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El fondo del silencio

Ser apretado cadáver
que expresa aflicción,
chueco árbol de semilla de trueno,
suspira con un atardecer en sus manos.

Múltiples charcos rojizos
que humean vapores en sangre,
tundida anaranjada estrella de celofán
sobre el arroyo, surcan sus pupilas.

Mudas lágrimas congeladas.

Aúlla el tiránico viento
que se hace herida animal,
escudriñada luna de pálida luz,
se engarza en las derramadas sienes.

De mis…

Congeladas lágrimas mudas.

Dueño de nada

Rasgando el tejido de la noche,
que condensan las ansias carceleras.

Opacas esferas de cavidades triangulares,
donde traspasan los espectros murmullosos.

Respirando el rojo vapor de los hechos,
sueños de terciopelos húmedos y deformes.

Rodando por el suave tráfico de tus gestos,
la cristalina insolencia de vajillas extraviadas.

Tullido de tus pupilas subrayadas,
estremeciendo con hálito cada veloz gramo.

Ávidos vértices cabalgantes,
pieles que pugnan por desgastarse.

Pupilas colgantes

El zorro quiere de su zorra:
todas las noches,
una fiebre litúrgica,
un enjambre de abejas furiosas,
un hospital incendiado,
un fantasma payaso,
una cama de vidrio,
una silueta escamosa,
un calor oscuro,
una luna desgarrada,
unos huesos en polvo,
un transplante de vida,
mil noches de noches,
labios púrpuras,
pensamientos muertos,
el ardor y el salpullido,
el aleteo de un canto,
o el alarido animal,
joyas de azúcar,
saladas con obsesiones,
un príncipe sin corona,
una daga filosa,
una órbita de estrellas,
un rezo del infierno,
pupilas colgantes,
en puentes colgantes,
en cuadros colgantes,
en amantes colgantes.

Desnuda sed, espíritu ahogado

Tus pupilas amortajadas,
trazan una órbita cortante
haciendo del aire esquirlas,
haciéndome astilla, resquicio.

Sueño que lame pies,
secuenciándoce en pálidas sugestiones,
retorna la selva de mi cristal,
en un sacrilegio beso al abismo.

Sepultando toda ofensa en la amarga luz
con lagrimas dulces devenidas de la distancia
en silencios rigurosos, mordidos,
vestidos de ardor y complacencia.

Así, escupo kerosene.

Los nombres del olvido

La mirada del deseo
igual a la de un chacal desesperado,
taladran en las pupilas de la víctima,
donde no hay suburbio a huir.

En sus labios húmedos,
fluye un río presuroso.

Los cazadores renguean
en tierras áridas, perdidas,
en noches sin luna
sin presas fáciles que aprehender.

A la sombra desmesurada
bajo los nombres del olvido,
las alegrías y las penas
retumban en el interior.

En sus dedos de sal,
emprende un siniestro imperecedero.