Olvidate que me acuerde

Ayer, día caótico. Nada salió como debía, pero no importa. Voy a un punto: el celular. ¿Cómo puede ser que esté(mos) tan súbditamente relacionados a punto tal de que su falla impacta en la organización del día a día?

Entre otras cosas, tuve una reunión en un café y esperé un rato largo hasta que decidí darla por suspendida porque no tenía cómo ubicar a los que iban a asistir. ¿El punto? Caí en que no recuerdo ningún número celular de memoria. Ni uno. Ni el de mi marido que uso todos los días. La bendita agenda hizo estragos mi capacidad de memorizar.

Cuando llegué a casa, me encontré con mi marido que me prestó su celu, la llamé a Pau y me dijo que todavía seguían ahí: ¡en el piso de arriba!. Ustedes dirán ¡qué naba! ¿nunca se te ocurrió subir? Yo, al menos me lo pregunté desde el segundo en el que me enteré dónde estaban finalmente. Es que nunca me imaginé un segundo nivel, desde mi óptica, el local terminaba ahí abajo, dónde yo estaba. No reparé en ninguna escalera ni nada similar. Mi única preocupación era ubicar telefónicamente a Paula.

Pero claro, olvidate que me acuerde de los teléfonos sin la agenda del celu. ¿Tendré que volver a las típicas agendas escritas tipo directorio viejo? ¿O agudizar mi memoria tal vez? mmm, no sé. Lo que sí sé, es que un día común no puede colapsar por no tener el celular disponible. No da.

V.

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Bien, vamos bien!

Por ahora, todo marcha.

La chica que empezó en casa es tranquila, un amor con los chicos y cuidadosa con la casa y con mis espacios. Por ahora, nos llevamos requete bien.

Como no está en contacto con chicos habitualmente, hay un montón de cosas que está aprendiendo, así que eso es sólo cuestión de paciencia  y de conocernos mutuamente para que termine de fluir.

Por otro lado, estamos entrando en confianza. Ayer desayunamos juntas y me contó cosas de su flia y de su vida. Y obvio, yo le conté cosas mías también.

Ojalá nos hagamos más compinches. Por el momento estoy plagada de reunión y eventos varios donde no puedo llevar a los chicos pero todavía no me animo a dejárselos. La casa sí, obvio. Ya la dejo sola tranquila, no me preocupa. Pero dejar a los chicos es diferente. Como les dije, no es que piense cosas raras, es que me parece que todavía no está lo suficientemente canchera como para cuidarlos si ocurre algún inconveniente. O si no ocurre tampoco. Simplemente no está acostumbradad a tratar con chiquitos.

En fin. Nada que el tiempo no arregle.

Bien, vamos bien. Por el momento, vamos bien.

V.

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Volví…para quedarme!

Hola amigos!

Este post es simplemente para contarles que aquí estoy. Que no abandoné el barco!

Simplemente, llegó fin de año, después la colonia de vacaciones y los intentos por trabajar con el calor encima y los chicos en casa gran parte del tiempo, después las vacaciones y finalmente el inicio de clases.

Todo eso hizo que abandonara temporariamente este espacio, pero acá me encuentran nuevamente, con ganas de contar más historias de Clientes y Sonajeros, y también con muchas ganas de volver a leerlos, comentar y saber de sus historias.

En mis próximos posts les contaré de las vacaciones, inicio de clases y demás. Hoy sólo quería dar señales de vida.

Hasta la próxima!
Paula

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De mi propia medicina

Me casé bastante joven para esta época. Yo tenía unos 24 añitos recién cumplidos y estrenaba el título de Lic.en Ciencias de la Comunicación. Corría el año 2002, qué año movidito por favor! para el país ni hablar y para mí, ni les cuento.

Cuestión, que desde ese momento, cada entrevista laboral, era un cuestionario eterno de preguntas del tipo: ¿cuánto hace que estás casada? ¿cuándo planeás tener hijos? ¿cuántos chicos querés tener? Claro, con el paso del tiempo te vas curtiendo y entendés por dónde viene la mano. Odio aseverar este comentario pero la realidad es que a una mujer en edad fértil y con una pareja estable, siempre se la tendrá en un segundo lugar en la lista de posibles opciones para un puesto. Es carne de cañón para un posible embarazo y eso en términos empleado-empleador, implica un costo que no todos están dispuestos a financiar.

Esta situación me parece nefasta.

Nefasta, espantosa e injusta.

Pero es real. Sucede en cualquier empresa y en un punto es entendible.

La cosa es que conocí a la persona que me recomendaron para trabajar en casa. Todo bien en principio. Sólo que tiene 30 años, está casada y me dijo abiertamente que están buscando un hijo pero su marido tiene ciertos problemas físicos que están tratando de resolver.

Ok, esto me disparó varias ideas:

1) creo haber recibido demasiada información personal para tratarse de una entrevista laboral;

2) ¿qué tipo de persona no tiene la audacia de evitar este comentario en plena entrevista? ¿no es sabido que el embarazo de una posible empleada es un tema ríspido?

3) ¿por qué pienso en “audacia” para ocultar comentarios? ¿no soy yo la que hablo de la injusticia de la diferencia de géneros en torno a las entrevistas laborales?

4) ¿será que tanta experiencia en entrevistas me convirtió en una profunda conocedora de los sís y los nos a la hora de responder?

5) ¿será que esta vez estoy tomando de mi propia medicina poniendo a prueba mis propios principios?

No lo sé. Lo que sí sé es que conocer a esta chica me movilizó la cabeza, no sólo por lo que espero de ella para trabajar en casa, sino por lo que espero de mí a la hora de ponerme en rol de “jefa”.

Empieza el martes, no tengo miles de opciones golpeándome la puerta para poder elegir. Veremos si el tiempo me da alguna respuesta.

V.

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Entrevista

Mañana me encuentro con una señora que probablemente me ayude en casa. Tengo una “entrevista” con ella. Me llamó de parte de la señora que trabaja en la casa de un amigo del jardín de Feli. Ella es un amor y me encantaría que esta persona también lo sea.

No sé por qué estoy tan embarullada con el tema. La conoceré, le diré más o menos lo que espero de ella, lo que puedo pagarle y después de eso, si ella me gustó y yo a ella también, comenzaremos a lidiar codo a codo con el día a día de mi hogar.

Mi casa y mis hijos. Mis bienes más preciados.

Será por eso que no es tan fácil dar con la persona indicada y simplemente confiar en que se convertirá en tu mano derecha. Ya hablamos mucho de este tema en este espacio, pero por esas cosas de la vida, hasta ahora no tuve suerte.

Espero que mañana cambie la racha.

V.

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Simplemente “la verdad”

En estos tiempos en que la vida y la cabeza de la mujer tiene a estar dividida entre su rol de mamá y su rol profesional, hay ciertas cosas que “quedan mal”. Aunque piense fuertemente qué incorrecto es esto, lo cierto es que priorizar a los hijos en el ámbito laboral no está bien visto.

En fin.

Por estos días, me estoy dedicando a retomar todo el listado de tareas pendientes que Pau me dejó ya que se fue de vacaciones, mi mamá está de vacaciones, mi suegra está complicada con temas familiares y no tengo a nadie que me ayude en casa. Nuevamente estoy en bolas para ciertas cosas.

Después de pensar y pensar qué era lo más “profesional” para decir ante el pedido de una reunión a la cual me iba a ser imposible asistir, opté por decir simplemente “la verdad”: a vos no te voy a mentir, estoy sin ayuda para cuidar a los chicos y salir de casa sin ellos me resulta muy complicado, ¿podemos arreglar todo por teléfono?… la respuesta fue afirmativa y desde ya, comprensiva 100%.

Ahora me encuentro trabajando y usando las tecnologías infocomunicacionales que para eso están y de paso aprovecho sus ventajas. Ir con la verdad, siempre suma. No lo duden. Y otra vez me planteo cuánto de real tiene esto de oponer la maternidad con el “ser profesional”. Cada vez más, creo que son actividades que el tiempo, la paciencia y la costumbre, las hacen más complementarias.

Sólo es cuestión de encontrarle la vuelta.

V.

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Vuelta a la realidad

Ya volví de la playa.

Genial es poco adjetivo para expresar lo bien que la pasamos.

La vuelta es dura y tiene un par de contratiempos “operativos” que en otros posts trataré de enumerar, pero no quiero dejar pasar este momento para cerrar la etapa de las vacaciones con una imagen maravillosa con la que me despertaba todos los días.

Nuestro puente a la piashita, como le decía Feli, después de él, la arena y el mar… qué placer. Ahora sí, estoy lista para empezar el año. ¡Bienvenido 2011!

playa

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VA-CA-CIO-NES

No es que quiera demostrar cuánto sé separar en sílabas.

Es que estoy un tanto obsesionada con el tema. Me corrijo: obsesionada no, NE CE SI TA DA. No sólo yo, toda la familia desde luego.

Tener un bebé es lo más maravilloso del mundo, pero es agotador. Además, la vida sigue. Y hay que estar a tono con todas las demandas.

Es cierto que al ser un viaje familiar no vamos particularmente a descansar.  Pero cambiar de aire, ver el mar, estar en un lugar lindo, con la familia al 100%, eso ya descomprime. Además nos vamos con una familia amiga del jardín, así que Feli está súper ilusionado y nosotros también, por qué no decirlo. No para de preguntar “¿cuano (sin “d”) mamoz a da piashita mamá?” o de decir “¿noz vamoz de viaje mamá? Ya hizo su mochila con lo que no debe faltar: su Buzz Lightyear, Woody, dos cangrejos de plástico, un elefante, la regadera, algunas palas y baldes. Y yo, desde luego, me lo morfo.

Faltan unos días todavía. Mientras hay que seguir trabajando y atendiendo a los peques. Pero qué lindo es saber que en 15 días llegan esas vacaciones tan ansiadas.

No veo la hora de estar “en la piashita”.

V.

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El reino del revés

“Me dijeron que en el reino del revés,

María Elena ayer se fue.

Que fue toda una creativa y que esta vez

llora el cielo y mi niñez.

Vamos a ver como es el reino del revés.

Vamos a ver como es el reino del revés.

Me dijeron que en el reino del revés,

a cantar sola se fue,

pero que la vio un ángel y después,

a componer se fue otra vez.

Vamos a ver como es el reino del revés.

Me dijeron que en el reino del revés,

los chiquitos de 3 años seguirán

preguntando por Usted”.

Héchele un vistazo a nuestra vida María Elena, y verá cómo nuestros hijos siguen cantando Manuelita como si la hubiera escrito ayer. Cuánto talento María Elena.  Y cuánta vigencia. Gracias por tanta lucidez y por permitir “prestarle” cachitos de mi infancia a mis hijos en cada acorde de todas y cada una de sus canciones.

V.

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De regalos y otras yerbas…

Llegaron los reyes y con ellos los regalos para los chicos.

Felipe empezó la colonia y necesitaba una mochila más grande que la que tenía, así que empecé la odisea de conseguir una mochila en pleno enero.

No me importa tanto la cantidad de lugares que recorrí para conseguir una como la que quería, sino el descaro de algunas jugueterías que teniendo en exhibición justo la que necesitaba me decían: esas se exhiben solamente, van a estar a la venta a partir del 15 de febrero.

What???

Para qué???

Las mismas???

Claro, ahora las hacen acumular polvo y en febrero te cobran $100 lo que ahora te cobrarían $50.

Me indigné.

Al final, en una librería/juguetería bien de barrio encontramos una de Mickey buenísima que nos salió sólo $35 y Felipe chocho.

Una lástima que estos lugares entiendan tan poco de necesidad de compra, de venta e incluso de marketing. La estrategia de “freezar” productos para venderlos de acuerdo a la estacionalidad más alta de la venta no me parece cuestionable, pero mostrarlos y no venderlos, me parece de cuarta. Al fin y al cabo, no nos tratan como consumidores, nos tratan como tarados.

Y lo peor, es que el 15 de febrero, todos irán a comprar sus mochilas. Y serán un 100% más caras.

V.

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