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Combinaciones que no combinan

Jueves 1.30 pm. En pleno microcentro porteño debía dejar una factura por unas cursos virtuales que dí durante todo el embarazo y este primer mes post parto. Créanme que tan en otra estaba que no recordaba exactamente cuánto debía facturar, pero no me quiero ir por las ramas.

Dejé a Felipe con su abuela y yo me fui con Cata que como saben, no es muy fan del cochecito. Sólo upa upa upa y upa… o wawita en su defecto que es más o menos lo mismo. Así que previendo esto, puse la wawita en la parte de abajo del cochecito por si le agarraba un berrinche ensordecedor en pleno obelisco.

Efectivamente, mientras estaba reunida, empezó a lloriquear. A upa se calmaba, en el cochecito lloraba. Así estuvo todo el rato.

Cuando volvíamos para casa, no hizo ni una cuadra que empezó a los gritos pelados, se puso recontra colorada y yo casi que también porque la estaba empezando a pasar muy mal.

Corté por lo sano. Agarré la wawita y volví hasta casa con la beba colgada y empujando un cochecito vacío.

La gente por la calle me preguntaba: ¿qué beba tan chiquita y ya tiene un hermanito?

Mi respuesta (indignada): NO!!! Es la única beba en el universo entero que no se duerme cuando pasea en cochecito.

Y ponía más velocidad en el cochecito como para alejarme rápido de ese comentario tan atinado que se repitió varias veces al cabo de todo el trayecto.

Llegué a casa agotada. Muerta de sed, de calor y con la gorda recontra dormida.

Claro, el cochecito y Cata parecen combinaciones que no combinan. Cata y la wawita sí. El tema es que mi espalda necesita una sesión diaria de masajes después de tanto upa. Y desde luego, no la tengo. ¿Alguien me facilita un free pass para un spa por favor? Gracias.

V.

Sin fuerzas

Esta semana me encuentra particularmente exhausta. No sé por qué. Por momentos me siento mareada, me duele mucho la cabeza, el cuerpo, y sobretodo, la garganta. Mis instintos me dicen que es anginas o alguna gripe similar, si sigo así, tendré que llamar a un médico.

El tema es que ayer no me podía ni levantar de la cama. Y en los momentos que lo hice, fue para atender a los chicos. Cómo se hace para sacar fuerzas de donde no las hay y atender las múltiples demandas de 2 peques? No lo sé, pero tuve que hacerlo. Uff…no saben lo que me cansé. Encima Sofi está en una semana terrible también, super caprichosa y berrinchera, cosa que no es muy normal en ella.

En fin…así ando, intentando reponerme un poco, porque además, tengo una lista de pendientes laborales y personales bastante extensa (para variar!).

Lo bueno es que ya es miércoles, y falta menos para el fin de semana.

Besos! Paula

Agotada pero feliz

Indescriptible es el relato de mi día de hoy. Salió un programa, entró otro, combiné una reunión con el show infantil que tenía previsto, aproveché alguna siesta truncada para deglutir como pude un almuerzo tardío con aspecto de té generoso, recogí al menos unas cinco veces por la calle, las diferentes partes del cuerpo de una Sra. Cara de Papa que mi suegra le regaló hoy a mi hijo luego de un rápido pasaje por el free shop de Montevideo y respondí ya como un disco rayado, unas ¿veinte? veces al menos: “no, Feli, galletitas no hay más”.

La sola idea de recordar paso por paso me agota a mí y supongo que a ustedes los aburrirá. Pero, a pesar de lo movidito del día, todos, la pasamos genial.

Definitivamente es bueno el sacrificio de aprender a hacer malabares con el tiempo. Cada día que pasa necesito con más intensidad estar el tiempo justo y necesario dentro de casa. Por algún motivo necesito salir imperiosamente. El motivo no es un misterio: trabajo desde casa, cuido a mi hijo desde casa, vivo en mi casa, transitamos muchos fines de semanas lluviosos…en fin… demasiados usos para un mismo lugar. Por eso, hoy bien valió la corrida. Y para rematarla, me ofrecieron dictar un módulo de 4 clases de e-marketing arrancando el martes próximo.  Y lo acepté. Agotada, pero feliz.

V.

Marido Embarazado

” La embarazada sufre una tentación tremenda: enredada como está en sus emociones, pensamientos y miedos, le queda muy poco tiempo para ver cómo se las arregla su marido con el embarazo. Esto es muy comprensible, después de todo, es una la que está habitada por un alienígena, la que tiene torrentes de hormonas circulando por ahí y la que, de alguna manera, tendrá que entregar la mercancía. El marido sólo tiene que lidiar con una. Pero ahí el problema. Tratar con una embarazada puede ser una tarea muy exigente y pavorosa”.

Como siempre, mi amiga Vicky, a través de su libro, sigue leyendo mis pensamientos y plasmando en un papel las cosas que vivo, pienso y siento en el proceso de este segundo embarazo.

Y en esta oportunidad, quiero reivindicar el papel masculino a través de este post. Confieso que últimamente, las hormonas han hecho estragos con mi humor y si hay algo recurrente en mi ánimo es la inestabilidad. Lo asumo. Y agradezco la infinita paciencia que tiene que tenerme para manejar estos casi 7 meses de embarazo.

En palabras de mi amiga Vicky: ” Ya no existe la mujer con la que se casó. No tiene el mismo aspecto ni actúa como antes. Para muchos maridos esto no es bueno. Antes, aunque no estuviera loco por su esposa (dios no lo permita), al menos estaba familiarizado con ella. Ahora parece poseída, se parece a su mujer pero reacciona muy distinto. No puedo hablar por todas las parejas pero en el caso de mi marido, las cosas son muy sencillas: igual=bueno, distinto=malo. No le gustaba nada ignorar quién iba a recibirlo al terminar la jornada: si la esposa de costumbre con poca necesidad de mantenimiento emocional, o la embarazada hipesensible que se le instaló en la casa”.

Sí, sí, sí, sí… mi marido embarazado está pasando por todo eso y mucho más. También tiene que lidiar con los berrinches de Felipe que se han vuelto moneda corriente y con mi necesidad física de descansar cuando estamos juntos. Pobre. Poco espacio tiene para atravesar este proceso con disfrute.

En este espacio, yo lo reivindico con mayúsculas. Porque es todo un MARIDO y todo un PAPÁ.  Ha llegado a salir antes del trabajo para cuidar a Felipe en estos días en que no tengo quién lo cuide y a veces no llego con alguna reunión.  Y como el gordo está con pesadillas, también se le acomoda en la camita de abajo de la cuna para que él pueda dormir más tranquilo por la noche y yo también.

Un santo. Lo reconozco.

Pero bueno, a cada uno le toca un lugar en este proceso de nueve meses iniciales (y el post parto ni hablar!!). Ninguno es mejor o peor. Es lo que es y si algo debe ser recurrente en estos meses, es la paciencia para lidiar con todo. Y también el humor. Para descontracturar y relativizar. Y reirse de uno mismo.

Estamos en eso gente, estamos en eso.

V.

Superstición

Martes 13. Sinónimo de mala suerte.

Según leí, “la maldición del número trece tiene su origen en la última cena de Jesucristo con los doce apóstoles, en la que fue delatado. Se cree que si se sientan a comer trece personas en la misma mesa, una de ellas morirá antes de un año. El día de la semana varía: en España, Mexico y Grecia se teme al martes y al trece; y en los países anglosajones, al viernes y al trece, porque en viernes fue crucificado Jesús”.

Pero en mi caso, no soy supersticiosa. Nunca lo fui. A veces juego con el tema, me río de los dichos y mitos, los uso, etc. Pero en el fondo, no los creo ni los creeré.

Ayer fue Martes 13. Y los chicos tuvieron un día terrible, por lo tanto, yo también.

Tengo un hermano que vive a 500 km de la capital, con su mujer y sus dos hijas. Primas de los míos, que al vivir relativamente lejos, no se ven tan seguido. Pero esta semana anduvieron por acá, y con mi cuñada organizamos “el programa”.

Éste consistía en que mi cuñada y sus hijas fueran a la salida del colegio de Sofi a buscarla, de ahí nos tomábamos un colectivo todos juntos (créase o no cuando son chicos viajar en colectivo es un programa en sí mismo!) hasta casa para almorzar y jugar toda la tarde.

Y así lo hicimos. A pesar de que el clima nos traicionó de entrada y el programa salió más aguado de lo planeado.

La cara de emoción de Sofi cuando salió del Jardín y vio a sus primas! Estaba como loca! Subimos al colectivo. Toda una odisea. Yo lo tenía a Benja colgando en la mochila porta-bebés. En una mano mi cartera, en la otra, Sofía y su mochila. Mi cuñada estaba igual. Una de las chicas a upa y la otra de la mano. Así y todo, el viaje en colectivo fue un éxito!

Llegamos a casa y almorzaron. O intentaron almorzar, porque en realidad, con la excitación, diría que nadie comió nada. El resto de la tarde estaba planeado con cuentos, disfraces, rompecabezas, muñecas, cocinita, etc.

Nada de eso resultó. No porque no les gustaran los juegos, sino porque no fue el momento indicado. Las tres niñas estaban fusiladas de cansancio. Estaban en ese estado en el que las tocás y lloran. Todo les venía mal. No querían compartir los juguetes. Se peleaban. Benja en el medio, se encargó de tirarles del pelo a todas. No intencionalmente, por supuesto, pero provocó unos cuantos llantos.

A eso de las 4pm decidimos suspender el programa y las primas partieron. La conclusión entre cuñadas: nunca más este tipo de programas a la hora de la siesta. Y menos un martes 13.

Paula

Berrinches

Hace unos días salí a cenar con unas amigas, pero previo a eso, dejé a los chicos en casa con mi marido. Antes de salir, la mayor me hizo un escándalo con mayúsculas. Quería venir conmigo. No había forma de calmarla. Le expliqué que mamá tenía un programa con sus amigas, y que salía un rato y volvía. No hubo caso. Su papá se la llevó para entretenerla con otra cosa. Tampoco. No había manera de que se quedara tranquila. En un momento dudé si no era mejor cancelar la comida y quedarme en casa, pero finalmente me decidí y me fui, convencida de que al ratito se iba a calmar.

Parece que no fue así. Que lloró durante algo más de una hora sin consuelo, y mi marido no me quiso llamar para que pudiera disfrutar de mi programa.

Esta mañana, la llevé yo al Jardín (siempre la lleva mi marido y yo me quedo con el bebe en casa), porque él se fue de viaje. Ni bien llegamos, llanto, desconsuelo, pataleta. Aclaro que mi hija siempre se queda feliz en el Jardín, le encanta, y hasta lo extraña los fines de semana. Pero esta vez, de nuevo este ataque de mamitis aguda. Quería venir conmigo a casa. Y otra vez dudé si no debía volver a casa con ella. Pero la dejé.

Esta vez parece que después se quedó bien. Pero igual me pregunto: ¿por qué esta mamitis aguda de repente? ¿Por qué tanto escándalo y tanto berrinche cuando mal que mal venía reinando la paz y la armonía en el hogar?

Seguramente tenga que ver, en parte supongo, con su hermanito. Pero digo en parte porque mi intuición de madre me dice que hay algo más, parte del crecimiento mismo tal vez. Y para los pícaros, aclaro que no tiene nada que ver con un embarazo en puerta. Apenas puedo lidiar con dos, imagínense con tres. Impensable.

Por ahora me conformo con pensar que como todos, ella tiene días mejores y peores, y quizás éstos fueron sus malos momentos. O momentos sensibles. Seguiré observándola a ver qué pasa.

Paula

¡Prueba superada!

Dicen que un hijo es una bendición. Claro que lo es. Y yo agrego: un desafío permanente y una provocación continua a ir corriendo los límites de tus propios límites también.

El sábado pasado, teníamos un cumple en un boliche. Sí en un boliche!! Con lo que me gusta bailar!! No sé cuándo había sido la última vez que no iba a bailar. Pero la verdad, teníamos varias cosas en contra: Feli que está en una etapa de berrinche continuo, muy pegote, no se queda con cualquiera, que la salida era de noche, justo cuando terminamos exitosamente de hacer el Duermete Niño y el tema de cambiarle la rutina es toooodo un tema, que llovió a más no poder durante todo el día y por primera vez se puso a llorar con un trueno re fuerte, etc etc etc etc.

La cuestión es que si bien el programa me re divertía, estuve toda la semana pensando cómo implementarlo ya que con toda la onda del mundo, mi amiga-hermana, se ofreció a cuidarlo en su casa porque estaba cerca del boliche en cuestión. Y acepté. Y confié ciegamente en ella, como lo hice siempre.

Llegué al sábado y con el día de miércoles que era estuve a punto de cancelar todo el tiempo: “esto es una locura” pensaba entre mí, “al chico no lo saco nunca y cuando lo saco es de noche y en medio de una lluvia torrencial, lo dejo solo en una casa que no es la de él y pretendo que se duerma… estoy loca o qué? encima pronostican granizo, se llega a abollar el auto por este programa y mi marido me corta la cabeza”. Por otro lado, sabía que en casa se iba a quedar bien, pero mi tema era que si se dormía como siempre, con su rutina de siempre, al otro día se iba a despertar radiante a las 6 am y nosotros apenas dormitados.

Conclusión: me hice la fuerte y me dije a mí misma: “nada de victimizarte, es una salida, es bueno que se quede en otra casa también, además está con Marieu, no con cualquiera, todo va a salir bien, y si no sale bien, estás a 10 minutos de ir a buscarlo”.

Y eso hicimos. Nos fuimos después de bañarlo para que coma allá (así no teníamos que dejarlo y listo y era más fácil la despedida porque ya había estado un rato con nosotros allá), comió y así como quien no quiere la cosa, haciendo poco espamento dijimos chau a todos y salimos por la puerta cantando bajito.

Comimos, bailamos, nos reímos con el show de un travesti de turno muy pero muy gracioso, mandé los mensajitos que correspondían para estar tranquila, hasta que recibí el mensaje más preciado: “Pipe se quedó dormido, quédense tranquilos, no hay apuro”.

Y me quedé tranquila. Y disfruté, porque la salida fue todo un éxito y porque no le hice caso a mi voz interior negativa. Pasamos la prueba. Qué bueno saber que no dejamos de hacer un programa “por si” Felipe estaba mal o “por si” Felipe hacía berrinche. Ya aprendí que los “por si” no existen y a veces los miedos se visten de prudencia. Y hay que saber diferenciarlos. Para afrontarlos y para correr nuestros propios límites.

Los tres aprendimos cosas: nosotros, que podemos salir y divertirnos más sin dejar de ser papás y Felipe que se puede quedar tranqui en otro lado, total en un rato, sus papás vuelven a buscarlo… En definitiva, los tres crecimos un poco, no?

Vanina