acciones concretas en el mundo real para mejorar sus vidas y su sociedad. Ojalá las rateadas sean un camino para eso. Los estudiantes chilenos están adelantados: en 2006 cientos de miles se movilizaron por Internet contra una ley de enseñanza y tuvieron éxito.
PERFIL : ROBERTO GUARESCHI : EL PODER DE LAS RATEADAS. 09.05.10
Vamos a comenzar con un cuento, porque los cuentos – seguimos siendo siempre niños – logran despertar el interés:
Dice un relato popular – y difundido en muchas antologías - que en las orillas de un arroyo, vivía una rana muy generosa. Y era generosa porque cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del arroyo.
Como en todos los cuentos, también vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: “Deseo atravesar el arroyo, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda”.
La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: “¿Que te lleve sobre mi espalda, a vos? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si te subo a mi espalda, me inyectarás un veneno letal y moriré!”
El inteligente escorpión le dijo: “No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado”.
La rana se negó al principio, pero era esencialmente buena y la incuestionable lógica del escorpión fueron convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del arroyo.
Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión, temerosa pero con creciente seguridad. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda.
Llegaron a mitad del arroyo. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino…
Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión, inesperadamente, picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:”¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho?”
El escorpión respondió: “No puedo evitarlo. Es mi naturaleza: es el maldito carácter que tengo”.
“A mi también me mató mi naturaleza”, replicó la rana: “Debí ser generosa, pero no confiar en ti”
Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas aguas del arroyo.
¿Por qué este cuento? Porque hablar de Graciela ahora, a quien vemos sonriente y que ya goza de los placeres y los beneficios de la jubilación es fácil… pero hablar de Graciela y con Graciela un lunes a primera hora del profesorado o un miércoles a las ocho o un día de exámenes o los días de inscripción o cuando estaba preparando las diversas planillas de horarios…¡no era tan fácil!… Era allí donde Graciela mostraba toda su “personalidad”, es decir, todo su “carácter”.
Pero es así: las personas somos como somos, tenemos nuestra innegociable forma de ser y el combo de la personalidad suele venir completito. Virtudes y defectos, fortalezas y debilidades, aspectos simpáticos y perfiles antipáticos. ¡¡El que esté libre de defectos que tire la primera piedra!!
Por eso creemos que GRACIELA – como todos nosotros, en suma – era en nuestro instituto un poco rana y un poco escorpión: toda la generosidad y todo el carácter, todo el trabajo y todo el impulso, toda la entrega y todas las reacciones… Todos sabíamos que debíamos aceptarla así, completita, sabiendo que el trabajo de la BEDELIA estaba en buenas manos, que uno podía confiar absolutamente en su dedicación, en sus criterios, en sus decisiones… pero que debía también encontrar el momento, la palabra, el lugar, el contexto para decir algunas cosas. O callarse y esperar un momento mejor.
El paisaje del Instituto – en estos dos o tres últimos años – ha cambiado su geografía: con la partida de SARITA se produjo un cambio en el relieve de la derecha (la secretaría) y con la partida de GRACIELA un cambio en la superficie de la izquierda (la preceptoría)… y hay que habituarse al nuevo territorio, a los nuevos carteles y señales.. Como si se tratara de paulatino cambio del paisaje, uno tiene que habituarse, porque – en muchos sentidos – se sentía cómodo y seguro con las montañas, los ríos, los desvíos, el clima conocido. No era un mundo perfecto, pero era el nuestro y estábamos convenientemente acostumbrados.
A veces, con la jubilación o la partida, las dos partes pierden: pierde el que se va porque tenía una vida asociada al trabajo docente; perdemos los que nos quedamos porque las cualidades personales, la eficiencia y la experiencia se van a su casa y nosotros tenemos que salir a cubrir el vacío. Y sabemos que no es tan fácil.
Aquí se produjo un caso injusto: GRACIELA – de buenas a primera – se asomó a otras vivencias personales y la jubilación le entregó el acceso a actividades y vocaciones que no había planificado pero que fue descubriendo en el seno familiar o en diversas instituciones. Y a ella no le pesa este “nuevo estado”, sino que se muestra jubilosa por lo que le pasa… Somos nosotros los que hacemos el esfuerzo por adaptarnos a nuevo paisaje institucional.
La vamos extrañar por muchas razones. La vamos extrañar tal como es. La vamos a extrañar por su cuota de rana generosa y por su cuota de escorpión que no puede dominar su carácter. La vamos extrañar por sus gestos de amistad, las charlas informales en la larga mesa de la bedelía, la trabajosa negociación con los horarios (que siempre encontraban solución), sus trabajos en la casa para traer los problemas resuelto, el respeto por el reglamento, el estricto y riguroso control de los libros, el conocimiento de los docentes y de los alumnos, el manejo de una parte importante de la vida del instituto, por el lenguaje sincero, suelto, sin vuelta para decir siempre y a quien quisiera escucharlo (o no) lo que pensaba.
Hicimos bien en decirle en aquel ya lejano 08 agosto de 1988 que se quedara con nosotros, que formara parte de ese núcleo que re-fundaba el nuevo instituto, el instituto de siempre, pero que pretendía ser otro.
Gracias, querida Graciela. La presencia de tantos colegas amigos en este encuentro marca la importancia de este vínculo que no se corta, sino que simplemente cambia de forma. Los amigos, los verdaderos compañeros de trabajo, nunca se van del otro de nuestras vidas.
Sabemos que con Graciela podríamos recitar o cantar la conocida canción:
| ¡No! ¡Permanecer y transcurrir no es perdurar, no es existir, ni honrar la vida! Hay tantas maneras de no ser, Merecer la vida no es callary consentir, |
Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida. Merecer la vida es erguirse vertical, Eso de durar y transcurrir |
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