Nunca me perdonaste (un post doble)
Podría decirte que fue sin querer. Podría decirte que no fue mi intención, y casi te estaría diciendo la verdad. Pero no fue así. Yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo, solo que no fui capaz de prever las consecuencias. Cuando se es joven todo parece posible, y es muy difícil ponerse a pensar en que algo puede salir mal. Pequé de inexperta, o tal vez de irracional.
Sé que lo que hice te causó dolor, un dolor tan grande que aún hoy, más de un cuarto de siglo después, me lo seguís reclamando. Muchas veces quise remediar la macana que me había mandado, pero lo hecho, hecho está. Mis reiterados intentos condujeron al fracaso, y ante tu mirada desolada mi corazón se oprimía cada vez más.
Mil veces te pedí disculpas. Mil veces intenté que comprendieras, pero desde la autosuficiencia que da la juventud, te hiciste el duro al principio y luego, secretamente, fuiste amasando un rencor que poco a poco fue dañando la confianza que me tenías.
No sé si fue la bronca por lo que hice, o solo la tristeza por lo que te hice perder, pero aquello terminó siendo una espada de Damocles pendiendo sobre mi cabeza, dispuesta a caer como injusto reclamo por cualquier error, grande o pequeño, que cometiera después.
Me duele pensar en todas las cosas que pudieron haber sido si aquel fatídico día no hubiera hecho lo que hice. Aunque sé que la realidad de fondo no hubiera cambiado. Seguís siendo un referente en mi vida, como lo eras entonces, cuando mi admiración y mi amor por vos me hacían perseguirte como una mosca a la miel. Te debo haber vuelto loco, lo reconozco, pero supongo que a vos te gustaba aunque sea un poquito que te pusiera en ese pedestal. ¿Te acordás cuando te escribí aquel relato sobre una luz mágica que todo lo iluminaba y hacía felices a los que estuvieran a su alrededor? Todavía lo recuerdo. Y todavía me hace feliz que ilumines mi vida.
Otras cosas, sin embargo, han cambiado. Ya no somos los locos risueños que aparecen en aquella foto, la foto que nos habíamos sacado poco antes de la debacle y que figura como mudo testigo de aquello que ya nunca volverá a ser. Sé que la tenés guardada. Está en el álbum que hace poco me pediste, con la excusa de buscar recuerdos de tus ex compañeros de colegio. Tan tonta soy que ni siquiera se me ocurrió arrancarla antes de entregártelo.
No tengo mucho más para decirte. Sé que sos un hombre ocupado y no quiero quitarte tu valioso tiempo. Sé que este escrito no va a solucionar las cosas, que el daño fue irreparable y que nada volverá a ser como antes. Pero también sé que ambos hemos madurado, que la vida nos ha hecho más fuertes, a veces a los golpes, y hemos ido aprendiendo a luchar contra viento y marea para salir adelante. Por eso, como último favor, quiero que medites dos cosas: en primer lugar, pensá lo mucho que te quiero y lo que significás para mí. Después, si aún estás dispuesto, recordá, hermano mío, que yo era solo una niña, una niña de tres años que no tenía la menor idea de que, sumergiendo tu lanchita roja en la pileta inflable, se iba a llenar de agua y no iba a funcionar más…
La otra mitad de la historia en el blog de dr fernet
- 55 Comentarios
- 21 votos
- Reportar este Posteo


No te perdono un carajo!!.
Salud