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Inútil

Su lástima en mi tintero
es un esmalte amarillo
que me apuñala ventanas
en convulsiones de desiertos.

Aplasta,
me pasa por encima
quiere mi última gota
de nada, absoluta.

Libertad que arde
en cada ampolla de mis pies…

Sus ojos son espejismos,
relucientes duraznos de plástico,
un diluvio de sal en cubos
y lágrimas de sol que saben alcohol.

No necesito de tus dedos
en mis llagas sangrantes…

Puesto en cuarentena,
cuento mis plateados pasos,
y nadie entiende
que estoy donde pertenezco.

Soy la enfermedad de lo pábilos,
un juego de llamas frías
que acarician silencios
y que su lengua absorbe como esponja.

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Tren invisible

Mantel floreado repleto de hormigas rojas,
tesoros en trozos de panes pellizcados.

Vías estáticas tensionadas de silencios,
deambulantes ratas de pulpas en papel,
mansalva a semillas con alas de polillas,
cuando en sus flores medran diluvios.

Ventana transpirada de amarillo rocío,
chispa de mesetas recortadas con ácido.

Días segmentados en pólipos azurados,
somnolientas hienas de babas en cobre,
enrabian conductos con aleros de paciencias,
donde en sus pistas se cubren de aserrín.

Puerta craquelada de repetidos rincones,
racimos de cáscaras cristalizadas con desvenidas.

Mirilla empañada de malentendidos,
vaciamientos pegajosos de besos en almíbar,
catapultan zigzags con luces de abismo,
como un micelio debajo de mi espíritu.

No se asoman

Con una lengua de fuego,
lameré tu sombra,
oyes por las noches
el martillo de los muertos
hiriendo tu dormir.

Escupo lunas emparceladas,
observaré tus girasoles,
hueles en tu almohada
la oscura esencia desconocida,
buscando el semen de tus sueños.

Un temblor debajo de las uñas,
saborearé tu caos,
derrites silencios con tus gemidos,
es el signo tatuado en el placer,
gozando del fuego en que ardemos.

No se asoman
los hongos del hastío.

Desnuda sed, espíritu ahogado

Tus pupilas amortajadas,
trazan una órbita cortante
haciendo del aire esquirlas,
haciéndome astilla, resquicio.

Sueño que lame pies,
secuenciándoce en pálidas sugestiones,
retorna la selva de mi cristal,
en un sacrilegio beso al abismo.

Sepultando toda ofensa en la amarga luz
con lagrimas dulces devenidas de la distancia
en silencios rigurosos, mordidos,
vestidos de ardor y complacencia.

Así, escupo kerosene.

Escurridizo

Lánguida rapsodia parpadeante,
agota las fibras del tacto.
Infiltraremos banderas ocres,
arrastrando el desconsuelo de los aires.

Es cursi escribir en tu corazón de papel
aunque tenga ojos obtusos y contaminados,
que mis rubios dedos carguen un alto capricho
con diluvios de intuición y espasmos de contrAdicción.

Pecho sacrificado por la oscura atmósfera,
las paredes no pueden sostener el globo.
Plañido del mas acá, rostro bipolar,
la trampa del ser, la jaula del espíritu.

Especie reclamada de muda mesura,
gritas con silencios, emparchada con semblantes,
eso desgarra mi cerebro cuadriculado,
rompe mis poros en ansias y vacíos.

Resbala la blasfemia en mi sonrisa,
naufrago como un astro seco,
lamiendo lo que parecen ser semillas
de algún cactus indebido.

La realidad es un murciélago emplumado
infestado de sífilis ultravenal.
No se puede esconder a la muerte
como se puede tensar la carne.

Olvido voraz que eructa fobias,
mis amapolas venenosas tienen gusanos
que no celebran terrones de azúcar
ni nubes estiradas de complacencias.

Te dejaré cuando se marchite mi lengua
y me estallen los oídos,
cuando el terremoto en mis manos
se haga imparable e inevitable.

Si te fijaras

Tan cerca y tan lejos a la vez,
descifrando tus silencios.
Puedo imaginar tus roces,
pierdo los intentos.

Si te fijaras,
la soledad no ahogaría demasiado.

Estrella inalcanzable, tan distante,
imposible e invisible,
un aire sublime ángel,
el fuego apagado.

La soledad vive en mi,
tus palabras lastiman
como tu suspirar,
retumba en mi cabeza enferma.

Si te fijaras,
comprobarías; la felicidad es falsa