Integros, ¿seremos?
Se miran a los ojos totalmente concentrados y fascinados de haber encontrado a esa pareja ideal de charla que nos encanta encontrar cada tanto, que es ideal no porque sepa más que uno, ni porque nos diga todo que sí sin opinar, ni porque sea abierta al diálogo y opine diferente, sino porque opina exactamente igual que nosotros y no va a cometer el error de contradecirnos en algo (nosotros tampoco lo haríamos con él o ella) porque quebraría el lazo que nos une en ese momento generando incertidumbre de si realmente puedo confiar mis ideas a esa personas. Las ideas en el mundo de hoy son gigantes de pies deformes pero bellos, bellos porque los amoldan según sus gustos y no hay dos deformidades iguales, por supuesto que hay gente que intenta una copia barata de esas deformidades porque no se atreve a tener la propia pero esas no son ideas, esas son imitaciones al más puro “made in china”; estas ideas cotizan tan alto en la bolsa de valores (valores humanos por supuesto) que se arman guerras en torno a eso y a una persona con fuertes ideas, bien arraigadas independientemente de si bien fundamentadas, se le puede conceder un premio en dinero y un prestigio entre naciones. La discusión de ideas en nuestro mundo no existe por miedo, a que nos roben nuestras ideas, a que nos contradigan nuestras ideas y tengamos que admitir que estamos equivocados, a que nos den otra idea que nos guste más, pero sobre todo a que demuestre que no tengo ideas, por eso en este diálogo matutino entre dos almas idealisticamente casi gemelas los puntos de choque no se tocan (y claro viste, el miedo a uno mismo asusta).
- Y digame, Don, hablando de esto y de aquello, ¿Ha visto usted la inminente catástrofe social que estamos por vivir?
- ¡Pero por supuesto joven! Todos los expertos del mundo hablan de eso, en la revista Ciencie editada en Londres ya hablaba Sir Richard Bontelfiend acerca de la pragmatización de las costumbres al punto de tirar una hipótesis de una sociedad basada en costumbres puramente prácticas y productivas del punto de vista consumista.
- Pero claro, ¿Bontelfiend dice? Yo vi hace poco el congreso que se hizo en Europa a través de Internet, el congreso este que se arma cada tantos años donde se juntan economistas de todo el mundo, premios noveles, etc. Y se discutió acerca de un cambio en lo que es la economía mundial y todos los países aceptaron destruir países solo por mantener la economía de los bancos.
- Y si, y si… y eso es lo que leen nuestros hijos, o nietos en mi caso y conviven con ideas de que el dinero es lo más importante, igual discúlpeme si opina distinto pero para mi el problema va por otro lado.
- ¡Pero por favor! No me pida disculpas, estas charlas sirven exactamente para esto, ¿por donde dice usted que va?
- Por el lado de las nuevas formas de comunicación.
- ¿Celulares, Internet…?
- No, más viejo, teléfonos, televisión… usted me entiende.
- Si si, concuerdo, pero explíqueme un poco más. – Dijo cruzándose de brazos e inclinando su cuerpo hacia la izquierda, apoyándose sobre su pierna izquierda.
- Y mire, estas formas de comunicación deberían ser medios no formas de vida. Porque cuando se convierten en formas de vida pasamos a entender que el mundo debe ser así, y ahí ya nos olvidamos del factor humano.
- Pero claro, y mire Don si no será así que hay gente que no come por hablar por celular o chicos que no tienen amigos por vivir su amistad a través de la red.
- Es que esa red aparece por esta forma de ver el mundo hipercomunicado. – Su saco de abuelo y su boina tapando sus canas sumadas a sus manos cruzadas detrás de la espalda y a su sonrisa amable daban la clásica imagen del abuelo perfecto.
- Claro, claro. El problema es que esto ya esta metido en la cabeza de los chicos. Ahora se nos viene un lío jodido con jóvenes que no saben que quieren y solo buscan ser engranajes de un motor, salir a bailar y fumar marihuana.
- ¿Y usted que opina del consumo de marihuana?
- ¿Yo? Este… depende, creo que no está tan mal pero en exceso no sirve.
- Y no, en exceso nada sirve, pero se da cuenta que esto de la marihuana se viene dando hace rato, el problema ahora es que sea tan aceptado, pero es muy claro porque pasa esto.
- ¡Si! Eso quería decirle, ya los mayas lo decían – sus ojos se abrían claramente en dirección a su interlocutor con esa ansiedad de querer largar el maremoto de conocimientos – estamos en un ciclo que ellos denominaron culminante, es como que la humanidad va por ciclos según ellos.
- Ah! No conozco el tema, cuénteme más
- Claro, los Mayas tenían un calendario en el cual la vida de la humanidad se dividía en ciclos, cada ciclo de aproximadamente 5000 años al final de los cuales se comienzan a ver señales de este fin, las naciones fuertes la sobreviven y las débiles no, nosotros estamos llegando a ese final y probablemente lo vivamos, es todo el tema del 2012.
- ¿Pero usted cree en esas cosas del 2012? ¡No me diga que cree en eso!
- No por favor, solo le digo que de ahí nace eso. – Dijo mientras se rascaba la barba candado que cubría su cara.
- Porque vio esa paranoia me parece de cuarta, ya cuando curse mi postgrado en Harvard la gente de allá comenzaba a tener este tipo de paranoias
- Claro, en esa época comenzó, si aca también en las facultades se escucha eso, pero lo de los Mayas ha sido corroborado por científicos de todo el mundo y coincide con la desaparición de muchas civilizaciones como Egipto, Machu Pichu, las ruinas de Bolivia, etc.
- Claro, es que se nota que estamos llegando a punto límite, estas cosas de las catástrofes en EE.UU. en Nueva Orleáns con el huracán Katrina o el terremoto en Haití y Chile.
- Bueno pero esas son catástrofes naturales, lo que los Mayas dicen va más asociado a la civilización como…
- No si si, a eso quería llegar claro, pero esas cosas también las causamos nosotros con nuestras malsanas costumbres contaminando el planeta – Sus manos de repente pasaron hacia adelante sosteniendo frente a sus pies el bastón que venía cargando con sus manos en la espalda.
- Exacto, bueno usted me entiende, no tengo que explicar tanto, el tema es a donde iremos a parar.
- Que problema che.
- Y si, porque nosotros estamos cómodos, quizás no tengamos que vivir el lío pero nuestros hijos…
- ¡Manuel! Veni baja los cajones que se esta llenando de clientes. – se escucho de lejos.
- ¡Voy patrón! – dijo Manuel gritando como para que lo escuche su jefe que bajaba los cajones de frutas de la camioneta – ¿me disculpa un segundo Don?
- Faltaba más – dijo el abuelo y se dispuso a mirar que comprar – ¿A cuanto el kilo de mandarinas? Que sean blandas que me anda doliendo la mandíbula.
Manuel de lentes de sol “sport” y rastas en la cabeza, con su mameluco manchado bajaba las cajas de frutas de la camioneta y se rascaba la barba riéndose con su jefe que lo había contratado hace poco porque vino a pedirle si no tenía fruta que fuera a tirar para darle a su hijito. Manuel no supera los 24 años y vive en un barrio cualquiera, de un país cualquiera. El abuelo (cuyo nombre no recuerdo) de unos 80 años, bastante bien conservado, y con una pequeña encorvadura hacia adelante miraba con una sonrisa las frutas, sonrisa quizás causada por una satisfactoria vida, aunque quien dice si satisfactoria por conformarse o por realmente haber quebrado la brecha entre decir únicamente y respaldar con acciones lo que decimos.
- 2 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Sarpadamente real ! Me encanta. Estudiaste literatura? Repito, me encanta.