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Atmósfera nocturna

La noche tiene ojos de pupilas dilatadas y largas garras que acarician. Se percibe un bramido de resquemor, un estrépito interior confabulado por aureolas fogosas. Estrellas de color sazón, ineludibles de movimientos infalibles insertándose en las sombras que vadean por la atención de los buitres galanteados, agazapados, armados filosamente preparados para los descuidos y las caídas.
Crecen los cementerios a raíz de los desencantos. Los halagos son la moneda corriente que gira con una eternidad brillante. Pero las mentiras están hechas de mentiras y nada mas.
Evolucionan las horas dentro de la música de fondo que puede perturbar, angustias que bailan con hondos espasmos.
La noche impregnada en el cuero, siempre con una actitud amenazante que parece tambalear en el abismo.
Son las féminas, los seres mas bellos que creó este mundo, reinas sin coronas que no se cansan de transgredir con ese sepulcroso silencio falseado de necesidad.
Somos los perpetuos obnubilados que yacen en la tormenta de luces artificiales, la dicha de una muerte salvaje y digna. Cuerpos magnetizados por la furia y el descontrol, que la vida se encarga de reprimirnos, desinhibidos por las tinieblas, es la sed ardiente en la que los corazones desgarrados ahogan como rebeliones de mil gritos de dolores acumulados.

Sueños cohibidos

Festivos pájaros sobresaltados,
permanecen en mis manos.
La misma, en la cama,
demasiado rojo y amarillo.

De la mano con desesperación
como un pelaje de tiempo perdido.

La carne se arroja en lagrimas
encontraría de esa manera
mi garganta olvidada,
pájaros descubiertos al final.

Para pelear…
estás equivocado,
de nuevo, esta noche,
despacio, esperando.

Respiro resplandeciente,
tantos oscilantes,
distantes aires,
mira fijamente.

Miraba para descubrir,
que diría…
respirando sin decir palabras,
y morir por dentro.

Lentamente, no cambies
el camino a casa hasta tu cama.
Demostramos cambiar, ayudarte amor,
astutamente como enfurecidos.

Figura de furia,
las texturas,
los oscuros,
y los niños durmiendo.

Susurro apretado
y me apresuré, otra vez,
a oscurecer tu cabeza,
que era tan pura.

Valiente salvaje,
exaltada, señalándome,
a salvo de su misma bestia
y de su propio veneno.

Ojalá
las palabras calladas,
cubran su piel,
hasta desvanecerte.

Beso sombras…
de personas,
de sonidos,
de soledad.

Los luminosos por el piso rabioso,
si tan solo soñaran sobre lo gris.

Te mataré con mucho amor,
aplastándome con abandono,
congelando tus miedos
de un pasado desconocido.

Me chocaría…
con tus uñas,
tus ojos, tu piel,
tu nombre, tu olor.

Interpretabas…
mi historia,
mi cuerpo,
mi cara.

Los dibujos de tu sangre,
mis ojos brillantes,
recuerdos ruidosos,
en sus sueños cohibidos.

Tantas súplicas
se deslizan liberando,
su palidez atascada,
la dejan desgastada.

Silencio violento para pelear,
así de soledad se ha llenado.

En tanto tacto

Encadenado en su pelo,
el fulgor de esa fiera enjaulada.

Sus besos mordaces corroen mis labios
revelando al salvaje dentro mío,

Tanta voluptuosidad ante mi
imposible no rendirse.

El roce de nuestros cuerpos,
mezclando una corriente de sudor
efecto de tanta hoguera.

Vertido en su piel interminable,
escondiéndonos en los suspiros,
en tanto deleite, en tanto regocijo.

Extasiado en tus ojos,
distrayendo nuestra soledad a cuestas.

Lugar de errar

Es la oscuridad resonante en tus venas,
cae la noche a tu merced
Es tu tacitud; tu estilo moribundo.
sobre tus ojos dorados, los lagos giran.

Es el espesor de tu paciencia,
acaricias con tus garras.
Es tu magnitud; un salvaje lamento,
te tiñes de dolor, envolviéndote,

Es tu lluvia salpicada de codicia,
sobre el frío de las sombras.
Es tu desgarro en forma de llama,
roes el silencio, fragmentándote.

Es en donde los espíritus se estrellan,
donde falsificamos nuestras caras,
donde olvidamos la naturaleza
donde nos degradamos en desprovistos.

Es el lugar que supimos errar.
lugar intangible, pero profundo.

Vertida.
Vertidos.
Vertido.
Vertiente.

En la noche

Encontrarte en una noche de fuego y ruido
al son de frenéticas sirenas llamando a la furia por su perpetuo nombre,
lo salvaje tatuado en la piel.
Noche interminable salpicada de licor de estrellas ensangrentadas.

El dolor de las pérdidas.
Amontonando los fracasos… aún persisto
solo ante la loca muchedumbre que quiere pasarme por encima,
la que refleja lo pequeño y obsoleto que soy.

Corazón lleno de amor y devoción.
Mente llena de tiranía y terror.
Lo intento y fallo en la costumbre.
Todas las cosas, en su límite se encuentra el fin.

Todo llegará… sin distinciones de más.