Posts etiquetados como ‘educación’

Cachetazo para mí

- “Papá, me das un caramelo?”

- “No, este no me gusta. Quiero uno verde como el de Loli”

- “Es de naranja, sí te gusta”

- “No, quiero otro”

(Caramelo se cae al piso)

- “Ahora cagaste, ni uno ni otro, se cayó. Eso te pasa por boluda”.

(Papi se enternece y saca del bolsillo un chicle).

- “Tomá esto”

Esta fue una conversación de subte que presencié ayer entre un padre y una chiquita de no más de 2 años.

Me quedé sorprendida: “cagaste”, “boluda”, chicle…¿yo soy de otra época o este padre está totalmente desubicado?

No era suficiente decirle: “cuidado hija, que se te va a caer el caramelo y no se puede levantar del piso si se cae” o algo así? Qué necesidad de aplicar una sanción del tipo “eso te pasa por boluda” a una chiquita que ni siquiera sabe el significado de esa palabra? Aunque pensándolo bien, esta niña probablemente sí lo sepa.

En fin, estoy convencida de que es muy difícil educar a un hijo. Pero también estoy convencida de que se puede y que la violencia o agresión (aunque sea sólo verbal) no es el camino para enseñar.

Si alguien me ve alguna vez en alguna actitud similar a esta, por favor pégueme un cachetazo! Ja!

Paula

Adaptación! Adaptación???

Hola a todos, antes que nada, un muy muy muy FELIZ 2011 para todos!!! Que todo lo que se proponen y desean para este año se cumpla!

Mi año nuevo arranca con la Colonia de los chicos, lo que por suerte me permite volver a una rutina laboral razonable. Llegamos esta mañana super entusiasmados, mochilitas listas, traje de baño puesto y embalsamados con protector solar. Sofi a una sala con los más grandes, Benja a otra con los más chiquitos.

A Sofi apenas le digo adiós y ya se despide con una sonrisa de oreja a oreja y sin conocer a nadie se pone a charlar con todos sus nuevos compañeros y maestras.

A Benja lo acompaño a su sala y me piden que entre un ratito para la adaptación. ¿Para qué??? Me pregunté yo! Uff, sí, en realidad sonaba totalmente lógico. Sólo que no me imaginé que iba a tener adaptación en la colonia. De hecho, los había mandado con la vianda de almuerzo y todo, y me entero que el primer día la adaptación era de 1 hora y a casa!!!

En fin, cuando todo parecía negro, por suerte terminó bastante mejor. El tema es que la colonia con los que son tan chiquitos exige un tiempo de adaptación, pero es mínimo. Como para que los chicos entren en confianza y nada más. Benja ya estuvo yendo al jardín todo el año así que mucha adaptación no necesita. Sin embargo, hoy estaba prendido de mi pierna. Lugar nuevo, maestras nuevas, compañeritos nuevos…supongo que tiene que ver con eso.

Por suerte ya para cuando salieron a jugar a la terraza se había olvidado de mi existencia, y al retirarlo, charlando con la maestra, me dijo que íbamos a tomarnos sólo 3 días de adaptación entre 1 y 2 horas por día, y ya para el jueves lo puedo dejar en su horario completo (hasta las 2pm).

Me fui más tranquila, y feliz, sobretodo porque tanto Sofi como Benja (en su “semi-adaptación”) volvieron felices!!!

Así arranca mi 2011, el suyo?

Viveza criolla infantil

Imagino que todos ustedes habrán oído hablar del término, aunque no sé si todos habrán experimentado esta “picardía” a nivel infantil.

Resulta que Sofi se está convirtiendo una experta en esta destreza. Los ejemplos son muchísimos, pero les cuento los dos más recientes, que me hicieron matar de risa de su picardía!

1) Es fanática de las curitas, sobretodo si son de Kitty. Quiere ponerse curitas en todo el cuerpo, todos los días. Le expliqué que las curitas no son para jugar, sino para curarse cuando se lastima, cuando sale sangre. “Si no hay sangre, no hay curita”.

El otro día me muestra su dedo gordo del pie, y me dice “mamá, necesito ponerme una curita porque me lastimé el dedo”, y antes de que yo emitiera sonido, aclara: “había sangre pero ya se fue, así que ahora necesito una curita”.

2) Hay una regla en casa que es “la regla de los cuentos”, la cual implica que antes de dormir, mamá o papá leen 1 SOLO CUENTO. Y es regla de oro, porque en cuanto damos brazo a torcer nos pueden llegar a tener hasta las 3 de la mañana leyendo! Pero esta regla tiene una excepción: cuando estás enfermo, mamá o papá pueden leer 2 CUENTOS en vez de 1.

Obviamente, Sofi se hace la enferma la mitad de las veces, pero por supuesto no le creemos!

Estoy aprendiendo a convivir con esta viveza infantil, y también a disfrutar de esta actitud tan graciosa, sin que por ello se me vayan de los límites!

Pero me divierte mucho! Es gracioso el pensamiento de los chicos, no les parece?

Paula

Dilema

Últimamente me estoy conectando mucho con algunas personas que me generan sensaciones encontradas. Quizás tienen un nivel social más alto que yo y manejan otros valores, otra relación con el dinero y con el status de lo simbólico.

Hasta ahí, todo ¿bien?

El tema es que las vueltas de la vida hacen que cada vez más esté vinculada con este tipo de personajes. Me resisto a creer que tanta frivolidad es lo único que tienen para ofrecerme y por eso sigo intentando conocerlas en profundidad. Pero me cuesta. Su relación con el dinero, con la maternidad, con la educación de sus hijos, con el trabajo, con “la percha”, me están empezando a hacer ruido.

Como bien saben a través de este espacio, soy una laburante. Irme de vacaciones es EL programa del año y lo pensamos y averiguamos con mucho tiempo de anticipación para poder disfrutar de esos días como nos merecemos. No quiero quedar como indigente porque no lo soy, pero ¿no estaría bueno poder entender que existen otros mundos a parte de la propia burbuja? Eso es lo que me está empezando a molestar: no que tengan dinero, no que lleven una buena vida, pero sí que no acepten las diferencias, al otro distinto que también vale en un montón de aspectos.

Me cuesta entenderlos y me cuesta verme dentro de ese grupete. Obviamente nadie me ata a nada y si quiero me voy. Pero me resisto a tirar la toalla. No se puede ser tan frívolo y nada más. ¿Cuál es el límite? ¿Hasta dónde se tolera y se aceptan las diferencias? Ese es mi dilema. Y siendo mamá, no me puedo hacer la tonta con esto.

V.

Ser antisocial

Esta semana me encontró particularmente llena de eventos y programas de todo tipo. Por un lado, aquellos agendados alegremente por mí, de los cuales no me quejo, en absoluto. Y entre ellos, está el “Baby Shower” de Vani, que festejamos este jueves en casa, del cual tendrán novedades seguramente en algún otro post.

Por otra parte, están los eventos familiares típicos, de los cuales no se puede prescindir. No estoy diciendo que no quiera tenerlos, al contrario. Si hay alguien familiero en este mundo, esa soy yo. Me encanta la familia y adoro la vida familiar. Sólo que a veces se da todo junto, sin que uno lo planifique.

Finalmente, están los eventos…cómo llamarlos? No tengo una definición. Pero podría llamarlos algo así como “eventos infantiles”. Sí, porque mis peques son tan peques aún, que todos SUS eventos, pasan a ser MIS eventos por propiedad transitiva.

Yendo a la práctica, una compañerita del colegio invitó a Sofi (y a 3 amigas más) a almorzar y jugar mañana a su casa. Por ende, vamos también las 3 mamás (a almorzar y charlar, no creo que nos pongan a jugar, o sí?)

De ahí, tengo que salir casi corriendo porque Sofi tiene un cumple de otra amiguita a las 4:30, y como todavía no se quedan solas (Sofi en realidad sí se queda!), van también todas las mamás.

El jueves, Sofi tiene otro cumple, de una amiguita de su Jardín anterior, al que obviamente (por propiedad transitiva nuevamente!) estoy invitada. A éste sí que no voy a ir, porque me coincide con el shower de Vani, así que la niña tendrá que quedarse con sus amistades sin buscar de reojo la mirada de mamá.

La verdad que Sofi es super sociable, y no tiene ningún drama (nunca lo tuvo) en quedarse sola en la casa de una amiga o en un cumpleaños. Pero yo suelo ir a estos programas, porque forman parte de otra cosa: de entablar relación con las mamás de las amigas de mi hija, de compartir experiencias, de conocer las casas de las amigas a las que mi hija probablemente vuelva a ir más de una vez, conocer a sus padres, el entorno familiar en el que se mueven, etc. Digamos que la cosa es mucho más profunda, y por eso no me gusta dejar de participar en este tipo de cuestiones.

Sólo que cuando uno intenta llevar un negocio adelante, sumado a reuniones y llamados, sumado a una suplencia por unos meses, sumado al trabajo general de la casa, sumado a cuidar y educar dos peques y sus quehaceres diarios, sumado a la vida social de ellos y de uno, sumado a tener ciertos momentos para compartir en pareja, sumado a…”

¿Hiciste la cuenta? Es simple. El tiempo no alcanza. Necesito convertirme en un ser antisocial. Urgente.

Paula

Repensarnos como papás

Sigo con los talleres de comunicación vincular en el colegio de Felipe. Ahora, ya están a cargo de los padres (el próximo encuentro lo coordino directamente yo con otra mamá). Salir de casa a la noche con ese frío polar que de pronto se despertó fue todo un tema, pero como siempre, agradezco haber asistido.

Resulta que como el lema del taller es “usar” la comunicación entre padres e hijos para prevenir algunas cuestiones profundas que hacen a las conductas adictivas entre los chicos y cuánto de eso está directamente relacionado con la autoestima, los papás, nos ponemos a hablar entre nosotros sobre diferentes temas que son disparadores de un montón de cuestiones. Que revuelven lo personal, que tocan las fibras íntimas, que mueven y conmueven. Pero no desde un lugar lacrimógeno. Sino para aprender de la propia experiencia como hijos y reproducir lo bueno y cambiar lo que no lo fue tanto.

Cada tanto, es bueno (útil y necesario) salir de la superficialidad que nos ataca continuamente y que queriendo o sin querer, reproducimos en nuestros vínculos.

Desde luego, no se trata de terapia de grupo ni mucho menos. Sí, de trabajar de a dos, en un espacio de charla cuasi íntimo donde confiás y te confían información. Y escuchar, escuchar mucho. No saben lo que uno aprende cuando cree saberlo todo en materia de escuchar al otro. Resulta que muchas veces uno no escucha, empata todo con su propia experiencia y a partir de allí, decodifica información, comenta, aconseja… cuánto mejor es tener una escucha más abierta, más activa, más latente… para devolverle al otro lo que realmente necesita, no lo que “me pasó a mí en relación con eso”.

Si ese ejercicio podemos aceitarlo y aprenderlo para trabajar con nuestros hijos, no saben cuánto camino tenemos allanado en materia de conformación de su propia autoestima y de fortalecimiento de nuestros vínculos con ellos. Aprender a escucharlos es aprender a reconocer qué quieren, qué necesitan, qué nos están diciendo. No sólo qué queremos nosotros para ellos. Imagínense el desafío en el que me metí con un hijo de dos años que habla muy poquito y una beba que todavía no nació… pero me siento genial yendo… es el mejor momento para empezar una actividad de este tipo.

Ayer hablamos de nuestro pasado como hijos, cuando vivíamos en casa de mamá y papá. Y no saben lo bueno que estuvo. Porque sirve para repensar, para reveer, para tener una mirada crítica sobre ellos en el mejor sentido: hacer conciente lo que estuvo bueno para reproducir y reconocer lo que no lo fue tanto. Aprender a no hacer un copy paste de esa relación. Reveer qué pasa con nuestros hermanos (los que tienen, por supuesto). Y cómo nos vinculamos desde siempre con ellos. No para hacer un revisionismo histórico freudiano sino, para poner un stop, para decir: esto fue lo que viví ¿quiero lo mismo para mis hijos? ¿por qué? y la pregunta que a mí más me interesa: ¿qué imagen queremos que nuestros hijos tengan de uno?

En lo personal, claro que toda esta evaluación tocó alguna fibra personal, sobre todo cuando pensé y repensé sobre mis vínculos con mis padres y esta manía sobreprotectora que no se va con el paso del tiempo, a pesar de convertirme en mamá… o la decisión de mamá de dejar de trabajar cuando quedó embarazada de mí que tanto me marcó. Será por eso que hoy camino casi al límite de la obsesión para no reproducir justamente eso que tanto me asfixió de chiquita.

Al contrario de lo parece, todo se da de una manera muy natural, muy amena. Todos los papás que asistimos queremos lo mismo para nuestros hijos y eso nos une y nos pone en un mismo nivel. Y a todos nos deja pensando.

Yo confirmé (una vez más) lo importante que es para una mamá continuar con su vida por fuera de los hijos, para sentirse llena, plena y poder disfrutar de todo. Cuando sus hijos están con ella y cuando sus hijos ya crecieron y dejaron el nido.

Tras dos horas de taller, la noche terminó con 3 llamadas perdidas de mamá, lo que me obligó a devolverle el llamado previendo una posible desgracia inminente. Al atender me dijo: “decíme que estás abrigada”. Esa es mi mamá. Y ahora de más grande, me da cariño, me da ternura. Si me miro de adolescente, sólo puedo pensar en una cosa: menos mal que hace 15 años atrás no existían los celulares.

¡Excelente fin de semana largo  para todos!

V.

Actividades para padres en el Jardín

Anoche me junté con amigas a comer. Como es de esperarse, las reuniones de amigas son a pura charla. Tanto que no sé cómo hacemos para comer y hablar al mismo tiempo. Y los temas son de lo más variados. Increíble cómo pasamos de un tema a otro, sin ningún tipo de hilo conductor. Ahora entiendo por qué los hombres dicen que somos cotorras (que no es mi caso, obvio, ja!)…

La cuestión es que entre todos los temas, hubo uno que me quedó particularmente picando. Supongo que porque es algo que vivo a diario. Obviamente, tiene que ver con los hijos. Y con la educación.

Hablábamos de la participación de los padres en las actividades que el colegio/jardín propone. Como mis peques son muy chiquitos aún, mi experiencia tiene que ver con el nivel inicial. No sé si será igual en primaria.

Muchas veces me tocó participar de una “clase abierta” (te invitan a participar de alguna actividad en la sala para que conozcas qué se trabaja y cómo se trabaja). También me invitaron a colaborar con algún tema: por ejemplo, una vez que en el Jardín de Sofi estaban aprendiendo sobre la música y los instrumentos, fui a tocar unas canciones con el órgano (una de mis habilidades (?) que nunca les conté!). Y después están los clásicos “Día de la Familia”, reuniones de padres, Fiesta de Fin de Año, Cocktail de Bienvenida, o como se llamen en cada colegio.

El centro del debate estaba básicamente en dos temas: 1) muchos padres trabajan y no tienen tiempo para asistir a este tipo de actividades (sobretodo cuando los horarios propuestos no son para nada compatibles con los de una jornada laboral), y 2) quedan en evidencia los chicos “abandonados” cuyos padres por algún motivo no pudieron asistir.

Entonces ¿hasta qué punto son buenas o favorables este tipo de actividades?. Mi opinión es la siguiente:

Me gusta que me inviten. Me gusta participar. Me gusta que los padres se involucren en la vida de los hijos. Pero (siempre hay un “pero”!!!): No me parece bien hacer una actividad en la que de antemano se sepa que muchos padres no van a participar porque eso hace sentir mal a los chicos que no son acompañados. No me parece bien que las actividades sean a las 11 de la mañana o a las 3 de la tarde complicando la vida de todos los padres que muchas veces quisieran poder participar y realmente no pueden.

Como buena libriana que soy, creo que lo óptimo es encontrar un equilibrio. Es decir, invitar de forma optativa, sin obligar a nadie (no tendría sentido una participación forzada). Y también reducir al mínimo las actividades que requieren la participación “casi obligatoria” de todos los padres. Esto podría ser, la fiesta de fin de año, a la que generalmente todos asisten porque quieren ver a sus hijos si es que hay algún acto o alguna representación. Y también el día de la familia. Que casualmente, me parece perfecto que así se llame. Hace unos años se festejaba este evento en el Día de la Madre. ¿Pero qué pasa si una madre no va y su chiquito queda solo? ¿Qué pasa si el que puede asistir es sólo el padre? ¿Qué pasa (nueva ley mediante) si es un chiquito que tiene dos papás y ninguna mamá? ¿Qué pasa si la mamá lamentablemente falleció? Siendo el Día de la Familia, hay muchas más chances de que algún familiar cercano pueda acompañar al chico y éste no se sienta desamparado.

Para el resto de las actividades, me parece que se podrían hacer dos cosas: 1) primero confirmar la participación para saber si todos los padres pueden participar, y entonces sí, desarrollar la actividad padres e hijos (si alguno no puede, la actividad no se hace y listo), y 2) invitar a los padres a participar, pero por separado, como la vez que yo fui a tocar el órgano, y otro día fue otro a tocar la guitarra, y así. Entonces hay un sólo padre que en ese momento cumple un rol parecido al de la maestra y ningún chico se siente mal porque son mayoría los que están solitos.

Esta es mi opinión. A ustedes qué les parece?

Paula

Mentiritas piadosas

Mi hija Sofi fue de comer de todo y absolutamente bien desde los 6 meses (cuando empezó con los sólidos) hasta los 2 años. A partir de entonces (ya tiene 3 años y 4 meses), es TERRIBLEMENTE maniática con la comida.

Su dieta se reduce básicamente a carne (vaca o pollo), papa (al horno o fritas, no puré), pastas (que no tengan ni una pizca de condimento porque sino no las come), leche, yogurt, queso, y algunas frutas (banana, manzana, mandarina…y hasta ahí).

De todas maneras, lo que más me molesta no es la poca variedad, sino la poca intención de probar cosas nuevas. Probé todos los “disfraces” que se les ocurran. Patitas de verdura en vez de pollo, papas al horno hechas con forma de carita feliz, dibujitos de comida en el plato, etc, etc, etc. Nada resultó.

Últimamente, está empezando a funcionar (un poquito, no crean que taaanto!) la técnica de las mentiras piadosas.

Anoche por ejemplo, había tortilla de papas, cosa que ella no come porque dice que no le gusta el huevo. Le puse la tortilla en el plato, y le dije: “acá te serví torta de papas fritas“. “Mmmm, qué rico!”, dijo y probó. No les voy a mentir diciendo que la comió toda, para nada, creo que no llegó ni a la mitad. Pero al menos logré lo que yo quería: que pruebe!

Con el postre me pasó lo mismo. Como no le gusta la batata, deduce que no le gusta el dulce de batata, postre rico si los hay! Le servimos una porción en el plato y le dijimos que era dulce de pera. Ja! Lo probó con la lengua, pero no llegó a metérselo en la boca. Y ya ahí dijo que no le gustaba. Pero créanme que es todo un avance, porque antes ni eso lograba.

Creo que voy a seguir mintiendo. Sepan disculpar.

Paula

Yin&Yan

“Ante los cambios sustanciales que se dan en la vida de las mujeres, algunas se desesperan; otras, le damos vueltas y vueltas hasta transformarlos en una oportunidad”.

Esto lo leí en una web de mamás emprendedoras que me llamó mucho la atención, no tanto por la calidad de sus artículos, sino porque contaban experiencias de vida muy similares a lo que nos pasa con Pau cotidianamente.

Tener hijos no es un problema, no es una limitación ni es un palo en la rueda. Es una etapa maravillosa en la vida de las mujeres que deciden ser mamás, que hace que su parte profesional (en el caso de las mamás de tienen esa condición, desde luego) se resignifique, se adapte y ¿por qué no? se potencie.

Lo que seguro implica convertirte en mamá, es (como dice el entrecomillado) un cambio sustancial. Ante eso ¿cómo te parás para enfrentarlo? Soy una convencida de transformarlo en una oportunidad, en el sentido más amplio del término. No sólo quiero que ser mamá me permita aprender “de la maternidad” o que me ayude a “hacer negocios con o para mamás” porque ya estoy metida en el paño. Quiero que me ayude a flexibilizarme, a sacarme estructuras que no hacen más que limitarme, a entender (¡no saben el curso acelerado que estoy haciendo!) que uno propone y los niños disponen, a sacarme de la cabeza el modelo de oficina que tantos años de trabajo en relación de dependencia me han inculcado, a poner límites, y desde ya, a encontrar en estas personitas que trajimos al mundo, la oportunidad para convertirnos en mejores personas.

Ese es mi desafío desde que soy mamá. Porque soy otra persona desde que tengo a mis hijos, definitivamente. Y aunque poco sé de la filosofía oriental, entiendo que el yin&yan son un complemento, una dualidad entre partes aparentemente opuestas pero que están juntas en todas las cosas. Representan la “armonía” del equilibrio. Pequeña meta para alcanzar transitando el camino de la maternidad, ¿no?

Ese es mi trabajito diario. Aprender a equilibrar, buscar la armonía entre todas las partes del día a día. Y sentirme plena cuando lo consigo…

V.

“Solidaridad, respeto y justicia”

“1) Promover el desarrollo de las potencialidades cognitivas, afectivas y sociales de cada niño. 2) Favorecer la adquisición de hábitos de convivencia y orden. 3) Promover el paso hacia un comportamiento cada vez más autónomo. 4) Vivencias, a través de la acción, valores como la solidaridad, el respeto y la justicia.”

Estos 4 puntos conforman los objetivos de enseñanza y aprendizaje del colegio al cual acabo de inscribir a Benja para el año que viene. Por eso lo elegí. Porque más allá de que tengo buenísimas referencias y es un colegio que siempre me gustó a nivel pedagógico y de formación personal, quedé más que conforme con su misión. Y con todo lo que me explicó la Directora en la reunión inicial que tuve la semana pasada:

“Trabajamos en el desarrollo del niño en forma integral. En el nivel inicial, se sientan las bases de la autonomía, la creatividad, la responsabilidad y el respeto por el otro. Conformamos un espacio común de real participación y diálogo con las familias, en búsqueda del desarrollo personal de las potencialidades de los alumnos”.

Toda una responsabilidad como padres elegir el colegio al que van a asistir nuestros hijos. En mi caso, siempre tuve en mente algunos, pero dentro de esos pocos, es difícil valorar un atributo por sobre otro. Siempre queremos darles lo mejor, y obviamente cada uno tiene sus pros y sus contras.

Esta vez, elegimos el colegio en el cual confiamos que trabajará para que mi hijo sea buena persona. Estoy convencida de que la educación empieza por casa. Y que de nada sirve mandar a un chico al mejor colegio si en la casa no se lo acompaña. Pero también, sé que los chicos pasan muchas horas fuera de casa, y por lo tanto, es fundamental elegir una educación acorde a la familia, para que el mensaje y los valores que se le transmitan sean los mismos.

2011 encontrará a Benja en salita de 2. Y si todo anda bien, seguirá en ese colegio hasta que egrese en 2026. 2026!!! Guau! Cuánto falta! Y ya tengo la vida de mi hijo planificada hasta entonces. Qué loco, no?

Paula