Soy de esas personas que creen verdaderamente que los aparatos tecnológicos tienen vida propia. Y que a veces están de mal humor y no quieren funcionar. No me contradigan porque esta teoría me cabe como anillo al dedo.
Hace una semana aproximadamente que no puedo entran al blog desde la pc de casa. Haciendo malabares para postear, termino mandando la info a Pau y ella la sube, por eso estoy trabada respondiendo comentarios… lo hago cuando quiero, cuando el humor tecnológico me lo permite.
El martes a la tarde, parece que la lluvia la puso de buen humor y me permitió acceder. Claro que fue por poco tiempo, porque en seguida, me bloqueó el acceso a mi casilla de hotmail… acceso que unas horas más tarde, volví a recuperar.
Opté por la notebook. Persiguiendo la teoría del humor tecnológico y con un montón de pendientes laborales, me vine a mi barcito preferido, a terminar lo que debo entregar mientras tomo un riquísimo café con leche.
En sí, tiene lógica lo que hice, el punto es, que un nuevo inconveniente, me hizo ampliar mi teoría del humor tecnológico. Me acabo de sentar en la mesa más luminosa, acabo de desplegar todo mi arsenal laboral (léase notebook, cuadernito, birome y celu) y la notebook no se conecta. No hay caso. Termino preguntándole a Gustavo, mi mozo amigo, qué pasa con la conexión. Es jueves y ya, tengo que mandar a México un artículo que están esperando. Si Gustavo no me salva, estoy en el horno oficialmente. O tengo que seguir de rotation por otros barcitos con wi fi disponible.
“Parece que no reconoce la IP”. Me dice Gustavo. “Ok (le digo) y cómo hago?” “Pará, por ahí te lo puedo resolver”. Gustavo mira, busca, entra en rincones inexplorados por mí en la notebook y de repente, salta un cartelote enoooorme de dimensiones desproporcionadas: IP DESCONOCIDO, RECONFIGURAR.
WHATTTTTTTTTTTT????
Mi cabeza sólo piensa en México, México, México. Y no en sus playas preciosas precisamente. Pensé en el blog y en todos los vericuetos hotmaileanos que me esperan en la pc de casa y en los pendientes que continuarían en ese estado hasta que un milagro tecnológico le cambiara el humor a mi amiga la notebook.
En medio de semenjante cartel titilando, una fuerza superior me llevó a volver a clickear el “conectar” del wi fi. No me pregunten por qué. Cuestión que allí, como por arte de magia, me conecté, con IP CONOCIDA o DESCONOCIDA (quizás la IP y la conexión wi fi ya se presentaron oficialmente y están conversando de lo más contentas), y en ese momento, el humor de mi ordenador portátil cambió y empezó a navegar feliz, como si fuera un domingo soleado y estuviéramos atravesando las marroncitas aguas del Tigre.
Ni Gustavo ni yo tenemos una respuesta lógica para contestar qué pasó. Lo que sí puedo afirmarles son dos cosas: 1) me impresiona lo que al día de hoy dependemos de la tecnología para nuestro día a día y cómo nos vemos perjudicados si de repente decide decirte que NO, HOY ESTOY DE PARO y 2) que no estoy en condiciones de que me refuten mi teoría del humor tecnológico: CUANDO LOS APARATOS Y SISTEMAS NO QUIEREN FUNCIONAR, NO LO HACEN Y PUNTO. NO ME VENGAN CON EXPLICACIONES LÓGICAS.
Esa es mi teoría. Para muestra, basta un botón (un botón que funcione cuando quiere, je).
V.