Doce y cincuenta y cuatro de ese tedioso miércoles húmedo

Eran las doce y cincuenta y cuatro de ese tedioso miércoles húmedo, en una Córdoba Capital cuyo clima los últimos años era demasiado loco y ciclotímico para mi gusto. Pleno febrero y una temperatura que te daba frío pero que al mismo tiempo te ponía pegajoso de la humedad. Dentro del Banco (el prestigioso Banco Nación, que de prestigioso tenía unas divertidas puertas giratorias) había la usual cola del mediodía, llena de cuerpos que habían olvidado pagar facturas con vencimiento, de gente que aprovechaba, y de cadetes que llevaban pagos varios. En mi caso yo era uno de estos últimos, un cadete.

Los cadetes generalmente son despreciados, (bah, “despreciados”) son rebajados de su verdadera labor. El conocimiento general le da muy poca importancia al cadete, así como también tiene la misma actitud con el obrero de la construcción, y con los músicos instrumentistas del cantante solista. Yo, cada vez que paso por una construcción o edificio gigante, me imagino a los obreros que han hecho eso y no al arquitecto, y pienso para mi mismo “artistas, verdaderos artistas”. Había comenzado mi carrera de música hacía ya dos años y estaba trabajando de cadete para poder pagarme los instrumentos, aunque últimamente mi principal preocupación era poder pagar algunos gastos simples como salir a comer o tener para tomarme un licuado en la facultad. Monetariamente el trabajo me llenaba pero sabía que no era algo para siempre, justamente por eso lo había aceptado, porque, créanme, no tiene nada de poético pagar cosas y hacer trámites.

Estaba entrando al Banco Nación, me metí en la cola que hacia un rodeo al más puro estilo víbora de los jueguitos de celular que dibuja una “S” para alcanzar la fruta. La cola estaba llena de gente que miraba a todos lados, como buscando algo pero en realidad disimulando su aburrimiento y sus verdaderos pensamientos. Alguna que otra pareja de amigos charlando y por supuesto los personajes principales del Banco: Los policías. Dentro de ese ambiente de sonidos de máquinas electrónicas viejas, teléfonos, charlas en voz baja, pisos poco limpios, luz de un foco viejo y sin limpiar y un aroma a limpio que casi te hacia sentir que todo estaba sucio se puso detrás de mío un hombre. Al principio no lo miré, pasé un vistazo simple y noté que era lo suficientemente alto como para que yo no fuera más que un estorbo para sus piernas.

Estaba absorto en mis pensamientos cuando de repente el hombre me habló, con un terrible acento Bonaerense trucho, y una voz y un aroma de fumador bastante activo, aunque con ganas de dejarlo.

-      Perdón, ¿esta cola es para hacer pagos también?

-      Si si, hasta donde sé el primer piso es para hacer otras cosas, como depósitos en cuenta corriente, y para cuentas propias.

-      A bueno perfecto, vengo del médico y me mandan a pagar unas cosas acá, que molestos que son. – Decía con una pesadumbre, con un “embole” le diríamos acá.

-      ¿Y no se puede pagar en alguno de esos locales donde te reciben pagos de todo tipo? Vio, como son privados son más rápidos jajaja.- No se porque me reí, no era nerviosismo, sino unas ganas de animarlo totalmente inconcientes.

-          No no, Banco Nación exclusivamente.

-          A bueno, a esperar.

-          ¿Cuanto tiempo nos falta? ¡Como una hora! – Se notaba que su negatividad era fruto de una molestia que dudo haya sido intestinal

-          No, ¡van rápido acá! Veinte minutos como mucho.

Feliz de poder haber hecho notar mis conocimientos recién adquiridos en materia de pagos me debatía orgulloso en la fila sin pensar en nada más que en ese momento cuando de repente me comenzó a hablar de nuevo.

-          Yo vengo del médico, vengo de hacerme unos chequeos para sacar el carné, como todos los años. ¡Tengo un hambre! Hace de las cuatro de la mañana que estoy haciendo cosas – Dijo el hombre, pisando el suelo fuerte con un pié, recuerdo de un berrinche de niño pequeño, y mirando al suelo y luego arriba, buscando eso que sabe que no está.

-          ¡Bastante! Y que, ¿para el carné hay que hacer chequeo médico? – Preguntaba para sacar charla, mejor esperar acompañado de una banal charla que mirando el techo.

-          Es para el carné de camiones, se tiene que sacar todos los años, pero es al pedo. Uno labura años en un camión, se rompe el cuerpo laburando y luego lo mandan a hacer un chequeo y te rechazan de todos lados por la edad, por problemas de espalda que, ¡ellos crearon! Es una locura – Sus pisadas en el suelo eran más fuertes y más débiles al mismo tiempo, se le notaban unos ojos color miel que hacia mucho que no lloraban, pero que hacía un tiempo parecido que querían hacerlo.

En ese momento fue cuando lo vi más detenidamente. Debe haber tenido 1,80 metros de altura, casi como mi viejo, canoso, afeitado pero se notaba que de una barba dura que ninguna máquina de afeitar podía vencer del todo, ojos chicos color miel, manos grandes y con marcas del tiempo y una dentadura muy correcta. En sus ojos había una tristeza terrible, pero una tristeza que no era una bronca momentánea ni una melancolía de los años, era una bronca fuerte, con bases y fundamento, con líneas escritas posiblemente en su dolor de espalda y en sus manos marcadas.

Las manos marcadas me hacía acordar a mi. Mis manos son manos raras según me han dicho. Están llenas de cicatrices de tanto usarlas, cortes, esguinces, pedacitos de piel que se salen por estrés, uñas mal cortadas, lastimaduras varias y manchas de tinta de un escritor frustrado. Sus manos olían a mecánico, olían con los ojos digo, porque no emanaba ningún tipo de olor de esos que se pueden sentir con la nariz y saborear con la parte de atrás de la boca.

En ese momento me di cuenta de que el hombre necesitaba hablar, quizás por aburrido como yo, o quizás para descargarse, eso en realidad no importaba. Me decidí a darle charla ¿Qué cosa mala podría pasar? Que pregunta tan justificativa que nos hace tan soberbios de no querer admitir que en realidad tenemos ganas de hacerlo.

-          ¿Y usted hace cuanto es camionero? – Empezaba a ver como me iba a molestar el cuello de hablar y mirar para arriba.

-          Hace treinta años ya. Pero es un trabajo de mierda. Te pagan mal, tenes que cumplir horarios, creces y ya no te toman en ningún lado, pretenden que vos labures toda la noche y duermas durante el día, que no pares a comer ¿Vos comes?

-          Si.

-          ¿Vos dormís?

-          Y si…

-          No hace falta decir más. Si no te dejan vivir como un humano, si no te dejan hacer esas cosas sos un esclavo. Uno dice “a la mierda” para en el camino, come, duerme y sigue pero luego pretenden que uno sea un abogado no un caminero. Empiezan con las leyes, hablan, critican, exigen, pero a la hora del pago hacen lo que quieren.

-          Complicado, no sabía que era tan así.

-          Es muy complicado, ¿sabes porque no usan robots acá? Porque no hay, sino tendrían robots manejando – Un casi esbozo de humor

-          Totalmente – Dije sin poder reírme, aunque gracioso hay normas que lo impedían.

-          Es una basura, uno les da todo, les da TODO y se cagan en vos. – Los suspiros eran más constantes, las miradas a los alrededores luego de alguna confesión como esta, más fuertes.

-          Claro, ¿y como trabajan? ¿Con empresas?

-          Si, con empresas. Yo he tenido otras opciones pero yo no puedo vivir encerrado, me gusta mucho viajar, no podría vivir sin viajar. Si hubiera sido un pibe inteligente hubiera comenzado de joven y tendría mi propia empresa, en tres añitos no tendría que laburar más.

-          ¿De donde es usted?

-          Villa María, acá cerca.

Lo que me decía en un principio me pareció carente de profundidad, pero cada vez que se quejaba, que miraba para todos lados evitando ponerse mal sentía que en realidad me estaba contando quien era él. Años de camionero, un gusto enorme por viajar lo habían llevado aparentemente a elegir una profesión de vocación que al día de hoy no lo llenaba. La charla se continuó sobre camiones un rato más, sin más que datos acerca de porque no debía incurrir en ese negocio y de múltiples quejas sin sentido, por lo menos para mí.

En un momento sentí un giro en la conversación. El hombre cambió un poco su mirada y sus gestos, estaba más tranquilo y la charla siguió.

-          Uno elije algo porque le gusta pero sin plata acá no sirve. No sirve no ser vivo. Parece que acá hay que estudiar, usar la cabeza y vender la cabeza para tener plata y poder vivir tranquilo, Porque uno ya es grande y si no le surge trabajo como a mí, y tenes una familia no te sirve, ¿me entendes?. Yo tengo una familia. Yo laburo desde pendejo, cuando tenía catorce años comencé en un taller y estudiaba mecánica a la noche. Tendría que haber seguido estudiando. Yo le banqué la carrera a mi hermano y el en un par de años se recibió, y ahora esta a años luz de mi. Igual con amigos míos que estudiaron medicina y que no tenían un peso, y ahora tienen tanta guita que me ven por la calle y no me saludan. – decía el hombre con una fuerza interior desgarradora

-          Que triste. Pareciera que si uno no estudia computación hoy en día no tiene trabajo, no podes hacer lo que te gusta.

-          Ojo, que yo conozco un anestesista que ahora labura re poco y tiene más plata que todos los que están en el banco juntos. Pero conozco otro anestesista que no puede llegara fin de mes, y hace teatro en la ciudad de las artes para distraerse de la locura del hospital. Hay que ver por donde uno se mueve.

Estas palabras me dejaron en silencio por un segundo. Algo tan poco importante en mi vida como la plata de repente era conceptualizado de otra manera. Tantas veces que repetimos muy románticamente que queremos hacer lo que nos gusta y nos olvidamos que en este mundo tan capitalista la plata es muy necesaria. Sin darse cuenta este hombre me estaba dando una filosofía de vida, que me tocaba tan de cerca por estudiar música, con una esperada vida de ganar poca plata. Explicaba en sus palabras simples un mundo al que estamos tan acostumbrados que nos olvidamos de él, en donde la mente es el principal capital, en donde ser uno mismo no es redituable, en donde el trabajo corporal y honesto no sirve o es mal pagado como a mis obreros de los edificios que veía. Me sentí tan tocado, tan cercano a ese concepto que no pude más que contarle de mí, porque sentía que él me había dado tanto.

Su comparación intelectual entre un anestesista y una persona que estudia computación me pareció perfecta. Explicaba como uno puede hacer lo que pareciera ser una fórmula secreta del éxito pero que conlleva un trabajo contextual enorme, que puede llevar esa fórmula al éxito, o al rotundo fracaso de las clases de teatro.

-          Lo entiendo, yo estudio una carrera que la elegí porque es lo que siento, es lo que me llena, por ahí lo importante es, al final del día, estar contento con uno mismo. – Dije queriendo hacerme el filósofo. Tantas veces con amigos y gente he demostrado mis conocimientos y seguridades pero ahora me sentía tan chico.

-          ¿Que estudias pibe?

-          Música. Es sabido que es posible que me cague de hambre pero bueno.

-          Pero cuidado, ahí hay que tener en cuenta el talento, hacia donde te puede llevar eso, y tener una estrella en la cabeza. Además como te dije, hay que ver como jugas con tus cartas, o a quien se las das para que las juegue. – Su seguridad al decir esto era contrastante, chocante, tan cierta.

-          Si, lo sé. Igual es sabido que aquel músico que hace plata es el que hace lo que la gente quiere oír, para vender, no te dejan ser vos mismo. –Dije queriendo hacerme el oyente que no oye nada nuevo.

-          Depende de cómo uses la cabeza, al final de todo cualquier cosa te puede dar mucha plata para vivir tranquilo, tenes que rebuscártela. – Formulas de éxito inexistentes.

Al haberme confesado me sentía un tonto, queriendo demostrar que yo tenía algo en claro cuando en realidad él era el del conocimiento y yo un simple alumno. En sus palabras había seguridad, había sabiduría de años. Aunque la charla era simple, y sin muchos altercados poéticos, tenía una gran profundidad y luego de varias frases me dejaba pensando. ¿Qué es lo que yo estoy haciendo con mis cartas? ¿Cuántas veces les he dado la oportunidad a otros de que crezcan? ¿Qué soy yo y que hago yo conmigo mismo? Cuantas veces la vida nos da oportunidades y talentos que desperdiciamos por mirar una serie de televisión. Me retorcía en mis palabras. “Estar contento con uno mismo”. ¿Estaba yo contento conmigo mismo? Tanta verdad junta a cualquier persona aburre, o abruma, pero a mi me dio una curiosidad terrible. Con una pesadumbre que seguía en su entrecejo y en sus ojos el hombre me explicaba de sus historias, de su vida, y en un momento, ya a tres cuartos de terminar la fila surgió un tema, una palabra, una frase gigante. En su inmensa experiencia de vida encontraba las palabras que yo buscaba en Cortazar o en Neruda. Cuanta realidad creemos que vemos cuando en realidad vemos tan poco. Cuantas vidas enormes hay a nuestro alrededor. En esta vida la plata es un medio, se repiten muchos, pero en realidad la plata es nuestra forma de simbolizar el trabajo, de dominar al otro, de mover al mundo, de ser y de hacer. Uno hace con su vida lo que quiere, pero cuantos de nosotros somos el anestesista que, frustrado, asiste a clases de teatro. Cuanto de fuerza de voluntad, de inteligencia y de picardía había en el anestesista que triunfó, y cuanto de suerte. Todo apuntaba a lo mismo, la vida es una, y no sabemos si nos equivocamos hasta que no nos dejan hacer más viajes en el camión. Al haber pensado esto fue que le dije:

-          Entonces supongo que en el único momento en el que vamos a saber si hicimos bien o no va a ser cuando se acabe.

-          ¿Cuándo se acabe que?

-          La vida.

-          En ese momento somos todos iguales, no hay yate ni plata que valga. En ese momento lo que vale es estar tranquilo.

Cuantas vueltas tenia este filósofo de la ruta. Una frase que pretendía ponerme a su nivel me llevaba a mirarlo como el chico que veía a su superhéroe. Cuando se acaba la vida sabremos, la vida se acaba muchas veces. En cuantos de esos finales estaremos tranquilos y en cuantos no. Estar tranquilo es algo que se repite mucho, pero que yo pienso es inalcanzable para muchos. Pareciera que estar tranquilo es el privilegio de los que ignoran, por no llamarlos ignorantes. Yo era (soy) un ignorante que estaba tranquilo hasta el momento en el que hablé con este señor, el cual ignoraba muchas cosas, como idiomas como tantas veces dijo, o computación, pero no ignoraba la vida. La vida va más allá de las páginas de un libro, de una computadora, de las zapatillas nuevas y de la pelea con tus hermanos. Últimamente estaba entendiendo que la vida era algo que no tenía que ver con lo que vemos, sino que tenía que ver con ser feliz. Parece simple, se repite en muchas películas, pero nunca hacemos nada porque sea así. Nos quedamos en el lugar donde nacimos, trabajamos hasta morir, morimos por no tener que trabajar, gastamos y vemos películas soñando salir disparando para todos lados. Somos presos de nuestros sueños, nos dejan la puerta abierta de la cárcel para poder salir, pero no siempre salimos de la cárcel por miedo a morirnos de hambre. Si uno en la vida tiene una mansión puede morir triste. Si uno en la vida tiene una familia feliz, puede morir feliz. Sin embargo una familia difícilmente puede ser feliz si no tiene un techo. Tan difícil es ser uno mismo en un mundo así.

-          Es tan difícil ser uno mismo en un mundo así – Repetí en voz alta. El hombre se acercaba para oírme, interesado

-          No pibe, el mundo no es así, es la sociedad la que es así – Sociedad, mundo, ¡es lo mismo! – Esta sociedad Argentina es así, si vivieras en un país como la gente no sería así, como Estados Unidos, o París, o Alemania.

-          Claro… – Mi sorpresa era inmensa, me había equivocado. Si, Argentina era el problema, desdichados de nosotros.

-          Decí que no naciste en Bolivia ¿no?

Mi silencio, mi mirada al suelo decían todo. Me había dado tanto para pensar. Me sentí tan tonto por haberme equivocado dos veces. El mundo no es los pocos barrios que uno puede conocer, el mundo es algo más enorme y rico, el mundo es algo desconocido para casi todas las personas que creen que esta frase es muy obvia. Imaginar cosas que no podemos imaginar, costumbres que creemos imposibles y oportunidades en una sociedad que no margina por querer superarse es casi de novela. El mundo es todo aquello que no sabemos y lo que sabemos es solo un zócalo sucio en la vereda de un vecino que se preocupa más por su ropa que por su casa. Tantas veces tuve la ignorancia de decir que conocía al mundo “El mundo es una mierda” “El mundo no tiene oportunidades” “El mundo es injusto” “El micro mundo explica el macro mundo”. El mundo es algo que no sabemos que es, creemos saberlo por la televisión y las múltiples películas e información en Internet. Una foto de un paisaje Africano es solo la imaginación de un camarógrafo que olvidó tomar una foto de la pradera de al lado, del Mc Donalds de la capital de Sudáfrica, del viento en la cara que, estoy seguro, debe sentirse distinto al de Córdoba y de vibración de la tierra bajo los pies. Cuando alguien visita tu mundo se fascina, y uno no entiende porque, y es porque el hombre es un cuaderno en blanco, que no existe desde que nace, sino que existe a medida que uno lo llena de cuentos, recortes, dibujos al margen de página, frases pegajosas sacadas de un cuento de un escritor aficionado y fotos con olor, sensaciones y McDonalds del mundo. No somos nada, por lo menos hasta morir.

-          Claro, las oportunidades están afuera – Dije, demostrando que le entendía.

-          Mira, las oportunidades están en Argentina, hay que saber buscar, yo recorrí toda la Argentina, y te puedo decir, hay trabajos en el sur muy bien pagados, que te pueden llevar a Estados Unidos, o a Perú. Sino te queres ir lejos acá nomás en San Luis hay muy buenas oportunidades, acá no se puede, acá es todo un curro, todo es por beneficio propio.

-          Entiendo, yo quiero seguir mi carrera en Buenos Aires el año que viene

-          Aja

-          Tenia pensado…

-          No, no lo pienses, ahí cagáste. No pienses, hacelo, si uno lo piensa se queda pensando y no hace nada.

Cuando uno es un deportista que corre rapidísimo, que es conocido por correr y te dicen “no corras ahora, te vas a lastimar si corres todo el tiempo, camina” Uno se siente ridículo, se siente que lo que uno pensaba servía para todo no es así. Yo soy un deportista cuyo deporte es pensar, analizar, entender pero el hombre tenía razón, hay una razón por encima de nosotros que se encuentra en la naturaleza, y se puede ver claramente en los charcos de agua perfectos, que no piensan, hacen, son.

-          ¿Qué edad tenes?

-          Diecinueve

-          Sos pendejo todavía, yo tengo cuarenta y siete años. Comencé a viajar porque me divorcié y me quitaron todo y necesitaba terapia. Ese problema ya está solucionado, pero ahora tengo miles de otros problemas con que estoy perdiendo el trabajo, con que tengo un nenito de cinco años, con que llego los fines de semana y me peleo comí mujer porque uno se acostumbra a una vida solitaria. Pibe, no te metas en problemas en la vida, mis hijos no me escuchan pero no te metas en problemas, alejate de ellos, busca soluciones, soluciona tus problemas y evita los que puedas evitar. Si queres crecer andate del País, ¿A dónde queres llegar vos? – Su seguridad lo hacia ver como si fuera alguien a quien quisiera muchísimo.

-          Lejos, muy lejos – Confesé

-          Entonces andate, soluciona ese problema, rebuscátela.

Era casi el final de la fila, sus palabras eran tan inspiradoras, tan reales, tan concretas. Alejarse de los problemas, sean cuales sean parece ser una buena fórmula. No pelearse a la salida de un boliche, no tener amigos conflictivos, no tener problemas con las personas, y aquellos problemas que no tienen solución, como no poder crecer, solucionarlos. En estos momentos mi orgullo nacional se hacía añicos, al fin y al cabo: ¿Qué es un país? Invención humana, creemos que defender un país es defender a nuestros hermanos, a una familia, porque la familia no se elije. “Olvidate de tus viejos, los míos me dejaron cuando crecí, ahora tengo un hermano y de pedo, crece, hace la tuya pibe, no te olvides de los demás, pero buscate a vos también” Me dijo el hombre para rematar. Yo le dije que no era muy apegado a mis padres, así que en ese sentido no había problema. Un país entonces es una familia, familia cuyos padres rotan cada algunos años pero uno piensa, uno puede nacer en cualquier país. Si uno hubiera nacido en Angola te hubieran dado de comer igual que en Puerto Rico, o en París. No porque fueras nacido de ese lugar quiere decir que realmente fueras ese lugar. Uno no pertenece a algo cuando no lo elije y uno a la vez lo elije. Un país es una familia, estas rodeado de hermanos, millones, de tíos limítrofes, de costumbres y reglas familiares. ¿Qué pasa cuando tus padres no te dan más plata que porque saben que vos se la vas a devolver, que no te dan cariño sino que te dan consejos fríos, cuando tus hermanos hacen su vida y te dejan de lado a la intemperie y te tiran unas monedas cuando le pedís para comer riéndose por dentro y enojados de que no busques un trabajo, cuando tus tíos aparecen para cumpleaños únicamente y estar sentado en tu casa se siente peor que estar sentado fuera de la misma? Uno se va, soluciona ese problema, busca la familia en otra parte, deja a sus padres con sus hermanos y aunque muchas veces queramos llevarnos algún primo o familiar que queremos mucho sabemos que ellos pertenecen a esa familia y uno no. Antes juzgaba a los que dejaban la Argentina, ahora sabía que cuando uno no puede crecer tiene que salir para poder crecer, chocarse con el mundo. Los países no existen, son invento de una sociedad mundial que necesita orden para vivir pero lo único que existe son las personas, los hermanos del mundo. Con esto no quiero decir que piense correcto ser egocéntrico y cerrado en uno mismo, yo soy una persona que adora el trabajo social y cree muy necesario esto. Pero el trabajo social y los necesitados están en todo el mundo y si uno quiere tener una familia, quiere poder estar tranquilo al final tiene que salir de la casa en la cual no lo dejan vivir. Las familias que tratan a sus hijos con amor, que les dan lo imprescindible, abrazos, apoyo, amistad, muñequitos de plástico en una mesa de almuerzo rodeado de sonrisas de gente sincera, la familia existe, se defiende, se crece dentro de la familia, se hace gigante si es posible, y si necesita crecer más, la familia lo acompaña a ese lugar donde hay más espacio, sea una facultad, una amistad, un amor, un perro. Y eso parte inmediatamente a formar parte de la familia, porque una familia sabe que si uno no funciona, nadie funciona. El mundo es algo desconocido, pero el mundo esta lleno de familias, familias unidas por sangre, por música, por poder, por ambición, por Internet, por tantas cosas. Un país es simplemente una línea en un papel que trazó un estudioso encerrado en su pieza una noche en la cual se preguntaba cuanto de él había en esa línea, y cuanto de unos padres autoritarios o de presidentes al otro lado del cuarto. Yo no sentía a mi familia, hasta que me choque con el mundo y en el momento donde pensé que tenía que sacrificar mi vida para poder seguir ellos estuvieron ahí y los volví a elegir.

Con tantas cosas que pensar en la cabeza, con una seguridad enorme aunque no sabía a que, me quedé mirando a la nada mientras el hombre me miraba tranquilo. Tuve muchas ganas de agradecerle, de contarle que ahora estaba comprendiendo una decisión que de a poco se alojaba en mi cabeza a pesar de mis escasos años el que querer sobre una ambición profesional tener una familia, que estaba mas seguro pero no sabía bien de que pero me di cuenta que el necesitaba otra cosa.

-          La verdad que sus palabras me hacen pensar mucho, si bien por ahí no consiga trabajo de camionero sepa que ha conseguido ayudar muchísimo a alguien – Dije casi vergonzoso

-          Seguramente deje el trabajo de camionero,  busque otra cosa, con un chico tan chico en mi vida es imposible que siga viajando, eso voy a hacer, voy a trabajar de otra cosa – Dijo el hombre, habiendo hecho simplemente un movimiento simple de cabeza a mi halago.

Fui a pagar las facturas ya que había llegado mi turno y cuando volví estaba el hombre en la fila, me acerqué y dije lo que tendría que haber dicho antes “Gracias”. Una sonrisa seria, un apretón de manos y una mirada fija a los ojos confirmaban que mis gracias eran sinceras, y una sonrisa interna que se veía por sus ojos notaba que había entendido. Esta simplicidad en las palabras, esta transmisión tan animal como humana que aprendí cuando me enseñaron que en las cosas más intuitivas esta la profundidad que los que creemos hacer filosofía buscamos con nuestras complicadas fórmulas lógicas.

Miré alrededor luego de no haber visto por un largo rato. El olor, la vista, todo era lo mismo. Sentía como el mundo se había dado vuelta, mi mundo. Con una seguridad, la de no saber nada y de querer saber muchas cosas, y de querer hacer, no de “estaba pensando” salí del Banco por la puerta secundaria, ya que era la una y cuarenta y a esa hora el Banco Nación cierra. Una vez afuera vi esos árboles que veía siempre y me pregunté todo el camino de vuelta al lugar de trabajo cuantas cosas nuevas me traía este año: amigos que nunca pensé podían ser amigos, una nueva forma de ver las amistades, una seguridad y una energía enorme para estudiar, una chica que estaba apareciendo en mi vida y una visión del mundo un poco más real en la cual una relación seria se da, no se busca y sobre todo un poder disfrutar de los procesos.

Dentro del trabajo me desplomé sobre mi silla, mande un mensaje a esta chica que nombre anteriormente y me pregunté que hacía cuando algo me inspiraba, y me acordé de que me gustaba escribir, así que me decidí a hacer, no planear hacer.

ROma.


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FER
Septiembre 20, 2011, 1:17 am, Reportar este Comentario FER dijo

Me lloré tooooddddddddddoooooooooooooo….. cómo lo relataste, las descripciones tan a flor de piel que me sentí dentro de ese banco y como si fuera una persona más de esa fila que, disimuladamente, escuchó una magnífica charla entre un hombre de 47 y otro de 19 años… qué más decirte???? me encantó!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

ROma
Septiembre 20, 2011, 9:25 am, Reportar este Comentario ROma dijo

Muchisimas gracias!!! espero poder seguir asi, me alegro q te haya gustado ^^ un abrazo grande

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