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Salida de a dos

Uff, ya sólo el título me parece raro. O lejano en el tiempo. Sí, hace mucho que no salíamos los dos solos, mi marido y yo. Sin chicos. Sin familia. Sin amigos. Sin nadie. Sólo nosotros dos.

Hace un par de días habíamos programado una ida al cine. Cabe aclarar que antes de que nacieran los peques, íbamos SIEMPRE todos los sábados. Eso quedó en un recuerdo. Ja!

Fuimos a ver Avatar 3D. Tengo que confesar que fui con cero expectativa, porque no me gustan mucho las películas fantasiosas. Pero fui contenta, más que nada por el programa y todo lo que significaba. Y además en 3D, algo que le daba un toque distinto.

Volví fascinada. Me encantó todo el programa. El guión. La trama. El 3D. Todo este tema de los anteojitos. Y sobretodo, la salida de a dos.

Broche de oro? Llegamos a casa. Los chicos estaban durmiendo hace rato. Mi cuñada (quien se había quedado a cuidarlos) estaba mirando tele tranquila.

Así da gusto salir! Que se repita, no?

Paula

Berrinches

Hace unos días salí a cenar con unas amigas, pero previo a eso, dejé a los chicos en casa con mi marido. Antes de salir, la mayor me hizo un escándalo con mayúsculas. Quería venir conmigo. No había forma de calmarla. Le expliqué que mamá tenía un programa con sus amigas, y que salía un rato y volvía. No hubo caso. Su papá se la llevó para entretenerla con otra cosa. Tampoco. No había manera de que se quedara tranquila. En un momento dudé si no era mejor cancelar la comida y quedarme en casa, pero finalmente me decidí y me fui, convencida de que al ratito se iba a calmar.

Parece que no fue así. Que lloró durante algo más de una hora sin consuelo, y mi marido no me quiso llamar para que pudiera disfrutar de mi programa.

Esta mañana, la llevé yo al Jardín (siempre la lleva mi marido y yo me quedo con el bebe en casa), porque él se fue de viaje. Ni bien llegamos, llanto, desconsuelo, pataleta. Aclaro que mi hija siempre se queda feliz en el Jardín, le encanta, y hasta lo extraña los fines de semana. Pero esta vez, de nuevo este ataque de mamitis aguda. Quería venir conmigo a casa. Y otra vez dudé si no debía volver a casa con ella. Pero la dejé.

Esta vez parece que después se quedó bien. Pero igual me pregunto: ¿por qué esta mamitis aguda de repente? ¿Por qué tanto escándalo y tanto berrinche cuando mal que mal venía reinando la paz y la armonía en el hogar?

Seguramente tenga que ver, en parte supongo, con su hermanito. Pero digo en parte porque mi intuición de madre me dice que hay algo más, parte del crecimiento mismo tal vez. Y para los pícaros, aclaro que no tiene nada que ver con un embarazo en puerta. Apenas puedo lidiar con dos, imagínense con tres. Impensable.

Por ahora me conformo con pensar que como todos, ella tiene días mejores y peores, y quizás éstos fueron sus malos momentos. O momentos sensibles. Seguiré observándola a ver qué pasa.

Paula

¡Prueba superada!

Dicen que un hijo es una bendición. Claro que lo es. Y yo agrego: un desafío permanente y una provocación continua a ir corriendo los límites de tus propios límites también.

El sábado pasado, teníamos un cumple en un boliche. Sí en un boliche!! Con lo que me gusta bailar!! No sé cuándo había sido la última vez que no iba a bailar. Pero la verdad, teníamos varias cosas en contra: Feli que está en una etapa de berrinche continuo, muy pegote, no se queda con cualquiera, que la salida era de noche, justo cuando terminamos exitosamente de hacer el Duermete Niño y el tema de cambiarle la rutina es toooodo un tema, que llovió a más no poder durante todo el día y por primera vez se puso a llorar con un trueno re fuerte, etc etc etc etc.

La cuestión es que si bien el programa me re divertía, estuve toda la semana pensando cómo implementarlo ya que con toda la onda del mundo, mi amiga-hermana, se ofreció a cuidarlo en su casa porque estaba cerca del boliche en cuestión. Y acepté. Y confié ciegamente en ella, como lo hice siempre.

Llegué al sábado y con el día de miércoles que era estuve a punto de cancelar todo el tiempo: “esto es una locura” pensaba entre mí, “al chico no lo saco nunca y cuando lo saco es de noche y en medio de una lluvia torrencial, lo dejo solo en una casa que no es la de él y pretendo que se duerma… estoy loca o qué? encima pronostican granizo, se llega a abollar el auto por este programa y mi marido me corta la cabeza”. Por otro lado, sabía que en casa se iba a quedar bien, pero mi tema era que si se dormía como siempre, con su rutina de siempre, al otro día se iba a despertar radiante a las 6 am y nosotros apenas dormitados.

Conclusión: me hice la fuerte y me dije a mí misma: “nada de victimizarte, es una salida, es bueno que se quede en otra casa también, además está con Marieu, no con cualquiera, todo va a salir bien, y si no sale bien, estás a 10 minutos de ir a buscarlo”.

Y eso hicimos. Nos fuimos después de bañarlo para que coma allá (así no teníamos que dejarlo y listo y era más fácil la despedida porque ya había estado un rato con nosotros allá), comió y así como quien no quiere la cosa, haciendo poco espamento dijimos chau a todos y salimos por la puerta cantando bajito.

Comimos, bailamos, nos reímos con el show de un travesti de turno muy pero muy gracioso, mandé los mensajitos que correspondían para estar tranquila, hasta que recibí el mensaje más preciado: “Pipe se quedó dormido, quédense tranquilos, no hay apuro”.

Y me quedé tranquila. Y disfruté, porque la salida fue todo un éxito y porque no le hice caso a mi voz interior negativa. Pasamos la prueba. Qué bueno saber que no dejamos de hacer un programa “por si” Felipe estaba mal o “por si” Felipe hacía berrinche. Ya aprendí que los “por si” no existen y a veces los miedos se visten de prudencia. Y hay que saber diferenciarlos. Para afrontarlos y para correr nuestros propios límites.

Los tres aprendimos cosas: nosotros, que podemos salir y divertirnos más sin dejar de ser papás y Felipe que se puede quedar tranqui en otro lado, total en un rato, sus papás vuelven a buscarlo… En definitiva, los tres crecimos un poco, no?

Vanina