Durmiendo con el enemigo

Tal vez alguno de ustedes recuerde la película, protagonizada por Julia Roberts. Ella tiene un esposo aparentemente perfecto, que resulta ser un maniático, obsesivo y violento. El maltrato que sufre esa mujeres tan grande, que la lleva a simular su propia muerte para huir del psicópata.
Pues bien, si bien mi marido no está aún como para internarlo en el Borda (le faltan un par de materias todavía), últimamente hay algo de esta película que se está reflejando en mi vida actual, y que puede llegar a hacerme cometer ciertas locuras que preferiría evitar. Si, mis amigos: yo estoy hoy en día durmiendo con el enemigo…
No vayan a creer que el tipo me rompe las costillas a golpes, ni me lleva de los pelos por la casa, ni nada parecido. Su tortura para conmigo es psicológica, y lleva una cuota de inconsciencia que frena mi mano en alto cada vez que intento partirle algo por la cabeza.
La situación se está poniendo cada vez más densa. Ya no encuentro soluciones y la desesperación me está llevando por caminos tortuosos. Cada vez que intento hablarlo, el culpable de mi sufrimiento me dice que todos son inventos míos y no acepta la cruda verdad. De vez en cuando, cansado de mis súplicas, desliza al pasar que va a buscar ayuda profesional, pero nunca cumple.
¿Qué debo hacer entonces? ¿Partirle de una vez por todas el control remoto en la cabeza? ¿Irme de mi propia casa? ¿Salir yo a buscar la ayuda que tanto necesita?
Si pudiera al menos fingir mi muerte para escapar… pero es imposible. Solo en yanquilandia una persona puede mudarse lejos y cambiar de nombre para tener una nueva vida. Y aunque así fuera, no podría dejar a mi hijo solo, con ese hombre que también a él lo empieza a maltratar (aunque, por lo que he observado, mi hijo ya empezó a seguir el camino de su padre).
Pienso que si mi insomnio no se hubiera agudizado los últimos meses, podría soportar mejor la situación. Pero es imposible, cuando empieza a amanecer y yo sigo despierta, no tener ganas de ahorcar al tremendo hijo de un simposio de putas que es mi marido, que no para de roncar…
Al principio, con la teoría de que los roncadores solo lo hacen cuando están boca arriba, le acariciaba la mejilla suavemente para que se pusiera de costado y finalizara con la cacofónica melodía. El efecto duraba apenas unos siete segundos, en los cuales debía dormirme a la velocidad de la luz.
Como la cosa no funcionaba, empecé a hacerme la boluda (me sale bárbaro) y me daba vuelta en la cama con cierta torpeza, como para sobresaltarlo y que se despierte brevemente. Tampoco funcionó. No solo me trataba de bruta, sino que se daba vuelta y seguía roncando aún peor.
A medida que mis ojeras se iban intensificando, pasé a actitudes más desesperadas, como apoyarle los pies helados en los riñones (si eso no lo hace despegarse a quince centímetros del colchón, me rindo), tirarlo de la cama de un caderazo o taparle la nariz para ver cuánto aguanta sin respirar. Por desgracia, tampoco obtuve resultados positivos. El tipo tiene una tenacidad a prueba de todo, y es el único ser que conozco que es capaz de seguir roncando aunque esté despierto.
De más está decir que el guacho no solo se hace la víctima, sino que amenaza con denunciarme por malos tratos. Es que, aunque lo haya filmado en pleno concierto de ronquidos, aunque mi hijo lo putee desde su cama porque sus graznidos no le permiten escuchar la tele, y aunque varios amigos y familiares sean testigos de sus sonatas en Do menor, el tipo sigue insistiendo en que él no ronca…
Sinceramente, ya no sé que hacer. Los tapones para los oídos no son suficientes para los decibeles que alcanza este hombre. La casa es chica y, aunque me vaya al extremo opuesto, se escucha igual. La vecina de la planta baja (mi madre), ya me ha dicho que no me gaste en pedirle asilo, porque desde allá también se escucha, y encima tendría que luchar también con los ronquidos del perro. Solo me queda orar por que, cuando nazca mi segundo hijo, esté tan cansada que me duerma como un tronco, aunque la banda municipal, con el difunto Quindimil a la cabeza, se paren junto a mi cama para tocar la sinfonía 1812 con cañonazos incluidos.
P.D: estoy posteando esto en plena madrugada, mientras mi bienamado esposo, para no desentonar… está roncando!
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Che, podrías mudarte de habitación o probar con unas gotas que, aquí, salen en TV y dicen