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Conflicto gremial

Ayer a la tarde tuve la reunión de fin de año y entrega de informes de Benja.

Qué decirles…

1) Nunca habían mandado por escrito la invitación a la reunión, fue todo de boca en boca y muy desorganizado. Supuestamente era a las 7:15 pm. Yo entendí que era 6:15 pm por lo que no sólo fui a esa hora, sino que organicé todo en función de ese horario. Otra mamá entendió igual que yo, y otras dos mamás fueron a a las 6:30 hs. Como verán, evidentemente el mensaje no fue claro.

2) No estuvo presente la Directoria, ni la Coordinadora, ni nadie de rango superior al de las maestras. No sé si esto es normal o no, pero al menos no es lo que yo estoy acostumbrada. Por lo general, en las reuniones a las que fui, siempre está la Directora o alguien superior, al menos un ratito para dar comienzo a la reunión.

3) La reunión, que como dije, supuestamente era a las 7:15hs, empezó a las 7:45 hs.

4) Yo esperaba que los temas fueran sobre el crecimiento de los chicos a lo largo del año, las unidades trabajadas, las actividades con las cuales las llevaron adelante, cómo vieron las maestras la evolución del grupo, características generales de los logros y dificultades, etc, etc. Nada de eso escuché. Las maestras se interrumpían entre sí todo el tiempo, no había un “temario” o una charla preparada, sino que fue algo desprolijo e informal contando cómo los habían visto crecer, lo bien que hablaban, etc.

5) No me pregunten cómo la conversación derivó en un conflicto gremial donde las maestras nos contaron que no iban a estar más (4 de 5) porque tenían problemas con la institución, que sabían que había habido muchos cambios de maestra, que a los chicos les costaba adaptarse a tanto cambio, que la Directoria no quiere esto y aquéllo, que no nos confirman nada sobre el laburo, etc, etc…y lo peor de todo: los padres presentes se pusieron a opinar! ¿No es cualquiera? ¿No debería una maestra poder resolver sus conflictos internamente y no darlos a conocer en una reunión de padres haciendo quedar pésimo a la institución? ¿No deberían los padres quedarse calladitos y preguntar por sus hijos en vez de opinar sobre el conflicto?

Patético. Con mi marido llegamos a casa furiosos. Con un informe en mano sobre las características evolutivas de nuestro hijo en esta segunda mitad del año, y con una sensación de placer enorme al saber que Benja no va a ir más a ese Jardín el año que viene, porque ya arranca en el que va a ser su cole hasta 5to año! Qué alivio!

Paula

Fin de semana largo inventado fuerza Plan B de emergencia

El próximo fin de semana, nos “inventamos” un fin de semana largo. Claro, usamos esos días sandwich que no son ni de vacaciones de invierno ni del feriado del 17 de agosto para hacernos una escapadita a Rosario con mucha menos gente y precios no tan dislocados.

La verdad, era necesaria esta salida. Va a nacer Cata y nos dedicamos poco tiempo a descansar y a disfrutarnos como familia, así que en eso estamos.

El punto es, que Feli tiene un radar con los fines de semanas largos y las fiebres. Yo le expliqué que nos íbamos todos unos días, poquitos, pero días al fin. Cuestión que el niño ayer estuvo con fiebre y diarrea todo el día. Durante la tarde, después de que dos medidas del mismo termómetro dieran 38º1 primero y 39º3 después, decidí confiar en mi sentido común y como lo ví tan calentito, más allá de cuánto tuviera, lo metí en el agua y le dí un antifebril. Así le bajó la fiebre y estuvo de mejor humor. Como no soy muy pro de las medicaciones por que sí, no quise volver a dárselo por la noche porque aparentemente estaba todo bien. Pero a eso de las 22.30 se empezó a quejar y a las 23.30 ya estaba lo suficientemente calentito para darle una segunda dosis.

La madrugada fue un cuasi caos hasta más o menos las 4  am y hoy, desde luego, no irá al jardín.

Este faltazo me obliga a varios “Planes B´s”: 1) ubicarla a Pau para pedirle que vaya sola a una reunión que tenemos en un rato; 2) dejarlo en casa de manera preventiva para tenerlo óptimo para el fin de semana; 3) llamar urgentemente a mi suegra o a mamá (estimo que mi suegra llegará antes porque estamos a 6 cuadras) para que esté con él durante el día y yo pueda trabajar aunque sea en la compu un rato.

No sé si esto será un virus que se va con algo de reposo y comida livianita, o el radar detector de fines de semanas de 72 horas que mi hijo tiene incorporado desde el momento en el que nació, pero convencida de la necesidad de hacernos esta escapadita (y con todo reservado, pagado y organizado) me veo obligada a forzar un Plan B, para que estos dos días que faltan hasta el sábado sirvan para ponerlo en óptimo estado.

Pero eso sí, por las dudas, no voy a recordarle que nos vamos el finde, no sea cosa que se le despierte el radar.

V.

Actividades para padres en el Jardín

Anoche me junté con amigas a comer. Como es de esperarse, las reuniones de amigas son a pura charla. Tanto que no sé cómo hacemos para comer y hablar al mismo tiempo. Y los temas son de lo más variados. Increíble cómo pasamos de un tema a otro, sin ningún tipo de hilo conductor. Ahora entiendo por qué los hombres dicen que somos cotorras (que no es mi caso, obvio, ja!)…

La cuestión es que entre todos los temas, hubo uno que me quedó particularmente picando. Supongo que porque es algo que vivo a diario. Obviamente, tiene que ver con los hijos. Y con la educación.

Hablábamos de la participación de los padres en las actividades que el colegio/jardín propone. Como mis peques son muy chiquitos aún, mi experiencia tiene que ver con el nivel inicial. No sé si será igual en primaria.

Muchas veces me tocó participar de una “clase abierta” (te invitan a participar de alguna actividad en la sala para que conozcas qué se trabaja y cómo se trabaja). También me invitaron a colaborar con algún tema: por ejemplo, una vez que en el Jardín de Sofi estaban aprendiendo sobre la música y los instrumentos, fui a tocar unas canciones con el órgano (una de mis habilidades (?) que nunca les conté!). Y después están los clásicos “Día de la Familia”, reuniones de padres, Fiesta de Fin de Año, Cocktail de Bienvenida, o como se llamen en cada colegio.

El centro del debate estaba básicamente en dos temas: 1) muchos padres trabajan y no tienen tiempo para asistir a este tipo de actividades (sobretodo cuando los horarios propuestos no son para nada compatibles con los de una jornada laboral), y 2) quedan en evidencia los chicos “abandonados” cuyos padres por algún motivo no pudieron asistir.

Entonces ¿hasta qué punto son buenas o favorables este tipo de actividades?. Mi opinión es la siguiente:

Me gusta que me inviten. Me gusta participar. Me gusta que los padres se involucren en la vida de los hijos. Pero (siempre hay un “pero”!!!): No me parece bien hacer una actividad en la que de antemano se sepa que muchos padres no van a participar porque eso hace sentir mal a los chicos que no son acompañados. No me parece bien que las actividades sean a las 11 de la mañana o a las 3 de la tarde complicando la vida de todos los padres que muchas veces quisieran poder participar y realmente no pueden.

Como buena libriana que soy, creo que lo óptimo es encontrar un equilibrio. Es decir, invitar de forma optativa, sin obligar a nadie (no tendría sentido una participación forzada). Y también reducir al mínimo las actividades que requieren la participación “casi obligatoria” de todos los padres. Esto podría ser, la fiesta de fin de año, a la que generalmente todos asisten porque quieren ver a sus hijos si es que hay algún acto o alguna representación. Y también el día de la familia. Que casualmente, me parece perfecto que así se llame. Hace unos años se festejaba este evento en el Día de la Madre. ¿Pero qué pasa si una madre no va y su chiquito queda solo? ¿Qué pasa si el que puede asistir es sólo el padre? ¿Qué pasa (nueva ley mediante) si es un chiquito que tiene dos papás y ninguna mamá? ¿Qué pasa si la mamá lamentablemente falleció? Siendo el Día de la Familia, hay muchas más chances de que algún familiar cercano pueda acompañar al chico y éste no se sienta desamparado.

Para el resto de las actividades, me parece que se podrían hacer dos cosas: 1) primero confirmar la participación para saber si todos los padres pueden participar, y entonces sí, desarrollar la actividad padres e hijos (si alguno no puede, la actividad no se hace y listo), y 2) invitar a los padres a participar, pero por separado, como la vez que yo fui a tocar el órgano, y otro día fue otro a tocar la guitarra, y así. Entonces hay un sólo padre que en ese momento cumple un rol parecido al de la maestra y ningún chico se siente mal porque son mayoría los que están solitos.

Esta es mi opinión. A ustedes qué les parece?

Paula

Cambio de seño

Como les vine contando, Benjamín empezó el Jardín hace algo más de un mes. En una semana ya estaba adaptado, no tuvo mucho problema en quedarse solito y todos los días cuando lo busco lo veo sonriente. Le hizo muy bien y está feliz.

La semana pasada las maestras (titular y auxiliar) me mandaron una notita en el cuaderno diciendo que nos felicitaban por lo bien que se había relacionado con sus pares y sus seños en tan poco tiempo. Toda la familia orgullosa, por supuesto ;)

Esta semana, después del feriado largo, pensé que quizás se quedaba llorando. Y nada. Impecable. Ya hasta aprendió a saludar con la mano y tirar besos para despedirse de mamá cuando se queda en el Jardín con sus amigos y sus “seños”.

Ayer mandaron otra notita diciendo que la seño titular se tenía que ir por razones personales valederas, y que el próximo mes ya arrancarían con la seño nueva.

No es que el tema me altere demasiado, porque si bien me da mucha pena que él ya estaba adaptado a su maestra actual y le habíamos tomado cariño en tan poco tiempo, generalmente todas las maestras son cariñosas y ayudan a que los chicos se adapten a ellas fácilmente.

Sólo me da un poco de cosita, algo de pena, también porque justo en dos semanas le vamos a festejar a Benja su primer cumple, y su maestra, la que él conoció cuando entró, no va a estar. O sí, porque en realidad le dijimos que viniera, veremos si puede.

Tiempo de cambios para el niño Benja! Ya les contaré cómo sigue.

Paula

El “Si Dilema”

Parafraseando a mi amiga Vani, en estos días vengo teniendo un pequeño dilema, que en realidad, para el momento en que escribo esto creo tenerlo casi resuelto: mandar a Benja al Jardín.

Ahora que tengo mis tiempos más organizados entre el trabajo, Raquel (la chica que trabaja en casa), el Jardín de Sofi y demás, no tendría necesidad de que Benja vaya a un Jardín también, al menos por ahora.

Pero igualmente el tema nos ronda en la cabeza a mi marido y a mí hace un tiempo, básicamente por dos motivos: el primero es obvio, que más allá de que hoy no es estrictamente necesario, está claro que me daría mucho más aire para mis cosas (laborales y extra laborales); y el segundo, es que últimamente Benja está demasiado pegote. Me voy un segundo y llora, no lo puedo dejar solo, y por momentos me siento ahogada.

Seguramente sea pasajero, la famosa “angustia” (ya un poco atrasada), en fin. De todas maneras, siempre fuimos pro-Jardín. Creo que a los chicos les hace bien despegarse un poco de la familia y además, se divierten a lo grande.

Y si logro tomar la decisión, esto me permitiría colaborar con mi tío en un proyecto muy interesante que ya les contaré en algún otro post.

Por ahora, mañana tengo entrevista en el Jardincito de acá a la vuelta. Veremos qué tal resulta.

Paula

De nuevo en las pistas…hacia la maratón!

Hola a todos! Gracias por todos los mensajes y comentarios que me acompañaron durante la mudanza.

Finalmente estoy de vuelta. Debería hacer un post especial contando las peripecias con los servicios de Cable e Internet, pero seguramente todos hayan pasado por experiencias similares alguna vez, así que no los voy a aburrir con eso.

Sí les voy a contar el día maratónico que tuve ayer, porque es digno de ser relatado.

Arrancamos llevando a Sofi al Jardín. Fuimos los cuatro (mi marido, Benja, Sofi y yo) porque era un día especial para Sofi: por primera vez en su vida, izaba la bandera. Con lo cual, teníamos que llegar temprano. Obviamente, no fue así, pero por suerte llegamos a tiempo. Mi marido se fue a estacionar con Benja y yo me bajé en la puerta del colegio con Sofi. Fuimos corriendo al patio y enseguida la maestra la vino a buscar y la llevó al lado de la bandera. Al ratito empezaron a cantar y Sofi miraba nerviosa y con cara de: “¿nadie me va a explicar lo que tengo que hacer?”. Hasta que se acercó una maestra, le mostró la soga, se la puso entre los dedos, y Sofi fue tirando despacito a medida que la bandera se acercaba al cielo. Para ese entonces ya la cara era de orgullo y de “qué importante que soy”. Lo malo de todo esto es que ni su papá ni Benja llegaron a tiempo para verla. Una lástima, pero por supuesto todo quedó registrado en fotos.

Superada la corrida de la bandera, seguimos viaje hasta casa nuevamente. Mi marido partió a su trabajo. Llegué a casa y Raquel (la chica nueva sobre la que les conté en posts anteriores) estaba esperándome afuera, porque durante los feriados habíamos cerrado la puerta con traba por dentro, y nos olvidamos de sacarla, por lo que no había podido entrar y hace más de media hora que esperaba en la puerta.

Entramos, lo acomodé a Benja con Raquel y enseguida partí a mi clase de Jazz! Sí, lo bueno del día! Empecé Jazz y estoy feliz. Ya había hecho antes de quedarme embarazada de Benja y después obviamente la panza me obligó a dejar, así que volví al ruedo!

A la vuelta, previa pasada por el super para darle algo de color a mi heladera cuasi-vacía, llego y me encuentro con el técnico del servicio de cable en la puerta de casa, quien supuestamente iba a pasar una hora más tarde (en realidad una semana antes y otros tantos cambios que hubo por el camino pero que les dije no me iba a detener en eso!), lo cual me complicó la existencia porque a los 15 minutos tenía que salir a buscar a Sofi y no quería dejar a este hombre solo con Raquel porque seguramente para cuando volviera el cable lo iba a tener instalado dentro del lavarropas! Digo esto porque cuando llegó, no sabía ni a qué venía.

Lo llamo a mi marido y le pregunto si se puede hacer una escapada a casa para supervisar al del cable mientras yo la buscaba a Sofi. Por suerte no es problema y accede.

Me rajo al colegio. Obviamente llego tarde. Volvemos a casa. Por suerte Benja ya había almorzado. Se va Raquel. Le doy de almorzar a Sofi. El del cable seguía trabajando en casa y mi marido seguía supervisando.

Como algo. La acuesto a Sofi a dormir su siesta. Se va el del cable. Se va mi marido. Tengo Internet! Empiezo a leer mails atrasados de varios días. Me encuentro con uno de un potencial cliente en Mexico para el cual estamos trabajando en una licitación. Me pide una call conference vía Skype para esa misma tarde a las 17.45hs. Obviamente accedo. No queda otra. La presentación de la licitación era al día siguiente (o sea, hoy!).

El resto de la tarde intento leer documentos, armar presupuestos, cotizar algunas cosas que faltaban, mientras Benjamín gatea por todos los rincones y no queda otra que perseguirlo y vigilarlo porque la casa todavía está demasiado peligrosa entre las cajas y otros objetos circundantes.

Se hacen las 4pm. Logro dormir a Benjamín. La gloria! Trabajo un rato con ambos niños durmiendo. ¿Para qué? Enseguida se despierta Sofía. Por suerte no es más que hacer una mamadera y ponerle una peli (dibujitos no hay porque todavía no tengo cable, les dije?) y con eso se entretiene el resto de la tarde.

Aprovecho entonces para hablar con Vani y definir algunos temas antes de hablar con Mexico. Se hace la hora de la conferencia, y obviamente, un minuto antes de que arranque, se despierta Benjamín. Por suerte finalmente tengo que hacerla vía chat porque nunca encontré mi micrófono! Lo cual en este caso fue positivo porque no hubiera podido hablar vía Skype con Benjamín gateando por el piso o Sofía pidiendo la mamadera.

Termina la conferencia (el chat), me piden algunos cambios en la presentación. Los hago de un pique porque después nos tenemos que ir todos al médico y no llegamos a tiempo.

Mando el mail. Ya son las 7 y pico. A las 19:45 es el turno. Llega mi marido y me da una mano cambiando a Benja mientras yo visto a Sofía. Salimos con el auto. Por supuesto, llegamos tarde! (esperaban otra cosa?).

A la vuelta, Benja ya está famélico y sin bañarse. Decido darle de comer y suspender el baño por un día (soy re prolija con el baño, jamás dejo de bañarlos pero esta ocasión lo ameritaba, no daba más!). Mientras mi marido prepara la comida para nosotros y Sofi. Comemos. Acuesto a Sofi (hubiera querido acostar a Benja también, pero es más complicado!!!).

Nos quedamos un rato con mi marido comentando algunas cosas que pasaron en el día. Le cuento mi maratón. Me cuenta la suya. Y también algunas cosas que estuvo viendo para el departamento (algunos muebles que nos faltan y demás). Vemos las fotos por Internet. Se me ocurre volver a chequear los mails. Otro mail de Mexico, con algunas consultas. Las respondo. Son las 12 de la noche. Fulminada, decido irme a dormir.

Y así terminó mi día. Y así arranco de nuevo. Nuevo hogar, nuevos proyectos, nuevas expectativas.

Paula

PD: Este es nuestro posteo nro. 100!!! Ojalá sean muchos más! Gracias a todos por estar!

¿Mamá o malabarista?

Malbarista. Confirmado.

En este momento de adaptaciones, en los jardines de infantes vamos a encontrar a toda clase de malabaristas: las/los  que trabajan y se piden algunas horas para poder ayudar a sus hijos en este proceso, los/las que no se piden (como es mi caso) y simplemente relegan todo para un momento con más tiempo y (éstos son mis preferidos) los/ las que tienen chicos en diferentes salas y uno termina 10.45, el otro 11.05 y el otro 11.20. Es gracioso verlos subiendo y bajando escaleras, entrando en una sala y saliendo de la otra.

Siempre pensé que cuando hablábamos de adaptaciones, estábamos pensando en los chicos, pero la adaptación es un proceso que implica el involucramiento (¿existe esa palabra?) tan activo de los padres que es un proceso de dos.

Y en eso estamos. Por suerte, viento en popa por parte de Felipe, y por la mía también porque me encanta su nuevo colegio y lo veo tan contento que no puedo más que pensar que hicimos una excelente elección.

Ahora bien. Yendo a lo concreto: tengo reuniones y la filmación! Nunca llegué a contarles. Con el aluvión mental que implicó conocer el embarazo, no cerré esa historia. Pero sí amigos, quedé en el casting y guess what? mañana jueves “tengo filmación”. Me encanta, me divierte, me entusiasma y me da curiosidad.

¿Cómo haré con los tiempos? No sé, pero no es nada que una malabarista no pueda resolver.

Y ya me estoy convirtiendo en una malabarista profesional.

V.

Los mocos y mi planteo metafísico

Mi hijo está con mocos. Muchos. Muchísimos. Y mucha tos. Toda la que se imaginen y más también.

El sábado volvimos de la guardia y estaba a un paso de una otitis o cualquier peste que ande volando por ahí. Eso nos dijeron y encendió todas mis alarmas de alerta. Y en el medio de la consulta, la típica pregunta: ¿va al jardín? Y… sí, respondí yo, con una timidez que reflejaba todas mis culpas.

No era el espacio para hacerme un replanteo metafísico de mi organización diaria, pero la verdad, terminé haciéndomelo. Salí de la guardia pensando ¿no me queda otra? ¿no puedo manejarme de otra manera como para que el gordo no la pase mal? Y…no. Si pudiera organizarme distinto lo haría. Pero por un instante me sentí la madre más egoísta del planeta. Claro, mi hijo la está pasando mal por mi culpa, porque yo decido tener mis tiempos, hacer mis cosas y trabajar. Lo mando al jardín y ahí se enferma. Ojo! También pienso que es la época y que si no fuera por el jardín igual algún moco fuera de lugar tendría por ahí. Un moco fuera de lugar sí, pero no estos, no esta cantidad…

El domingo volvimos a la guardia. Más mocos y ronchitas por todo el cuerpo. Sigue siendo el mismo cuadro, me dijeron. Típico de los virus. Y a partir de ahí, cada chiquito, cada persona que tosía o estornudaba cerca del gordo era un asesino en potencia, un virtual Bin Laden.

Con la batería de remedios que le dieron siguió tirando un poco más. Y el lunes tuvo fiebre. La maldita fiebre y mi temor hecho realidad. Listo, ahora sí tiene algo serio. Volvimos a la guardia y nos dieron otro remedio más. Después tuvo otro pico de fiebre y ya, nuevamente en la guardia, le declararon otitis. Créanme que no soy feliz con el diganóstico, pero me tranquiliza saber qué tiene así ya hacemos algo al respecto y listo.

Por lo demás, no puedo explicarles la catarata de sensaciones que este estado de Felipe me provoca: culpa, ansiedad, nervios, angustia… El jardín, mi trabajo, la necesidad de cuidarlo enteramente yo, a la vez mi agotamiento extremo por hacerlo, el no querer pedir ayuda, o el pedir a medias que no le sirve a nadie, todo esto me carcome la cabeza por estos días y me hace volver a mi eterno cuestionamiento: ¿cómo hago para ser una buena mamá?

La verdad, no lo sé. Es algo que voy descubriendo mientras voy transitando este camino. Pero de lo que sí estoy segura, es que no se nace sabiendo ser mamá, ser mamá es algo que se aprende con el tiempo. Y cada vez estoy más convencida de que los mejores profesores en este terreno son tus propios chicos. Ellos mismos nos van mostrando si lo que hacemos está bien o no. No nos reprochan. Sólo nos manifiestan su parecer de alguna manera. Y así nos marcan el camino.

Nuestro desafío es poder entenderlos para poder caminar el nuestro pisando fuerte, sabiendo que todo lo que hacemos, lo hacemos para que estén bien. A veces nos sale. A veces no.

Vanina