¡Y dale con Pernía!
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¿Se acuerdan de esta frase? (Si se acuerdan, entonces son más viejos que yo…). Para los que no saben su origen, les cuento la historia.
Se estaba por disputar en nuestro país el campeonato mundial de futbol. El entonces D. T. de la selección, don César Luis Menotti, se encontraba armando el plantel que iba a representarnos. La insistencia de la prensa, pidiendo al defensor Vicente Alberto Pernía, ya lo tenía podrido. Evidentemente, los periodistas no entendían que NO significaba, precisamente, NO. Un hastiado Menotti, ante la centésima vez que escuchaba la misma pregunta, se despachó con su hoy clásico “¡Y dale con Pernía!”. Posiblemente, la respuesta de Menotti por sí misma no hubiera pegado mucho, pero Mario Sapag, el cómico argentino, decidió usarla para su caracterización del entrenador. En cada programa, el periodista que entrevistaba a Menotti-Sapag le proponía al técnico incluir al jugador en la selección, y el técnico desechaba la idea con su “¡Y dale con Pernía!”.
La frase se popularizó y, desde entonces, pasó utilizarse como expresión de hartazgo debido a la insistencia.
Si bien la Biblia alaba la insistencia, considero que justamente la Parábola del amigo insistente es una de las más desafortunadas del texto. No me voy a poner a discutir de teología ahora, porque vamos a tardar eones. Baste con decir que la insistencia me suena más a defecto que a virtud.
Sinceramente, ¿cuánto tiempo podemos soportar a un hinchapelotas que insiste con vendernos algo que no queremos, que nos quiere convencer de hacer algo que no nos interesa o que, simplemente, no entiende que algo debe ser de un modo determinado y no como él quiere? Yo, aunque me caracterizo por mi paciencia para ciertas cuestiones, debo reconocer que, en estos casos, soy de tranco corto. Y lo peor de todo es que a mí me toca cada uno…
Hace un par de días, por ejemplo, tenía que hacer un trámite bancario e intenté hacerlo por Internet. Como no pude, me comuniqué con el banco y me dijeron que solo podía hacerlo personalmente en la sucursal de origen de la cuenta. Le mandé un mensaje a la Gorda, avisándole que iba a tener que ir a Ojetelandia (allí donde queda el banco), y le expliqué lo que me habían dicho. La gorda me preguntó si no podía hacer el trámite por Internet, y si había llamado al banco. Volví a mandar el mensaje: Internet no – llamé al banco – sucursal de origen. – “¿y no podés ir a la sucursal de Lanús?”- me volvió a preguntar. ¡Y dale con Pernía! ¡¡¡No, loco, te dije que tengo que ir a la sucursal de origen!!!
Hace un par de veranos, el pantalón de mi uniforme de laburo decidió jubilarse. Me encaminé hacia un local de mis pagos pidiéndole a la vendedora un pantalón de vestir negro básico. La muchacha desapareció hacia el depósito y volvió con un pantalón de vestir verde, una minifalda azul marino y un jean negro capri (por debajo de la rodilla). Le expliqué amablemente que ninguna de las prendas me servía, que no me las iba a probar a pesar de su insistencia y que me trajera lo que le había pedido o no se tomara la molestia de buscar otra cosa porque no me interesaba. La niña volvió al rato con una falda de bambula negra estilo hindú, un palazzo negro de tela acrílica bordado con lentejuelas y el mismo pantalón de vestir verde que había traído la primera vez. ¿Tan difícil es entender “pantalón de vestir negro básico”? No quiero una pollera, no quiero un jean, no quiero lentejuelas y no quiero otro color que no sea negro. Quiero un puto pantalón de vestir negro básico porque es lo único que puedo usar para trabajar, y no me importa si me queda bien, mal o pésimo; no me importa que sea verano y me vaya a cagar de calor; no me importa que los capri estén de moda, que el pantalón de las lentejuelas esté de oferta o que el verde musgo combine con todo.- “¿Seguro que no te querés probar para ver como te quedan?”- ¡Y dale con Pernía! – “Dejá, flaca, cuando te consigas un cerebro vuelvo…”.
Una más (y no jodo más). Hace un rato me llamaron para ofrecerme una tarjeta de crédito. Antes de que la promotora iniciara su perorata, la frené en seco:
- disculpá, pero no estoy interesada. Gracias por llamar…
- pero se trata de una tarjeta Visa del banco…
- sea del banco que sea, no quiero ninguna tarjeta de crédito
- ¿por qué?
- porque es un gasto inútil. Ya tengo una tarjeta y está tirada en un cajón hace meses.
- pero esta tiene muchos descuentos y beneficios… si me dejás un minuto yo te puedo explicar…
- puede ser la mejor tarjeta del planeta, pero igual no me interesa.
- con esta podés ahorrar un montón.
- ahorro más si no la acepto y listo.
- pero yo te digo que te conviene. Mirá, tenés un descuento del 15% en Jumbo todos los viernes…
- no compro en Jumbo. Es el único supermercado que no tiene sucursal por mi barrio y lo que me ahorraría en la compra me lo gastaría en el viaje.
- También tenés un 10% de descuento en la mayoría de los shoppings.
- en el Alto La Ribera, donde compro yo, no aceptan esa tarjeta.
- ¿Alto la Ribera?
- la feria de la salada…
- bueno igual hay muchas otras promociones. Tenés descuentos en restaurantes…
- no como afuera
- …hoteles…
- no viajo
- …teatros…
- la municipalidad presenta obras gratis
- … cines…
- prefiero la tele
- …bueno, pero seguramente habrá algo que te pueda interesar. Además, si ponés débito automático para tus facturas por $500 o más, te bonificamos el 50% de la renovación anual.
- igual no me interesa
- ¡pero te conviene, porque gastás mucho menos que pagando en efectivo!
- nooooo meeeee iiiiinteeeeereeeeesaaaaa
- ¿no te interesa pagar menos?
- ¿y a vos que te importa? ¿Te pedí plata a vos para pagar mis gastos?
- no, bueno, disculpá, pero es que esta tarjeta es tan buena y tiene tantos beneficios…
- ¡Y dale con Pernía! Si es taaaaan buena ¿Por qué no la sacás vos? Mejor aún: llamá a tu vieja, tu viejo, tus hermanos, primos, cuñados, tíos, abuelos y a toda la gente que quieras mucho y beneficialos con la posibilidad de sacar esta fabulosa tarjeta de crédito, ¿Dale?
- bueno, está bien, disculpá la molestia.
- por favor, no es ninguna molestia, que tengas una buena tarde…
En fin. Hay gente que es insistente. Resultan más cargosos que mosca de verano. Yo los aborrezco, pero debo reconocer que, de vez en cuando, la insistencia les termina resultando. ¿Recuerdan, acaso, el chiste de Juancito y la cigarrera?
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Laaaaargo tu post, casi lo dejo de leer tres veces, pero vos seguias y seguias.
y Daaaale con Pernia!!!!!
ajjajajjaajj!