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Impeler

Latido se hace hemorragia,
clavado por el rumor de una piedra,
desgaja mirada altiva,
garfio ranurado en el deseo.

Quejido se hace noche,
vahído por la grasa de las prosas,
ensambla sabores estrujados,
tifón atablado en el augurio.

Suspiro se hace huella,
varado por la luz de los ciegos,
embalsama agudos morados,
cofre encadenado en la docilidad.

Húmedo fuego de las llagas,
erguido por la ceniza de los truenos,
abotargando horas alambicadas,
ampolla detonada en la inconsciencia.

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El inefable obstáculo

No te nombro pero te miro de reojo.
No te maldigo, es mas, estoy de acuerdo.
No te discuto pero nunca me agradaste.
No te elijo porque estás muy lejos.

Primero…

Un fantasma plateado girando en una noche,
noche que se desgarra desatando gruesas lagrimas,
lagrimas que ruedan y vibran en las ventanas,
ventanas de marcos abultados que no supimos entender,
entender fue una enajenación del sentir,
sentir que fue relámpago mal colocado,
colocado en mal tiempo y espacio,
espacio que se abrió como una sangrada grieta,
grieta que supo succionar frialdad,
frialdad que explotó en mil astillas,
astillas que se metían en las venas,
venas que fueron mutiladas con palabras,
palabras que se hicieron exceso,
exceso que siempre fue dulzura,
dulzura que debí apuñalar,
apuñalar con la sombra del corazón,
corazón vomitando incendios de luces,
luces inventadas que deslucieron a no dar mas,
mas que solo llegó a ser menos,
menos engendran pérdidas,
pérdidas que se hacen montañas,
montañas que superan mi inmensidad,
inmensidad de la que soy ateo,
ateo que juega con fuego,
fuego que escupo y me consume,
consume a mas no poder,
poder que lo siento en la nuca como suspiro,
suspiro que es una telaraña ineludible,
lo ineludible que es esta telaraña en mi cabeza.

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

La frase que impulsa mi sangre

La frase que impulsa mi sangre
está cargada de negatividad,
es una oruga mordiendo mi hombro,
es una ola golpeando el cerebro.

La sangre de insulsa negatividad
está cargada de impulso,
es el espiral que arde en fuego azul,
es el bombeo de un corazón taquicárdico.

La negatividad que sangra el impulso
está cargada de frases,
son termitas devorando la cruz,
son ladrillos luminosos en la cloaca.

La insulsa frase de negatividad
está ahora cargada de sangre,
es una ampolla en el suspiro novelesco,
es un árbol de espejos marquesados.

La frase sangra en mi negatividad,
me están cargando.

Pienso y pensaré

La ternura es espacial, su órbita acapara rincones del corazón sumergido, en mares desiguales y desínteresados de herdor. Su oxígeno es perfume, su lazo interminable, su gravedad tan intermitente e indescifrable en momentos que no cabe de entendimientos.
Luces tenues que no dañan ojos curiosos y ajenos, se promuelga un poco de libertad juvenil, eran bellos aquellos tiempos, cuando la nostalgia pega, y pega. Sol que sale para todos y cada uno, dejé escurrir una canción que desconocía, y como ya sabés la curiosidad mata al ser. El precio pesará en cuanto el tiempo corra y haga su propio jugo del destino.
La cercanía mata, me quema la idea de estar tan cerca y lejos a la vez de tus brillos. Inmensa bendición de lo que sos.
Pienso y pensaré, es tu legado el que dejaste en el aire. La idea me desidratará, no es tu culpa, siempre es al mía, pero buscaré rincones de palabras que adornen lo que pasó y deseo que pase.
Pienso y pensaré, en tu olvidado nombre y en lo que en el fondo significarás para otros. No te excuses que soy de desconfiar en ajenos.
Y aunque no dije nada, te dije todo, es mi forma de ver las cosas, se necesita digerir con suavidad. No te pude oír, y no me lo perdonaré jamas, porque las palabras son oro y su entonación ese brillo tan endulzante. Pienso y pensaré, en lo que se rescató, no hay salidas, es mi obligación, a favor de la visión e interés. Pienso y pensaré, hasta mi último suspiro.

Los ojos de la vigilia

En la retina de la noche,
inexorable pesimismo
atado a tantas fábulas
contaminadas, televisivas.

El rótulo de la luna
con una daga atravesada
en el vientre fértil
de opacidades y fracasos.

El andar endemoniado,
el suspiro vigilante,
el grito leproso,
el remordimiento neurótico.

En la cruza del lobo,
el viento entiende
así de su soledad
singular y sentenciosa.

Tu particularidad

En esta oscuridad
sos una rama florecida,
en los hombros, en los brazos
de alguien de no confiar.

Muñeca esparcida
sos un suspiro de cristal,
en un tiempo irreal
de alguien que no pudo ver.

En las selvas doloridas
sos humo virgen,
en las serpientes venenosas
de cada signo lejano

En una casa desplomada
sos un engranaje singular,
en busca de un lecho
de cisnes con alas rotas.