Posts etiquetados como ‘ventana’

Anómalos impactos

El perdón cava un estruendo,
en mis ojos,
en los tuyos.

Tus palabras eran un narcótico
que degustaba en silencio,
un pájaro agonizando en las sombras,
un alud aplastando a una cabra.

El aleteo de los instantes,
en mis manos,
en las tuyas.

Tus palabras eran una ventana
que empañabas con tu aliento,
una jauría hinchada de fiebres,
una estatua chorreando alquitrán.

La desnudez de las heridas,
queman en mi piel
y en la tuya.

Tus palabras eran un corazón
que convulsionaba y vomitaba sangre,
un alarido en la oscuridad,
un tañido en la sien.

 

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Tren invisible

Mantel floreado repleto de hormigas rojas,
tesoros en trozos de panes pellizcados.

Vías estáticas tensionadas de silencios,
deambulantes ratas de pulpas en papel,
mansalva a semillas con alas de polillas,
cuando en sus flores medran diluvios.

Ventana transpirada de amarillo rocío,
chispa de mesetas recortadas con ácido.

Días segmentados en pólipos azurados,
somnolientas hienas de babas en cobre,
enrabian conductos con aleros de paciencias,
donde en sus pistas se cubren de aserrín.

Puerta craquelada de repetidos rincones,
racimos de cáscaras cristalizadas con desvenidas.

Mirilla empañada de malentendidos,
vaciamientos pegajosos de besos en almíbar,
catapultan zigzags con luces de abismo,
como un micelio debajo de mi espíritu.

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Borde

Besos de alud color bronce,
helados médanos encrespados
espejeando un tumultuoso espíritu
que se resquebraja al tiempo.

Sueños empedrados que tiemblan,
el surco tatuado en la tierra.

Un hueco en la inconsciencia,
un mazo de mariposas tiesas,
un rayo de tormenta bajo mi cama,
una lágrima colgada al borde de la ventana.

El filo de un fuego gris,
un extraño extrañar…
Desangrante

Verdugo de promesas rodantes,
el cortejo de una bruma incandescente,
túnica plateada que todo lo llena,
menos una hambruna de carne nerviótica.

Sobre un manto de estrellas oscuras,
cazando pelusas con formas de lagartijas,
pliego mis dedos de ceniza caucásica
y traigo una nevada montaña de ruido.

Cabalga sobre un globo de cristal,
sodomiza su escuálida cordura,
aprieta el polvo de su piel
y lo arrulla como a un bastardo sin techo.

Afuera…
se descascaran los corazones
en el frío interior.

Suspiros desgajados,
son caños acariciados por el viento,
son recuerdos que se amotinan en el cerebro,
son días grises que se hacen chicle.

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Cadáveres exquisitos virtuales

¿La luna rasgará acaso la ventana trillada?

La puta manchada trocó anoche el llanto acribillado sobre el agua incrédula.

La serpiente parida desterrará exactamente las tumbas lúcidas, comiendo de cualquier cama.

El farsante malogrado esclaviza tal vez un secreto mudo que extirpa con excrementos.

Una cruz encandilante quemó un jamás en una tarde rapaz que ahoga menos que el alma.

El conjuro embarrado se tatuó bajo un invertebrado crepuscular abortando alrededor su tridente.

Un grito aplastado sacudió un terremoto aislado atormentando la sien.

El pisapapeles ignorado, malgastaba tal vez la forradura de sus secretos mantenidos bajo llave, una cometa desinhibida que planea sobre un caos imantado de ojos hecho cenizas.

La insana desvirgada giraba sobre la transmutación legendaria equilibrando tal vez un rayo de terciopelo incendiado por un gato camuflado que afila sus garras.

Un banquete de diván, convidaba supuestos sobre una plataforma de hielo seco y el duelo esquizofrénico retardaba tal vez una baba plateada de dromedario.

Realizado junto a Sangre Azul
http://blogsdelagente.com/sangreazul/posts

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Último nacimiento (Primera ofrenda)

Ángel terrible,
desdeñado al destruir,
sofocando con seducción
en oscuros respiros.

¿Quién puede salvarse?

Cuando la noche
cubierta de un viento
muerda tu rostro
alterándote aún mas.

¿Quién oculta su destino?

La decepción de la anhelada,
suavidad y refuerzo,
retiene su corazón herido,
comprimido en el espacio.

¿Quién piensa en ella?

Los brazos del vacío,
arrojada entre gemidos,
ensanchando, aún mas
su vuelo más íntimo.

¿Quién te necesita?

Percibe tus estrellas
en tus exigentes primaveras,
levantando una ola
con la ventana abierta.

¿Quién pudo con eso?

Distraído por las expectativas
buscando un nuevo anuncio
con cuadros grandes
y pensamientos extraños.

¿Quién supo contener?

El abrumo de la nostalgia
en el canto de los mares,
celebrando un sentimiento
bastante inmortal.

¿Quién puede pensar?

Recomenzando la alabanza,
eterna e inalcanzable,
desidratando un héroe
hasta su mismo ocaso.

¿Quién puede vivir?

Último nacimiento,
naturaleza agotada
ante viejos dolores
ante nuevas presunciones.

¿Quién puede liberarse?

Concentrado en el salto,
la ventaja de no pertenecer,
de tanto resistir
con mucho estremecimiento.

¿Quién sabe escuchar?

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