Aguante el humor negro
Quienes me conocen hace tiempo, ya se han dado cuenta de que el 90 % de las cosas me las tomo con humor. También han notado que ese humor no se conforma con un chistecito tirado al aire, sino que más bien se apodera de la conversación y se manda un rally que atraviesa la ironía, el sarcasmo, la obscenidad y hasta la denigración lisa y llana, llegando a su punto cúlmine con el humor negro. Si, mis amigos, el humor negro. Ya sé que mucha gente dice que con ciertas cosas no se jode, pero, salvando casos excepcionales (nunca jodería con la muerte de un hijo, por ejemplo) casi todo da para un chiste. ¿O de dónde creen que salieron los chistes de velorio? Yo suelo tener una visión bastante particular de la muerte. Es obvio que no me gusta que la gente se muera, pero si bien la muerte de mis seres queridos me duele mucho, soy consciente de que lo que me duele es que no los voy a ver más, y eso es algo tremendamente egoísta. En cuanto a mi propia muerte, la cosa no me preocupa demasiado: no ando por ahí con ganas de morirme, pero sé que para semilla no voy a quedar. Una vez escribí: la muerte es algo inevitable. Sabemos que es nuestro amante más fiel, aquel que al final de los días vendrá a llevarnos para siempre. No le temo a la muerte, ni la deseo. Simplemente me estoy haciendo amiga, para que el día que llegue no tenga que tratarla de usted, sino mirarla cara a cara y decirle “¿Y boluda? ¿Ya es hora?”. Sin embargo, esta particular visión de la muerte me acarrea serios problemas, y es que me olvido que a cierta gente le puede caer mal lo que digo, o hasta darle asco. Hace tiempo, viajaba con una compañera en colectivo repleto de gente, cuando pasamos por una casa velatoria que tenía un moderno cartel rotativo para publicitar las obras sociales y prepagas con las que trabajaba, y a mi compañera se le ocurrió comentar que hasta a la muerte le había llegado la hora de aggiornarse. Fue como darle un lanzallamas a un pirómano. Arranqué por sugerir que la capilla ardiente se llenara de publicidades de cementerios privados pintadas en las paredes, cual canchita de barrio, y que la mortaja se reemplazara por un enterito antiflama con publicidades, al estilo de los corredores de autos. La seguí con la contratación de dolientes si el muerto no era muy popular (que podían ser contratadas en vida por el futuro muerto, si es que ya sabía que no lo iban a llorar ni los perros) y varias huevadas más. De ahí pasamos directamente a la organización de nuestro propio velorio, lo que incluiría las tarjetas de invitación, catering, música, la presentación de shows en vivo (paradójicamente) para animar la velada, la torta, la foto para que firmen los amigos y los infaltables souvenirs (los míos serían ceniceros con forma de urnas, con la leyenda “Hasta pronto”). Para rematar la cosa, el broche final fue una disertación llamada “como aprovechar al máximo un cadáver” que comenzaba con la utilización de la piel para hacer bombos, pasaba por la confección de collares de estilo indígena con los dientes y se perdía con la molienda de los huesos que no sirvieran para tallar y hacer adornos, a fin de mezclarla con el azúcar para que quede más seca y corrediza (ya sé que se hace con hueso de vaca, pero no daba para desperdiciar). Mientras la charla se desarrollaba, la gente que nos oía dudaba entre rompernos la cabeza a patadas, bajarse del bondi o llamar a un loquero, lo que a nosotras nos divertía aún más, hasta que con la frase “usar los ácidos estomacales para sacar el sarro del baño”, una señora no soportó más y empezó a vomitar. La lata de sardinas en la que viajábamos comenzó a oler asquerosamente, y los que habían sido premiados con recibir parte del vómito en sus zapatos, empezaron a elevar sus más tiernas puteadas hacia nosotras, acusándonos de ser culpables del desastre (loco, está bien que era medio asquerosito, pero no era para tanto… tampoco fue que le mandé a la vieja los dedos hasta la campanilla…). Sin ser tan guarro, pero muy efectivo, se puede usar el humor negro para responder llamadas telefónicas molestas. Después de la muerte de mi viejo, me tenían podrida llamando de parte de empresas de cualquier tipo, a las que les aclaraba mil veces que dejaran registrado que la persona que llamaban estaba muerta, cosa que nunca hacían. Cuando les respondía: “el sr. Gonzalez ya no vive” y me preguntaban si les podía dar la dirección nueva (no, tarada, no te dije “ya no vive acá, te dije NO VIVE”), les respondía “Héroes de Malvinas y Aguilar, sección X, pasillo Y, parcela Z”, y cuando me preguntaban si era un barrio privado les decía que no, que era el cementerio de Lanús, a lo que remataba “eso sí, mandale la carta simple, porque si es certificada papá no puede salir para firmar”. También les he dicho, cuando insistían en hablar con él porque no podían darme a mi el mensaje y me pedían su teléfono celular, que les convenía probar con una Ouija. La mejor de todas, sin embargo, fue cuando le llegó a mi viejo una intimación de pago por una tarjeta de crédito que jamás había tenido. Después de tener al operador durante casi dos horas al teléfono, exigiendo que me envíe un fax con la solicitud de la tarjeta firmada por mi papá, o una grabación con su voz autorizando la tarjeta por teléfono, tuve un rapto de lucidez y le pedí que me dijera la fecha exacta de la solicitud de la tarjeta. Ahí arranqué la moto: le propuse pagarle diez veces el valor de la deuda con una condición: que me dijera cómo habían hablado con mi padre para que aceptara la tarjeta en 1999 cuando se había muerto en 1997, porque desde su muerte tenía muchas cosas que contarle. Si no podía hacerme ese favor, que me dejara de joder y que la próxima vez que le dieran una tarjeta a un muerto, la factura se la mandaran a San Pedro. Por supuesto, soy una fuente inagotable de comentarios de este tipo, pero nadie celebra tal habilidad. Espero que ustedes me sepan comprender mejor. Mientras tanto, me voy a tomar un cafecito… Sonamos, en casa no hay café. Me voy a dar una vuelta por el velatorio de la otra cuadra, a ver si ligo uno. Por ahí también hay alguna medialuna. No sé si habrá sanguchitos de miga, aunque fiambre hay seguro. Total, entro, me paro al lado del finado, digo “lo siento” y encaro para la cocina. Si tengo suerte, algún loco como yo me responderá “no, mejor déjelo acostado”.
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*se manda un rally que atraviesa la ironía, el sarcasmo, la obscenidad..
*jaja asi son las conversacions de velorios jajajajajaj
* a mi velorio yo no voy aviso…no vallan jajajajaja
*si no le metist los dedos…no ha lugar!!!!! jajajaja
* jajajajjja NO VIVE no cambio De casa jajaja
che MARIA VOY POR PARTES….
* como veras boludos fulltime y par time hay en todos lados, detras del telefono, en el bondi…etc
* se viene la moto averrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr jaaaaaaaaaaaaaaaa
excelente post….buen domingo y la huesuda no tenerlo miedo
Pd: che cambie avatar por ahi cambi personaje jajajajajaja
SEBASjefe=)