Dicen que un hijo es una bendición. Claro que lo es. Y yo agrego: un desafío permanente y una provocación continua a ir corriendo los límites de tus propios límites también.
El sábado pasado, teníamos un cumple en un boliche. Sí en un boliche!! Con lo que me gusta bailar!! No sé cuándo había sido la última vez que no iba a bailar. Pero la verdad, teníamos varias cosas en contra: Feli que está en una etapa de berrinche continuo, muy pegote, no se queda con cualquiera, que la salida era de noche, justo cuando terminamos exitosamente de hacer el Duermete Niño y el tema de cambiarle la rutina es toooodo un tema, que llovió a más no poder durante todo el día y por primera vez se puso a llorar con un trueno re fuerte, etc etc etc etc.
La cuestión es que si bien el programa me re divertía, estuve toda la semana pensando cómo implementarlo ya que con toda la onda del mundo, mi amiga-hermana, se ofreció a cuidarlo en su casa porque estaba cerca del boliche en cuestión. Y acepté. Y confié ciegamente en ella, como lo hice siempre.
Llegué al sábado y con el día de miércoles que era estuve a punto de cancelar todo el tiempo: “esto es una locura” pensaba entre mí, “al chico no lo saco nunca y cuando lo saco es de noche y en medio de una lluvia torrencial, lo dejo solo en una casa que no es la de él y pretendo que se duerma… estoy loca o qué? encima pronostican granizo, se llega a abollar el auto por este programa y mi marido me corta la cabeza”. Por otro lado, sabía que en casa se iba a quedar bien, pero mi tema era que si se dormía como siempre, con su rutina de siempre, al otro día se iba a despertar radiante a las 6 am y nosotros apenas dormitados.
Conclusión: me hice la fuerte y me dije a mí misma: “nada de victimizarte, es una salida, es bueno que se quede en otra casa también, además está con Marieu, no con cualquiera, todo va a salir bien, y si no sale bien, estás a 10 minutos de ir a buscarlo”.
Y eso hicimos. Nos fuimos después de bañarlo para que coma allá (así no teníamos que dejarlo y listo y era más fácil la despedida porque ya había estado un rato con nosotros allá), comió y así como quien no quiere la cosa, haciendo poco espamento dijimos chau a todos y salimos por la puerta cantando bajito.
Comimos, bailamos, nos reímos con el show de un travesti de turno muy pero muy gracioso, mandé los mensajitos que correspondían para estar tranquila, hasta que recibí el mensaje más preciado: “Pipe se quedó dormido, quédense tranquilos, no hay apuro”.
Y me quedé tranquila. Y disfruté, porque la salida fue todo un éxito y porque no le hice caso a mi voz interior negativa. Pasamos la prueba. Qué bueno saber que no dejamos de hacer un programa “por si” Felipe estaba mal o “por si” Felipe hacía berrinche. Ya aprendí que los “por si” no existen y a veces los miedos se visten de prudencia. Y hay que saber diferenciarlos. Para afrontarlos y para correr nuestros propios límites.
Los tres aprendimos cosas: nosotros, que podemos salir y divertirnos más sin dejar de ser papás y Felipe que se puede quedar tranqui en otro lado, total en un rato, sus papás vuelven a buscarlo… En definitiva, los tres crecimos un poco, no?
Vanina