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CONSERVAR LOS BUENOS CLIENTES – LA CLAVE DEL MARKETING EN EPOCAS DE CRISIS


Conservar los buenos clientes se ha convertido en algo estratégico para la mayor parte de las empresas que operan en el actual entorno competitivo. Las herramientas electrónicas han creado la falsa imagen de la gestión automática de los clientes. Es un error que muchos están pagando muy caro. El servicio se ha convertido en la piedra de toque que marca la diferencia a la hora de que un cliente se quede o se vaya. Este libro muestra las claves. 

Tres letras, CRM, Customer Relationship Management, tienen de cabeza a buena parte de los responsables de márketing de la mayoría de las empresas, medianas, grandes y pequeñas, de cualquier parte del mundo. La revolución que esta herramienta de gestión de clientes prometía se ha quedado en la mayor parte de los casos en agua de borrajas. Pocas veces se ha confundido tanto los medios con el fin y centenares de empresas se encuentran con una herramienta informática costosísima y carente de contenido. 
Muchas lo están pagando muy caro. Ya sea por culpa de los que vendían el sistema prometiendo milagros imposibles o por culpa de los que compraban guiados únicamente por la moda y el prestigio, lo cierto es que la creencia de que una vez instalado el CRM los clientes iban a aparecer como por arte de magia ha calado bastante hondo en un buen número de empresas, que se han olvidado de dar contenido a la gestión de clientes. Contenido sólido. 

Algo intangible. Y dentro de esa estrategia de dar consistencia a la gestión de clientes, la tarea de conservar a los que se tienen se está convirtiendo en estratégica para muchas empresas. Los estudios clásicos señalan que una empresa puede llegar a perder al año hasta el 20% de sus clientes por mal servicio. Si no se hace nada al respecto, en cinco años pierde todos los clientes. En un entorno de negocios supercompetitivo, perder un buen cliente es más trágico que un descenso en el volumen de facturación. 
Y a los clientes se les conserva por algo que va más allá del precio y la calidad del producto que se ofrece. Se conservan por la calidad del servicio que se ofrece. Algo casi siempre intangible, que conlleva mucha carga psicológica, pero que se puede sistematizar y controlar como materia de gestión. Ése es el fin de este libro. Ofrece las claves para conseguir y mantener la lealtad de los clientes, profundizando en los aspectos más relevantes del márketing de servicios. Desarrolla las herramientas y tácticas del contacto uno a uno, clave de la lealtad y que, manejado con maestría, hace que lo rentable no sea tener muchos clientes, sino buenos.

 

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CRISIS – ESTANFLACIÓN Y CONFUSIÓN: 1973-81

 La ofensiva neoliberal y monetarista contra la teoría y la política convencional keynesiana se desataría en la década de los setenta, pero no fue fácil el ascenso hasta las cumbres gubernamentales. En estos años los problemas contradictorios produjeron políticas igualmente contradictorias, que llevaron a los policymakers a nadar entre dos aguas peligrosas. Es hasta fines de la década que se adoptan políticas antiinflacionarias basadas en medidas monetaristas, aunque todavía de manera superficial, pero la orientación ya había sido tomada. Será en los ochenta cuando se realicen las principales transformaciones estructurales, basadas en el liberalismo monetarismo; desde Inglaterra, la cuna del keynesianismo, y en Estados Unidos, se daría la señal de arranque, para ser inmediatamente seguidos por otros gobiernos de economías desarrolladas. La adopción de políticas recesivas, antiestatales y antilaborales, no fueron comprendidas por muchos teóricos y funcionarios desplazados sino como medidas insensatas que solamente profundizaban la crisis y la desigualdad. Los críticos no consideraban que pudiera tener alguna racionalidad la nueva marea y negaron cualquier posibilidad de éxito. Sin embargo, los gobernantes, como cascada, uno tras otro aplicaron medidas, sin hacer caso a los llamados de cordura. Los insanos de la teoría económica, recibían el premio Nobel como reconocimiento a sus aportaciones en el campo del liberalismo, el monetarismo, de la desregulación, de las decisiones individuales, de la teoría de la elección pública. No concibo a la burguesía y a su Estado como partidarios del haraquiri japonés. No acepté la filípica -por parte de teóricos resucitados- de la incapacidad, obsolescencia y falta de entendimiento de los personeros de la política y de la teoría monetarista y liberal. Alguna lógica debía tener la llamada contrarrevolución monetarista neoliberal para que se hubiera convertido en prioritaria. En este capítulo me concentro en explicar la necesidad del sistema para cambiar de políticas estratégicas a largo plazo. Las razones primordiales de los gobernantes, no tienen que coincidir –en una primera etapa- con los intereses de sus representados, y mucho menos con los teóricos apoltronados del pasado. Desbrozar y barbechar es la primera fase. Ese fue el objetivo durante los años pasados del ascenso neoliberal. I.1 ECLECTICISMO Y ACEPTACIÓN: DÉCADA DE LOS SETENTA Inglaterra va a representar el laboratorio de cambios de estrategias económicas. A la caída del gobierno conservador de Edward Heat, en 1974, en donde Margaret Thatcher había sido ministra de Educación, le sucede el gobierno laborista de Harold Wilson, que aplica un programa de inspiración keynesiana el cual propugna una mayor participación estatal, un impulso de las inversiones, la reestructuración de la industria, la imposición del control de salarios y de ganancias, la nacionalización de las empresas constructoras de barcos, de la industria aeronáutica, de la principal empresa automotriz; en este gobierno se nacionaliza también la primera constructora de herramientas, y se crea un organismo para reestructurar y dirigir las empresas estatales. Todas son medidas en la mejor tradición keynesiana, que, finalmente, no levantaron la economía inglesa y, en cambio, si estimularon la inflación, hasta tasas del 25 por ciento. En 1976 asume el poder el laborista James Callaghan. De inmediato firma un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el 7 de junio, por medio del cual se concedía a Inglaterra un préstamo de 7.9 mil millones de dólares (19.4 mmd), el más grande otorgado a un país miembro. A cambio, el gobierno se comprometía a seguir una política restriccionista antiinflacionaria. Ahora, la nueva política laborista se guiaba por los principios monetaristas neoliberales de reducción del gasto público, limitación del crédito y reducción del circulante monetario. El 28 de septiembre de 1976 el primer ministro Callaghan dijo ante el Congreso del Partido Laborista: “durante mucho tiempo hemos creído que cabría evitar la recesión e impulsar el nivel de empleo disminuyendo los impuestos e incrementado el gasto público. Sinceramente, debo confesar que tal opción no es defendible y que, mientras se recurrió a ella, sólo sirvió para inyectar mayores niveles de desempleo. Tal es la historia de los últimos veinte años”1. Era la negación de las políticas económicas que aplicaban los gobiernos occidentales desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque la crisis del keynesianismo se manifiesta desde la segunda mitad de la década de 1960, no va a ser sino hasta fines del decenio de 1970 en que realmente se adopta una política monetarista neoliberal firme y cada vez más predominante. Antes, la situación inflacionaria y el desequilibrio de la balanza de pagos habían determinado medidas monetarias pero combinadas con las políticas fiscales que producían resultados contraproducentes, porque no resolvían los problemas principales2. Un ejemplo, es el paquete de medidas económicas del gobierno de Richard Nixon en Estados Unidos el 15 de agosto de 1971, en el que se decidió la inconvertibilidad del dólar en oro, devaluando la moneda, y, posteriormente, en 1973 se adoptó el sistema de flotación del tipo de cambio; se aplicó una política restriccionista y de reducción del presupuesto, aunque, también la política keynesiana del control de precios y salarios. Fue una política que no dejó contentos ni a los keynesianos ni a los monetaristas. La misma situación ecléctica continuaría en el siguiente gobierno; a fines de 1974, el gobierno de Gerald Ford determinó que la “amenaza mayor era la inflación”, y medio año después, cuando se incrementó el desempleo, bajó la producción y se niveló la inflación, cambió la política porque para ese momento la recesión era la amenaza mayor3. Durante la gestión del republicano Ford (1974-1976) se confrontaron las dos estrategias, una impulsada por el Presidente y otra por la mayoría demócrata en el Congreso. Una dirigida para controlar la inflación, la otra para salir de la recesión4. En ese periodo el Banco de Pagos Internacionales (BPI) también daba orientaciones. En el Informe Anual de 1972-73 se quejaba de que “atender a la opinión pública ha obligado a los gobiernos a otorgar elevada prioridad al pleno empleo y a la expansión económica, y (por tanto) la persecución de otros objetivos sólo puede ser parcial e intermitente”, se refiere a la inflación; objetivo que fracasaba por la moderación de las políticas monetarias, según ellos mismos advierten. En la misma reunión anual, en voz del presidente del congreso de directores y presidente del BPI, se pidió a los gobiernos que acabaran con la inflación con “la única forma de lograrlo”, es decir con el respaldo de la opinión pública “de las medidas antiinflacionarias, no a intervalos y de modo parcial, sino en forma vigorosa y persistente”5. El Fondo Monetario Internacional en su reunión anual de septiembre de 1974 parte del reconocimiento de la caída profunda de la producción y ubica a la inflación como “el problema económico predominante en todo el mundo”. Desde tiempo atrás venía alertando sobre la posibilidad de que los precios se aceleraran y sólo recomendaba las medidas combinadas; todavía en el año de 1974 y 1975 propone medidas cautelosas, ya que “los esfuerzos para combatir la inflación tropiezan con la disyuntiva de obtener resultados significativos en el frente de los precios sin afectar en forma indebidamente severa el crecimiento y el empleo”6. En la primera cumbre de países industrializados (G-7) en Rambouillet, Francia, en noviembre de 1975, se discutió la situación recesiva e inflacionaria de la economía mundial y se resolvió “acabar con la inflación y el desempleo”7. Posteriormente, en junio de 1976 la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) adopta una estrategia antiinflacionaria en la que “se trata de aceptar, a regañadientes, una reducción del desempleo bastante lenta, por el momento, mientras se apaciguan las expectativas inflacionarias, a fin de lograr más tarde tasas más bajas de desempleo en condiciones no inflacionarias”8. Dicha estrategia fue recomendada por un grupo de expertos internacionales, presididos por el ex-Jefe del Consejo de Asesores Económicos, Paul McCracken; concluyeron que era posible alcanzar -a la vez- el empleo y la estabilidad de precios en el mediano plazo, y, que era deseable y posible volver a lograr las tasas de crecimiento previas a 1973 con políticas expansionistas, hasta que el crecimiento del sector privado empezara a acelerarse por sí mismo. Esta estrategia se conoció como el “enfoque de la locomotora” y fue apoyada por el FMI, pero finalmente provocó más la inflación que crecimiento y arrojo una mala reputación a la llamada coordinación de políticas o “síntesis de objetivos”, ahora contrapuestos9. Esta situación ecléctica y dubitativa de la primera mitad de los setenta obedece a una situación sin precedentes: la recesión acompañada de inflación. Se atacó el fenómeno primeramente, reacción inmediata y normal, con políticas keynesianas de gasto y déficit público que condujeron a una inflación intolerable. Se adopta ante esta situación una política monetaria restriccionista, que provoca más recesión y desempleo, y de nuevo se retoma la política keynesiana. Se tenía que romper con ésta vacilante política, se tenía que definir el problema mayor y decidir atacarlo con una política a largo plazo. En la reunión anual de 1976 del FMI se decide romper con la cohabitación de políticas económicas antagónicas. Se pasa de varios años de combate simultáneo con políticas combinadas a priorizar el enemigo; ahora, ya no son dos enemigos al mismo nivel, ya no más dos flancos a la vez. La estrategia es acabar primero con uno y después con el otro. Dejar que la recesión y el desempleo crezcan hasta que la inflación baje y se controle. En la histórica reunión de 1976 se ponen en la balanza los dos problema y se subraya que “el costo económico y social de la inflación, aunque menos inmediato y obvio que el desempleo, puede resultar todavía más corrosiva” y había que detenerla porque “en las circunstancias actuales, la continuación de la recuperación se vería amenazada por políticas que causen más inflación”. Desaparecen las graves preocupaciones sobre el desempleo de anteriores informes, ahora se aconseja “dejar que durante un tiempo, la tasa general de desempleo fuera más alta de lo que ha sido la norma en el pasado”10. La nueva orientación de política económica queda muy explícita con la explicación que hace el director-gerente del FMI en su discurso del 14 de octubre de 1976: “Como se señala en el Informe Anual, actualmente se está de acuerdo en general en que sería erróneo basar las políticas en una hipótesis de una elección a largo plazo entre la inflación y el desempleo. Los resultados obtenidos últimamente indican claramente que los efectos de las políticas destinadas a estimular el crecimiento y el empleo pueden ser muy transitorias si no disminuye la elevada inflación actual de precios y se reducen en gran medida las expectativas inflacionarias. Sólo se podrá moderar la inflación si las políticas fiscal y monetaria logran moderar y mantener bajo control la expansión de la demanda agregada. Deben seguirse firmemente estas políticas y no deben disimularse sus riesgos como ocurrió a fines de la década de 1960 y principios de la de 1970 para forzar un aumento a corto plazo de la producción”11. Desde 1975, año de la recesión generalizada, se celebran reuniones cumbres de los siete países industrializados para analizar y tomar decisiones sobre la economía mundial. Es en el cónclave de Londres, en 1977, en la que se decidió hacer de –lo que yo llamo- la “revolución antikeynesiana” la doctrina oficial. Le correspondió al primer ministro laborista, Callaghan, en los mismos terrenos en donde surgió el keynesianismo, darle el golpe; dijo en forma sencilla y clara: “se decidió dejar de lado la fórmula de Keynes, consistente en alentar periódicamente la inflación bajo la cobertura de un ‘estímulo a la demanda’ ya que –prosigue- actualmente se admite que, a la larga, tal estrategia es la responsable de una situación que impide el pleno empleo”12. En el Informe de 1979 de las Naciones Unidas se reconoce que en el último período la política monetaria se colocó a “la vanguardia de las medidas antiinflacionarias”, acentuándose el control de la oferta monetaria más que el precio del crédito o tasa de interés, “además, -continúa el Informe- los gobiernos se propusieron, y siguen proponiendo, reforzar las medidas monetarias restrictivas reduciendo sus actuales déficit presupuestarios”. El mismo organismo reconoce “ineficacia de los instrumentos tributarios y monetarios tradicionales para hacer frente al empeoramiento de la interacción, entre las medidas antiinflacionarias y las destinadas a combatir el desempleo”13. Estas declaraciones y las primeras acciones acababan con la política del pleno empleo keynesiano y empujaban al primer plano a los teóricos monetaristas. Ahora coincidían los organismos internacionales y los gobernantes con las tesis monetaristas y neoliberales. I.2 DESARROLLO Y AUGE: DÉCADA DE LOS 0CHENTA-NOVENTA El gobierno laborista de Callaghan en Inglaterra, a pesar de que se portó más “conservador” que los conservadores tradicionales y que contó con la ayuda y supervisión del FMI, no logró sus objetivos de estabilización y control de la inflación; las medidas restrictivas encontraron firme resistencia en los trabajadores ingleses. A fines de 1978 los 60 mil trabajadores de la Ford se mantuvieron en una huelga de nueve semanas que terminó con un aumento de 17 por ciento, muy por encima del tope salarial de cinco por ciento; en tanto, los obreros de la ESSO y Shell arrancaron aumento de 15 por ciento. A principios de 1979 las huelgas y las demandas hasta por el 40 por ciento de aumento salarial eran incontrolables a tal grado que al periodo de 1978-79 se le llamó el “invierno del descontento”. El 28 de marzo de 1979 renuncia el gobierno laborista. El 4 de mayo los conservadores ganan las elecciones y Margaret Thatcher se convierte en Primera Ministra. El gobierno de Thatcher, del 4 de mayo de 1979 – 28 de noviembre de 1990, pasó a la historia como un gobierno duro e inflexible, y la primera ministra como la “Dama de hierro”. Se tomaron decisiones que cambiaron la historia. En el ámbito de los países industrializados, es en Inglaterra donde se combatieron las ideas y las estructuras keynesianas, nacionalistas, laboristas y socialistas de manera firme y autoritaria hasta lograr desmantelarlas en una parte importante. Margaret Thatcher no tenía duda de cuáles eran los problemas, las causas y las soluciones; para ella, Inglaterra estaba enferma; este era su diagnóstico: en declive económico, productivo, desempleo, disminución del bienestar social, cultura antiempresarial, inflación de dos dígitos, sobreempleo, holgazanería, violencia, envidias, desesperación, discordia; Inglaterra era el “enfermo de Europa”. Las causas: el socialismo, la intervención del Estado, las doctrinas keynesianas, los sindicatos. Las soluciones: el conservadurismo, reducción del sector público, disciplina financiera, la privatización y la reforma sindical14. “Curar la enfermedad británica con el socialismo era como intentar curar la leucemia con sanguijuelas”, decía Thatcher, quien percibió que “se había producido un cambio de marea en la sensibilidad política del pueblo británico. Habían renunciado al socialismo -el experimento de treinta años había fracasado plenamente- y estaban dispuestos a probar otra cosa. Ese cambio de marea era nuestro mandato”15. Las medidas fueron en tres niveles: la política fiscal, la política monetaria y la reforma de los sindicatos. Se “retrocedieron las fronteras del Estado” con la reducción del sector público, la disminución de gastos y la deuda pública, la congelación y disminución de la plantilla, la reducción de la tasa de crecimiento de los salarios públicos, la privatización de las empresas nacionalizadas, con el recorte de impuesto sobre la renta, la desregulación, el recorte de los subsidios industriales. Se dio prioridad al combate de la inflación por medio de la reducción y el control de la oferta monetaria, de la elevación de los tipos de interés, la eliminación del control de precios y del control de cambios; se combatió al socialismo y al laborismo con la restricción del poder de los sindicatos. Margaret Thatcher se sentía “equipada a una edad temprana con el enfoque mental y los instrumentos de análisis idóneos para reconstruir una economía devastada por el socialismo estatal”; era “una optimista a largo plazo en favor de la libre empresa y la libertad, ayudándome a soportar los desoladores años de supremacía socialista de los sesenta y los setenta”16. Se daba cuenta de que sus compañeros de gobierno eran incoherentes entre lo que decían y lo que hacían, fue Ministra de Educación en 1970-74 en un gobierno conservador con orientaciones intervencionistas, pero no pudo hacer nada por modificar las políticas,17 no era su tiempo. Su concepción básica consistía en que “era tarea del Gobierno establecer un marco de estabilidad -ya fuera estabilidad constitucional, el cumplimiento de la ley, o la estabilidad económica proporcionada por una moneda solvente- dentro de la cual las familias y los negocios individuales fueran libres de perseguir sus propios sueños y ambiciones. Teníamos que dejar de decirle a la gente cómo debían ser sus ambiciones y cuál era la manera exacta de hacerlas realidad. Eso dependía de ellos”18. Se adoptaron medidas radicales a contracorriente: se recortaron los impuestos cuando los ingresos disminuían, se eliminó el control de precios en momentos en que la inflación se aceleraba, se cortaron los subsidios industriales ante la inminencia de una recesión, se restringió el sector público cuando el sector privado era demasiado débil para crear nuevos empleos. Eran medidas que necesariamente desaceleraban más a la economía. Se había decidido combatir a la inflación, con la orientación monetarista, y a la vez cambiar las estructuras públicas, sindicales y privadas, con medidas liberales y antirregulacionistas. La economía era una cuestión política y de largo plazo. Durante el gobierno de Thatcher disminuyeron las altas tasas de inflación, se debilitó considerablemente el poder de los sindicatos y del partido laborista -que volvió a perder estrepitosamente en las elecciones de 1983-, se fortaleció la moneda y el tipo de cambio, aumentaron las inversiones extranjeras, el desempleo era “la mancha negra”, porque se mantenía elevado. Se fortaleció al sector de la oferta, renació la economía de la empresa privada, aumentaron las inversiones empresariales, la rentabilidad y la productividad; “los cambios aumentaron la eficiencia y la flexibilidad y de ese modo capacitaron a la empresa británica para satisfacer las demandas del mercado interno y externo. Sin ellos, la economía no hubiera podido crecer tan velozmente ni producir tales mejoras en beneficios, nivel de vida y empleo: en síntesis, el país hubiera sido más pobre”19. En el periodo de Thatcher los precios al consumidor aumentaron un 7.8 por ciento promedio anual, tasas menores en relación con la década anterior, que fue de 12.8 por ciento; la producción creció a tasas anuales de dos por ciento menores al 2.5 por ciento del periodo previo y el desempleo se incrementó de 3.6 por ciento en el decenio de 1970 a 9.2 ciento en los ochenta. A Thatcher le sucedió el gobierno de John Major, también conservador, que continuó con la obra neoliberal. Los resultados, en 18 años de gobierno liberal, son contradictorios, se reconoce una economía y una empresa saneada, una inflación baja, la tasa más alta del producto y el desempleo más bajo con relación a las tasas de Europa continental, mayor consumo, más desigualdad social -el 10 por ciento de la población más pobre disminuyó su participación en el ingreso disponible del 4.1 al 2.5 por ciento, mientras que el 10 por ciento más rico pasó de 20 a 26 por ciento-, disminuyeron los afiliados a los sindicatos de 13.3 millones en 1979 a 7.3 millones en 1996, lo mismo sucedió con las huelgas y los días de trabajo perdidos20. La elección de Ronald Reagan en noviembre de 1980 fortaleció la tendencia liberal y monetarista que era representada principalmente por Inglaterra, y en segundo lugar por Alemania con el gobierno de Helmut Schmidt. La economía de Estados Unidos se encontraba con tasas de inflación de dos dígitos, que se convirtió en la preocupación principal del gobierno de Carter y de la Reserva Federal (Fed). Se adoptó en octubre de 1979 por parte de la Fed una política monetaria restrictiva para frenar la inflación: se disminuyó la tasa de crecimiento de la oferta monetaria y por tanto se elevaron los tipos de interés, cayó la Bolsa de valores, disminuyó el crédito, se frenó el gasto de los consumidores y de las empresas, se contrajo la economía y se elevó el desempleo a tasas superiores al 10 por ciento en 1982, era la recesión. En 1981 el gobierno de Reagan sorprendió con un presupuesto público basado en la teoría del control de la oferta (ver III.3.1.3), que proponía la disminución de los impuestos, la reducción de la demanda nominal agregada, la reducción del gasto público, la disminución de la tasa de crecimiento del dinero; eran medidas para reducir la inflación y a la vez aumentar los incentivos en las empresas y los individuos, para que se elevara la producción y el empleo. El gobierno de Reagan (1981-1988) se propuso reducir los impuestos en 275 mil millones de dólares en un período de tres años; las tasas marginales se redujeron en forma drástica para las familias de mayores ingresos y se aplicó la tasa máxima del 50 por ciento al ingreso; se eliminaron todos los impuestos a las nuevas inversiones y se eliminaron regulaciones para estimular la expansión de los negocios. A la vez la Fed aplicó una política monetaria de dinero escaso que hizo subir las tasas de interés a niveles nunca antes vistas. Eran políticas que por un lado pretendían estimular la oferta productiva y por el otro la frenaban. En un primer momento el freno resultó ser más fuerte que el acelerador de la economía y condujo a una mayor recesión. Los resultados de las medidas restrictivas fueron un descenso de la inflación, que pasó de la media anual de 12 por ciento del período 1979-1980 a un cuatro por ciento en el período 1983-88. “La baja inflación y el exceso de capacidad de principios de los años ochenta prepararon el terreno para la larga expansión que experimentó la economía durante la administración Reagan”, dice Paul A. Samuelson. El PIB real creció ininterrumpidamente desde 1982 hasta 1989, a una tasa anual media de 3.5 por ciento; el desempleo descendió de más de un 10 por ciento anual en 1982 a un 5.5 por ciento en 1988-89, en los dos periodos de gobierno de Reagan la tasa promedio anual de desempleo fue de 7.6 por ciento, y, a partir de 1982, la inflación se mantuvo en un 3.5 por ciento en promedio. “La política monetaria restrictiva fue costosa, pero consiguió erradicar la inflación de la economía de los Estados Unidos”21. En cuanto al presupuesto público, la política ofertista presuponía que las rebajas en impuestos aumentarían la producción y los ingresos fiscales. No sucedió así, por el contrario se incrementó considerablemente el déficit fiscal, que se cubrió con deuda que desplazó los préstamos privados. En los primeros años del segundo periodo de Reagan, 1985-86, el déficit público llegó a una tasa de 5.4 por ciento del PIB, la más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial; el déficit del periodo 1975-79, considerado alto, alcanzó un promedio de tres por ciento, tasa que fue superada en la primera etapa de gobierno de Reagan con un 4.8 por ciento promedio anual. La deuda pública, por consiguiente, se incrementó del 25 por ciento en relación con el PNB a mediados de los setenta a tasas superiores al 40 por ciento una década después. El programa de estímulo a la oferta presentó niveles de desigualdad social, porque redujo impuestos del seguro social sobre la renta de familias de altos ingresos y no así a las de bajo ingreso, hubo cortes en los programas de bienestar social, se redujeron los cupones para alimentos, los apoyos a los alquileres subsidiados, se recortaron los programa de capacitación. Fue una política de alejamiento del Estado en actividades de bienestar social y en las regulaciones que favoreció a las empresas y perjudicó a los sectores más pobres22. Al final del periodo del gobierno de Reagan el déficit presupuestario continuó siendo alto, aunque no tanto como en 1985-86, porque no se elevaron los impuestos y los gastos de la defensa continuaron siendo prioritarios, y, por tanto no disminuyeron sino que siguieron creciendo. En 1985 se aprobó por el Congreso la “Ley del presupuesto equilibrado y de control de emergencia del déficit” (Ley Gramm-Rudman-Hollings), que imponía una reducción paulatina del déficit que llevaría a un presupuesto equilibrado en 1991. Objetivo que no se alcanzó en el periodo del presidente George Bush, a pesar de que aumentaron los impuestos.( ver II.3.1, II.3.2) Los demás países industrializados continuaron con los lineamientos de políticas liberales y monetaristas, pero no con la firmeza y decisión que se aplicaron bajo los gobiernos de Thatcher-Major en Inglaterra y de Reagan-Bush en Estados Unidos; en Alemania el primer ministro socialdemócrata Helmut Schmidt, en el periodo de la segunda mitad de los setenta hasta 1983, aplicó una política similar a la de Inglaterra; el gobierno que le sucedió, el demócrata cristiano Helmut Kohl, continuó con la misma orientación antiinflacionaria y liberal. El presidente socialista Miterrand en Francia en su primer año 1981-82 aplicó un programa de reformas sociales, estatista y nacionalizador de grandes empresas y bancos, medidas que muy pronto revirtió asumiendo, a medida que la inflación aumentaba, políticas monetarias duras23. Italia, en los primeros años de los ochenta y debido a la recesión, aplicó políticas keynesianas de estímulo a la demanda. Sin embargo, tanto Francia como Italia, que se salían de la orientación mundial, retomaron a partir de la mitad de la década de 1980 una política antiinflacionaria, de creación de desempleo y disminución del Estado de bienestar. “La cuestión es simplemente que ha habido en los países de la OCDE un cambio ideológico generalizado y de largo alcance, en que el estancamiento del producto y el aumento del desempleo constituyen un resultado deliberado de la política. Ésta ha logrado acabar con la inflación”, diagnosticaba Angus Maddison24. Para la mitad de los ochenta el neoliberalismo y el monetarismo antiinflacionario se había convertido en la teoría y la política oficial de la mayoría de los principales países capitalistas y por tanto su influencia se extendió a los demás países25. El FMI en el Informe Anual de 1986 constataba la realidad: “la estrategia ha tenido mucho éxito en lo referente al control de la inflación”, porque los precios en los países industrializados continuaban disminuyendo por quinto año consecutivo, y en 1985 se colocaban por primera vez, desde 1967, en un nivel inferior al cuatro por ciento; se reconocía que los principales países industriales “han tratado de ir reduciendo la tasa de crecimiento de ciertos agregados monetarios y de limitar la proporción de recursos reales y financieros absorbidos por el sector público. Al mismo tiempo, también se ha procurado mejorar el financiamiento de los mercados, mediante diversas reformas estructurales. Esta estrategia general, que se empezó a principio de la década en curso, continuó marcando la política de los países industriales en 1985 y primeros meses de 1986”26. Sin embargo, había diferencias en la aplicación de las orientaciones generales, en el caso de la política fiscal, algunos países tenían éxito en reducir el déficit fiscal, Japón y Alemania, mientras que en Francia y el Reino Unidos tendió a estabilizarse en 1983-84, y en Canadá, Estados Unidos e Italia el déficit se mantenía en un nivel alto. El gasto público continuaba incrementándose de manera considerable en relación con 1979. Las medidas estructurales que se aplicaban eran la desreglamentación, como en sectores de las industrias del transporte y las telecomunicaciones en Estados Unidos, la liberalización de los mercados financieros, la eliminación de la indización de salarios en varios países europeos, la privatización de empresas estatales y medidas para mejorar el funcionamiento del mercado laboral. No obstante, se señalaban “contratiempos” en algunos países porque no disminuían los subsidios en la proporción esperada y en una gran parte de los países europeos “el mercado laboral sigue sometido a rigideces que retrasan la recuperación de un buen nivel de empleo”; la producción de los siete principales países industriales en los tres años posteriores a la recesión de 1982 promediaba un 3.5 por ciento, con tasas de desempleo del 7.5 por ciento anual y de 11 por ciento en los países europeos27. Para la mitad del decenio de 1980 el crecimiento de la economía de los países industriales era débil, el desempleo seguía una tendencia ascendente, con tasas mayores a las recesiones anteriores, la inflación descendía, alcanzando los niveles de fines de la década de 1960; las medidas de restricción fiscal y monetaria y las reformas estructurales seguían siendo consideradas necesarias para una crecimiento sostenido no inflacionario, pero había resistencias sociales y estructurales que impedían su decidida aplicación. La estrategia avanzaba, pero no completamente. Para la segunda mitad de los ochenta, 1986-90, la producción de los países industriales había crecido en 3.3 por ciento promedio anual, la tasa de desempleo en 6.5 por ciento y la inflación un 4 por ciento. La producción había aumentado un punto en relación con la primera mitad de los ochenta, el desempleo era un punto menor y la inflación había descendido dos puntos porcentuales. La década se terminaba con una desaceleración económica iniciada en Estados Unidos y en Inglaterra a mediados de 1989 que se convirtió en recesión en los próximos años. Las causas inmediatas fueron una política monetaria restrictiva para hacer frente a presiones inflacionarias en 1987-88, a la incertidumbre de la Guerra del Golfo de 1990, al aumento de los precios del petróleo y otras materias primas. Meses después se sumarían a la recesión Francia e Italia, mientras que Alemania y Japón mantenían tasas altas de crecimiento, mismas que descendieron en el periodo 1991-93 y 1992-93 respectivamente. La política fiscal a fines de los ochenta en los principales países industriales fue, en general, neutral o moderadamente restrictiva, con excepción de Alemania, según, afirma el Informe de 1991 del FMI; la política monetaria fue restrictiva y con elevación en las tasas de interés, de esta manera se respondía al crecimiento de la producción en los años 1987-88, y a mas altos déficit presupuestarios que presionaban los precios. En el caso de Estados Unidos no se logró equilibrar el presupuesto en el año 1991 como estaba legalmente obligado, por lo que se adoptó un plan quinquenal de reducción del mismo. En Canadá también se programó reducir el déficit a mediano plazo28. La recesión que empezó en algunos países industriales en 1989, se presentó con fuerza en 1990-93, pero la inflación no había cedido sino aumentado a tasas superiores del cinco por ciento en 1990 y 4.5 por ciento en 1989 y 1991, había subido dos puntos en relación con 1987. Esta situación llevó al FMI a hacer “hincapié en la necesidad de una orientación a mediano plazo de la política económica” y a que los objetivos “sean consecuentes con la estrategia de crecimiento a mediano plazo aplicada por los países desde principios de los años ochenta. Entre otros objetivos, mediante dicha estrategia, se trata de lograr un alto grado de estabilidad de precios, es decir, una tasa de inflación baja y estable que no distorsione las decisiones económicas; fomentar el ahorro, especialmente mediante la reducción del déficit público y eliminar los obstáculos que afectan a la eficiencia de la asignación de los recursos e impiden alcanzar un alto nivel de empleo mediante la reforma estructural”. Las cifras de recesión y de inflación, superiores a lo anteriormente alcanzado, crearon incertidumbre en la economía, pérdida de credibilidad en la política económica y preocupación de que se estuviera dando lugar a mayores presiones proteccionistas y aumentos en los déficit públicos. Se recomendaba “una intensificación del saneamiento fiscal en muchos países industriales, especialmente en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia y el Reino Unido, así como en varios países industriales menores”. Se reconocía que los “cuantiosos” déficit presupuestarios constituían un grave problema, dada la necesidad de mayor ahorro mundial, de reducir las altas tasas de interés, y, por tanto, aumentar las tasas de inversión y la creación de empleo. Los directores del FMI acordaban que “la estrategia a mediano plazo no ha fracasado, sino que en realidad no se la ha aplicado cabalmente”. En 1992 y 1993 la tasa de inflación regresó a los niveles de 1987, había crecido un 3.2 por ciento en los países industriales y en algunos casos con tasas más bajas desde los años sesenta, en Japón y Canadá al dos por ciento, Estados Unidos al tres por ciento y 4.5 por ciento en la Comunidad Europea29. En el periodo 1989-1993, -en donde se ve una situación vacilante y flaqueza en la aplicación de las políticas fondomonetaristas-, se presenta la mayor oportunidad para la aplicación rotunda, firme y decisiva de las políticas liberales y monetarias: el desplome de los países socialistas de Europa Oriental, Central y la URSS. Casi tres decenas de ex-países socialistas y nuevos países surgidos también del socialismo decadente se han incorporado formalmente al campo capitalista. Están en transición al capitalismo. No hay precedentes. Esta conversión representa la más importante transformación estructural, económica, política y social del siglo XX. No hay parangón, ni siquiera con la Revolución Rusa, o la invasión soviética en la Europa Oriental, o la Revolución China. La construcción socialista de decenas de años está en entredicho. Para esos países no hubo más que un solo camino, una sola política, en su objetivo de construir el capitalismo de mercado: la teoría librecambista y el monetarismo moderno. Se abrió un nuevo flanco de países que sigue siendo el gran laboratorio para el liberalismo (ver III.1.4). Después de la recesión de principios de los noventa la economía de los países industriales se recuperó a tasas del 2.8 por ciento en 1994; dos por ciento y 2.2 por ciento en los dos años siguientes; son tasas de crecimiento del producto inferiores a las posteriores a la recesión de los inicios de la década de los ochenta, la economía de los países más importantes se recuperaba pero no al nivel anterior. El desempleo, con excepción de Estados Unidos y el Reino Unido, continuaba aumentando a tasas consideradas máximas en la posguerra, como en Alemania con 11 por ciento, Francia e Italia con 12 por ciento. La inflación, en cambio, continuaba la tendencia descendente a partir de 1992 a la tasa más baja en los países industrializados de 2.4 por ciento en 1996. Japón tuvo deflación de -0.6 y -0.5 por ciento en los dos últimos años, Alemania, Francia y Canadá tasas menores al dos por ciento, Estados Unidos y Reino Unido entre dos y tres por ciento, sólo Italia mantuvo un cinco por ciento30. Los directores del FMI consideraban que la baja tasa de inflación era “un notable éxito” y que era el “resultado de la determinación con que se adoptaron medidas para controlar la inflación y sobre todo de la aplicación de una política monetaria centrada en el objetivo primordial de alcanzar y mantener una razonable estabilidad de precios”; la política monetaria “seguía siendo un eficaz instrumento de la política macroeconómica”. Otras medidas, como la flexibilidad de los mercados de trabajo, el aumento de la competencia y la apertura al comercio exterior y a los capitales, servían como complemento a las políticas monetarias antiinflacionarias31. Los déficit fiscales se redujeron en los últimos dos años: Estados Unidos pasaba de dos por ciento en 1995 a uno por ciento en 1996, Canadá de 4.3 a dos por ciento, Francia de cinco a cuatro por ciento, Alemania mantenía un 3.3 por ciento, Italia descendía de 7.7 6.7 por ciento; había tasas de déficit público que seguían siendo elevadas en varios países, y, por tanto, consideradas un problema grave, al igual que la deuda pública que mantenía “una trayectoria insostenible”. En el caso de los países de Europa Continental había la presión para reducir sus déficit a tasas menores a tres por ciento, como condición para la constitución de la Unión Económica y Monetaria en 1999. Estos desequilibrios fiscales los atribuían a los gastos sociales para cubrir el alto desempleo en Europa; el FMI insta a los gobiernos a “corregir las distorsiones del mercado de trabajo”, para disminuir el desempleo, con medidas de rebajas en las aportaciones de los empleadores a la seguridad social en el caso de trabajadores jóvenes y menos calificados, aumentando la flexibilidad salarial, reduciendo o eliminando las cláusulas de indexación, mejorando la educación y la capacitación laboral. El FMI analizaba –a mitad de los noventa- el bajo crecimiento del producto y el alto desempleo de algunos países industriales como resultado de las distorsiones, la rigidez estructural y la falta de flexibilidad del mercado de trabajo, que impedía la rentabilidad de las empresas y la creación de empleos; el Estado destinaba, de acuerdo a su diagnóstico, mayores recursos a la seguridad social por el desempleo, lo que provocaba un déficit mayor, que debía ser cubierto con deuda que elevaba las tasas de interés y desplazaba la inversión privada. Recomendaban los directores del FMI que el saneamiento fiscal tenía que ser por medio del recorte de los pagos de transferencias más que por aumento de impuestos32. En el caso de Estados Unidos el déficit público había desaparecido en 1998 con el primer superávit desde 1969; lo mismo sucedió en 1999 y 2000, acumulando 431 mil millones de dólares en tres años33. En la segunda mitad de los noventa, Estados Unidos había presenciado una prosperidad económica y social contrastante con las dos últimas décadas; era una nueva forma de producir, con base al impulso de las llamadas Tecnologías de la Información y Comunicación, que fue nombrada como una “nueva economía” para diferenciarla del periodo recesivo, inflacionario, de baja productividad, de alta tasa de desempleo y bajos salarios, es decir, una “vieja economía”. (ver III.2.1) El cambio de marea, que los teóricos monetaristas percibían en la segunda mitad de los setenta, estaba plenamente establecido veinte años después. El keynesianismo había sido desplazado en la política económica y la teoría heterodoxa, el monetarismo neoliberal, se había convertido en la teoría ortodoxa. El mundo había cambiado de nuevo. I.3 MARCO POSKEYNESIANO: LA REACCIÓN Stephen P. Dunn argumenta que el poskeynesianismo no ha muerto, como los críticos de la corriente ortodoxa se “han encargado entusiastamente de proclamar”, sino sucede todo lo contrario porque, afirma: “lo que estamos viendo es el hundimiento de la economía convencional predominante”34, refiriéndose al monetarismo. Sin embargo, Dunn reconoce que la corriente poskeynesiana se encuentra marginada e incluso en su interior hay el reconocimiento de que “a menos que se haga algo, el poskeynesianismo podría no sobrevivir”. La conclusión del autor es que la estrategia más razonable, más práctica, es que la corriente atraiga o se comprometa con otros planteamientos metodológicamente compatibles, lo que contribuiría a un mayor desarrollo y, es posible, a su prosperidad. Argumenta que la principal fuente de confusión y diferencia entre la teoría neoclásica y el poskeynesianismo es metodológica. Bhaduri y Steindl a principios de los ochenta consideraban apenas digno de discutir el contenido del monetarismo, y se preguntaban desconcertados ¿cómo, ésta ideología gradualmente ganaba terreno y se convertía en “el credo de los círculos gobernantes en algunos países y con mucha influencia en otros”?35 Estos economistas hacían notar que el monetarismo estaba asociado a una política monetaria y fiscal restrictiva, misma que siempre había sido apoyada por los banqueros y los financieros, la City de Londres y Wall Street; ya que estos eran los que demandaban altas tasas de interés y presupuestos restringidos. De tal manera que “la teoría monetaria había encontrado un hogar en aquellos círculos más que en cualquier otro”. Consideraban que el ascenso de la influencia del monetarismo en el mundo había sido precedido por un cambio de poder de la industria a los bancos. Era vista como una ideología de los banqueros y los rentistas y, por tanto, servía como un antídoto a la ideología keynesiana. Se preguntaban los poskeynesianos ¿por qué había ganado tanto poder a pesar del daño que estaba causando al capitalismo industrial? Algunos poskeynesianos hablan del “rompimiento del consenso entre los economistas” en la mitad de los setenta como consecuencia del shock petrolero y de la stagflation -la persistente e intolerable tasa de desempleo e inflación a la vez- que llevó a que “se disolviera el amplío acuerdo en teoría económica” que tenían los economistas de mainstream de la época y los gobernantes; la situación económica contradictoria produjo conflictos entre la Fed y el Tesoro, entre la Casa Blanca y el Congreso, entre la política monetaria y la fiscal, misma que en el periodo 1950-60 “había sido una política combinada de pleno empleo y razonable estabilidad de precios”36. Para uno de los más connotados poskeynesianos, Paul Davidson, la creciente tendencia inflacionaria y la stagflation mundial llevó al “colapso de la dominación de la teoría económica keynesiana neoclásica” y la creencia en la curva de Phillips. En estas circunstancias, con la “exposición de las imperfecciones de la teoría, los monetaristas friedmanos fácilmente atacaron el marco teórico keynesiano neoclásico y corrieron a llenar el vacío”37. Hay cierta coincidencia entre los poskeynesianos de que el ascenso del monetarismo fue a partir del otoño de 1979, cuando la Reserva Federal, con Paul Volcker, cambió la política monetaria dando principio a lo que llaman “el experimento monetarista”: restricción de la oferta monetaria-altas tasas de interés-dinero caro y escaso, para combatir la inflación de dos dígitos a fines de la administración Carter y principios de la de Reagan. También coinciden que a mitad de 1982, en medio de una grave recesión e insolvencias bancarias y financieras, la Fed se “puso el sombrero de prestamista de última instancia y abandonó el experimento”38. No obstante, otros poskeynesianos reconocen que en la era de Reagan se asentó lo que ellos llaman una “contrarrevolución” contra la “nueva economía”, la “revolución” que los economistas keynesianos de la administración Kennedy y Johnson habían lanzado en los sesenta. La administración Reagan había adoptado una estrategia económica radical ofertista que unió una política fiscal de alto déficit a una política monetarista restrictiva de la Reserva Federal. Esta política, afirman, dejó un déficit fiscal estructural, que fue la principal causa para una creciente deuda nacional, y una política fiscal encadenada a una “moda de estabilización”, y, por consiguiente, era una herramienta ineficaz para alcanzar un crecimiento de pleno empleo, mientras que la política monetaria se había convertido en el único instrumento de política macroeconómica. Además, percibían que, el cambio a una política fiscal más restrictiva se estaba propagando a los principales países y se convirtió, desde entonces, en un patrón internacional39. Para los poskeynesianos el monetarismo es una “concepción irreal de la economía moderna, de las instituciones y de la historia y por tanto sus políticas monetarias son equivocadas”40; otros veían al monetarismo en retirada porque algunas bases teóricas de la política monetaria, como la estabilidad de la relación dinero-ingreso y la velocidad de la circulación del dinero, estaban en crisis “porque los eslabones que conectaban los sectores reales y financieros habían cambiado en los ochenta”41. Los autores Fazzari y Minsky reconocían en 1984 que el monetarismo sobrevivía y que “no había un modelo bien articulado no-monetarista para los gobernantes”, en un momento en que el keynesianismo ortodoxo se encontraba con un bajo prestigio. Por lo tanto, su objetivo era bosquejar una alternativa teórica al monetarismo y a la política económica. Proponían, con base a Keynes y a Kalecki, un déficit público cuando cayera el empleo y un superávit cuando ocurriera inflación; dentro del marco fiscal, la política monetaria debería acomodar la política fiscal y las necesidades de los negocios, se debería evitar las altas tasas de interés y aliviar los efectos depresivos de las bancarrotas, y el banco central debía ser prestamista de última instancia. En fin, proponían una política económica “marcadamente diferente de los principios que han guiado la política de estabilización en los Estados Unidos en los años recientes”42. A fines de los ochenta el prolífico poskeynesiano, Randall Wray, estuvo tentado a desechar las opinión de Beryl Sprinkel, de Thomas Moore (ambos asesores del Presidente, CEA’s) y de Alan Greenspan (desde entonces el Presidente de la Junta de Gobernadores de la Fed) porque consideraba que tenían opiniones equivocadas de tipo monetaristas, ofertistas, “o algo peor”, con respecto a temas polémicos como la inversión, el ahorro, el déficit público, las tasas de interés, el crowding out; “sin embargo, reconocía, que estos economistas mantienen importantes posiciones como responsables de política económica y sus opiniones sobre los déficit no están lejos de las opiniones presentadas en los manuales de economía”43; por tanto, finalmente, retomaba sus planteamientos para debatirlos. El mismo trato despectivo le iba a dar a otro grupo de economistas como, Barry Bosworth, William Nordhaus, Charles Schultze, entre otros que se encontraban envueltos en la “histeria” por la escasez de ahorro. El profesor Randall calificaba: “tristemente todos estos artículos carecen de teoría. Realmente, la mayoría de los análisis probablemente reprobarían cualquier clase de principios de macroeconomía” y se sorprendía de que se estuviera enseñando economía en las universidades por los economistas menos notables44. Así era el nivel, así era parte de la reacción poskeynesiana al ascenso del monetarismo en Estados Unidos en la década de los ochenta. I.4 CUESTIONAMIENTOS Lo anterior retorna puntos de vista de autores identificados con la corriente keynesiana, que muestra la constante y ancestral polémica con la teoría monetarista y liberal. Aunque el keynesianismo surge en la década de los treinta y se convierte en dominante en las esferas académicas y gubernamentales a partir de los cuarenta, realmente pertenece a una tradición teórica de dos siglos anteriores. Es la vieja lucha entre los proteccionistas y liberales, entre los cuantitativistas y anticuantitativistas, entre la Banking School y la Currency School, entre Malthus y Ricardo, entre fiscalistas y monetaristas, entre globalifóbicos y globalífilicos, etc. En más de dos siglos de economía política ha prevalecido la divergencia, una oposición radical, a veces llevada al extremo y en otras concertada (síntesis neoclásica); las teorías se han convertido en mainstream en épocas claramente diferenciadas, en situaciones distintas; pero no siempre una teoría ha dominado única y exclusivamente. Aunque la obra de Adam Smith es del último tercio del siglo XVIII y tuvo buena acogida, fue hasta principios de la segunda mitad del XIX que sus ideas comenzaron a prevalecer en Inglaterra y a extenderse a escala mundial hasta ser dominante a fines de ese siglo (ver Apéndice: III.1.1) . Se van a sumar al liberalismo clásico, los marginalistas-subjetivistas-neoclásicos del último tercio del siglo XIX. Con esto se conformó una teoría a nivel macro y microeconómico suficiente para satisfacer las necesidades del creciente sistema capitalista industrial, progresista, pujante y globalizador. Era una teoría pragmática e ideológica, que con el tiempo fue más justificadora del orden establecido que eficaz en la solución de problemas económicos. Solamente por su incapacidad para resolver, atenuar o acortar, los efectos dañinos de la Gran Depresión de los treinta, se puede entender el desplazamiento de la vieja teoría por una aparentemente nueva doctrina, “nueva economía” le llamaron en los sesenta. Misma que con el tiempo se volvió también ineficaz. Con base al marco poskeynesiano (I.3) surgen las siguientes preguntas: ¿Por qué se desplaza una teoría-política económica? o ¿por qué se mantiene como sabiduría convencional? ¿por qué una es ortodoxa y otra heterodoxa? ¿por qué unas son revolucionarias, progresistas, y otras son contrarrevolucionarias, conservadoras? ¿quién o cómo se definen? ¿por qué si mueren, reaparecen? ¿realmente las teorías mueren? ¿por qué los gobiernos insisten “tercamente en sus orientaciones de política así se les esté cayendo el mundo”45? ¿por qué se insiste en aplicar teorías consideradas obsoletas y equivocadas? ¿por qué no se les hace caso a los “responsables, a los competentes”46? ¿quiénes son los ilusos, ingenuos? ¿quiénes los realistas y pragmáticos? ¿hay buenos y malos? ¿por qué el pleno empleo y el capital productivo es justo? ¿la lucha antiinflacionaria es injusta? ¿vivimos en el peor de los mundos posibles? ¿ya “murió el monetarismo”47? ¿resurge el keynesianismo? Son muchas las preguntas. Voy a dar mi punto de vista, respuestas en algunos casos, con base a un viejo método de análisis, que también muchas veces ha muerto, y que me parece lo más rescatable del conjunto del arsenal teórico marxista. I.5 RESPUESTAS: MÉTODO Marx analizaba las variables, los fenómenos económicos y a las instituciones a partir del sistema de producción dado. En ese sentido se determinaba lo “justo e injusto” de una política económica o de una demanda patronal u obrera; es justo si es “necesario e inevitable” para el sistema económico, si es acorde con las leyes generales del capitalismo48; en este caso la medida política o la variable económica sirve realmente para el desarrollo del sistema, de lo contrario es “injusto” y afecta al sistema y al capital. Los conceptos conservador y revolucionario son fundamentales en este análisis. En la medida en que queden claros se entenderán con facilidad otros como superfluo, natural, necesario, inevitable, o necesidad inevitable que a Marx y Engels les gustaba utilizar49. Engels, analizaba la utilidad y la necesidad de las clases sociales de acuerdo a la época histórica, por ejemplo, en Inglaterra definía a la aristocracia terrateniente del siglo XVIII como económicamente superflua, y a los capitalistas los veía en 1881 como “una figura superflua”, debido al creciente desarrollo económico que ellos habían contribuido a crear y en ese tiempo ya “eran incapaz de regentar el gigantesco sistema de producción”. Engels en un optimismo desbordante o en un afán senil, como lo hizo en su juventud50, creía que las condiciones productivas y la organización y conciencia de la clase obrera industrial ya estaban adecuadas para la revolución socialista, de tal manera que llamaba a la burguesía a quitarse de en medio y la conminaba “dad a la clase obrera la oportunidad de demostrar de lo que es capaz” porque era la clase necesaria51. Sobrestimó la madurez revolucionaria de la clase obrera y subestimó a los capitalistas y las posibilidades del capitalismo. Lo mismo habían hecho en el Manifiesto Comunista con los movimientos obreros de 1848. El pronóstico fue equivocado, el método es correcto. Engels y Marx son dialécticos hegelianos. Su método de análisis es la dialéctica hegeliana convertida al materialismo. Para Hegel “todo lo real es racional, y todo lo racional es real”, pero, para Engels, la realidad debe corresponder a la necesidad: “la realidad, al desplegarse, se revela como necesidad” y también la necesidad tiene que acreditarse, en última instancia, como racional52; es una tríada dialéctica: necesidad-racionalidad- realidad. Lo que hoy es una realidad lo es porque hay una necesidad y una racionalidad, pero mañana puede ser una irrealidad debido a que se acabó la necesidad y la racionalidad, y continuando con esta dialéctica pasado mañana puede de nuevo convertirse en una realidad. Lo anterior debe tener un sustento material. Son las condiciones materiales, el modo de producción de la vida material o las fuerzas productivas-relaciones de producción las que deben dar fundamento a la realidad, a la necesidad y a su racionalidad. Siendo así, hay una correspondencia entre los fundamentos materiales y el fenómeno dependiente. En el estudio clásico de Marx sobre la concepción del materialismo explica que las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones sociales de producción, porque se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social53. Lo que era una correspondencia o una determinación entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales se acaba, y, entonces, lo que era real, porque era necesario, se transforma en lo contrario. En el momento de la correspondencia, las relaciones sociales de producción son revolucionarias, porque son las adecuadas y las necesarias para que se desarrollen las fuerzas productivas materiales; la superestructura y las ideas de cómo debe desarrollarse y dirigirse a la sociedad son también las necesarias, de tal manera que la clase dominante llega a representar el interés general o nacional de la sociedad, logrando la conformidad. Esta armonía entre el modo de producción material, el Estado, las clases sociales y la conciencia social es lo que permite un desarrollo superior. En este sentido los cuatro aspectos son revolucionarios y deben desplegar todas sus potencialidades para que sean una realidad. Aunque la parte material, la económica, es la determinante, lo es en términos generales, porque “se halla también sujeta a las repercusiones del movimiento político creado por él mismo y dotado de una relativa independencia: el movimiento del poder estatal, de una parte, y de otra el de la oposición, creada al mismo tiempo que aquél”. El Estado desempeña un papel importante de tal manera que en algunos momentos históricos puede ser decisivo -esto también puede ser para individuos-, puesto que al estar en concordancia con las clases dominantes, representa sus intereses materiales. Para Engels “el poder del Estado sobre el desarrollo económico puede efectuarse de tres maneras: puede proyectarse en la misma dirección, en cuyo caso éste discurre más deprisa; puede ir en contra de él, y entonces, en nuestros días y si se trata de un pueblo grande, acaba siempre, a la larga, sucumbiendo; o puede, finalmente, cerrar al desarrollo económico ciertos derroteros y trazarle imperativamente otros, caso este que se reduce, en última instancia, a uno de los dos anteriores. Pero es evidente que en el segundo y en el tercer caso el poder político puede causar grandes daños al desarrollo económico y originar un derroche de masa de fuerza y de materia”54. Cuando la clase dominante ya cumplió con su función económica, el sistema de producción y la conciencia social dejan de ser útiles, dejan de ser necesarios, se convierten en superfluos55 y, entonces, son una traba, un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas, se da un estancamiento que perjudica a las nuevas clases o sectores de clases que representan unas relaciones sociales superiores y estalla la revolución social. O, simplemente, se dan reformas a las superestructuras, que a su vez modifican –más reformas- la estructura económica y alargan la permanencia del modo de producción, hasta que se hace insostenible. El Estado, en esta situación, es el que más se resiste e impide el cambio hasta que es desplazado o sustituido por quienes representan las nuevas necesidades materiales. Engels en un texto poco conocido cita partes del discurso que Marx debió haber pronunciado en el Congreso de los librecambistas (ver Apéndice III.1.2), en donde hace un reconocimiento explícito a los clásicos de la economía política en cuanto a la vigencia presente y futura de las leyes del capitalismo: “Todas las leyes relativas a esto que aparecen expuestas en las obras clásicas de los economistas sólo actúan realmente bajo el supuesto que el comercio se vea libre de toda clase de trabas, de que la competencia funcione con absoluta libertad, no sólo en un país, sino en toda la tierra”. Estas leyes que determinan la producción y distribución, descubiertas por Smith, Say y Ricardo se “vuelven más exactas y precisas y dejan de ser meras abstracciones a medida que se impone el librecambio”; Marx le da toda la razón a “los maestros de la ciencia” cuando ellos argumentan que sus conclusiones descansan sobre el supuesto que el comercio se halle libre de todas las trabas56. De acuerdo a Marx y Engels había concordancia entre la economía política, sus propuestas y las leyes del capitalismo y la forma que adoptaban en el siglo XIX. El capitalismo decimonónico necesitaba amplias libertades para desarrollarse a toda plenitud. Los teóricos expresaban esa necesidad y sus ideas eran asumidas por la clase industrial. I.6 KEYNESIANISMO DISFUNCIONAL Y REACCIONARIO: REALIDAD La polémica que viene desde mediados del siglo XVIII entre librecambistas y proteccionistas se define –por supuesto, en última instancia- por las condiciones materiales del modo de producción, por las necesidades de valorización del capital y de su realización. Sucedió en el siglo XIX y también se definió en el siglo XX a partir de los mismos elementos. Los dos sistemas son necesarios e inevitables en determinadas circunstancias y son justos si representan al desarrollo económico, si obedecen a las leyes de la economía política, a las leyes del capitalismo y a los intereses de la clase que representa el progreso. El proteccionismo fue progresista cuando representó a la burguesía comercial del siglo XVI y XVII, pero dejó de serlo cuando surgió el interés de una nueva clase -la burguesía industrial- que desarrollaba al capitalismo hacia formas superiores. El librecambismo era la ideología y la forma de gobierno más adecuado puesto que impulsaba las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Las revoluciones políticas y sociales de los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y en la Europa continental era la respuesta al estancamiento económico del sistema mercantilista y a la superestructura correspondiente. El Estado desempeña un papel clave en esta definición. Aunque lo hace para legitimar y aplicar masivamente lo que la realidad ya ha demostrado. Primero es la realidad y después la aprobación. El liberalismo dio muestras de agotamiento desde la crisis de 1873, pero se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. Todavía en el periodo de entreguerras hubo empecinamiento en mantenerlo a toda costa. Era una política estatal retardataria, reaccionaria, cuando en la realidad ya se estaba adoptando el proteccionismo, la intervención estatal y el Estado del bienestar57. Surgen voces que predican en el desierto y dudan que los intereses creados vayan a reconocer las ideas revolucionarias58. Se requiere de una o varias crisis profundas para romper con una inercia que viene de siglos o décadas59. Se requieren nuevas condiciones que muestren la disfuncionalidad de las políticas y estructuras normales. Se requieren pruebas evidentes de que la crisis afecta los intereses materiales de la clase dominante y que se dude de los principios económicos y sociales que han acompañado a generaciones60. Esto es lo que pasó durante los años de estancamiento y crisis de la economía mundial desde la Primera y la Segunda Guerra Mundial con el liberalismo clásico y la política económica convencional. Es lo mismo que aconteció desde la segunda mitad de 1960 y se prolongó hasta la década de 1970. El keynesianismo se había vuelto deficiente, impotente, molesto, disfuncional, inútil y reaccionario61. El Estado y la política económica keynesiana iban en contra del desarrollo económico, le causaban daño y derrochaban fuerza y materia, como dijo Engels. A tal grado era un tipo de Estado superfluo que desde dentro de las entrañas burocráticas surgieron las fuerzas que lo iban a limitar y a someter. Era un Estado capitalista que se reformaba para mantener la vigencia y el desarrollo del sistema. I.7 MONETARISMO NEOLIBERAL: MONEDA DE USO COMÚN La teoría monetarista liberal se convirtió en teoría de Estado; ésta situación es una verdad demostrada, es una “moneda” de uso corriente en los medios gubernamentales, en los organismos internacionales, en las publicaciones diarias y en los medios académicos; es lugar común en esos medios e instituciones reconocer la relación entre participación del Estado, déficit fiscal, incremento del circulante, inflación, inestabilidad, sobrevaloración del tipo de cambio, devaluación, inflación, alza en las tasas de interés, crisis productiva, desempleo, disminución de la inflación. La afirmación multicitada de Friedman: “el hecho fundamental es que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario” es el dogma monetarista convertido en ortodoxia. De acuerdo a una de las interpretaciones que se hace del análisis marxista del dinero (ver Apéndice: III.2.1) una parte de ese enunciado es cierta: el excesivo circulante moderno, el dinero de curso obligatorio sin respaldo metálico, produce inflación. En esto los monetaristas han tenido la razón y ha sido suficiente para que la teoría gane adeptos. El monetarismo, y el neoliberalismo, demostró su utilidad, su necesidad y racionalidad en este periodo de estancamiento productivo e inestabilidad monetaria y cambiaria. Los resultados son el alejamiento del Estado de tipo keynesiano, el fortalecimiento de las empresas (sobre todo en un primer momento del capital financiero) y el mercado libre, la globalización, la disminución y el control de la inflación, la recuperación de las ganancias, la derrota y la disciplina (en términos marxistas) de la clase obrera, en fin el cambio de relaciones de fuerzas entre las clases sociales. I.8 EL PEOR DE LOS MUNDOS POSIBLES62: LA DECISIÓN ¿Cómo explicar, a más de dos décadas de su adopción, la aberración y anomalía que ha representado la política y la teoría monetarista liberal? ¿Cómo explicar el engaño, la tozudez, el desvarío, la perturbación, la locura, la estupidez de la burguesía mundial? Se explica de la misma manera que se explicó la adopción de la política keynesiana. Para no ir más lejos: por la necesidad que el sistema tiene de una herramienta útil que resuelva pragmáticamente problemas que se consideran graves y perjudiciales para sus intereses materiales. En ese momento decisivo de la historia económica del capitalismo se consideró que la inflación era “más corrosiva” que cualquier otro problema: “el costo económico y social de la inflación, aunque menos inmediato y obvio que el desempleo, puede resultar todavía más corrosiva” y había que detenerla porque “en las circunstancias actuales, la continuación de la recuperació

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ALIANZAS PARA EL DESARROLLO Y LA CRISIS DE LIDERAZGO

 Las alianzas público-privadas han generado muchas expectativas en cuanto a lo que pueden ofrecer para promover un mejor desarrollo. Especialmente, desde que se ha generado el reconocimiento global de que los Estados, por sí solos, no van a poder aportar soluciones a los grandes retos de la humanidad, y por ende, requieren de una participación activa tanto del sector privado como del sector asociativo para proponer soluciones sostenibles. Retos como la erradicación de la pobreza y el hambre, garantizar la educación primaria universal, la propagación del HIV/SIDA, la malaria y la tuberculosis, el terrorismo internacional, gestionar humanamente los flujos de inmigración y/o paliar el cambio climático y promover un desarrollo sostenible, han demostrado, por su transversalidad y multidimensionalidad, que a pesar de ser responsabilidades públicas firmadas en las grandes declaraciones internacionales, se escapan del dominio público y no pueden ser gestionadas unilateralmente. El creciente papel que ha adquirido el sector privado, superando a los Estados en el ranking de las cien economías mundiales, y el reciente auge sin precedente de la sociedad civil global, nos lleva a la necesidad de establecer nuevos códigos de gobernabilidad en la gestión de bienes y servicios públicos. Las alianzas se presentan como un nuevo modelo de gestión intersectorial que capitaliza las sinergias de los diferentes sectores, orientándose a maximizar los resultados de impacto en el desarrollo. Su estructura varía enormemente se“ gún el grado de implicación y compromisos de las partes. En función de la formalidad de la misma, pueden pasar de ser redes sectoriales o coaliciones descentralizadas, a agrupaciones de entidades con objetivos comunes, o hasta incluso llegar a formarse en asociaciones o nuevas instituciones con entidad jurídica propia. Al margen del amplio abanico de definiciones que ha surgido, parece existir cierto consenso en que la propuesta de alianzas para el desarrollo establezca una cooperación voluntaria que implique definir objetivos comunes para el desarrollo a través de una responsabilidad compartida, donde se puedan identificar beneficios mutuos, se compartan riesgos e inversiones, y se promueva una gestión a través de la distribución equitativa de poder. Las alianzas para el desarrollo han surgido de las ineficiencias del mercado, de la mala formulación de políticas públicas y/o de la carencia de financiación para el desarrollo, y presentan un medio para llegar a soluciones que de otra manera no podrían ser propuestas. En este sentido, plantean una nueva manera de trabajar aportando competencias estratégicas complementarias a través de actores no tradicionales. Una de sus mayores aportaciones a la nueva agenda global de desarrollo es que son capaces de generar valor a través de la optimización y eficiencia facilitando el acceso a una gama más amplia de recursos técnicos, humanos, materiales, financieros y de información, que no puede ser logrado a través de las actuaciones individuales de sus miembros. Ello permite ser más innovadores y dinámicos en los métodos de trabajo ante los principales desafíos del desarrollo; y posibilita la creación de nuevas redes de trabajo y mejores canales de participación con la comunidad en general de forma que se puedan lograr cambios más duraderos. A la hora de iniciar una alianza para el desarrollo, tal y como sugieren sus definiciones, es preciso concretar objetivos comunes, identificar beneficios de cada sector involucrado, compartir riesgos e inversiones asociadas y crear una distribución equitativa de poder en la toma de decisiones. Para ello, es imprescindible fomentar la responsabilidad compartida entre todos los participantes. Sin embargo, las relaciones entre el sector privado y el sector público no son fáciles de acotar, y se ha demostrado que el diseño de alianzas no siempre suele ser la mejor opción para lograr resultados concretos. Por ejemplo, existe el riesgo latente de que las alianzas se formen sin una estrategia definida, no identifiquen objetivos claros de desarrollo, y dependan de políticas empresariales de RSE ineficaces o programas de desarrollo públicos ineficientes. La experiencia nos exige ser un poco autocríticos con la implementación de alianzas en los últimos diez años, y a reconocer que en pocos casos se han consensuado objetivos comunes. Dada la interdisciplinariedad sectorial de los grupos que participan y sus intereses particulares, carecer de un objetivo cuantitativo común ha dispersado enormemente las sinergias creadas. No ha existido tampoco un reconocimiento sincero de las partes que participan, y al sector público, privado y asociativo les sigue costando entender y respetar los intereses de los otros sectores. En este sentido, el diálogo intersectorial está todavía en una fase muy embrionaria y en cierta manera se lleva a cabo de manera partidista. Esta falta de definición de objetivos y carencias en el lenguaje intersectorial ha facilitado que los diferentes sectores no actúen con transparencia sobre sus intereses particulares, y que en muchos casos, no se debatan temas esenciales, como es, por ejemplo, el posicionamiento de cada sector. En el proceso de implementación y gestión de alianzas, el sector público no ha priorizado criterios de eficiencia o eficacia ni orienta su gestión basada en resultados en el desarrollo, quizá debido a la excesiva burocratización de sus procesos. Por lo general, suele adoptar una implicación limitada en la alianza, ejerciendo un papel más orientado a donante de fondos y gestor de los mismos. También carece de una amplia comprensión sobre las necesidades y circunstancias en las que opera el sector privado, que frecuentemente dificulta la gestión conjunta de proyectos, y no siempre ha sabido estar a la altura de la voluntad política necesaria para priorizar el logro de objetivos de desarrollo, contrastada con otras prioridades nacionales y reflejando cierta falta de coherencia interministerial a nivel de programas Por otro lado, el sector privado es poco conocedor de aspectos de desarrollo, con tendencia a promover un paternalismo filantrópico separando su inversión social de la línea tradicional de negocio. Suele tener una percepción errónea de que la financiación soluciona todo y poca paciencia con los procesos de diálogo y formación de consenso necesaria para la sostenibilidad de la alianza, así como una concepción de valor generado desvirtuada, orientado sus actuaciones para satisfacer sus principales agentes de interés (accionistas y clientes). Asimismo, existe cierta tendencia corporativa a vincular su implicación en las alianzas para el desarrollo como una inversión a amortizar a través de la imagen de marca social. En el caso del sector asociativo, existen notables carencias a nivel de recursos humanos, tendiendo a un perfil más bien ideológico que técnico, con una estructura de voluntariado y alta rotación de personal. Su implicación en las alianzas suele estar condicionada a intereses determinados (en función de sus fuentes de financiación o causas ideológicas, más que a contenidos técnicos u objetivos de desarrollo), y en algunos casos se percibe cierto complejo de identidad institucional. A nivel etimológico se definen como tercer sector (por no ser el primero –público– o el segundo –privado–) o como no gubernamentales, aunque su financiación sea mayoritariamente pública. Por otro lado, existe poco conocimiento sobre el funcionamiento del sector privado, y ciertas dificultades de aceptar conceptualmente las actividades lucrativas en sus programas. Este compendio de carencias sectoriales pone en evidencia las dificultades intrínsecas para trabajar con alianzas para el desarrollo. Ello conlleva a replantear el modus operandi tradicional de los sectores, y a sugerir que es necesario crear un nuevo lenguaje intersectorial donde converjan estas diferencias y se pueda trabajar a través de objetivos comunes. Dada la responsabilidad política que tienen las instituciones públicas de ser las garantes de la gran mayoría de los objetivos de desarrollo, es obvio que su implicación en generar el entorno propicio y el marco legal para su puesta en marcha es esencial. Aunque para que alianzas para el desarrollo funcionen, uno de los principales retos es garantizar la equidad de las partes implicadas. Para ello es preciso promover una gestión de poder que permita a los miembros tener la misma representación al margen las contribuciones que aportan, así como identificar una visión de conjunto que marque objetivos comunes y aporte un beneficio mutuo a las partes implicadas para generar valor añadido para todos. Para ello es recomendable que las alianzas estén orientadas a garantizar resultados concretos de desarrollo, y por lo tanto, que se gestionen a través de criterios y herramientas específicas que garanticen su eficacia y eficiencia. Pero este nuevo lenguaje no podrá ser creado sin un liderazgo proactivo que promueva e incentive la implementación de las alianzas. Esta situación nos hace replantear cuáles son los atributos de liderazgo hoy en día, y valorar si efectivamente, el propio liderazgo en sí ha quedado obsoleto. Uno de los componentes esenciales de liderazgo en el siglo XXI consiste en comprender la situación actual e identificar los requisitos necesarios para lograr prevenir los riesgos y aprovechar las oportunidades, encaminando la sociedad hacia un desarrollo equitativo y sostenible. Al no poder resolver los problemas actuales pensando de la misma manera que cuando los creamos, la necesidad de líderes que promuevan un nuevo lenguaje intersectorial y multidisciplinar orientado a resultados en el desarrollo es esencial. Probablemente, las nuevas gene“ Alianzas para el desarrollo y la crisis de liderazgo” Fernando Casado Cañeque raciones, más sensibles a la sostenibilidad y a la presión de la humanidad en su entorno, incorporarán este lenguaje en sus modelos de gestión. La pregunta es, si dados los índices actuales de pobreza y desigualdad en el mundo, y considerando el crecimiento demográfico de la humanidad, podemos permitirnos el lujo de esperar a los líderes del futuro. 
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Tácticas de publicidad para crecer en época de crisis o recesión


Tácticas de publicidad para crecer en época de crisis o recesión

Estados Unidos está en recesión y debido a la globalización también muchos países de América Asia y Europa. Es importante elaborar estrategias que nos ayuden a sobre llevar esta crisis económica de la mejor manera.

Y buscando en la web hemos encontrado unas estrategias publicitarias que nos pueden ayudar las cuales mencionamos a continuación.

La publicidad es una herramienta importante y fundamental, dentro de la mezcla de mercadeo, para lograr resultados y crecimiento en las ventas.

Sin embargo, en épocas difíciles existe la tentación de recortar este rubro, porque, la mayoría de veces, no provoca reacciones adversas inmediatas. Esto se debe a que existe un efecto residual de la publicidad en la que se invirtió con anterioridad y a que los recortes tienen un efecto directo difícil de establecer.

Existen varios estudios que reflejan el efecto negativo de recortar la publicidad en época de recesión, los cuales concluyen en que las empresas que invirtieron en publicidad en épocas difíciles, obtuvieron ventajas de la situación, aumentando sus ventas y rentabilidad, así como, su participación de mercado.

En Estados Unidos el consumo aumenta en épocas recesivas, porque parte del dinero dedicado a los proyectos familiares ¨más importantes¨ se vuelca en la compra de productos de consumo. Muchas de las empresas líderes de el mundo, reconocen la contribución de la publicidad en el desarrollo de sus marcas y aprovechan la ¨oportunidad¨ de ganar mercado en estas épocas, que es cuando la competencia baja la guardia.

En publicidad existen principios que no deben violarse, porque acarrearán resultados lamentables. Éstos suelen ser simples e intemporales, por lo que tendemos a olvidarlos o menospreciarlos, sobre todo, cuando vivimos inmersos en la sofisticación que invade al mundo moderno del mercadeo y la publicidad.

Se considera que, la publicidad más cara es la publicidad inefectiva. Existen principios que deben guiar la aplicación ordenada de la publicidad en épocas difíciles, los que se mencionan a continuación:

Principio 1 “La buena publicidad no salva malos negocios”

La publicidad no hace milagros, solamente acelera los resultados que se obtendrán si se ofrece un buen producto o servicio. La publicidad es impotente cuando el producto o servicio es de baja calidad, con altos precios, mala ubicación, empleados poco amistosos o una decoración poco afortunada. 

La publicidad es un acelerador de eventos y su efectividad permanece vigente aún cuando el producto no cumple lo que promete, simplemente el consumidor descubrirá antes del tiempo establecido que se le sobre prometió.

 

Principio 2 “La publicidad es un proceso de largo plazo”

El propósito de la publicidad es buscar el posicionamiento o establecimiento de su marca y eso se logra al ser constante en el largo plazo. Sembrar y hacer crecer marcas, en el difícil terreno de la mente del consumidor, es un proceso similar a la siembra y desarrollo de un árbol que, en la mayoría de las especies, necesita varios años para dar su fruto.

La publicidad es una herramienta que debe usarse en forma permanente y, especialmente, en épocas difíciles. Quienes se anuncian adecuadamente, venden más durante la crisis y toman una posición dominante cuando el ciclo económico cambia.

No hay que confundir reacciones con resultado. La publicidad debe persuadir al consumidor para que prefiera su marca o establecimiento cuando piense en comprar lo que usted ofrece. Debe crear una asociación en la mente del consumidor entre su necesidad y el producto o servicio ofrecido.

 

Principio 3 “No intente alcanzar a todos sus clientes potenciales”

La publicidad requiere de inversiones importantes, si los recursos son limitados, sobre todo, en épocas difíciles, no es aconsejable impactar a grupos muy grandes. Es preciso escoger los medios adecuados y contratar el servicio durante el año de manera continua y aferrarse a una estrategia de gota de agua, en vez de una estrategia de chorro en un breve período de tiempo.

Hay que tomar en cuenta que en nuestro país, el consumidor de clase media y alta, posee casi diez veces mayor capacidad de consumo que el consumidor de clase popular. De la misma manera se debe tomar consciencia de los efectos negativos de la sobre segmentación. Los clientes toman decisiones influídos por otros consumidores y éstos, muchas veces, están fuera del grupo objetivo.

 

Principio 4  ”En publicidad más es menos”

No es necesario decir mucho en el mensaje, esto puede confundir al cliente. Se debe escoger una característica trascendental y relevante para su consumidor potencial y transmitirla en el anuncio. Es importante que la publicidad haga reaccionar al cliente hacia donde se desea.

Para establecer el posicionamiento adecuado de una marca hay que ser original. Básicamente, existen dos tipos de estrategia de negocios: diferenciación y precio.

En esta época de competencia global, mantener la ventaja en precio es muy difícil, en la mayoría de los casos, es más fácil buscar la diferenciación de la competencia.

 

Principio 5 “Debe manejar su mensaje de posicionamiento de manera consistente”

Una vez escogió el mensaje de la campaña, debe mantenerlo. Diga lo mismo, pero, de maneras que sorprendan una y otra vez al consumidor. No debe cambiar el tema del mensaje hasta que establezca con precisión que no fue bien recibido por el consumidor. Las grandes marcas del mundo se desarrollan manteniendo por décadas la misma estrategia básica de comunicación.

 

Principio 6 “Frecuencia es un ingrediente básico en publicidad”

Hay que mencionar el nombre de la marca o negocio una y otra vez. El cliente no está expuesto a los medios de comunicación de la misma manera que el anunciante. La mayoría de las personas requieren que se les repita muchas veces el mensaje para que ocupe un lugar en su mente y muchas más para actuar en función de ese mensaje.

 

Principio 7 “El mensaje debe sorprender al consumidor”

La creatividad es la llave para que los anuncios impacten rápidamente al cliente y penetren en su mente. Un anuncio aburrido es el ingrediente más seguro para tirar el dinero destinado a publicidad. Por el contrario, un buen anuncio gasta menos en exposición de medios. Los mejores anuncios no son los más bonitos, ni los que hacen reír más, ni los más pegajosos. Los mejores anuncios son los que obtienen resultados en ventas y los que aumentan el valor de las marcas por medio del posicionamiento.

 

Principio 8 “Haga campañas, no anuncios”

Un buen anuncio deja de serlo cuando el cliente o consumidor lo ve o escucha muchas veces. La publicidad requiere renovación para impactar, sin dejar de ser consistentes en el mensaje. Hay que tener cuidado para que la renovación no signifique un cambio en la estrategia publicitaria.

 

Principio 9 “Cuide que los medios en donde compre no tengan saturación comercial”

 La manera más barata de llevar un mensaje a los consumidores de su producto es a través de los medios masivos de comunicación. Sin embargo, muchos anunciantes también los usan, lo cual genera que vivamos en una sociedad tan comunicada que provoca que la mente del consumidor rechace información que considera innecesaria, porque sencillamente no tiene capacidad para absorberla. La saturación comercial no permite que un anuncio impacte. Recordemos que el consumidor tiene que compartir la atención con muchos otros anunciantes.

Fuente original: http://mkturl.tripod.com/MKT/prom/prom05.htm

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El Banco de España y la crisis financiera – MUY BUEN INFORME


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Escrito por José Gómez Blanco. Analista Financiero. Miembro del I.E.A.F. Ex-directivo bancario.  

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José Gómez

(Octubre 2008). Confieso que desde hace meses he sentido preocupación por la crisis que nos venía encima, negada por el Presidente del Gobierno y su Ministro de Economía de forma reiterada, pero ahora mismo, ya nadie puede negar lo que es evidente. Lo que comenzó como una crisis financiera en EE.UU. (con las hipotecas subprime), y extendida posteriormente a la Unión Europea y Suiza, se ha transformado en una crisis económica.

1. Introducción 

Valorar ahora mismo sus consecuencias y duración es una tarea de adivinación, pues mientras las predicciones de unos son esperanzadoras y limitan su duración y efectos negativos a poco más de un año, otros –los pesimistas (¿o realistas?), la consideran más grave que la iniciada en 1929 y de larga duración. Al mismo tiempo, nadie se atreve a afirmar que ya ha pasado lo peor de la crisis financiera, gracias a las inyecciones de liquidez1 a las entidades financieras por parte de los Bancos Centrales, o si, finalmente, se convertirá en una crisis sistémica de consecuencias imprevisibles para el sistema financiero internacional, que se trasladarían a la economía real y sus efectos serían demoledores. 

La intención de este trabajo es centrarse en lo que está pasando en nuestro país y cuál fue el papel desempeñado por el Gobierno y el Banco de España, en concreto, en cuanto a la prevención de la crisis en el sector inmobiliario/constructor y su repercusión en el sector financiero, influido inicialmente con las “hipotecas subprime”, pero ahora mismo por la morosidad creciente de las inversiones en el indicado sector y la financiación hipotecaria a los compradores de viviendas. 

2. Los efectos de la crisis 

Para empezar, una pregunta: 

· ¿Podrán las entidades financieras asumir las pérdidas derivadas de sus inversiones en el sector inmobiliario/constructor y en hipotecas a particulares? 

En contestación a la misma, tengo que decir que nuestros gobernantes y el propio Banco de España (como razonaré más adelante), no tomaron en los últimos 4 años medidas económicas y financieras para hacer frente a lo que era evidente, la “burbuja inmobiliaria”, alimentada, año tras año, con subidas de dos dígitos de los precios de las viviendas, aun a sabiendas de que era insostenible este modelo de crecimiento económico. Nuestros gobernantes y nuestro Banco Central aplicaron en ese tiempo aquel viejo principio de los fisiócratas sobre la economía, “dejad hacer, dejad pasar, que el mundo se mueve solo”. Y así nos va. Y que esto lo haga un gobierno socialista, muy dados a la intervención del Estado en la economía, no siempre para bien, sino para mal (Solchaga, Solbes), por su dogmatismo, nos encontramos ahora mismo con un problema económico muy grave, que se vienen acentuando con el paso de los meses. Nuestras entidades financieras, colaboradoras necesarias de esa política económica abstencionista, están ahora mismo capeando el temporal, inmersas en esta especie de “tormenta perfecta” –como ya definen algunos la crisis que estamos padeciendo– gracias a la liquidez que les facilita el BCE y a la captación de nuevos recursos en el mercado interior, pagando intereses por encima de la cotización del Euribor, pero esta política financiera no puede durar demasiado tiempo sin que haga estragos en el sector financiero. Pero, ¿qué pasará en los próximos meses? 

Los análisis y comentarios de los especialistas económicos y financieros son, en general, muy negativos. Los únicos optimistas están localizados en el Gobierno y sus adláteres. El Profesor Alberto Recarte ha desarrollado un interesante ensayo –cuya lectura aconsejo– titulado “La crisis financiera internacional y el crack financiero español” 2, en el que analiza las dos crisis, la inmobiliaria y la financiera, con una importante aportación de datos, de los que deduce una evolución muy pesimista de nuestra economía. De ese extenso trabajo sólo voy a destacar las predicciones –para él casi imposibles— sobre lo que puede ocurrir con los 311.000 millones de euros prestados por la Banca a los promotores inmobiliarios, valorando las posibilidades de los promotores para hacer frente al pago de las deudas y/o la consecución de su refinanciación, que se resumen en el siguiente cuadro: 


Cuadro núm. 1 
1. Por una parte, un porcentaje elevado de los promotores desarrolla su actividad junto con la de empresarios inmobiliarios, que alquilan sus edificaciones, con lo que es posible que los ingresos por alquileres o por venta de edificaciones en funcionamiento y que obtienen una renta pueda compensar las pérdidas producidas por la actividad puramente promotora. 
2. Por otra, la promoción puede ser una más de las actividades de grupos empresariales diversificados tanto en su actividad en España como fuera de España, donde pueden actuar como promotores o como inversores con otras actividades. También en este caso las pérdidas de las promociones podrían compensarse con otros ingresos de actividades dentro y fuera de España. 
3. En tercer lugar, hemos hecho referencia que la banca está refinanciando al menos a tres años a los promotores que tiene mayor deuda, fondos propios algo más elevados y activos de mejor calidad, por lo que la necesidad de constituir provisiones para cubrir la entrada en mora de los préstamos y créditos a esas empresas no se reflejarían en las actividades financieras hasta dentro de tres años. 
4. No sabemos si en la financiación de los 311.000 millones de euros está incluida la financiación directa, por parte de bancos extranjeros a empresas españolas y que podría estar, por tanto, soportada por el balance de entidades situadas fuera de España. 
Fuente: Alberto Recarte.

Sin perjuicio de lo anterior, arriesga que de estos 311.000 millones de euros pueden entrar en mora algo menos de la mitad, sobre 150.000 millones, cifra que sumada a la morosidad derivada de las operaciones hipotecarias a compradores de viviendas, actualmente 22.000 millones de euros (estima que puede llegar a los 55.000 millones), la suma de ambas superaría ampliamente los Fondos Propios de las entidades financieras, del orden de 170.000 millones de euros. 
Por otra parte, también analiza las características de las operaciones hipotecarias concedidas a adquirentes de viviendas durante los años 2005, 2006 y 2007 (Cuadro núm. 2), para definirlas como hipotecas subprime españolas, basándose en que: 


Cuadro número 2: 
1. Los precios que pagaron los compradores fueron muy altos en conjunto, en particular en lo que se refiere a la vivienda de venta libre. 
2. Los créditos hipotecarios concedidos a los compradores alcanzaron, en ocasiones, el 100% del valor de tasación.3
3. Desde entonces, es posible que esos precios se hayan reducido en, al menos, un 10% ó 20%, o incluso más. 
4. Esos créditos hipotecarios se concedieron a plazos muy largos, en promedio a 30 años y a tipos de interés variable, por lo que en 2008 y 2009 será mínima la parte de principal que se haya devuelto a la banca financiadora. 
5. En algo más de dos años el euribor ha pasado del 2% al 5,3% y su repercusión en las cuotas hipotecarias es muy grande. 
6. Simultáneamente, ha aumentado el IPC hasta situarse en el 5% anual y ha subido especialmente los precios de los alimentos y los combustibles, lo que afecta, directamente, a la capacidad de pago de los adquirentes de viviendas de menor renta de esos años. 
7. Ha aumentado sustancialmente el desempleo y se espera que se destruyan entre un millón y un millón y medio de empleos, lo que, nuevamente, afectará a los compradores de viviendas que las hayan comprado hace menos tiempo. 
Fuente: Alberto Recarte. 


Lo cual quiere decir –así lo deducimos– que si nuestra economía no se empieza a recuperar en un plazo no muy superior a un año (esas son las previsiones del Gobierno), y se van reconduciendo las operaciones con dificultades, la situación puede volverse muy complicada para nuestro sistema financiero, ya que la crisis financiera podría transformarse en una crisis de solvencia4, y sus consecuencias serían letales para nuestra economía. Para bien del país –siendo generosos– esperemos que el Gobierno acierte esta vez. 

3. ¿Es autónomo e independiente el Banco de España? 

Hace dos meses, más o menos, el Sr. Viñals –Subgobernador del Banco de España– vino a decir que la institución no dio a conocer los datos de la evolución negativa de la economía española, “para no interferir en las elecciones”. Pero lo cierto es que su silencio, no sólo ha interferido, sino que ha beneficiado al partido gobernante, en perjuicio de la oposición. Elemental. Por otra parte, los silencios del Gobernador del Banco de España –muy elocuentes– en los meses inmediatamente anteriores a las elecciones, han ido en la misma dirección. Claro que a esto podrán responder que era una decisión prudente para no agravar la situación. Pero ese no es, o no deber ser –bajo mi punto de vista– el papel de nuestro Banco Central, si de verdad es autónomo e independiente de los gobiernos de turno. ¿Se acuerdan de Alan Greenspan –el especialista en desinflar “burbujas financieras”— y de los mensajes que lanzaba oportunamente a los mercados y a los agentes económicos y financieros durante su largo mandato al frente de la Reserva Federal para evitar las crisis o, al menos, disminuir sus efectos, en un ejercicio de independencia del Gobierno Federal? En este sentido, no hay que olvidar que nuestro “greenspan”, el Sr. Fernández Ordóñez, es un hombre de partido, y no fue elegido Gobernador del Banco de España con el consenso de la oposición. En su favor hay que recordar que fue elegido para este cargo en el año 2006, pero también es cierto que anteriormente fue Secretario de Estado de Economía. En consecuencia, dado que la propuesta y nombramiento del Gobernador le corresponde al Gobierno de turno, y aquel nombra al Subgobernador, mi opinión es que la independencia es relativa, no así su autonomía. No obstante, hay que decir que las presiones de los Ejecutivos sobre las autoridades monetarias no son exclusivas de nuestro país. Analícense las presiones de algunos gobiernos de la UE, incluido el nuestro, sobre Jean-Claude Trichet, para conseguir la bajada de los tipos de interés. Estoy leyendo una especie de biografía de Alan Greenspan, escrita por Bob Woodward, uno de los periodistas que descubrió el “Watergate”, donde cuenta las presiones que recibió Paul Volcker, antecesor de Greenspan en la FED, por parte de miembros del Gobierno de Ronald Reagan, que le llevaron a dimitir para no plegarse a las exigencias gubernamentales. 

4. Regulación de la autonomía del Banco de España y la supervisión bancaria: 

La autonomía del Banco de España fue regulada por Ley 13/1994, de 1 de junio. Autonomía del Banco de España, quedando definida su naturaleza y normativa específica en el artículo 1, desarrollándose en el artículo 7, número 6, la supervisión de las entidades de crédito: 


Artículo 1. Naturaleza y normativa específica 

1. El Banco de España es una entidad de Derecho público con personalidad jurídica propia y plena capacidad pública y privada. En el desarrollo de su actividad y para el cumplimiento de sus fines actuará con autonomía respecto a la Administración General del Estado, desempeñando sus funciones con arreglo a lo previsto en esta Ley y en el resto del ordenamiento jurídico. 

Artículo 7. Principios generales. 

1. Corresponderá al Banco de España el ejercicio de las funciones previstas en esta Ley, así como el de las que puedan encomendarle otras leyes. 
2. Sin perjuicio del objetivo principal de mantener la estabilidad de precios y del cumplimiento de las funciones que ejerce en tanto miembro del SEBC en los términos del artículo 105.1 del Tratado, el Banco de España apoyará la política económica general del Gobierno. 
…….. 

6. El Banco de España deberá supervisar, conforme a las disposiciones vigentes, la solvencia, actuación y cumplimiento de la normativa específica de las entidades de crédito y de cualquiera otras entidades y mercados financieros cuya supervisión le haya sido atribuida, sin perjuicio de la función de supervisión prudencial llevada a cabo por las Comunidades Autónomas en el ámbito de sus competencias y de la cooperación de éstas con el Banco en el ejercicio de tales competencias autonómicas de supervisión. 

Fuente: Banco de España 


El Banco de España como regulador de nuestro sistema financiero, aplicando las directrices emanadas del BCE, tiene un cometido que le es propio, que es la vigilancia e inspección del sistema financiero español, especialmente Bancos y Cajas de Ahorro, y para ello recibe obligatoriamente (Circular 4/2004), de formar regular, los Balances y Cuentas de Pérdidas y Ganancias, individualizadas y consolidadas de las entidades financieras, además de un gran número de estados informativos adicionales, que muestran de forma detallada lo que no se ve en la documentación contable oficial. Dispone, además, de equipos de inspección que se desplazan a las sedes centrales de las entidades financieras para verificar “in situ” su verdadera situación económica y financiera, y la correcta aplicación de las normas emanadas del banco regulador y, en consecuencia, y dado el caso, corregir las desviaciones que se pudieran estar produciendo en su política inversionista (sistema de análisis de riesgos, concentración de inversiones en sectores y empresas, inversiones en derivados financieros, mercados de valores; valoración de garantías, etc. etc.). Con estas prerrogativas o atribuciones, el Banco de España puede exigir el cumplimiento estricto de las normas en el análisis y concesión de riesgos. En este sentido, creo que es oportuno transcribir aquí un párrafo de una entrevista al anterior Gobernador del Banco de España, D. Jaime Caruana5, refiriéndose al “Basilea II” (véase más adelante): 

“Por tanto el banco, a la hora de tomar decisiones sobre riesgos, está utilizando esta metodología y esa información que, además, nos debe hacer llegar al supervisor. Y ahí está la labor del supervisor. Tiene que mirar cómo el banco valida, cómo está organizado, cuáles son los sistemas que emplea, en qué grado se involucran sus gestores y el consejo de administración, qué sistemas de reporting tiene, qué mecanismos mantiene para detectar y solucionar cualquier percance que pudiera darse. En definitiva es algo mucho más complejo y dinámico que el simple control de unas series de números.” 

Ignoro si durante el tiempo de formación de la “burbuja inmobiliaria” hubo instrucciones genéricas o individualizadas al sector o a determinadas entidades para corregir las desviaciones en su política de riesgos y detectar debilidades en la gestión, en la línea apuntada por el Sr. Caruana. Lo cierto es que, si existieron, no fueron objeto de publicidad, como sería deseable. Y ya se sabe, lo que no se conoce, no existe. 

Lo que sí es cierto es que el Banco de España ha tardado en reaccionar ante la crisis que se oteaba en el horizonte económico. Prueba de ello son las recomendaciones públicas del Subgobernador, Sr. Viñals, hace pocas semanas, aconsejando a las entidades financieras: “que estén preparadas para lo peor, porque vienen años con dificultades”, tardanza reconocida recientemente por el Consejero de esa institución, el economista, Sr. López Casanovas, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, que afirmó: “a la actual crisis económica hemos llegado tarde, cuando lo más importante, también en tiempo de bonanza, es la prevención para poder adoptar medidas”. Como “El Quijote” es un libro de sabiduría, ante tal afirmación aquí podría repetirse una de sus frases más divulgadas: “¡Tarde piache…!6

5. El papel desempeñado por las sociedades de tasación en esta crisis. 

En esta crisis nadie habla del papel desempeñado por las sociedades de tasación inmobiliaria. Estas sociedades están reguladas básicamente en las siguientes disposiciones: 

§ Circular 5/2003, del Banco de España, de 19 de diciembre, sobre Sociedades y servicios de tasación homologados, que modifica la Circular 3/1998, de 27 de enero, sobre información a rendir al Banco de España. 
§ Real Decreto 775/1997, de 30 de mayo, sobre el régimen jurídico de los servicios y sociedades de tasación. 
§ Orden ECO/805/2003, de 27 de marzo, sobre normas de valoración de bienes inmuebles y de determinados derechos para ciertas finalidades financieras. 
§ LEY 41/2007, de 7 de diciembre, por la que se modifica la Ley 2/1981, de 25 de marzo, de Regulación del Mercado Hipotecario y otras normas del sistema hipotecario y financiero, de regulación de las hipotecas inversas y el seguro de dependencia y por la que se establece determinada norma tributaria. 

El Real Decreto 775/1997, de 30 de mayo, en su artículo 15.1, letras a) y b), atribuyen específicamente al Banco de España la vigilancia del cumplimiento por estas sociedades o servicios de los requisitos para obtener y conservar la homologación, y de las restantes obligaciones que resulten exigibles para que las valoraciones de bienes inmuebles que realicen puedan surtir efecto en el mercado hipotecario o en aquellos casos requeridos por las normas que rigen a las entidades de crédito, atribuciones que fueron desarrolladas por Circular 3/1998, modificada por la Circular 5/2003. Las normas técnicas de valoración de bienes inmuebles están especificadas por la Orden ECO805/2003. 

De acuerdo con sus atribuciones, las sociedades de tasación están obligadas a remitir al Banco de España una serie de información de distinto tipo y en los plazos establecidos, incluida la contable y estadística. La Ley 41/2007, en su Capítulo III, artículo 3, da nueva redacción a varios artículos de la ley anterior, relacionados con las entidades financieras y sociedades de tasación, bajo el título de “Fomento de la independencia de las entidades de tasación”, y modifica, en su artículo 4, el régimen sancionador a este tipo de sociedades. 

¿Han cumplido las sociedades de tasación de forma estricta las distintas normas que las regulan? ¿Han sido rigurosas en las tasaciones durante el “boom” inmobiliario? Lo cierto es que desde estalló la crisis financiera y el escándalo de las “hipotecas subprime”, poco o casi nada se ha hablado de estas cuestiones, pero si hacemos caso de la opiniones del Profesor Recarte en el ensayo publicado en “Libertad Digital”, “el crédito hipotecario por compra de vivienda durante los 2005, 2006 y 2007”, presenta características que los acerca a la categoría de hipotecas subprime españolas”. (Véase el cuadro 2). 

¿Ha sido efectiva la vigilancia del Banco de España a las sociedades de tasación? La pregunta es difícil de contestar, al carecer de datos sobre las actuaciones de nuestro regulador en la vigilancia y verificación del cumplimiento de las normas por parte de este tipo de sociedades. Sin embargo, intuyo que en los últimos años quizá se han tasado muchos inmuebles forzando las normas técnicas, cuando era evidente la sobrevaloración del mercado de la vivienda. 

6. Conclusión. 

¿ Pudo el Banco de España evitar la crisis financiera? Mi opinión es que sí. Las manifestaciones del Subgobernador del Banco de España y de uno de los Consejeros de la institución, a las que me he referido anteriormente, vienen a confirmar mi tesis de que el Banco de España –como ya apuntaba al comienzo de este trabajo– pudo haber evitado la actual crisis financiera en nuestro país, o al menos reducir sus efectos, si hubiera utilizado a tiempo sus atribuciones de supervisión sobre las entidades financieras, exigiendo el cumplimiento estricto de las normas contenidas en las circulares en vigor, especialmente la citada anteriormente (Circular 4/2004) y las normas del “Basilea II”, en la concesión de las operaciones de crédito y préstamo, evitando –mediante directrices al sector bancario– la concentración de un alto porcentaje de las inversiones en el sector inmobiliario/constructor y la consecuente financiación de la compra de viviendas, con lo cual la “burbuja inmobiliaria” se hubiera desinflado de forma gradual y la economía del “ladrillo” iría adaptando lentamente sus inversiones a las disponibilidades de recursos para nuevas inversiones y las consecuencias hubieran tenido un menor impacto en nuestro sistema económico. O, en caso de que sus atribuciones fueran insuficientes, instar al Gobierno a tomar medidas destinadas a tal fin. 

Por otra parte, tal política llevaría a las entidades financieras a ser más rigurosas en los análisis del riesgo, como se viene propugnando en las normas emanadas del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, conocidas como “Basilea II”, publicadas en Junio/2004, y objeto de Directivas de la Unión Europea, y en España traspuestas básicamente mediante el REAL DECRETO 216/2008, de 15 de febrero, de recursos propios de las entidades financieras. 

Un ejemplo ilustrativo de los excesos de las entidades financieras con el sector inmobiliario, ha sido la refinanciación por parte de Caja Madrid a “Martinsa-Fadesa”, del orden de 1.000 millones de euros, antes de la presentación por parte de la inmobiliaria de un procedimiento concursal, que tuvo como consecuencia la dimisión del directivo de Caja Madrid, D. Carlos Vela, anteriormente Consejero-Delegado de la sociedad citada. Y lo que es más grave, la tasación de la compra de Fadesa fue realizada por “Tasamadrid”, empresa filial de la entidad financiera, asignando un valor superior al coste de la operación7. Esta actuación es un ejemplo de lo que yo defino dentro de los riesgos bancarios, como “riesgo de dirección”, que son los originados por decisiones equivocadas de los altos directivos de las empresas8

Sobre el comportamiento de las entidades financieras, tengo que decir que el Banco de España era conocedor de la política inversionista del sector bancario en un ciclo económico expansionista – como no podía ser de otra manera– y de sus consecuencias, como se expone un trabajo publicado por nuestro banco central sobre el Programa de Evaluación del Sector Financiero (Financial Sector Assessment Program, FMI), titulado “NORMATIVA PRUDENCIAL Y ESTABILIDAD DEL SISTEMA BANCARIO ESPAÑOL”, (página 82), del que son autores dos de sus técnicos9, Alfredo Martín Oliver y Jesús Saurina, cuyas opiniones reproducimos parcialmente: 

“Entre los bancos y los supervisores bancarios no existen muchas dudas sobre cuándo aumentan los riesgos que acechan a la solvencia de las entidades de depósito. Los mayores errores en las políticas crediticias de las entidades se producen en las fases expansivas del ciclo económico, cuando el optimismo generalizado sobre las perspectivas económicas futuras lleva a una relajación significativa de los criterios de admisión y selección de prestatarios (en cuanto al importe de las operaciones, precio, garantías, plazos, calidad del prestatario, etc.). Los efectos de dicha relajación solo se ponen de manifiesto de forma clara con el cambio de ciclo económico y la aparición de la morosidad y la quiebra de los prestatarios. 

Un regulador bancario prudente, preocupado por las consecuencias que una crisis bancaria puede tener sobre la economía, además de estimular una correcta medición y gestión de los riesgos bancarios por parte de las entidades, puede plantearse la introducción de medidas adicionales, vía capital o provisiones para insolvencias, que permitan limitar los efectos negativos que un perfil marcadamente cíclico del riesgo de crédito pueda tener sobre la financiación a empresas y familias y, en definitiva, sobre la evolución de la economía.” 

La autoría de las reflexiones finales sobre lo publicado en el citado número de Notas de Estabilidad Financiera, son del Subgobernador del BE, D. José Viñals, en las que se dice que: “se ha puesto de manifiesto que la evaluación del FMI sobre los estándares, códigos e infraestructuras del sistema financiero español, sobre la capacidad de resistencia de este ante shocks o aumentos inesperados del riesgo de crédito, de mercado, de tipo de interés, o de liquidez, así como sobre el enfoque prudencial que domina la regulación y la supervisión bancarias en España, es muy favorable.” 

Esperemos que, de acuerdo con esta evaluación, nuestro sistema financiero resista la actual crisis financiera y salga airoso de la grave situación económica de nuestro país, como ya ha ocurrido en otras épocas, a pesar del costo elevado que suponen las crisis económicas sobre el Producto Interior Bruto, con graves consecuencias para las clases menos favorecidas, que se pueden ver incrementadas por la especulación ante una situación de precariedad. El crecimiento económico de varios años, conseguido en una fase expansiva de la economía, puede malograrse como consecuencia de esta crisis, cualquiera que sea su origen. 

Para terminar, quisiera citar una frase de un clásico del Banco de España, el que fue Subgobernador de la Institución, D. Aristóbulo de Juan, sobre la mala política de crédito, en concreto sobre la concentración de riesgos10

“La concentración de riesgos se produce cuando se conceden créditos o garantías en volumen desproporcionado con el capital del banco a un solo prestatario, a un grupo de prestatarios o a un determinado sector o industria. Esta práctica puede ser el resultado de la libre decisión del banquero (quien puede creer que la buena salud de un determinado prestatario es eterna) o de una presión irresistible del prestatario sobre el banquero cuando es incapaz de atender su deuda. La concentración de riesgos está relacionada frecuentemente con los créditos vinculados11, que se describen a continuación. No todas las concentraciones conducen a la insolvencia, pero la mayoría de las quiebras bancarias son consecuencia de fuertes concentraciones de riesgos.” 

Recomiendo, como he hecho en otra ocasión, la lectura de sus consejos y recomendaciones, que siguen teniendo vigencia aunque hayan transcurrido más de 20 años desde la conferencia pronunciada en el Banco Mundial. Sólo añadir, que el Banco de España dispone de un instrumento que genera mensualmente su Central de Riesgos, la famosa “Cirbe”, donde se integran y clasifican los datos de las operaciones de riesgo concedidas por el sector bancario y las entidades de financiación –a nivel de cliente– en cuya documentación es fácil detectar la concentración de riesgos en determinadas empresas y sectores, que tantos problemas está originando al sector financiero.


Notas:
1 Puede consultarse el trabajo del que soy autor: “Crisis financiera y riesgo de liquidez en la banca”, en WWW. Iberfinanzas.com.
2 El trabajo está publicado en “Libertad Digital” y consta de XIII apartados y I Anexo.
3 Comentaremos la tasación de las viviendas cuando desarrollemos el papel desempeñado por el Banco de España en esta crisis económica y financiera. 
4 El Banco Central Europeo anunció ayer, 04.09.08, que endurecerá las garantías para dar liquidez a los bancos y que entrarán en vigor en el próximo mes de febrero, lo cual, unido al mantenimiento del tipo de interés, provocó el desplome de las Bolsas europeas. 
5 Revista “Bolsa de Madrid”, número Octubre 2005. “Basilea II alumbra un sistema financiero mejorado”. Págs.11 y siguientes. 
6 “D. Quijote de la Mancha”. Capítulo LIII, frase de Sancho Panza. 
7 Datos obtenidos de la prensa económica, especialmente de las páginas de “Economía” de El Mundo, 18.07.2008. 
8 Puede consultarse el trabajo del que soy autor. “Riesgos bancarios y responsabilidad corporativa”, en WWW. Iberfinanzas.com 
9 NOTAS DE ESTABILIDAD FINANCIERA, número 5, 12/2006: “El Banco de España y la evaluación del sistema financiero”, páginas 82 a 94. 
10 “De buenos banqueros a malos banqueros”, conferencia en el Banco Mundial, Washington, junio de 1987. 
11 Los “créditos vinculados” son aquellos que se producen cuando el banco presta dinero a sociedades que son propiedad, total o parcialmente, del banquero o del banco. (Definición contenida en el texto de la conferencia indicada).

 

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MODELOS DE CRISIS FINANCIERAS

 MODELOS DE CRISIS FINANCIERAS I.- ANTECEDENTES 2 II.- MODELOS DE PRIMERA GENERACIÓN 5 II.1.- MODELO DE KRUGMAN (1979) 5 II.2.- MODELO DE ROBERT P. FLOOD Y PETER M. GARBER (1984) 9 III.- MODELOS DE SEGUNDA GENERACIÓN 11 III.1.- MODELO DE ROBERT P. FLOOD Y P. MARION 12 III.2.- MODELO DE BERNARD BENSAID Y OLIVER JEANNE (1996) 13 III.3.- MODELO DE MAURICE OBSTFELD (1996) 14 III.4.- MODELOS DE CONTAGIO 15 IV.- MODELOS EMPÍRICOS 16 IV.1.- MODELO BERKELEY (1996) 19 IV.2.- MODELO DE ESQUIVEL Y LARRAÍN (1998) 20 IV.3.- MODELO JP MORGAN (1998) 22 IV.4.- MODELO GS-WATCH (1999) 24 V.- MODELO DE PREVISIÓN DE CRISIS EN LATINOAMÉRICA 25 V.1.- MODELO ESTRUCTURAL 28 V.2.- MODELO COYUNTURAL 32 V.3.- CONCLUSIÓN DE LOS MODELOS 36 ANEXO 1: INDICADORES DE CRISIS: UNA REVISIÓN DE LA LITERATURA. KAMINSKY, LIZONDO Y REINHART (1998) MODELOS DE CRISIS FINANCIERAS El presente documento expone los fundamentos de un modelo de riesgo del tipo de cambio desarrollado  con el fin de estimar la probabilidad de riesgo cambiario en los países del área latinoamericana. La muestra con la que se ha trabajado abarca el periodo que comprende la década de los noventa, años en los que el importante aumento de los movimientos de capitales entre países provoca mayores episodios de inestabilidad financiera. A periodo histórico el modelo ha sido capaz de predecir el 80% de las crisis y periodos de calma que configuran los datos muestrales, lo que le hace válido para su utilización con fines predictivos. En la actualidad el modelo se viene aplicando mensualmente, y de forma ininterrumpida, para la estimación del riesgo del tipo de cambio para la economía latinoamericana. En su corta vida de existencia, el modelo de “Riesgo” ha demostrado su eficacia habiendo anticipado la devaluación de Ecuador en Octubre y Noviembre de 1999 y avisado de problemas en Argentina y Brasil. El informe se divide en cinco partes: el primer apartado recoge un recorrido histórico sobre la evolución de los sistemas de tipo de cambio, el segundo y tercero desarrollan, respectivamente, los fundamentos teóricos de los modelos de primera y segunda generación, el cuarto apartado recoge un resumen de los últimos trabajos empíricos realizados sobre este tema, y por último, se plantea el modelo desarrollado y sus resultados. I.- ANTECEDENTES Puede sospecharse que las actuales crisis monetarias y financieras son un signo negativo del actual sistema económico internacional, basado en principios neoliberales próximos al “laissez faire” y aplicados en un entorno general de globalización. En cierto sentido es la dominación de los mismos principios que triunfaron en el siglo XIX y comienzos del XX, principios que fueron abandonados junto al patrón oro a raíz del fracaso que supuso la Gran Depresión y que culmina con los acuerdos de Bretton Woods gestados tras la segunda guerra mundial. Con su abandono el papel de los gobiernos, sus políticas económicas y la planificación sustituyen a la mano invisible que sin intervención era capaz de realizar una asignación eficiente de los recursos. El compromiso de un tipo de cambio estable, el FMI, el Banco Mundial, el GATT, y en general el establecimiento de órganos y normas para arbitrar las relaciones económicas internacionales sustituyeron también al principio simple del patrón oro. El nuevo sistema funcionó y muy bien durante varias décadas en un entorno de libertad vigilada y con fronteras económicas bien definidas. Sin embargo, y desde la década de los ochenta comienzan a aparecer claras ineficiencias y a plantearse la necesidad de una desregularización de los mercados y la conveniencia de recortar el peso del sector público en la economía y la actuación de los gobiernos. Un nuevo escenario de libertad económica a nivel mundial comienza a tomar forma de la mano de la globalización y la desaparición de bloques políticos antagónicos en la década de los ochenta. La antigua idea del “laissez faire” se renueva y constituye el paradigma de la eficiencia económica. Hay que dejar actuar a los mercados no ya a nivel nación sino a nivel mundial, debe permitirse que las ventajas comparativas hagan su trabajo de asignación y especialización y que la competitividad sea la ley fundamental del juego de los intercambios mundiales. Esta apuesta por la libertad y la globalización, ha significado un importante incremento de los intercambios de bienes y servicios, pero ha sido mucho más notable el crecimiento en los flujos de capital. El fuerte crecimiento de los flujos de capital, cuya principal ventaja reside en permitir que los ahorros de ciertos países se canalicen hacia inversiones en otros, se ha producido sin ningún tipo de norma internacional, con países en condiciones muy diferentes y sin más leyes que las impuestas por la oferta y la demanda. Dado que tal situación no sólo se acepta sino que se aplaude desde las tesis neoliberales dominantes, las crisis financieras en las economías emergentes son una consecuencia inmediata. En el proceso de globalización mundial, los países menos desarrollados y con menos recursos tratan de captar flujos de capital que potencien su desarrollo económico. La entrada o salida de capital se realiza sin que estos países y sus gobiernos puedan actuar sobre los flujos, ya que no son posibles las normas individuales cuando otros países competidores en la captación de recursos no las aplican. Todo dependerá del mercado y si este decide que un país es atractivo un río de recursos fluirá hacia el interior dado el montante de capital existente y los excedentes de los países desarrollados. Pero si el mercado decide que un país es peligroso los recursos saldrán rápidamente. La variable que recogerá tal situación es el tipo de cambio, el precio de mercado de una moneda en la situación de equilibrio entre oferta y demanda, un precio sobre el que ningún gobierno puede actuar directamente y donde en general los niveles de reservas son impotentes en países que financian su desarrollo con recursos exteriores. Entender porque se producen las crisis en el análisis económico tiene su justificación como paso previo para la acción, para evitar que se produzcan o prepararnos ante su eventual aparición. Esto significa alguna aproximación a un modelo de predicción de las crisis y por tanto a un conocimiento de las variables que maneja el mercado para dar o quitar su confianza a los países. La preocupación general de los investigadores y de este modesto trabajo se centra en saber si los síntomas de los procesos de crisis pueden ser detectados con antelación y en consecuencia si las crisis pueden ser previstas por algún modelo empírico. En general se distinguen dos modelos teóricos sobre las crisis, modelos de primera y de segunda generación. Los modelos de primera generación se basan en los trabajos iniciales de Krugman (1979) y establecen que los procesos de crisis se generan cuando el deterioro en los fundamentos económicos son incompatibles con el tipo de cambio. Si se produce un déficit financiero importante y el gobierno no tiene acceso a los mercados de capitales, está forzado a monetizar sus gastos. La paridad y tipo de interés inducen salidas de capital y pérdidas de reservas que provocan ataques especulativos. También el exceso de creación de dinero puede originarse para financiar el sector público, por lo que serían indicadores adelantados de crisis el déficit público y el crédito a este sector. Adicionalmente los créditos del banco central a bancos privados con dificultades jugarían el mismo papel. Se han realizado diferentes desarrollos al trabajo inicial de Krugman, entre los que cabe destacar los que señalan que el ataque especulativo es precedido por una apreciación del tipo de cambio real y un deterioro de la balanza de pagos, como consecuencia de una expansión fiscal y política crediticia que conllevan un incremento de la demanda interna con elevación de precios, y externa, con deterioro de la balanza. Algunos modelos apuntan a que ante expectativas de crisis, los salarios subirán, perdiéndose competitividad, mientras que otros mantienen que los tipos de interés se incrementarán cuando hay riesgos de crisis para defender la moneda. Más recientemente Krugman y Rotemberg (1991) han actualizado el modelo y Flood, Garber y Kramer (1996) han incorporado aspectos de la crisis en México. Recientemente, se han comenzado a desarrollar los modelos de segunda generación, que tratan de definir un episodio de crisis desde una perspectiva opuesta a los de primera generación, es decir, no existe una política económica inconsistente que induce a que la crisis tenga lugar, sino que la crisis tiene lugar y es ella misma quien provoca un cambio en la política económica. Mientras que los modelos de primera generación se basan en que los fundamentos económicos son los que empujan a la economía a una crisis, los modelos de segunda generación defienden que son las expectativas que tienen los agentes económicos sobre como evolucionarán las variables macroeconómicas las que provocan una crisis financiera que podría haber sido evitada. Calvo (1995), Cole y Kehoe (1996), Obstfeld (1994, 1996), Sachs, Tornell y Velasco (1996) y Dragen (1998). A continuación estableceremos los rasgos básicos de las dos corrientes de pensamiento, modelos de primera y modelos de segunda generación, para exponer seguidamente una solución de modelos empíricos recientemente desarrollados y finalizar con el modelo que se propone para su aplicación en el contexto de las economías latinoamericanas. II.- MODELOS DE PRIMERA GENERACIÓN Entre los modelos teóricos desarrollados para explicar el por qué se origina una crisis de balanza de pagos en un país, los modelos de primera generación se definen como aquellos que explican las crisis de balanza de pagos por una incompatibilidad entre la política cambiaria de un gobierno y sus políticas fiscal y monetaria. Los modelos iniciales de primera generación parten de que el tipo de cambio de un país se hace insostenible debido a una expansión del crédito interno, lo que da lugar a una disminución de las reservas de moneda extranjera del banco central de ese país. Antes de que las reservas del gobierno se agoten se produce un ataque especulativo contra su moneda obligando al Gobierno a abandonar el tipo de cambio, dejando flotar libremente la moneda. Las crisis de balanza de pagos se asocian con los grandes movimientos de la balanza comercial y de la cuenta corriente que se producen durante los periodos precedentes a la crisis. Normalmente, en el periodo anterior a una crisis de balanza de pagos se suelen producir grandes déficits por cuenta corriente. Los primeros trabajos desarrollados en esta línea fueron iniciados por Krugman en 1979, y continuados posteriormente por Flood y Garber (1984). II.1.- MODELO DE KRUGMAN (1979) En 1979 Paul Krugman desarrolla un modelo en el que estudia el caso concreto de una crisis de balanza de pagos, entendiendo como tal la rápida pérdida de reservas del banco central de un país, provocando un ataque especulativo contra la moneda y haciendo por tanto que el gobierno no pueda mantener el tipo de cambio y se vea obligado a devaluar. El modelo macroeconómico del que parte Krugman posee dos características fundamentales: – la demanda de moneda nacional depende del tipo de cambio, – el tipo de cambio que equilibra el mercado de dinero varía a lo largo del tiempo. El modelo parte de una economía pequeña cualquiera que produce un bien comercializable en los mercados internacionales, cuyo precio en el territorio nacional (P) queda definido por el tipo de cambio de la moneda nacional expresada en términos de la moneda extranjera (s) multiplicado por el precio del producto en los mercados internacionales (P*), es decir (P = s P*). Se asume además la hipótesis de que el precio del bien en el extranjero P* es constante e igual a 1, por lo que el precio interno del producto será igual al tipo de cambio (P = s). También se asume la hipótesis de precios y salarios flexibles, y nivel de producción de pleno empleo. La Balanza Comercial1 (B), que en el modelo planteado se corresponde con la Balanza por Cuenta Corriente, queda definida como la diferencia entre la producción y el gasto: B = Y – G – C (Y-T, W) C1, C2, > 0 donde B es la Balanza por Cuenta Corriente, Y es el nivel de producción, G es el gasto público, C es el Consumo Privado, T son los Impuestos, y W es la riqueza. Respecto al mercado de activos, el modelo establece que los inversores sólo pueden elegir entre dos activos: moneda nacional (M), y moneda extranjera (F), siendo el tipo de interés nominal de ambos activos igual a cero. De esta forma la riqueza real de los residentes nacionales (W) será igual a la suma de las tenencias de moneda nacional (M) más las tenencias de moneda extranjera (F): W = M/P + F Por último el modelo asume que los extranjeros no poseen moneda nacional, por lo que M representa el stock de moneda nacional, y en situación de equilibrio se asume que los residentes nacionales deben estar dispuestos a mantener dicho stock. La condición de equilibrio de la cartera establece que las tenencias de activos en moneda nacional equivalen a una proporción de la riqueza real de los residentes, y que esa proporción depende a su vez de la tasa de inflación esperada (p), y dado que uno de los supuestos del modelo es que el nivel de precios interiores (P) se corresponde con el tipo de cambio (s), las posesiones de activos en moneda nacional dependen de la tasa de depreciación esperada de la moneda. M/P = L (p) * W L1 < 0, donde p es la tasa de inflación esperada y por tanto la tasa de depreciación esperada de la moneda nacional. El estudio desarrollado por Krugman contempla dos regímenes económicos diferentes: sistema con tipo de cambio flexible y sistema con tipo de cambio fijo. El comportamiento de la economía en el corto plazo es diferente según cual sea el sistema de tipo de cambio. Un aumento de la tasa de inflación esperada bajo un régimen de tipo de cambio flexible produce un aumento del nivel de precios interiores, mientras que cuando el 1 La Balanza Comercial incluye únicamente el comercio de bienes, mientras que la Balanza por Cuenta Corriente incluye el comercio de bienes y servicios y las transferencias. tipo de cambio es fijo, un aumento de la tasa de inflación esperada supone una alteración en la composición de la riqueza de los residentes, aumentando los activos de moneda extranjera (DF) y disminuyendo los activos de moneda nacional (Ñ M/P). Esta situación provoca un cambio compensatorio en las reservas del gobierno que disminuyen exactamente en la misma cantidad en que aumentan las tenencias de moneda extranjera en manos de los residentes privados: DR = – DF = D M/P Krugman analiza también el comportamiento dinámico de la economía bajo ambos tipos de cambio. En el caso del tipo de cambio flexible, se asume que la creación de dinero depende únicamente de las necesidades de financiación del gobierno. Por tanto el crecimiento del stock de dinero vendrá determinado por la diferencias entre los gastos e ingresos del gobierno: G T P M = – & G: Gasto público T: Impuestos Relacionando gasto público y oferta monetaria y bajo el supuesto de previsión perfecta de la tasa de inflación, Krugman demuestra que la demanda de activos en moneda nacional dependerá exclusivamente del crecimiento de precios y que los residentes nacionales sólo estarán dispuestos a aumentar la proporción de moneda nacional, sobre moneda extranjera, si se produce una reducción en el nivel de precios. Bajo un régimen de tipo de cambio fijo, lo que equivale a decir que el nivel de precios es constante ( P ) ya que tal y como se ha planteado el modelo P = sP* y P*=1 y por tanto P=s=p, se parte de la hipóteis de que el gobierno posee un stock de reservas de moneda extranjera que utiliza para estabilizar el tipo de cambio. El sector privado solo puede adquirir activos si disminuye su gasto respecto a sus ingresos y por tanto el ahorro del sector privado será: S = Y – T – C (Y – T, W) En este caso (tipo de cambio fijo) y debido a que el nivel de precios es constante, el crecimiento de la riqueza de los residentes equivaldrá al ahorro del sector privado, es decir: F S P M W = + & = & & . De esta forma la distribución del ahorro entre activos denominados en moneda nacional y activos en moneda extranjera vendrá determinada por la condición de equilibrio de la balanza. Mientras los inversores confíen en el mantenimiento del nivel de precios por parte del gobierno, la inflación esperada será nula y por tanto la relación entre riqueza y depósitos en moneda nacional será estable. Si se produce un aumento de la riqueza de los residentes, una proporción L irá destinada a moneda nacional (dado M/P = L (p)* W) y ( 1 – L ) irá destinado a activos en moneda extranjera. El gobierno podrá cubrir su déficit emitiendo nueva moneda nacional o utilizando sus reservas de moneda extranjera (R). Por tanto, la composición del presupuesto del estado puede expresarse del siguiente modo: R G T g (M / P ) P M + & = – = × & De esta expresión se deduce que mientras el gobierno se comprometa a mantener el tipo de cambio, no posee control sobre cómo se financia su déficit. A lo largo del tiempo, tanto la riqueza del sector privado como las reservas del gobierno variarán. Cuando el gobierno incurre en déficit sus reservas disminuyen aunque el ahorro del sector privado sea cero. En situación de déficit fijar el tipo de cambio resulta imposible independientemente de la cantidad inicial de reservas que tuviera el gobierno y el efecto derivado de la fijación provocará una crisis de la balanza de pagos. II.2.- MODELO DE ROBERT P. FLOOD Y PETER M. GARBER (1984) Robert Flood y Peter Garber desarrollan dos modelos cuyo objetivo es estudiar el momento en el cual se produce la caída de un régimen de tipo de cambio fijo. El primero de los modelos que plantean, es un modelo que parte de la hipótesis de previsión perfecta y que permite identificar el momento en el cual se produce el colapso del régimen, a partir de los movimientos observados en las reservas del banco central. El segundo modelo, es un modelo estocástico que permite conocer la probabilidad de que se produzca un colapso del régimen, así como determinar la devaluación que se producirá del tipo de cambio. Modelo temporal continuo en situación de previsión perfecta En este primer modelo se intenta determinar el tipo de cambio flotante que se produce tras el colapso del régimen en un momento cualquiera del tiempo. A este tipo de cambio lo llaman “tipo de cambio flotante sombra”. Posteriormente analizan cómo se produce la transición de un sistema de tipo de cambio fijo a un sistema de tipo de cambio flexible. El momento del colapso del régimen se produce cuando se agotan las reservas del banco central. Normalmente, antes de que se agoten las reservas completamente, los agentes económicos previendo que se van a agotar provocan un ataque especulativo contra la moneda del país haciendo de esta forma que las reservas se agoten antes. La conclusión básica en este modelo es que a medida que se produce un aumento del nivel de reservas iniciales se retrasa el momento del colapso del régimen, mientras que si aumenta el crédito interno se acelera el proceso. Por tanto, mientras el crédito interno no crezca, el colapso del régimen se retrasará indefinidamente. Esto es así porque antes de que se produzca el colapso del régimen se produce un cambio en la composición de la oferta monetaria, aumentando el crédito interno en detrimento de las reservas. Modelo temporal discreto en situación de incertidumbre Este segundo modelo planteado por Flood y Garber incorpora la incertidumbre respecto al modelo anterior para analizar el tipo de cambio futuro que alcanza una moneda que ha pasado de un régimen de tipo de cambio fijo a uno flexible. El régimen de tipo de cambio fijo tan sólo se colapsará si el tipo de cambio flexible que se alcanzaría en el supuesto de que las reservas del gobierno se agotaran en el momento t fuera superior o igual al tipo de cambio fijo. Es decir, los agentes comprarían todas las reservas al banco central al tipo de cambio fijo, para luego revenderlas al tipo de cambio sombra, obteniendo por tanto un beneficio por cada unidad de reserva. Si fuera posible acceder a estos beneficios los agentes comprarían todas las reservas del banco central. Sin embargo, si el tipo de cambio sombra es menor que el tipo de cambio fijo, los agentes no tratarían de adquirir las reservas del banco central para revenderlas ya que no obtendrían ningún beneficio con ello. Por tanto, el requisito para que se produzca el ataque especulativo contra la moneda es que el tipo de cambio sombra sea mayor o igual que el tipo de cambio fijo. A partir de este segundo modelo se identifica la probabilidad de que se produzca un colapso del régimen en t + 1 con la probabilidad de que en t + 1 el tipo de cambio sombra sea mayor o igual del tipo de cambio fijo. Modelos de Crisis Financieras 10 III.- MODELOS DE SEGUNDA GENERACIÓN La filosofía de los modelos de segunda generación se basa en considerar que en toda economía existe una interrelación entre el comportamiento del sector privado y las decisiones que toma el sector público o Gobierno. Así, una crisis financiera puede tener lugar cuando los agentes privados comienzan a tener expectativas sobre una posible devaluación de la moneda, ya que esta situación se refleja en el tipo de interés que comienza a elevarse como medida para atraer moneda nacional frente a la extranjera, lo que puede llevar al Gobierno a devaluar, preocupado por el control del coste del servicio de la deuda. Al contrario, si los agentes privados no tienen expectativas de que se vaya a modificar el tipo de cambio de la moneda nacional, el tipo de interés se mantiene bajo y la devaluación es menos probable. En esta línea se encuadra el modelo de Obstfeld (1994), donde el sector privado determina el salario de un periodo en el periodo anterior sin conocer la política económica que llevará a cabo el Gobierno, pero basándose principalmente en las expectativas existentes sobre dicha política. Esto condiciona la actuación del Gobierno respecto a devaluar o no la moneda, ya que si el sector privado no espera una devaluación, el salario reflejará la estabilidad de la moneda, lo que incentivará al Gobierno a mantener el tipo de cambio fijo. Al contrario, si el sector privado prevé una devaluación de la moneda, el salario tenderá a subir con el fin de compensar a los trabajadores por la pérdida de poder adquisitivo, y el empleo se reducirá, lo que puede llevar al Gobierno a devaluar la moneda en un intento por controlar el nivel de producción, aunque la subida salarial estuviese basada sólo en expectativas. Una característica teórica de este tipo de modelos (basados en expectativas racionales) es que presentan soluciones múltiples. La existencia de expectativas por parte de los agentes económicos que participan en el mercado, pudiendo anticipar ataques con éxito contra la moneda que alteren la política económica del país, generan distintas situaciones de equilibrio: (1) la primera situación de equilibrio es aquella en la que no hay expectativas de ataque y no cambian los fundamentos económicos, por lo que se mantiene el tipo de cambio fijo de manera indefinida; (2) el segundo equilibrio es aquel en el que las expectativas sobre un ataque especulativo se acaban confirmando y terminan por provocar un cambio en los fundamentos que validan ex-post la variación en el tipo de cambio que los especuladores habían anticipado; (3) entre estas situaciones extremas de equilibrio, se dan otros equilibrios durante el tiempo en que el Gobierno está defendiendo la paridad pero existen expectativas de devaluación por parte de los agentes económicos. En este sentido Krugman afirma que los equilibrios múltiples son, paradójicamente, menos probables cuando los fundamentos son malos. Cuando los fundamentos son claramente inconsistentes con el sistema de tipo de cambio fijo, los inversores no tienen dudas de que la crisis ocurrirá, y el modelo rápidamente converge a un equilibrio en el que la moneda es atacada y devaluada. Sólo cuando los fundamentos son “bastante buenos” y los inversores dudan si habrá crisis o no, es cuando existen múltiples equilibrios. En consecuencia el papel de los fundamentos económicos en este tipo de modelos aparece de forma secundaria (frente a los modelos de primera generación) ya que aunque según estos modelos no son los fundamentos los que originan las crisis, sin embargo, son los que permiten hacerlas posibles. En estos modelos, los fundamentos económicos determinan el rango de posibilidad del equilibrio, es decir, aunque unos fundamentos económicos débiles no tiene porque generar una crisis financiera, si es cierto que un país que se encuentre en esta situación económica tendrá mayor probabilidad de sucumbir ante un ataque de su moneda, que un país con unas condiciones económicas de mayor fortaleza. A continuación se exponen las líneas de algunos de los estudios teóricos más representativos de esta línea de investigación: III.1.- MODELO DE ROBERT P. FLOOD Y P. MARION (1997) El supuesto del que parte este modelo es que los salarios de un periodo se fijan en el periodo anterior, basándose fundamentalmente en las expectativas que el mercado laboral tiene sobre la política económica que llevará a cabo el Gobierno en ese periodo. Según este mecanismo, si los agentes económicos prevén una posible devaluación de la moneda, esto quedará reflejado en las negociaciones salariales lo que provocará desequilibrios económicos: elevación de los salarios como medida de proteger el nivel adquisitivo ante una probable devaluación y consecuente elevación del nivel de precios del país. Estos desajustes económicos pueden ser corregidos por el Gobierno utilizando una variable de política económica, el tipo de cambio, ya que éste es fijado con posterioridad a las negociaciones salariales. Si el Gobierno ante las expectativas de devaluación decide devaluar, corregirá los desequilibrios económicos a costa de perder el control sobre el nivel de producción interno (evitará un incremento de la inflación pero disminuirá su control sobre las variables que definen el nivel de producción), si por el contrario decide mantener el sistema de tipo de cambio fijo estará alimentando un proceso en el que se producen elevaciones en los salarios y en los niveles de precios del país. Ambas situaciones quedan reflejadas en la siguiente ecuación: 2 t t t 1 t L = 0,5 ( p – p ) + 0,5( y – y*) – q donde t p es el nivel de precios nacional, y* es el objetivo de output fijado por la política económica y q es el peso asociado a las desviaciones de la inflación respecto del objetivo político. Según este planteamiento el Gobierno decidirá devaluar su moneda siempre que la pérdida por abandonar el sistema de tipo de cambio fijo, unido al coste que tiene para el Gobierno la pérdida de credibilidad de tomar esta decisión, sea menor que la pérdida obtenida por no ceder ante la presión y mantener el tipo de cambio fijo. En todo el proceso descrito pueden existir distintos equilibrios económicos cada uno de los cuales recogerá las expectativas que los agentes económicos tengan sobre la política económica que el Gobierno llevará a cabo en el siguiente periodo, ya que según sean los niveles de expectativas de devaluación, diferentes serán los parámetros de la ecuación, obteniéndose con ello resultados múltiples. III.2.- MODELO DE BERNARD BENSAID Y OLIVER JEANNE (1996) Se considera un modelo en el que un país trata de fijar su moneda respecto a la moneda de un país extranjero. El país determina el tipo de interés nominal de tal manera que le permita mantener la paridad, mientras que el país extranjero fija su política monetaria en función de conseguir sus propios objetivos políticos. Ante las expectativas de devaluación de la moneda nacional el Gobierno puede optar por defender la moneda lo que le obligaría a elevar los tipos de interés generando un coste para la economía. Para evitar el coste de defender la moneda el Gobierno puede decidir abandonar el sistema de tipo de cambio fijo lo que también genera un coste, asociado a la pérdida de reputación del Gobierno. La dinámica de la crisis en este modelo presenta la característica de “autogeneración” típica de los modelos de segunda generación, por la cual las expectativas de devaluación se retroalimentan en la medida que el Gobierno defiende la moneda, lo que acaba terminando en una devaluación basada en expectativas. La crisis aparece cuando los agentes del mercado comienzan a esperar una devaluación, lo que provoca incrementos en el tipo de interés nominal y con ello incrementa el coste de permanecer en el sistema de tipo de cambio fijo. A la vez, el hecho de que este coste incremente aumenta las expectativas de devaluación lo que a su vez hace incrementar más el coste, entrando en un círculo vicioso que termina cuando el coste de permanecer en el sistema es tan elevado que el Gobierno decide devaluar. III.3.- MODELO DE MAURICE OBSTFELD (1996) El supuesto de partida de este modelo se basa en que cuando se genera un cierto escepticismo en el mercado hacia el tipo de cambio de la moneda nacional, el Gobierno decide tomar medidas para defender el tipo de cambio, generando, como coste, una consecuente pérdida de empleo (provocada por el deterioro de las condiciones económicas) durante el periodo en el que se lucha por mantener la paridad de la moneda. La decisión de devaluación por parte del Gobierno consiste en minimizar la siguiente función de pérdida que recoge el coste asociado a mantener el tipo de cambio fijo (reducción en el empleo y en los niveles de producción) y el coste asociado a devaluar la moneda (elevación de la inflación ya que se identifica, como supuesto de partida, el precio de la moneda con el nivel de precios nacional): L = ( y – y*)2 + b Î2 +c(Î) donde y es el output, y * es el objetivo de output del Gobierno, 1 e e- Î= – es la variación en el tipo de cambio (el precio de la moneda), y c(Î) el coste que supone para el Gobierno modificar el tipo de cambio de la moneda asociado a la pérdida de credibilidad. Existen diferentes equilibrios asociados a distintas expectativas de depreciación del tipo de cambio y a los fundamentos económicos del país. Uno de los equilibrios extremos es el que conduce a la devaluación de la moneda, el cual es más probable cuando el coste asociado con la devaluación es bajo, los niveles de producción son muy sensibles a las reducciones en el nivel de empleo, la aversión a la inflación por parte del mercado es baja y la credibilidad del Gobierno es pequeña. De todo ello se deduce que aunque los fundamentos económicos, que se reflejan en la estructura de la economía, no provocan necesariamente la crisis, sin embargo, si que contribuyen a hacerla más o menos probable, generando en este proceso un conjunto de equilibrios múltiples. III.4.- MODELOS DE CONTAGIO Dentro de los modelos de segunda generación, los últimos estudios se han centrado en los efectos contagio como la “chispa” de las crisis financieras que están teniendo lugar en los últimos tiempos. El primer desarrollo teórico que trata esta cuestión es el presentado por Gerlach y Smets (1995). En su modelo consideran dos países unidos por el comercio de mercancías, en el cual, una depreciación de una de las monedas se contagia al otro país a través de diferentes canales: (1) incremento de la competitividad de las exportaciones de mercancías del país, que producen un déficit en el comercio del segundo país y una gradual disminución de las reservas internacionales de su banco central; (2) una reducción en el precio de las importaciones del segundo país que conduce a una disminución del índice de precios al consumo y de la demanda de dinero nacional por parte de los residentes, lo que genera un incentivo para cambiar moneda nacional por moneda extranjera reduciéndose las reservas del banco central. Buiter et al. (1996) usa un modelo de cláusula de escape de política de tipo de cambio para analizar la propagación de una crisis en un sistema de N+1 países, N de los cuales (denotados como la “periferia”) fijan el tipo de cambio en función del de un país (el “centro”). Goldfajn y Valdés (1995). Ellos se centran en las reglas de liquidez en los mercados financieros. Una característica novedosa en su modelo es la introducción de intermediarios financieros. Estos autores muestran como, por la presencia de cada intermediario, pequeñas distorsiones provocan efectos a escala en la moneda. Los intermediarios abastecen de activos líquidos a los inversores extranjeros que no están dispuestos a comprometerse en inversiones a largo plazo. Cuando, por razones exógenas, los inversores extranjeros retiran sus depósitos, los intermediarios no son capaces de soportar el coste de convertir en líquido sus activos haciendo frente al fracaso. Es entonces, cuando la quiebra de un banco puede producir una crisis bancaria “autogenerada”, (Diamond y Dibvig (1983)), plantean que la caída de la moneda puede generar una crisis del tipo de cambio “autogenerada”. Además, la quiebra de los intermediarios puede provocar la caída de la moneda ya que los inversores extranjeros retiran sus depósitos y los convierten en depósitos extranjeros. Estas crisis pueden rápidamente contagiarse a otros países cuando los inversores internacionales encuentran dificultades para obtener liquidez como resultado de la crisis bancaria en un país, optando por liquidar sus posiciones en otros mercados nacionales. IV.- MODELOS EMPÍRICOS En lo que se refiere a si es posible distinguir dos tipos, los que se centran en un país durante un periodo de turbulencia económica y los que analizan múltiples países con datos de corte transversal o con datos de panel. De los primeros existen múltiples estudios pero cabe destacar el de Otker y Pazarbasiogh (1997) sobre el sistema monetario europeo. En general estos trabajos indican que la crisis es precedida por la pérdida de reservas, políticas monetarias y fiscales e xpansivas y altos diferenciales en tipos de interés. Los estudios multipaís se están aplicando más recientemente y sus resultados son alternativos: Edwards (1989) usando un modelo Probit encuentra relación entre la probabilidad de devaluación y la apreciación del tipo de cambio real y un deterioro en las reservas. Frankel y Rose (1996), también con un modelo Probit, relacionan el riesgo de crisis con un bajo nivel de inversión extranjera, bajo porcentaje de reservas internacionales sobre importaciones, alto crecimiento del crédito interno, altos tipos de interés externo y sobrevaloración del tipo de cambio real, y sin embargo no encuentra relación con los déficit por cuenta corriente ni fiscales. Sachs, Tornell y Velasco (1996) analizando los efectos de la crisis mexicana en 20 países utilizan como variables explicativas el ratio reservas internacionales respecto a la M2, el tipo de cambio real y un débil sistema bancario medido por un excesivo crédito al sector privado. Kaminsky, Lizondo y Reinhart (1998) efectúan una revisión sobre la literatura de crisis en balanza de pagos con datos de panel y proponen un sistema de alarma para prevenir crisis. Goldfajn y Valdés (1997) con diferentes alternativas de un modelo logit encuentran dificultades para encontrar un modelo con capacidad predictiva. El trabajo de recopilación sobre modelos de crisis más interesante es el realizado por Kaminsky, Lizondo y Reinhart (1998), donde recogen los 28 estudios que se adjuntan en el ANEXO 1 con descripción del periodo muestral, países incluidos y variables utilizadas para analizar los periodos de crisis. Estos trabajos pueden clasificarse en 4 grupos diferentes. Un primer grupo lo constituyen los que se centran básicamente en una discusión metodológica aunque utilicen algún indicador de crisis (trabajos 6, 16, 22 y 23). Un segundo grupo está formado por los estudios que comparan las variables antes de la crisis con una situación de no crisis o control sobre los mismos países (trabajos 11, 14 y 25) u otro conjunto de países sin crisis (trabajos 8, 10 y 18). El tercer grupo de trabajos, normalmente con modelos “logit” o Modelos de Crisis Financieras 16 “probit”, estiman la probabilidad de una crisis utilizando como variables explicativas un conjunto de indicadores y aplicándolos tanto a un país individual (trabajos 2, 5, 19 y 27) como a un conjunto de países (trabajos 1, 4, 7, 8, 11, 14, 21 y 24). Por último un cuarto tipo (trabajo 20) mediante una aproximación no paramétrica se centran en determinar las señales que emiten un conjunto de variables antes de la crisis, por lo que sería una extensión de los trabajos del segundo grupo. Mediante el análisis de los trabajos recopilados se realiza una clasificación de todas las variables o indicadores utilizados como explicativos de periodos de crisis. Como puede observarse muchos indicadores miden el mismo fenómeno pero mediante una formulación alternativa. El cuadro 1 agrega los indicadores y nos aporta información sobre el número de estudios en los que la variable o indicador resultó significativo. CUADRO 1: INDICADORES DE DESARROLLO Sector Variables Nº de estudios considerados Resultados significantes estadísticamente Cuenta de capital Reservas internacionales 12 11 Flujos de capital a corto plazo 2 1 Inversión directa extranjera 2 2 Balanza corriente de capital 1 — Diferencial del interés nacional-extranjero 2 1 Perfil de deuda Ayuda extranjera 1 — Deuda externa 2 — Deuda pública 1 — Cuotas de préstamos del banco comercial 1 2 Cuota de préstamos concesionales 2 2 Cuota de la deuda de tipo de variable 2 — Cuota de la deuda a corto plazo 2 — Cuota de la deuda bancaria de desarollo multilateral 1 — Cuenta corriente Tipo de cambio real 14 12 Balanza cuenta corriente 7 2 Balanza comercial 3 2 Exportaciones 3 2 Importacionesa 2 1 Relaciones comerciales 3 2 Precios exportaciones 1 — Ahorros 1 — Inversión 2 — Expectativas del tipo de cambio 1 — Internacional Crecimiento del PIB extranjero real 2 1 Crecimiento de los tipos de interés 4 2 Nivel de precios extranjeros 2 1 Liberalización financiera Tipos de interés real 1 1 Crecimiento crédito 7 5 Diferencia de interés préstamo-deuda 1 — Multiplicador monetario 1 1 Otros financieros Prima del mercado paralelo 1 1 Paridad 1 1 Posición dentro de la banda 1 1 demanda monetaria-quiebra oferta 1 1 cambio en depósitos bancarios 1 — crédito del banco central a bancos 1 1 moneda 3 2 M2/ reservas internacionales 3 3 Sector real inflación 5 5 crecimiento o nivel del PIB real 9 5 quiebra output 1 1 empleo/desempleob 3 2 cambios en los precios stock 1 1 Contagio fiscal crisis en otra parte (ficticia) 1 1 déficit fiscal 5 3 consumo gobierno 1 1 crédito al sector público 3 3 Institucional/ estructural tipos de cambio múltiples 1 — cambio/controles de capitalc 2 1 apertura 1 1 concentración comercial 1 — crisis bancaria 1 1 liberalización financiera 2 1 meses en peg 1 1 crisis pasadas del mercado de cambiod 1 1 acontecimientos pasados del mercado de cambio 1 — Política victoria del gobierno 1 — pérdida del gobierno 1 1 transferencia del ejecutivo legal 1 1 transferencia del ejecutivo ilegal 1 1 Fuente: Kaminsky, Lizondo, Reinhart (1998) a El ratio de crecimiento de importaciones cae antes que una devaluación. b Un aumento en el empleo aumenta la probabilidad de un ataque fallido. c La presencia de controles de capital aumenta la probabilidad de un ataque fallido y reduce la probabilidad de un ataque exitoso. d Un pasado de crisis del mercado de cambio reduce significativamente la posibilidad de un ataque fallido, e incrementa marginalmente la posibilidad de uno exitoso. Si efectuamos un análisis de los resultados básicos de todos los estudios analizados por Kaminsky, Lizondo y Reinhart, resulta que un conjunto de variables son altamente significativas. Este conjunto de variables, podemos dividirlo en dos grupos, según los resultados obtenidos. MUY SIGNIFICATIVAS BASTANTE SIGNIFICATIVAS – Reservas internacionales – Balanza comercial – Tipo de cambio real – Comportamiento de exportaciones – Crecimiento del crédito – Crecimiento del dinero – Crédito al sector público – M2/reservas internacionales – Inflación – Crecimiento del PIB – Déficit fiscal En conclusión la literatura es muy extensa en cuanto a modelos empíricos de crisis en los tipos de cambio, como lo demuestran la mayor parte de los trabajos contenidos en el ANEXO 1. Por nuestra parte hemos procedido a realizar una selección en base a la importancia de los resultados obtenidos y a su actualidad. Esta actualidad ha marcado una línea en la que se identifican metodológicamente la mayoría de estos trabajos, la línea de los modelos econométricos de probabilidad tipo Logit o Probit y que posteriormente orientará nuestra aplicación. IV.1.- MODELO BERKELEY (1996) Frankel y Rose (1996), profesores de la Universidad de Berkeley, plantean un análisis con una base muestral muy ambiciosa, ya que recogen información de 100 países y 22 años de evolución. Para definir un año de crisis en un país se requiere que el tipo de cambio de la moneda con respecto al dólar se deprecie en un 25% o más y que esta depreciación exceda en un 10% a la de los años previos, con el fin de evitar periodos con muy altas tasas de inflación que exijan depreciaciones continuadas. Las variables explicativas utilizadas son las siguientes a) Indicadores macroeconómicos * Crecimiento del crédito interno * Déficit público en porcentaje del PIB * Ratio de reservas sobre importaciones * Déficit por cuenta corriente en porcentaje del PIB * Crecimiento del PIB * Grado de apreciación de moneda b) Variables externas * Deuda en porcentaje del PIB * Ratio de reservas exteriores sobre importación mensual * Tipo de cambio real c) Composición de la deuda * Inversión directa extranjera * Inversión en cartera a corto y largo plazo * Préstamos a tipo fijo sobre variable * Moneda local sobre divisas d) Variables de otros países * Tipo de interés a corto plazo en USA * Crecimiento de la OCDE El análisis de regresión con datos anuales se realiza mediante un modelo PROBIT y si bien la predicción es muy acertada sobre los periodos de tranquilidad, los periodos de crisis tienen muchos errores. Sus conclusiones básicas son que los periodos de crisis se desatan cuando la entrada de inversión directa extranjera se para, cuando el nivel de reservas es bajo, cuando el crecimiento del crédito privado es alto, cuando los tipos de interés internacionales crecen y cuando el tipo de cambio real está sobrevalorado. Por el contrario, ni el déficit por cuenta corriente ni el déficit público juegan un papel importante. IV.2.- MODELO DE ESQUIVEL Y LARRAÍN (1998) En base a las diferencias de otros modelos y sus conclusiones estos autores concluyen en que no existen resultados suficientemente robustos en los estudios entre países que pudieran permitir la utilización de un modelo predictivo de episodios de crisis, aunque plantean un modelo de tipo Probit. Como variable endógena se define un episodio de crisis cuando se produce un cambio brusco en el tipo de cambio nominal, y a diferencia de otros estudios excluyen los ataques especulativos si no tienen efectos significativos sobre la moneda. Tal cambio se considera cuando se cumplen dos condiciones. Primera, que el tipo de cambio real acumulado de tres meses sea igual o superior a un 15%. Segunda, que la variación en el tipo de cambio real de un país sea superior a 2,54 veces la desviación típica de su variación habitual. Utilizando 30 países, (8 latinoamericanos, 6 asiáticos, 12 europeos y 4 de otras zonas) para el periodo 1975-96 y por tanto 630 observaciones, utilizan un modelo Probit con datos de panel, siendo la endógena igual a uno para periodos de crisis y cero en caso contrario. El total de episodios de crisis identificados fue de 117. Las variables explicativas utilizadas, obtenidas de los estudios previos de otros autores, fueron: a) Cambio anual en las reservas monetarias en porcentaje de PIB, midiendo la monetización del déficit público. b) Sobrevaloración del tipo de cambio, medido como el porcentaje de desviación negativa del tipo de cambio real sobre los 60 meses previos. c) Balanza por cuenta corriente, bajo la hipótesis de que su deterioro afectará a tipo de cambio, si no ha sido recogido su efecto por la variable anterior. d) Ratio de M2 sobre reservas. Algunos autores utilizan el número de meses que las reservas pueden cubrir las importaciones, pero este ratio recoge mejor la vulnerabilidad del banco central. e) Impactos sobre el comercio, medido como el porcentaje de cambio anual en los intercambios. f) Crecimiento en renta per capita, siendo 1 si el crecimiento es negativo y 0 si es positivo. g) Efecto contagio. Esta variable toma el valor 1 si un país de la zona tiene una crisis en el año o en los seis meses anteriores. Dada la significatividad de todas las variables Esquivel y Larraín concluyen en que los modelos de segunda generación no son alternativos sino que complementan a los de primera generación. De hecho en sus análisis empíricos todas las variables utilizadas inciden en la probabilidad de crisis siendo la menos relevante la primera, cambio en el nivel de reservas. En el trabajo se afirma la posibilidad de utilizar el modelo a efectos predictivos a pesar de que en la muestra anticipan un 54% de crisis, cuando esta se produce, y fallan un 46%. Los periodos de tranquilidad se aciertan en un 90% de casos y se fallan en un 10%. En mi opinión tales resultados son pobres para la predicción de crisis y se aproximan a una asignación puramente aleatoria del 50%. IV.3.- MODELO JP MORGAN (1998) También basándose en trabajos teóricos y empíricos previos, este modelo considera tres posibles causas para una crisis: la política monetaria, el nivel de reservas y la competitividad, pero se alinea con los modelos de segunda generación y siguiendo los argumentos de Gerlach y Smets (1995) incorpora una variable de contagio. Para que se produzca un “crash” en una moneda debe haberse producido una pérdida de competitividad internacional, pérdida que puede ser medida mediante el déficit exterior o por el tipo de cambio real ponderado. Pero el momento en que se desencadena la crisis dependerá en primer lugar de la credibilidad del gobierno para defender su moneda, una credibilidad que se relaciona con el crecimiento de la economía y su nivel de reservas, y en segundo término de la fuerza del contagio financiero. En este trabajo se consideran dos fuerzas de contagio, la causada por la devaluación de un socio comercial y la consiguiente pérdida de competitividad, y la generada por la caída del apetito de las inversiones con riesgo, aunque se tengan buenos fundamentos económicos. Este último contagio se relaciona con relaciones financieras y el hecho de que los inversores tengan posiciones en diferentes mercados que pueden dejar por problemas en uno de ellos. Los datos utilizados son de corte transversal dados los pocos casos existentes de crisis para un país individual. De esta forma seleccionan los “crash” independientemente del tiempo y para todos los países, relacionándolos con las variables explicativas. Seleccionan los países de forma tal que exista variedad en las crisis y posibilidad de aplicación a otros casos, pero no incluyendo países tan diferentes como para no encontrar características comunes entre ellos. Por ello se eliminan del análisis países que en los últimos años han sido muy estables en sus monedas, países con inflación superior al 50% y países con economías muy cerradas. Los países que componen la base de datos final son: Australia, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, España, Filipinas, Grecia, Finlandia, Francia, Hong Kong, India, Indonesia, Italia, Malasia, México, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, Sur África, Suecia, Taiwan, Tailandia y Reino Unido. Un periodo de crisis se define por la caída del tipo de cambio de un 10% en un mes, nivel que proporciona un total de 42 crisis en el periodo Enero 1980 – Diciembre 1994 (periodo de estimación) y 14 crisis en el periodo Enero 1994 – Diciembre 1997 (periodo de simulación). Las variables que intervienen como explicativas son: Medida de sobrevaluación. Se supone que el tipo de cambio afecta cuando se produce en un amplio periodo de tiempo y no por variaciones puntuales. Por ello utiliza la desviación acumulada del tipo de cambio real de dos años sobre los diez años anteriores. La variable termina expresándola en 4 niveles que van desde gran devaluación hasta gran sobrevaluación. Output esperado. Se utilizan como variable “proxy” de las expectativas de crecimiento el cambio en tres meses del precio de las acciones con un retardo. Esta variable también recogerá con su caída subidas en los tipos de interés para defender una moneda o la pérdida de confianza de los inversores en el tipo de cambio. Reservas. Aunque existen otras alternativas para medir este efecto, tales como reservas sobre oferta monetaria o sobre importaciones, se prefiere la utilización de reservas sobre la deuda externa. Esta variable mide la presión potencial sobre la moneda y si bien el ratio sería preferible construirlo sobre la deuda externa a corto plazo, la ausencia de datos fuerza a esta solución. Contagio. Se utilizan dos variables para medir el contagio, el apetito de riesgo y el cluster. El apetito de riesgo, variable creada por J.P. Morgan, se mide por la relación entre las ganancias y el riesgo de las inversiones (ponderación de tipos de interés diferenciales a largo plazo y tipo de cambio). La variable cluster intenta medir el contagio por regiones y es una medida de cómo una crisis vecina puede afectar a otro país. Se diferencian dos bloques, bloque dólar y bloque euro y a la variable le asignan tres niveles según el número de crisis de los seis meses anteriores. La variable endógena es binaria, utilizándose un modelo logit para la estimación. Para la definición y selección de periodos tranquilos realizan un promedio de cada variable sobre todo el periodo, excepto los meses de devaluación. A este promedio le suman y le restan una desviación típica y obtienen así los periodos tranquilos para el análisis. Todas las variables resultan significativas con la excepción del precio de las acciones y sus porcentajes de acierto sobre periodos de crisis y tranquilos son muy elevados (90%). IV.4.- MODELO GS-WATCH (1999) Este modelo ha sido desarrollado por Goldman, Sachs & CO y también persigue determinar la probabilidad de que se produzca una crisis mediante un modelo econométrico de tipo LOGIT. El modelo está especificado y estimado para su utilización en economías emergentes con datos mensuales de 27 de estos países y un periodo muestral que arranca en 1983. Para la definición de un periodo de crisis se construye un indicador que pondera dos variables, la variación en 3 meses del tipo de cambio real y el stock de reservas, definiendo sobre esta variable la ficticia 0 (tranquilidad) 1 (crisis) mediante la técnica SETAR (Self Exciting Threshold Autoregression). Con la misma técnica construye variables señal o ficticias sobre las siguientes variables explicativas que aumentan la probabilidad de crisis. a) Caída del mercado de valores b) Crecimiento expansivo del crédito c) Alta apreciación de la moneda d) Débil crecimiento de exportaciones e) Bajo nivel de reservas sobre M2 f) Alta deuda externa. Adicionalmente a estas variables se considera el riesgo político del país, valor 1 si en tres meses antes o en tres meses después existen elecciones generales u otro acontecimiento de ruptura. Junto a las anteriores variables específicas de cada país se incluyen dos variables continuas de entorno, la liquidez global o nivel de tipos de interés reales de los G7 y el nivel de contagio. V.- MODELO DE PREVISIÓN DE CRISIS EN LATINOAMÉRICA El objetivo del trabajo es predecir las crisis de las monedas latinoamericanas en base a la experiencia disponible de la década de los noventa. El modelo es de corte transversal, es decir, en vez de analizar un único país se incluye a un conjunto de países de Latinoamérica en los que se han detectado periodos de turbulencias financieras. Se han escogido aquellos países del área con mayor peso económico, midiendo el mismo a través del porcentaje que representa su producto interior bruto sobre el total de la región. Los países seleccionados para el análisis han sido finalmente: Argentina, Brasil, Chile, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Venezuela. El modelo econométrico utilizado para estimar la probabilidad de crisis financiera es un modelo logit. Estos modelos tratan de explicar la variable dependiente de crisis para un conjunto de variables independientes, con la característica de que utilizan como función la logística. La variable endógena es una variable dicotómica que toma valores 0 y 1, y las variables explicativas son variables cuyo campo de variación es el comprendido entre -¥, +¥. Para el caso de una variable explicativa la función logística queda como: ( X ) ( X ) ( X ) i i i 1 e e 1 e 1 f ( x ) a b a b a b + + – + + = + = donde f ( x ) mide la probabilidad de ocurrencia del acontecimiento al que se le da valor 1 en la definición de la variable endógena. Así nuestro modelo medirá la probabilidad de que tenga lugar un periodo de crisis en un país y momento del tiempo determinados2. El análisis se centra en el periodo muestral que abarca la década de los 90 siendo la información incluida en el modelo de periodicidad mensual (excepto para aquellas variables que no disponen de este tipo de periodicidad). La fuente estadística utilizada para la obtención de datos ha sido el Fondo Monetario Internacional, sin embargo la información más recientes ha sido obtenida a través de la consulta de otras instituciones: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), O.C.D.E., Organización de Naciones Unidas (ONU), Universidad de Columbia, The Economist, Centro de Estudios BBV, Bloomberg y Latin America Consensus Forecast. 2 Vicéns, J. “Modelos con variables cualitativas dicotómicas”, Departamento de Economía Aplicada, Universidad Autónoma de Madrid. Según se ha definido el modelo, la variable endógena está formada por puntos muestrales correspondientes a periodos de crisis y de calma (que se asocian con el valor 1 y 0 respectivamente). Para detectar los episodios de crisis, se ha utilizado como criterio seleccionar aquellos momentos temporales en los que se produce un cambio brusco en el tipo de cambio nominal, en concreto cuando esta variación es superior al 10%. Por otro lado, los periodos de calma quedan definidos como el resto del periodo muestral que no es considerado episodio de crisis, sin incluir ni los seis meses anteriores (por considerarlos como el periodo en el que se está gestando una crisis) ni los seis meses posteriores (en los que los efectos de la crisis todavía permanecen en la economía) a una turbulencia financiera. Intentando equilibrar el número de crisis financieras y periodos de calma definidos en cada país y evitando así un sesgo hacia uno u otro tipo de datos, se han obtenido un total de 38 puntos muestrales, de los cuales 17 corresponden a periodos de turbulencias financieras que han terminado con depreciaciones de la moneda superiores al 10% y 17 a periodos de calma en los que el tipo de cambio se ha mantenido estable con ligeras variaciones (cuadro 2). CUADRO 2: DATOS MUESTRALES Y PERIODOS PAÍS PERIODO Variación tipo de cambio moneda/$ (*) PERIODOS DE CRISIS: Brasil 99 Ene – 99 Feb 24,56% Colombia 98 Sep 9,30% 90 Abr 12,18% República Dominicana 91 Ago 28,89% 92 Sep 25,53% Ecuador 98 Oct 12,59% 99 Mar 37,75% 90 Ago – 90 Sep 10,42% Guatemala 97 Ene 10,02% 94 Dic – 95 Mar 14,18% México 95 Nov 14,46% 98 Sep 10,32% Paraguay 98 Abr 9,20% 91 Abr – 91 May 12,50% Perú 91 Oct – 92 Oct 15,00% 94 May – 94 Jun 17,31% Venezuela 95 Dic – 96 May 48,30% PERIODOS DE CALMA: Argentina 91 Nov – 98 Nov 0,01% Brasil 94 Sep – 98Jun 0,55% Chile 90 Feb – 98 Dic 0,45% 92 Oct – 95 Jun 0,37% Colombia 96 Ago – 98 Feb 1,27% Rep. Dominicana 91 Sep – 98 Sep 0,26% 90 Feb – 92 Feb 2,77% Ecuador 93 Abr – 98 Mar 1,55% 89 Feb – 89 Jul 0,00% Guatemala 91 Abr – 96 Jun 0,32% 97 Ago – 99 Feb 0,76% 90 Feb – 94 May 0,43% México 96 Jun – 98 Feb 0,65% Paraguay 90 Feb – 97 Sep 0,61% Perú 93 May – 98 Dic 0,74% 90 Feb – 93 Oct 1,84% Venezuela 96 Dic – 98 Dic 1,11% (*) Periodos de crisis: para el caso de crisis que abarcan más de un mes, el dato se refiere únicamente a la variación del tipo de cambio nominal del primer mes en el que comienza la crisis financiera; periodos de calma: el dato se refiere al promedio de la variación del tipo de cambio nominal del periodo Nuestro esquema de trabajo ha sido el desarrollo de dos modelos. Un modelo estructural que nos permite medir el riesgo de crisis según la situación de los fundamentos de la economía, y un modelo coyuntural que mediante la utilización de variables a corto plazo, con una alta capacidad de adelantarse a las crisis, nos permitiera medir la probabilidad de que estas ocurrieran. Este planteamiento es nuevo y no conoce antecedentes similares, aunque la idea es simple ya que se trata básicamente de agrupar un modelo acorde al planteamiento de la línea “primera generación” y otro con la de “segunda generación” para unir sus resultados y definir finalmente una única estimación de probabilidad de crisis. V.1.-MODELO ESTRUCTURAL El modelo estructural se plantea desde la siguiente especificación general: y = f (TCER, DE, BCC, PIB,CREPR,CREPU) 1. TCER = Tipo de cambio efectivo real: Mide las alteraciones que se producen en el nivel de competitividad de un país respecto a otro tomado como referencia. Su cálculo se realiza a través del cociente entre la inflación del país y el producto del tipo de cambio nominal por la inflación de Estados Unidos, de tal manera que incrementos en el valor del TCER implican pérdida de competitividad del país provocados por una elevación de los precios del mismo respecto a los de Estados Unidos o una apreciación de su moneda que encarece sus productos respecto a los extranjeros. El ataque especulativo puede ser precedido, por un lado, de una pérdida de competitividad internacional debido a una sobrevaloración de la moneda nacional, y por otro, de una elevación de los precios nacionales consecuencia de un incremento de la demanda interna ante una política monetaria expansiva. Trasladando esto a la fórmula anterior se deduce que uno de los síntomas de los procesos de crisis viene definido por una apreciación del TCER en los periodos anteriores a que se produzca el crash financiero, por lo que la relación existente entre esta variable y la probabilidad de que ocurra una crisis debe ser positiva. 2. DE = Deuda Exterior: La experiencia ha demostrado que aquellos países con un alto endeudamiento exterior son más vulnerables y tienen una peor capacidad de defensa ante un ataque a la moneda. El grado de endeudamiento de un país se mide a través de la variable deuda exterior que se incluye en el modelo esperando observar una relación positiva entre ésta y la variable endógena. 3. BCC = Balanza por cuenta corriente: Otro de los indicadores utilizados para anticipar las crisis financieras es el déficit de la balanza por cuenta corriente, ya que un ataque especulativo suele ser precedido por un deterioro de la balanza por cuenta corriente que provoca desequilibrios en la balanza de pagos y reducciones en el nivel de reservas. Se espera, por tanto, que déficits continuados en la balanza por cuenta corriente de un país anticipan el riesgo de crash financiero. 4. PIB = Producto interior bruto: Un país en situación de deterioro económico y con pocas posibilidades de utilizar los mecanismos de ajustes de la política económica, tiene mayores dificultades de enfrentarse a un ataque especulativo de su moneda que otro que se encuentra en una situación de crecimiento, lo que le permite tener un mayor margen de maniobra para ajustar los desequilibrios económicos. Por ello, también se incluye en el modelo el crecimiento del producto interior bruto como variable de tipo estructural. 5. CREPR y CREPU = Crédito privado y crédito público: Se incluyen también variables de financiación del sector público y del sector privado, ya que un país con problemas de financiación, tanto públicos como privados, se verá más afectado ante cualquier perturbación financiera que otro con una cierta estabilidad crediticia. En concreto se utiliza el crédito al sector público y el crédito al sector privado, de manera que una evolución al alza de ambas variables es indicativo de una mayor probabilidad de crisis financiera. CUADRO 3: VARIABLES EXPLICATIVAS DE TIPO ESTRUCTURAL Variable Proxys Periodicidad Introducida en el modelo en: Tipo de cambio efectivo real TCER=(Inflaciónpaís/InflaciónEEUU*TC nominal) Mesual Tasas de variación Balanza por cuenta corriente BCC (% PIB) Anual Niveles Deuda Exterior Deuda Exterior (%PIB) Anual Niveles Producto Interior Bruto PIB Anual Tasas de variación – Crédito al sector público – Credito sector público / M2 – Crédito al sector prpivado – Credito sector privado / M2 – Niveles – Tasas de variación – Niveles – Tasas de variación Crédito al sector público Crédito al sector privado Mensual Mensual Las variables explicativas que han resultado ser estadísticamente significativas con este tipo de modelo han sido3: · Producto interior bruto en tasas de crecimiento interanual. · Balanza por cuenta corriente como porcentaje del PIB. · Tipo de cambio efectivo real en tasas de variación. Dependent Variable: ENDOGENA Method: ML – Binary Logit Sample: 1 34 Included observations: 34 Convergence achieved after 5 iterations Covariance matrix computed using second derivatives Variable Coefficient Std. Error z-Statistic Prob. C 0.663530 1.245534 0.532727 0.5942 PIB1 -0.565574 0.244491 -2.313271 0.0207 BCC -0.183976 0.168301 -1.093141 0.2743 TCER 0.606348 0.311649 1.945610 0.0517 Mean dependent var 0.500000 S.D. dependent var 0.507519 S.E. of regression 0.422218 Akaike info criterion 1.178678 Sum squared resid 5.348029 Schwarz criterion 1.358250 Log likelihood -16.03753 Hannan-Quinn criter. 1.239917 Restr. log likelihood -23.56700 Avg. log likelihood -0.471692 LR statistic (3 df) 15.05894 McFadden R-squared 0.319492 Probability(LR stat) 0.001767 Obs with Dep=0 17 Total obs 34 Obs with Dep=1 17 Aunque también se probó la estimación del modelo con la variable déficit público se decidió excluirla del mismo por su escasa aportación a la explicación de la endógena, ya que el estadístico z asociado al parámetro de esta variable (con un escaso valor) permitía aceptar la hipótesis nula de no significatividad. Lo mismo ocurrió con las variables que hacían referencia a la evolución crediticia del sector público y privado, cuya aportación a la explicación de la variable endógena es prácticamente nula. Los signos obtenidos en la estimación de los parámetros de las variables explicativas se corresponden con la teoría económica, es decir: · Producto interior bruto: signo negativo ya que a un mayor crecimiento del PIB disminuye el riesgo de crisis financiera; · Balanza por cuenta corriente: según la teoría deterioros consecutivos de la balanza por cuenta corriente anticipan una crisis financiera, por lo que el signo obtenido (negativo) es el correcto. 3 El paquete estadístico utilizado ha sido el SPSS 7.5 · Tipo de cambio efectivo real: tal y como se ha calculado esta variable, apreciaciones del TCER se corresponden con pérdidas de competitividad del país, ya sea por aumento de los precios o por una sobrevaloración de la moneda, situación que incrementa el riesgo de crisis financiera, por lo que el signo obtenido para esta variable debe ser positivo. Según el valor del estadístico z todas las variables salen prácticamente significativas (valores superiores a 1,94) a excepción de la variable que mide el saldo de la balanza por cuenta corriente cuyo estadístico z asociado toma el valor 1,09. Sin embargo esta variable se incluye en el modelo por dos razones: el estadístico z aunque no alcanza los niveles mínimos si está próximo a ellos; existe una amplia base teórica que justifica la aportación de esta variable al conocimiento sobre crisis financieras. Los coeficientes estimados reflejan un mayor peso de la v

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COMO AFRONTAR UNA CRISIS

Ante todo debemos entender que la palabra crisis, en el lenguaje chino, está compuesta por dos palabras : amenaza y oportunidad. Es decir ante una crisis siempre coexisten peligros y amenazas con oportunidades. Entonces es importante que estemos atentos a las amenazas que se ciernen sobre nuestro rubro de negocios, pero también es muy importante que estemos muy atentos a las oportunidades que harán que nos adaptemos al cambio, y así podamos sobrevivir y crecer. Morirán aquellos comerciantes, empresarios y profesionales que sólo pasan el día quejándose de cómo va mal todo, y no hacen ningún esfuerzo por adaptarse al cambio. Hasta fines de este siglo XX, el mundo seguirá adaptándose a los cambios que el desarrollo de la tecnología nos ha traído. Y decimos el mundo, pues la crisis que padece Argentina, en mayor ó menor grado, es paralela a la crisis mundial de reacomodamiento de los mercados, como consecuencia de la globalización de la economía. Sin embargo veamos los componentes de la crisis argentina : – Hay escaso crédito, y el que hay, aún es caro. Por lo tanto es una tarea urgente para las empresas de hoy, recomponer su capital operativo ; es decir sanear las deudas, gastar sólo lo que obtengo por ingresos genuinos sin pedir prestado, y guerra a los costos fijos improductivos (pero ojo, no caer en errores que hacen al servicio : recortar el café, ó fotocopias ilegibles, cuando muchas veces tenemos personal caro e ineficiente…..). Respecto del tema del crédito bancario, es importante puntualizar la crisis que vive el sistema bancario argentino que sería saludable ponerle fin : hoy tenemos en general, gerentes de escritorio en las sucursales. Cada vez que pedíamos un crédito nos preguntaban qué propiedades teníamos para avalarlo ; alguna vez , queridos lectores, ¿ les preguntaron a Uds. para qué proyecto querían el dinero, si el proyecto era viable tanto en rentabilidad como en competitividad, tiempos de recupero del capital invertido, etc ? No, seguramente no les han preguntado nada sobre este tema, pues hubiese supuesto que el gerente de una sucursal saliera de sus cuatro paredes para visitar a sus clientes, evaluar proyectos y asesorar en caso de que lo considerase necesario. Sin embargo y, tal como ocurre en los países más prósperos del mundo, algún día lo tendrán que hacer. – reducción del consumo y demanda de valor agregado por parte del consumidor. Los comerciantes y empresarios estaban acostumbrados a disponer del 100% de sus márgenes de utilidad. Ahora no sólo deberán trabajar con márgenes de utilidad más chicos sino que, si quieren competir con éxito, deberán disponer del 70% de éstos y con el 30 % restante, deberán “agregar valor” a sus productos y/o servicios, haciendo marketing creativo. – crisis en los mercados, en las cadenas de distribución y en los servicios. Respecto de las cadenas de distribución, es importante señalar que, la tendencia en el mundo, es a acortar las distancias entre el productor/fabricante de algo (productos y/o servicios) y el consumidor final. Entonces es dable prever una gran mortandad de mayoristas, aunque si se manejan con inteligencia pueden aún reconvertirse y sobrevivir. Es notable ver cómo miles de comercios minoristas no hacen nada frente al advenimiento de las grandes cadenas. Parece que se olvidaron de lo que hicieron hace ya 100 años nuestros abuelos inmigrantes, que se dedicaban al comercio : juntarse entre varios para poder comprar mejor, negociar mejor con los proveedores, de modo de obtener menores costos y poder trasladarlos a los consumidores. ¿Qué pasa con ellos ? ¿Nadie se da cuenta ? ¿Es tanta la mediocridad ? ¿Pueden tanto los celos y recelos como para impedir las uniones ? ¿Qué pasa con los líderes de las cámaras y de los sindicatos? ¿ Tanto nos cuesta pasar de la cultura inflacionaria a la cultura de la estabilidad que debemos afianzarla todos y cada uno de nosotros sin esperar recetas mágicas de ministros salvadores ? ¿ Tanto nos ha carcomido un sistema nacional de educación que hace más de 50 años está en permanente estado de deterioro ? Parecería que siempre estamos esperando el maná del cielo… Hace pocos días escuché por radio una encuesta a dueños de panaderías, donde se les preguntaba si, como consecuencia de la baja de precios internacional en el trigo, bajarían los precios del pan. Lamentablemente, contestaban que “nadie me ha comunicado nada”, ó “no he recibido instrucciones al respecto”. ¿Quién y qué deben comunicarles algo ?.Si ellos compran trigo un 20 % más barato, deberían hacer sus cuentas y trasladar el menor costo automáticamente al producto que venden. Debemos cambiar la cultura del yo no sé, por la de yo actúo. En un futuro próximo, los clientes/consumidores preferirán trasladarse a mayores distancias de sus hogares, si a cambio reciben variedad, servicio y buenos precios. (hasta que llegue con fuerza el e-commerce por INTERNET…). El cliente privilegiará el tener un estacionamiento cerca y seguro : si lo que compra, es en familia, privilegiará lugares con espacios de diversión para sus hijos, ó un lugar tranquilo donde tomarse un descanso apacible con una gaseosa, un café y quizá una rica torta casera…. El cliente privilegiará el sentirse seguro, antes, durante y después de la compra, tanto en los aspectos personales ( y familiares) como en cuanto a garantías por los productos y/o servicios adquiridos. El consumidor privilegiará la calidad del servicio que se le brinde, estará muy atento a la sonrisa forzada y la sabrá distinguir de la sonrisa genuina y con entusiasmo ; recordemos que no debemos vender, sino asesorar al comprador. También recordemos que él no compra cosas sino soluciones a sus problemas, ó lo que él percibe como beneficios de un producto ó servicio. El consumidor, por último, privilegiará sentirse libre para elegir, es decir que le muestren opciones, los beneficios y que él perciba que es él quien decide.

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LA NECESIDAD DE TENER UN DEPARTAMENTO EN LA EMPRESA DE ANALISIS Y PREVISONES A FUTURO QUE GOCE DE INDEPENDENCIA


Las entidades deben contar con departamento de auditoria externas de analisis de la organización y previsiones a futuro, lamentablemente se contratan a consultoras que poseen intereses en diversas empresas y accionistas que controlan el directorio de la misma y hacen negocios que llevan a la quiebra de las mismas esto es lo que le paso a LEHMAN BROTHERS. Las crisis económicos no pueden decir que son hechos imprevisibles.

La quiebra de Lehman y la venta de Merrill Lynch sacuden los mercados

La entidad, que operaba desde hace 158 años, anunció oficialmente su bancarrota. En tanto, Merrill Lynch, el tercer banco de inversión de EE.UU., será absorbido por el Bank of America. Ambas noticias repercutieron en las bolsas del mundo, que iniciaron la semana con grandes bajas. 

CAIDA. La quiebra se consideraba segura después de que ayer fracasaran las conversaciones entre las autoridades económicas de EEUU y representantes de las principales entidades financieras para encontrar un comprador.

La crisis financiera en Estados Unidos se profundizó hoy con la declaración de insolvencia de Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión del país, que solicitó ante un tribunal de Nueva York protección ante sus acreedores conforme a la Ley de Quiebras.

El consejo de dirección de la entidad tomó esta decisión después de que fracasaran las prolongadas negociaciones para encontrar un comprador que evite la quiebra. 

Lehman Brothers, que operaba desde hace 158 años, se convierte en el tercer banco de inversión que desaparece o cambia de manos en seis meses en EEUU, después de que en marzo Bear Stearns obligara a intervenir al departamento del Tesoro y anoche Bank of America comprara Merrill Lynch por cerca de 50.000 millones de dólares.

En forma paralela trascendió otro dato que impactó en los mercados: el tercer banco de inversión de Estados Unidos, Merrill Lynch, será absorbido por el Bank of America por unos 50.000 millones de dólares en acciones.

Ambas noticias sembraron el pánico en las bolsas del mundo, que iniciaron la semana con estrepitosas caídas, mientras los bancos centrales y autoridades financieras manifiestan su disposición para intervenir en favor de la estabilización de los mercados. 

Los diez mayores grupos bancarios del mundo acordaron entre tanto un paquete de 70.000 millones de dólares de ayuda mutua para afrontar una crisis de liquidez.

El panorama financiero de Wall Street quedó así drásticamente transformado: sólo quedan dos bancos de inversión independientes – Morgan Stanley y Goldman Sachs- contra los cinco que operaban hace apenas seis meses.

La prensa estadounidense anunció entre tanto que el American International Group (AIG), una de las mayores aseguradoras del mundo, es la próxima víctima del drama de Wall Street. 

AIG solicitó con carácter de urgencia a la Reserva Federal de Estados Unidos un crédito puente de 40.000 millones de dólares para evitar la amenaza de una rebaja en la calificación de sus activos, según el diario “The New York Times”.

Si las agencias calificadoras de riesgo degradaban la nota de AIG, la compañía “tendría sólo entre 48 y 72 horas de vida”, según un experto citado por el periódico.

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RELACION ENTRE EL EMPRESARIO, EL EMPRENDIMIENTO, EL EXITO Y LA ACTITUD POSITIVA

Desde el ensayo de Ralph Waldo Emerson ¨LA CONFIANZA EN UNO MISMO¨ -siglo diecinueve- se tomo conciencia y se comprendio cuan importante es para las personas creer en si mismo, en su fuerza, en su fortaleza, el la capacidad de lograr lo inalcanzable, en esa fe innata que puede logra lo que se proponga.

En el tema que nos ocupa debemos tener en claro que el gran desafío es llevar un negocio rentable. La rentabilidad es el objetivo. El manejar una empresa presenta otro reto, y es el de mantener una actitud muy positiva siempre, aun en los momentos difíciles.

Podemos contar con los mejores productos y servicios, el mejor equipo de asesores de ventas, una publicidad excelente y, sin embargo, si se vienen abajo las ventas nuestra actitud puede derrotarnos. Muchas empresas llegan hasta el límite de irse a la quiebra sencillamente por la actitud negativa de sus líderes.

La actitud positiva es una disposición que se genera en nuestro interior para afrontar los retos que nos trazamos y de cuyo desarrollo somos responsables.
Cada uno de nosotros, todos los días, cada hora, cada minuto, cada segundo, somos arquitectos de nuestra propia actitud para los negocios, especialmente de la actitud con la que nos enfrentaremos a esos momentos en los que los negocios no van bien.
LA DISPOSICION POSITIVA ES QUE:
- Retomemos los informes financieros de los últimos cinco años (si el negocio tiene más de ese tiempo, si no, los años y meses que tengamos disponibles) y elaboremos una investigación para reconocer cuáles son los días y meses mejores y en cuáles necesitamos concentrarnos.
Por ejemplo: Si comparamos, revisemos si los ingresos se han mantenido igual, si es así luego revisemos las ventas día por día, por ejemplo, el lunes de cada semana, y veamos si se han mantenido constantes. Si eso es cierto podemos empezar a sacar conclusiones. Cómo es el mes y en qué días tenemos que esforzarnos mucho más. Eso nos permitirá saber la cantidad de personal que debemos tener y qué días, cuándo comprar más producto y cuándo no hacerlo. Esto hay que hacerlo mes por mes. Si nosotros sabemos cómo actuar cada día del mes y cada mes del año y nos preparamos para afrontarlo, eso mantendrá nuestra actitud positiva.

- Si el caso es que los meses iguales reflejan ingresos diferentes, hay que estudiar las causas que propiciaron un incremento o decrecimiento de las ventas. Saber las causas nos ayudará a saber qué hacer y a tener planes de acción de emergencia. Cuando una situación aparezca de improvisto, no nos tomará con los brazos cruzados. Una actitud positiva se fortalece cuando sabemos lo que tenemos que hacer siempre. Tener un plan nos ayudará a que la actitud sea exitosa.

- Con esta información debemos hacer un FODA (son las iniciales de Fortalezas – Oportunidades – Debilidades – Amenazas).
HAGA una lista de todas las fortalezas que tiene nuestro negocio. Por ejemplo: ofrecemos productos de primera necesidad, tenemos el liderazgo en ventas, etcétera. Esto depende de nosotros y de lo que hacemos con nuestro negocio.
Luego elaboremos una lista de las debilidades que tiene el negocio. Un ejemplo puede ser que pagas un local muy caro. Esto también depende de nosotros y de lo que hacemos con nuestro negocio.
Continuemos luego con las oportunidades que podría tener el negocio. Un ejemplo de ello puede ser la diversificación de productos que podríamos llegar a ofrecer. Esto no depende de nosotros directamente pero podemos convertirlo en una fortaleza.
Por último, revisemos las amenazas que el negocio pueda llegar a tener con las cuales podemos llegar hasta a perderlo todo. Un ejemplo real de ello es el incremento en los precios de los productos derivados del petróleo. Esto está fuera de nuestras manos, sin embargo debemos mantenernos alerta.
- Debemos hacer también una encuesta a nuestros clientes más frecuentes y preguntarles por qué hacen negocios con nosotros, qué les gustaría que hubiera nuevo, qué deberíamos cambiar, etcétera. Hagamos una lista de sus recomendaciones y reflexionemos sobre ellas. Posiblemente no en todo tengan la razón, pero encontraremos en sus opiniones excelentes recomendaciones.

- Luego de tener el FODA y la encuesta a los clientes, hay que empezar a elaborar planes de acción. Si nuestro negocio tiene cosas muy buenas, lo que debemos hacer es ser creativos para fortalecerlas. Sobre las cosas que no están caminando bien y debemos hacer algo, debemos ser innovadores.
Para mantener siempre nuestra actitud positiva en los negocios, aun cuando las cosas no caminen bien, es necesario estar preparados. Te invito a que leas el artículo “Cómo desarrollar la actitud positiva” en el área de desarrollo personal y empresarial.

- El éxito siempre estará en la decisión que tomemos sobre nuestra actitud. Recordemos que cada uno de nosotros, todos los días, cada hora, cada minuto, cada segundo, somos arquitectos de nuestra propia actitud para los negocios.
Si necesitas apoyo, consejos y/o ideas para fortalecer y desarrollar tu actitud positiva, escríbenos con toda confianza, estamos para apoyar tu desarrollo humano y empresarial.

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