Combinaciones que no combinan
Jueves 1.30 pm. En pleno microcentro porteño debía dejar una factura por unas cursos virtuales que dí durante todo el embarazo y este primer mes post parto. Créanme que tan en otra estaba que no recordaba exactamente cuánto debía facturar, pero no me quiero ir por las ramas.
Dejé a Felipe con su abuela y yo me fui con Cata que como saben, no es muy fan del cochecito. Sólo upa upa upa y upa… o wawita en su defecto que es más o menos lo mismo. Así que previendo esto, puse la wawita en la parte de abajo del cochecito por si le agarraba un berrinche ensordecedor en pleno obelisco.
Efectivamente, mientras estaba reunida, empezó a lloriquear. A upa se calmaba, en el cochecito lloraba. Así estuvo todo el rato.
Cuando volvíamos para casa, no hizo ni una cuadra que empezó a los gritos pelados, se puso recontra colorada y yo casi que también porque la estaba empezando a pasar muy mal.
Corté por lo sano. Agarré la wawita y volví hasta casa con la beba colgada y empujando un cochecito vacío.
La gente por la calle me preguntaba: ¿qué beba tan chiquita y ya tiene un hermanito?
Mi respuesta (indignada): NO!!! Es la única beba en el universo entero que no se duerme cuando pasea en cochecito.
Y ponía más velocidad en el cochecito como para alejarme rápido de ese comentario tan atinado que se repitió varias veces al cabo de todo el trayecto.
Llegué a casa agotada. Muerta de sed, de calor y con la gorda recontra dormida.
Claro, el cochecito y Cata parecen combinaciones que no combinan. Cata y la wawita sí. El tema es que mi espalda necesita una sesión diaria de masajes después de tanto upa. Y desde luego, no la tengo. ¿Alguien me facilita un free pass para un spa por favor? Gracias.
V.
