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Mordiendo la sórdida sed

(La noche
me balbucéa
que tus labios
son racimos
de gatas siamesas
que sangran
gemidos trepidantes…)

 

Florecen negras olas machacadas
en el corazón de mi torax,
ásperas y gigantes, salpican,
como una llamarada chupando mis pies.

Tengo una pálida fiebre,
una tormenta de abismos
quemándome con radiaciones
hasta descascarar mis nudillos.

Tu sol tiene silueta de víbora,
mi esperanza es un mar de piojos,
cruje tu paciencia como un ombú
atacado por las sombras de los cuervos.

Hielo era tu cuerpo degradado
como los cisnes de mi tren,
blanco sobre blanco y alcanzamos,
para revertir el canto de los órganos.

Enjambre de palabras descompuestas,
sueños de estambre que cubren
con arañas de azúcar negra,
torbellino de ciénagas apremiadas.

Degollado emplumado invisible,
mastica el ruido de la ansiedad
que pinta con estrellas apuñaladas
las grietas de tu hoguera mental.

Quiebra tus manos de agua,
mete la lengua en mi exhalar
la empuñada muerte que sortéa
a esas hienas con aletas en la cabeza.

 

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Aliado o tirano

Me muevo bajo tierra,
mis pezuñas tiñen el barro,
ojos de tormenta azufrada,
tragando luces espirituales.

Su exuberante carne,
yace en el amparo de mis brazos.

Limbos de mohoso tapiz,
enlunado por el pálpito de la brisa,
boca de hiel corrosiva,
deleites de trazos bermejos.

Unos hilos de miedos
se hacen madejas en mi horizonte.

Borde

Besos de alud color bronce,
helados médanos encrespados
espejeando un tumultuoso espíritu
que se resquebraja al tiempo.

Sueños empedrados que tiemblan,
el surco tatuado en la tierra.

Un hueco en la inconsciencia,
un mazo de mariposas tiesas,
un rayo de tormenta bajo mi cama,
una lágrima colgada al borde de la ventana.

El filo de un fuego gris,
un extraño extrañar…
Desangrante

Verdugo de promesas rodantes,
el cortejo de una bruma incandescente,
túnica plateada que todo lo llena,
menos una hambruna de carne nerviótica.

Sobre un manto de estrellas oscuras,
cazando pelusas con formas de lagartijas,
pliego mis dedos de ceniza caucásica
y traigo una nevada montaña de ruido.

Cabalga sobre un globo de cristal,
sodomiza su escuálida cordura,
aprieta el polvo de su piel
y lo arrulla como a un bastardo sin techo.

Afuera…
se descascaran los corazones
en el frío interior.

Suspiros desgajados,
son caños acariciados por el viento,
son recuerdos que se amotinan en el cerebro,
son días grises que se hacen chicle.

Ser filo

Pétalos de una voz tambaleante en palos,
el ritmo de la tormenta destellando palabras
como si se bordara un entretejido
en las ideas, en las obsesiones.

Hay un contaminado océano en la realidad,
una escasa primavera de moja y atún
como una semilla seca que desea florecer
en los modos, en los pasos.

Los pies en la tierra árida,
las manos en las nubes esponjosas,
el eco de los gritos en los sueños.
la manipulación del rayo en línea.

Fragancia blanca que inunda los ojos,
sol que sale pero se esconde en mis hombros
como un muro y su necesidad de ladrillos
desde la base hasta el cielo.

No hay esperanzas que se dejen esperar,
como deseos rellenos de aire.
A no temer del tanteo en la oscuridad,
al deguste de los dedos, al aprender.

Estirar un sonido,
ese que angosta mi alma,
salpicando rubor al pudor,
lagarto que habita en mis pantanos.

Liviano y vulnerable

Cicatrizan las palabras
casi desterradas,
tiemblan los labios,
unísono a los ojos.

Tiroteo de algodón mitigado
envuelto en la asfixia,
en las nubes mullidas
que quiebran una tormenta.

Se despoja lo oculto,
Se incendia el secreto,
especie de libertad
tan desnudo como vulnerable.

Mochila de muselina,
ves el animal imperfecto
que contempla de extraña manera
su jaula.

En la anchura del tiempo…

Abismo de cordial invitación,
cHacal que todo lo embiste,
plOmo de oro falso en mis yemas,
embRiaguez de miel destellada
acabA en un refucilo mudo.

Mitología movediza,
sEca y famélica mirada.

Cocido para ser atropellado,
pAladar ampollado de abundancia,
inNegable paso de huellas ocres,
criStal de reflejo generoso
enmArcado por la tormenta mental.

Potencial diluida en esmaltes,
tEmblorosas son sus luces crepusculares,
veNas de musgos frágiles,
manSedumbre angustiante engullida,
anclA el alma al pavimento,
clamoR nocturno y reciclable,
espíriTu de blanca tempestad
ignorantE ante el fuego de la intuición.

Vestigio

Se impresiona…

Es el crujido de la tormenta,
es cataplasma para el desamparo,
es la negrura de la inconsciencia,
es el cuerpo armonioso y desprolijo,
es la sabrocidad de la imperfección,
es la danza del sedimento,
es el trastorno de la carne,
es la turbación del por qué,
es la mariposa de cristal,
es el surco de los vientos,
es la palidez de la costumbre,
es el desgarro de la automatización
es la niebla de la inseguridad,
es la determinación del delirio,
es el impacto de la deliberación,
es la hinchazón del aprender,
es el roce de la profundidad,
es la afloración de las sombras,
es el gramo de la prerrogativa,
es el juicio de la confusión,
es la refracción del padecimiento,
es el dilema mal infundado,
es la anomalía de la naturaleza,
es la impostación de los calambres,
es el huérfano que nos atañe,
es el polvo retroactivo,
es el residuo del nirvana,
es la presencia de la corrosión,
es la independencia de la esencia,
es la insurrección de la energía,
es el fuego del desvariado,
es la intimación de los químicos,
es el intersticio de la cascada,
es la necesidad de acuñar,
es el galanteo de los humildes,
es el pájaro de papel en el charco,
es la especie en extinción…

es arte deslazado.

Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.