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Lo que se viene…

Monitoreo final. Todo ok. La gorda se movió a full e incluso tuve un par de contracciones, así que les hice todo el show en vivo. Pero esta vez no quisieron dejarme… me dejaron libre sin inconvenientes.

El doc no me notó dilatación aunque sí el cuello del útero muy flojito. Me pidió que volviera a verlo el jueves. Y eso haré. La fecha es el viernes y en teoría me encantaría respetarla, pero si el viernes no hay novedades, veremos qué hacemos.

El punto es que ayer tuve una “reunión de cierre” con Pau… que no era “de cierre” sólo que para mí era importante resolver un par de cuestiones (o ver al menos cómo intentamos resolverlas) antes de parir para quedarme tranquila.

El sábado estuve con contracciones fuertes y pensé que nacía, pero en el fondo sentía que tenía que esperar un poco más, quizás a ver resuelto este tema.

Y aunque les parezca mentira, después de esa reunión, me empecé a sentir “de licencia”… loco, no? porque tampoco sé a ciencia cierta en qué consistirá mi licencia, ya que por cuestiones mentales soy partidaria de no aislarme demasiado en la propia burbuja de la maternidad. Acostarme y mirar al techo esperando que nazca no me parece un programa muy tentador, y estar seis meses sin conectarme con el mundo laboral me da claustrofobia… por eso seguramente le iré encontrando un punto intermedio a medida que me organice con Cata… y con Felipe, y con ambos, y con ambos y el trabajo, y con ambos, el trabajo y mi marido… uff, ya entiendo por qué la licencia dura seis meses! ja!

Por suerte, el paso del tiempo, Felipe, Pau y la experiencia, me hicieron caer en que anticiparse en algunas cosas, no tiene mucho sentido. Y cuando se trata de experiencias tan intensas como estas, mucho menos. Por eso, ahora voy de a poquito. Primero que nazca. Todo un tema. Después, que conozca a Felipe. Un temón. Después volver a casa. Después organizarnos con el sueño y la lactancia y después… uff, no, mejor no pienso más, me estoy por volver a enroscar.

V.

Falsa “falsa alarma”

Tercer monitoreo. Fecha de parto inminente y desayuno power para que la gorda se moviera.

Según mi criterio, tuvo unos movimientos más que óptimos. Según la partera encargada del monitoreo, tenía que verme mi doc y volver porque hasta podría llegar a tener dilatación.

“Tenés contracciones fuertes, mirá” (y me muestra esos picos cada tanto en el papel impreso que no me dicen mucho). “Pero yo de estas tengo todo el tiempo” (pensé) “si estas son de parto, hace como 4 días que tendría que haber parido”.

“¿Quién es tu médico?”

“Pirulo de tal”.

“Ah, lo ves hoy. Bueno, andá y volvé que lo repetimos”. “¿De cuánto estás?”

“39 semanas”.

“Ah, ya estás ahí. Se te puede adelantar”.

“Ah” (dije). “Pero esas eran contracciones de parto?” (seguí pensando asombrada). Si me quedó acá tengo que: buscarelbolsoyponerlelaspantuflasquelavémandaracomprarellíquidoparalaslentesdecontactoimprimirelcartelitode”bienvenidaCata”avisaraldelascortinas(síayersenoscayólatiradelapersianadenuestrocuarto)quenovengaaldelasventanastampoco(tienenqueremedirlasparahacernosunaislamientodedoblevidriado)¿medepilé?ahsíestoyokchequearlosmailseltemitapendientedellaburosigueenstandbyynomegustanadatampocoterminédedictarelcursovirtualdecomunicacionmequedaunaalumnapendiente(perobuenoeslaultimaunidad)mandaralavarelbodiequemetrajomicuñadadeUSAparaCataporqueesdivinoperomuychiquitoasíquelotienequeusaryamenosmalqueFelihoyalmuerzaconsuabuela…

Y blablablablablablabla…

Y así, una seguidilla de pensamientos imparables, incongruentes y desde luego, el “Vanina pasá”  de mi doc y su calma chicha valorable hasta el infinito y más allá, hicieron que bajara dos cambios y que pensara que todavía no era el momento de Cata de conocer este mundo. “Después la vas a extrañar un montón a la panza, no hay apuro”.

Y cuánta razón tiene. Cómo voy a extrañar esta panzota…

Así que aquí me tienen. De vuelta en casa. Con una falsa “falsa alarma” en mi haber.

V.

Lecturas para pensar

Cuando la mujer queda embarazada (sea el primero o no), tiene una tendencia innata a querer buscar información, a interesarse por temas relacionados con la nueva maternidad que la llevan a “relacionarse” con especialistas en el área, entrar a diferentes webs, recibir newsletters, etc.

Gracias a eso, sé que Cata mide más o menos lo que un atado de acelga y pesa algo así como un melón. No sé por qué esta gente que me manda los newsletters está empecinada en comparar a mi hija con el mundo frutal y vegetal, pero entiendo que como comparación es bastante gráfica.

También ofrecen artículos de todo tipo escritos por especialistas. Y a algunos de ellos, les presto especial atención.

Ayer leí uno relacionado con el momento del “stop” para la embarazada que me interesó mucho. Tenía que ver con encontrar el momento justo de parar para “darle el debido respeto al embarazo” que éste se merece, sin idealizar la figura de la embarazada pero dándole un lugar de “nido” que en definitiva es lo que es el útero hasta que el niño se decide a conocer el mundo exterior que habitará durante toda su vida.

Hubo una parte que me llamó particularmente la atención. Y la cito: “Hay muchas miradas diferentes de la sociedad ante la embarazada: la de la envidia, la ingenua -que cree que todo es lindo en el embarazo-, la que cree que la embarazada es una discapacitada –que no puede hacer su vida normal, ni trabajar, ni tener relaciones sexuales- o la que la considera algo sagrado”, explica.  A veces, son las propias mujeres las que no se dan su lugar, opina  Brígida Morgenroth , especialista en cursos de pre y pos parto. “En ocasiones, la embarazada misma no se siente protagonista, no toma conciencia de los cambios que está viviendo, no vive con la intensidad suficiente su embarazo”.

Ahí paro yo la lectura y pienso: ¿qué es vivir con intensidad suficiente cada embarazo? ¿cuál es “la medida optima de intensidad” con la que se debe vivir? la verdad, no tengo una respuesta clara. Es inevitable pensar en este último tramo que estoy transitando, que pueden ser días o pueden ser horas, no dejé de trabajar, no sólo porque no quiero, sino porque tenemos varios pendientes que me ocupan la cabeza demasiado como para quedarme tranquila si me desligo por completo. El punto es, que no me creo una workaholic por eso, pero sí es cierto que siento que a esta altura con la panza anterior (y mucho menos trabajo) ya me había desligado por completo de todas mis obligaciones.

Sigo pensando entonces ¿vale la comparación entre ambas panzas? ¿vale pensar que me estoy perdiendo de algo? Creo que no. No sólo porque un segundo hijo es completamente distinto del primero, sino porque las circunstancias que lo rodean pueden cambiar y uno tiene que saber adaptarse a ellas. Lo que me encanta de esta segunda panza es justamente eso: que me permitió no desconectarme tanto del afuera, que Feli fue un cable a tierra continuo y que me sentí muy bien a lo largo de estos 9 meses pudiendo hacer todo, absolutamente todo lo que quería hacer.

Pero lo que más me gusta, es que creo que es un preludio para lo que viene. El post parto que con Felipe fue tan para adentro, con Cata forzosamente será distinto, y creo que distinto para mejor: con menos miedos, con más pedido de ayuda, con Felipe dando vueltas y con un trabajo que no quiero desatender. Encontrar el momento oportuno para volver a combinar ambos mundos va a ser el desafío esta vez. Como la anterior. Sólo que ahora creo que sé mejor cómo tengo que hacer las cosas.

V.

FUENTE:http://www.materna.com.ar/Familia/Ser-mujer/Articulos-Ser-mujer/Como-Ve-la-Sociedad-a-la-Mujer-Embarazada/Articulo/ItemID/3906/View/Details.aspx

Chau chau adiós…

Tanto Baby Shower, tanto festejo, tanto punto final a algunas actividades hasta que Cata me “comunique” que ya puedo ir volviendo a mi normalidad, me están haciendo caer en que a la panza (sí, esa enooorme que vieron abajo) tengo que decirle “chau chau adiós”.

Es loco, muy loco. Fundamentalmente porque entre Cata y Feli me dí cuenta de que con tan buenos embarazos que tengo, la paso bien y hay un punto, en el fondo (muy en el fondo) donde me gustaría tener la panza por un rato más.

Pero así son los tiempos de la naturaleza. En estos días (esta semana o la otra) vamos a conocer la carita de Cata y todavía no lo puedo creer. Por lo pronto, este finde nos dedicamos “a despedirnos” (momentáneamente, por supuesto) de la vida social, yendo a comer primero y al cine después, cosa que no haremos por un tiempo que (¡espero!) no sea tan largo. Eso el sábado a la noche. Y el domingo, fuimos a la tardecita a la casa de unos amigos, conversamos a lo loco y Feli pudo jugar largo y tendido con Joaqui (sólo unos meses más grande).

Con esto, pusimos punto final a los eventos sociales. Todo un símbolo, créanme.

Y esta semana, es mi “última” semana laboral entera… no es que la otra no quiera hacer nada, es que no tengo idea qué me depara el destino para aquellos días. Lo único que sé, es que si el viernes 1ero de Octubre Cata no nació, hay que sacarla, así que días más días menos, empezamos oficialmente el countdown.

El moisés ya está listo, el cuarto preparado, la ropita limpia y el bolso en condiciones. Sólo falta que llegue Cata. Pero tranqui hijita, no hay apuro.

V.

Poco cliente y mucho sonajero

Ayer, fui invitada por una editorial que desarrolla contenidos relacionados con la maternidad/paternidad, a un evento que específicamente era para embarazadas donde mostraban qué se hacía en un Baby Shower y cómo se estaba importando paulatinamente este festejo tan nórdico.

Me lo tomé de manera súper personal porque estoy más que en tema (ya les dijo Pau que sacó todos los números para organizar el de Cata y es hoy: ¡gracias miles!!!!), pero también de manera profesional, porque tenía toda la intención de analizar qué pasaba con el tema, si nos iban a mostrar contenidos específicos, si sería sólo un espacio de “venta de un servicio”, etc etc etc. Lo cierto es que me daba curiosidad.

Lo primero estuvo bueno: regalitos varios, juegos, sorteos, ingerir glucosa a más no poder… en fin… Lo segundo se complicó un poco: creo que el evento no salió como los organizadores esperaban (pocas asistentes me parece para tanta preparación) y esa sensación se transmitió a lo largo de toda la actividad. Quizás las demás no lo hayan notado, o quizás sí. Para mí fue un poco evidente, aunque superado el tema, me dediqué a disfrutar… y a ingerir todo tipo de tortas, cookies y caramelos. Bah, no tantos, al final ya ni me tentaban de tantos que había! ja!

Mis conclusiones fueron las siguientes:

1) Pau y yo estamos a la altura de organizar un evento como ese (y la verdad, me parecería  súper interesante por un montón de factores que no voy a contar para no aburrirlos con el core business de nuestra agencia, pero la realidad es que estando en tema y siendo target, no sería nada complicado!!!!).

2) Necesito terminar el bolso para el hospital!! Ya tengo CASI todo. Pequeño detalle: me falta lavar la ropita nueva de Cata para el día que nos den el alta. ¿Vieron que parece que el apresto de la ropa nueva les hace mal a los recién nacidos? bueno, resulta que hay que lavar todo antes de usar! y no me decido porque tengo que sacar las etiquetas!!! Y con eso, elimino las chances de poder cambiar algo si tengo mucha cosa repetida de regalos… pero lo tengo que hacer. De hoy no pasa, lo juro. Cata viene tranqui, pero con los peques nunca se sabe.

3) Confirmo que no tengo suerte para los sorteos: me hubiera venido bomba la ropita de recién nacido o la torta de pañales pampers… la tendrían que haber visto, pañales enrolladitos, uno arriba del otro, todos de recién nacido con lacitos de colores, divinos, un regalo con menos glamour pero súper funcional, créanme. Igual me llevé un cambiador, un chupete, una percha violeta muy monona… pero no, no tengo suerte… debo ser muy afortunada en el amor…

4) Esta mezcla de clientes y sonajeros se disolvió antes de empezar: algo me indicó desde el principio, que ese sería un espacio para divertirme como futura mamá, para comer dulces a más no poder, aprender algo nuevo y sacar fotos para la revista. Y me re prendí, of course.

Menos clientes y más sonajeros. Esa fue la imagen del evento, como si el momento me mostrara una foto del panorama que me espera en muy poco tiempo. Tan solo unos días.  Cada vez menos.

V.

USD 1400 (para empezar a hablar…)

38 semanas de embarazo marcaron el límite para hacer algo. Tenía una muela completamente fracturada, “atada con alambre” desde julio y que terminó por caducar. Sé que con una panza tan avanzada no había mucho por hacer más que seguir con esta clase de arreglos pero estaba preocupada por el momento del parto. Sí, claro, mi miedo era que la fuerza del pujo la terminara de romper.

Imagínense la situación: “perdón doc, paremos todo, me tragué un cachito de una muela”. No, no da.

Así que hoy que tuve monitoreo (sigue todo OK, la gorda se mueve a más no poder y crece a pasos agigantados, aunque no tiene ganas de salir… según mi doc, no hay mejor noticia que esa… ok, me quedé tranquila, el sábado podré ir al cine, programa que tanto extrañaré durante los meses que siguen…) aproveché para ir a la guardia odontológica.

Me atendieron bárbaro, me limaron la fractura y me pusieron una pastita para cubrir la parte expuesta. El doc que me atendió que aseguró que así no iba a tener problema pero que mi imagen caótica del diente partido en el medio del parto no era tan ridícula, que vuelva después del post parto (si estoy lactando, será un tiempo después) y tenemos que ver el temita de hacerle un perno y una corona.

Shit! “¿ y de cuánto estamos hablando? ” (le pregunté asustada no tanto por mi salud bucal sino por la de mi billetera).

“Si en seis meses (que probablemente te dure este arreglo) el hueso se desgasta demasiado, tendrás que hacerte un implante. Acá en el hospital, te salen unos USD 1400 sin perno. Por las dudas, cuando llegue el momento, te recomiendo que averigues en otro lado”.

WHATTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTT???????????????????????????????????????????

¿Saben qué es lo que más me indigna? Que siempre tuve fama de dientes impecables, que me los lavo después de cada comida y me paso palillo y enjuague bucal todas las noches. Encima ahora por el embarazo tomo refuerzo de calcio y flúor… ¡Por favor, qué estoy haciendo mal para tener que invertir un viaje a Punta Cana sólo en mis encías!!!!!!!!!!!!!

Según este doc (al cual reinvindico por su amabilidad y sinceridad) los embarazos son un alien que te debilita absolutamente todos los huesos. Por eso es tan importante tomar calcio en ese período.

Cuestión, que por ahora zafo.  Pero voy a tener que trabajar (literalmente) para tener mi boca en orden porque en unos seis meses aprox, tendré que romper el chanchito… ahora entiendo cuando hablan de “planificación familiar”, si cada hijo me va a salir esto, quizás ya decreté el cierre oficial de la fábrica. Amo a mis hijos con toda mi alma pero con Feli ya tuve una extracción y no voy a permitir que me roben una muela cada uno.

Prefiero viajar a Punta Cana.

V.

Diga 33…

33 semanas ya tiene la panza… Pasó mucho más de lo que falta. Aunque lo que falta no tiene nada que ver con lo que pasó. 

Ahora la panza pesa, Felipe está entrando en un idilio hacia mí que ni les cuento, ya no tengo tanto hambre y estoy más preocupada por encontrar un momento de descanso durante el día que alguien que me ayude con mis dos hijos cuando Cata nazca. Resulta que ahora me interesa saber cómo va a ser el momento en que salgamos corriendo al hospital porque quiero que sea lo más natural posible para Felipe. Últimamente no paro de pensar en eso. Pienso también en que los primeros meses de Cata me van a encontrar con Feli de vacaciones, así que en realidad sí debería empezar a pensar en la famosa ayuda externa que estoy posponiendo… esa ayuda que me da algo de desconfianza y que la economía de la casa hace que tenga una excusa perfecta para dilatar el momento de definir algo.

Como siempre, mi día se alterna entre la rutina mañanera de trabajo y la tarde dedicada a extras o a Felipe. Ayer, tuve una combineta complicada entre tarde de trabajo y Felipe que pudo alivianarse gracias a la estratégica vuelta a casa de mi marido.  De otro modo, hubiera seguido viendo vaquitas en la pantalla de la compu eternamente porque el gordo no quería dejar de ver fotos. Fotos mías, de trabajo, que tenía que seleccionar para mandarle a la diseñadora. Pero tenía un taladrito de 2 años y 4 meses que me torturaba la cabeza al grito de: MAZ PACAZ MAMÁ (entiéndase: más vacas mamá).

Y sí, como siempre mi hijo encargándose de bajarme de un hondazo a la realidad: todo bien con la panza, todo bien con el trabajo, pero acá estoy yo, necesito cosas, dame bolilla, ¿o acaso pensabas que tener dos hijos es cosa fácil? Mmmm, no, me parece que no. De todos modos, no es algo que pueda confirmar hasta dentro de unas semanas, cuando Cata nazca y reconozca mi nueva vida con la niña en brazos. Esa realidad que paradójicamente, cuando más se acerca la fecha, más difícil me resulta de imaginar.

V.

Mmmm… cometí un error

Ayer tuve consulta con el obstetra.

Todo ok, por suerte. Incluso el doc me dijo que mi embarazo era aburrido porque no me pasaba nada… pero… me encontró la presión muy alta para mi normalidad.

Me pidió que me la controlara durante dos días seguidos.

En principio no me preocupó demasiado, pero acabo de cometer un error. Y garrafal por cierto.

Consulté en internet cuál es el tema con la presión alta en el embarazo… y no debería haberlo hecho. Mucha info y poca capacidad de procesamiento. Es algo que siempre desaconsejé. Para informarte y sacarte las preocupaciones, andá a al doc, no a internet.

Lo dije siempre, siempre, siempre. ¿Por qué cuernos tuve que poner “hipertensión en el embarazo” en Google? ¿Por qué no me puse a chequear los mails y trabajar como todos los días? ¿Soy yo o son mis hormonas embarazadas las que tocan el teclado?

En fin. Lo hecho, hecho está. Luego de tomarme la presión, por segunda vez, mañana llamaré al doc… tal como me dijo que hiciera inicialmente… sin consultar a internet. Y listo. A preocuparse por otra cosa… o por nada… sería muchísimo mejor, ¿no?

V.

Marido Embarazado

” La embarazada sufre una tentación tremenda: enredada como está en sus emociones, pensamientos y miedos, le queda muy poco tiempo para ver cómo se las arregla su marido con el embarazo. Esto es muy comprensible, después de todo, es una la que está habitada por un alienígena, la que tiene torrentes de hormonas circulando por ahí y la que, de alguna manera, tendrá que entregar la mercancía. El marido sólo tiene que lidiar con una. Pero ahí el problema. Tratar con una embarazada puede ser una tarea muy exigente y pavorosa”.

Como siempre, mi amiga Vicky, a través de su libro, sigue leyendo mis pensamientos y plasmando en un papel las cosas que vivo, pienso y siento en el proceso de este segundo embarazo.

Y en esta oportunidad, quiero reivindicar el papel masculino a través de este post. Confieso que últimamente, las hormonas han hecho estragos con mi humor y si hay algo recurrente en mi ánimo es la inestabilidad. Lo asumo. Y agradezco la infinita paciencia que tiene que tenerme para manejar estos casi 7 meses de embarazo.

En palabras de mi amiga Vicky: ” Ya no existe la mujer con la que se casó. No tiene el mismo aspecto ni actúa como antes. Para muchos maridos esto no es bueno. Antes, aunque no estuviera loco por su esposa (dios no lo permita), al menos estaba familiarizado con ella. Ahora parece poseída, se parece a su mujer pero reacciona muy distinto. No puedo hablar por todas las parejas pero en el caso de mi marido, las cosas son muy sencillas: igual=bueno, distinto=malo. No le gustaba nada ignorar quién iba a recibirlo al terminar la jornada: si la esposa de costumbre con poca necesidad de mantenimiento emocional, o la embarazada hipesensible que se le instaló en la casa”.

Sí, sí, sí, sí… mi marido embarazado está pasando por todo eso y mucho más. También tiene que lidiar con los berrinches de Felipe que se han vuelto moneda corriente y con mi necesidad física de descansar cuando estamos juntos. Pobre. Poco espacio tiene para atravesar este proceso con disfrute.

En este espacio, yo lo reivindico con mayúsculas. Porque es todo un MARIDO y todo un PAPÁ.  Ha llegado a salir antes del trabajo para cuidar a Felipe en estos días en que no tengo quién lo cuide y a veces no llego con alguna reunión.  Y como el gordo está con pesadillas, también se le acomoda en la camita de abajo de la cuna para que él pueda dormir más tranquilo por la noche y yo también.

Un santo. Lo reconozco.

Pero bueno, a cada uno le toca un lugar en este proceso de nueve meses iniciales (y el post parto ni hablar!!). Ninguno es mejor o peor. Es lo que es y si algo debe ser recurrente en estos meses, es la paciencia para lidiar con todo. Y también el humor. Para descontracturar y relativizar. Y reirse de uno mismo.

Estamos en eso gente, estamos en eso.

V.

Segundo Trimestre

“Esa evaluación frente al espejo me resultaba mucho más inquietante en el segundo trimestre. Por entonces parecía embarazada por todas partes y al mismo tiempo, en ninguna. (…) Este es el período en que nadie sabe si estás embarazada o si se te ha dado por abusar de los postres; por eso nadie te dice nada, pero ten la seguridad de que comentan a tu espalda. Es probable que sientas la tentación de comprar una remera con la leyenda: “bebé a bordo”. No lo hagas. Aclaremos algo desde ahora: una panza de embarazada no es un buen lugar para carteles publicitarios”.

Qué buen fragmento del libro “El embarazo de amiga a amiga” de Vicky Iovine que mi cuñada me regaló cuando esperaba a Felipe. Cuando me enteré que iba a ser mamá otra vez, sentí la tentación repentina de volver a leerlo.

Me río, pienso, digo: “qué buen libro que estoy leyendo”, se lo paso a mi marido a modo de indirecta para que me entienda un poco más, asumo claramente que estoy manejada por mis hormonas y creánme, me quedo un poco más tranquila sabiendo que lo que me pasa a mí, le pasa a miles de mujeres en todo el mundo.

Ahora bien, a mis ya conocidas crisis por “cómo hago para llegar a buscar a Felipe al jardín sin pedir ayuda” (ustedes ya las han padecido, no se hagan los desentendidos), ahora se le suma una nueva que me pone en la cima de la neurosis: casi cuatro meses de embarazo, la panza apenas asoma y parece un claro exceso de ravioles.

Por suerte toda la ropa me entra, ese no es el problema. Todavía no subí de peso pero el tema es que nada me queda bien. Y no puedo salir a comprar ropa compulsivamente porque a esta altura mis medidas son tan efímeras como mi estabilidad mental.

Mañana tengo una reunión. Casi que estoy saliendo uniformada con dos camisas que tengo “corte princesa” que disimimulan los falsos ravioles. Pero tengo muy pocas opciones amigos. Me siento contra la espada y la pared.

O sigo usando la misma ropa y sintiendome un cuadrado amorfo o corto por lo sano y le hago caso a mi amiga Vicky: me tiento con las remeras de “bebé a bordo” que aunque desubicadas para una reunión de trabajo, son óptimas para despejar el panorama de cualquier duda (y de paso en el bondi o en el subte me dan el asiento con mayor facilidad). ¿Qué opinan de mi estrategia? ¿No, no? Ok, la descarto por desubicada y porque mi amiga Vicky fue clara al respecto: nada de carteles publicitarios.

Pero entonces vuelvo al punto de partida. Tengo una reunión mañana a primera hora. Eso quiere decir que o lo pienso antes de irme a acostar o llego tarde por la indecisión de estar parada frente al placard por más de treinta minutos.

La camisa negra ya la usé en la última reunión. La blanca me la puse hoy…

Sí, definitivamente estoy entre la espada y la pared.

Pensándolo bien, quizás la panza no sea tan mal espacio publicitario, ¿no creen?

V.