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Simplemente “la verdad”

En estos tiempos en que la vida y la cabeza de la mujer tiene a estar dividida entre su rol de mamá y su rol profesional, hay ciertas cosas que “quedan mal”. Aunque piense fuertemente qué incorrecto es esto, lo cierto es que priorizar a los hijos en el ámbito laboral no está bien visto.

En fin.

Por estos días, me estoy dedicando a retomar todo el listado de tareas pendientes que Pau me dejó ya que se fue de vacaciones, mi mamá está de vacaciones, mi suegra está complicada con temas familiares y no tengo a nadie que me ayude en casa. Nuevamente estoy en bolas para ciertas cosas.

Después de pensar y pensar qué era lo más “profesional” para decir ante el pedido de una reunión a la cual me iba a ser imposible asistir, opté por decir simplemente “la verdad”: a vos no te voy a mentir, estoy sin ayuda para cuidar a los chicos y salir de casa sin ellos me resulta muy complicado, ¿podemos arreglar todo por teléfono?… la respuesta fue afirmativa y desde ya, comprensiva 100%.

Ahora me encuentro trabajando y usando las tecnologías infocomunicacionales que para eso están y de paso aprovecho sus ventajas. Ir con la verdad, siempre suma. No lo duden. Y otra vez me planteo cuánto de real tiene esto de oponer la maternidad con el “ser profesional”. Cada vez más, creo que son actividades que el tiempo, la paciencia y la costumbre, las hacen más complementarias.

Sólo es cuestión de encontrarle la vuelta.

V.

Cachetazo para mí

- “Papá, me das un caramelo?”

- “No, este no me gusta. Quiero uno verde como el de Loli”

- “Es de naranja, sí te gusta”

- “No, quiero otro”

(Caramelo se cae al piso)

- “Ahora cagaste, ni uno ni otro, se cayó. Eso te pasa por boluda”.

(Papi se enternece y saca del bolsillo un chicle).

- “Tomá esto”

Esta fue una conversación de subte que presencié ayer entre un padre y una chiquita de no más de 2 años.

Me quedé sorprendida: “cagaste”, “boluda”, chicle…¿yo soy de otra época o este padre está totalmente desubicado?

No era suficiente decirle: “cuidado hija, que se te va a caer el caramelo y no se puede levantar del piso si se cae” o algo así? Qué necesidad de aplicar una sanción del tipo “eso te pasa por boluda” a una chiquita que ni siquiera sabe el significado de esa palabra? Aunque pensándolo bien, esta niña probablemente sí lo sepa.

En fin, estoy convencida de que es muy difícil educar a un hijo. Pero también estoy convencida de que se puede y que la violencia o agresión (aunque sea sólo verbal) no es el camino para enseñar.

Si alguien me ve alguna vez en alguna actitud similar a esta, por favor pégueme un cachetazo! Ja!

Paula

Adaptación! Adaptación???

Hola a todos, antes que nada, un muy muy muy FELIZ 2011 para todos!!! Que todo lo que se proponen y desean para este año se cumpla!

Mi año nuevo arranca con la Colonia de los chicos, lo que por suerte me permite volver a una rutina laboral razonable. Llegamos esta mañana super entusiasmados, mochilitas listas, traje de baño puesto y embalsamados con protector solar. Sofi a una sala con los más grandes, Benja a otra con los más chiquitos.

A Sofi apenas le digo adiós y ya se despide con una sonrisa de oreja a oreja y sin conocer a nadie se pone a charlar con todos sus nuevos compañeros y maestras.

A Benja lo acompaño a su sala y me piden que entre un ratito para la adaptación. ¿Para qué??? Me pregunté yo! Uff, sí, en realidad sonaba totalmente lógico. Sólo que no me imaginé que iba a tener adaptación en la colonia. De hecho, los había mandado con la vianda de almuerzo y todo, y me entero que el primer día la adaptación era de 1 hora y a casa!!!

En fin, cuando todo parecía negro, por suerte terminó bastante mejor. El tema es que la colonia con los que son tan chiquitos exige un tiempo de adaptación, pero es mínimo. Como para que los chicos entren en confianza y nada más. Benja ya estuvo yendo al jardín todo el año así que mucha adaptación no necesita. Sin embargo, hoy estaba prendido de mi pierna. Lugar nuevo, maestras nuevas, compañeritos nuevos…supongo que tiene que ver con eso.

Por suerte ya para cuando salieron a jugar a la terraza se había olvidado de mi existencia, y al retirarlo, charlando con la maestra, me dijo que íbamos a tomarnos sólo 3 días de adaptación entre 1 y 2 horas por día, y ya para el jueves lo puedo dejar en su horario completo (hasta las 2pm).

Me fui más tranquila, y feliz, sobretodo porque tanto Sofi como Benja (en su “semi-adaptación”) volvieron felices!!!

Así arranca mi 2011, el suyo?

Mi media naranja

Vengo a las corridas con mil temas. Pero desde ya, mi centro de preocupación son los chicos y el trabajo. Esta semana, a las corridas normales se le sumó un casamiento con su consecuente despedida de soltera y reuniones varias, lo cual me preocupa un poco porque no da para ir con los chicos, pero Cata es muy chiquita para dejarla con cualquiera.

Además, niñero para uno no es lo mismo que niñero para dos. Así que mi marido, está oficiando de padre soltero por unas cuantas noches esta semana.

Cuestión que el miércoles, entre todo el ajetreo, me llama mi marido diciéndome que una íntima amiga tiene entradas para el recital de Diego Torres.

Whattt???????’

Entradas? Recital? Diego Torres? Fila 4?????

Lo último que le faltaba a mi semana alocada y particularmente bizarra.

Con lo que me gusta Diego Torres.

Acordamos dejar a los niños con mi suegra y tener un ratito para divertirnos, un ratito así, salido de la nada y con un programa tan distinto.

Al rato, un nuevo llamado de mi marido, me bajó la ilusión de un ondazo. “No es hoy el recital, es mañana y mamá no los puede cuidar “.

“Uy, qué lástima, era un re lindo programa. Bueno… ya fue”.

El miércoles a la noche, cuando la salida estaba más que cancelada, mi marido, mi media naranja, mi bombón de melocotón, llamó a nuestra amiga y le dijo que yo iba.

EHHH??? What again!!!

“Andá vos, yo me quedo con los chicos”.

Eh, pero, eh, pero, eh pero (dudé, mucha culpa me agarró amigos)… bueno SIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!! (fin de la culpa).

Y fui. Y la pasamos tan lindo. Y qué gran artista que es este muchacho. Y qué linda noche.

Y qué gran compañero que tengo.

V.

El pulpo Paul

Ayer tenía que resolver un tema laboral mandando un mail. Y Feli recién había vuelto del jardín. Y Cata lloraba porque no se podía dormir.

La puse a Cata en el cochecito y la empecé a hamacar con la pierna. Feli se me sentó al lado con sus revistas para colorear y me pedía que le abriera un marcador.

En ese momento, respondí el mail porque no quería que me quedara pendiente.

¿Y vos te preguntás por qué estás cansada? me decía Blanca, mi “mano derecha” en casa.

¿No viste que sos un pulpo?

Ojalá la tuviera tan clara como los pulpos, Blanqui. Acordate de Paul, el del mundial.

Sí, me dijo (con su tono sabio de siempre). ¿Sabés qué es de la vida de Paul?

No, le respondí.

Se murió.

Así que empezá a repartirte porque no te van a dar las manos si seguís así cuando Cata sea más grande.

Y me quedé pensando en varias cosas.

¿Cómo es “repartirme”?

¿Cuánto puedo dejar llorar a Cata sin que le haga mal?

¿Cómo puedo hacer para que Feli juegue más tiempo solito?

¿Cómo me llevaré con el tiempo libre de Feli en sus vacaciones?

¿Cuándo se murió Paul? ¡Recién me entero!

V.

Combinaciones que no combinan

Jueves 1.30 pm. En pleno microcentro porteño debía dejar una factura por unas cursos virtuales que dí durante todo el embarazo y este primer mes post parto. Créanme que tan en otra estaba que no recordaba exactamente cuánto debía facturar, pero no me quiero ir por las ramas.

Dejé a Felipe con su abuela y yo me fui con Cata que como saben, no es muy fan del cochecito. Sólo upa upa upa y upa… o wawita en su defecto que es más o menos lo mismo. Así que previendo esto, puse la wawita en la parte de abajo del cochecito por si le agarraba un berrinche ensordecedor en pleno obelisco.

Efectivamente, mientras estaba reunida, empezó a lloriquear. A upa se calmaba, en el cochecito lloraba. Así estuvo todo el rato.

Cuando volvíamos para casa, no hizo ni una cuadra que empezó a los gritos pelados, se puso recontra colorada y yo casi que también porque la estaba empezando a pasar muy mal.

Corté por lo sano. Agarré la wawita y volví hasta casa con la beba colgada y empujando un cochecito vacío.

La gente por la calle me preguntaba: ¿qué beba tan chiquita y ya tiene un hermanito?

Mi respuesta (indignada): NO!!! Es la única beba en el universo entero que no se duerme cuando pasea en cochecito.

Y ponía más velocidad en el cochecito como para alejarme rápido de ese comentario tan atinado que se repitió varias veces al cabo de todo el trayecto.

Llegué a casa agotada. Muerta de sed, de calor y con la gorda recontra dormida.

Claro, el cochecito y Cata parecen combinaciones que no combinan. Cata y la wawita sí. El tema es que mi espalda necesita una sesión diaria de masajes después de tanto upa. Y desde luego, no la tengo. ¿Alguien me facilita un free pass para un spa por favor? Gracias.

V.

Viveza criolla infantil

Imagino que todos ustedes habrán oído hablar del término, aunque no sé si todos habrán experimentado esta “picardía” a nivel infantil.

Resulta que Sofi se está convirtiendo una experta en esta destreza. Los ejemplos son muchísimos, pero les cuento los dos más recientes, que me hicieron matar de risa de su picardía!

1) Es fanática de las curitas, sobretodo si son de Kitty. Quiere ponerse curitas en todo el cuerpo, todos los días. Le expliqué que las curitas no son para jugar, sino para curarse cuando se lastima, cuando sale sangre. “Si no hay sangre, no hay curita”.

El otro día me muestra su dedo gordo del pie, y me dice “mamá, necesito ponerme una curita porque me lastimé el dedo”, y antes de que yo emitiera sonido, aclara: “había sangre pero ya se fue, así que ahora necesito una curita”.

2) Hay una regla en casa que es “la regla de los cuentos”, la cual implica que antes de dormir, mamá o papá leen 1 SOLO CUENTO. Y es regla de oro, porque en cuanto damos brazo a torcer nos pueden llegar a tener hasta las 3 de la mañana leyendo! Pero esta regla tiene una excepción: cuando estás enfermo, mamá o papá pueden leer 2 CUENTOS en vez de 1.

Obviamente, Sofi se hace la enferma la mitad de las veces, pero por supuesto no le creemos!

Estoy aprendiendo a convivir con esta viveza infantil, y también a disfrutar de esta actitud tan graciosa, sin que por ello se me vayan de los límites!

Pero me divierte mucho! Es gracioso el pensamiento de los chicos, no les parece?

Paula

Lecturas para pensar

Cuando la mujer queda embarazada (sea el primero o no), tiene una tendencia innata a querer buscar información, a interesarse por temas relacionados con la nueva maternidad que la llevan a “relacionarse” con especialistas en el área, entrar a diferentes webs, recibir newsletters, etc.

Gracias a eso, sé que Cata mide más o menos lo que un atado de acelga y pesa algo así como un melón. No sé por qué esta gente que me manda los newsletters está empecinada en comparar a mi hija con el mundo frutal y vegetal, pero entiendo que como comparación es bastante gráfica.

También ofrecen artículos de todo tipo escritos por especialistas. Y a algunos de ellos, les presto especial atención.

Ayer leí uno relacionado con el momento del “stop” para la embarazada que me interesó mucho. Tenía que ver con encontrar el momento justo de parar para “darle el debido respeto al embarazo” que éste se merece, sin idealizar la figura de la embarazada pero dándole un lugar de “nido” que en definitiva es lo que es el útero hasta que el niño se decide a conocer el mundo exterior que habitará durante toda su vida.

Hubo una parte que me llamó particularmente la atención. Y la cito: “Hay muchas miradas diferentes de la sociedad ante la embarazada: la de la envidia, la ingenua -que cree que todo es lindo en el embarazo-, la que cree que la embarazada es una discapacitada –que no puede hacer su vida normal, ni trabajar, ni tener relaciones sexuales- o la que la considera algo sagrado”, explica.  A veces, son las propias mujeres las que no se dan su lugar, opina  Brígida Morgenroth , especialista en cursos de pre y pos parto. “En ocasiones, la embarazada misma no se siente protagonista, no toma conciencia de los cambios que está viviendo, no vive con la intensidad suficiente su embarazo”.

Ahí paro yo la lectura y pienso: ¿qué es vivir con intensidad suficiente cada embarazo? ¿cuál es “la medida optima de intensidad” con la que se debe vivir? la verdad, no tengo una respuesta clara. Es inevitable pensar en este último tramo que estoy transitando, que pueden ser días o pueden ser horas, no dejé de trabajar, no sólo porque no quiero, sino porque tenemos varios pendientes que me ocupan la cabeza demasiado como para quedarme tranquila si me desligo por completo. El punto es, que no me creo una workaholic por eso, pero sí es cierto que siento que a esta altura con la panza anterior (y mucho menos trabajo) ya me había desligado por completo de todas mis obligaciones.

Sigo pensando entonces ¿vale la comparación entre ambas panzas? ¿vale pensar que me estoy perdiendo de algo? Creo que no. No sólo porque un segundo hijo es completamente distinto del primero, sino porque las circunstancias que lo rodean pueden cambiar y uno tiene que saber adaptarse a ellas. Lo que me encanta de esta segunda panza es justamente eso: que me permitió no desconectarme tanto del afuera, que Feli fue un cable a tierra continuo y que me sentí muy bien a lo largo de estos 9 meses pudiendo hacer todo, absolutamente todo lo que quería hacer.

Pero lo que más me gusta, es que creo que es un preludio para lo que viene. El post parto que con Felipe fue tan para adentro, con Cata forzosamente será distinto, y creo que distinto para mejor: con menos miedos, con más pedido de ayuda, con Felipe dando vueltas y con un trabajo que no quiero desatender. Encontrar el momento oportuno para volver a combinar ambos mundos va a ser el desafío esta vez. Como la anterior. Sólo que ahora creo que sé mejor cómo tengo que hacer las cosas.

V.

FUENTE:http://www.materna.com.ar/Familia/Ser-mujer/Articulos-Ser-mujer/Como-Ve-la-Sociedad-a-la-Mujer-Embarazada/Articulo/ItemID/3906/View/Details.aspx

Ser antisocial

Esta semana me encontró particularmente llena de eventos y programas de todo tipo. Por un lado, aquellos agendados alegremente por mí, de los cuales no me quejo, en absoluto. Y entre ellos, está el “Baby Shower” de Vani, que festejamos este jueves en casa, del cual tendrán novedades seguramente en algún otro post.

Por otra parte, están los eventos familiares típicos, de los cuales no se puede prescindir. No estoy diciendo que no quiera tenerlos, al contrario. Si hay alguien familiero en este mundo, esa soy yo. Me encanta la familia y adoro la vida familiar. Sólo que a veces se da todo junto, sin que uno lo planifique.

Finalmente, están los eventos…cómo llamarlos? No tengo una definición. Pero podría llamarlos algo así como “eventos infantiles”. Sí, porque mis peques son tan peques aún, que todos SUS eventos, pasan a ser MIS eventos por propiedad transitiva.

Yendo a la práctica, una compañerita del colegio invitó a Sofi (y a 3 amigas más) a almorzar y jugar mañana a su casa. Por ende, vamos también las 3 mamás (a almorzar y charlar, no creo que nos pongan a jugar, o sí?)

De ahí, tengo que salir casi corriendo porque Sofi tiene un cumple de otra amiguita a las 4:30, y como todavía no se quedan solas (Sofi en realidad sí se queda!), van también todas las mamás.

El jueves, Sofi tiene otro cumple, de una amiguita de su Jardín anterior, al que obviamente (por propiedad transitiva nuevamente!) estoy invitada. A éste sí que no voy a ir, porque me coincide con el shower de Vani, así que la niña tendrá que quedarse con sus amistades sin buscar de reojo la mirada de mamá.

La verdad que Sofi es super sociable, y no tiene ningún drama (nunca lo tuvo) en quedarse sola en la casa de una amiga o en un cumpleaños. Pero yo suelo ir a estos programas, porque forman parte de otra cosa: de entablar relación con las mamás de las amigas de mi hija, de compartir experiencias, de conocer las casas de las amigas a las que mi hija probablemente vuelva a ir más de una vez, conocer a sus padres, el entorno familiar en el que se mueven, etc. Digamos que la cosa es mucho más profunda, y por eso no me gusta dejar de participar en este tipo de cuestiones.

Sólo que cuando uno intenta llevar un negocio adelante, sumado a reuniones y llamados, sumado a una suplencia por unos meses, sumado al trabajo general de la casa, sumado a cuidar y educar dos peques y sus quehaceres diarios, sumado a la vida social de ellos y de uno, sumado a tener ciertos momentos para compartir en pareja, sumado a…”

¿Hiciste la cuenta? Es simple. El tiempo no alcanza. Necesito convertirme en un ser antisocial. Urgente.

Paula

¿Poqué?

Es oficial. Felipe entró en la etapa de los “por qué(s)”. Y por qué es todo: vamos a comer… “¿poqué?”… porque salimos del jardín y la pancita quiere comida para seguir jugando durante el día… “¿poqué?” porque si no, no te dan ganas de salir de la cuna después de la siesta… “¿poqué?” porque el cuerpo necesita que le den de comer para tener fuerzas para jugar… “¿poqué?” (cambio mi dulce tono por uno más a la altura de la fría lectura de Wikipedia) porque las calorías que ingerís se transforman en energía para que gastes en la plaza, ¿y vos querés ir a la plaza hoy no? bueno, entonces, a comer… ah (dice Feli)…creo que “ya entendió”.

Ayer, que tuve el primer monitoreo para chequear que Cata estuviera OK (sí lo está, demasiado cómoda para mi gusto, igual que su hermano, espero que salga antes de la semana 41 porque necesito volver a conocer la comodidad de mi cama) le conté que estaba todo bien y que en unos días, estaba por llegar. Que le iba a traer un regalo re lindo y que íbamos a ir los 4 juntos a la plaza. También le dije que para eso, mamá tenía que ir al hospital, pero sólo unos días, la buscaba y volvíamos los 4 juntos. Bue… qué se yo…yo también estoy ansiosa y se me ocurrió hacer catarsis con el chico. ¡PARA QUÉ! ¡QUIÉN ME MANDÓ!!!!

Me escuchaba con los ojitos yendo de un lado al otro, como procesando mucha pero mucha información (¡demasiada, lo sé!). Entiéndanme, yo almuerzo todos los días con mi hijo de dos años y pretendo establecer algún tipo de diálogo, venía del monitoreo y se lo quería contar… en fin.. Después de todo mi speach, su respuesta (¡obvia!)  fue un “¿poqué?” … ¿Por qué, qué Feli? ¿Por qué viene Cata? ZI… me dijo. Cata viene porque queremos que tengas una hermanita, es re lindo tener una hermanita… “¿poqué?”… Porque jugás mucho, porque la vas a querer un montón, porque va a ser re divertido! …”¿poqué?”… Mirá Feli, no sé por qué, no sé quién nos metió en la boca del lobo… papá y yo queríamos que tuvieras una hermanita, la buscamos a Cata y ya está por venir. Va a ser un quilombo al principio, pero nos vamos a organizar, te lo prometo. Si me ves algo loca esos días, perdoname, se llama POST PARTO.

Ahhhh… me respondió. Fin de la conversación.

V.